Ni la historia ni los personajes me pertenecen.
Epílogo
Septiembre.
Nos recostamos sobre una manta en la hierba en el Washington Mall, un pequeño lugar semi-aislado, apartado de la multitud. El cielo es de un profundo color negro, pero las luces de la ciudad son demasiado brillantes para que se deje ver alguna estrella. Sakura se recuesta contra mi pecho y mis manos vagan sobre ella perezosamente, subo por sus costados, cubiertos por un mini vestido rosa claro, y bajo por sus brazos desnudos. El aire de septiembre es cálido, con una brisa agradable. Un suspiro de satisfacción escapa de sus labios sonrientes, y tomo un trago de whisky del vaso de plástico que he sorbido toda la noche. Le doy un suave beso en la sien mientras Elton John teclea las notas finales de su última canción en el piano.
Eventos como este, un festival de música en otoño, son gratis, primero en llegar, primero en servirse. A pesar de que Sakura estaba temblorosa porque Elton John estaría tocando, no nos matamos tratando de conseguir puestos en la primera fila. Se limitó a sentarse y relajarse después de una semana infernalmente larga en la oficina. Para disfrutar de la música… y de nosotros. Pero a medida que la familiar melodía de "Your Song" se derrama por los altavoces, pongo mi boca contra su oído, mi aliento provoca piel de gallina por toda su suave piel.
—Baila conmigo —susurro.
Arquea la espalda para mirarme, sus ojos suaves y lánguidos, de la misma forma que me mira cuando subo por su cuerpo después de llevarla al paraíso con mi boca.
—No me digas que en realidad te empieza a gustar el baile.
Beso la punta de su nariz.
—No. Nunca seré un fan —Me levanto, llevándola conmigo, manteniéndola dentro del círculo de mis brazos— Pero siempre bailaré contigo. En cualquier momento y en cualquier lugar. Además… esta es tu canción.
Es una sorpresa que planeé; un regalo para ella. Estoy bastante seguro de que hará volar su mente, y espero que más adelante ella me lo regrese, expresándome su gratitud durante toda la noche.
El anuncio perfectamente sincronizado sale del micrófono de Elton.
—Tenemos una dedicatoria, damas y caballeros. Esto va para Sakura, con amor, de Sasuke.
Y a continuación comienza a cantar. Sus ojos se ponen tan redondos como una moneda y se desploma contra mí sólo un poco, por la conmoción.
—¡Oh, Dios mío! No puedo creer que hicieras eso… ¿cómo hiciste eso?
Me encojo de hombros.
—Conozco gente, que conoce gente, que conoce a alguna gente de Elton. Pedí favores.
Se levanta de puntillas y me besa con fuerza, haciéndome pensar que esta fue la mejor maldita idea que he tenido jamás. Contra mis labios, me dice:
—Te amo.
Mientras descansa su cabeza en mi pecho, le susurro:
—También te amo.
—Tengo el mejor novio del mundo.
Mi pecho retumba por la risa.
—Sí, lo tienes.
Qué maravillosa es la vida, mientras estás en el mundo.
Y luego bailamos.
Noviembre
—¡Empuja!
—Estoy empujando. Es ajustado.
—Más fuerte.
—Si lo hago más fuerte, romperé algo, joder.
—Sólo mételo.
—Estoy tratando —gruño.
—¿Alguien más se está excitando por esta conversación?
La voz distante de Neji llega desde el otro lado del súper pesado escritorio que tengo atascado en la puerta. Con un grito, conseguimos pasarlo, y luego lo colocamos suavemente frente a la ventana, como acordamos con Sakura. De esta manera podemos disfrutar de la luz natural del sol, mientras la follo sobre él.
—Me siento demasiado cansado como para excitarme —me quejo, secándome el sudor de la frente.
Entonces Sakura entra en la habitación, y mi mirada naturalmente cae en la magnífica forma en que su apretada blusa negra de cuello alto resalta sus pechos.
—Olvídalo, no estoy tan cansado como pensaba.
—¡Se ve muy bien aquí! —chilla, con una sonrisa— Este es el último.
Sakura me pidió que me mudara con ella la semana pasada. Prácticamente estuve viviendo aquí desde la mitad del verano. Pero la idea de hacerlo oficial, de despertarnos juntos cada mañana y volver aquí, a casa, juntos, cada noche, es asombrosa. Su casa es más grande que mi apartamento, y ya se encuentra amueblada, por lo que la mayoría de mis muebles se quedan con Neji. A excepción de los muebles del dormitorio de Sarada, que ahora están en el tercer dormitorio de la casa, el único elemento que insistí en traer es mi escritorio. Así que en lugar de una habitación de invitados, el segundo dormitorio ahora se convirtió en una oficina para ambos. Sakura disfruta de este enorme escritorio de roble tanto como yo. Especialmente por el espacio adicional que proporciona mientras se trabaja en él, y como ya dije… para follar.
Naruto entra sosteniendo copas de champán y Sakura hace estallar el corcho de la botella en sus manos. Llenamos las copas, pasándolas a todos, y propongo un brindis.
—Mi mamá siempre solía decir que el hogar es donde está el corazón. Pero realmente nunca entendí qué tan cierto era… hasta ahora —Miro a Sakura— Eres mi corazón, así que donde quiera que estés, estoy en casa.
Coloca un beso en mis labios.
—Bien, ahora realmente estoy excitado —comenta Neji. Luego, le dice a Naruto— ¿Estás listo para salir? ¿Recorrer los bares?
—Nací listo —replica Naruto. Luego nos pregunta— ¿Se vienen?
Con sus brazos alrededor de mi cintura, Sakura le dice:
—Tengo la intención de hacerlo dentro de poco… y si la historia sirve de indicio, más de una vez.
Entonces me besa de nuevo.
—Ewww —dice Naruto— Ustedes son asquerosos.
Los acompañamos hasta la puerta principal.
—Pero en serio —pregunta Naruto— ¿no vienen?
Le doy una palmada en la espalda.
—No puedo, tengo mucho trabajo que hacer.
Decimos nuestros "gracias" y "adiós", y cerramos la puerta detrás de ellos. Sakura me mira.
—¿Aún tienes trabajo en el caso Penderson?
Me río.
—No, Saku, no hablaba de ese tipo de trabajo.
Sonríe.
—Entonces, ¿de qué tipo de trabajo hablabas?
La cargo en mis brazos.
—El de bautizar todas las habitaciones de esta casa. Será un muy duro y sudoroso trabajo.
Febrero
Fue un jodido mal día.
Lo malo comenzó con un cliente excéntrico que me molestó por una condena previa por asalto fuera del Estado, luego progresó en una notificación de apelación que no fue a mi favor. Por si fuera poco, una explosión ártica decidió descender sobre DC, por lo que afuera se encontraba más frío que la teta de una bruja, el tipo de frío que se sentía como agujas pinchando tu rostro cada vez que soplaba el viento.
La única parte buena de la jornada era que estaba a punto de terminar. Y fui capaz de encontrar un lugar de estacionamiento fuera de la Corte, junto a los escalones, los cuales estoy subiendo en estos momentos. Después de pasar por seguridad, la sensación comienza a regresar a mis dedos mientras entro en la sala del Tribunal y tomo asiento en la parte trasera. Respiro hondo, y la observo. Hace las preguntas finales de su interrogatorio, acechando a la mesa de la defensa, sus tacones negros suenan en el piso. Todas las miradas se encuentran puestas en Sakura, no sólo porque su trasero se ve fenomenal en la ajustada falda negra, sino debido a su presencia. Su postura, el tono de su voz, domina la sala y la atención de cada persona en ella.
La frustración del día decae, sustituida por una tranquila paz y un gran orgullo, porque esa increíble, fascinante y capaz mujer, es mía.
Después de que la Corte levanta sesión, me acerco a ella por detrás mientras guarda las carpetas en su maletín. Envuelvo un brazo por su cintura y coloco un breve beso detrás de su oreja. Se tensa por una fracción de segundo antes de relajarse en mi abrazo. Porque, sin darse la vuelta, sabe que soy yo.
—Buen trabajo.
Me sonríe sobre su hombro.
—Gracias. ¿Qué haces aquí? Creí que te vería en casa.
—Hace frío afuera… no quería que caminaras.
Luego saco el ramo de rosas de detrás de mi espalda. Sus ojos esmeralda se humedecen y sus labios perfectos forman una amplia sonrisa.
—¿Por qué son estas? —Lleva las flores a su nariz e inhala.
Beso su frente.
—Son sólo porque puedo.
Las luces brillan suavemente a través de las ventanas, iluminando la casa como un faro de calidez, comodidad y hogar. Sherman compite por nuestra atención tan pronto como entramos por la puerta, meneando su cola y chapoteando su lengua nos dice que ha sido un buen muchacho y los zapatos de Sakura sobrevivieron sin ser destrozados, al menos por hoy. Sirve un vaso de whiskey para mí y una copa de vino para ella, mientras saco de la nevera la carne marinada en mi salsa especial. Hablamos de los acontecimientos del día, los planes para mañana, y de todo lo demás mientras salgo al balcón para encender el carbón. Porque incluso aunque es invierno, incluso aunque no es domingo y no estamos en Mississippi, Sakura ama mi asado.
Más tarde, después de que los platos son lavados y secados, las noticias se reproducen suavemente en la televisión cuando salgo del baño recién duchado, con una toalla alrededor de mi cintura. Sakura se reclina en la cama, una pierna doblada, su computador portátil apoyado en el estómago, vestida sólo con una blusa de encaje con tirantes color rosa y bragas a juego. Su mirada me recorre, devorando cada músculo tonificado, luego cierra el portátil con un golpe suave. Y dejo caer la toalla.
Subo a la cama como un depredador, mis intenciones tan desnudas como mi trasero. Chilla cuando me inclino sobre ella, gotas frías caen de mi cabello hacia su clavícula.
—Estás mojado —dice en un susurro ronco.
Lamo mi labio inferior y paso mi mano por su suave piel, bajando entre sus piernas, donde ya se encuentra resbaladiza y excitada por mirarme.
—También tú.
Me tomo mi tiempo y le hago el amor, lenta y tranquilamente, esa siempre presente pasión ardiendo bajo la superficie. Después es rudo y fuerte; tendrá moretones en sus caderas mañana y yo tendré rasguños en mi espalda. Caemos dormidos encima de las mantas, nuestra carne lo suficientemente caliente para mantenernos cálidos.
El día pudo haber sido horrible… pero la noche fue tan jodidamente perfecta como puedes imaginarlo.
Mayo. Sunshine, Mississippi
La camioneta de Ino se detiene en la calzada de la casa de mis padres, y tan pronto como los neumáticos se detienen, Sarada salta del lado del pasajero.
—¡Hola, papá! ¡Hola, Sakura!
Nos abraza a ambos, largo y dulcemente.
—Parece que has crecido seis centímetros desde que te vi por última vez.
Eso fue durante las vacaciones de primavera, cuando se quedó con nosotros en DC.
Con su brazo sobre los hombros de mi hija, Sakura la mira y le pregunta:
—¿Quieres ir a montar a caballo?
Sarada asiente, y simplemente sonrío, burlándome.
—Alguien piensa que es toda una amazona
Sakura envuelve su dedo medio en el índice y adorablemente insiste:
—Blackjack y yo somos así. Tenemos una completa cosa mental entre nosotros, él me entiende.
Todavía río mientras corro a la camioneta para ayudar a Ino a bajar.
—Hola. —La beso en la mejilla y le doy un abrazo. O, lo más cercano a un abrazo que se puede, considerando el tamaño de su estómago— Demonios, Ino, estás enorme.
Frunce el ceño.
—¿Por qué no te vas al infierno y mueres, Sasuke? ¿Qué clase de cosa es esa para decirle a una mujer embarazada?
—Una cosa del tipo verdadera. No recuerdo que estuvieras tan grande con Sarada. ¿Segura que no hay dos ahí dentro?
Frota su vientre de ocho meses de embarazo.
—No, sólo uno. Uno es suficiente, y tomaré la epidural en esta ocasión.
Río.
—No. Si la enfermera Lynn está ahí, no la conseguirás.
Sakura abraza a Ino saludándola.
—Podríamos haber ido a tu casa a recogerla.
Ino ondea su mano.
—No, es bueno que salga. He estado encerrada… los pisos están resbaladizos de limpios, KI dijo que pondrá cinta de "Precaución".
Nos ponemos al día durante unos minutos, luego Ino se va y nos dirigimos al establo. Sarada camina delante de nosotros, y sostengo la mano de Sakura mientras ella camina a mi lado.
—Así que… ¿alguna vez pensaste sobre eso?
—¿Sobre qué?
Giro mi cabeza en la dirección por la que Ino acaba de irse.
—¿Un bebé?
—Un bebé —digo.
—¿Tú y yo?
—Bueno… estaría bastante enojado si fueras tú y alguien más.
Ríe.
—Sasuke, trato de ser una pareja.
—Lo sé.
—Y tú tratas de ser una pareja.
—Cierto —Caminamos en silencio. Entonces me inclino más hacia ella, adivinando— Así que, ¿eso es un sí, entonces?
Sonríe.
—Sí… pensaré en eso.
Le doy su sonrisa torcida favorita.
—Bien.
Sakura levanta un dedo.
—Pero ahora no.
—No.
—Asegúrate de que tu esperma tome nota de eso. Tiene fama de ser pícaro.
Asiento.
—Le enviaré un memo a mi esperma, con copia a tus ovarios.
Asiente.
—Pero pronto.
—Pronto es bueno.
Balanceo nuestras manos unidas.
—Probablemente deberíamos casarnos primero.
Sakura se detiene, mirándome.
—¿Me lo estás pidiendo?
Me giro, acuno su mandíbula y trazo sus hermosos labios.
—Cariño, cuando te lo pida, no dudarás si lo estoy haciendo. —Luego la beso dulcemente— Pero será pronto.
Ella sonríe, amplia y cegadoramente.
—Pronto es bueno.
