En el summary he hablado del multiverso y quería explicaros que llegará, no me lo he inventado, digamos que estamos conociendo todo antes. Así que hay que tener paciencia, si le dais una oportunidad, seguro que lo comprendéis más adelante.

Perdonadme su hay algún dedazo, intento revisarlo todo pero la edición me desespera.

Gracias Lady Morgana9 y Wendy por vuestros review, siempre anima saber que hay alguien al otro lado!

Besos y abrazos

AJ

Disclaimer: Todo el mundo de HP pertenece a JK, yo solo juego con los personajes.

PRIMERA PARTE. U1.0

Una serie de catastróficas eventualidades II

LUNA

Sala oculta. Noche de la Fiesta de las Eminencias 20 de Diciembre de 1996

—¿Torposoplos? —Hermione parpadeó, confundida y sacudió la cabeza en un gesto inconsciente, como si tratará de quitarse lo que fuera que tuviera en el pelo.

—En ese arbusto puede haber cualquier cosa, Granger, hasta toposordos de esos —dijo Malfoy mirando el pelo de la castaña con una ceja arqueada.

Luna, suspiró al ver que la puerta se cerraba detrás de su amiga y volvió a sentarse en el sofá en el que había estado segundos antes.

Hermione se acercó a ella caminando como podía con los brazos sobre el vestido roto.

—¿Qué haces aquí?

—Estaba buscando nargels cuando encontré esta habitación y me tuve que quedar.

—¿Por qué te tuviste que quedar? —Preguntó Hermione con paciencia.

—Porque si cierras la puerta no puede abrirse desde el interior.

—¿Qué? —Malfoy se abalanzó sobre ella y empezó a tirar del pomo con fuerza. Sacó la varita y apuntó —Alohomora —nada ocurrió — Aberto —la puerta continuaba sin ceder —Maldita sea.

Hermione puso los ojos en blanco y se sentó al lado de Luna.

—Que ropa interior tan bonita, Hermione — dijo con candidez — es muy Gryffindor.

La castaña se puso muy colorada y Malfoy se acercó a ellas con una sonrisa burlona.

—¿Lo ves Granger? Ya te dije que eran unas bragas bonitas.

—¡Malfoy!

—¿A ti también te gustan?

Preguntó Luna mirando a Draco fijamente sin parpadear hasta que él frunció el ceño incómodo, gruñó algo ininteligible y se sentó al otro lado de Hermione intentando ponerse todo lo más lejos posible de ella.

—Espero que Harry nos encuentre —volvió a decir con suavidad Luna, aunque ninguno le respondió y ella se sumió de nuevo en sus propios pensamientos.

La fiesta había empezado a ser un poco aburrida y ella perdió a Harry sin querer. Lo cierto era que no pudo evitar meterse tras las cortinas para buscar nargels. Todo el mundo sabía que a los nargels les gusta robar cosas a la gente y su padre siempre le decía que les encantaba esconderse tras las cortinas para no ser vistos y poder guardar sus pequeños tesoros antes de devolverlos.

Había sido divertido durante un rato, aunque le apenó mucho escuchar a Ginny discutir con su novio cuando se acercó hacia el lateral de la sala en dónde ellos se gritaban el uno al otro. Luna no entendía muy bien por qué eran novios si la chica se pasaba los días llorando ¿Acaso las relaciones no debían ser bonitas?

La gente complicaba todo demasiado.

Harry, por ejemplo, se tiraba días enteros observando a Ginny en la distancia y ella salía con Dean porque creía que Harry seguía enamorado de Cho. ¿Acaso no era dramático?

Luna prefería buscar animales fantásticos porque era mucho más divertido que todo ese rollo del amor y las lágrimas.

Como Hermione, que también lloraba cuando veía a Ron con Lavender, aunque todos sabían que él no estaba enamorado de Lavender, más bien era guapa y le hacía caso y la atención era algo que a Ron le gustaba demasiado.

Dando pequeños saltitos mientras pensaba en sus amigos, se había encontrado con Blaise Zabinni y Pansy Parkinson besuqueándose en un rincón y no pudo evitar mirarles asombrada antes de encogerse de hombros y volver a las cortinas. Eso si que no se lo esperaba.

Ella siempre había pensado que Parkinson era la novia de Malfoy ¿Sabría Malfoy eso? No es que a Luna le importara demasiado. Ella sabía muchas cosas de mucha gente aunque nunca se las contaba a nadie, no era como si a la gente le gustara mucho hablar con ella de todos modos.

Recorrió la pared, asomando la cabeza cuando escuchó los gritos de Cormac MacLaggen buscando a Hermione y volvió detrás de las cortinas cuando el chico se fue. Pobre Hermione, MacLaggen era muy raro.

Siguió buscando entre los pliegues de tela hasta que encontró el pomo de una puerta y la abrió.

Qué curioso.

Después de investigar habitación y comprobar que estaba completamente vacía a excepción de un sofá al fondo, volvió a la puerta pero, al intentar abrirla se dio cuenta de que estaba cerrada.

Intentó varios hechizos pero fue imposible de modo que, sin saber qué más hacer, Luna se sentó en el sillón, esperando que alguien, en algún momento, pasara por allí.

Unos quince o veinte minutos después la puerta había vuelto a abrirse y Hermione y Malfoy habían aparecido por allí.

Miró de reojo a ambos y se preguntó qué habrían estado haciendo para que ella apareciera medio desnuda, con el pelo revuelto y los labios hinchado. Luna no sabía mucho de chicos, más bien no sabía nada de ellos, pero si que había visto a sus compañeras de torre al regresar de algunos momentos íntimos y ninguna de ellas parecía tan… entregada como Hermione.

—Siento mucho haberos fastidiado la fiesta.

—¿Cómo dices? —Hermione, que también había estado en silencio, la miró sin comprender —no no Luna, yo huía de la fiesta.

—Me refiero a… ya sabes, vuestra fiesta —dijo señalando el vestido roto de Hermione y a Draco

—Oh Luna no no ¡No! —Hermione puso una mueca de desagrado — ni muerta.

—¿Qué coño dices Lunática? —Malfoy la miró como si se hubiera convertido de pronto en una banshee —¡No la tocaría ni con un palo!

—¿Cómo dices? —preguntó Hermione olvidándose de sujetar los bordes de su vestido roto y apretando los puños a ambos lados de su cuerpo se levantó.

—Lo que has oido Granger, que no te tocaría ni con un palo.

—Pues no era un palo con lo que me tocaste el trasero hace un rato ¡hurón! —exclamó ella furiosa acercándose más aún para fulminarle con la mirada.

—¿Te tocó el trasero?

—Oh sí

—No lo hice

Respondieron a la vez.

—Lo hiciste y además apretaste ¡Degenerado!

—Creo que esta fiesta es mucho más interesante que la de ahí fuera.

Malfoy y Hermione dejaron de gritar al instante y ambos se quedaron mirando hacia la puerta con distintas expresiones dibujadas en sus rostros.

La de Hermione de pura vergüenza y la de Draco de absoluta derrota.

—¿Qué más puede ir mal? —se le oyó murmurar.

ZABINNI

Sala oculta. Noche de la Fiesta de las Eminencias 20 de Diciembre de 1996

Blaise miró a las tres personas que tenía delante con una sonrisa maliciosa que no hizo nada por esconder.

Había pasado por la fiesta sin pena ni gloria, aburrido como un dementor en un cementerio.

Trató de encontrar algo de alcohol entre tanto ponche sin suerte, incluso intentó sobornar a uno de los camareros para que le consiguiera algo más fuerte, con la mala pata de que era un Hufflepuff que amenazó con denunciarle al jefe de su casa por querer beber alcohol dentro de la escuela.

Y luego no entendían por qué les odiaba medio colegio.

Probó entonces enrrollándose con Pansy y funcionó durante un rato, hasta que vio a su amigo Draco aparecer por allí como si nada y con toda esa elegancia de la que tanto se pavoneaba, se coló debajo de una enorme mesa llena de canapés.

Aquello le había jodido su sesión de besos con Pansy porque después de eso no había podido concentrarse y ella, sintiendo que no disponía de toda su atención, se había levantado y se había largado dejándole allí con un palmo de narices y la curiosidad insatisfecha.

Decidió seguir sentado esperando porque supuso que en algún momento su amigo tendría que volver a salir. Pero al pasar el tiempo sin que regresara, se preguntó si acaso había alguna entrada secreta en el suelo que no conociera y se dispuso a averiguarlo.

Ni bien se levantó para acercarse a echar un vistazo, una cabeza de cabello castaño y enmarañado salió del hueco que había entre dos manteles.

Ante su atónita mirada, Hermione Granger le contempló con horrorizada sorpresa y volvió a desaparecer tan deprisa que durante unos segundos creyó que se lo había imaginado.

¿En qué mundo Draco Malfoy estaría allí debajo con Hermione Granger? ¿Haciendo qué?

Todo aquel que conociera a Blaise sabía tres cosas acerca de él. La primera, que era mejor no interrumpir jamás su concierto matutino en la ducha, la segunda que nunca había que mencionar a su madre y la tercera que era simple y llanamente un auténtico cotilla.

Así que hizo lo único que podía hacer en una situación como aquella. Esconderse y espiar.

De ese modo fue como vio salir, con fascinado horror, a Granger de debajo de la mesa, más despeinada que de costumbre, con el vestido desabrochado y los labios restregados como si hubiera estado revolcándose con alguien.

Miró a su alrededor y, cuando estuvo segura de que no había nadie, golpeó la mesa y su buen amigo Draco salió como un miura arrasando con todo, o más bien con la chica ya que se la llevó por delante y cayeron en un desmadejado lío de brazos y piernas.

Algo ocurrió, Blaise no fue capaz de verlo, pero cuando aquel estúpido de MacLaggen empezó a llamar a gritos a Granger y ella se levantó, Zabinni entendió por qué Draco estaba debajo de aquella condenada mesa.

La sangre sucia tenía el vestido desgarrado y hacía gala de un cuerpazo impresionante.

Aunque Blaise entendía los arrebatos pasionales quitó cinco puntos mentales a su amigo por no hacer aquello en privado, sangre sucia o no, ante todo había que ser un caballero y uno no iba dejando en pelotas a una dama en medio de una fiesta por salido que estuviera, incluso si la dama en cuestión era Granger

Cuando les vio esconderse debajo de las cortinas, hizo lo único que podía hacer, seguirlos.

Y así fue como terminó entrando en aquella sala, esperando encontrarles retozando como conejos.

—Por Salazar, Granger, si llego a saber lo que escondías debajo de esa ropa amorfa…

Ella boqueó, se dio la vuelta y volvió a intentar taparse como pudo.

Murmurando insultos en dos idiomas distintos, Malfoy se quitó túnica que llevaba quedándose solo con una camisa de manga larga y se la tiró a Granger a la cabeza.

—Tapate joder, a este paso te va a ver las bragas medio colegio.

—Ohhh Draki —replicó Blaise con una enorme sonrisa — olvidaba que no te gusta compartir.

Incarcerus —Malfoy pronunció el hechizo casi con desgana — Silencius —¿Alguna de las dos sabe hacer correctamente un obliviate? —preguntó a las chicas — me cae bien, no quiero que se quede igual de tonto que Lockhart.

Blaise abrió los ojos como platos e intentó hablar mientras se retorcía contra las cuerdas que le apresaban.

—Ni lo pienses Malfoy —Granger se subió las mangas de la túnica que le estaba demasiado grande —no puedes utilizar ese hechizo con un alumno.

—Pues tú dirás —respondió Draco —pero este no sale de aquí hasta que no me asegure de que va a estar callado.

—¿Sois amigos no? —preguntó la castaña —si sois amigos no dirá nada.

—Blaise es más cotilla que tu compañera Brown. En cuanto salga por esa puerta se enterará todo Slythreine, la mitad de Ravenclaw y dos tercios de Hufflepuff, lo que hará que en cinco horas lo sepa hasta Dumbledore.

Ella frunció el ceño, como si realmente estuviera pensando en lo que estaba diciendo Draco y se planteara la idea de arrebatarle los pensamientos.

Zabinni empezó a sudar y negó vehementemente con la cabeza mirando a la Gryffindor con ojos de cachorro abandonado.

—No sé Malfoy, no parece tan malo.

Draco bufó aunque no llegó a decir nada porque la puerta finalmente se abrió de nuevo y alguien cayó encima de Zabinni porque, obviamente, no se había esperado encontrar allí a un maniatado compañero.

GINNY

Sala oculta. Noche de la Fiesta de las Eminencias 20 de Diciembre de 1996

Ginny se había escondido de Dean porque ya no aguantaba más.

Estaba cansada de las broncas, de las lágrimas y de estar con alguien a quien no quería solo porque la persona a la que amaba no le hacía caso. Eso no podía decir nada bueno de ella ¿Verdad?

Así que después de la madre de todas las discusiones, Ginny Molly Weasley había mandado al cuerno a su novio y había salido huyendo.
Vale, puede que aquello no fuera muy Gryffindor pero por una noche ya había tenido bastante.

Encontrar aquella puerta había sido maravilloso, hasta que se chocó contra algo que había en el suelo y entró literalmente de morros.

Podría haberse hecho daño de verdad si no hubiera sido porque estaba sobre una cosa blandita que amortiguó su caída.

Una cosa que se movía y gruñía intentando quitársela de encima.

—Perdón, perdón, no te había visto —se levantó casi de un salto ayudando al pobre infeliz al que había aplastado hasta que vio quién era y le soltó dejándole caer — Oh, eres tú —dijo con desdén sacudiéndose las manos

—¿Ginny?

Ella volvió la vista rápidamente hacia Hermione y Luna

—¡Hermione! —sin pensar muy bien en lo que hacía fue hasta la castaña y la abrazó —He roto con Dean —soltó a bocajarro.

—Oh vaya Ginny, lo siento —la abrazó con cariño y se sentó con ella en el sillón.

—Genial—Malfoy se pasaba las manos por el pelo y con un finite incantatem liberó a su amigo de las cuerdas y el encantamiento de silencio —Me preguntó cuanto tardará en entrar un Hufflepuff —masculló sentándose en el suelo al lado de Blaise.

—No había ninguno en la fiesta —respondió Luna, solícita —ningún Hufflepuff, me refiero.

—Draco tío, eres un imbécil —Zabinni se tocaba las muñecas aliviando la presión de haber estado atado — ¿Era necesario atarme y amordazarme?

—Deja que lo piense… sí.

Mientras, en el sillón, Ginny contaba a las chicas lo que había sucedido desde que llegó a la fiesta con Dean hasta que le había dejado exactamente diez minutos atrás.

—Siempre estáis discutiendo —Hermione le daba golpecitos en el brazo con cariño — esas relaciones no son sanas.

—¿Qué sabrás tú de relaciones? —masculló Malfoy desde el otro lado de la sala.

—Vaya Malfoy ¿Quieres que creamos que tú si sabes de relaciones? Sabes que tu relación con los hurones no cuenta ¿Verdad? Hablamos de relaciones hu-ma-nas.

—¿Nos quieres hablar de tu relación con el pobretón? —chasqueó la lengua —No espera, que solo está en tu cabeza.

—Maldito imbécil —Hermione se levantó dispuesta a arrancarle los pelos, pero Luna y Ginny la sujetaron

—Una fiera sin clase… la verdad es que estáis hechos el uno par el otro.

—Enhorabuena Granger —intercedió Blaise que parecía el más alegre del grupo pese cómo le había encontrado Ginny en un primer momento —Es la primera vez que veo celoso al Príncipe de Slytherin.

—¿Pero qué dices subnormal? —Draco le dio una colleja y miró a Hermione con los ojos entrecerrados y cara de pocos amigos. —Ya quisieras tú.

—¿Yo? Ja ¿Quién estaba hablando de mis bragas hace un rato Malfoy?

—Si no se las fueras enseñando a medio colegio tal vez no habría estado hablando de ellas.

—¿Lo veis? —Dijo Zabinni mirando a las otras dos chicas — Le jode que yo haya visto los… eh… atributos de Granger —la miró regalándole una de sus más devastadoras sonrisas —una visión estupenda si quieres mi opinión. Auch!

Draco había vuelto a darle, aquella vez más fuerte.

—¿Y vosotras qué hacéis aquí? —preguntó de pronto Ginny que no estaba entendiendo nada de la conversación y empezaba a desconfiar de aquella extraña reunión de casas.

—Yo buscaba nargels —dijo Luna con candidez —y me quedé encerrada.

—Si yo te lo cuento no me creerías así que digamos que es una historia muy larga que no se puede resumir—respondió Hermione.

—De eso nada —dijo Blaise feliz de poder colaborar —yo te lo puedo resumir perfectamente pelirroja. Aquí mi amigo Draco y tu amiga Granger estaban revolcándose debajo de una mesa de la fiesta, salieron, Draco se descontroló —en ese punto miró a su compañero con una mueca de fastidio — y en mitad de la sala la tiró al suelo y la dejó medio desnuda. Cuando llegó MacLaggen huyeron de él y vinieron aquí buscando intimidad pero Lunát… Lovegood y yo les hemos chafado el plan.

Se hizo un silencio tan absoluto que habría podido oírse el sonido de una aguja cayendo.

Silencius

En aquella ocasión fue Hermione quien cosió la boca del Slytherin.

— ¿Te das cuenta Granger? Yo tenía razón. En cinco horas se entera Dumbledore —le dijo Malfoy que había vuelto al sillón.

—¿Por qué llevas una túnica de Slytherin Hermione? —preguntó Ginny que aún estaba intentando procesar las palabras de Zabinni y empezaba a mirar a su amiga con atención, percatándose de las sutiles y no tan sutiles pruebas que confirmaban aquella extraña historia.

—Porque está medio desnuda —dijo Luna siguiendo en el mismo punto en que lo había dejado Blaise —creo que les interrumpí en un momento… íntimo —carraspeó delicadamente con las mejillas algo arreboladas —así que Malfoy le ha dejado la capa para que Blaise no le vea las bragas. Aunque como ya ha dicho él, lo hizo un poco tarde.

Hermione apoyó la cabeza en las rodillas y Draco se golpeó la frente con la palma de la mano.

—A ver comadreja menor —dijo Draco levantándose del suelo y acercándose a la pelirroja —¿En serio te crees que Granger y yo hemos estado metiéndonos mano debajo de una mesa?

—Pero Hermione ha dicho que le tocaste el trasero —apuntó Luna intentando colaborar.

Desde el suelo, Blaise luchaba contra el conjuro intentando decir algo.

—¿Hermione? —Ginny quería decir a Malfoy que no, que no creía que pudieran meterse mano ni debajo de una mesa, ni encima ni en ningún sitio. Pero Hermione seguía escondiendo la cabeza y ella se fijó en el pelo, el pintalabios, el sonrojo de sus mejillas, la túnica de Malfoy…

—Pues la verdad Malfoy es que tiene toda la pinta —se cruzó de brazos y frunció el ceño.

Él se dejó caer en el sillón una vez más al lado de Hermione, que seguía sin decir nada aunque por fin había levantado la cabeza y lloraba desconsoladamente.

—¿Hermione?

Todos se quedaron mirando a la castaña que se agitaba entre temblores mientras las lágrimas caían por sus mejillas. Se tapó la cara una vez más y, cuando Ginny estaba a punto de acercarse a ella y consolarla, o pedirla perdón o lanzar a Malfoy un mocomurciélago que le dejase pringando hasta que no le reconociera ni su madre, su amiga soltó una estruendosa e incontrolable carcajada.

Se limpio los ojos y siguió riendo mientras los demás se miraban unos a otros sin saber muy bien qué hacer.

HERMIONE

Sala oculta. Noche de la Fiesta de las Eminencias 20 de Diciembre de 1996

No podía parar.

Le dolía la tripa, los costados, y el pecho por no poder recibir la cantidad de aire suficiente para respirar. Se dio cuenta de que no quería morirse de risa ¿No sería ridículo morir de un ataque de risa después de todas las veces que había salvado el trasero en los últimos años?

Pero no podía parar.

La situación era tan bizarra que era incapaz de hacer otra cosa.

¿En qué momento se había complicado todo de aquella forma? Escuchar el resumen de Blaise había sido esclarecedor porque sabía, ella sabía que si hubiera estado en la situación de cualquiera de ellos habría pensado exactamente igual porque ¿Acaso las pruebas, todas ellas sin excepción, lo llevaban a pensar eso?

¿Cómo podía explicarles la serie de catastróficas eventualidades que les habían dejado en ese punto exacto?

Sencillamente era incapaz, así que cuando vio la cara de fastidio de Malfoy volvió a reír y aún rió más, sujetándose como podía las costillas cuando Luna, a su lado, soltó una risita que poco después coreó Ginny.

Sabía que ni siquiera tenían idea de qué le pasaba pero la risa debía ser contagiosa porque hasta Zabinni se revolcaba en el suelo llorando, sin poder reír abiertamente porque no tenía boca y Hermione le señaló con un dedo y casi se ahogó con sonidos más propios de una ballena herida que de una carcajada.

DRACO

Sala oculta. Noche de la Fiesta de las Eminencias 20 de Diciembre de 1996

Malfoy aun sentado en el brazo del sillón vio dónde señalaba Granger y, una vez más, quitó el conjuro de su amigo quien rompió a reír de forma desinhibida uniéndose a las tres piradas que lloraban carcajeándose como tres arpías dementes.

¿Pero qué les pasaba a todos ellos? Sonrió sin poder evitarlo porque las descontroladas risas de Granger eran ciertamente contagiosas, pero parecía ser el único capaz de tener algo de cordura así que decidió intervenir.

—Ya está bien —ordenó en un tono firme que exigía inmediata obediencia.

Todos rieron más aún.

—¡He dicho que ya está bien!

Y las risas aumentaron de volumen.

Granger, que estaba tan roja que parecía que iba a explotar en cualquier momento, se acercó a él sujetándose la tripa y apoyó la cara en sus piernas agarrándose a él como si buscara tranquilizarse y Draco dio un respingo odiando la reacción de su cuerpo ante el contacto de aquella impura.

La tomó de los hombros y la levantó hasta que sus rostros estuvieron separados por apenas cinco centímetros, sacudiéndola un poco para que le prestara atención.

—Para, Granger.

Ella había dejado de ahogarse y ya no lloraba, aunque de vez en cuando se le escapaba alguna risita y respiraba profundamente intentando calmarse.

—He dicho que pares.

Poco a poco la chica fue inspirando y expirando mientras se tranquilizaba, mirándole con aquellos simples y vulgares ojos castaños tan insípidos, se dijo Draco observándola contrariado.

Sabía que era una vil mentira, obviamente no era tan idiota como para mentirse a sí mismo, o sí, pero en aquella ocasión sabía que no eran insípidos ni vulgares, eran unos enormes y almendrados ojos chispeantes que le removían algo por dentro, algo en lo que no quería pensar. Y eso le hacía odiarla un poco más, porque él deseaba eso, deseaba esa calidez, esa chispa, esa alegría.

Era como un dementor, ávido de todos los pensamientos alegres que pudiera absorber, ansioso por conseguir empaparse de aquella frescura, de aquella inocencia, quería engullir esas risas y esa felicidad para sentirla como propia.

Entonces recordó por qué su vida era una mierda y la sacudió un poco más apretando con fuerza sus hombros.

—Malfoy me haces daño

El susurro de su aliento acarició sus labios y no pudo más que mirarlos. Se veían plenos, volptuosos y sensuales, estaban algo hinchados y húmedos, como si hubiera pasado la lengua sobre ellos más de una vez o los hubiera mordido. Pensar en la lengua de Granger hizo que algo se agitara, no en su corazón, obviamente no era tan idiota, si no en sus pantalones.

—¿Os dais cuenta? —la voz de Blaise rompió el erótico e inoportuno momento que estaba viviendo Draco y le trajo de vuelta a la realidad de golpe — Intentan negarlo pero no pueden sacarse las manos de encima ni en público.

—¿Pero qué estás haciendo? ¡Suéltala Malfoy!

La irritante y desagradable voz de Ron Weasley reverberó por aquella maldita sala que empezaba a ser claustrofóbica y Draco, con la única intención de tocarle las narices a la estúpida comadreja, atrajo a Granger hacia su cuerpo y la sentó en su regazo aferrándola con fuerza para que no se debatiera como supuso que haría.

Para su asombro ella se relajó y se abrazó a él, que se tensó en respuesta y tuvo que controlar las ganas de empujarla.

¿Qué hacía aquella loca?

—¿Hermione? —El pelirrojo boqueba como un grindylow ahogándose y su piel estaba del mismo color que su cabello — ¡Baja de ahí ya mismo!

Draco arqueó una ceja al escucharle y miró de reojo a Granger que miraba a su vez a su amigo con inocencia.

—Pero es que estoy muy cómoda aquí —replicó con aquel tono de sabelotodo que a Draco siempre le había sacado de quicio.

Se recolocó mejor en su regazo y él gruñó en respuesta, si seguía retorciéndose de esa forma y restregándole el trasero entre las piernas iban a dar mucho más que hablar de lo que ya habían dado.

—¡Es Malfoy!

La castaña se giró para volver a mirarle a los ojos y sonrió falsamente.

—Creo que ya me había dado cuenta.

—¿Hermione?

—El que faltaba —masculló Draco sin poder evitarlo —cómo no, San Potter al rescate.

El chico le ignoró, dobló un viejo pergamino y lo metió en su túnica.

—¿Estás bien? —preguntó mirando a su amiga.

—Muy bien Harry —ella sonrió.

—¡Diez puntos para Potter! —exclamó Blaise que hacía mucho que no metía baza en la conversación —Y menos diez para Weasley —sacudió la cabeza —lo tuyo no es el tacto.

—¿Cómo dices? —Weasley les miraba a todos como si se hubieran vuelto locos —¿Ginny qué está pasando aquí? —exigió mirando a su hermana en un intento de que alguien le hiciera caso.

—¿Por qué iba a estar pasando nada?

—¡Cuidado con la puerta Harry!

El chico se giró pero ya era tarde. Una vez más se habían quedado allí encerrados.

—Está rota —respondió Luna a la muda pregunta del moreno

—¿Qué hacéis todos aquí metidos? —preguntó colocándose las gafas, en un tono mucho más conciliador y tranquilo que el de su mejor amigo.

—Lovegood buscaba nagles cuando se quedó encerrada — empezó Zabinni.

—Son nargels —le corrigió la rubia con suavidad.

—Lo que sea —Blaise hizo un gesto displicente con la mano y continuó su relato, feliz de ser el centro de atención una vez más — estos dos —dijo señalando a Draco y Hermione.

—Zabinni —la mera pronunciación del nombre sonaba a amenaza.

—¿Qué? —el chico rezumaba inocencia —solo expondré los hechos a tus amigos, Granger —estaban haciendo algo de lo que no quieren hablar debajo de una mesa, los vi salir y tener una cierta… cercanía, cuando volví a ver a Granger estaba algo… desarreglada y les seguí hasta aquí porque, seamos sinceros ¿Malfoy y Granger metiéndose mano? Tenía que verlo con mis propios ojos. Después la pelirroja llegó huyendo de su ex novio y ahora estáis vosotros haciéndonos compañía a todos.

—¿Has roto con Dean? —preguntó Harry cuya atención había cambiado y se dirigía hacia la pelirroja.

—¿Metiéndose mano? —Preguntó ron gritando.

—¿Alguno de ustedes me puede explicar qué hacen aquí?

Draco se quitó de encima a la sangre sucia y se abalanzó sobre Snape que les contemplaba a todos con obvio disgusto.

Él, por suerte, no había cerrado la puerta.

—Malfoy —sus ojos reptilianos se fijaron en los de él —a mi despacho. Ya —Se giró a los demás —en cuanto a ustedes… déjenme contar —sonrió con cinismo —5 puntos menos para Ravenclaw, 10 puntos menos para Slytherin y 20 puntos menos para Gryffindor.

—Pero profesor —empezó a decir Harry.

—25 puntos menos para Gryffindor —interrumpió Snape —váyanse a sus salas comunes. La fiesta ha terminado.