Hola!
mariapotter2002: Voy a dar vueltas a tu idea de un post-Hogwarts, pero dime, ¿Nada más terminar?¿Antes del EWE? ¿Después? ¿Sobre qué rango de edad más o menos? Dime la franja de edad y veo que se me ocurre xD
luna maga: Espero que siga gustándote! gracias como siempre por seguir por aquí!.
: Mil gracias por tus palabras ^^
Besos y abrazos
AJ
Disclaimer: Todo el mundo de HP pertenece a JK, yo solo juego con los personajes.
PRIMERA PARTE. U1.0
Navidad II
HERMIONE
Aula de la Tercera Planta. Navidad, 25 de Diciembre de 1996
5:30 PM
Por tercera vez en los últimos diez minutos Hermione se acercó a la puerta del aula de la tercera planta y se dio la vuelta antes de tocar el pomo preguntándose qué demonios estaba haciendo.
¿Qué extraña compulsión la había empujado a ir hasta allí? ¿Por qué quería entrar en aquella estancia en la que, sabía, estaba solo él?
Se había dicho que era simple curiosidad, que era parte de la Operación Malfoy, que lo único que quería era averiguar si era un mortífago y lo que estaba haciendo.
Pero era mentira y lo sabía.
Por eso no se atrevía a abrir aquella puerta, porque sabía que, en el momento en el que lo hiciera, se estaría traicionando de alguna forma a sí misma, estaría traicionando a sus amigos y a lo que representaban porque ¿Qué clase de persona sería si cruzaba aquél umbral con el único propósito real de aplacar ese ansía recién descubierta que le provocaba Malfoy? ¿No sería acaso una deslealtad pensar únicamente en sí misma como mujer?
Volvió a mirar el anillo que llevaba en el dedo corazón y que no había querido quitarse y suspiró. Quería saber por qué le había regalado algo así, sabía que no simbolizaba nada, porque no tenían nada, pero ¿Quién era la persona especial que se lo había regalado? ¿Por qué había decidido dárselo a ella?
Sabía que era en pago por el libro de poemas, de algún modo imaginaba que Malfoy no quería sentirse en deuda.
Inspirando hondo y decidiendo que era la valentía era uno de los valores más importantes de los Gryffindor, abrió la puerta y entró en la sala con rapidez antes de arrepentirse de nuevo.
Al principio pensó que no estaba allí y se sintió estúpida por creer que le diría la verdad, hasta que le oyó.
— Pensé que finalmente no vendrías ¿La curiosidad ha sido demasiado para ti, Granger?
Le vio sentado al final del aula, en el suelo, entra las sombras.
—Quería saber por qué me has regalado esto —dijo ella mostrando la mano aunque sabía que él no vería nada a esa distancia.
—¿Por qué me has regalado tú el libro?
—Es Navidad —respondió Hermione con celeridad.
—¿No te vale la misma respuesta?
Ella se acercó, dándose cuenta de la tensión que se respiraba entre ambos, una tensión extraña, desconocida, diferente.
—No
—Lástima, es la que vas a tener —arrastró las palabras con un ligero tono de burla.
Ella resopló
—Pensé que te gustaría el libro, Ítaca es uno de mis poemas preferidos —dijo finalmente Hermione, claudicando.
—¿Quién es A.G? —preguntó Malfoy con fingida indiferencia.
—Era mi abuelo —dijo ella con una sonrisa sentándose al lado del chico aunque lo suficientemente lejos para no tocarse —él era una persona muy especial. Murió hace unos años, me regaló el libro el último cumpleaños que pasamos juntos.
—El anillo era de mi tía .
Respondió él, con una voz plana que Hermione nunca le había oído. No hablaba con desprecio, superioridad u odio, era posiblemente la primera vez que escuchaba simplemente a Draco y no a Malfoy.
—¿Bellatrix? —preguntó Hermione sintiendo que la sangre abandonaba su rostro.
Para su sorpresa Malfoy soltó algo parecido a una risita.
¿Malfoy riendo? ¿Por algo que no fuera robar dulces a un niño o lanzar un calvario a otro? Definitivamente algo no estaba bien
—Ni siquiera a ti te daría algo de mi tía Bella
—¿Andrómeda? —Hermione frunció el ceño, confusa — ¿La madre de Tonks?
—¿Tonks? —preguntó Malfoy —¿Te refieres a Nynphadora?
—Si te oyera llamarla así te despellejaría vivo —replicó Hermione riendo — lo odia.
—No, a Nynpha… Tonks, no la conozco y a su madre muy poco. La familia Black renegó de Andrómeda cuando yo era pequeño, aunque tampoco se llevaba bien con mi padre antes así que no venía mucho a casa—dijo encogiéndose de hombros.
—No sabía que tuvieras más tías. Siempre pensé que tu padre era hijo único, como tú.
—Todas las familias tienen secretos —murmuró él casi en un siseo —secretos de los que no se hablan, secretos que se olvidan.
—Imagino que esa tía de la que hablas era como Androméda ¿Verdad? ¿Una traidora?
—Sí —respondió él con sencillez —Solo que los Black repudiaban a los traidores o los squib. Los Malfoy… —torció los labios en una mueca cruel que parecía una sonrisa —acaban con ellos.
Hermione se llevó las manos a la boca
—¿Estás diciendo que la mataron? ¿Su familia?
—Su padre —continuó diciendo Malfoy sin inflexión en la voz —mi abuelo. Yo lo supe hace poco tiempo, siempre pensé que había muerto o se había ido. La última vez que la vi me dio eso —dijo señalando el anillo que ahora adornaba la mano de Hermione —se enamoró de un muggle, supongo que no es un mal regalo para una hija de muggles.
Hermione estaba tan confundida que no sabía qué decir.
—Una cosa por otra ¿No funciona así? —Volvió a decir él —Tú me diste algo que te importaba y yo, acepté tu libro y te di algo que me importaba a mi.
Aquellas palabras la sacaron de su estupor.
—En realidad no, no funciona así —suspiró sin poder evitar acariciar el anillo, como si con esa caricia tratara de llegar a la pobre mujer a la que asesinaron solo por enamorarse de quien no aprobaba el demente de su padre —Los regalos son solo eso, regalos. Yo no esperaba nada a cambio cuando te mandé el libro.
—¿Por qué no? —preguntó mirándola de pronto con las cejas fruncidas como si tratara de resolver un problema particularmente difícil de aritmancia —No lo entiendo.
Hermione dejó escapar el aire y sacudió la cabeza ¿Cómo era posible que tuviera tal carencia de educación emocional? ¿Había sido siempre así o criarse en esa horrible familia en la que un padre es capaz de matar a su hija por sus estúpidas creencias le había hecho de ese modo?
No era capaz de imaginarse a Malfoy de pequeño, siempre le había parecido un snob, petulante y odioso, pero lo cierto es que en algún momento fue un niño e imaginarse a un pequeño criándose en una familia así… le dio un escalofrío.
— Lo especial de un regalo es hacerlo sin ningún motivo, simplemente porque te apetece. Yo solo pensé que te gustaría ese libro tanto como a mi y por eso te lo di.
—Entonces tú te quedaste sin ese libro que tanto te gusta
—Bueno, sí —dijo ella.
—Y te quedaste sin él para dármelo a mi.
—Ahmmm sí —volvió a decir.
—Ahora yo me quedé sin el anillo para que lo tengas tú. Estamos iguales.
Hermione volvió a reír sin poder evitarlo.
—¡Pero no tienes que devolver un regalo con otro!
—Si no lo hiciera estaría debiendo algo.
—Creo que es imposible que lo entiendas pero ¿Sabes? La próxima vez que se me ocurra regalarte algo siempre puedes devolvérmelo con algo menos valioso
—¿Cómo qué? —Él de verdad se veía perdido en aquella conversación, se dijo Hermione.
—No sé, como ¡Una rana de chocolate! o ¡Una varita de regaliz!
—¿Qué clase de regalos son esos? —preguntó con disgusto
Hermione rió porque ¿Qué otra cosa podía hacer? ¿Cómo se le enseña a un niño mimado a ser agradecido sin más? ¿Cómo se le enseña a alguien que valora las cosas por los galeones que cuestan que, a veces, un simple detalle es mejor que cualquier joya?
—Gracias —dijo Hermione al cabo de un rato.
Malfoy solamente elevó un hombro con indolencia pero Hermione sonrió. Al fin y al cabo ¿Qué otra cosa podía esperar de él?
—¿Por qué has venido a esta sala? —de nuevo fue Hermione quien rompió el silencio.
El rubio no contestó. Tenía los ojos abiertos, con la mirada perdida en algún pensamiento o recuerdo que sólo él podía ver.
Era como si no se atreviera a decir nada más, cómo si quisiera quedarse así, en silencio.
De modo que Hermione le imitó y se quedó callada, intentando convencerse a sí misma de no hablar, de no volver a ser ella quien intentara mantener una conversación.
Pero se sentía incómoda. ¿Qué podían hacer realmente Draco Malfoy y Hermione Granger sin discutir o insultarse?
—No tenía otra cosa que hacer, además así no tienes que estar persiguiéndome por los pasillos —respondió, burlón.
—¿No te cansas de ser tan idiota a veces, Malfoy?
—Es parte de mi encantadora personalidad —respondió con mordacidad.
—Nunca entenderé por qué alguien que lo tiene todo se comporta de una forma tan… tan mezquina y cruel.
Draco soltó un bufido.
—¿Yo? Sí, lo tengo todo, sangre, dinero, poder… pero tú lo tienes todo fácil ¿Sabes? —dijo él finalmente con rabia apenas contenida.
—¿Yo lo tengo todo fácil? —Hermione soltó una seca carcajada —Soy un hija de muggles y una guerra está a punto de estallar, una guerra ¡Dónde quieren exterminar a la gente como yo!—soltó a bocajarro —¿Es serio crees que yo lo tengo todo fácil?
—¡No lo entiendes! —giró la cabeza para enfrentarse a ella en un movimiento rápido y curvo que le recordó al de una serpiente — Tu amigo San Potter, él es El Elegido, El Salvador, El Niño que Vivió —escupió con sarcasmo como si cada apodo fuera un insulto —todo el mundo le adora ¿Por qué no? —elevó las cejas en muda pregunta —él es el bueno ¿Y Weasley? —rió de forma brusca —Es un Weasley, los Weasley son buenas personas ¿No? Pobres como ratas, pero buenas personas pero ¿Qué hay de la gente como yo, Granger? ¿Qué opción tenemos? ¿Nott, Zabinni, Parkinson, Crabbe, Goyle… ¿Cuál es nuestra opción? Nosotros somos los malos ¿Verdad? Para eso hemos nacido —se levantó y con cada palabra elevaba más la voz —¿Quién nos pregunta qué queremos? ¿Quién nos deja elegir?
Hermione se levantó también y apretó los puños a ambos lados de su cuerpo, enfadada.
—¡Todo el mundo puede elegir!
—¡No es verdad! —gritó colérico —¡Yo no he podido elegir maldita sea! —En un arrebato de rabia, se levantó la manga de la camisa dejando al descubierto la Marca Tenebrosa —¿Crees que yo lo pedí? ¿Crees que yo quería esto? ¡Míralo! ¡Mira en lo que me han convertido! ¿Y sabes qué? ¡Sorpresa Santa Granger! No lo decidí yo.
Hermione se tapó la boca con ambas manos, ahogando un sollozo. Lo sabia, realmente lo había sabido porque Harry rara vez se equivocaba en estas cosas y porque algo en ella le decía que lo era, que él era un mortífago. Pero verle así, roto, furioso, absolutamente fuera de sí. ¿Sería él consciente de que estaba llorando?
Se bajó de nuevo la manga de un tirón y se agarró a un pupitre, agachando la cabeza entre sollozos y gritos.
—¡Yo no lo quería maldita sea! ¿Crees que a alguien le importó? ¿Qué alguien se preguntó si estaba bien conmigo? ¡A nadie le importó una mierda! —inspiró hondo y de nuevo volvió a levantarse, como si quisiera recomponer su orgullo de alguna forma y no fuera capaz — me marcaron como a un cerdo en una granja, Granger y ¿Sabes cuál era la otra opción? ¿Sabes que habría pasado si hubiera elegido? ¿Qué habría ocurrido si se me hubiese pasado por la cabeza negarme? —sonrió, una sonrisa sarcástica aderezada con lágrimas — Habría tenido el mismo destino de mi tía. Mi nombre arrancado del árbol de la familia y mi cabeza a los pies del Señor Tenebroso.
—Pero ¿Y ahora? ¿No tienes elección ahora?
—¿Qué elección tengo? Ahora soy un mortífago, soy uno de ellos —dijo las palabras con asco y miedo.
—No eres como ellos, Malfoy. No eres un asesino. No creo que lo seas.
—¿Ah no? ¿No es eso lo que todos esperan de mi? Ese es mi destino. El de tu amigo Potter es salvar el mundo, ser el héroe, a mi me ha tocado ser el siervo de un demente y un asesino.
—Habla con Dumbledore, con la Orden. Te ayudarán.
Rompió a reír como si el supiera un chiste que Hermione desconocía.
—Es tarde. Soy lo que soy
—¿Cómo puedes decir eso? —Hermione se sentía furiosa —¡Ahora tienes elección! ¿Que te detiene?
—¿Qué maldita elección? ¡Tienen a mi madre!
Hermione se quedó callada de golpe.
—¿Qué harías tú para proteger a tu madre, Granger? Están en mi casa. Todos ellos —se pasó las manos por la cara. Tenía el pelo revuelto y se veía agotado —Mi padre está en Azkaban y mi madre sola en Malfoy Manor con la loca de su hermana, el Señor Tenebroso y toda su jodida caterva de mortífagos —suspiró — y ella no tomó la Marca nunca, me aterra pensar que la obliguen también.
Hermione quería acercarse y tranquilizarle, su necesidad de hacerlo era tal que apretó los puños hasta que sintió cómo las uñas se clavaban en las palmas de sus manos. Sabía que él no podría soportar ahora el consuelo de nadie, menos aún el suyo.
—Siempre hay una salida, Malfoy. Podemos ayudarte, ayudaros
—Que pensamiento tan… —Gryffindor —espetó mencionándolo como si fuera un insulto.
—Malfoy, tienes la Marca y desapareces durante horas —se acercó a él para poder mirarle a los ojos —Tienes una misión, por eso te marcó ¿Verdad? Con tu padre en prisión es tu turno, eres el único Malfoy que queda y te toca terminar lo que sea que empezó Lucius ¿Es eso?
—Más bien es un suicidio —dijo tragando saliva.
Hermione lo veía. El miedo, la desesperanza, el horror que desprendían los ojos habitualmente fríos de Malfoy.
—No tengo elección, Granger. No la tengo.
—Y sin embargo aquí estás —dijo ella obligándole a mirarla —contándole esto a una hija de muggles a la que le has regalado el anillo de tu tía.
—Supongo que debería desmemorizarte.
—No sabes hacerlo —sonrió ella recordando que les había preguntado días atrás a ella y a Luna si sabían utilizar el hechizo desmemorizador.
—Podría intentarlo —aunque quiso sonar altivo no lo consiguió.
—Déjanos ayudarte Malfoy. Déjame ayudarte.
—¿Quieres pedirle a Potter que me ayude a mi? —Dijo con una sonrisa, como si saboreara aquellas palabras absurdas —creo que sería un momento digno de ver.
—Lo haría —dijo ella.
—Claro, lo olvidaba —entrecerró los ojos y aquella mueca Malfoy que tan bien conocía regresó —San Potter —espetó con enfado.
—Puede que Harry no te caiga bien
—Eso es un eufemismo.
—Y puede que sea mutuo —dijo cruzándose de brazos y mirándole de reojo con evidente molestia —pero él te ayudará y ayudará a tu madre. Te empeñas en ver a Harry de una forma equivocada y creo que lo haces del mismo modo en que nosotros te hemos visto a ti de la misma forma errónea.
—No te equivoques, Granger —siseó Malfoy molesto por la comparación —sigo siendo el mismo de siempre, no intentes pensar que soy lo que no soy.
—Oh créeme, hurón, no cometeré ese error.
Hermione pensó que se le veía algo menos tenso y se arriesgó a acercarse aunque no le tocó. Se dijo que seguiría hablando de eso en otro momento, era Navidad, no quería seguir hablando de guerra, de odio y miedo.
—¿Quieres hacer un picnic o prefieres ir a cenar al Gran Comedor?
—¿Un picnic? —preguntó Malfoy desconcertado por el brusco cambio de tema.
Ella asintió.
—Podemos hacer una incursión a las cocinas y subir a cenar a la Torre de Astronomía. Hay poca gente en el colegio y ¿Qué puede pasar? ¿Qué nos vea Zabinni? Creo que ya tiene su propia historia en la cabeza.
Él no dijo nada y Hermione quiso darse de bofetadas ¿Acaso eso sonaba a cita bajo la luz de la luna o algo así? Se sintió enrojecer. Su intención no había sido esa para nada. Al manos su yo consciente lo único que pensó fue que Malfoy tenía la cara enrojecida, los ojos hinchados y que su aspecto no era el mejor para ir a cenar con los demás, pensó que una pequeña aventura le ayudaría pero claro, no era Harry o Ron, era Mal-foy.
—Está bien —dijo el rubio sacándola de sus pensamientos —hagamos un picnic.
Hermione solo sonrió y pensó que ahora sabía por qué se había quedado en Hogwarts en Navidad. Esa era su propia misión, salvar a Malfoy de un destino oscur al que nunca debió ser abocado.
No era una gran misión como la de Harry, ella no debía salvar el mundo, solo a él, pero ¿Acaso si conseguía salvar una sola vida no sería algo increíble?
Dejaría el tema de ayudarle, por el momento. Tenía aún unos días para hacerle entender que ahora era la única opción que tenía.
BLAISE
Hall del Castillo. Navidad, 25 de Diciembre de 1996
7:30 PM
Blaise había tenido un estupendo día de Navidad.
Había sido diferente al resto de las navidades de su vida. Todo eso de pasarlo en el colegio y demás le había parecido fantástico. Lo de tener doce árboles decorados con acebo, muérdagos, y hadas era alucinante y el caminar por los pasillos acompañado de las armaduras cantando villancicos era lo más.
Lo único que lamentaba era que Pansy no se hubiera quedado, habría podido besarla debajo de cada muérdago mágico que hubiera encontrado. Le había escrito un par de lechuzas y le había mandado un regalo, pero esa bruja rencorosa aún no parecía haberle perdonado.
Ni siquiera eso le había fastidiado el día. Ya volvería y cuando estuviera allí no podría resistirse al encanto Zabinni.
Su amigo Theo era otro cantar, había estado un poco arisco, pero Blaise sabía que no era nada personal, solo que él odiaba aquellas fiestas y, después de arrastrarle a la cena de la noche anterior, al desayuno y a la comida de ese día y a un paseo por los jardines para hacer un muñeco de nieve, no había podido seguir tirando de él, se había plantado y le había mandado a cenar solo porque estaba cansado y quería quedarse leyendo en las mazmorras. ¿Quién se pone a leer el día de Navidad como si fuera un plan maravilloso? A parte de Granger, claro.
Pensar en Granger le hizo pensar en Draco y en que no les había vuelto a ver a ninguno de los dos desde la hora de comer. No ver a la leona era normal, pero no ver a Draco se le hacía raro ¿Dónde estarían quedando aquellos dos? Porque Blaise sabía que esos se traían algo entre manos, estaba seguro, se apostaría su Nimbus 3.5 a que se estaban liando por algún rincón y eso le parecía lo más divertido que había presenciado en mucho tiempo.
A diferencia de lo que creían el resto de sus compañeros, a Blaise le daba igual el estatus de sangre. Rodeado de serpientes como estaba y de hijos de mortífagos, había aprendido mucho tiempo atrás a sobrevivir y a adaptarse.
Así que se había mimetizado con el resto para pasar desapercibido y por eso todos pensaban que él, como amigo de Draco, odiaba a los sangre sucia y quería la aniquilación de los impuros.
Nada más lejos de la realidad
A Blaise le daba igual si los padres de Granger eran muggles e hipogrifos.
Y que el Príncipe de Slytherin acabara persiguiendo las faldas de la mejor amiga de Potter era justicia poética.
Estaba a punto de entrar en el Gran Comedor cuando les vio.
Bajaban cuchicheando hacia los Sótanos. No se agarraban de la mano ni coqueteaban, pero iban bastante juntos y parecían hablar sin insultos ni malos modos. De hecho Blaise juraría que había oído a Malfoy reír.
Sin siquiera pensarlo les siguió, como si fuera una rata y ellos el flautista de Hamelin, era algo imposible de contener, el ansía de saber, la necesidad de enterarse de lo que ocurría le carcomía por dentro y era incapaz de luchar contra la compulsión de fisgar que sentía.
Cuando les vio hacer cosquillas a la pera de la entrada de las cocinas chasqueó la lengua, contrariado y volvió a subir al Gran Comedor.
Viendo que Draco tampoco cenaría con él, cogió una de las enormes bandejas de la mesa, la rellenó con todo lo que encontró, agarró una gran jarra de zumo de calabaza y dos vasos y, haciendo que todo levitara, regresó a las mazmorras.
Theo no quería salir a cenar, perfecto, entonces Blaise le llevaría la cena porque si había algo que Blaise odiara tanto como no enterarse de un buen chisme, era comer solo.
Y silbando al ritmo que marcaban los villancicos de las armaduras, volvió a la Sala Común dispuesto a terminar el día igual de bien que lo había empezado.
DRACO
Torre de Astronomía. Navidad, 25 de Diciembre de 1996
8:30 PM
—Solía venir aquí a veces —dijo Draco mordisqueando una patata.
—Lo creas o no, no quiero escuchar sobre tus citas clandestinas Malfoy —replicó la castaña con burlona diversión.
—¿Celosa, Granger?
—En tus sueños, Malfoy.
En mis sueños las sangre sucias como tú ni siquiera existen la frase se pasó por su cabeza por pura costumbre y se mordió la legua para no soltarla, recordándose que estaba intentando cambiar ese hábito adquirido.
No tenía del todo claro por qué ahora pensaba antes de hablar, pero había empezado a hacerlo e incluso en su cabeza, llamarla sangre sucia empezaba a estar mal.
Ella le había hecho un regalo en Navidad, le había escuchado, le había ofrecido ayuda…
Eso no significaba que Draco fuera a aceptarla, pero estaba dispuesto a disfrutar de aquel remanso de paz por los días que durara ¿Por qué no podía aferrarse a ese resquicio de normalidad que ella le ofrecía aunque fuera solo una ilusión temporal?
Quizás nunca fueran amigos, pero podrían dejar de ser enemigos durante un rato, si nadie se enteraba ¿Qué podía haber de malo en ello?
—No quieres saber qué hay en mis sueños —dijo con picardía y media sonrisa.
Y lo cierto es que si aquella mojigata supiera lo que había estado soñando últimamente acabaría en San Mungo. En sus sueños le había hecho cosas que no creía que Granger supiera siquiera que eran posibles.
Ella se sonrojó.
—¡No seas idiota!
—Tú hablaste de mis sueños, no yo —respondió.
Hermione le tiró una patata a la cabeza.
—¿Por qué te has quedado en Hogwarts? —Preguntó Draco al cabo de un rato de silencio.
Ella le miró de reojo y se puso un poco más recta, frunciendo el ceño, como si pensara qué decirle o si decirle la verdad.
Finalmente inspiró hondo y Draco supo que iba a ser sincera.
Era curioso cómo había aprendido a leerla con el tiempo. Y más curioso fue darse cuenta de que no lo había aprendido en los últimos días, más bien había sido poco a poco, durante aquellos últimos años.
—Pensé quedarme para vigilarte —hizo una mueca y se encogió de hombros —pensábamos que eras un mortífago.
—San Potter, imagino.
—Harry es bastante observador.
—No sé si sentirme halagado por la atención.
—Bueno, decidí quedarme a ver qué averiguaba. Harry y Ron no estaban demasiado contentos con mi decisión pero yo… no sé, supe que tenía que quedarme.
—Qué extraño que no se quedaran contigo.
—Oh, Ron quería hacerlo, pero su madre le mandó un vociferador amenazándole con venir a por él hasta aquí y llevárselo de las orejas si no ponía su trasero en el tren a la voz de ya —rió al recordar el momento —Harry… bueno, a él no le dejé quedarse yo. Necesita tener unas navidades normales y en familia, él cree que no pero de verdad lo necesita, sobre todo ahora que no sabemos cuándo puede ser la última.
Draco se sintió incómodo ante aquellas palabras. Granger no era consciente de lo cerca que estaban de la verdad porque si todo salía como el Lord Oscuro había planeado, las próximas navidades serían un infierno en la tierra.
—¿Me hablarás de la misión que tienes? —preguntó ella recogiendo los restos de comida y sirviendo más zumo de calabaza en ambos vasos
—No —respondió con sencillez
—¿No quieres o no puedes?
Draco se encogió de hombros en un gesto displicente.
—Ambas.
—Por favor —dijo sujetándole de la muñeca en un gesto espontáneo que los sorprendió a ambos —piénsalo ¿Vale? Solo te pido que pienses en ello. Podemos buscar alternativas, no estás solo si decides pedir ayuda la vas a encontrar.
Draco no se apartó del contacto aunque su primer impulso fue quitar la mano de un tirón, empezaba a acostumbrarse al toque de Granger, era algo incómodo pero a la vez ligeramente cálido. Y Merlín sabía que, aunque no lo admitiría jamás, necesitaba algo de calidez en su vida.
—Claro —respondió sabiendo que no lo haría.
No tenía nada en lo que pensar. Su madre y él estaban en un serio peligro.
Era simple. No quería morir ni tampoco que la única persona a la que quería en el mundo muriera ,por lo que por mucho que le doliera, por mucho sufrimiento que sintiera y por mucho odio que estuviera pudriendo su ya de por si atormentada alma, haría lo que fuera para salir de aquello con vida, le pesara a quien le pesara.
Vio a Hermione levantarse y acercarse a uno de los arcos de la torre. Se agarró a la barandilla e inspiró hondo mirando hacia el exterior.
—A mi me gustaba venir a veces también.
—¿La perfecta prefecta saltándose las normas?
La vio sonreír de perfil
—Te sorprenderías, Malfoy. —señaló al exterior —Hay luna llena ¿No es increíble? —susurró —desde aquí se puede ver el lago negro como si fuera un espejo en el que ella se refleja. Como si fueran dos mundos paralelos saludándose. Como Alicia al otro lado del espejo.
—¿Quién es Alicia? —Draco no pudo evitar acercarse a ella, como si algo en sus palabras o el tono de su voz le empujaran a su lado.
—Es una historia muggle, un cuento —le miró con ojos brillantes —¿Quién sabe? Igual algún día te lo puedo regalar.
Draco puso los ojos en blanco
—No creo que vaya a hacerme coleccionista de libros muggles, Granger —sonrió ligeramente —aunque ahora ya sé que si me lo regalas podré devolverte el favor con un superhinchable.
Ella rió y sus orbes castaños refulgieron con algo parecido al regocijo.
—Me gustaba venir aquí a observar todo esto —volvió a decir —¿Cuántos estudiantes antes que yo estuvieron aquí mismo? ¿Cuántos han observado el mismo cielo preguntándose las mismas cosas que yo? ¿Estuvieron aquí los Fundadores? —se preguntó soñadora.
—¿Cuántos otros antes que yo vinieron aquí en una cita clandestina? —apuntó Draco —¿Cuántas brujas habrán perdido aquí su…
—¡No lo digas! —Se abalanzó sobre él y le tapó la boca —no seas animal, Malfoy
Se la quitó de encima con el humor achinando levemente sus ojos, aunque aquella vez no se limpió los labios por haber estado en contacto con la mano de ella ni hizo alusión alguna a su sangre o su toque.
—Mañana estaré en la misma sala, a la misma hora —dijo sin mirarla.
Hermione tampoco le miró al responder pero Draco sintió el calor de su brazo contra el suyo.
—Está bien —respondió en un quedo murmullo.
