"¡Tierra a la vista!"
Hakkaku había dado el anuncio hace varios minutos.
Los nervios de Caperucita rápidamente se hicieron presentes, era un continente nuevo, personas nuevas, seres nuevos y sobre todo un bosque nuevo con el que adornar sus páginas.
Rin había descubierto que no servía para pasar tanto tiempo en barco, no es que no les gustase la experiencia, pero la atracción de los árboles la llamaba, el esconderse bajo sus copas y jugar con sus hojas, como cuando era pequeña.
A medida que se acercaban al final de su trayecto más ansiosa se encontraba y sus ganas por ver el nuevo mundo no pasaron inadvertidas para la tripulación, que entendían que había llegado el momento de dejarla partir.
Sabían que este momento llegaría tarde o temprano, y ya fuese en tierra o en mar para ellos Caperucita siempre formaría parte de la tripulación del Jolly Roger, pero aun así les costaba asimilar aquella despedida que se avecinaba en sus líneas.
Lo que ellos no sabían, era que, aunque su pececillo se fuera estaba preparando una sorpresa y que le rezaba a todos los dioses que saliera bien, se trataba de un regalo para su Capitán, aunque realmente se podría decir que se trataba de una bendición.
*Flashback*
Desde que Caperucita decidió que se marcharía en barco había estado investigando sobre el Dios que velaría por ella.
Njord padre de Frey y Freyja, Dios de la navegación y patrón de los marineros.
En la habitación de la abuelita donde se había encerrado Rin, había estado leyendo sobre él y sobre sus runas.
Ella nunca había hecho runas por su cuenta, con las que había estado practicando ya estaban hechas, probablemente por la abuelita, así que nunca dudo que no funcionaran por estar mal hechas.
Ahora era diferente, y aunque no quería ser negativa, dudaba sobre si tenía el potencial de crear runas ya que sólo había conseguido activarlas una vez.
En momentos como estos era cuándo la menor sentía la necesidad de salir del cuarto y hablar con Lobo, él siempre sabía que decir para animarla, y siempre la apoyaba con su confianza incondicional, y que ahora, sabía que se encontraba al otro lado de la puerta como solía hacer la mayor parte del tiempo en el que ella se encerraba en la habitación.
Esta acción era un intento desesperado por estar lo más cerca posible de su pajarillo a pesar de las circunstancias.
Caperucita sabía de más que estaba arrepentido, que el Sesshomaru que conoció al principio no hubiese esperado ni un día en abrir esa puerta solo por verla, y realmente le agradecía que ahora ante pusiera sus deseos antes que los suyos.
Los recuerdos de cómo había comenzado la historia de ambos le hacían sonreír, aunque era un sentimiento amargo, le encantaría volver a esas páginas, pero también quería ser la mujer que se había propuesto ser, una mujer fuerte, y sobre todo independiente, capaz de hasta sorprender a aquel lobo blanco.
Así que sin más demora se centró en aprender todo lo que necesitaba, si era necesario un tipo de madera especial, si había que seguir pasos concretos al tallarlo, o si también eran igual de efectivas si solo dibuja el símbolo ,pero sobre todo, quería saber las bendiciones que podría otorgar tanto a ella como a los demás.
Image
Junto a la runa de Njord realizó un par más para tener por si en algún momento las necesitaba.
En esta ocasión para sus primeras runas, Caperucita decidió pintarlas en pequeños círculos de madera de caoba.
Toda la casa estaba repleta de materiales, pero aun así decidió solo usar lo mínimo e indispensable para comenzar.
Estas runas junto algunos cachos de caoba sin runas los guardaría en una pequeña bolsita que escondería entre sus ropas, para empezar, con esto y sus propias habilidades creía que sería suficiente o eso esperaba.
*Fin Flashback*
Días después de haber tenido aquella charla tan profunda con Koga, Caperucita decidió ayudarle tal y como él estaba haciendo ahora con ella.
Quería darle un regalo, y no uno cualquiera, le quería regalar lo que más anhelaba o como mínimo una pista que seguir.
X X X
El pueblo de Flåm, ya se veía con claridad.
Aunque aún quedaban desembarcar, Caperucita mentalmente ya no se encontraba en el barco, o no al menos mentalmente.
Había visto el pueblo desde lejos, pero ahora que estaba prácticamente al lado le parecía aún más hermoso.
Aquel pueblo costero contaba a sus espaldas con incontables montes y largos caminos por los que la morena ya soñaba en perderse.
Y aunque ella no lo sabía su ilusión era contagiosa, ya que aquellos hombres de mar se veían reflejados en sus ojos soñadores cuando ellos miraban el océano, entendiendo así, que el sitio de su pececillo era correr por la pradera.
- Venga chicos aprovechad la parada y reponed suministros, nos vamos a ir en cuanto terminéis, ¡Ginta! ¡Hakkaku! ¿Vosotros os hacéis llamad hombres? ¡Soltadla de una vez! -
El Capitán Koga estaba notablemente molesto, sus amigos de la infancia y a la vez dos de sus fieles tripulantes, prácticamente habían bajado del barco abrazando a Rin que no sabía cómo podía respirar, o si quiera moverse, con dos hombres que no paraban de llorar dramáticamente, y que sólo sabían pedirle que no les olvidará.
- ¡Capitán! ¿Dónde está su corazón? Nunca nos hemos tenido que despedir de uno de los nuestros -
- ¡Se va la más joven! ¿Cómo quieres que no nos preocupemos? -
- Agh ¡Qué la soltéis he dicho! Y poneros a hacer algo útil, incluso si os metéis en un bar me es suficiente-
Y tras una segunda orden de su Capitán, tanto Ginta como Hakkaku soltaron a Rin dando casi un salto hacia atrás y se marcharon, aunque a la distancia se seguían despidiendo.
Esta vez el tono de Koga fue más autoritario así que decidieron no comprobar hasta donde llegaría su paciencia.
- Tan mandón como siempre, si querías intimidad para despedirte de mí sin que te vean tus hombres solo tenías que pedirlo -
Bromeaba al fin libre la morena, que no podía evitar reír al ver la reacción del ojiazul.
- Sí sí muy graciosa, pero para tu información no necesito echar a nadie, solo los dioses son dignos de juzgarme -
Y sin más abrazó a Caperucita con todas sus fuerzas, y esta no de quedo atrás y le devolvió el gesto, pero en su caso sí tenía cuidado de no pasarse de fuerte.
Ambos sabían que se extrañarían, eran tan opuestos como parecidos casi podían considerarse hermanos a pesar de que sólo habían convivido un par de meses.
- Se qué en el fondo eres un blando Capitán, así que intenta no llorar cuando no me veas por el Jolly Roger-
- No hace falta que me recuerdes que no puedes vivir sin mí -
Ambos se rieron rompiendo así el abrazo, pero sin alejarse demasiado uno del otro.
Habían compartido buenos momentos que releerían en sus recuerdos, y que quizás en algún punto del cuento, se volverían a encontrar.
- Koga aunque intentes ocultarlo eres un buen hombre, y aunque no querías nada a cambio, quiero pagarte a mi manera el que me hayas traído hasta aquí, así que cierre los ojos mi Capitán -
- Oh deja que lo adiviné, ¿Has dejado de resistirte a mis encantos y quieres saber que se siente probar mis labios? Sabes que soy un hombre comprometido, pero por esta vez te voy a dejar -
- Ja ja ja en tus mejores sueños -
No iba a negar que estaba nerviosa, y no, Rin no iba a besar a Koga o al menos no como este se lo imaginaba.
Agradeciendo que le había obedecido por primera vez, busco en su bolsita el símbolo de Njord y lo apretó con fuerza en su mano derecha.
"Fortuna y éxito"
Aquellas tres bendiciones era las que le podía otorgar, y se repetía mentalmente la morena antes de romper la distancia entre ambos, pero para darle un beso en la frente mientras rezaba para sí misma.
"Qué Njord te acompañe, que la fortuna te sonría y halles el camino, y tras obtener el éxito al encontrarla seas finalmente feliz"
Caperucita no lo sabía, pero sus palabras hicieron eco en la mente del Capitán, y en cuanto esté abrió los ojos el mundo a su alrededor sufrió un pequeño cambió.
— ¿Q-Qué me has hecho? ¿Qué es esto? —
Las preguntas nerviosas de Koga y como no dejaba de dar vueltas a su alrededor, le hicieron saber a la morena que había funcionado su bendición, pero no sabía los efectos que estas causaban.
— ¿Te notas diferente? Koga relájate dime, ¿Qué ves? —
— Es... Una línea azul, es cómo si marcara una dirección ¿A dónde lleva? —
— Pues tendrás que seguirla para averiguarlo —
Rin nuevamente se sentía orgullosa de sí misma, como el día que pudo bendecir a aquel yule lad siendo incapaz de borrar una enorme sonrisa de su rostro.
Koga seguía confundido, pero confiaba en su pececillo y sabía que no habría nada que temer por lo que, en cuanto se volviera a montar en su barco, fijaría el rumbo a la dirección que esta había marcado en sus páginas.
Solo tuvieron que mirarse fijamente a los ojos una vez más para desearle una última vez lo mejor al otro, y entonces ahí fue cuando Caperucita lo vio.
Los ojos ya de por sí azules como el mar de su amigo tenían un brillo especial que los hacía de un azul aún más intenso y profundo, no sabía si los demás lo notarían, pero esta experiencia quedaría bien grabada en sus páginas.
.
.
.
Caperucita había correteado por todo el pueblo, cómo una niña en su primera excursión.
Se había parado en cada tienda, había visto y probado de casi todo, y aunque al principio tuvo nuevamente la preocupación de que la gente se asustara por sus ojos, se llevó la sorpresa de que este detalle era lo de menos.
Cada habitante del lugar le devolvió la amabilidad que Rin transmitía, y esta acción fue algo que agradeció a sus adentros.
Ahora si era necesario, por lo menos contaba con que podría quedarse en el hostal del pueblo.
Pero aún quedaba lo más importante, ir a las montañas.
No sabía explicarlo, pero una parte de ella le gritaba que fuese para allá, no sabía que había ni mucho menos que se encontraría.
Aun así, su curiosidad era algo que no había perdido, y su instinto hasta ahora nunca le ha fallado así que, a pesar de que iba a caer la noche de un momento a otro, se aventuró en el monte siguiendo un camino imaginario.
Cuando se quiso dar cuenta había llegado a lo más alto de una colina que ciertamente estaba muy alejada del pueblo, Caperucita no sabía en qué momento de había alejado tanto.
Los últimos rayos de sol se dejaban ver al horizonte, y aunque eran unas vistas realmente bellas, esto no fue lo que llamó su atención.
Si miraba a su alrededor notaba que no había árboles cerca exceptuando uno que coronaba la colina, pero lo especial no era su soledad sino las espinas negras que le rodeaban.
Rin no lo sabía, pero aquel árbol tenía aún algo que no había visto, o más bien a alguien.
A medida que se fue acercando, la atracción fue más fuerte hasta que quedó frente a él contemplando el por qué era especial.
Como si estuviera en un profundo sueño, un chico se encontraba sellado en el tronco por una flecha en el pecho, aparte de las espinas negras que evitaba que cualquier persona se pudiera acercar demasiado.
Por un lado, sabía que estaba vivo porque escuchaba los latidos de su corazón, latía débilmente, pero latía que era lo importante.
Pero por otro, se preguntaba qué clase de persona era la que le había sellado allí, o que clase de persona había sido él para haber acabado así.
Aunque aquello no era todo lo que llamaba su atención, aquel chico se notaba que no una persona normal, tenía orejas puntiagudas sobre saliendo de su cabello parecidas a las de un perro, y su cabello le traía recuerdos agridulces.
Era plateado y largo como el de Lobo, y Rin no pudo evitar imaginarse a Sesshomaru en el lugar de aquel chico.
Inconsciente Caperucita se había ido acercando hasta el árbol, y en ese momento fue cuando todo se salió de control.
Sin darse cuenta una de las espinas le había rozado, y eso fue suficiente para que se empezará a marear, pero esto era lo de menos.
Cada vez estaba más aturdida y todo le empezó a dar vueltas, por lo que no se percató en qué momento una chica no mucho mayor que ella la estaba apuntando con una flecha.
— ¡Aléjate ahora mismo del árbol de Inuyasha! ¿Quién eres? Y ¿Qué te trae aquí? Responde o disparo —
Y aunque a Rin le hubiese encantado hablar no podía, y en cuanto se giró para ver quién le hablaba se desplomó en el suelo.
