Hola!
Cómo dije en los comentarios anteriores, el universo 2.0 era "sosito" pero necesario para la historia. Para quien no lo esté entendiendo, es un multiverso por lo que, para poder llegar a dónde quiero llegar tenéis que comprender las distintas realidades. Es fácil de comprender, si has visto Spiderman No Way Home, si no lo has hecho, hazlo, es más que recomendable.
No me explayaré con esta realidad, no es mi fuerte este ship así que perdonadme si soy más escueta, intentaré, no obstante hacerlo lo mejor posible en un OS.
Tenía escrito el siguiente capítulo, también un OS para seguir con la trama general... y se me ha borrado todo el archivo así que para mi desgracia (ya que me costó horrores escribirlo, tengo que hacerlo de nuevo lo que me llevará un poco más, porque tengo un mosqueo monumental)
Besos y abrazos
AJ
Disclaimer: Todo el mundo de HP pertenece a JK, yo solo juego con los personajes.
TERCERA PARTE U.3.0
DRACO
Sala Común de Slytherin. Mañana del 20 de Diciembre de 1996
Salió de las habitaciones buscando a Harry y se encontró con Theo sentado frente a la chimenea leyendo un libro de Hechizos avanzados.
—¿Has visto a Harry?
—Estaba con Pansy discutiendo algo sobre la clase de pociones en el Gran Comedor.
Draco puso los ojos en blancos y se dejó caer al lado de su amigo.
—¿Cómo estás Theo? ¿Has hablado con tu padre? —preguntó en un preocupado susurro.
Él suspiró y dejó el libro sobre el reposabrazos, sin despegar la mirada del fuego que crepitaba frente a él.
—Me escribió —frunció el ceño, como si tratara de recordar las palabras de la misiva —fue escueto, quiere que vaya a la mansión en Navidad.
—¿Vas a ir?
—No —se cruzó de brazos, corroborando la negativa con un gesto de su cabeza —no pienso convertirme en uno de ellos Draco, prefiero estar muerto.
El eco de las palabras de Theo se quedó reverberando sobre ellos como un requiem que les erizó el vello de la nuca.
Ambos sabían que no había lugar en el que huir de el Señor Tenebroso, nadie lo había logrado nunca y la consecuencia de desobedecer siempre era la muerte.
—¿Y tú? —Preguntó Theo
—Quieren que vuelva —sonrió de lado —quieren que termine la misión que me encomendaron y darme la marca —se estremeció
—¿Lo harás?
—La misión es entregarles la cabeza de mi novio en bandeja de plata y arreglar un armario evanescente para que mi tía entre al colegio… ehhh, déjame pensar… no, obviamente no voy a hacerlo. No voy a volver.
—¿Qué vas a hacer?
—Hablar con el viejo. Harry me dijo que Dumbledore me ayudaría. Tal vez quieras venir conmigo, Merlín sabe que te extenderá esa ayuda a ti si la solicitas.
—Está bien, por lo menos no moriré solo —dijo con una cínica sonrisa.
Draco le dio una colleja y rió con él.
—Sinceramente Nott, preferiría no morir contigo, es más, preferiría no morir en absoluto.
—Si no te hubieras liado con El Elegido, no te estarían soplando en la nuca ahora.
—¿Cómo iba a saber yo que esto acabaría así? Pensaba que El Señor Oscuro estaba muerto cuando conocí a Potter.
—Sí, bendita la hora en la que le tendiste la mano —puso los ojos en blancos —me pregunto qué hubiera pasado si no te la hubiese estrechado.
—¿Quién sabe? Tal vez habría terminado en Gryffindor —respondió estremeciéndose con dramatismo.
—Seguramente sí —replicó Theo volviendo a coger el libro —dada la insana amistad que parece tener con el pelirrojo y la sangresucia no me extrañaría que hubiese encajado bien con los leones.
Draco se levantó negando con la cabeza
—Harry nunca hubiera encajado en Gryffindor.
Salió de las mazmorras y subió hacia el Hall pensando en lo que le había dicho a Theo. Sí, lo tenía más que claro, no volvería a casa en Navidad, no iba a entregarles a Harry bajo ningún concepto así que la única opción era hablar con el viejo director y pedir ayuda. Le jodía, por mucho que lo hubiera pensado y supiera que era la conclusión más lógica y la más segura, era una patada en su orgullo y le costaba tragarlo, pero lo haría.
Cuando llegó a la mesa de Slytherin saludó a sus compañeros y tomó asiento al lado de Harry.
—Hola —le dijo el moreno con una sonrisa colocándose las gafas —¿Te ha costado despertarte?
Él sonrió de medio lado y le tomó la mano por debajo de la mesa, acariciándole la palma con el pulgar hasta que las mejillas de Harry se colorearon.
—Anoche me dormí muy tarde.
—No deberías trasnochar.
—Quizás alguien debería decirle a mi novio que necesito descansar más.
Pansy, al otro lado de Harry les miró furibunda.
—Ya chicos, sois muy molestos.
—Te noto irritada querida —dijo Draco alzando una perfecta ceja rubia en muda pregunta.
—Me irritais.
—Theo le ha vuelto a dar calabazas —susurró Harry ganándose un pellizco de su amiga.
—¿Por qué no vas un ratito a jugar con tus amigos los leones?
—Venga Pansy, no son tan malos.
—No puedo entender que el sombrero seleccionador te pusiera en Slytherin
Harry rió, se levantó del banco y apretó el hombro de Draco en un gesto de cariño.
—Voy a hacerla caso e iré a la biblioteca, me gustaría hablar con Hermione.
Cuando se marchó, Draco no pudo evitar mirar cómo se alejaba de forma posesiva. Había sido toda una sorpresa y una revelación cómo lo que había comenzado siendo una simple amistad infantil a los once años, había ido derivando en algo más profundo, más difícil de comprender, más inmoral.
Porque él era un Malfoy y los Malfoy son Slytherin, los Malfoy se gradúan con las mejores notas, los Malfoy se casan en un matrimonio ventajoso que ayude a mantener el estatus social y la pureza de la sangre. Los Malfoy se reproducen y traen al mundo a la nueva generación Malfoy.
Ese era el mantra que había aprendido casi mientras empezaba a hablar, eran las normas no escritas de su apellido, las responsabilidades que venían con la riqueza y el poder.
Pero Draco no sacaba las mejores notas y, a los catorce años se había dado cuenta de que no quería casarse con una bruja sangre pura que le ayudara a perpetuar su linaje.
A Draco ni siquiera le atraían las brujas, él se sentía atraído por su amigo Harry, por su valentía nada propia de una serpiente, por su buen carácter, por su sentido del humor, por su cuerpo y su rostro… Draco empezó a pensar que había algo mal en él cuando anhelaba estar cerca de Harry para deleitarse con el olor de su piel recién salido de la ducha, para recrearse cuando se rozaban sus manos en el Gran Comedor al coger un trozo de pan del cesto de la mesa, para erizarse cuando estudiaban juntos, cabeza con cabeza entre murmullos en la biblioteca.
Vivía anhelando esos momentos compartidos, momentos prohibidos que eran ilícitos e indecentes. Había llorado innumerables noches encerrado tras los doseles de su cama, sintiendo que algo andaba mal en él. ¿Qué le pasaba? ¿Por qué no podía gustarle Pansy o Daphne? ¿Por qué no podía ser normal? Quería que su padre se sintiera orgulloso de él, quería hacer feliz a su madre y sabía que, si no cambiaba, si no arreglaba lo que fuera que tenía roto, nunca podría ser lo que esperaban que fuera.
Y lo intentó.
Intentó ser el hijo perfecto, el amigo perfecto y el novio perfecto. Pero aunque Pansy era preciosa no despertaba nada en él. Ella puso todo de su parte, sin embargo, aquellos besos eran fríos y húmedos, se sentían vacíos e incorrectos. No obstante, pese a todo, trató con todas sus fuerzas de hacer lo que debía hacer, de ser quien tenía que ser.
Hasta que todo cambió unos meses atrás.
Él había regresado a Hogwarts después de un verano de mierda en el que le habían entrenado en oclumancia y duelos, le habían torturado y le habían encargado la misión más importante con la que El Señor Tenebroso había obsequiado nunca a su familia: Atrapar al Elegido y llevarlo a Malfoy Manor.
Era sabido que Potter y él se habían hecho amigos desde primer año y le había costado a draco todo aquel tiempo descubrir que el único motivo por el que su padre lo había permitido era tener cerca al enemigo, vigilar a Harry hasta que fuera necesario para sus fines.
Draco había vuelto con esa misión a sus espaldas, con la angustia, el miedo y el tormento que le causaba saber que si quería seguir vivo tenía que sacrificar lo único que realmente había querido durante toda su vida, lo único que le era prohibido.
Y un mes después de regresar Harry le había encontrado en el Baño de los Prefectos llorando después de un partido de quiddich. Habían ganado contra Gryffindor y ni siquiera había podido ir a celebrar la victoria cuando Harry había ido a buscarle. Le dejó con la palabra en la boca y se marchó, era incapaz de mirarle a la cara, incapaz de ser el de antes, se sentía asqueado de sí mismo, lleno de rabia, de desesperación y de la más absoluta derrota.
Se sentía perdido, fuera de lugar, lleno de congoja y desesperanza.
Y Harry, siendo Harry, se había preocupado y le buscó, le buscó durante más de una hora hasta que le encontró rodeado del caos que había formado a su alrededor ya que, cuando había llegado, destrozó todo lo que encontró a su paso. Estaba en el suelo inundado, con la varita en la mano, uno de los puños manchados de sangre y el pelo cubriendo su atormentado rostro. Llorando y lamentando su suerte, su vida, su apellido y su sangre.
Aquel día Draco entendió dos cosas.
La primera que él no era el único capaz de esconder sus sentimientos, que no era el único que se había visto atormentado por una atracción imposible. Aunque en el caso de Harry su temor no era por el rechazo que pudiera generar que él fuera diferente a la norma social establecida, o a que le dieran de lado por sentirse atraído por un chico, no, a Harry le preocupaba que Draco rechazara sus sentimientos ya que, hasta dónde él sabía no tenía los mismos gustos que él.
La segunda fue que no era un bicho raro, que no era anormal ni poco hombre por tener sentimientos de ese tipo hacia un chico en lugar de hacia una chica. Harry le habló durante horas de sus propios miedos, de sus inquietudes, de lo fácil que había sido para él aceptar su sexualidad gracias al apoyo incondicional de la gente que le quería.
Harry se había dado cuenta como él, cuando sintió que su relación cambiaba de forma incomprensible, cuando se dio cuenta de que lo que sentía por Draco era algo más. Y habló con Granger y el pelirrojo y les contó su turbación, esperando quizás un rechazo de su parte, pero solo encontró comprensión, cariño y aceptación sin medida.
Así que Draco se encontró hablando con aquellos dos Gryffindor que, contra todo pronóstico no solo le recibieron con alegría sino que también le ayudaron a comprender que querer a Harry no era algo malo, que su relación era posible, pese a todo.
Más tarde Theo y Pansy también fueron un gran pilar en aquella nueva etapa que decidió emprender junto a Harry y, aunque nadie más en todo el castillo sabía de la relación que mantenían, así era perfecto. Necesitaban tiempo, sobre todo con la espada de Damocles que pendía sobre la cabeza de Draco, con el miedo de una guerra próxima y con la inseguridad que rodeaba al mundo en aquellos días.
—Draco por Merlín —dijo Pansy llamando su atención — no seas tan obvio
Él parpadeó y enfocó la mirada hacia su amiga que rodó los ojos y chasqueó la lengua con molestia.
—Si sigues así tu secreto será un secreto a voces.
—No seas pesada —le respondió sirviéndose unos huevos revueltos con salchichas.
—No digas que no te lo advertí —se levantó con elegancia y salió del Gran Comedor dejándole desayunar en soledad.
HERMIONE
Biblioteca. Noche del 31 de Diciembre de 1996
—¡Blaise! —gritó hacia las escaleras que daban a las habitaciones de los chicos —¿Vas a bajar de una vez?
—Ya voy —su amigo bajó a la pata coja calzándose una deportiva y maldijo cuando casi se cae —¿Dónde están las prisas Hermione?
—Vamos a llegar tarde —replicó ella con molestia —odio llegar tarde.
—Sabía que era un error quedarme contigo en Navidad.
—No seas bocazas Blaise, sabes que te morías de ganas por quedarte aquí.
—Sí, seguro —dijo poniendo los ojos en blanco —estoy pletórico.
—Estás molesto porque Ginny se ha ido y porque no nos han invitado este año a la Madriguera.
—Sabes que no están en Londres estas navidades —respondió Blaise saliendo por el retrato de la Dama Gorda.
—Lo sé, pero creo que a ti se te ha olvidado, estás muy irascible desde que se fueron.
Él solo suspiró y bajó con ella por las escaleras.
—Estás muy guapa, Hermione
Sonrió, sabía que era un intento de desviar el tema. Blaise podía ser encantador cuando se lo proponía, razón por la que Ginny había caído enamorada de él en su primer año.
—Si Ron se hubiera quedado habría abierto los ojos de una vez al verte —continuó su amigo.
—Por ahí no Blaise, no vayas por ahí. Ron jamás me verá como algo más que como la amiga que le saca de apuros y le hace los deberes.
—Vamos Hermione, no digas eso.
—Sabes que es cierto, él no me ve así.
—Ron no es tonto, además él siempre tiene esa expresión embobada cuando hablas.
—Eso es porque no entiende ni la mitad de lo que digo —replicó ella con malicia.
Blaise solo rió sabiendo que solo lo decía porque estaba molesta con la actitud de su amigo.
—Vamos a ver a Harry —dijo cuando entraron en el Gran Comedor —mira, allí está.
Se acercaron donde estaba el moreno acompañado de Nott y Malfoy.
—¿Estáis solos? —les preguntó Harry en cuanto llegaron.
—Sí —Hermione le dio un beso en la mejilla y sonrió —Bueno chicos, la última noche del año —suspiró —¿No creéis que es un momento especial?
—No especialmente —dijo Theo encogiéndose de hombros.
—Es como llegar al final de un libro y tomar otro para comenzar. El año empieza lleno de posibilidades, de momentos que esperan a que estemos ahí para elegir, para decidir… es tan bonito.
—Voy a ver si encuentro algo más fuerte que la cerveza —murmuró Theo dándose la vuelta y murmurando algo que sonaba sospechosamente a Dios me libre de los Gryffindor y su feliz optimismo.
—Vuestro amigo es un poco peculiar
—No está pasando un buen momento —replicó Harry —creo que iré a hablar con él ¿De acuerdo? —preguntó a Draco.
—Claro —respondió él.
—Yo también voy a buscar algo para beber —dijo Blaise marchándose y dejándola sola con Malfoy.
—Quisiera hablar contigo —le dijo el rubio tomándola por sorpresa.
—Por supuesto —respondió invitándole a hablar con un ademán.
—No, no aquí, realmente es importante ¿Podemos salir?
—Sí, vamos
Salió con él y comenzaron a caminar inconscientemente hacia la Torre de Astronomía.
—¿Qué ocurre?
—He recibido una carta de mi padre.
—¿Cuándo? —preguntó con obvia preocupación.
—Hoy
—¿Lo sabe Harry? —él negó —¿Por qué no se lo has dicho?
—Es Nochevieja, está feliz… no quiero joderle la fiesta realmente.
—¿Qué dice la carta?
—En resumen que van a ir a por mi y que mi elección de bando no quedará impune.
—Hay que hablar con Dumbledore
—Sí, de eso quería hablar contigo ¿Puedes hacerlo tú? Es decir, ¿Puedes acompañarme a hablar con él?
—Draco, Harry….
—No, Harry no tiene que saber esto, no quiero que lo sepa.
—¡Tiene derecho a saber que te han amenazado Draco! Tiene derecho a saber que estás en peligro.
—No Granger, he venido a pedirte que me ayudes ¿Vas a hacerlo? —preguntó de aquella forma autocrática y despótica que tanto le recordaba a los primeros años de colegio.
Hermione suspiró con cansancio.
—Está bien, lo haré, pero no me gusta ¿Vale? Quiero dejar claro que Harry se enfadará cuando se entere, porque se enterará y te culparé de esto.
Él sonrió y se aferró a la barandilla de la torre.
—Es bonito ¿verdad? Nunca me había parado a pensar en esas cosas
—¿En que cosas? —preguntó ella poniéndose a su lado
—En cosas como el cielo en una noche estrellada, en cosas como lo hermoso que se ve el Lago Helado desde aquí. Siempre he dado por hecho todo lo que tengo a mi alcance, como si fuera un derecho que me pertenece y ahora…
—Ahora que ves que todo puede terminar en cualquier momento te paras a observarlo y lo ves.
Se giró a mirarla y sonrió, colocándole un rebelde mechón de cabello castaño tras la oreja.
—Sí.
—¡Escucha! —exclamó ella cuando el reloj de la torre empezó a sonar —¡Oh Dios mío! ¡Es media noche!
Hizo amago de irse pero él la retuvo por la muñeca.
—No llegaremos al Gran Comedor antes de que acaben las campanadas, no quiero empezar el año corriendo por los pasillos. Quédate conmigo, cómo has dicho antes los comienzos son importantes. Tú eres importante para Harry, estará bien si empezamos el nuevo año juntos ¿No crees?
—Está bien —se puso a su lado e inspiró hondo, contando las campanadas con los ojos cerrados —¡Feliz Año Nuevo! —gritó cuando sonaron las doce campanadas y se abrazó al rubio jubilosa.
Él rió con ella y silbaron hacia los terrenos.
—¡Espera! —Hermione sacó de un pequeño bolsito un silbato de color rojo y se lo mostró —es un poco muggle.
—¿Qué es eso?
—Una especie de silbato que se ilumina, se usa en las fiestas o en los partidos y esas cosas.
—¿Partidos de quiddich?
—Hmmm más o menos.
Hermione usó el silbato pero no sonó nada.
—Qué raro —dijo mirándolo con el ceño fruncido.
—¿No debería sonar?
—Sí… me lo regalaron Fred y George el otro día.
Draco la miró con preocupación.
—¿Te han dicho exactamente para que sirve?
Hermione, viendo la cara del rubio y conociendo a los gemelos también se intranquilizó.
—No realmente.
—Hora de irse —dijo Draco dándose la vuelta.
—Será lo mejor.
No bien hubo dado un paso el viento azotó la torre y Hermione cayó al suelo.
—¡Hermione! —gritó Draco intentando hacerse oír sobre el rugido ensordecedor del huracán que se había comenzado a formar junto a ellos —¡Coge mi mano!
—¿Qué está pasando? —Se agarró a él e intentó incorporarse.
—No lo sé, pero no quiero averiguarlo —replicó Draco tirando de ella.
—¡Oh Merlín! —dijo Hermione señalando un punto tras la espalda de él.
—No quiero saberlo —respondió el rubio.
No llegó a levantarla porque un enorme agujero negro se los tragó y flotaron durante unos segundos en la más absoluta oscuridad hasta que la sacudida brusca de la aparición tiró de ellos y los arrojó de nuevo a la torre.
—¿Dónde estamos? —Preguntó Draco que estaba en el suelo junto a ella.
—No lo sé… pero esto no es nada bueno.
Cuatro pares de ojos le devolvían la mirada y Hermione deseó no haber soplado nunca aquel maldito regalo Weasley.
