Ni la historia ni los personajes me pertenecen.

13

*Sakura*

Sarada Uchiha era todo lo que imaginé, desde el sonido de su voz hasta las fotografías que llenan el departamento de Sasuke. Vivaz, dulce, con un brillo travieso en sus ojos que me recuerda a su padre.

Continué trabajando después de que Sasuke apareció para decirme que la llevaría de regreso con los padres de Ino. Todavía redactaba un informe cuando la luz del sol afuera se desvaneció y la bola de fuego naranja en el cielo se deslizó más hacia abajo en el horizonte. Aparté mi computadora portátil sólo cuando la señora Uchiha vino a recogerme para la cena. La mesa estaba puesta, con Izuna, Rin, y el señor Fugaku Uchiha, el papá de Sasuke, ya ubicados; parece que las cenas familiares son una cosa constante, con un tiempo establecido con regularidad. El señor Uchiha es un hombre alto y corpulento con un apuesto rostro curtido y una disposición estoica. El tipo fuerte y silencioso. Es mayor que su esposa por cerca de diez años, suponía, pero había una ternura en la forma en que la mira y una devoción en la voz de ella que me dice que el suyo es un matrimonio feliz. Yo era el centro de atención, respondiendo preguntas sobre mi familia, sobre crecer en Chicago, y deleitándolos con historias de diabluras judiciales de DC. Entre bocados de la deliciosa carne asada y patatas, me contaron historias sobre Sasuke: el esplendor del futbol en la preparatoria, una broma adolescente que casi quemó la casa, y cómo se rompió la pierna cuando tenía cinco años y saltó del tejado porque estaba seguro de que su ropa interior de Superman le daría el poder de volar.

Un lugar en la mesa se hallaba instalado para Sasuke, pero su silla permaneció vacía. Después de la cena, de vuelta a su cuarto, llamo a Naruto para saber cómo está. Aparentemente, Sherman se ha acostumbrado a su nuevo nivel de vida, y podría no querer regresar conmigo. Jamás. Después de una ducha, me pongo un camisón color chocolate, seco mi cabello y abro la ventana antes de acostarme en la cama, sobre las mantas. Es una noche fría y el aire fresco se siente bien en mi piel. Mis ojos se hacen más pesados mientras miro la ventana. Esperando ver los faros, el regreso de cierta camioneta negra.

No, no sólo esperando. Es mucho peor que eso. Ansiando.

Ding.

—¡Mierda!

Bang.

—¡Maldición!

Smack.

—¡Hijo de puta!

Agarro la lámpara junto a la cama y escudo mis ojos cuando la luz explota en la habitación. Sasuke está justo dentro de la puerta, apoyado en sus manos y rodillas.

Me mira, desconcertado.

—El piso me derribó.

Voy hacia él, ayudándolo a ponerse de pie, pero su peso nos hace tambalear hacia la cama. Con mi rostro presionado contra su clavícula, huelo la tierra y la fogata, debajo del aroma más fuerte y abrumador del alcohol. No desagradable, pero posiblemente lo suficientemente fuerte para hacerme emborrachar en los vahos por sí solos.

—Es bueno que no tengo ninguna vela encendida, sino estallarías en llamas.

Sasuke se ríe mientras consigo dejarlo al borde de la cama, sus pies apoyados al piso en busca de estabilidad. Su sombrero está adorablemente torcido, y sus ojos desviados y sin enfocar me miran a través de esas pestañas oscuras, a la deriva por mi rostro.

—Vaya. Eres bonita.

Oh, Dios. No puedo evitar sonreír a su menos que cortés entrega.

—Siento haberte dejado sola por tanto tiempo, Saku.

Doy un paso atrás, sacudiendo la cabeza para restarle importancia.

—Está bien. Por eso estamos aquí, ¿cierto? —Pero hay una leve agitación de irritación cuando me doy cuenta— ¿Condujiste así?

Simplemente se encoje de hombros.

—Mi camioneta conoce el camino.

—Eso fue estúpido, Sasuke —Trago con fuerza— ¿Estuviste… con Ino todo este tiempo?

Sus labios vibran mientras exhala una respiración.

—Nah, Ino y su mamá, Sarada, y su hermana fue a conseguir que arreglaran su vestido. Wayne, el padre de Ino, me llevó de regreso a su caseta de caza, para mostrarme el ciervo que consiguió la temporada pasada, montado en la pared. Empezamos a beber, hablar… mayormente beber.

Una cruda emoción me golpea directo al pecho, como una bola demoledora de Miley Cyrus. Y estoy momentáneamente sin palabras cuando reconozco lo que viene.

Alivio. Un alivio desgarrador, como la sensación de un bálsamo fresco esparciéndose por una quemada punzante. Empieza en mi pecho y se extiende hacia mis brazos, baja por mis piernas, haciendo que las puntas de mis dedos y pies hormigueen.

Santas pelotas.

No me di cuenta de lo tensos que se hallaban mis músculos, lo mucho que odiaba la idea de que Sasuke hubiera pasado aquellas horas con Ino, hasta que me dijo que no lo hizo. ¿Qué diablos está mal conmigo? Cuando miro el rostro de Sasuke, mi inapropiada emoción se disipa. Porque se ve destrozado. Sus hombros están pesados, sus ojos bajos, sus labios con una mueca triste.

—Creo que de verdad se acabó —susurra— Me alejé demasiado tiempo y… la he perdido —Su voz se eleva— ¡Todo el mundo está tan malditamente bien con ello! Wayne, Ino, Sarada, incluso mi propia madre; todos piensan que la idea de que ella se case es fantástica. ¿Yo era el único que pensaba que estábamos en esto por el largo recorrido? Yo era un partido, ¿sabes? De por vida.

—Lo siento —murmuro, dando un paso entre sus piernas, abrazándolo.

Su cabeza descansa contra mi esternón, su respiración cálida contra mi pecho. Esas manos fuertes y suaves aprietan mi cintura, luego la rodean, dejándolas en mi espalda baja. Pongo su sombrero en la cama junto a él, pasando mis dedos a través de su cabello consoladoramente. Su voz es suave, apenas audible, perdida en la tela de mi camisón, y mis pezones se ponen tirantes cuando agrega:

—Estoy tan jodidamente contento de que estés aquí, Sakura.

Una de las ventajas de ser cercana con un montón de chicos es saber cómo piensan, entender el significado subyacente de las palabras que dicen.

Ruedo los ojos.

—Por supuesto que estás contento de que esté aquí. Has sido figurativamente pateado en las bolas. Tienes el ego herido. Y después de que un hombre está golpeado y lastimado, nada calma ese ego herido más rápido que trepar encima de una nueva, cálida y bienvenida cabina.

Levanta la cabeza de mi pecho y me mira fijamente, luciendo adorables ojos medio dormidos, sin embargo, sinceros.

—No es solamente eso. No sólo me alegra que alguien esté aquí, sino que tú estés aquí.

Lentamente, las manos de Sasuke bajan, acunando mi culo, exprimiendo un gemido amortiguado de mis pulmones.

—Por supuesto, si quieres besar mi magullado… ego… y mejorarlo, estoy abierto también a eso.

Pestañea y me río. Su grueso cabello es suave contra mis palmas cuando continúo empujando mis dedos a través de él, pensando. Sopesando mis opciones. Lo quiero. Siempre lo quiero. ¿Por qué no debería tenerlo? Pensé que mantener las cosas platónicas mientras estuviera aquí ayudaría a mantener las cosas sinceras. Separadas. Pero ahora, mirando ese apuesto rostro, esos labios llenos y sonrientes… ¿por qué no debería disfrutarlo mientras lo tengo? No es como si fuera la otra mujer; Ino lo rechazó.

Sus manos rozan y amasan, buscando con los dedos, conociendo mi cuerpo tan bien. El ritmo que me gusta, el toque secreto que me hace tensarme, jadear y querer. ¿Por qué no debería cosechar los beneficios de lo que ella desperdició tan estúpidamente? Solamente es sexo. Una liberación física increíble y caliente. Intento no pensar en una razón por la que debería decir que no... Y no se me ocurre ninguna.

Recojo su sombrero de la cama, colocándomelo en la cabeza.

Arre, vaquera.

Él sonríe. Y mis rodillas se debilitan.

—Mi sombrero luce bien en ti —dice con voz cansina.

Miro su boca, entonces la sonrisa traviesa.

—¿Sabes qué más luce bien en mí?

—¿Qué?

Me inclino, lo suficientemente cerca para saborearlo.

—Tú.

Empieza a reírse, pero la risita se convierte en un gemido cuando lo beso. Un beso con lengua y succión de labios que dice que voy en serio. Las manos de Sasuke se suben, enterrándose en mi cabello, acariciando mi rostro, las puntas de sus dedos rozando mi cuello. Me jala más cerca, moviendo su boca por la mía. También va en serio.

Una tierna electricidad surge entre nosotros, un cariño nuevo y crudo nos junta. Es cálido y familiar, salvaje y excitante al mismo tiempo, y quiero hundirme en él. No puedo acercarme lo suficiente; necesito el contacto de su piel más de lo que mis pulmones necesitan el aire por el que gritan. Aparto mi boca y levanto su camisa. Tan pronto como la quito, él está tirando el tirante de mi camisón, rozando mi hombro con los dientes, succionando la carne de mi clavícula, mi cuello, lo suficiente duro para hacer daño. Esparzo besos por su pecho bronceado, pasando las manos por cada cresta esculpida, amando cómo su estómago se tensa bajo mi tacto a medida que bajo más. Mi lengua rinde homenaje a la dura protuberancia de su pezón todo el camino, rodando y dando golpecitos, haciendo sisear a Sasuke. Me pongo de rodillas y levanto la mirada hacia él mientras desabrocho sus pantalones.

Me observa con párpados pesados y bajos, sacando de golpe el sombrero de mi cabeza, acariciando mi cabello, sonriendo como si tuviera un secreto. Hay una alegría traviesa, una jodida y sucia emoción de estar de rodillas frente a él, cuando tira mi cabello y pronuncia las palabras más indecentes. Porque Sasuke sabe exactamente lo que está haciendo, sabe lo que necesito. Le doy mi cuerpo, mi súplica, y él me da placer sin medida en recompensa. No depende de mis indicaciones. No tengo que preocuparme por instruir; él me llevará ahí gloriosamente y todo por su cuenta. Pero no estoy indefensa, incluso de rodillas. Doy, él toma; pero necesita que yo dé. Está desesperado porque yo dé; está ahí en la súplica de sus ojos, el empuje asertivo de su mano, y en la orden susurrada de que me apresure. Somos el balance perfecto de pasión, una mezcla intoxicantemente igualada de deseo y satisfacción. Le quito los pantalones y los dejo a un lado. La polla de Sasuke sobresale hacia arriba, gruesa y lista, exigiendo toda mi atención, esperando ser manejada. Su pene es digno de contemplar; de un impactante contorno, venas masculinas, potente longitud que merece ser emulada, esculpida y venerada como una preciosa pieza de arte.

Lo tomo en mi mano, con un agarre firme, acariciando lentamente desde la base hasta la punta.

—Mierda, cariño —gime.

Por un horrible momento, me pregunto si está imaginando que es el puño de ella y su cabeza rubia inclinada a sus pies. Pero entonces, lo lamo, de arriba abajo, saturándolo de húmedo deseo a lo largo de su longitud… y es mi nombre el que sale en un gemido de sus labios.

—Sakura…

Calor líquido cubre mi cuerpo ante el sonido de su voz, la humedad se reúne entre mis piernas, estimulándome. Enloqueciéndome al darle este placer, hacerlo retorcer, tragar sus gemidos, tragarlo a él.

Haciéndolo olvidar por qué vinimos, dejándolo obsesionado solo con quién lo hace venirse.

—Me encanta lo duro que estás —respiro contra él, haciéndolo retorcerse en mi mano— Me encanta cómo sabes.

Pongo los labios alrededor de la cabeza, protuberante y caliente. La chupo, rodeándola con mi lengua. Entonces, desciendo tomándolo todo, de la forma en que sé que le encanta. Relajo mi garganta, dejándolo entrar, respirando a través del impulso de vomitar y trago, sabiendo que por reflejo los músculos se contraerán alrededor de él. Sus caderas se levantan, buscando ir más profundo, más húmedo calor abrasante. Entonces, me retiro lentamente, chupando fuerte, arrastrando mis labios y lengua en el camino. Bajo de nuevo, acelerando el ritmo, añadiendo el roce más delicado de dientes.

Su pecho se eleva y cae rápidamente, jadeando y gruñendo. Su puño se tensa en mi cabello, tirando lo suficientemente duro para provocar un poco de dolor. Y es gratificante, alentador, porque sé que estoy llevándolo al borde de su control.

¡Sí, Sasuke!

Quiero que me empuje, me empuje, que jodidamente me use, tanto que sea solo en mí en quien piense. Sea yo a quien quiera.

Mi cabeza bombea más rápido. Acuno sus pesadas bolas en mi mano caliente y las masajeo, tiro, y luego acaricio suavemente.

—Oh, carajo… más profundo… Sakura… mierda… eso es, nena.

Su polla se endurece aun más, una vara resbaladiza y sedosa llena mi boca codiciosa. Envuelvo los dedos alrededor de él, cerca de la base y tiro hacia arriba y abajo en armonía con mi boca. Entonces, su mano en mi cabeza jala, manteniéndome quieta, mientras su polla se desliza adentro y fuera de mi boca, con la voluntad de sus caderas empujando.

—Carajo… me vengo… me vengo en tu perfecta boca… joder…

Siento que la carne se expande, crece, y un segundo caliente más tarde, chorros salados surgen en mi lengua, llenando mi boca. Trago cada pedazo que él me da, apreciativamente. Porque me encanta poder hacerle esto. Me encanta darle esto.

Sasuke traga aire cuando pasa los dedos por mi cabello suavemente ahora, dulcemente. Cuando se pone flácido en mi boca, lo libero e inmediatamente me encuentro siendo tirada hacia arriba, presionada contra él. Me sostiene mientras nos tumbamos en la cama. Besa mi frente, mis ojos se hallan cerrados. Luego, su mano se desliza por mi pierna, a medida que su cuerpo se desliza hacia abajo, su respiración un cosquilleo arañando mi estómago. Se ubica entre mis piernas abiertas, acuna mi trasero, levantándome mientras que baja la boca. El aire se escapa de mis pulmones ante la sensación, el primer toque de sus labios envolviéndome. Arqueo la espalda, agarra mis caderas, manteniéndome quieta para el ataque violento de su lengua. Su lengua lame y sondea, frota contra el tenso y desesperado manojo de nervios entre mis piernas, trayendo un húmedo y delicioso calor que se roba mis pensamientos y me deja sin palabras. Bajo la mirada para observarlo, y la vista hace que mis manos se tensen en las sábanas, que mis muslos tiemblen. Sus ojos están cerrados en concentración, su rostro dichoso, su boca zumba en silenciosa apreciación mientras su cabeza gira. Y lo siento construirse: la presión, las chispas del erótico placer pinchan profundo dentro de mí, construyendo, yendo a la cima, acercándose.

—Oh, Dios, Sasuke. Oh, Dios…

Libera mis caderas de su agarre y mi pelvis gira sin pena contra él, queriéndolo más profundo, más duro, más caliente. Desliza dos dedos en mi tensa carne a medida que su lengua hace firmes e implacables círculos contra mi clítoris. Cada músculo de mi cuerpo se pone rígido en anticipación y por unos hermosos segundos estoy suspendida, colgando sin peso en ese sensual precipicio. Y entonces, con un gemido largo y agudo, me rompo. Mis hombros se sacuden con la fuerza de mi orgasmo, mi coño pulsa alrededor de los dedos de Sasuke, mientras que un regocijo carnal destruye cada nervio en mi cuerpo. Sigue y sigue, espasmos de placer que fuerzan jadeantes quejidos de mis pulmones.

Después de que las intensas sensaciones se enfrían a suaves brasas, abro los ojos. Puntos brillantes de luz chispean en los bordes exteriores de mi visión, y en el centro se encuentra el rostro de Sasuke, observándome con tierna satisfacción. Siento su mano sostener mi mandíbula, y cuando me besa lentamente, saboreo una agradable combinación de agrio alcohol y mi propia dulzura en sus labios.

Agotada y con la sensación de no tener huesos, gateamos por las mantas, apoyamos las cabezas en las almohadas y con las respiraciones entremezcladas, cerramos los ojos para descansar del mundo.