Ni la historia ni los personajes me pertenecen.
21
*Sakura*
El viernes por la mañana, la luz del sol en mi rostro y un cosquilleo en mi nariz me despiertan de un sueño profundo y emocionalmente agotador. Mis ojos se entreabren… y lo primero que veo es el rostro de Naruto Uzumaki, sonriendo tan ampliamente como el payaso
Eso.
—¡Levántate y brilla, pastelito!
—¡Ahh! —grito, retrocediendo bruscamente, golpeándome la cabeza contra la frente de Sasuke.
Sarada regresó con nosotros anoche, y la arropó en la cama de la habitación de Itachi. Luego, los dos vinimos aquí juntos, y rápidamente caímos rendidos.
¿Qué en nombre de Dios está haciendo Naruto aquí? ¿En la habitación de Sasuke? ¿En el maldito Mississippi? El brazo de Sasuke me jala contra él y su mano empuja mi cabeza de nuevo hacia la almohada.
—Es una pesadilla —murmura— Vuelve a dormir y ellos se irán.
¿Ellos? Me incorporo. Neji Nanare me saluda desde la silla de la esquina.
—¿Qué están haciendo los dos aquí? Y más importante, ¿dónde diablos está mi perro?
Naruto mira con atención los trofeos de futbol de Sasuke.
—Sherman se encuentra bien, está con Iruka, son mejores amigos.
Iruka es el mayordomo de Naruto. Un mayordomo joven, de veintiún años de edad, cariñoso y rígidamente correcto que viene de una larga línea de mayordomos. El padre de Iruka es el mayordomo de los padres de Naruto, como una feliz familia de sirvientes contratados. Parte de la misión de vida de Naruto es conseguir que Iruka actúe como un joven normal de veintiún años, sólo una vez.
—¿Pero por qué están aquí? —pregunto, mi voz todavía rasposa por el sueño.
Naruto se encoge de hombros.
—He estado en Milán, París, Roma, pero nunca en la Costa del Golfo. Pensé que sería interesante ver la ciudad natal de Uchiha por el fin de semana. Ampliar mis horizontes. Neji ha venido antes, él conocía el camino. Y los extrañamos, chicos; la oficina se ha sentido muy solitaria sin ustedes. Lo hicieron sonar tan genial por teléfono, que supe que tenía que venir a vivir la experiencia por mí mismo.
Luego, Neji nos dice la verdadera razón.
—Los padres de Naruto están volando a DC por el fin de semana. Se fue a toda prisa como si toros corriendo estuvieran detrás de él.
Naruto se gira hacia Neji con el ceño fruncido.
—No me juzgues. Mi madre es una mujer temible.
—Es una mujer de la alta sociedad, uno cuarenta de estatura, cuarenta kilogramos, que no habla más alto que un susurro —se burla Neji— Aterradora.
—Dos de mis primos acaban de anunciar su compromiso, y un tercero envió los anuncios del nacimiento de su primer hijo. Mi madre iba a aparecer con una lista de debutantes y negarse a irse hasta que eligiera una. Hubiera sido brutal.
Neji se pone de pie.
—Hablando de madres, Mamá Uchiha nos envió aquí para llevarlos a desayunar —Lanza un par de pantalones a la cabeza de Sasuke— Es posible que quieras ponerte pantalones.
Con esta llamada para despertar, agradezco estar vistiendo mi pijama más conservadora.
—¿Cómo va la Operación Destrucción de la Boda? —pregunta Naruto mientras Sasuke y yo salimos de la cama.
Hago mi tono más ligero de lo que siento.
—Bueno, ayer hubo un tornado. Eso debería ponerle una traba a las cosas.
Sasuke frota una mano cansada por su cara.
—No, no lo hará.
Giro la cabeza, genuinamente sorprendida.
—¿En serio? ¿No lo crees?
Se pone una camiseta sobre su cabeza.
—Si hay una cosa que los habitantes de Sunshine saben hacer bien, es hacer lo mejor con lo que tienen.
De camino a la casa, ponemos al corriente a Neji y Naruto sobre el tornado. En la cocina, la madre de Sasuke se encuentra poniendo platos de comida en la mesa y Izuna engullendo avena, gritando hacia las escaleras para que su hermana se dé prisa. El señor Uchiha se había ido horas antes para atender un edificio anexo que se dañó en la tormenta. Cierro los ojos cuando tomo un sorbo de mi taza de un muy necesitado café caliente. Naruto comenta sobre la belleza del rancho, y le agradece a la señora Uchiha por su hospitalidad. La conversación se traslada a las semanas de verano, cuando Sasuke se encontraba en la escuela de derecho e iba de visita, trayendo a Neji con él. Entonces, para alivio de su hermano, Rin viene saltando por las escaleras, vestida para la escuela con una falda beige y una camiseta sin mangas color rosa. Saluda a Sasuke, a Neji y a mí, luego sus ojos se iluminan como una lámpara de Halloween cuando aterrizan en Naruto.
—¿Por qué no he sido presentada a este pedazo de delicia? —se burla. Extiende la mano— Soy Rin Louise… ¿y tú eres?
Naruto traga un pedazo de bizcocho y sacude su mano.
—Naruto Uzumaki, es un placer.
A medida que Rin se sienta en la silla vacía a su lado, murmura en voz baja:
—Apuesto a que lo será.
Él me mira inquisitivamente, y lo único que puedo hacer es encogerme de hombros.
—¿Trabajas con mi hermano? —pregunta Rin, inclinándose.
—Así es —dice Naruto.
—Eso es tan interesante —Suspira, apoyando la barbilla sobre su mano— ¿Eres un interno de la universidad?
Naruto se aclara la garganta.
—No… Soy un abogado. Un abogado viejo y aburrido —Cuando ella sólo continúa mirando con adoración, añade— Muy viejo.
—Realmente desearía que se quedaran con nosotros, chicos —lamenta la señora Uchiha cuando finalmente se sienta para comer su propio desayuno— No me parece bien que se queden en el hotel.
El hotel, porque como el semáforo, sólo hay uno.
—Naruto se puede quedar en mi habitación —anuncia Rin. Antes de que su madre pueda responder con más que un ceño fruncido, se echa a reír— Sólo estoy bromeando.
Luego, se gira hacia Naruto y articula "no, no lo estoy" con un guiño como una Lolita. Me tapo la boca al ver la expresión horrorizada de Naruto y miro alrededor para ver si alguien más lo notó. La intención de Neji es acabar su comida, y Sasuke… Sasuke mira fijamente su taza de café con desánimo.
—Gracias, señora Uchiha, pero en serio, el hotel es genial.
Rin se inclina hacia atrás, sus manos desaparecen bajo la mesa, y diez segundos más tarde Naruto salta como si hubiera sido electrificado.
—¡Guau!
Todos los ojos se vuelven hacia él. Rin parpadea inocentemente.
—¿Cuál es tu problema, nervioso y tonto? —pregunta Neji.
Naruto abre la boca como un pez en busca de agua.
—Yo… ¡sólo no puedo esperar a ver el resto del lugar! No hay tiempo como el presente. ¡Vamos!
Llevo mis platos al fregadero y los cuatro nos dirigimos hacia la puerta.
—Adiós, Naruto —canturrea Rin.
Naruto se despide incómodo, luego me susurra:
—Eso es todo, me dejaré crecer una puta barba.
Pasamos el resto de la mañana mostrándole los alrededores del rancho a Neji y Naruto. Sasuke está callado, distraído. Por la tarde, se lleva a Naruto y Neji a las praderas para ayudar a su padre con la limpieza. En su ausencia, la señora Uchiha me dice que iremos a la taberna local por la noche y que debería alistarme. El sol se está poniendo cuando salgo del baño, usando mi ajustado vestido rojo favorito, para encontrar que Sasuke volvió y está esperando en mi cuarto.
Solo.
Me mira como si fuera la primera vez que me ve, lo suficiente para que un montón de mariposas bailen en mi estómago.
—Tú… estás hermosa —dice en voz baja, impresionado, con sólo un toque de acento sureño.
Tres palabras.
Un cumplido tan simple. Pero porque es él, se siente como la cosa más maravillosa que alguien jamás podría decirme.
La taberna es un lugar pequeño, con suelos de madera, una barra de roble desgastado, unas cuantas mesas cuadradas dispersas, y dos mesas de billar en el cuarto trasero. Los cinco nos sentamos en la mesa; Neji está teniendo un momento ruidoso y estridente con Ruby Yamanaka, la hermana de Ino, y Naruto se ve más relajado sin tener que esquivar las manos escurridizas de Rin Uchiha. Me excuso de la mesa y me dirijo al baño de mujeres. Cuando camino de regreso, me detengo en seco. Porque a través de la multitud veo a Sasuke levantarse de su silla y caminar hacia el tocadiscos. Lo llena con monedas de su bolsillo, y los sonidos titilantes de teclas de piano anulan el ruido de la conversación en el bar lleno de gente. Camina hacia donde Ino y KI se encuentras sentados uno junto al otro, y sus labios se mueven, haciendo una pregunta que no puedo descifrar. KI asiente y, después de un momento, sacude la mano extendida de Sasuke. Luego, Ino se pone de pie y caminan juntos a la pista de baile. La voz triste de Willie Nelson llena el aire cantando "Always on My Mind"
Observo a medida que toma a Ino en sus brazos; los brazos fuertes y hermosos que me han sostenido, que me han hecho sentir apreciada con su calidez. Los brazos a los que me he aferrado en placer y pasión más veces de las que puedo recordar. La acerca más a su pecho, el pecho en el que, apenas anoche, apoyé mi mejilla, que me arrulló por el sonido de sus latidos constantes. Y se balancean juntos.
No siento las lágrimas subir hasta que se hallan desenfocando mi visión y bajando por mi rostro. Mi garganta se contrae, y el dolor más puro me aprieta el pecho como una cruel mordaza.
Ya no puedo hacer esto. Ahora lo sé. No puedo mantenerme al margen y pretender ayudarlo a luchar por ella.
Porque quiero que él pelee por mí. Más que nada.
Que él me quiera, no sólo como una amiga o amante. Sino como su para siempre. Como a ella.
Ino lo mira a los ojos. Sus expresiones son tiernas a medida que hablan, y doy gracias a Dios de no poder escuchar las palabras. Entonces, Sasuke levanta la mano para tocar su rostro… y cierro los ojos con fuerza, bloqueando el gesto íntimo. Un momento después, estoy yendo hacia la puerta. El instinto de conservación me obliga, las letras de amor y arrepentimiento de Willie me persiguen, pero no miro atrás. Afuera el aire es húmedo, espeso. Trago entre hipos patéticos y busco el consuelo de mis propios brazos, envueltos alrededor de mi cintura.
—¿Sakura?
La voz de Naruto se aproxima desde mi izquierda, acercándose mientras dice mi nombre de nuevo. Intento ocultar mi… ¿tristeza? Esa no es una palabra lo suficientemente fuerte. Devastación da en el clavo.
Me siento como un edificio a punto de colapsar, la base que construí, la estructura y soporte que creí me mantendría de pie, desapareciendo bajo mis pies. Y Naruto lo ve todo. Su cabeza se ladea en simpática reflexión, pero lo que más me impresiona es que no está sorprendido. Ni siquiera un poco.
Se sienta en la banca y palmea su regazo.
—Parece que alguien necesita un paseo en el tren de la terapia. Sube. Cuéntale todo al Doctor Naruto.
No hay vergüenza mientras me subo sobre sus muslos.
—Él no baila —susurro.
Naruto asiente lentamente. Esperando a que continúe.
—Pero está bailando con ella.
Las palabras suenan completamente ridículas en voz alta, pero no me importa. La presa se rompe y mi rostro se desmorona.
—Pensé que tenía un muro, ¿sabes? No pensé que sería la clase de mujer que querría más. Soy una idiota, Naruto.
Una risa baja reverbera a través de su pecho.
—Tú no eres una idiota, cariño; ese título le pertenece al sureño ciego por el que estás llorando.
Levanto la cabeza y miro a los siempre amables ojos azules de Naruto. Él me recuerda a mi hermano, Gaara. Comparten la misma reconfortante actitud que te hace sentir que todo lo que se cruza en su camino, no importa cuán devastador sea, podrán manejarlo.
—¿Cómo puede no saberlo? —pregunto— ¿Por qué no puede ver lo difícil que es para mí?
Naruto quita mi largo cabello de mis hombros.
—Para ser justos con Sasuke, eres una buena actriz. Y... a veces es difícil para los chicos leer entre líneas. Darse cuenta de todas las cosas que no se dicen. Algunos de nosotros las necesitamos deletreadas.
Naruto me sostiene durante unos minutos más mientras me empapo de su calma, haciéndola mía. Luego arrastro mis dedos bajo mis ojos, limpiando la corrida máscara de pestañas que, probablemente, me hace ver como un mapache.
—¿Saku? —Esa voz viene de las sombras, detrás de nosotros, profunda con preocupación. Lo siento moverse más cerca, sin volverme a mirar— ¿Qué está mal? ¿Qué pasó?
Tener toda la atención de Sasuke, sentir su preocupación y saber en mi corazón que haría llover el infierno en mi defensa, admito que se siente bien. Por un momento. Pero es sólo una migaja emocional. Una que utiliza para satisfacerme, pero ahora sólo terminará magnificando el vacío. Dejándome hambrienta de todas las cosas que no siente por mí.
Recomponiéndome, me levanto del regazo de Naruto y lo encaro de frente. Sasuke se extiende para tocarme, pero doy un paso atrás.
—Estoy bien.
—Evidentemente no lo estás. ¿Qué diablos pasó?
Sacudo cabeza.
—No me siento bien. —Eso es verdad, al menos— Quiero volver a la casa.
—Muy bien, yo…
Doy un paso más atrás, chocando contra el banco.
—No. No tú.
La idea de estar en el espacio cerrado de un vehículo con él es horrible. Necesito más tiempo para recomponerme, así no soy reducida a una masa temblorosa aferrada a su pierna, rogándole que me ame. ¿No es eso atractivo?
Confusión desplaza a la preocupación nublando sus ojos.
—Pero...
—La llevaré.
Todos nos giramos a la puerta del bar, donde la minúscula, rubia y perfecta Ino Yamanaka se encuentra junto a su prometido. No me di cuenta que habíamos arrastrado una audiencia. Y aunque no es exactamente mi persona favorita en el momento, la tomaré.
—Gracias.
Rozando a Sasuke al pasar, sigo a Ino mientras pesca las llaves de la bolsa colgada sobre su hombro, caminando rápidamente hacia el estacionamiento.
Obstinadamente, Sasuke nos sigue.
—¡Oye! Sólo espera un mald…
—Vuelve al bar, Sasuke —grita Ino— Toma una cerveza con KI y hablen sobre cómo van a evitar que tu hermano se quite la ropa.
En un tono de complicidad, me dice:
—Itachi tiende a sobrecalentarse cuando está borracho, y sus tendencias nudistas salen. El idiota estará con el culo desnudo para medianoche.
Con un toque a su llavero abre las puertas de la brillante camioneta Ford negra, y me apresuro al asiento del pasajero como una adolescente huyendo de un maníaco con machetes. El motor ruge a la vida, desplaza la tracción y los faros iluminan a Sasuke Uchiha, apoyando tozudamente sus manos en el capó de la camioneta, bloqueando nuestro camino.
Ino abre la ventana.
—Muchacho, si no te mueves, te atropellaré. No te voy a matar, pero no serás tan persuasivo cojeando alrededor de una sala de audiencias con muletas.
Manteniendo las desconfiadas manos en el camión, se mueve en torno a la ventana abierta de Ino. Permanezco mirando al frente, con ojos entrenados, pero siento su mirada en mí.
—Sakura —Su voz es dura, pero suplicante al mismo tiempo— Sakura, ¡mírame, maldita sea!
Ino se inclina hacia delante, oscureciendo su visión.
—Déjala, Sasuke. A veces, una mujer sólo necesita otra mujer. Dale espacio.
Por el rabillo de mi ojo, ella palmea su antebrazo, y después de un momento sus manos se apartan de la camioneta. No le da la oportunidad de cambiar de opinión; los neumáticos girando escupen grava y polvo mientras nos retiramos del estacionamiento. A excepción de mi sollozo ocasional, es tranquilo dentro de la cabina del camión mientras conducimos por las oscuras calles vacías. No sé cómo se supone que debo sentirme acerca de la mujer a mi lado. En términos básicos, es mi competencia. Estoy muy familiarizada con la rivalidad; la vivo y respiro en mi carrera, superando a los fiscales en el juicio, eclipsando a mis compañeros abogados cuando todos competimos por una codiciada asociación. Hay momentos en que sé que soy mejor que mi oposición, y momentos en los que tengo que cavar hondo para superar a aquellos que son mi igual, si no más talentosos.
La diferencia aquí es que en realidad me gusta Ino. Si las circunstancias fueran diferentes, ella y yo podríamos haber sido amigas. Es inteligente y divertida. Entiendo por qué Sasuke la ama. Y la parte de mí que es su amiga, que quiere su felicidad más que la mía propia, no quiere que ella se case con KI. Pero luego está la otra parte, la que ama a Sasuke, que quiere arrancar de un arañazo los ojos de Ino. Que quiere que desaparezca, o incluso mejor, que nunca haya existido en el primer lugar.
—¿Hace cuánto tiempo que lo amas?
La cuestión se plantea con suavidad, como un pediatra le preguntaría al padre de un niño enfermo cuánto tiempo ha estado así.
—Desde el principio, creo. No... lo admití. Pensé que era sólo atracción física... amistad... conveniencia. Pero ahora... me doy cuenta de que siempre fue más.
Asiente.
—Hay algo acerca de un hombre de Mississippi. El maldito encanto sureño está en el ADN, ni siquiera tienen que trabajar en ello —Hace una pausa a medida que gira el camión en un camino igualmente desolado— Y Sasuke... es aún más abrumador. Brillante, trabajador, guapo, y folla como una bestia.
Ladro una carcajada. Ino se ríe también.
—Mi mamá me sacaría los dientes de un golpe en la cabeza si me escuchaba decir eso, pero Dios me ayude, es verdad.
Nuestras risitas se silencian y Ino suspira.
—Una mujer tendría que ser diez veces tonta para no enamorarse de ese hombre —Me mira con complicidad— Y no te ves como una tonta para mí.
Después de que se da la vuelta, sigo mirándola.
—¿Cómo lo hiciste? ¿Cómo dejaste de amarlo?
Los últimos días han sido como tortura. Cada profesión de su afecto por ella me hirió como el azote de un látigo de púas. El anhelo que he visto en esos impresionantes ojos verdes, la ternura que tienen para ella, quemaba como una descarga eléctrica, robando mi aliento. El sexo con Sasuke es estimulante; trabajar junto a él es un privilegio. Pero amarlo... eso sólo duele.
Su boca se contrae nerviosa.
—Creo que nunca me detuve. Sólo... se transformó en algo más. Algo más tranquilo, menos enloquecido. Cuando eres joven, amas los fuegos artificiales porque son fuertes, brillantes y emocionantes. Pero luego creces. Y ves que las velas no son tan emocionantes, pero eso aún hace todo mejor. Te das cuenta de que el resplandor de una chimenea puede ser tan excitante como los fuegos artificiales, la forma en que se quema lento, pero ilumina tu casa y te mantiene caliente durante toda la noche. Sasuke fue mis fuegos artificiales... KI es mi chimenea.
—Pero Sasuke está enamorado de ti.
Me mira de reojo.
—¿De verdad crees eso?
—No importa lo que creo. Sólo lo que él cree.
Menea la cabeza.
—Debes hablar con él, decirle cómo te sientes.
Es fácil para ella decirlo, vive al otro lado del país. Voy a tener que verlo y trabajar con él todos los días después de este fin de semana. En este momento, tengo su amistad, su admiración. Su respeto... No estoy segura de que podría vivir con su piedad.
Ino conduce el camión detrás de la casa de los padres de Sasuke, hasta la entrada del granero. Antes de salir, me dirijo a ella.
—Fue muy agradable conocerte, Ino. Tienes una hermosa hija, y espero... Realmente espero que el día de la boda sea perfecto.
Su cabeza se inclina.
—No vas a estar aquí para la boda, mañana. ¿Verdad?
Confirmo sus sospechas con una sacudida de mi cabeza. Asiente, comprendiendo.
—Espero... bueno, espero que vuelvas aquí algún día, Sakura, y cuando lo hagas, espero que estés sonriendo.
Entonces envuelve sus brazos alrededor de mí y me da un abrazo. Es cálido y amable, y sobre todo, es genuino.
Empacar toma más tiempo de lo que pensaba. ¿Por qué, por qué traje tanto? Tres maletas listas, dos por seguir. Agarro la última de mis camisetas del cajón y me vuelvo para colocarla en la maleta abierta sobre la cama. Pero me congelo cuando escucho la ronca voz y cargada desde la puerta.
—¿Te vas?
¿Realmente creí que sería capaz de empacar y salir de la ciudad sin enfrentarlo? ¿Sin tener esta conversación? Estúpida Sakura.
No lo miro. Si lo hago, me desintegraré en una fofa masa. Necesito tiempo, distancia.
—Tengo que ir a casa. Estoy tan atrasada, mucho trabajo para ponerme al día...
Se mueve frente a mí. Me quedo mirando su pecho, mientras sube y baja por debajo de la suave camiseta de algodón. Toma la ropa de mis manos.
—No vas a ir a ninguna parte, hasta que hables conmigo.
Cierro los ojos, sintiendo mi pulso latir frenéticamente en mi cuello.
—¿Qué pasó, Sakura?
Contra mi voluntad, levanto la mirada, encontrado la suya. Nada con preocupación, se desborda con confusión... con afecto y cariño. Pero no es suficiente.
—¿Qué pasó? Me enamoré de ti —Las palabras salen en un susurro, todo lo que siento por él, una afilada y rígida espina alojada en mi garganta. Y el dolor de que él no sienta lo mismo es una soga apretando más y más fuerte— Amo todo sobre ti. Amo verte en la Corte, la forma en que hablas, la forma en que te mueves. Amo cómo raspas tu labio cuando estás tratando de pensar en qué decir. Amo tu voz, amo tus manos y la manera en que me tocan. Amo... la forma en que miras a tu hija, amo cómo dices mi nombre —Mi voz se rompe al final, y mis ojos se cierran, liberando una inundación.
—No, nena, no llores —suplica.
Sus manos se levantan a mi cara, pero doy un paso atrás, temiendo que el contacto me rompa por completo. Las palabras se precipitan.
—Sé que no es lo mismo para ti. Y traté de ignorarlo, de alejarlo. Pero simplemente duele tanto verte con...
Su cabeza se inclina en mi dolor.
—Sakura, lo siento... sólo déjame...
Sacudo mi cabeza y cierro mis ojos de nuevo.
—No lo sientas, no es tu culpa. Sólo tengo que... superarlo. Lo haré. No puedo... No puedo estar más contigo de esta manera, Sasuke. Sé que estarás dolido por Ino... pero…
—¡Eso no es lo que quise decir! Reduce la velocidad, por favor. Escúchame.
Pero si me detengo a escuchar, nunca lo sacaré todo. Nunca lo entenderá. Y quise decir lo que dije, no quiero perderlo.
—Seremos amigos de nuevo. Esto no va a interponerse entre nosotros. Podemos volver…
Nunca termino las palabras. Su boca cubre la mía, cortándolas, tragándolas enteras. Agarra mi cara, tirándome hacia él, tocándome como nunca ha hecho antes. Con desesperación, como si moriría si tiene que dejarme ir. Su deseo por mí es un palpable, dolor palpitante entre nosotros, y me sumerjo en él, dispuesta a ahogarme. Sus dedos son calientes en mi piel, quemando lo suficiente para dejar una cicatriz. Y espero que lo hagan. Lo anhelo para el recuerdo. La prueba de que estuve aquí, que esto es lo que sentimos. Que siquiera por un momento... fuimos reales.
Nos da la vuelta y caemos a la cama, la sensación de su fuerza, su rígida longitud presionando sobre mí, un peso bienvenido. Me retuerzo bajo él y Sasuke rasga mi ropa como si fuera el enemigo.
No es una cosa inteligente; dolerá mañana. Pero no voy a decir que no. Esto... esto es lo que quiero llegar a tener.
El jadeo de su aliento, el roce de sus dientes, el sonido de sus gemidos, la presión de sus húmedos y perfectos besos. Estos son los momentos, los recuerdos que aferraré y atesoraré. Porque serán los últimos.
