Ni la historia ni los personajes me pertenecen.

9

Algunas ideas te golpean como un relámpago, un choque rápido de brillantez. Como esa historia que nos enseñan en la escuela primaria, de cómo se le ocurrió a Sir Isaac Newton la teoría de la gravedad, con el golpe de una manzana en la cabeza. Otras ideas no son tan obvias o inmediatas. Se cocinan en el fondo de tu mente, a fuego lento, y luego eventualmente suben a un primer plano. Y cuando la proverbial bombilla se enciende, uno se pregunta por qué te tomó tanto tiempo verlo.

Fui a correr para quemar la frustración de mi conversación con Ino, y en algún lugar a lo largo del camino frente al Monumento a Lincoln se me ocurrió lo que implicaría ir a casa. Los clientes tendrían que pasar a otros abogados en la firma, tal vez se tendrían que solicitar extensiones, Neji podría cuidar del apartamento… y Sakura estaría de vuelta aquí. En DC. Sin mí. Rodeada de toda una ciudad llena de Richards Amsterdams que estarían pululando a su alrededor como osos sobre una vasija de miel sin reclamar. El pensamiento era… molesto. Sakura es una mujer adulta, puede cuidar de sí misma, y no tiene ninguna obligación o compromiso conmigo. Entiendo eso. Pero se me permite preocuparme por ella, soy su amigo. La idea de que podría engancharse con un Amsterdam, que podría reemplazarme con alguien tan jodidamente indigno, a causa de una necesidad física, no me sentaba bien en absoluto. Entonces recordé mi charla con Ino. La repasé en mi cabeza de la manera en que un mariscal de campo revisa las cintas del último juego. Y vi claramente el tono que debía haber tomado, las palabras que no debí decir. Todas las cosas que habría dicho si Sakura no se hubiera encontrado ahí para ponerme en mi lugar, para apartarme del abismo. Fue entonces cuando la idea se me ocurrió, la solución. Y cuanto más pensaba en ello, más inteligente parecía. El mejor curso de acción para ambos.

Cuando alcé la vista, me hallaba fuera de la casa de Sakura. Como si mis pies me hubieran llevado allí por su cuenta. Mi pene hace eso a veces, y nunca antes me ha dirigido equivocadamente. Así que aquí estoy. Es una brillante mañana de jueves, y me encuentro frente a la misma casa, llevando las bolsas de Sakura para cargarlas en el Porsche para nuestra operación encubierta.

Las muchas, muchas bolsas de Sakura.

—Creo que me acabo de causar una hernia —se queja Neji, dejando caer una bolsa Louis Vuitton que suena como si estuviera llena de ladrillos. Junto a cinco bolsas, igualmente pesadas, que combinan con ella— ¿Se irán por una semana o un año?

Sakura emerge de la casa, llevando un overol negro sin mangas, suelto pero elegante, con un cuello en V escotado que lo empuja a la delantera de mi línea de ropa favorita. Un bolso amarillo cuadrado cuelga de un brazo, un sombrero de paja blanco se encuentra sobre su cabeza oscura y brillante, y unas grandes gafas de sol redondas cubren la mitad de su rostro. A la luz del sol de la mañana de principios de junio, ella es nada menos que impresionante.

Naruto camina a su lado sosteniendo a Sherman en su correa, escuchando mientras ella recita una letanía de instrucciones. Su paseador de perros cuidará de la bestia gigantesca durante el día, pero durante las noches el responsable de él será Naruto.

—Realmente aprecio esto, Naruto —dice ella, inclinándose para darle al perro con papada unos abrazos, un montón de besos y dos "sé un buen chico." Luego, siente la mirada de Neji y la mía. Mira entre nosotros— ¿Qué?

Señalo todo el equipaje.

—¿Confundiste al Porsche con una caravana?

Se quita las gafas de sol, revelando unos ojos nublados por genuina confusión.

—¿Estás sugiriendo que empaqué demasiadas cosas?

—Estoy sugiriendo que necesitas reducirlo, Saku. Lleva sólo lo que necesitas.

Su mano hace un círculo sobre las bolsas.

—Esto es reducido.

Señalando la parte trasera del auto, contraataco:

—Tenemos un maletero compacto y un asiento trasero que no es lo suficientemente grande para encajar a… Sherman.

—Guau.

A mí me suena como que el perro está de mi lado.

Sakura le frunce el ceño, luego me insiste:

—Necesito todo.

—¿Quieres ver lo que llevo? —Camino alrededor y saco una vieja bolsa de deporte maltratada detrás del asiento del conductor— Este es mi equipaje.

—¿Y debo cambiar mis hábitos de equipaje porque tú decides vivir como un vagabundo? No lo creo.

Se enrolla mangas imaginarias y mueve la mirada del coche a sus bolsas, luego de vuelta al coche.

—Definitivamente cabrán.

Neji sacude la cabeza.

—De ninguna manera.

Sakura sonríe.

—Claro que sí.

—No cabrán —reitero.

—Miren y aprendan, muchachos.

Quince minutos más tarde… caben. Cada bolsa estratégicamente colocada, apiladas justo en el orden correcto, como uno de esos misteriosos rompecabezas que nunca se puede volver a juntar una vez que están desarmados.

Estoy jodidamente impresionado.

—Ahora —suspira Sakura, con una sonrisa resplandeciente— llaves, por favor.

Extiende la mano por las mencionadas llaves. Y comienzo a explicar, a argumentar por qué sería mejor para ella no conducir mi auto. Soy bueno en las discusiones. Pero antes de que pueda pronunciar una sola palabra, su mano abierta se convierte en un solo dedo.

—No.

Cierro la boca. Luego, la abro de nuevo para convencer… Y el dedo ataca de nuevo.

—Nooo —Cuando raspo mi labio con los dientes en lugar de hablar, Sakura continúa— Pediste mi ayuda, acepté. Si voy a ir a Mitad de la Nada, Mississippi, conduciré hacia allí.

Ella también es buena en las discusiones. Le entrego las llaves. Y como los Griswold en un auto alemán, nos ajustamos el cinturón de seguridad para el viaje por carretera.

Neji nos recuerda, mientras Sherman ladra y Naruto se despide con la mano:

—Conduzcan con cuidado. Tengan cuidado con los idiotas.

Luego, en una voz con acento, Naruto grita:

—Adiós, diviértanse asaltando el castillo.

Y nos ponemos en camino.

Dentro de los primeros cuarenta kilómetros, la conducción de Sakura se lleva diez años de mi jodida vida. No es que sea una mala conductora, de hecho es al contrario. Conduce como un Dale Earnhardt femenino. Sólo me gustaría que no fuera mi auto con el que está jugando NASCAR.

—¡Guau! —grito, apoyando las manos sobre el tablero mientras conduce directamente hacia el trasero de una camioneta en frente de nosotros, sólo para cambiar de carril en el último minuto, casi golpeando el parachoques delantero de una minivan que ya se encuentra ahí.

—¡Eres como una mujer vieja! —se queja, gritando por encima del ruido del techo abierto, su cabello alborotado como serpientes de Medusa con metanfetaminas.

—¡Y tú eres como una mamá futbolista que va tarde a la práctica! —grito en respuesta— Reduce la velocidad y disfruta la experiencia de conducción, porque créeme, después de hoy nunca la tendrás de nuevo.

Su boca se abre ampliamente en una risa arrepentida. Luego, se mete con los botones en el volante, activando la lista de reproducción de su teléfono que está conectado de forma inalámbrica a los altavoces. Y suena la canción de Elton John, "I Guess That's Why They Call It the Blues", una de las favoritas de Sakura. No puedo evitar mirarla y reír mientras canta la canción a todo pulmón, fuerte y sin pena, moviendo la cabeza y sacudiendo los hombros. He visto a Sakura entusiasmada, terca, decidida, y encendida. Pero adorable, es un nuevo aspecto para ella.

Y me gusta. Mucho.

Su expresión se vuelve sensual cuando rápidamente encuentra mi mirada mientras canta:

—Rolling like thunder, under the covers…

No tengo que preguntarme qué imágenes está viendo en su mente, porque sé que son fotos de nosotros. Cuando la canción termina, deslizo mi propio teléfono en el enchufe, conectándolo a los altavoces.

—Oye —objeta— ¡el conductor escoge las canciones!

—En realidad —la corrijo— el copiloto controla la música, pero estaba siendo benevolente. Nos turnaremos, quid pro quo.

Asiente y me desplazo a través de mis canciones hasta que encuentro la indicada.

—Ahora, ésta es una canción para viajar por la carretera.

Y la inconfundible voz de Elvis Sarada llena el auto, cantando "Burning Love" Muevo la cabeza acorde con el ritmo y chasqueo los dedos, tan cerca de bailar como alguna vez estaré.

Sakura se ríe.

—Puedes sacar al chico del Sur, pero no puedes sacar al Elvis del chico sureño.

Señalo con mi dedo en su dirección.

—Eso es muy cierto.

Siento sus ojos alegres mirándome mientras canto:

—"Cause your kisses lift me higher, like a sweet song of a choir…"

Apartándose el cabello que amenaza con estrangularla, Sakura pregunta:

—¿Nombraste a tu hija en honor a Elvis?

Sonrío, recordando.

—Sólo nos gustó el nombre, pensamos que era diferente, pero bonito para una niña.

—¿También tenían escogido un nombre para un niño?

Asintiendo, explico:

—Henry, por el abuelo de Ino, o Jackson por el mío.

Se queda callada por un momento, poniendo los cambios rápidamente y sin contenerse con el acelerador. Luego, pregunta:

—La familia es importante para ti, ¿no es así, Sasuke?

—Por supuesto. Cuando se llega al fin, la familia es lo único con lo que realmente puedes contar. No me malinterpretes, ha habido días en los que quería enterrar con vida a mi hermano mayor. Lo conocerás, y entenderás por qué. Pero… siempre será mi hermano. —Hago una pausa, luego expreso la idea que ha estado cosquilleando en mi cerebro desde que abrí ese sobre— Es por eso que estoy sorprendido por Ino. Siempre ha sido sólida, ¿sabes? Un verdadero norte. No puedo creer que este siendo tan… voluble.

La voz de Sakura es suave, pero lo suficientemente alta para destacar por encima del viento.

—Tal vez sólo realmente te echaba de menos.

Antes de responder, el velocímetro me llama la atención.

—Será mejor que reduzcas la velocidad, Saku.

Le resta importancia.

—No te preocupes, abuelita, todo está bajo control.

—La patrulla de carreteras podría estar en desacuerdo contigo, Meteoro.

Apenas las palabras salen de mi boca, los alaridos de una sirena suenan detrás de nosotros, las luces destellando en nuestro camino.

Suspirando, pero despreocupada, Sakura se orilla.

—No quiero decir "te lo dije", pero… —Dejo que eso cuelgue entre nosotros mientras Sakura se entretiene en el espejo, acomodando su cabello, bajando un poco su top y juntando sus pechos— ¿Qué demonios estás haciendo?

—Sacándonos de una multa.

Se pellizca las mejillas y se muerde los labios, haciéndolos que luzcan más llenos, más rosados.

Sonrío.

—¿Crees que es así de fácil?

Bate sus largas pestañas.

—Por favor. Los hombres son las criaturas más simples. Se sienten fascinados por los pechos porque ellos no tienen. Convierten sus cerebros en papilla. Nos sacaré de aquí en cinco minutos.

Mi sonrisa se extiende por completo cuando atrapo un vistazo del oficial de la ley antes que Sakura. Sakura se gira hacia su izquierda, los ojos abiertos e inocentes.

—¿Hay algún problema, Of…? Oh. Maldita sea.

El policía en realidad es una mujer policía.

Háganse a un lado, pechos: este es un trabajo para el Encantador de Jurados.

Me inclino a través del asiento, sonriendo seductoramente, mi voz tan suave y persuasiva como la de El Rey.

—Buenos días, Oficial. ¿Qué puedo hacer por usted?

Luego de que una disculpa sincera y mi promesa de no permitir que mi demasiado entusiasta compañía siquiera se acerque al volante, nos saco de la multa y pasamos las siguientes doce horas aprovechando el tiempo en el camino. Ya es de noche cuando nos registramos en un motel, polvorientos, sucios, hambrientos, y cansados.

Tengo todo el derecho a ser pretencioso, así que nos pido una habitación con una agradable cama tamaño King. Sakura se dirige directo a la ducha, mientras que yo me aventuro a comprar una pizza, unas cervezas para mí, y una botella de vino para ella. Entro a la habitación justo cuando viene saliendo del baño, pasando un cepillo por su largo cabello mojado, con una camisola para dormir de seda verde oscura ajustándose a sus curvas. Su rostro se encuentra libre de maquillaje, dándole un aspecto más joven e inocente del que estoy acostumbrado a ver en ella. Una calidez protectora se despliega en mi estómago.

Se emociona cuando ve la pizza.

—¡Dios te bendiga!

Tres pedazos después, nos encontramos sentados en la pequeña mesa redonda. Y mordisqueando un pedazo de corteza, pregunta:

—Entonces, ¿cuál es el plan? ¿Quién soy yo?

Trago un sorbo de cerveza.

—¿A qué te refieres?

—Quiero decir… ¿soy tu nueva novia? ¿Tu cita para la boda? ¿Nunca has visto La Boda de Mi Mejor Amigo?

Me burlo.

—No, por suerte, no la he visto.

—¿Tengo que poner celosa a Ino? Un hombre nunca es más atractivo que cuando tiene su brazo alrededor de otra mujer. O podría coquetear con su prometido. Poner a prueba su fidelidad. Eso te daría una muy buena munición en su contra.

No estoy seguro de lo que me preocupa más, si escuchar a un hombre siendo referido como el prometido de Ino, o pensar en Sakura coqueteando con él. —No me gustan los juegos mentales. Son muy manipulativos. Indignos, ¿sabes?

Sakura se encoje de hombros.

—Si quieres ganar, a veces deber jugar sucio.

Sacudo la cabeza.

—Prefiero otro tipo de suciedad —Bebo mi cerveza, luego le explico el por qué la idea me deja tan mal sabor en la boca— Hace unos años, salí con una mujer llamada Rebecca. Nos conocimos en una conferencia.

Se ríe.

—Las conferencias profesionales son zonas de apareamiento tan fértiles como las fiestas de swingers.

Me río, concordando con ella.

—No entré en detalles con ella sobre Ino, pero le dejé claro que éramos estrictamente casuales.

—Por supuesto que lo hiciste.

—De todos modos, dijo que estaba de acuerdo con eso. Nos acostamos dos veces, y luego empezó a hacer toda clase de mierdas sigilosas. Soltaba indirectas sobre otros tipos con los que se veía, hacía planes conmigo y luego los rompía, intentando hacerse la difícil, al mismo tiempo encontrando excusas para aparecerse de repente en mi apartamento. Se volvió pegajosa y sus juegos eran fastidiosos. Toda la cosa sólo la hacía verse… patética. Lo terminé bastante rápido.

—¿Te molestó que irrumpiera lo "estrictamente casual" al enamorarse de ti, o que intentara manipularte para que sintieras lo mismo? —pregunta Sakura.

—Ambos, supongo.

Sakura asiente, comprensiva.

—El enfoque directo será, entonces. Así que estoy aquí para…

—Estás aquí para cerciorarte de que no meta la pata en mi boca o en el trasero de alguien más. Para mantenerme a raya. Ino y yo tenemos una larga historia juntos, y a Sarada. Dijo que sólo ha estado viendo a Kiba Inuzuka durante unos meses, así que no puedo creer que cualquier sentimiento que tenga por él pueda ser siquiera remotamente tan fuerte que lo que siente por mí. Creo que todo este asunto sólo es su grito de ayuda, en realidad.

—¿Crees que está sintiéndose renegada?

—Exactamente. Así que le demostraré que tiene mi atención.

Toma un largo sorbo de su vino, bebiéndose la mitad de la copa.

¿Y luego de eso? ¿Crees que… le pedirás matrimonio a Ino?

Estaría mintiendo si dijera que eso no había cruzado mi mente. Froto la parte posterior de mi cuello.

—Es complicado. No quiero que se case con nadie más, eso es seguro. Pero… Sarada aún está en la escuela; no sé si querrán mudarse a DC en este momento. Siempre me imaginé a Ino y a mí casándonos… luego. Cuando seamos mayores.

Sus cejas suben hasta el nacimiento de su pelo.

—¿Te has visto en un espejo últimamente? Ya eres mayor.

—Estoy en la plenitud de mi vida.

—Ese es básicamente mi punto.

Me levanto.

—Lo importante es, que todo está en juego. Si pedirle matrimonio a Ino evita que se case con El Salchicha, entonces haré lo que tenga que hacer.

—Guau —bufa Sakura— Eres tan romántico. ¿Cómo una mujer podría resistirse a eso?

Le saco el dedo y sonrío.

—El romance está en las acciones, no en las palabras.

Con ese caso cerrado, me dirijo a la ducha. Cuando salgo del baño empañado, Sakura ya se encuentra debajo de las sábanas. La luz de las noticias de medianoche en silencio en la televisión alumbra la habitación con un brillo sombrío. Suelto la toalla alrededor de mi cintura al suelo y me deslizo bajo las sábanas. Ella se encuentra dándome la espalda, con su cabello rosado esparcido a lo largo de la almohada. Y en ese momento me acuerdo que cenamos, pero no comimos postre.

El postre siempre ha sido mi favorito.

Me deslizo por la cama, llevándome las sábanas conmigo, y llego a la altura de su trasero cubierto de seda. Rozo el material hasta su cintura, dejando al descubierto la piel suave obstaculizada por las bragas. Mi corazón se acelera, bombeando sangre hacia abajo, y presiono mis labios contra una de sus nalgas, mordisqueando juguetonamente con mis dientes.

—Sasuke.

No es un gemido deseoso, sino una enunciación fuerte. Un no.

Me alejo.

—¿Qué sucede?

Vuelve a bajar su camisola, cubriéndose, y se gira hacia mí. Me deslizo hacia arriba de nuevo, descansando la cabeza en la almohada, a sólo centímetros de su hermoso rostro.

—No creo que debiéramos tener sexo mientras estoy en casa contigo.

La decepción cae sobre mí, como el techo en una casa abandonada.

—¿Por qué no?

La posibilidad de que a Sakura puedan incomodarle mis sentimientos por Ino vuela a mi mente, pero lo descarto. Ella siempre ha sabido de Ino, incluso antes de que estuviésemos juntos esa primera vez, y nunca le ha molestado antes. Además, de la forma en que yo lo veo, Sakura no tiene nada que ver con Ino, son como dos habitaciones completamente diferentes. Edificios, incluso. Como un granero y una casa. Ambos importantes, pero sin ninguna conexión, sirviendo propósitos completamente diferentes.

En la tenue luz de la habitación, sus ojos lucen más oscuros, más brillantes. Abre la boca para decir algo, pero luego la cierra. Piensa durante unos segundos, y luego comienza otra vez.

—Deberías… guardar la pasión, ¿sabes? ¿Cómo un mariscal de campo antes de un gran juego?

Empujo un mechón de cabello detrás de su oreja.

—¿Y qué hay de ti?

El deseo sexual de Sakura es tan saludable y demandante como el mío. Hemos estado juntos de tres a cuatro veces por semana en los últimos seis meses. No me parece justo que tenga que quedarse sin nada durante las próximas dos semanas.

Sus labios perfectos se estiran al sonreír.

—Yo puedo… cuidar de mi misma.

La imagen que esa oración trae a mi mente hace que mi polla se endurezca.

—Me estas matando, cariño —gruño.

Su mano descansa sobre mi clavícula, luego se desliza hacia mi mandíbula, acariciando mi barba corta. Imito su acción, no preparado aún para abandonar el postre, ya que no estoy completamente seguro de que ella quiera lo que está sugiriendo. Sostengo su mejilla, luego bajo hasta donde su pulso late debajo de mi palma.

—¿No lo vas a extrañar? —pregunto.

—¿Extrañar?

Tomo su mano de mi mandíbula y raspo la punta sensible de su dedo contra mis dientes antes de chuparlo en mi boca, moviéndolo con mi lengua. Lo suelto con un pop.

—¿No extrañarás mi boca sobre ti? ¿La manera en que mi lengua te lame? ¿La forma en que separo tus piernas por completo, para poder deslizar mi polla lentamente, centímetro a centímetro, dentro de ti y que entierres tus uñas en mi espalda porque simplemente estás loca por tenerme?

Su respiración es pesada y acelerada. Tartamudea al decir:

—Um… sí, supongo que lo extrañaré.

—¿Qué pasa si te digo que sólo quiero un último beso? —Me acerco un poco más y trazo con mi lengua su labio inferior— ¿Un último sorbo de tu boca? ¿Podría tenerlo?

Su mirada se pone vidriosa, viéndonos en su mente, en trance por mis palabras, recordando cada gemido que hemos compartido. Cada toque.

—Sí. Te dejaría tener un último beso.

Mordisqueo su barbilla, su mandíbula, y susurro:

—¿Qué si te digo que necesito una última probada? ¿Una última lamida de tu dulce y apretado coño? No te haría venir si no quieres que lo haga… o podría hacerlo. ¿Me dejarías?

—Oh Dios… —gime, pero es todo por placer. Un deseo anhelante— Sí… sí… te dejaría.

Desciendo por su cuerpo, calentando la seda con mi tibio aliento. Beso la tensa piel de su estómago, lamo la suave carne de sus muslos internos. Luego subo la mirada hasta ella, observándola mirarme.

Y cuando hablo, hay un toque desesperado en mi suave voz.

—¿Qué pasa si te digo que tengo que tenerte de nuevo? Sentirte sujetándote tan fuerte a mi alrededor que veo el cielo. ¿Que no puedo soportar pensar en no joderte hasta sacarte esos ardientes soniditos sin aliento, hasta que grites mi nombre? ¿Nos permitirías hacer eso una vez más, aunque sea la última?

Antes de terminar de hablar, sus dedos se encuentran acariciando mi cabello. Apartándolo con delicadeza, a punto de halarme hasta ella.

—Sí, Sasuke, quiero eso también.

Sonrío.

—Bien. Porque no estamos siquiera cerca de casa aún… así que tenemos mucho tiempo.

La sonrisa de Sakura se convierte en una risita aliviada. Mueve su dedo en mi dirección, llamándome.

—Ven para acá y bésame.

Horas después, mis manos se aferran a las caderas de Sakura, mis dedos hundiéndose en su trasero, ayudándola a montarme. Chupo sus tetas, ya que son hermosas y se encuentran tan próximas a mi boca.

—Eso es, nena… monta mi polla —le digo, adorando cómo eso la hace jadear.

Deslizo mi mano por el estrecho abismo entre nosotros, hasta su clítoris, hinchado y húmedo. Lo froto lentamente, con sólo la presión suficiente para llevarla al borde, para calentarla, humedecerla aún más a mi alrededor. Su respiración se dificulta, y sus caderas se empujan contra mi mano.

—Más duro —le ordeno con una autoridad que no deja espacio para discusión, incluso si quisiera. Elevo mis caderas, encontrándome con ella a más de la mitad— Jódeme más duro…

Mi cabeza se presiona de nuevo contra el colchón mientras Sakura hace lo que le digo. Para una mujer que le gusta ser la mandamás en la oficina, sigue direcciones increíble y jodidamente bien.

Con sus dedos en mi cabello, hala mis labios hacia ella. Luego, mirándome a los ojos, pregunta:

—¿Es así con ella?

—¿Qué? —pregunto, atolondrado, mientras se aprieta alrededor de mi polla.

Pero cuando se detiene, se aquieta, parece más seria, trazando mi mandíbula con la yema de su dedo.

—¿Es así con Ino? ¿Te ves así?

Presiona su palma contra mi pecho, donde mi corazón se vuelve loco.

—¿Te sientes así cuando estás con ella?

Hay algo en la oscuridad que hace que la honestidad sea más sencilla. Y hay algo en estar rodeado de una mujer, llenándola, perdido en ella, que hace que mentir sea imposible.

—No. No es así.

Aguarda un segundo. Las esquinas de su boca se elevan muy sutilmente.

—Bien.

Luego comienza a mover sus caderas nuevamente, y todo lo demás se desvanece en la oscuridad.