Ni la historia ni los personajes me pertenecen.

17

Alrededor de las diez de la noche siguiente, estacionamos en el parqueadero del remolque de mi hermano, entre un mar de camionetas. Es como las vacaciones de primavera en el campo: adolescentes en todas partes. Rin y Izuna desaparecen en la multitud sosteniendo vasos de plástico rojos, caminando, hablando de hormonas. Sakura se detiene para mirar a su alrededor mientras andamos por el sendero hasta la puerta. Luces parpadeantes brillan en los árboles, la luna cuelga en el cielo, Led Zeppelin flota desde algún lugar en la parte de atrás.

—Es agradable —dice— Tranquilo.

Mientras está revisando el recinto, le echo un vistazo, de nuevo. Se ve guapísima en sus ajustados pantalones vaqueros color azul oscuro, botas negras de tacón hasta la rodilla y un top blanco sin mangas con cuello en v que se ajusta en todos los lugares correctos. Su cabello es abundante y vivo, rizado en las puntas, y un largo collar de perlas cuelga alrededor de su cuello. Mi abuela solía usar perlas, pero nunca como Sakura Haruno las lucía.

Antes de que pudiera acercarme a la puerta del remolque, ésta se abre de golpe para nosotros, y una de las seguidoras hippies rubias de mi hermano —Sadie o Sal— tropieza, saliendo. Nos reconoce, feliz, con los ojos vidriosos.

—¡Holaaa! —nos abraza, oliendo como a marihuana— ¡Bienvenidos a la jungla! Vamos a conectar un resbaladero de agua bajando la colina, ¿Vienen?

Sakura serie con indulgencia.

—Tal vez más tarde.

Después que la chica hippie se tambalea alejándose, Sakura dice:

—Es como estar en la Universidad de nuevo.

Resoplo.

—Columbia no era nada como esto, y vivía en una maldita casa de fraternidad.

Justo en ese momento un chico que se veía más como de mi edad nos pasó corriendo, su trasero desnudo. Cubro los ojos de Sakura.

—De acuerdo. Es como estar en la Universidad de nuevo.

Nos dirigimos adentro, separando las cuerdas de cuentas turquesa colgando en la puerta. Una barra de incienso se quema en un estante, llenando la habitación con un olor acre. Itachi sonríe ampliamente cuando nos ve a través de la multitud de cuerpos que llenan el cuarto completamente. Me abraza, su torso desnudo excepto por un chaleco de cuero marrón y un rosario.

—Bienvenido. Me alegro de que hayas podido venir —Luego abraza a Sakura, por un tiempo— Vamos a conseguirte algo de beber.

Itachi le da a Sakura un recorrido por el adornado remolque y estoy aliviado al ver que los adolescentes no son los únicos invitados a la fiesta. En realidad, se parece mucho a una reunión de escuela secundaria. Todos los de mi clase de último curso, que no se han ido de la ciudad, lo que es casi la mayoría de ellos, están aquí. Nos ponemos al día, y presento orgullosamente a Sakura. Alrededor de una hora más tarde, ella habla en mi oído.

—Voy a salir a la calle, a tomar aire.

Linternas chinas de colores cuelgan de las cuerdas por encima de una línea de rosales blancos, enmarcando el patio de piedra. Una hoguera rugiendo más abajo, iluminando casi todo el patio. Busco a través de los grupos de personas de pie en la hierba, y finalmente veo a Ino. Está hablando con la pequeña y morena Jessica Taylor, una ex miembro del equipo de animadoras. Pero lo más importante: KI no está por ningún lado.

Tiempo para encender el encanto.

Le paso a Sakura mi copa de Jack Daniels.

—¿Puedes sostener esto por mí?

Ella sigue mi línea de visión.

—Claro.

Rompo el tallo de una gran rosa blanca y se la muestro.

—¿Qué piensas?

Su control sobre las copas se aprieta.

—Creo que le va a encantar.

—Si todo va según lo previsto, me iré un rato. Izuna te llevara a casa si quieres irte antes, ¿de acuerdo?

Sakura baja la mirada a sus zapatos.

—Bien.

Le guiño un ojo.

—Eres la mejor, Saku. Deséame suerte.

Pero mientras me alejo… no lo hace.

Jessica Taylor me saluda con un abrazo. Ino me mira con recelo. Extiendo la rosa hacia ella.

—Una ofrenda de paz.

Su rostro se relaja un poco, sus hermosos labios rosados formando una sonrisa reacia.

—Gracias.

Jessica ríe.

—Señor, desearía llevarme tan bien con mi ex. No podría ni molestarse siquiera en darme veneno para ratas —Sacude la cabeza— Pero ustedes dos siempre fueron la pareja perfecta. ¿Recuerdan ese partido de futbol en tercer año de secundaria, después de que Sasuke anotó el touchdown del triunfo? ¿Y salió trotando del campo directamente hacia ti, Ino? Te levanto y te beso en frente de toda la escuela, como algo salido de una película de Drew Barrymore.

Los ojos de Ino son cálidos y sé que lo recuerda, al igual que yo. La había recogido tarde, habíamos discutido. Una palabra llevo a la otra, y para cuando llegamos al campo juraba que nunca me hablaría otra vez. Mi gesto romántico la alejo de esa idea, y pasó esa noche después del partido en el asiento trasero de mi camioneta, diciendo todo tipo de palabras maravillosas como: sí, más, y otra vez.

Jessica se fue para rellenar su bebida, y desde entonces no dejé de mirar fijamente a los ojos de Ino.

—¿KI se recuperó totalmente?

Resopla.

—Como si te importara, pero sí, lo ha hecho. Itachi trajo unas compresas de hierbas para él que mejoraron el resto de la hinchazón. Está adentro del remolque en este momento, consiguiendo más.

Mi sonrisa se vuelve tensa.

—Me aseguraré de darle las gracias a Itachi por eso —entonces me inclino más cerca— Porque nosotros no…

Nunca termino la frase. Detrás de nosotros, desde el patio, hay un silbido, un grito y ruidosos abucheos. Me doy vuelta y miro hacia dónde proviene el ruido, sólo para ver que está siendo dirigido a Sakura. Se trata de cuatro pendejos que nunca he visto antes, cuyos nombre no sé, pero que no me importaría leer en un par de lapidas. Entonces uno de ellos estira el brazo y agarra su trasero.

No sabía que la frase: tan enojado que vi rojo, podía ser literal, pero eso es justo lo que sucede. Mi visión se vuelve un túnel, bordeado de rojo caliente. No recuerdo caminar lejos de Ino, no recuerdo cruzar el patio. Lo siguiente de lo que soy consciente es de mi mano alrededor de la garganta de la escoria, golpeando su cabeza contra la pared del remolque de mi hermano.

—Tócala otra vez, arrancare tu maldito brazo y te lo meteré por el culo.

Sus manos arañan, tratando de alejar mis dedos. Sólo aprieto mi agarre aún más. Entonces Itachi está junto a mí.

—Relájate, Sasuke. Somos pacifistas aquí. ¡Tienes que calmarte, hermano!

Cuando el rostro del cretino se vuelve de un aceptable tono púrpura, lo dejo ir. Sostiene su cuello, agitado y jadeando. Yo gruño hacia mi hermano.

—No me digas que me calme. Dile a tu amigo que tenga cuidado de dónde pone sus malditas manos.

Con una mano en su pecho, empujo al maldito acaparador hacia la pared del remolque una última vez, por si acaso. Entonces envuelvo mi brazo alrededor de Sakura y me la llevo. Sus ojos brillan suavemente sobre mí.

—Sabes que podría haber manejado eso.

—Lo sé. Pero no deberías tener que hacerlo.

Y no dejo su lado por el resto de la noche. A la una de la mañana, la fiesta todavía continúa. Sakura es una tonta y feliz borracha, sentada a mi lado en una silla de jardín, enseñándole a Sadie malas palabras en portugués. Después de seis o siete Jacks con Coca Cola, también estoy bastante borracho. Itachi sale corriendo de un lado del remolque, llamándome otra vez, diciéndome que me dé prisa. Extiendo mi mano hacia Sakura y lo seguimos hacia el frente. Mi hermano pone un dedo en sus labios y sacude su cabeza hacia mi camioneta.

Mi camioneta que tiene las ventanas llenas de vapor como el coche del Titanic. Itachi agarra un lado y yo el otro, mientras golpeo en las ventanas gritando.

—¡Policía! ¡Abra! —Él tira violentamente abriendo la puerta. Luego canta— ¡Veo Londres, veo Francia, veo a Izuna sin ropa interior!

Nos reímos como hienas mientras mi hermano menor sube sus pantalones vaqueros desabrochados y se pone su sombrero, maldiciendo el día en que nacimos. Una rubia con la cara rosada lo sigue de cerca, y para decepción de Izuna, desaparece en un grupo de sus amigos.

—¡Todos ustedes apestan! —Izuna frunce el ceño.

Un poco más tarde, estamos sentados alrededor de la hoguera: Itachi, Izuna, Ino, KI y yo. Itachi le da una calada al porro, entonces me lo ofrece. Sacudo la cabeza. Sakura declina también. Ino, sin embargo, acepta fácilmente y lo fuma como una profesional.

—¿Pensé que habías dicho que no eras tan divertida como solías ser? —bromeo.

Sopla una nube de humo.

—A los veintiocho años, fumo por razones completamente diferentes por las que lo hacía a los dieciséis.

KI también le dio algunas caladas.

—Muy bien, escuchen, hijos, tengo algo que decir —anuncia Itachi, y todas las miradas se dirigen a él— Cuando Ino y KI se casen el sábado, todos seremos una familia.

No, no en realidad.

Abro la boca, pero él continua:

—Como las zumbadoras abejas de una colmena, todos viviremos en armonía para que la colonia florezca. Y estoy sintiendo tensión entre Sasuke y KI.

Los brillantes ojos de KI se entrecierran.

—No hay tensión. Sasuke y yo nos llevamos muy bien.

Claro. Y en lo que a mí respecta, nos llevaríamos mucho mejor aún si se mudara a la China, intentado escalar el Monte Everest… Y muriera.

Ino levanta la mano, como si estuviéramos de vuelta en la escuela.

—Estoy de acuerdo, Itachi. Hay tensión —acaricia la pierna de KI— Eres demasiado dulce para verlo, bebé.

—Tenemos que deshacernos de la negatividad —explica Itachi— Tengo un plan infalible para restablecer el orden natural y reforzar una jerarquía funcional con la que todos podamos estar contentos.

KI se rasca la cabeza.

—Esas fueron un montón de palabras, hombre. ¿Podrías repetirlas para mí otra vez?

Orden natural. Jerarquía.

Tal vez sólo sea el whisky… pero eso suena como una maldita buena idea.

Sin duda, era el whisky.

Esta es una idea malditamente terrible.

La vida es divertida. Un día estás usando un traje que cuesta más que la mayoría de lo que la gente puede llevar a casa en un mes, impresionando al jefe con tu habilidad y experiencia. Y una semana después, estas en medio de un pastizal de ganado a las dos de la mañana, demasiado borracho para ver bien, preparándote para una carrera en un tractor.

Si, un tractor. Esa era la gran idea de Itachi.

Una competencia sana, que gane el mejor hombre, y toda esa mierda. Ahora los tractores de mi padre están escupiendo humo de diesel, retumbando como un trueno, KI en uno, yo en el otro. Itachi puso la canción "Holding Out for a Hero", saliendo a todo volumen de los parlantes de mi camioneta y Ino está de pie en frente de nosotros.

—¡En sus marcas, listos, fuera!

Lanza el sombrero de KI al aire y salimos disparados. Es menos de un kilómetro hasta el árbol, luego tenemos que dar un giro alrededor y regresar. Empujo el pedal hasta el fondo, desplazándome a toda velocidad.

Escucho a Ino gritar:

—¡Patea su trasero, KI!

Y a Itachi:

—¡Esa es la manera, chicos! ¡Sientan el balance regresar, todo es sobre el balance!

Sakura coloca sus manos alrededor de su boca y grita:

—¡Vamos Sasuke! ¡Maneja ese maldito tractor!

Y me río, fuerte y duro. Miro a KI y él está riendo también. Porque todo esto es tan malditamente ridículo… pero de la mejor manera. Cuando empiezo a girar alrededor del árbol es cuando decido que quiero ganar. Sería una gran manera de terminar una buena noche. Con una victoria. Pero hay una razón por la que se supone no debes operar maquinaria pesada bajo la influencia de las drogas y el alcohol. Esa razón se hace evidente cuando KI y yo no dejamos suficiente espacio mientras ambos tratamos de hacer el estrecho giro, y terminamos rozando la máquina del uno contra el otro. Muevo mi pierna justo a tiempo para no quedar atrapado, pero los tractores quedan atascados, enredados.

—¡Retrocede! —le digo, señalando la rueda.

—¡Retrocede tú! —replica.

Y justo cuando considero golpearlo y hacerlo retroceder, un arma de fuego resuena, haciendo eco a través del campo. Instintivamente me estremezco, deteniéndome. Con mis oídos todavía resonando por el sonido, echo un vistazo… y veo a mi papá, vestido con una bata azul y botas negras, sosteniendo su escopeta.

La fiesta definitivamente ha terminando.


—¿Qué demonios estabas pensando?

Los seis estamos sentados en la mesa de la cocina, con las cabezas agachadas, las bocas cerradas.

—¡Ustedes dos tienen una niña! ¡Tú no actuabas de esta manera cuando estabas en la maldita escuela secundaria!

Lo mejor es dejar que él siga sacándolo todo. Cuanto más hables, más tiempo va a gritar.

—¡Mi hijo, el abogado, desgarrando mi hierba de invierno como un tonto, con mi otro hijo, el traficante de drogas, ayudándole! —grita, sus mejillas brillantes y de color rosa, como un cabreado Santa Claus.

Itachi elige ese momento para interrumpir.

—Fue un ejercicio de vinculación. Soy un sanador, papá.

—¡Eres un idiota!

Y esas son las primeras palabras que mi padre le dice directamente a mi hermano en dos años. Tiene sentido.

Itachi se pone de pie.

—Tienes que relajarte. El estrés es un asesino silencioso. Tengo algunas hierbas que pueden ayudarte con eso.

—Puedes ayudarte a ti mismo, dejando que te patee el trasero —grita más fuerte.

Pero Itachi no se desanima. Lanza sus brazos alrededor del cuello de mi padre.

—Te quiero, papá. Estoy tan contento de que estemos hablando de nuevo.

Por un momento, mi padre acaricia la espalda de Itachi y sus ojos se suavizan. Y sé que también está feliz de estar hablando con mi hermano de nuevo. Incluso si sólo es para gritarle.

Luego lo empuja y vuelve a mirarnos.

—¡Todos ustedes se van a levantar al amanecer a sembrar de nuevo mi maldito terreno, o voy a romper algunos culos!

—Sí, señor —responde KI.

—Sí, señor —responde Ino.

—Definitivamente, ninguno quiere conseguir su trasero roto —concuerdo.

Y porque es una listilla, Sakura añade:

—O agrietado.

Cubro mi boca para que mi padre no comience de nuevo. Izuna se ríe detrás de mí. Justo cuando él se gira hacia las escaleras, Rin viene dando la vuelta por la puerta de atrás, vistiendo la misma ropa que llevaba puesta más temprano: pantalones cortos de mezclilla, un top rojo, una chaqueta de mezclilla blanca, zapatillas azules. Por supuesto que es la misma ropa, porque no ha estado en casa todavía para cambiarse a cualquier otra cosa.

Chilla hasta detenerse junto a la puerta, observando nuestro grupo como un ciervo cuando la luz de un camión se acerca.

—¿Qué pasa? ¿Murió alguien?

No. Pero la noche aún es joven.

—¿Acabas de llegar a la casa? —le pregunta mi padre, su tono volviéndose más amenazante con cada silaba.

Su rostro queda en blanco. Una cara de poker, la forma en la que se encuentra tratando de no mostrar nada dice que está mintiendo.

—¡Por supuesto que no! —exclama— Mi toque de queda es a medianoche, y es después de medianoche. Si acabara de llegar… eso estaría mal.

Mi hermana no es una buena jugadora de póker, y sería un testigo terrible en un tribunal de justicia. Pero mi padre, como tantos otros, cuando se trata de su hija menor, su única chica, es ciego. O está volviéndose demasiado viejo para mantener el ritmo.

—Entonces, ¿dónde diablos estabas? —le pregunto, inclinando mi silla hacia atrás.

Me da una mirada de odio por una fracción de segundo. Entonces, más suavemente dice:

—No podía dormir. Yo… me vestí y fui a dar un paseo.

Besa a mi padre dulcemente en la mejilla.

—Deberías ir a la cama, papá. Te ves un poco sonrojado.

Él le da una palmadita en la parte superior de su cabeza, y luego sube las escaleras murmurando que nosotros, los niños, seremos su muerte.

Estoy listo para dejarlo ir, mierda, salte mi toque de queda diez veces más a menudo que eso. Pero luego mi hermana menor saca una jarra de jugo de la nevera, y se quita su chaqueta, revelando media docena de manchas rojas de vasos sanguíneos rotos en la parte inferior de su cuello y pecho.

Izuna roba las palabras de mi boca.

—¿Qué mierda es eso?

Rin casi deja caer su vaso de jugo.

—¿Qué? ¿Qué es qué?

Itachi, Izuna y yo la rodeamos.

—¡¿Qué?! —Señalo las marcas— ¿Tuviste un altercado con la manguera de una aspiradora?

Baja la mirada.

—Oh —Y miente de nuevo… mal— Me rasguñé con un arbusto.

Itachi inspecciona más de cerca su cuello.

—Esos son chupones, niña. Frescos. ¿Quién ha estado chupando el cuello de mi hermana menor?

—Preferiría no decirlo —responde, presionando sus labios.

—No doy un culo de rata por lo que prefieres —le digo— Vas a decirlo y lo vas a decir ahora.

Sakura se pone de pie.

—Espera un segundo.

Levanto mi mano.

—Sólo siéntate de nuevo, Sakura. Esto es una cosa de hombres, no lo entenderías.

Tan pronto como las palabras salen de mis labios, sé que fueron equivocadas. Sus ojos están como platos, entonces se entrecierran. Se cruza de brazos y da pasos deliberados hacia nosotros. Es su postura en la Corte, su modo de abogado defensor activado, y es sexy como la mierda.

—Lo siento —dice, no sonando arrepentida en absoluto— ¿Acabas de decir "Es una cosa de hombresss"?

—Yo no hablé así.

—Bueno, así es como un Neanderthal suena en mi cabeza. Sólo estoy esperando a que gruñas, golpees tu pecho y frotes algunos palos. ¿O no has descubierto el fuego todavía?

—Saku…

Ahora levanta su mano.

—Ningún Saku. No vi a ninguno de los dos apretarle las tuercas a Izuna sobre el nombre de la chica con la que se encontraba pasando tiempo en tu camioneta, ¡y con los pantalones bajos hasta los tobillos!

Rin jadea.

—¿Con quién estabas, Izuna?

Retrocede un paso.

—Preferiría no decirlo.

Rin mira a Ino, quien suministra la información.

—Norma-Jean Forrester.

—Lo sabía —chilla Rin, luego huele el brazo de Izuna— ¡Ella es tan sucia!

—¡Ella es sucia! —concuerda Ino— Su familia entera es sucia.

Levanto mis brazos.

—¿Podemos enfocarnos en esto, por favor? —Miro fijamente a Sakura— La razón por la que no interrogamos a Izuna es porque Norma-Jean, la sucia, no dejo ninguna horda de chupones detrás de ella.

Sakura asiente.

—¿Así que sólo tienes problemas con los chupones?

No realmente, pero suena mejor que comenzar a enfurecerme ante la idea de mi hermana haciendo las mismas cosas que me importa poco si mi hermano hace.

—Sí.

Por desgracia, hay una razón por la que Sakura es una abogada de primera categoría, porque ella puede ver directamente a través de la mierda.

—¿Estás seguro? —sonríe.

—Si, Regis, esa es mi respuesta final.

—Veo —agarra el cuello de su camisa y lo baja— ¿Así que supongo que también tienes un gran problema con todos estos chupones?

Cuatro, no, cinco chupones desvaneciéndose, y dos marcas de mordeduras arruinan la piel, de otro modo impecable, de Sakura. Mirarlos hace que la sangre se precipite directamente a mi entrepierna.

—¡Caramba! —exclama mi hermana— ¿Te volviste un vampiro mientras estuviste en DC?

Ino añade su granito de arena, riendo.

—¡Por el amor de Cristo, Sasuke!

Me debería molestar que Ino no esté molesta por la evidencia visual de mis devaneos con otra mujer. Pero… no lo hace.

Señalo los chupones con mi mano.

—¡Eso es totalmente diferente!

—¿Por qué? —pregunta Sakura, sus hermosos ojos ardiendo con desafío.

—Porque tú no eres mi hermana.

—Bueno, ella es la hermana de alguien —argumenta Rin. Manteniendo sus ojos en mí, Sakura levanta tres dedos— ¡Tres! —capta Rin— ¡Ella es la hermana de tres personas!

—Y mi hermano mayor podría patear tu culo con muy poco esfuerzo —Se cruza de brazos, caminando como si estuviera dando un alegato de cierre— Así que, señor Uchiha, parece que estamos en un callejón sin salida. Usted puede dejar que su hermana vaya a su habitación sin más presión por dar un nombre. O… las mujeres de la familia y yo iremos a la otra habitación y tomaremos fotografías de mis chupones, y se las enviaremos a mi hermano. Para ver si él está de acuerdo con su alegato de que es una cosa de hombres.

Por un minuto, olvido que Sakura y yo no somos los únicos en la habitación.

—Me encanta cuando te pones toda abogada defensora contra mí —Suspiro. Y ruedo los ojos— Ve a la cama, Rin.

—¡Sí! —le da a Sakura un choca esos cinco mientras la pasa— ¡Lo hiciste, chica!

Izuna anuncia que se va a la cama también, y sigue a Rin por las escaleras. Itachi bosteza.

—Estoy molido. El sofá está llamando mi nombre.

Cruza la cocina, quitándose su ropa a medida de avanza. Al momento en que sale de la habitación, la última vista que tengo de él es la de su culo blanco como una azucena. Froto mis ojos, para borrar la imagen, y porque estoy agotado.

—¿Oye, Sasuke? —pregunta KI— Dado que todos tenemos que levantarnos dentro de —mira su reloj— dos horas para volver a sembrar el campo, ¿Estaría bien si Ino y yo pasamos la noche aquí?

Sin pensarlo, me encojo de hombros

—Claro.

Y los cuatro nos dirigimos a la granja. Después de que Ino y KI están instalados en la antigua habitación de Itachi, y Sakura y yo estamos bajo las sabanas de mi cama, me susurra.

—¿Esto es raro? Esto es raro, ¿no? ¿Te molesta que ellos estén…aquí? —apunta a la puerta abierta del cuarto de baño que conecta las dos habitaciones.

Una vez más, probablemente debería. Debería querer arrancarle la cabeza de salchicha. Asfixiarlo con una almohada. Arrojarlo por la ventana y verlo caer los dos pisos, orando que aterrice de cabeza.

Pero sólo jalo a Sakura más cerca.

—Estoy demasiado cansado para que me importe una mierda.