Ni la historia ni los personajes me pertenecen.
23
Naruto y yo manejamos en tiempo récord de regreso a DC, presioné mi Porsche hasta el límite y no me defraudó.
Me negué a parar en la madrugada, así que uno de los dos dormía en el asiento de pasajero mientras el otro conducía. Para dos hombres de más de metro ochenta, un Porsche no es un lugar propicio para tener lindos sueños, pero Naruto no se quejó. Sabía que me mataba encontrarme tan lejos, y puso "Ride of the Valkyries" en repetición para alivianar el ambiente. Estaciono frente a su cabaña y troto hacia la de Sakura. Mientras me acerco, veo cajas en su pórtico y muebles en la cuneta. Mi corazón se acelera en mi pecho. ¿Se muda? Golpeo fuerte a la puerta, la impaciencia tensa mi espalda. La puerta se abre… y un gigante me mira. Literalmente. Uno noventa, pecho amplio, brazos similares a los de un luchador profesional, un ceño amenazante.
—¿Qué quieres?
Y me siento como un niño de diez años.
—¿Está Sakura?
—¿Quién quiere saber?
Desde los pies hasta la cabeza, sus ojos me evalúan. Ojos color esmeralda. Ojos con los que me encuentro íntimamente familiarizado.
Lo señalo con el dedo.
—Eres su hermano; el que ella dijo que podía partir mi culo. El doctor —No lo confirma, pero tampoco lo niega— Soy…. tu hermana y yo somos… —Me niego a llamarla mi amiga, porque es mucho más que eso. Así que por primera vez en mi vida, tartamudeo como un maldito idiota— Soy su…. somos… me contó todo sobre ti.
Cruza los brazos, y se hacen más grandes.
—No me ha dicho una palabra sobre ti.
Antes de poder responder, otro tipo llega a la puerta; es de un tamaño más normal, un poco más pequeño que yo. Tiene cabello rojo, corto y espeso, una sonrisa amigable, y risueños ojos café; justo como Sakura lo describió.
—Juugo, ven acá, el sillón no va a moverse solo —le dice a Gigantón. Luego me ve— Hola.
Extiendo la mano, ansioso por presentarme al hermano más cercano de Sakura.
—Sasuke Uchiha. ¿Eres Gaara?
Sacude mi mano y su sonrisa se amplía.
—Correcto. ¿Cómo estás, Sasuke? Entra. Sakura me habló de ti.
Gigantón se hace a un lado mientras entro.
—¿Por qué ella no me contó sobre él?
Gaara le da a su hermano una mirada que he visto en mis propios hermanos.
—Porque no puedes guardar un secreto, ninguno de nosotros te cuenta nada —Luego me golpea en la espalda y pregunta— ¿Vienes a arrastrarte?
Me río, un poco nervioso.
—Sí. ¿Cómo lo sabes?
—Conozco a mi hermana.
—¿Por qué se tiene que arrastrar? —pregunta Gigantón.
—No importa —le dice Gaara— Siempre y cuando se encuentre aquí.
Entonces caminamos dentro de la sala; rodeando cajas y muebles. Luce como si el tornado hubiese arrasado aquí en lugar de en Mississippi.
—Sakura sentía que el lugar necesitaba un cambio —explica Gaara— Se pone así cuando se estresa. Así que llamo a la tropa, y aquí estamos.
En la cocina, veo otro tipo de cabello rojo usando lentes al estilo John Lennon; Sasori, el hermano número dos, adivino. Cerca del sillón se halla un hombre mayor pero aún fuerte con cabello sal y pimienta. El padre de Sakura.
Camino hacia él y tiendo mi mano.
—Hola, señor Haruno, soy Sasuke Uchiha. Es un honor conocerlo —Me detengo, tratando de pensar en las palabras correctas— Señor, creo que su hija es una mujer asombrosa.
Por unos instantes, me perfora con una intensa mirada. Luego sonríe y sacude mi mano.
—Es bueno conocerlo, señor Uchiha.
Todas las cabezas se giran hacia la mujer que baja las escaleras. La mamá de Sakura es más pequeña de lo que imaginé, con cabello oscuro hasta los hombros, y hermosas y familiares facciones. Sus ojos se posan sobre mí, llenos de reconocimiento; y animosidad. Y sé que Gaara no es el único de la familia con el que Sakura abrió su corazón.
Me acerco a ella, extendiendo mi mano.
—Es un placer conocerla, señora Haruno, soy…
Mira mi mano con desdén y me corta; en portugués.
—Você é um homem estúpido que machucou a minha filha. Se eu tivesse meu caminho, eles nunca iria encontrar o seu corpo.
Parece que soy estúpido, y si se sale con la suya nunca encontrarán mi cuerpo.
Lindo.
Sacudo mi cabeza.
—Estou aquí para fazer isso direito. Sakura significa… tudo para mim.
Estoy aquí para hacer lo correcto. Porque Sakura significa todo para mí… Por lo menos, espero haber dicho eso.
Sus ojos se abren con sorpresa.
—Sakura me ha enseñado portugués —digo, encogiéndome de hombros— Aprendo rápido.
Una sonrisa renuente aparece en los labios de la Señora Haruno y su cabeza se inclina aceptándolo de mala gana. Entonces, se hace a un lado.
—Se encuentra arriba, en el dormitorio, pintando.
Asiento.
—Gracias, señora.
Con sigilo, atravieso la puerta abierta. Se encuentra de espaldas a mí, observando la pintura fresca en la pared. Tomo la oportunidad para absorberla. Su cabello se halla recogido, pequeños mechones acarician la dulce piel bajo su oído. Me embebo de sus delicados hombros bajo su camiseta roja, de sus pantalones de yoga negros, de la elegante curva de su espalda que lleva hasta la exquisita curva de su trasero; también dulce.
—¿Qué piensas, Mamãe? —pregunta sin voltear, con su cabeza ladeada— No estoy segura del amarillo, es más apagado de lo que se veía en la muestra.
—Si quieres la verdad, pienso que se ve como pipí seco de perro.
Se gira con rapidez, sus ojos se amplían como si viera un fantasma.
—¡Sasuke! —Después de un momento, parpadea, tratando de controlar su sorpresa. Actuar casual— ¿Cuándo llegaste a casa?
Pero casual, puede besar mi trasero.
—No he estado en casa. Dejé a Naruto y vine directo hacia aquí. A ti.
Ahora, devoro la vista de frente; esos labios, sus pechos impresionantes donde quiero descansar mi cabeza, los destellos verdes de sus ojos, como gemas preciosas.
Levanto mi barbilla hacia las latas de pintura.
—¿Qué es eso?
Nerviosa, mira de las latas a mí.
—Redecorando; sentía que necesitaba un nuevo comienzo.
Me adelanto, necesito estar más cerca. Y me contengo tanto como puedo.
—Cristo, te he extrañado, Saku. Los últimos dos días se sintieron como una eternidad.
Baja la mirada al suelo.
—Lo siento por irme como lo hice, pero necesitaba…
—No —Camino, airado, el resto del trayecto hasta el otro lado de la habitación— Tuviste tu oportunidad de hablar. Argumentaste tu caso; ahora es mi turno —Estiro una silla plegable cerca de ella, y sostengo una clara advertencia en mi voz— Así que, siéntate y escucha.
Sus ojos se abren, y por un segundo, creo que va a discutir. Pero luego hace lo que digo. Me paro frente a ella.
—Comenzó en el juego de sóftbol, con Ámsterdam mirando tu trasero.
—Sasuke, te dije…
—Silencio —suelto, presionado un dedo sobre sus labios ahora cerrados— Cuando quise extirpar sus ojos por mirar tu trasero, fue la primera vez que sentí… más. No tenía derecho a decirle que no te mirara, pero quería hacerlo.
Paso la mano por mi cabello, tratando de explicar, que me entienda.
—Esa es la verdadera razón por la que te pedí que fueras conmigo; aunque no lo supe en ese momento. Porque no quería estar lejos de ti, no quería arriesgarme a perderte por alguien más. Y cuando te vi allí, en mi casa; con las personas que más significan para mí… se volvió más intenso. Queriéndote, necesitándote, sintiéndome tan malditamente agradecido por tenerte. Pero todo se encontraba jodido; mezclado con el casamiento Ino, sintiendo que necesitaba hacer algo para no perderla.
Se inclina hacia adelante, sosteniendo cada palabra; sus ojos llenos de esperanza y miedo, rompen mi corazón.
—Cuando lo tuve resuelto en mi cabeza, cuando por fin tuve las bolas para admitirme lo mucho que significas para mí… era demasiado tarde. No sabía si existía la posibilidad de que te sintieras de la misma manera. No sabía cómo explicarte sin que pensaras que eras la segunda opción. Nunca quise que te sintieras así, ni por un minuto. Ino siempre será mi amiga, la madre de la pequeña niña que siempre será la dueña de mi corazón, la primera chica a la que amé —Entonces mi voz se vuelve áspera, ahogada por la emoción—Pero tú, Sakura… te lo juro, si me dejas… serás la última.
Las lágrimas que impregnan sus hermosos ojos ruedan por sus mejillas. Me agacho frente a ella, deslizo mi mano por su hombro, y sostengo su nuca.
—Y me encuentro muy jodidamente enojado contigo. Quiero sentarme en la cama, tirarte hacia abajo y golpear tu culo hasta que esté rojo como la pared de abajo.
Hipa.
—¿E…enojado conmigo?¿Por qué?
—Porque me dejaste hacerte daño. Nunca dijiste nada. Cuando pienso en lo que debió ser para ti… como miles de cortes con papel.
Tomo su rostro, secando las lágrimas de sus mejillas con mis pulgares, porque no puedo no tocarla ni un segundo más. Parpadea hacia mí, tomando una respiración.
—Sasuke, fue un gran argumento final.
La miro a los ojos.
—Es lo que hago. Así que… ¿cuál es el veredicto?
Acaricia con sus dedos mi cabello, su expresión tierna y suave.
—El veredicto es… no.
Lo sabía, nunca dudé, ni por un segundo, de mi poder de persuasión. Estaba seguro de que si solo tenía la oportunidad de explicarme, ella… espera... ¿Qué?
Retrocedo.
—¿Qué demonios quieres decir? ¿No? ¡No puedes decir que no! —Mi frente se humedece y mi corazón protesta en mi pecho.
Se encoge de hombros.
—Lo acabo de hacer.
Mis manos se aferran en forma reflexiva a su mandíbula.
—¿Qué mierda, Saku? Hace dos días, ¡dijiste que estabas enamorada de mí! ¡No te desenamoras de alguien en dos malditos días!
—Exactamente —dice en voz baja.
—No entien…
—La última semana, te he visto sufriendo por otra mujer. Por meses, te he escuchado hablar de Ino esto, Ino aquello. Y ahora que ella no se encuentra disponible, ¿de repente te das cuenta de que soy a la que amas?
—Saku, hace un largo tiempo que no estoy enamorado de Ino. Simplemente no lo supe hasta ahora —Trago saliva— No… ¿no me crees?
Toca mi cara, traza mi mandíbula, mirando el patrón de sus dedos con gran atención.
—Deseo hacerlo. Quiero tanto creerte —Entonces, aparta su toque— Pero… no puedo ser tu segunda opción. No lo seré. Eso me romperá, Sasuke. Hace una semana atrás, me conformaba con tener cualquier parte de ti, pero ya no me conformo con eso. Quiero todo de ti. En serio. Y para siempre.
Me acerco, mirándola a los ojos.
—Amor, me tienes. Por el corazón, por las bolas y por cualquier otra manera que quieras.
Una sonrisa tira de sus labios mientras me mira con audacia.
—Pruébalo.
Mis dientes ciñen mi labio inferior, mientras considero las gloriosas maneras en que puedo demostrarle lo que significa para mí; una y otra vez. Hay risa en mi voz cuando pregunto:
—¿Es un reto?
Color tiñe sus mejillas y el aire entre nosotros cambia. Se torna más intenso, más caliente; no sólo con atracción, si no con la promesa de algo más profundo. Un futuro. Juntos.
—Sí.
La acerco más y acaricio sus labios contra los míos, un toque ligero como una pluma. Y le prometo:
—Bien. Entonces, vamos a empezar de nuevo. Desde el principio. De la forma en que deberíamos de haber empezado. Sin amigos con beneficios. Lo haré bien; te llevaré a lugares magníficos, te mantendré dentro por fines de semana enteros. Quiero que te vistas para mí, así puedo tomarme mi tiempo desvistiéndote. Quiero memorizar cada pulgada de tu cuerpo y escuchar cada pensamiento de tu mente. Y entonces, no tendrás duda alguna de que la única mujer a la que quiero, la única a la que amo; eres tú.
Sakura se inclina, su mejilla y su nariz rozan las mías. Su voz se encuentra ligeramente sin aliento mientras pregunta:
—Así que… ese eras tú pidiéndome salir, ¿cierto?
—Definitivamente.
Y entonces, sus ojos resplandecen.
—Me gustaría dejar claro que estoy totalmente abierta al sexo en la primera cita.
Me río.
—Estaba muy, muy esperanzado en que dijeras eso.
Luego, presiono mis labios sobre los suyos. Su boca se abre, dándome la bienvenida, su dulce lengua me encuentra a mitad de camino. Siento sus manos agarrar mi camisa, las desliza sobre mis hombros, mi cuello, ahuecando mi mandíbula. La aprieto contra mí, abrazándola, haciéndole saber con cada caricia de mis dedos, con cada palabra susurrada; que no quiero volver a dejarla ir. Y siento lo mismo de ella; alivio, alegría con cada suspiro, con cada suave promesa. Sakura y yo nos besamos miles de veces, pero ninguna como esta vez.
Es diferente.
Mejor.
Es malditamente perfecto.
La mayoría de las historias terminan al final. Pero ésta, no. Ésta termina con nuevo comienzo.
