Ni la historia ni los personajes me pertenecen.
15
Para el momento en que llegamos a lo de los Yamanaka, la mitad de la ciudad ya se encuentra ahí. Después de la Iglesia todo el mundo siempre va a casa de alguien, llevando comida y preparándose para una tarde de barbacoa, bebida y conversación. Por todo el patio, hay grupos de gente hablando y riendo, grupos de niños corriendo y gritando. Sarada se une a una manada tan pronto como entramos allí. Nana observa todo el asunto desde su lugar en el pórtico, como una gárgola vigilante y armada.
Un típico domingo.
Le paso mi bandeja de salsa a June, quien se la lleva a su marido, ubicado junto la parrilla de carne, rodeado de fragante humo, tan espeso que podría ser Alice Cooper en concierto. Ruby, la hermana de Ino, me trae una cerveza y me da un abrazo. Como la casa de sus padres, los años pasan, pero Ruby permanece igual. El mismo cabello rojo llameante, la misma risa salvaje, y el mismo novio pedazo de mierda con barba descuidada, sólo que con un nombre diferente. El de este es Duke o Dick6, en realidad no importa, ninguno de ellos se queda mucho tiempo, y eso realmente es lo mejor. Le presento a Sakura, y enseguida puedo decir que a Ruby no le gusta, por el simple hecho de que está aquí conmigo. A pesar de que toda la ciudad parece jodidamente emocionada por la boda, Ruby obviamente piensa que hay una posibilidad de que Ino pueda cambiar de opinión. Así que no será amistosa con una mujer a la que ve como una potencial competencia para su hermana.
Observo a mi alrededor buscando a Ino, pero no la veo. Mientras caminamos para conseguirle una bebida a Sakura, la presento cada vez que nos detenemos, lo cual es seguido. Ahí se encuentra la bronceada piel de la rubia señora Mosely. Fui a la escuela con sus hijas, pero todos los chicos estaban interesados en su madre. Ellos solían pelear para ver quien se ofrecería primero para cortar el césped, sólo por la oportunidad de verla tomar el sol en el patio en bikini. Luego está Gabe Swanson, el historiador de la ciudad y dueño de la librería, uno de los hombres más agradables y más condenadamente aburridos que he conocido. Después de servirle a Sakura una poción de menta en la mesa de bebidas con mantel a cuadros, nos giramos y vemos el rostro sonriente del Pastor Thompson acercándose.
—Es bueno verte, Sasuke.
—Igualmente, Pastor —Tomo un trago de mi cerveza— Un buen servicio el de hoy.
—Pensé que te gustaría —Golpea ligeramente mi brazo con una mano temblorosa— ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que estuviste en casa?
Me rasco la nuca, tratando de recordar. Hasta que una voz melosa, que reconocería en cualquier parte, me lo recuerda.
—Catorce meses, doce días.
Me giro a mi derecha, e Ino se encuentra ahí, ahora con un vestido blanco de escote tipo ojal, el cabello recogido con una cinta amarilla, luciendo como un ángel... Y el cuerpo de un demonio debajo. Mi tipo favorito.
Cara de trasero también está ahí. Desafortunadamente.
—Eso no puede ser cierto —corrijo— Pasé Navidad con Sarada.
La sonrisa de Ino es calmadamente resentida, una sonrisa de "te lo dije".
—Porque le compraste un billete de avión y ella voló a pasar Navidad contigo. Dijiste que no podías venir a casa. De nuevo.
Me sorprendo cuando comprendo que tiene razón, ha pasado mucho tiempo. Hablando con Ino prácticamente todos los días, viéndola por Skype, los días se mezclaron... pasaron... y no lo noté.
Sakura posa su mano en mi brazo.
—Trabajabas en el caso Kripley en diciembre, ¿recuerdas? —Entonces, casi como si me defendiera, explica— Fue un gran caso, robo a mano armada, con una pena mínima de veinte años. El señor Kripley fue identificado erróneamente como el autor. Sasuke fue capaz de demostrarle al jurado qué tan poco confiable era la identificación de los testigos y fue encontrado inocente. Unas semanas después, el verdadero ladrón fue detenido tratando de vender la mercancía robada.
Sakura me mira con ojos orgullosos, pero cuando se gira hacia Ino, su mirada se vuelve fría.
—Salvó la vida de un hombre y aun así encontró la manera de pasar Navidad con su hija, eso es bastante impresionante, ¿no lo crees?
La mirada de Ino baja a la copa en su mano.
—Por supuesto. Todos sabemos lo importante que es el trabajo de Sasuke.
El Pastor Thompson levanta su copa.
—Sigue luchando la buena batalla, hijo.
—Gracias, señor. Lo haré.
Luego de que el predicador se marcha, veo una oportunidad de oro. Cara de trasero está condenado.
—Ino, hay algunas cosas de las que tenemos que hablar. Vamos a dar un paseo...
Entonces mi hermano aparece en medio de nosotros, empujando una pelota de fútbol en mi rostro.
—Oye, Bubba, ¿quieres jugar?
—Buena idea, Izuna. —sonríe KI— ¿Te importa si me uno a ustedes?
—Claro, entrenador Inuzuka.
Entrenador Inuzuka… Qué jodida broma. Pero, pensándolo bien, eso me dará una oportunidad de ponerlo en descubierto. Le paso mi cerveza a Sakura.
—Ustedes, chicos, corran y jueguen —se burla Ino— Sakura y yo nos conoceremos mejor.
Algo en su voz me hace detenerme, y miro, a ver si Sakura está de acuerdo con eso. Su sonrisa me dice que sí. Tomo la pelota de Izuna y la lanzo al estómago de KI, como a un metro de distancia. La atrapa con un doloroso ooomph.
Oh sí, esto será muy divertido.
Luego de unos minutos de lanzar la pelota, decido tomar ventaja de la oportunidad de cuestionar a KI; tal vez obtenga algo que pueda usar.
—Así que —empiezo casualmente— entrenas en la escuela preparatoria. ¿Cómo es eso, después de tantos años?
Las relaciones inapropiadas entre estudiantes y profesores están de moda en estos días, y como que espero que KI sea un seguidor de tendencias.
Se encoge de hombros, con auto-desaprobación.
—Ya sabes lo que dicen: aquellos que no pueden, enseñan. Aquellos que no pueden jugar… entrenan. Siempre fui bueno con la estrategia, haciendo jugadas, los asuntos físicos eran más difíciles. No soy muy coordinado.
Como reforzando su punto, su siguiente tiro se eleva como un metro y medio por encima de mi cabeza, tengo que saltar para atraparlo. Pero lo hago.
—¿Ino dijo que solías vivir en California?
Ya había hecho una verificación de antecedentes, regresó limpia.
—Así es, en San Diego.
Recibo un pase de Izuna y lanzo la pelota al rostro de KI. La atrapa mejor que en la preparatoria. Maldición.
—Debió ser difícil mudarte de nuevo aquí, después de estar lejos tanto tiempo. Dejando tu trabajo, amigos... ¿tal vez una antigua novia?
KI sonríe, y su sonrisa es desagradablemente genuina.
—Mis amigos vienen de visita de vez en cuando, disfrutan de la vida en un pueblo pequeño, ¿sabes? Sin novia seria de la cual hablar. Y con las cosas como estaban con mi papá en ese momento... no fue para nada difícil. Sunshine aún se siente como casa.
Miro a mi propio padre, al otro lado del patio, dónde se encuentra bebiendo una cerveza con Wayne Yamanaka, su brazo envuelto firmemente alrededor de la cintura de mi madre.
—Siento lo de tu papá, KI. De verdad.
Se aferra a la pelota, sus ojos marrones serios.
—Gracias. Me alegro de haber regresado y pasado ese tiempo con él. Al final, podía ver las cosas desarrollarse entre Ino y yo, y me dijo que todo sucede por una razón. Ella es mi razón. Ella hizo que toda la tristeza valiera algo.
Quiero sentirme enojado. Ino era mi condenada razón, antes de que esta pequeña mierda siquiera supiera su nombre. Pero él es tan malditamente sincero. Ir tras él se sentiría como patear a un pequeño perrito marrón meneando la cola, y sólo un idiota haría eso.
Le lanza el balón a Izuna, luego se gira hacia mí.
—¿Podemos hablar un minuto, Sasuke?
—Pensé que eso era lo que hacíamos.
—Quiero decir en privado.
Esto debería ser interesante.
—Claro.
Izuna se va para encontrar a alguien más con quien jugar, mientras que KI y yo caminamos uno al lado del otro por el patio. En el camino veo a Sarada y a algunos de sus primos siendo ruidosos, lanzando hierba y chillando como banshees. Llevo mis dedos a los labios y silbo con fuerza.
—Oigan, cálmense.
Se congelan inmediatamente; Sarada, en particular, se ve desalentada por la reprimenda. Creo que es importante que los niños tengan un sano temor hacia ambos progenitores. Especialmente al padre. Yo le tenía terror mi padre y él casi nunca puso una mano sobre mí. No lo necesitaba, solo saber que podría era suficiente.
Le guiño a mi hija para suavizar el golpe.
—Si quieren actuar como animales, los pondré en el granero.
Sarada sonríe y todos vuelven a jugar, pero más tranquilos. KI y yo nos paramos cerca del roble, alejados del resto de la reunión.
—¿Hay algo que quieras decirme? —pregunto.
Se endereza y me mira a los ojos.
—Sé que la velocidad de la boda te tomó con la guardia baja. Aprendí de la manera difícil que la vida es corta, por eso no quiero esperar. Y sé que tú e Ino son cercanos, tienen un enlace. Confío en Ino, y nunca le haría pasar un mal rato por su amistad contigo. En cuanto a Sarada...
Automáticamente me tenso. Si él dice cualquier pequeña cosa mal, patearé a este cachorro hasta la próxima jodida semana.
—... ella es una gran chica y me preocupo por ella. Pero tú eres su papá. No quiero socavar eso, o reemplazarte. No podría aunque quisiera. Todo lo que quiero es ser un amigo para ella —Hace una pausa, respira, y continúa— Sé que incluso después de que Ino y yo nos casemos, una parte tuya aún pensará en ellas como tus chicas. Así que quiero que sepas que todo lo que planeo hacer por el resto de mi vida, es que sean felices.
Él me tiende la mano.
—Y creo que si tú y yo lográramos ser amigos, eso las haría muy felices. ¿Qué dices?
Hijo de puta.
No puedo decidir si Kiba Inuzuka es un idiota o un jodido genio maníaco. Lo único que sé con certeza es que tenía muchas ganas de odiarlo. Y él... sólo lo hace imposible.
Tras darle la mano, KI y yo nos dirigimos de nuevo hacia donde Sakura e Ino parecen estar llevándose bien. El cabello rosa de Sakura brilla a la luz del sol cuando echa su cabeza hacia atrás y ríe, su boca amplia y desinhibida. Y sonrío de solo mirarla. Apenas llegamos a medio camino cuando hay un disturbio al otro extremo del patio. Un alboroto. Esos también son bastante comunes. Denle alcohol a un montón de gente que ha vivido junta prácticamente toda su vida, y obligatoriamente se puede decir algo que a alguien no le guste.
Esta vez viene de Ruby y su novio.
—¡Sólo vete!
Él la toma por los bíceps, sus dedos se clavan es ellos.
—¿A quién crees que le hablas, perra tonta?
No es mi primer paseo en este camino en particular. Sé a dónde se dirige. Al parecer, lo mismo ocurre con KI.
—Oh…
—Demonios…
Él intercepta a Ino cuando ella se levanta; siempre lista para pelear en defensa de su hermana mayor.
—¡Ino, espera! —suplica— Siempre te ves involucrada…
—¡Es mi hermana! ¡No me sentaré aquí mientras ese pedazo de mierda le habla como si ella fuera basura!
Paso al lado de ellos, dirigiéndome directamente a la fuente.
La gente dice que hay dos clases de hombres. Uno que nunca se le ocurriría poner sus manos en una mujer estando enojado, y el que trata sus propias frustraciones y carencias culpando a la mujer más cercana a él, con los puños. Pero no estoy de acuerdo. Porque un hombre que golpea a una mujer no es un hombre en lo absoluto, sólo basura que se hace pasar por un ser humano.
—¡Oye, ZZ Top! —Eso capta su atención— Es hora de que te vayas.
Ruby se estremece cuando su mano se aprieta alrededor de su brazo. Él escupe saliva sobre su barba cuando gruñe:
—¿Quién demonios eres?
Sonrío.
—No eres de por aquí, ¿verdad?
—Esto no es de tu incumbencia… lárgate.
Se gira de nuevo hacia Ruby, pero me aproximo, poniéndome cerca de su rostro. Y mi voz es baja, letalmente calmada.
—Mira, ahí es dónde te equivocas. Porque mi hija se encuentra aquí y ella nos mira ahora mismo, eso hace que sea bastante de mi incumbencia. Así que quitarás tus manos de su tía justo en este jodido momento. O golpearé tus dientes tan adentro de tu garganta que cagarás muelas.
Permanecemos de pie durante unos segundos, sin pestañear. Y puedo ver las ruedas girando en su ignorante cabeza, debatiéndose si puede ganarme. Lleno. De. Mierda. Debe tener una pizca de inteligencia después de todo, porque la libera, luego se tambalea fuera del patio.
—¡Y no vuelvas! —le grita Ruby a su espalda.
Sacudo la cabeza.
—Por el amor de Cristo, Ruby.
Ella lanza sus manos.
—Lo sé, lo sé, si no tuviera mala suerte con los hombres… sería lesbiana.
Eso me hace reír. Me da un codazo.
—Vamos a beber algo.
Paso mi brazo alrededor de sus hombros, y hacemos precisamente eso. Cuando encuentro a Sakura, está sosteniendo dos platos con comida, uno para ella y otro para mí, llenos de pollo, ensalada de papa y costillas.
—Gracias.
Encontramos un lugar vacío en una mesa de picnic y nos sentamos a comer.
—Bueno, eso fue interesante —dice ella.
—Eso no fue nada, aún es mediodía. Lo verdaderamente interesante viene con la oscuridad.
—¿Todo el mundo se convierte en vampiros brillantes?
Sacudo la cabeza.
—Campesinos sureños —Tomo un bocado de costilla que se derrite en mi boca— ¿Así que tú e Ino se conocieron?
—Oh, lo hicimos. La comparación de notas sobre tu potencia sexual nos dio una sólida base común. Las dos te dimos dos pulgares arriba, por cierto.
—¿Sólo dos? —Sonrío— Tengo que mejorar mi juego.
—Entonces, ¿cómo fue tu charla con KI? ¿Se hicieron amigos como sugerí?
Me limpio la boca con una servilleta.
—Te lo diré más tarde. Esperaba encontrarme con Ino, conseguir un poco de tiempo a solas con ella.
Sakura empuja su plato, aparentemente terminó.
—Um... Creo que entró en la casa.
Risas y gritos viajan desde el otro lado del patio, captando nuestra atención.
—Me retracto de lo que dije sobre la oscuridad —le digo— Lo verdaderamente interesante se dirige hacia nosotros en este momento.
Mi hermano mayor, Itachi, viene caminando, vestido con ajustados vaqueros deslavados y una camiseta blanca con la imagen de Bob Marley. Una cadena de oro rodea su cuello con un gran y extraño medallón colgando al final. Itachi es muy similar a mí en apariencia, si yo fuera más alto, delgado y tuviera un grueso y cuidado bigote, como un jodido investigador privado Magnum rubio.
Me paro y acepto el fuerte abrazo que casi me levanta del suelo.
—¡Ahí está mi hermanito!
Crecí con Itachi, cuatro años mayor que yo, él era mi ídolo. No quería nada más que seguir sus perfectos pasos. Él también jugaba a la pelota en la preparatoria, aún conserva el record de más pases completos. Obtuvo una beca para Ole Miss, pero se retiró después de sólo un semestre. Luego volvió a casa... diferente. Vuelto a nacer. Pero no de la forma cristiana. Ahora es de ese tipo: el de treinta y dos años, que aun va a todas las fiestas de la preparatoria; quién obtiene cerveza, y otros placeres, para los adolescentes locales. Es el alma de la fiesta, y cada uno de ellos adora el suelo que pisa.
—Es bueno verte, Itachi —le digo con una sonrisa. Y lo digo en serio.
Él me mira por encima, golpeando mi brazo con orgullo. Luego se gira hacia Sakura. Ella ofrece su mano.
—Hola, soy…
—Eres Sakura —termina con reverencia. Luego la abraza, un poco demasiado cerca y bastante largo para mi gusto. Finalmente, retrocede, sostiene sus manos hacia arriba y a los lados, y pasa su mirada sobre ella— Los pájaros me dijeron tu nombre.
Ella mira hacia mí, pero Sacudo la cabeza.
—¿Los pájaros? —pregunta.
—Así es. Estoy en comunión con la naturaleza cada mañana. Te sorprendería lo que ella dice, si sólo te tomas un tiempo para escuchar —De nuevo, su mirada está sobre ella— Y eres tan bonita como me dijeron. Mira estas caderas, tus pómulos, tus…
—Sí, sí, ella es hermosa —Golpeo mi mano directo en su pecho, empujándolo hacia atrás— ¿Qué haces aquí? Pensé que te habías separado de la Iglesia.
Se encoge de hombros.
—Incluso nosotros los paganos disfrutamos de una buena barbacoa.
Las dos chicas de pie detrás de él se acercan. Trenzado cabello rubio, pequeñas, vistiendo blusas campesinas hippies, chalecos con flecos color canela, y mocasines con cuentas. Podrían ser gemelas; definitivamente hermanas.
—Permítanme presentarles a mis damas —dice Itachi— Son Sal y Sadie.
La que se encuentra a su izquierda da un paso al frente.
—Soy Sal, ella es Sadie —Pellizca la mejilla de mi hermano con familiaridad— Siempre nos confundes.
—¡Hooooola! —nos saluda Sadie con una risita.
—Consigamos algo de comida —dice Sal— ¿Quieres que te prepare un plato, bebé? —le pregunta a mi hermano.
Él le besa la frente.
—Eres demasiado buena para mí —A medida que se giran para irse, golpea el trasero de Sadie— Asegúrense de conseguir un poco de pollo frito de mi mamá, también.
Ella chilla y bate sus pestañas hacia él. Cuando se van, pregunto:
—¿Son legales?
Me mira de reojo.
—Depende de tu definición de legal.
—No, veras —levanto mi dedo para explicar— esa es la belleza de "legal". Lo eres o no, no es subjetivo.
—Te preocupas demasiado, Sasuke.
—Y tú no te preocupes lo suficientemente.
Golpea mi brazo.
—Suenas como papá.
Resoplo.
—¿Cómo lo sabes? ¿O papá y tú se hablan de nuevo?
Tras regresar de la universidad, Itachi decidió que ya no podía vivir bajo el gobierno fascista de la casa de mi padre. Compró un destartalado remolque de doble ancho en las afueras de la ciudad, lo arregló él mismo, y probó suerte en la... agricultura. Una cosecha única y especializada, que ahora es legal en Colorado. Ahora, también ha desarrollado un eficiente abono líquido de alta potencia que proporciona una gran cantidad de nutrientes por semanas con sólo unas gotas. Él lo patentó, lo vendió al gobierno federal, y se hizo extremadamente rico. Pero nunca lo sabrías, sus gustos son simples. Todavía vive en el mismo doble ancho, aunque compró las hectáreas de los alrededores, buscando privacidad y el desarrollo de... cultivos. Es una especie de cosa de la comuna: vida libre, amor libre. Como Woodstock todo el día, todos los días. Los chicos de la ciudad se refugian con Itachi. El año pasado, cuando un compañero de clase de Izuna conducía borracho, se estrelló contra otra camioneta, y huyó, fue con Itachi. Y mi hermano lo dejó entrar, habló con él y lo convenció para que se entregara a la policía. Itachi incluso fue con el chico a la estación de policía.
El estilo de vida alternativo de mi hermano es una píldora amarga que mi papá se niega a tragar. No le ha prohibido la entrada a casa, Itachi sigue apareciendo para las festividades y reuniones familiares por la insistencia de mi madre, pero mi padre sólo finge que no está ahí.
Itachi se encoge de hombros.
—Papá sólo necesita más tiempo para acostumbrarse a las cosas.
Tomo un trago de mi cerveza y me pregunto si hay bourbon disponible.
—Tendré una fiesta esta semana —anuncia mi hermano, levantando los brazos— Y quería asegurarme de que tu encantadora Sakura y tú asistirán. Mi casa, el martes en la noche.
—¿Tendrás una fiesta un martes? —pregunta Sakura.
—Creo que el martes es el día más descuidado de la semana. Todo el mundo se queja de los lunes, miércoles es el día joroba, el jueves casi es viernes y el viernes es el favorito. Nadie se acuerda del martes, es el arroz negro —Guiña un ojo— Como yo.
Tengo demasiadas cosas que hacer como para perder una noche en casa de mi hermano, de fiesta con chicos de preparatoria, drogándome por el humo de segunda mano.
—No sé si podremos ir.
Sonríe a sabiendas.
—Ino y KI estarán ahí —Agarra mi hombro— El cambio es difícil, hermano, especialmente para alguien tan orientado a las metas como tú. Me gustaría ofrecer mis servicios voluntariamente para facilitar la transición —Usa sus dedos— Para unir a nuestras familias en una sola, ¿escuchas lo que digo?
Suspiro por su mierda de la Nueva Era sensiblera, con la que ve la vida. Pero... si Ino estará allí, puede que me dé la oportunidad de hablar con ella. Tenerla a solas. Para enamorarla, sacar de nuevo sus sentimientos, sus recuerdos, todos los buenos momentos que hemos compartido. Esto podría ser útil.
—Sí, te escucho, Itachi.
Asiente.
—Bien. Voy a ver a mamá —Besa ambas mejillas de Sakura— Fue sublime conocerte en persona. Espero entretenerte el martes.
Y entonces se fue.
—Estaba drogado, ¿cierto? —pregunta Sakura, sonriendo.
—Es difícil decirlo con Itachi... pero me sorprendería si no lo estuviera.
Unas pocas horas pasan, llenas de cervezas frías y buenas conversaciones. Sakura y yo vamos invictos en un torneo de herradura. La multitud se minimiza; la gente comienza a volver a casa, a prepararse para la semana por venir. Un puñado de nosotros se sienta en sillas plegables alrededor de un fuego mientras el cielo se vuelve rosa y gris con la puesta de sol. Ino se sienta ahí, al lado de Cara de Trasero. Sakura junto a mí, y Sarada sentada en mi regazo. Peino su cabello suelto, beso la parte superior de su cabeza, y disfruto de sostenerla así. Porque de un segundo a otro será demasiado grande para sentarse en el regazo, y en lugar de ser su héroe, seré su mejor fuente de vergüenza.
Rin se sienta con las piernas cruzadas en la hierba y su guitarra.
—¿Cantas algo, Sasuke?
Sacudo la cabeza.
—No, ahora no.
—Oh, vamos —presiona Rin— Han pasado años. Podemos cantar "Stealing Cinderella", me encanta esa canción.
Las piernas de Sakura están cruzadas debajo de ella, con la cabeza apoyada en la mano.
—No sabía que cantabas.
—Sasuke tiene una voz preciosa —ofrece mi mamá— Solía cantar en la Iglesia todos los domingos.
Sakura sonríe.
—¿Fuiste un verdadero niño de coro? ¿Cómo es que no sabía esto?
—Tenía siete años —le digo secamente.
Pero entonces Sarada me quita todo el argumento.
—Vamos, papá. Me gusta escucharte cantar.
Tan simple como eso.
Asiento hacia Rin, y ella empieza a tocar la guitarra. Es una melodía suave, casi triste. Una canción sobre padres e hijas, continuando mientras permanecen exactamente igual.
Ella juega a Cenicienta, paseando en su primera bicicleta...
Paso la mano por el cabello de Sarada de nuevo, pero mientras la canción continúa la letra se vuelve más grande, el significado más relevante. Siento el calor de la mirada de Sakura, observándome, a esta parte diferente de mí que nunca ha visto, y observa con fascinación. Veo a KI con su mirada totalmente sobre Ino, casi deseando que gire la cabeza. Pero ella no lo mira. Desde el otro lado de la fogata, a través del humo y las llamas, ella mantiene sus ojos azules directamente sobre mí. Y le devuelvo la mirada, fijamente, mientras canto acerca preciosos recuerdos, antiguos y nuevos amores.
A los ojos de ella soy el Príncipe Azul, pero para él sólo soy un tipo montando y robando a Cenicienta.
Soy un recolector, uno de esos tipos que revisa las sobras justo antes de que todo el mundo se vaya a casa. En la mesa de la comida, a la luz del fuego, veo que KI también es uno de esos tipos. Puse la última pata de pollo en mi plato, y KI va por el último trozo de carne. Baño el pollo con mi salsa de barbacoa casera y él pregunta:
—¿Esa es tu salsa?
—Sí.
—Escuché que es bastante buena.
Le ofrezco la cuchara.
—Escuchaste bien.
Rocía su propio plato, luego se lame los dedos y lleva la carne troceada a su boca. Me da un pulgar arriba mientras mastica.
—Mi hermano mencionó algo sobre una fiesta el martes. ¿Podrás ir, o estarás demasiado ocupado?
Realmente espero que tenga otra cosa que hacer, así tendré a Ino toda para mí. Mentalmente froto mis manos, ávido por la perspectiva.
Asiente.
—Sí, estaré ahí. Liberé mi agenba pada da demada.
Mi ceño se frunce mientras sus palabras se vuelven más y más difíciles de entender. Entonces me acerco para observarlo... porque algo simplemente no se ve bien.
—¿Mi cada esda hidada, Dandon? De diende hidada.
—¡Santa jodida madre! —Me hago hacia atrás, con asco.
Debido a que Kiba Inuzuka ya no tiene el rostro de un modelo de Calvin Klein. Ahora luce como el personaje principal en una producción del maldito Hombre Elefante.
—¿Diede dimiendos esdo? —pregunta.
¿Dimiendos?
Pimientos.
Oh-oh.
—¡Tú, increíble bastardo!
—¡Fue un accidente!
—¡Accidente mi trasero!
—No sabía…
—¡Nana dijo que te comentó que era alérgico a los pimientos! —grita Ino desde el lado de su camioneta, luego de que un KI noqueado por el Benadryl fuera colocado en el asiento del pasajero.
—Puse hojuelas de pimiento en él, Ino, ¡pensé que era alérgico a los pimientos reales! ¡No a las malditas hojuelas de pimientos!
¿Y la terrible ironía de eso? Digo la verdad. Tendré que recalibrar en serio mi detector de mierda al escuchar las indignadas afirmaciones de inocencia de mis clientes. Al parecer, a veces no dicen mierda, no importa lo mucho que suene como ella.
—¡Te odio!
—Eso es un poco exagerado, ¿no te parece?
—¡Exagerado! —grita, haciéndome estremecer— ¡Intentaste envenenarlo!
Pateo el neumático de la camioneta.
—¡Si quisiera envenenarlo estaría jodidamente muerto! —Paso una mano por mi rostro— Pero, tal vez deberías pensar en posponer la boda; al menos hasta que KI no luzca tan —señalo hacia la ventana del pasajero— de esa forma.
Sus ojos se ensanchan. Al igual que sus fosas nasales.
—¿Por eso hiciste esto? ¿Crees que puedes sabotear mi boda, podrido hijo de puta?
—¿Qué? ¡No!
Ahora esa es realmente mierda.
—Escúchame y escucha bien —susurra— Me caso el sábado y no me importa si tengo que arrastrarlo, medio muerto, por el pasillo y apoyarlo contra el maldito órgano para hacerlo! ¡Hasta entonces permanece lejos de nosotros! ¡No quiero verte, no quiero oírte, no quiero nada!
—¿Cuándo te volviste tan malditamente terca? —grito.
Camina pisoteando alrededor de la parte trasera de la camioneta, respondiendo:
—¡Cuando te convertiste en un maldito egoísta!
—¡Ino! Espera...
Pero no lo hace. Hace lo opuesto a esperar, sube a la camioneta y se va. Para llevar a KI a casa y cuidarlo hasta que sane. Sakura se encuentra a mi lado en el camino de entrada, observando las luces traseras desvanecerse.
—Bueno, eso no salió según lo planeado —me quejo.
—¿Realmente fue un accidente? —pregunta con una ceja levantada.
—¡Sí! Realmente lo fue —Entonces me detengo, y reformulo— Un maravilloso y fortuito accidente.
Sonríe y doy rienda suelta a mi sonrisa. Entonces Sakura jadea.
—¡Santas bolas de mierda!
—¿Qué? ¿Qué pasa?
Truena sus dedos y apunta hacia el cielo, con una amplia sonrisa de descubrimiento.
—¡Reacción alérgica!
—¿Sí? —pregunto.
—El asesinato perfecto. Activando una reacción alérgica.
Se cruza de brazos, orgullosa de sí misma.
—¿En serio? —pregunto con una cara seria— Mi vida se cae a pedazos, ¿y aun jugamos al asesinato perfecto?
Se encoge de hombros.
—Bueno... es uno bueno. Naruto y Neji estarán impresionados.
