Hola!

La idea de la que parte este fic es de Mariana Villegas. Ella lanzó la base sobre la que podría escribirse una historia y me pareció tan genial que quise hacer mi propia versión del asunto.

No sé dónde me va a llevar esto, pero vamos a probar qué sale.

Espero que quien sea que pase por aquí, disfrute de la historia.

Besos y abrazos

AJ

Disclaimer: Todo el mundo de HP pertenece a JK, yo solo juego con los personajes.

PRIMERA PARTE. U1.0

Una serie de catastróficas eventualidades I

DRACO

Noche de la Fiesta de las Eminencias 20 de Diciembre de 1996

Todo estaba siendo una auténtica mierda. El verano, la Marca, la misión, el jodido curso entero.

Draco caminó una vez más hasta la Sala de los Menesteres y entró como todas las noches, dispuesto a poner en funcionamiento el armario evanescente para que la loca de su tía y sus esbirros entraran al colegio e hicieran a saber qué con todos los que vivían allí.

Se estremeció.

Sabía que no estaba bien, de hecho no tenía ninguna duda de que estaba mal, pero ¿Qué otra cosa podía hacer? No quería morir y si no hacía lo que le habían ordenado no llegaría a cumplir los diecisiete.

Así que se acercó al armario, cogió el libro que su padre le había dado y continuó buscando información y aplicando distintos hechizos sobre el enorme artilugio.

Aquel curso era el peor de todos los que había pasado en Hogwarts con diferencia. Antes de ese verano su vida había sido muy fácil, no se había dado cuenta de cuánto hasta que acabó el quinto y todo se convirtió en un infierno.

Había dedicado sus años escolares a pavonearse por el colegio, jugar quiddich, hacer la vida imposible a los plebeyos, a meterse con San Potter y sus tontos amiguitos y a estudiar lo suficiente como para sacar unas notas dignas de un Malfoy. De vez en cuando se metía en algún lío, hacían fiestas en las mazmorras e incluso el asunto de la Brigada Inquisistorial había estado bien, solo por meter en problemas al trío de oro había merecido la pena aguantar a la cara de perro de Umbridge.

Le gustaba insultar a Granger porque le jodía sobre manera que una sangre sucia que ni siquiera sabía que la magia existía hasta los once años, fuera la bruja más inteligente del curso y le superara en todas las materias por mucho que él se esforzara. Su padre le había dicho hasta la saciedad que los sangre sucia no tenían derecho a utilizar la magia, que eran inferiores, menos poderosos, pero ¿Es que acaso nadie le había dicho eso a Granger?

Aquel verano le habían marcado como a un cerdo y en lugar de ir de vacaciones a la costa de Francia se había pasado casi tres meses entrenando en Artes Oscuras, practicando Oclumancia y duelos un día tras otro. Le habían lanzado maldiciones, le habían torturado y le habían hecho estudiar libros sobre reparación de aparatos mágicos.

Le habían dado una misión. Su primera misión como mortífago.

Y Draco había pasado las noches llorando y maldiciendo su suerte, pensando que si era verdad todo aquello de la sangre ¿Cómo era posible que un mestizo estuviera por encima de todos los Sagrados veintiocho? ¿Cómo era posible que Hermione Granger fuera considerada la bruja más inteligente de su generación y Crabbe y Goyle apenas fueran capaces de hacer un Wingardium Leviosa con una simple pluma?¿Por qué la sangre sucia podía hacer cualquier hechizo, incluso de magia avanzada y Weasley acababa escupiendo babosas a la primera de cambio? ¿Por qué eran dos mestizos los que tenían en su mano la fuerza para cambiar el mundo?

Ese año Draco odiaba más que nunca a Granger porque para su más absoluta consternación, se había encontrado a sí mismo mirándola más de una vez. Y no mirándola con asco o desagrado como siempre, no, mirándola con deseo porque aquella imbécil se había convertido en una chica y no sabía cuándo había sucedido.

¿En qué momento Granger había empezado a llevar el uniforme de su talla? ¿Por qué enseñaba tanto las piernas y por qué, por Merlín, tenía esas piernas? ¿Cuándo le habían crecido las tetas tanto y por qué su pelo ya no parecía un arbusto deshojado?

Y así, cada vez que la miraba y se daba cuenta de que nunca podría tenerla, su odio crecía más y más porque, a fin de cuentas, era la primera cosa que Draco Malfoy deseaba que nunca podría tener y eso escocía.

Se dio cuenta de que su mente empezaba a divagar y decidió salir a despejarse un poco. Era casi Navidad y no era capaz de arreglar el armario, su vida social era inexistente porque había dado de lado a sus amigos en un intento de llevar a cabo la misión sin que nadie se enterara y vivía tan jodidamente aterrorizado que no era capaz ni siquiera de pensar con claridad. Sus notas se estaban viendo afectadas y estaba a punto de explotar. Solo de pensar en volver a casa por Navidad hacía que quisiera lanzarse por la Torre de Astronomía él mismo.

Caminó por los pasillos sin un destino concreto hasta que empezó a escuchar música y el sonido de voces y risas por algún lugar del corredor. Sin darse apenas cuenta sus pasos se dirigieron hacia allí y se asomó espiando con cierta envidia la fiesta del Club de las Eminencias de Slughorn.

Sabía que él no formaba parte de aquel club porque su padre había sido detenido y condenado a Azkaban por la batalla del Ministerio y Slughorn no quería tener allí a nadie relacionado con los mortífagos.

Aunque sí tenía a Blaise Zabinni quien, hasta dónde Draco sabía comulgaba con la idea de la supremacía de la sangre. Si bien era cierto que la viuda negra de su madre no se relacionaba con los mortífagos ni con el Señor Tenebroso.

Pudo ver a Blaise en un rincón hablando con Pansy a quien al parecer había llevado de acompañante a la fiesta. Alzó las cejas con sorpresa al ver lo juntos que estaban y se preguntó cuándo había ocurrido aquello. Pansy siempre había estado detrás de él, pegándose a su brazo como un cromo a un álbum, soñando con ser la próxima señora Malfoy y ahuyentando a la posible competencia en cuanto tenía oportunidad.

No es que le importara que ella y Blaise tuvieran algo, Pansy estaba buena pero por lo demás era completamente prescindible en su vida.

Siguió observando y gruñó con fastidio al ver a Potter. Cómo no, no podía faltar El Elegido, claro ¿Qué clase de Eminencias serían si no tenían consigo a la superestrella del momento? Vio que iba con Lunática y estuvo a punto de reírse del mal gusto del cuatro ojos. La pequeña comadreja lloraba en un rincón discutiendo con uno de los Gryffindor con el que la había visto alguna que otra vez en Hogsmade y Granger, en lugar de estar bailando, bebiendo, comiendo o charlando como todos los demás, estaba escondiéndose debajo de los faldones de una mesa.

Aquella extraña actitud llamó por completo su atención y tomó una decisión totalmente irracional.

Su vida era una completa y aburrida mierda, tenía curiosidad y tocar las narices a Granger podría ayudarle a mejorar el ánimo, así que entró en la sala como si nada, caminando entre unos y otros con elegancia, sabiendo que, cuando entras en un sitio con decisión como si todo te perteneciera, nadie te presta demasiada atención y así fue.

Llegó a la mesa, tomó un canapé, miró a su derecha y a su izquierda y, cuando se dio cuenta de que nadie le observaba, se agachó y se coló bajo el mantel.

—Vaya vaya Granger ¿Qué estás haciendo aquí?

HERMIONE

Bajo una mesa. Noche de la Fiesta de las Eminencias 20 de Diciembre de 1996

La noche iba de mal en peor.

Ya de por sí la idea de acudir al Baile de Navidad de Slughorn le había resultado terrible cuando recibió la invitación, pero estar allí era mucho peor de lo que se había imaginado.

Por alguna razón que no lograba dilucidar, su sinapsis neuronal llevaba días siendo inexistente, solo eso podía explicar por qué no se le había ocurrido ir con Harry a la fiesta cuando sabía que ninguno de los dos tenía acompañante.
Pero no, ella había terminado diciendo que sí a MacLaggen, que era guapo, cierto, pero también era un baboso, creído y narcisista y parecía pensar que con una sola de sus sonrisas ella caería rendida a su pies. Asqueroso.

Antes de besar a ese pulpo ególatra besaría a Malfoy. Y eso era mucho decir porque, si Harry tenía razón, y habitualmente su sexto sentido era algo a tener en cuenta, Malfoy era un mortífago.

Hermione se preguntaba para qué podría necesitar Voldemort a un mortífago de dieciséis años que ni siquiera había terminado el colegio. No es que Malfoy fuera un idiota como Crabbe o Goyle, tenía cerebro y era más que hábil con la varita, era uno de los mejores en pociones y muy bueno en Defensa Contra las Artes Oscuras, no obstante no dejaba de ser un adolescente que poco o nada podría aportar a un ejército de magos y brujas adultos, duchos en duelos y maldiciones asesinas.

La noche anterior Harry, Ron y ella habían hablado y tomado una decisión: al volver de las vacaciones de Navidad trazarían un plan e investigarían a Malfoy. Iban a mantenerle vigilado, no podría dar un solo paso sin que ellos le fueran a la zaga, porque ocultaba algo, llevaban noches buscándole en el Mapa del Merodeador y cada día la motita de Draco Malfoy iba hasta el séptimo piso y desaparecía allí durante horas. No había que ser el más listo para saber adónde iba.

Pero ellos lo averiguarían, estaba segura de eso, al menos si conseguía salir viva de aquella estúpida fiesta y conseguía eludir al estúpido Cormac.

Pero parecía tener algún tipo de radar y cada vez que le despistaba conseguía encontrarla, por eso, en un descuido del muchacho, se metió debajo de una enorme mesa porque ¿Quién diablos iba a buscarla debajo de una mesa en medio de un baile de Navidad?

— Vaya vaya Granger ¿Qué estás haciendo aquí?

Hermione contuvo un grito por puro sentido de la supervivencia, pero le miró con el corazón a punto de salirse por su garganta y gesto de terror.

— ¿Malfoy? — le miró como si estuviera contemplando un hocicorto sueco, con una mezcla de horror y fascinación —¿Se puede saber qué haces?

—Sentarme debajo de la mesa, por supuesto —replicó él arrastrando las palabras y mirándola con esa cara de asco que siempre tenía al observarla.

—¿Eres idiota? —vio unos zapatos asomar por debajo del mantel y se arrimó hacia el centro, importándole poco que ese gesto la aproximara al rubio —¡Nos van a pillar! —siseó

— A mi me importa una mierda si me pillan aquí debajo —respondió con una ceja arqueada mintiendo con absoluto desparpajo ya que ambos sabían que podría meterse en un buen lío si le encontraban allí ya que ni siquiera estaba invitado.

Ella bufó, exasperada y le mandó callar poniéndose el dedo sobre los labios.

—¡Eh Dean! —la voz de Cormac se escuchó alta y clara cerca de ellos y Hermione, con los ojos abiertos como platos se acercó más aún hacia Malfoy —¿Has visto a Hermione?

—¿Quieres que le diga que estás aquí? —preguntó Malfoy, solícito, con el único fin de tocarle las narices.

—¿Estás loco?

En aquel momento, en su ansia por escapar de aquél imbécil y temiendo que de verdad Malfoy le dijera a Cormac que estaba allí, actuó sin pensar y se subió encima del regazo del mortífago tapándole la boca con ambas manos.

Draco se quedó tan quieto como Neville en primer año cuando le lanzó un Petrificus Totalus y ella contuvo el aliento, confundida y aterrorizada, cuando se dio cuenta de la situación en la que estaban.

Estaba a punto de bajarse de allí con toda la dignidad que fuera capaz de reunir cuando volvió a escuchar a Cormac.

—Gracias, la buscaré allí, no puede estar muy lejos.

—¿Es que acaso me ha puesto un rastreador? —masculló la chica —¿Sabes Malfoy? —dijo Hermione dejando que su lado más Gryffindor tomara las riendas de la situación —No creo que quieras que nadie en esta fiesta te vea en esta situación ahora mismo ¿Verdad?

Draco parecía haber recuperado la compostura y la fulminó con la mirada antes de empujarla para que se bajara de sus piernas.

—¿Qué te crees que haces, estúpida sangre sucia? —Se pasó los dedos por la boca con una mueca de asco —ahora tendré que ducharme, a saber de qué putos gérmenes muggles me has contagiado.

—Corre Malfoy, corre —dijo Hermione con una sonrisa de suficiencia disimulando, con la perfección que le daba la práctica, el dolor que le causaban aquellas palabras —Si sales de aquí te juro que me arriesgaré a Cormac y saldré detrás de ti —se quitó el recogido que llevaba, se revolvió el pelo y, echando la mano hacia atrás, desabrochó un par de botones de la espalda del vestido. Sonriendo con maldad se pasó el dorso de la mano por los labios haciendo que el carmín se corriera un poco, lo justo para que pareciera que había sido producto de una sesión de besos —Oh Malfoy, me van a creer a mi.

Draco parpadeó con absoluta incredulidad.

—¿En qué mundo iba alguien a creer que yo iba a besarte —pronunció con una mueca del más absoluto disgusto —a ti?

—Lo que nadie de esta fiesta iba a creer es que yo te besaría a ti —se pasó la lengua por los labios en un gesto inconsciente y vio que Malfoy temblaba en lo que ella supuso era claro enojo.

—Está bien, sangre sucia. No nos moveremos de aquí hasta que esta estúpida fiesta termine. Pero no se te ocurra volver a tocarme.

—¿Qué te crees hurón? ¿Qué a mi me gusta tocar a alguien como tú? —bufó con enfado —No estoy desesperada, Malfoy.

—¿Has venido a la fiesta con MacLaggen y dices que no estás desesperada?

—Vamos Malfoy, Cormac es un sangre pura —espetó con retintín —es guapo y la mitad de las chicas de mi casa babean detrás de él.

—¿Entonces que haces debajo de la mesa?

—Tiene más manos que tentáculos el calamar gigante —se le escapó una risita y suspiró —no es mi tipo —se encogió de hombros y frunció el ceño al darse cuenta de que estaba manteniendo una conversación con Draco Malfoy ¿Acaso había entrado en la madriguera del conejo de Alicia?

—Ya —él alzó una perfecta ceja platinada y sus labios se torcieron en algo parecido a una sonrisa cruel —¿Demasiado rico para ti, Granger? Ya sabemos que lo tuyo es más bien de tipo pelirrojo y pobre.

Ella boqueó y la miró con una mezcla de exasperación y espanto. Le molestaba que hablara de Ron de aquella forma tan desagradable y le aterrorizaba la implicación de sus palabras ¿Acaso todo el mundo sabía que le gustaba Ronald?

—Vaya, está bien saber que hay algo, además de volar, que la comelibros Granger no controla.

—¿Cómo dices?

—No serás nunca una buena oclumante, no necesito hacer un legeremens contigo para saber lo que tienes en la cabeza. Primero —dijo elevando el dedo índice —creo que todo el colegio menos él sabe que babeas detrás suyo desde tercero como poco. Segundo —levantó el dedo corazón —Los Weasley son pobres como ratas y eso es un hecho, te guste o no. Tercero es tan idiota como pobre así que no creo que él se entere a no ser que se lo grites a la cara.

—¿Pero cómo puedes ser tan idiota? —Hermione se pasó las manos por la cara en gesto cansado, pensando seriamente en salir de allí y arriesgarse con Cormac — Eres un snob de mierda.

—Lo sé —replicó él haciendo un gesto displicente con la mano.

Hermione bufó.

—¿Crees que le quede mucho a la fiesta ? —preguntó ella un rato después.

Malfoy se encogió de hombros como toda respuesta.

—Tal vez podrías asomarte discretamente por allí —dijo señalando una abertura en el mantel.

—¿Estás loca? Asómate tú.

—Tu valor me abruma, Malfoy.

—Si fuera un insensato sería un Gryffindor.

Hermione no respondió porque la tentación de lanzarle un hechizo estaba a flor de piel y no se fiaba de sí misma.

—Está bien —dijo poniéndose a gatas para llegara la rendija entre las telas —pero si me pillan pienso arrastrarte conmigo, Malfoy.

No era cierto, obviamente ni muerta reconocería que había estado ahí metida con aquella serpiente, menos aún con las pintas que debía tener con el vestido desabotonado, el pelo hecho un asco y el pintalabios corrido, pero quería que se cociera en su propio miedo, era lo mínimo que se merecía.

Pegó el ojo con mucho cuidado a la ranura y observó.

—¿Qué? —preguntó Malfoy con nerviosismo infantil.

—No veo nada —murmuró ella —solo veo una silla y una pared.

Él gruñó algo que la castaña no entendió y que pensó que seguramente era mejor no oír.

—Saca más la cabeza, Granger — dijo Malfoy dándole un empujón.

Pasaron varias cosas en ese infinitesimal instante.

La cabeza de Hermione, con los ojos completamente desorbitados, salió hasta el cuello, aprovechó el momento para observar a su derecha y a su izquierda y volvió a entrar con la rapidez de una snitch.

Una vez dentro se giró y le cruzó la cara de un tortazo al Slytherin quien, por su parte, miraba su propia mano como si fuera un miembro nunca antes visto

—¿Pero qué te crees que haces imbécil? —Hermione buscó la varita dispuesta a descuartizar a aquel lujurioso estúpido que le había tocado el culo con total impunidad.

Pero cuando le apuntó con la punta de la varita pegada a su pálido cuello, él seguía sin reaccionar. Continuaba mirando la mano con incomprensión mientras los cinco pequeños dedos de Hermione iban dibujándose perfectamente en su mejilla.

No hablaba, ni siquiera parpadeaba.

—¿Malfoy? —preguntó sin ser capaz de maldecir a alguien que parecía estar en trance por mucho que se lo mereciera.

Un par de minutos después pareció salir de su comatoso estado y la contempló como si no diera crédito, pero ella ya había perdido parte de su indignación aunque no guardó la varita porque si se volvía a acercar a su trasero iba a dejarle manco.

—Tenemos otro problema. Gracias a tu… empujón, alguien me ha visto asomar la cabeza.

—Espero que haya sido Cormac —replicó Draco con mordacidad.

—Ojalá —respondió ella mordiéndose el labio —Fue Zabinni.

DRACO

Bajo una mesa. Noche de la Fiesta de las Eminencias 20 de Diciembre de 1996.

Se había dejado llevar.

Eso había sido todo. Por algún motivo que no alcanzaba a comprender, pese a los insultos y demás, se había relajado hablando con la sangre sucia en aquel pequeño escondite ajeno al mundo exterior.

Por eso y por la imperiosa necesidad de salir de allí al darse cuenta de que se sentía de alguna manera cómodo con ella, no había pensado antes de actuar y, en su afán por apresurarla la había empujado sin darse cuenta de que lo único que tenía a mano era su trasero.

Y Merín bendito, vaya culo tenía la comelibros

En el momento en que la agarró de la nalga para hacer presión contra el mantel quiso gruñó. Su cacha era redondeada y prieta y solo de imaginársela sin toda aquella gasa y pliegues de seda quiso abofetearse así mismo.

No tuvo ni que intentarlo. La sangre sucia se había girado con la velocidad de una saeta de fuego y le había soltado una hostia que tardaría tiempo en olvidar.

En otro momento, en otras circunstancias, quizás en otra vida, habría sacado su propia varita y la habría dejado calva por atreverse a darle semejante guantazo, pero en ese momento en el que le picaba la palma de la mano en su ansía por volver a apretujar aquel perfecto trasero, el único pensamiento coherente que tenía en la cabeza era algo así como joder, joder, joder, joder qué he hecho.

Cuando consiguió controlar sus revolucionadas hormonas todo fue a peor.

Ella habló.

Y sus palabras consiguieron bajarle el calentón de un plumazo.

Ahora si que estaban jodidos. deseó haber tenido ya arreglado el maldito armario para que su tía Bella llegara y acabara con su existencia de una buena vez, porque si Blaise Zabinni se acercaba a mirar por qué la sangre sucia estaba debajo de la mesa, no quería ni imaginar la que se podía liar.

—Tenemos que salir de aquí. Ya —dijo con su habitual despotismo.

—Vale genio —espetó la castaña que seguía con la varita en la mano aunque ya no le apuntaba —¿Y cómo propones que salgamos?

—Me importa poco cómo vas a salir tú, sangresucia —siseó pasándose la mano por el pelo en un gesto de exasperación que no pudo controlar —a mi no me ha visto. Tengo que salir de aquí antes de que se lo ocurra cotillear.

—Voy a obviar lo repugnante y odioso que eres. Debería salir de aquí y decirle a tu amigo que venga a buscarte. Me preguntó qué pensaría de ti.

—Te odio —masculló entre dientes.

—Por fin algo en lo que coincidimos, Malfoy —guardó de nuevo la varita y tomó aire —bien, la única opción es que yo salga de aquí. Me arriesgaré —dijo con ese arrojo tan Gryffindor que a Draco le daba grima —ya me ha visto así que saldré y si es seguro golpearé la mesa dos veces y saldrás detrás de mi.

—¿Cómo sé que no vas a dejarme aquí y te irás?

Preguntó sabiendo que eso mismo es lo que él haría si tuviera oportunidad.

—No lo sabes. Se llama confianza, Malfoy, aunque la tentación de hacerlo es enorme no lo haré. Te avisaré .

Dejó escapar el aire y sin pensarlo mucho salió de debajo del mantel y dejando a Draco solo.

Se quedó muy quieto, sin respirar, atento al más mínimo ruido esperando que la chica golpeara la mesa.

No lo hacía.

Empezó a contar.

Uno. Dos. Tres. .

¿Dónde narices estaba esa inútil?

.Diez.

Sabía que no tenía que haberse fiado de ella ¿Leona? Já, era una, una…

Toc toc.

Escuchó el sonido y, sin pensar, salió como un rayo de debajo de la mesa sin darse cuenta de que justo delante de la dichosa abertura estaba Granger. Todo pasó en una fracción de segundo, chocó contra las piernas de la chica que cayó hacia atrás y, en un acto reflejo que no pudo evitar, se lanzó sobre ella, la giró y ambos se derrumbaron contra el suelo en un revoltijo de brazos y piernas.

—¿Qué haces?

Granger estaba sobre él. Hablaba tan cerca de su boca que con cada palabra su aliento le acariciaba los labios y para su más absoluto horror, sentir el cuerpo de la chica sobre el suyo con sus rostros separados por apenas unos milímetros, hizo que su cuerpo reaccionara como lo haría el cuerpo de cualquier adolescente con sangre en las venas y Draco, aunque tratara de aparentar que era frío como el hielo, tenía mucha sangre recorriéndole las venas.

Se empalmó.

—¿Qué haces tú?

Aterrorizado porque ella pudiera siquiera darse cuenta de la traición de su cuerpo, la empujó para quitársela de encima sin contar con que el vestido de ella se había enganchado al pantalón de él y el sonido de la tela al rasgarse hizo que ambos se congelaran en el momento más incómodo de sus vidas.

—¿Hermione?

Al parecer MacLaggen volvía al ataque.

Ella abrió los ojos tan grandes que a Draco le recordaron al del pequeño elfo doméstico que solía vivir en su casa años atrás.

—Oh no, no, no, no. ¡Vámonos! Corre Malfoy, ¡Vamos!

Se levantó como pudo tirando de la mano de él y casi le arrastró por el lateral desierto de la fiesta hasta detrás de unas cortinas color mostaza terriblemente feas.

—Nos va a encontrar. Maldita sea ¿Qué te pasa Malfoy? Dios mío ¡Mira mi vestido!

Él miró y se le secó la boca ¿Qué vestido? Quiso decir al darse cuenta de que el trapo que ahora la cubría estaba rajado desde el pecho hasta casi el dobladillo dejando una abertura enorme por la que podía ver todo el cuerpo semidesnudo de Granger cubierto solo con lo que parecía ser ropa interior roja y llena de encajes. ¿En qué universo una empollona como ella se ponía ropa interior de ese tipo?

—¡No! —Ella trató de cubrirse tirando de los bordes para cerrarlos todo lo posible —¡No mires!

—Me has dicho que mire tu vestido —replicó solo por joder, para ver si era capaz de ponerse aún más roja —bonitas bragas —añadió en venganza.

Casi se echó a reír al verla, no se hubiera extrañado si hubiera empezado a echar humo por la nariz como una tetera.

—¿Hermioneeeee?

La voz de Cormac evitó que la castaña le atacara y, aterrada, le tomó de la mano y, con la espalda pegada a la pared, ambos empezaron a arrastrarse, literalmente reptando en vertical para alejarse de la zona de peligro.

—Aquí —susurró Draco cuando su mano tocó el pomo de una puerta oculta por el cortinaje —vamos.

Se metieron en el hueco y cerraron la puerta a su espalda respirando hondo.

Estaban a salvo.

— Oh, vaya Hermione, tienes la cabeza llena de torposoplos ¿Estás bien?

Estaban jodidos.