Ni la historia ni los personajes me pertenecen.

12

Después de dejar a Ino en la casa de sus padres, llevo a Sarada a la mía. Ella y Sakura parecen caerse bien cuando las presento en mi antigua habitación. Luego, los dos salimos a lanzar el balón. Lanzo en espiral a través del aire, arqueándose a medio camino, luego se detiene en sus manos. Un pase perfecto… Es bueno saber que todavía puedo hacerlo. Pone sus dedos en la costura como le enseñé cuando fue lo suficiente mayor para sostener un balón y lo lanza de vuelta. Sin duda tiene el brazo de su papá. No es que quiera que vaya con el equipo de fútbol ni nada, pero creo que hay ciertas habilidades que una chica debería aprender, aunque sólo sea para que no se impresionen cuando algún hijo de puta arrogante llegue tratando de presumir. Cómo cambiar una llanta, lanzar un balón, montar a caballo, conducir un auto de transmisión manual; cómo cambiar el aceite de un auto es muy importante.

Además, las atrapadas nos dan tiempo para hablar. Para reconectarnos cuando he estado lejos por meses seguidos. Siempre he imaginado que tener estas charlas cuando fuera adolescente, sobre beber, fumar, enrollarse, serían menos incomodas si hay un balón entre nosotros.

—Así que… ¿Qué piensas sobre este asunto de la boda?

Se ríe mientras atrapa el balón.

—¿Te sorprendiste? Iba a decirte todo la semana pasada, pero mamá me digo que esperara, dijo que estarías muy sorprendido.

Fuerzo una sonrisa.

—Oh, me sorprendí, definitivamente.

—¡Voy a ser la niña de las flores! —Prácticamente salta— Mi vestido es de satén azul y me siento como una princesa con él. ¡Y la abuela me consiguió unos zapatos azules a juego. ¡Mamá dijo que me puedo hacer un peinado y usar brillo labial!

Su entusiasmo suelta mis labios en una sonrisa más genuina.

—Eso es bueno, bebé.

El siguiente pase de Sarada se desvía, y corro para agárralo mientras rebota en el césped.

—¿Y este chico KI… te gusta?

Mi hija asiente.

—Sí, es realmente agradable. Hace que mamá ría.

¿Qué ría? Me pregunto si jodidamente se reirá cuando le quite a él la cabeza de los hombros.

—¿Cómo… eh… cómo lo vas a llamar… si él y tu mamá se casan?

Sostiene el balón, sus pequeños rasgos fruncidos en reflexión.

—Bueno, lo llamaré KI, por supuesto. Ese es su nombre, tonto.

Mi aliento sale en una rápida ráfaga de alivio, sonando como una risa profunda. Atrapo el pase de Sarada, luego pregunto:

—¿Pero te encuentras segura que te agrada?

Me mira por un momento. Pensando.

—¿No quieres que me guste, papi?

Momentos como este nunca dejan de sorprenderme. Todas las cosas que no decimos delante de los niños para preservar su inocencia, las palabras que deletreamos, las acciones que escondemos para que no copien nuestros malos hábitos. Como la manera en que mi padre solía fumar detrás del granero, fuera de nuestra vista. Pero aun podíamos oler el cigarro. Ellos no escuchan lo que decimos, miran cómo lo decimos, captando el trasfondo de las emociones como un sexto sentido. Y simplemente lo saben. No quiero compartir el cariño de mi hija con otro hombre. Pero tampoco quiero partirla por la mitad, haciéndola escoger entre las dos personas que más ama en el mundo. No es su trabajo proteger mis sentimientos o los de su madre. Es nuestro trabajo proteger los suyos.

Me odio un poco por el hecho de que sintió la necesidad de preguntar.

Camino hacia ella y me arrodillo, así nos miramos a los ojos.

—Quiero que sean felices, tu mamá y tú. Y quiero que me digas si alguna vez llega el día que no lo seas. Pero no quiero que sientas que él no te puede agradar, o alguien más, debido a mí. ¿Tiene sentido eso?

—¿Te pondrás triste cuando mamá y KI se casen?

¿Cómo demonios se supone que responda a eso? Bueno, cariño, me encuentro aquí para asegurarme que eso nunca suceda.

Volteo mi gorro y desvío la conversación.

—¿Lo estarás tú?

Su sonrisa es tímida, como si estuviera a punto de revelar un secreto.

—Cuando era pequeña…

—¿Cuándo fue eso? —La molesto— ¿El año pasado?

Empuja mi hombro juguetonamente.

—Nooo… cuando era pequeña… como de cinco o seis. Solía pedirle deseos a las estrellas antes de ir a la cama. Después que mamá me arropaba, treparía y miraría por la ventana… y desearía que vinieras a casa.

Un nudo se tuerce en mi pecho, fuerte y apretado, hasta que apenas puedo respirar.

—O que nos llevarías a mamá y mí a DC contigo y que nos quedaríamos allí… para siempre.

Ino y yo somos buenos padres, no lo dudo… pero es difícil escuchar que has decepcionado a tu hija. Saber que deseaba algo fervientemente y que dárselo, en realidad, se hallaba en tu poder… pero simplemente no lo hiciste.

—No sabía que deseabas eso, Sarada. —Aparto la mirada y saco la brizna del césped— ¿Lo sigues deseando?

—No —Suspira pensativamente— Eres feliz allí. Tienes tu oficina y la Casa Blanca… y a Neji. Y mamá es feliz aquí. Y ahora tiene a KI para hacerle compañía.

Genial, mamá tiene a KI y yo a Neji, el maldito gruñón. ¿Qué hay de malo con esta imagen?

Luego, me anima incluso más.

—Además, de esta manera tengo dos navidades, ¿quién en su sano juicio se pondría molesto por eso?

Río abiertamente. Y la jalo a mis brazos.

—Te amo, bebé.

Envuelve los brazos alrededor de mis hombros y me aprieta con todas sus fuerzas.

—También te amo.