Ni la historia ni los personajes me pertenecen.
8
*Sakura*
No he levantado la cabeza de mi computador portátil desde que entré por la puerta. Mis tacones están descartados junto a la entrada, mi húmeda chaqueta de color beige desparramada por el sillón con diseño floral donde la arrojé, mi paraguas apoyado en la esquina, goteando. Sherman se encuentra extendido delante del ventanal, sus grandes ojos marrones viendo las gotas de agua que se dispersan por el vidrio de la ventana. Los Grandes Éxitos de 1970-2002 de Elton se reproducen mientras redacto una solicitud de supresión de evidencia, otra pidiendo un cambio de jurisdicción, y una tercera, una respuesta al intento de la fiscalía para condenar a mi cliente de diecisiete años, el hijo de un apreciado cabildero, como un adulto por posesión de drogas con intención de venta. La parte trasera de mi cuello duele cuando muevo la cabeza, tratando de aflojar los músculos tensos. Pongo el computador portátil en el cojín del sofá a mi lado y froto mis hombros mientras Elton canta "I Want Love".
Y es entonces, cuando finalmente me permito pensar en todas las cosas que evito con el trabajo.
Sasuke se va. Irá a Mississippi para luchar por "su chica". No existía ninguna duda, dejar que Ino Yamanaka se case con alguien más nunca fue una consideración. Se mostraba inflexible, audaz, determinado como nunca lo he visto. Y no tengo ninguna duda de que viajará hasta allá y le recordará todo lo que ella obviamente olvidó. Me lo imagino atravesando su puerta, levantándola con esos fuertes brazos esculpidos —como Tarzán reclamando a su Jane— y convenciéndola, con su sonrisa irresistible y astuto encanto, para que le de otra oportunidad. Y cuando lo acepte —y estoy segura de que lo hará— mi arreglo con Sasuke habrá terminado.
Cierro los ojos.
Porque mi estómago está apretado y hay una sensación de pesadez en mi pecho, como la sensación que tienes después de nadar en una piscina durante mucho tiempo. No es mi primera experiencia en esto. Soy una mujer soltera de veintiocho años. He tenido varias aventuras de una-sola-noche. En la escuela de leyes es para lo único que tienes tiempo. Llenan una necesidad, te dejan de buen humor, y te ayudan a concentrarte. Una mano, literalmente, ayudando a la otra. Es por eso que hice lo que hice esta tarde, sacándolo de su miedo conmocionado. Lo puse en el camino correcto. Porque antes que nada, Sasuke es mi amigo. No diría que soy abnegada, pero sí leal. Y eso es lo que hacen los buenos amigos. Se ayudan entre sí. Lo que tenemos —lo que él y yo hacemos juntos— es divertido. Físico y conveniente. Y por encima de todo, se supone que es simple. Pero la sensación de malestar en mi estómago, el tinte de amargos celos en mi lengua, no hay nada simple en eso.
Sacudo la cabeza para mí misma, decidida a deshacerme de esta melancolía junto con el movimiento. No soy una de esas chicas, del tipo gobernada por las emociones. Lo voy a ignorar, como un bolso de la temporada pasada. Quizás que Sasuke se vaya por un tiempo es lo mejor. Me dará el espacio necesario para despejar mi cabeza. Porque enamorarte de tu "amigo con beneficios" sería un movimiento tonto, y no soy tonta.
Sherman levanta la cabeza un momento antes de que haya un enérgico golpe en la puerta. Se levanta, pero se queda en silencio como el buen perro guardián que es, mientras cruzo la habitación. Abro la puerta y allí, con sus brazos apoyados en el marco, se encuentra un jadeante y mojado Sasuke Uchiha. Las gotas de lluvia se aferran a sus gruesas pestañas cuando levanta la vista hacia mí, encorvado por la cintura. Una camiseta blanca que se trasluce se pega a su torso, delineando los bordes de sólidos músculos y el camino de pelo que lleva más abajo en sus pantalones cortos empapados, dejando poco a la imaginación de lo que hay empacado por debajo. Los rizos oscuros caen sobre su frente, oscuros y húmedos.
Hay una frase en latín —omne trium perfectum— que significa que todo lo que viene en tres es perfecto. Esto está en contraste directo con la creencia común de que las muertes y catástrofes también vienen de tres en tres. Parece apropiado que Sasuke pronuncie tres palabras. Me dijo esas mismas palabras antes, en una súplica ronca, como una orden severa, con sus manos agarrando mi cuerpo resbaladizo, con el aire entre nosotros cargado de deseo.
Y en este momento, al igual que todos antes de ello, son mi perdición.
—Ven conmigo.
Goteando en medio de mi sala de estar, Sasuke toma la toalla que le ofrezco, frotándosela sobre la cabeza y brazos bronceados.
—¿Me lo explicas otra vez? —pregunto, porque no puedo entender su plan.
—Quiero que vengas conmigo a Mississippi. Si tengo una oportunidad en esto, no puedo darme el lujo de arruinarlo. Si voy igual que un cohete hacia Ino como esta tarde, se cerrará. Esa chica es tan terca como una manada entera de mulas. Puedes ayudarme a mantener la calma, y a enfocarme, justo como lo hacemos en la corte. Además, puedes darme consejos sobre cómo demostrarle que está cometiendo el mayor error de su vida.
—Ni siquiera conozco a Ino.
Sacude la cabeza.
—No importa, eres una mujer. Ya sabes cómo piensan. Ella, obviamente, no está satisfecha con nuestra relación, así que necesito usar todos los recursos. Grandes gestos románticos. Puedes ser mi recurso… mi compañera.
Su compañera, genial. Como Goose en Top Gun.
El compañero menos atractivo.
El amiguito.
El reemplazable.
Su camiseta hace un sonido de chapoteo mientras la saca de su cuerpo. Me empapo con la visión de su piel deliciosamente húmeda y caliente que sabe a cielo salado en mi lengua. Eso no es justo.
Cierro los ojos, no es el único que necesita trabajar en su enfoque.
—Sasuke —empiezo con un suspiro— ¿No crees que será raro llevarme a casa contigo mientras tratas de recuperar a tu ex?
Realmente se toma un momento para considerar la pregunta. Pero no la entiende.
—¿Por qué sería raro? Somos amigos.
Y me veo obligada a señalar lo obvio.
—¡Amigos que tienen sexo!
Sexo salvaje, sudoroso, inolvidable que me deja exhausta y maravillosamente adolorida. Sexo que podríamos estar teniendo en este mismo momento… si un sobre no hubiera llegado para lanzarlo todo a la mierda.
Frotando la toalla sobre su torso surcado, concuerda:
—Exactamente. Somos amigos que follan, no se parece en nada a lo que tenemos Ino y yo.
El aliento es sacado de mis pulmones, pero no lo nota. Y quiero darle un puñetazo en su estúpida boca de chico, para que no pueda decir ninguna estúpida palabra más. Pero es su expresión lo que me impide hacerlo. Curiosidad inocente brilla en sus grandes ojos verdes, haciéndolo lucir joven y sin culpa. Sherman me dio la misma mirada después de que mutiló un par de zapatos de seiscientos dólares.
Una mirada que dice: ¿Eh? ¿Qué hice?
Cambio de táctica.
—No puedo dejar el trabajo. Mi agenda está llena.
No me cree, porque conoce mi horario tan bien como el suyo. Maldita sea. Se acerca, agarra mi teléfono celular de la mesita detrás de mí.
—¿Cuál es tu código?
Aprieto mis labios deliberadamente. Solo rueda los ojos y presiona un par de números. Lo logra en el primer intento.
Bastardo.
—¿Tu cumpleaños? —dice con un bufido burlón— Deberías tomar más en serio tu seguridad.
Accede a mi calendario.
—No tienes ninguna cita en la corte. Tienes una deposición y una consulta con un cliente. Naruto y Neji podrían cubrir eso por ti.
Mantente fuerte, Sakura.
—No quiero que los cubran por mí.
Sasuke también cambia de táctica.
—Creciste en Chicago, fuiste a la escuela en Boston, y ahora vives en Washington DC, nunca has viajado por el país, nunca has estado en el sur. Te encantará, será como vacaciones.
Resoplo.
—¿Mississippi en junio? Será como vacaciones en el infierno —Antes de que pueda contrarrestar, agrego— Además… no viajo en avión.
No se esperaba eso.
—¿Qué quieres decir?
Señalo mi costado derecho, donde una cicatriz adorna mi caja torácica.
—¿El accidente aéreo, cuando era una niña? Nadie en mi familia ha puesto un pie en un avión desde entonces.
Mira a mi izquierda, entrecerrando los ojos, reevaluando su plan, y esperemos que mi participación en él. Luego aprieta su mandíbula con convicción.
—Vamos a conducir. Llegaremos allí en dos días, más tarde de lo que hubiera querido, pero todavía hay tiempo suficiente. ¡Y oye, puedes conducir el Porsche! Seré capaz de cumplir esa apuesta: mato dos pájaros de un tiro.
Sin más excusas, le digo en voz baja:
—Creo que ir a casa contigo es una muy, muy mala idea.
Sasuke sostiene mi mirada por un momento… luego baja la barbilla, respirando hondo. Y se ve… derrotado. Triste. Para nada como él mismo. Y ahí está la atracción, el deseo de poner mis brazos a su alrededor y decirle que todo estará bien. De verlo esbozar esa hermosa sonrisa de nuevo. La parte de mí que realmente es su amiga quiere ayudarlo.
Por desgracia, la parte de mí que quiere seguir siendo su amante le patea el culo a la amistad.
—Sé que te estoy pidiendo un favor enorme —dice en una voz baja y rasposa— Pero solo te lo pido porque esto es jodidamente importante para mí. Y tú eres la única que me puede ayudar. Por favor, Sakura. Te necesito.
Tres palabras. Otra vez. Las únicas que realmente necesitaba decir.
Maldición.
Esta vez bajo la cabeza con un suspiro de derrota.
—Está bien.
