Ni la historia ni los personajes me pertenecen.

19

El jueves por la tarde, la hermana de Ino da una gran fiesta para ella y KI en casa de sus padres. Es más elegante que la barbacoa del domingo, pero no tan extravagante como un evento organizado con catering. Los futuros novia y novio han renunciado a la despedida de soltero o de soltera, para gran disgusto de Ruby. Parece que estaba deseando darle a su hermana menor la clase de despedida hacia la vida matrimonial que incluía bomberos strippers y paseos en toro mecánico. Obviamente, Ruby no tiene conocimiento de las tendencias pervertidas de su hermana, y del hecho de que ya tiene su propia colección de esposas, por lo que el desnudista probablemente habría sido una decepción.

Siendo tan cercanos como son, toda mi familia está invitada. Entrar en su casa decorada con serpentinas y globos de temática nupcial hace poco para resolver el lío en mi cabeza ahora mismo. Todavía no estoy emocionado por Ino casándose, pero la idea ya no hace que mi interior arda con celos o pánico. Ahora lo entiendo, después de anoche, luego del beso sin importancia, veo que Ino tenía razón. Sobre todo. Que es exactamente el por qué no hay una buena razón para que le confiese las cosas a KI. Simplemente causará problemas por nada. Ese es el consejo que quiero darle a Ino, si se quedase quieta el tiempo suficiente para poder hablarle.

—Ahora no, Sasuke.

Sale de la cocina conmigo justo detrás de ella. Su boca está fruncida, sus ojos están cansados y apagados de remordimiento. Se ve estresada, pero lo que es peor, se ve culpable.

—Ino, sólo dame un segundo.

Pero ya está en la sala de estar, moviéndose entre un mar de gente, cada uno asintiendo, sonriendo y conversando. El cielo afuera es color gris humo, volviéndose rápidamente a carbón, por lo que todo el mundo está en el interior. En el salón, los ojos de KI se iluminan cuando Ino entra en la habitación. Ella se frena en seco, mirándolo con una expresión que no puedo leer.

—No digas nada, Ino. Todavía no —digo contra su cabello.

Ruby camina alrededor de la casa con un micrófono, jugando bingo nupcial.

—Está bien todos ustedes, ¿quién conoce el mes y día en que KI e Ino fueron a su primera cita? Márquenlo en su tarjeta —Se inclina hacia la pequeña y canosa señora Fletcher, quien es sorda como un poste, y en el micrófono grita— ¡La primera cita, señora Fletcher!

La señora Fletcher asiente, luego escribe la fecha de hoy.

—Sólo seré honesta —se dice Ino a sí misma— La verdad te hará libre.

No, sé por experiencia profesional que la verdad puede aterrizar tu culo en una celda de la cárcel. Es cómo se presenta la verdad lo que hace toda la diferencia.

Se mueve hacia adelante antes de que pueda agarrar su brazo.

—Allí está mi chica —dice KI desde su asiento.

La veo tragar saliva mientras se sienta junto a él. Y parece que en realidad podría vomitar cuando dice:

—Hay algo que necesito decirte.

—Oye, KI —intento— ¿Quieres ir afuera y lanzar la pelota?

Levanta un dedo hacia mí y sus oscuros ojos se entrecierran mientras observa a Ino con una mezcla de preocupación y curiosidad.

—¿Qué pasa, hermosa?

—Muy bien, ¡todo el mundo prepárese para la siguiente! —anuncia Ruby en el micrófono. Se interpone entre las sillas de KI y Ino— ¡Ino va a dárselas a todos!

Y es como un choque de trenes. Un lento movimiento, el imparable choque. Rubí baja el micrófono a la boca de Ino justo cuando ella confiesa:

—Besé a Sasuke anoche.

Choque.

Todo el mundo se detiene, las miradas fijas, ninguno se mueve. Incluso la vieja señora Fletcher escuchó claramente.

—¡Ja! —susurra con deleite a su vieja compañera de bingo— sabía que ese chico no lo dejaría ir tan fácil.

Pero es otra voz la que me captura, agarra algo muy dentro de mí, y retuerce.

—¿La besaste anoche?

Las palabras son susurradas con condena... e incredulidad. Pero es la mirada en los ojos de Sakura la que casi me hace caer de rodillas. Angustia. Puro dolor sin diluir que ni siquiera trató de ocultar. Y es como si pudiera leer su mente, ver sus pensamientos. Está pensando en nuestro momento en el río, conectando los puntos. Y está asumiendo que la usé. Me volví hacia ella para terminar lo que Ino empezó. Está todo bien jodido en su rostro.

—Saku...

Doy un paso hacia ella para explicar, para alejar esa mirada, pero me da la espalda, saliendo de la habitación. Con el público aún silencioso, Ruby se aclara la garganta y habla por el micrófono.

—Pastel… y licor... serán servidos en el pórtico, si me siguen. —Hace un gesto con la mano.

La habitación se vacía rápidamente, dejándonos sólo a Ino, KI, yo, nuestros padres, y mi hermano mayor. Los ojos marrones de KI la miran como si estuviera esperando a que continuara, pero no puede decidir si realmente quiere que lo haga. No parece enojado. Está sorprendido. Destrozado. Como... como un cachorro que acaba de ser pateado.

Toma una respiración profunda y dice:

—Ino... sé que no soy excitante. No tengo un trabajo llamativo, no soy el mariscal de campo estrella, soy un tipo simple. Me gustan... las cosas sencillas. Cosas tranquilas, como sostener tu mano, y mirar la televisión con mis brazos a tu alrededor. Sólo soy un hombre que te ama más de lo que alguna vez amaré nada —Se endereza— Pero no voy a pelear por ti. Esto no es la escuela secundaria o alguna película, somos adultos. Debes decidir lo que quieres. A quién quieres. Y tiene que ser ahora.

Los dedos de Ino se envuelven uno alrededor del otro suplicantes.

—Ya lo he decidido. Quiero estar contigo, KI, te amo.

Sus palabras parecen molestarlo más. Empuja su oscuro cabello, brazos apretados, las manos curvadas en puños.

—¿Estás segura de eso? Porque no luce como amor desde donde estoy parado.

Pienso que es el momento de intervenir.

—Escucha, KI…

—Oh, cállate —gruñe.

—¿Perdón?

—¡Estoy hasta aquí de ti! —Señala la cima de su cabeza— Todo estaba bien hasta que volviste. ¡Eras un idiota en la escuela secundaria, y eres un idiota ahora!

Presiono una mano a mi pecho.

—Ino dijo que tú pensabas que yo era una leyenda.

—¡Un idiota legendario! Siempre caminando alrededor como si fueras mejor que nosotros, demasiado malditamente bueno para esta ciudad. ¡Jódete!

Estoy insultado.

—Bueno, seguro como la mierda era mejor que tú, maldito aguatero.

De repente, KI cambia de un cachorro a un Rottweiler. Uno que muerde.

—¡Era el director! —brama.

Luego se lanza sobre la mesa, derribándome por la cintura, llevándonos a ambos al suelo.

June grita.

Ino gime—: Oh, infiernos.

Mi pierna atrapa la pata de la mesa auxiliar, con lo que la lámpara encima de ella se estrella contra el suelo. E Itachi dice:

—¡Por fin! Eso es de lo que estoy hablando. ¡Purgar la negatividad! Saquen todo fuera, chicos.

Enderezo mi brazo contra el pecho de KI, tratando de sacar ventaja.

—Pensé que no ibas a pelear —espeto.

—¡He cambiado de opinión! —gruñe.

Entonces me da un puñetazo en el ojo. Mi cabeza se mueve bruscamente hacia un lado, pero vuelvo, aterrizando un gancho sólido directo a su mandíbula, haciendo que mis nudillos palpiten. Atacamos y gruñimos, patada y puñetazo. Pero en tan sólo unos minutos, Wayne y mi padre deciden que ya es suficiente. Nos agarran a cada uno por nuestros cuellos, arrastrándonos hacia arriba, separándonos.

Jadeando, KI se sacude del agarre de Wayne, pero no viene a mí otra vez. Mira a Ino y dice:

—He terminado aquí.

Y la puerta delantera se cierra detrás de él.

Luego de la salida de KI, Ruby anunció que la fiesta había terminado y envió a todos a casa. Entonces juró que iba a ponernos a todos en el programa de Jerry Springer9. Veinte minutos más tarde, estoy en la mesa de la cocina, sosteniendo una bolsa de guisantes congelados en mi ojo hinchado. Ino se sienta en una silla junto a mí, mientras nuestra hija se pasea ante nosotros.

Sarada se detiene frente a mí.

—Usamos nuestras palabras para resolver problemas por aquí, no nuestros puños —Se pasea un poco más. Entonces mira de forma severa a Ino— Y tú has herido los sentimientos de KI. Debes decir lo siento.

Asentimos en triste unísono. Conseguir tu culo regañado por una niña de once años de edad, no es divertido en absoluto.

Sarada sacude la cabeza y menea su dedo.

—Estoy muy decepcionada de los dos. Quiero que se sienten aquí y piensen acerca de su comportamiento. Y la próxima vez, espero que puedan tomar mejores decisiones.

Con un jum de reproche final, se aleja, dejándonos inquietos. En silencio, Ino mastica sus uñas. Es lo que hace cuando está preocupada, y no hace falta ser un genio para adivinar lo que la preocupa.

—Lo siento, Ino. No quise…

Me detengo, porque poner fin a la boda de Ino y KI era exactamente lo que quería hacer. Pensé que me sentiría victorioso, otro visto bueno en la columna de la victoria… Pero me siento como mierda.

Apoya su mano en mi pierna.

—Está bien, Sasuke. No es tu culpa.

La miro fijamente. Esperando.

—Está bien, sí es tu culpa. Pero también hice mi parte. Si te hubiera dicho desde el inicio, permitiendo que te acostumbraras a la idea, nosotros no…

La puerta frontal se abre de golpe y una ráfaga de viento se dispara en la casa, soplando hojas, pequeños trozos de tierra y a... Kiba Cara de Culo Inuzuka. Ino se levanta mientras él entra en la habitación, el rostro duro y el ceño fruncido. Pero hay algo más en sus ojos.

Miedo.

—Volviste —respira.

—Tuve que volver. Para asegurarme de que Sarada y tú estaban bien —La jala a sus brazos, y el Rottweiler está de vuelta en su jaula— Se aproxima una tormenta —Me mira— Se disparó la advertencia de tornado, la oí cuando me acercaba a la ciudad. La radio se cortó en el viaje de regreso, pero sonaba como si estuviera llegando.

Mierda.

Ver tornados es bastante común en esta parte de Mississippi. Tratamos con ellos de la manera en que la Costa Este maneja una tormenta de nieve, con saludable precaución y preparación, aunque en realidad nadie espera el Armagedón que muestran en las películas. Pero una advertencia significa que un tornado realmente tocó tierra. Y si estás en su camino, eso es un jodido problema.

Al mismo tiempo, todo el mundo se mueve, trayendo los muebles del jardín, bloqueando las ventanas. No todas las granjas tienen un sótano de tormentas, pero ésta sí. El padre de Ino agarra el paquete de primeros auxilios de debajo del fregadero y todos se reúnen en la cocina, para salir por la puerta trasera. Pero cuando miro alrededor, mi corazón se atora en mi garganta, bloqueando el aire.

—¿Dónde está Sakura?

Camino de vuelta a la sala de estar, buscando. Abro la puerta para revisar el patio, y tengo que afianzar mis piernas contra una ola de viento que se siente como si el mismo Dios estuviera tratando de golpearme en el culo.

—Se fue a caminar —ofrece Ruby, con la cara pálida y tensa.

—¿Cuándo? —grito.

—Hace un rato, antes de la pelea. Salió por la puerta de atrás y simplemente siguió caminando.

Puro y frío pánico sube por mis piernas, como si estuviera hundiéndome en arenas movedizas. Y mil escenas horribles pasan por mi cabeza. Sakura siendo derribada por escombros voladores, sangrando y gritando mi nombre. Atrapada debajo de un árbol caído, sus ojos sin vida. Corriendo, casi llegando a la casa... antes de ser arrastrada por la monstruosa masa gris. Ida, como si nunca hubiese estado aquí en absoluto.

Su nombre burbujea en mi pecho y aprieto los dientes para no gritarlo. Tengo que encontrarla.

En la cocina, les digo:

—Todos continúen, voy a ir por Sakura.

—¡Papi! —Sarada lanza sus brazos alrededor de mi cintura y puedo sentir su agitación— Papi, por favor, ven con nosotros. ¡No vayas!

Su terror, su necesidad por mí corta a través de mi pecho como un machete, partiéndome en dos. Me arrodillo, mirándola a los ojos, tocando su carita. Y pongo todo lo que tengo en mis palabras para consolarla.

—Voy a volver. Te lo juro, Sarada, voy a volver.

Su labio tiembla. Acaricio su pelo y trato de darle mi sonrisa.

—No podemos dejar a la señorita Sakura ahí afuera, niñita. Me voy a buscarla y luego vamos a venir directamente a ti.

Miro detrás de Sarada a Ino, que está sosteniendo la mano de KI. Y sé lo que tengo que hacer. Levanto a Sarada en mis brazos, besando su mejilla.

—Vas a estar con tu mamá y KI. Te van a mantener a salvo.

Me abraza una última vez, y luego la entrego. A KI... Nunca me vi a mí mismo dejando a mi hija al cuidado de otro hombre. Nunca imaginé un escenario donde eso estaría bien. Pero no hay celos, ningún deseo de noquearlo y arrebatarla de vuelta. Sólo estoy... agradecido de que Ino no está sola.

Ella le murmura algo a nuestra hija y asiente hacia mí, gratitud en sus ojos. Como un presagio, hay un estruendo fuera, sacándonos del momento. Mi madre apresura a todos a la puerta. Cuando KI va a seguir, agarro su hombro, hablando más con mis ojos, para no asustar al precioso paquete que sostiene en sus brazos.

—Asegúrate de bloquear la puerta detrás de ti. ¿Entiendes lo que estoy diciendo?

No esperen por mí, es lo que le estoy diciendo. Bloquea la maldita puerta y mantenla cerrada, incluso si todavía estoy en el exterior, nada las tocará.

Asiente, con el rostro solemne.

—Sí, te entiendo, Sasuke.

Me doy vuelta y cruzo a la sala de estar.

—¡Oye, espera! —llama. Miro hacia atrás y KI me lanza un juego de llaves— Tu hermano puso neumáticos de mierda en tu camión, quedará atrapado en el barro. Toma el mío.

Miro las llaves en mi mano, luego vuelvo la vista hacia él. Asiente. Asiento. Y eso es todo lo que hay que hacer.

Sakura tenía razón cuando dijo que los hombres son criaturas simples. Con este fácil intercambio, he acordado no permanecer en su camino y el de Ino, y él está de acuerdo en no darme una razón para matarlo. Cambio y fuera.

Me apresuro hacia la puerta y corro a la camioneta. La cruda realidad de que no tengo ni idea de dónde se encuentra Sakura me consume, empuja en mi cerebro, amenazando con romperlo. Conozco la propiedad Yamanaka tan bien como la mía. Si salió por la puerta de atrás, hay una buena probabilidad de que estuviera dirigiéndose hacia el campo de maíz.

A menos que diera la vuelta.

—¡Maldita sea! —grito, golpeando el volante, tratando de conducir lo suficientemente rápido para cubrir más terreno, pero aún mirando los campos por una señal de a dónde podría estar.

El camión vibra con la fuerza del viento, y granizo del tamaño de un guisante se lanza al parabrisas. Pienso en ella en este clima, sola, sin protección. ¿Tiene frío? ¿Está asustada? Cada músculo de mi cuerpo se congela ante el pensamiento.

—Vamos, nena —pronuncio con los dientes apretados— ¿Dónde estás?

Dicen que cuando mueres, tu vida pasa ante sus ojos. No sé si eso es cierto. Pero sé con certeza que hay un punto en el que tu miedo por alguien que te importa... alguien a quien amas... se vuelve tan intenso, tan paralizante, que todo lo demás se desvanece. Y estás consumido con pensamientos de ellos: la forma en que se ríen, su olor, el sonido de su voz. Cada momento que he compartido con Sakura parpadea a través de mi mente, como una película muda. Sakura junto a mí en una sala de audiencias, debajo de mí en la cama, los días que bromeamos y hablamos, las noches que gemimos y suspiramos. Y cada imagen me hace desear más. Más tiempo. Más recuerdos. Todos los momentos que no hemos compartido aún, todas las experiencias que no hemos tenido, todas las palabras que nunca dije. Los necesito. La necesito.

Más de lo que nunca he necesitado a alguien. A nadie.

Cierro los ojos y rezo una oración en silencio, suplicando y pidiendo. Por otra oportunidad para hacerlo bien. Para revivir cada segundo con ella, para tratarla con la reverencia que siempre mereció. Para cuidar de ella.

Por favor, Dios.

Y cuando abro los ojos, tengo que creer que Dios me escuchó. Porque la veo a lo lejos, su cabello azotándose, tropezando en el viento y en esos malditos tacones de diez centímetros.

Mi primer pensamiento es: Jodidas gracias que está a salvo.

Mi segundo pensamiento es: Voy a estrangularla.

Conduzco rápido y el camión chilla cuando presiono los frenos a unos pocos metros de donde está. El viento empuja y el granizo se derrama mientras salgo de la camioneta, caminando hacia ella. Rebota en el camión, bombardea mi cara y hombros en fragmentos helados. Mi voz retumba más fuerte que el viento.

—¿Qué parte del ganado está agrupado jodidamente no me oíste decir?

—¿Qué?

Y entonces la tengo. Está en mis brazos, en mi pecho, cálida y viva, siendo apretada tan fuerte que podría no ser capaz de respirar. Pero no puedo dejarla ir.

—No vuelvas a hacer eso otra vez —jadeo severamente contra su oído.

Me mira, con los ojos abiertos y tan condenadamente hermosa que me hace temblar.

—¿Qué no haga qué de nuevo?

Empujo su cabello hacia atrás, sosteniendo su rostro. Y mi voz se quiebra.

—Irte.

La presiono contra mí, apretándola, refugiándola con mi propia carne y sangre. Mi cuerpo suspira, mis huesos se aflojan con alivio porque está aquí, entera y segura. Pero la seguridad, como tantas otras cosas que creemos podemos controlar, es una ilusión. Porque cuando me doy la vuelta para abrir la puerta de la camioneta y meterla dentro, manteniendo a Sakura protegida detrás de mí, un agudo y penetrante dolor estalla contra mi sien...

Y el mundo se vuelve oscuro y silencioso.