Ni la historia ni los personajes me pertenecen.

16

—Nunca he visto uno tan grande. Es demasiado grande.

—No es tan grande.

—¡Es monstruoso! Me va a matar.

—Te lo prometo, te encantará, cariño. Tócalo.

Jadea.

—No puedo.

Tomo la mano de Sakura y la presiono contra la piel cálida. Obligando a sus dedos a acariciarlo.

—¿Ves? Le gustas. Ahora sólo tienes que montarlo, entonces realmente le gustarás.

El lunes por la mañana, finalmente traje a Sakura a la cooperativa para conseguir un buen par de botas. Admiró un par de botas de montar de cuero marrón con costuras de color rosa y un sombrero a juego. Y tuve que dárselos, la mujer puede usar un jodido sombrero como nadie. Una vez llegamos a casa, me pareció una buena idea darle a su equipo un buen uso. Y llevarla a montar a caballo.

Apoya su mano sobre el abrigo negro y suspira

—Así que ésta es la forma en que voy a morir.

Ruedo los ojos

—¿Desde cuándo eres tan dramática? ¿O cobarde, si vamos al caso? Tienes un perro del tamaño de un pequeño toro.

Estamos fuera de los establos, ensillando a Blackjack, un semental gentil y tranquilo, el primer caballo que Sarada cabalgó por sí misma.

Sakura lo mira con cautela.

—Mi perro no va a tirarme y romper mi cuello. O patearme. O pisarme.

Subo la silla de montar sobre el lomo de Blackjack

—No… sólo rasgará tu garganta si lo fastidias.

Capta la acusación en mi observación.

—Ese es un vil estereotipo a los Rottweiler. ¡Sherman nunca haría eso! Es mi dulce bebé.

—Nunca he visto un bebé con unos dientes como los suyos.

Aprieto los seguros y aseguro la última hebilla. Entonces, golpeo el costado de Blackjack, de la forma en que me gustaría estar golpeando el culo de Sakura.

—Ahora, monta.

Sakura levanta la mirada hacia el enorme animal. Sus ojos redondos, su expresión completamente intimidada y vulnerable. Y parte de mi debe ser un enfermo hijo de puta, porque me está jodidamente encendiendo.

Da un paso hacia adelante, levanta sus manos, dobla su rodilla… y se acobarda.

—¡No puedo! No puedo, no puedo, no puedo, no puedo. ¡Simplemente no puedo!

Me río, palmeando su hombro.

—Está bien, no sufras un ataque al corazón, será más divertido de esta forma, de todos modos.

Me subo sobre el lomo del caballo, bajo la mirada, y le tiendo la mano. Sus cejas se fruncen.

—No sé si los humanos estamos destinados a montar algo tan grande.

Sonrío.

—Vamos, Saku, confía en mí. Te tengo.

Sakura respira, agarra mi mano, y pone su pie izquierdo en el estribo. Blackjack se queda completamente inmóvil mientras la jalo y balancea su pierna sobre su lomo, sentándose delante de mí. Su trasero cubierto en pantalones vaquero se presiona justo contra mi polla. Su espalda apoyada contra mi pecho, su cabello rozando mi cara, y huelo gardenias. Este viaje será el mejor tipo de tortura. Sintiéndola, abrazándola con fuerza, pero sin poder hacer nada al respecto, un delicioso y jodido tormento.

Envuelvo mi brazo alrededor de su cintura, jalándola hacia atrás, sosteniendo las riendas en mis manos.

—Relájate, Sakura —le digo en voz baja— Nunca dejaría que algo te sucediera.

Se hunde contra mí, gira la cabeza y sonríe.

—De acuerdo.

Entonces, empezamos a movernos.

—¡Guau! —chilla, agarrando mis muslos— ¡Tranquilo! Recuerda, lento y constante se gana la carrera.

—Pero duro y rápido es mucho más divertido.

Trotamos cuesta arriba, y sé exactamente el lugar que quiero mostrarle. Es el punto más alto de la tierra de mis padres, donde se puede ver las hectáreas de hierba, como un océano esmeralda.

—Sabes —bromeo— la única cosa mejor que montar en un caballo es ser montado en uno.

Sakura se ríe.

—¿Estás hablando por experiencia?

Inclino su sombrero hacia atrás.

—Solo a partir de mis vividas y tristemente no cumplidas fantasías. Haría falta un poco de imaginación; agarrarse de la manera correcta, balanceando tus piernas alrededor de mi cintura o sobre mis hombros…

—¿Estas tratando de distraerme para no asustarme?

Me lamo los labios, sonriendo.

—Tal vez… tal vez no. ¿Está funcionando?

Sus manos van de agarrar mi muslo a frotarlo.

—Porque, de hecho, está funcionando. Cuéntame más…


—Mi Dios… es tan hermoso.

He observado esta vista mil veces, pero estar aquí con Sakura, viendo la alegría en su rostro, el asombro, es contagioso. Me hace agradecer una vez más de dónde estoy, las bendiciones que tuvimos al crecer. Suspira, y juntos disfrutamos de la tranquilidad, mirando las praderas verdes y los valles salpicados con ganado marrón y negro.

—Mmm.

Mira por encima de su hombro hacia mí.

—¿Qué?

Señalo hacia el ganado agrupado.

—¿Ves cómo están agrupados juntos de esa manera?

Sakura asiente. Miro hacia el cielo, en busca de una señal, pero no hay nada que ver excepto azul.

—Cuando el ganado se agrupa, por lo general significa que viene una tormenta.

Ahora ella también está mirando hacia el cielo.

—¿Quieres decir que pueden sentirlo?

—Sí.

—Eso es increíble.

Me encojo de hombros.

—Es bastante genial —Le ofrezco las riendas— ¿Quieres dirigir?

Agita sus dedos, sonriendo vertiginosamente. Y eso me hace sonreír de nuevo.

—¿Crees que estoy lista?

—Definitivamente.

Acaricia el cuello de Blackjack y toma las riendas.

—Muy bien, Blackjack, trabaja conmigo.

Los siguientes veinte minutos se pasaron conmigo explicando cómo montar un caballo; hacerlo girar, detenerse, acelerar. Luego, Sakura está por su cuenta, y lo hace malditamente bien. Y estamos hablando, acerca de nada y todo; los detalles de la ganadería, el negocio de construcción de su padre, y cómo pensamos que las cosas van en la firma sin nosotros. Sakura me habla de la primera vez que sus padres la dejaron montar el metro sola en Chicago, y le digo acerca de tomar estos senderos después de la escuela con Ino.

Me río mientras recuerdo.

—Cuando éramos jóvenes, intentábamos encontrar el árbol perfecto para escalar. Luego, cuando fuimos mayores, tratábamos de encontrar el árbol perfecto para follar contra él.

Sakura se ríe, y luego se vuelve sombría. Nos balanceamos con los pasos suaves de Blackjack y me pregunta:

—De verdad la quieres, ¿no?

Sin detenerme, respondo:

—Si, lo hago.

Se queda quieta por unos momentos, mirando el suelo. Entonces, pregunta:

—¿Has pensado en lo que vas a hacer si no puedes convencerla de no casarse?

Sacudo la cabeza.

—El fracaso no es una opción, no hago planes B.

Sakura se gira para mirarme. Y hay algo nadando en esos ojos color avellana que no puedo leer.

—Sasuke… significas mucho para mí. Y yo… últimamente… se siente…

Muevo su cabello hacia atrás.

—Tú también significas mucho para mí, Saku.

—Sabes… Si haces que Ino se arrepienta de casarse con KI, hay una alta probabilidad de que ella quiera que ustedes sean exclusivos. Y si ese fuera el caso… No me gustaría que las cosas sean incómodas o tensas entre nosotros. No quiero perder… tu amistad.

Me inclino hacia adelante y beso su frente. Y le prometo:

—No me vas a perder, nunca dejaría que eso suceda.


Por la tarde, después de que volvemos de montar, trato de llamar a Ino. Pero va directamente al correo de voz. Le envió un mensaje de texto, una, dos, tres veces, pero horas más tarde, no hay respuesta. Así que llamo de nuevo después de la cena. Correo de voz.

Mierda.

Es de noche cuando salgo de la camioneta frente a la casa de Ino, golpeo la puerta, y pregunto por ella.

—Ella no bajará, Sasuke —me dice Wayne saliendo, masticando una pajita en la boca— Dice que todavía esta enojada.

—No me iré hasta que la vea. Dormiré justo aquí en los jodidos escalones del pórtico.

—¡Uno entre los ojos conseguirá que se vaya! —grita Nana desde la sala del frente— ¡Tráeme las balas, Wayne!

Unos minutos después de que Wayne lo intenta de nuevo, Ino viene bajando las escaleras a pisotones; el cabello suelto, envuelta en una bata lavanda y escupiendo disparates.

—¡He estado cuidando de KI todo el día y tengo trabajo en la mañana! No quiero meterme en esto contigo en este momento, Sasuke.

—Entonces, deberías haber contestado el maldito teléfono cuando llame antes. Tenemos que hablar.

Con los brazos cruzados y el ceño fruncido, se inclina hacia adelante y declara:

—He hablado todo lo que voy a hablar contigo.

Mi mandíbula se tensa y doy un paso más cerca de ella. Retrocede.

—Dime algo, Ino… ¿Estas realmente tan enojada conmigo? —Mis ojos van a la deriva sobre su rostro, sus manos crispadas, su pequeña cintura ceñida con el cinturón de su bata. Entonces, encuentro sus ojos y pregunto en voz baja— ¿O tienes miedo de estar a solas conmigo? ¿Miedo a escucharme? Porque sabes que esto es un error. Porque aún me amas.

Su boca se cierra y su barbilla se alza.

—Vete a casa y pasa algo de tiempo con tu hija. Necesitas que esté en la escuela a las ocho de la mañana.

Su no-respuesta es toda la respuesta que necesito.

—Sé a qué hora comienza la escuela.

—Entonces, buenas noches, Sasuke.

Se apresura hacia la puerta, entrando a la casa, como si no pudiera escapar lo suficientemente rápido. Hago girar las llaves alrededor de mi dedo.

—Dulces sueños, Ino.

Veinte minutos más tarde estoy subiendo las escaleras hacia las habitaciones, tratando de pensar en algo nuevo… inesperado… que hará entrar en razón a Ino. Cuando empiezo a abrir la puerta de la antigua habitación de Itachi, oigo voces detrás de la puerta cerrada a mi lado, risas y charla femenina. Sonriendo, abro la puerta y allí, sentada en mi cama vestida con pijama y pantuflas de peluche, esta mi niña, mi hermana, y mi… Sakura.

—¡Hola, papá! —Sarada me saluda con una amplia sonrisa. Levanta las manos, uñas de un azul brillante con lunares— ¡La señorita Sakura nos hizo manicura y pedicura!

Rin me muestra sus dedos de las manos y pies, rojo con flores naranjas, mientras se mueve al sillón en la esquina, dejando espacio para mí en la cama.

—Hermosas. Todas ustedes tienen las uñas más bonitas de la ciudad.

—Y estamos viendo una película —dice Sarada, acercándose más hacia Sakura— El Rey León.

—¿El Rey León, eh? No creo que haya visto esa todavía.

Me subo a la cama mientras la película empieza en la pantalla; dos leones teniendo una cita en la selva.

—¿Cómo te fue? —pregunta Sakura en voz baja, pasándome un tazón de palomitas de maíz.

Mis ojos le cuentan todo lo que no puedo decir.

—Fue.

Sarada inclina su cabeza contra mi pecho y me acomodo, besando la parte superior de su cabeza, disfrutando de tenerla cerca. Miro a Sakura mientras coloca una palomita de maíz en su lengua, lamiendo la mantequilla de la punta de su dedo rosa. Y hay algo acerca de todo esto— ella, aquí en mi cama, con mi hermana, mi hija—que se siente cálido y correcto, y la hace lucir aún más hermosa de lo que siempre he pensado que era.

—Quiero un Simba para mí un día. —Mi hermana suspira— Algún hombre fuerte y peludo que va a rodar alrededor de la selva conmigo.

¿Peludo? Frunzo el ceño hacia Rin.

—Ni siquiera sé cómo demonios se supone que debo responder a eso.

—Yo no —dice Sarada con disgusto— Todos los chicos que conozco son pequeños. Y feos.

Acaricio su cabeza.

—Así es; todos los chicos son pequeños y feos. Como trolls.

Sakura se ríe de mi cara de troll. Sarada asiente.

—Sin embargo, me gusta esta canción.

Sakura prácticamente chilla cuando escucha eso.

—Oh, Dios mío, Elton John. ¡El mejor cantante¡ Si tu papá dice que está bien, descargaré todas sus mejores canciones para ti.

Los grandes ojos negros de mi hija me miran por una aprobación.

—Papá dice que está bien.

Y consigo un abrazo a cambio.

Con mi brazo sobre las almohadas a nuestras espaldas, mi mano descansa justo al lado de la cabeza de Sakura, lo suficientemente cerca para tocarla. Así que lo hago, masajeando su cuero cabelludo, pasando mis dedos por su suave y rosado cabello, disfrutando de la sensación de éste deslizándose sobre mi palma.

Inclina su cabeza hacia mi contacto con un suspiro de satisfacción.

Y juntos, todos miramos el resto de la película.