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"—¿Cómo te sientes después de este tu día de debut en Funny Girl?"
"—¿Qué opinas de lo que tus compañeras de Glee hablaron de ti?"
"—¿Es verdad que has dejado de ser la odiosa diva de hace años?"
"—¿Usarás tu privilegio de estrella para atormentar a los demás?"
La morena sonreía a todos los medios de comunicación que le hacían preguntas incómodas y con solo el fin de atacarla. Sabía que así serías las preguntas a partir de ahora, y tenía que aceptarlo, había cometido el peor error en su vida. Lo único que le quedaba era sonreír, mostrarse más amable, abierta y volver a los escenarios demostrando su enorme talento. Sólo así dejarían de hablar del tema y olvidarlo por completo.
Hoy, en su día de estreno de Funny Girl se sentía con más libertad, luego de que años antes; Samanta, Ámber, Alex, Heather, Kevin y otros más del reparto hubieran reaccionado como lo hicieron, dejándola ver como una chica conflictiva, prepotente y altanera. También aseguraron el vivir un infierno en las locaciones gracias a ella. Y gracias a todos esos escándalos, había perdido el apoyo de todas las marcas que la representaban. Se sentía una tonta por haber actuado como esa adolescente a la que se le había subido la fama, sin embargo, había meditado lo suficiente para aceptar sus errores.
Así pues, su representante le aconsejó que hiciera un comunicado público en sus redes sociales pidiéndole perdón a la chica, reconociendo sus faltas y prometiendo reflexionar para ser una mejor persona, y luego, personalmente, arreglarlo con todos los afectados. Así lo hizo, y después, decidió darse un descanso alejándose de la farándula para dedicarse a su hijo, puesto que, unado a todo eso, su embarazo había sido complicado, y el acoso constante en las redes sociales tirándole cualquier número de palabras de odio, no hizo más que afectar su estabilidad emocional, además de bajar sus defensas y poner en riesgo a su bebé. Así que tomó con cautela el volver a cualquier tipo de escenario, bloquear los comentarios en su Instagram y cerrar en definitiva su Twitter, donde había el mayor número de ataques. Los últimos dos años quiso pasar el mayor tiempo posible con el pequeño Ever Leo, volver a su vida fitness, y si se podía, acompañar a Zandy en sus negocios. La fama seguiría allí, pero su tranquilidad se había visto mermada, además, había desarrollado ataques de pánico, que poco a poco fueron disminuyendo.
Su vida había cambiado después de los 10 años que había dejado ese set de grabación, había decidido ser una mejor persona acudiendo a terapia, y conocer a su esposo, Zandy Reich le había ayudado bastante, y por supuesto, Ever Leo.
En ese entonces, durante su estadía en Glee, su actitud había cambiado después de su separación con Dianna Agron, y la repentina y dolorosa muerte de Cory Monteith. Todo su mundo se había desmoronado en ese entonces. Su vida había cambiado, ella había cambiado. Había dejado de ser la chica alegre, amable, social y cariñosa que había sido. Había cerrado su corazón, y desgraciadamente, lo único que sí había salido a la superficie, era esa actitud de diva y de chica problemática.
Ahora estaba decidida a tomar un segundo aire y enmendar todo, y el primer paso era retomar su carrera en Broadway. Lo había hablado con Zandy, y él había aceptado su insistencia en hacerlo. Creía fielmente en ella, y en su grandísimo talento.
—Sin duda, me encontraba sumamente nerviosa, hace años que no hacía algo así de importante. El interpretar el papel tan icónico de Barbra Streisand ha sido un verdadero honor, y, además, el haber cumplido el sueño de Rachel Berry, se volvió un eufemismo—sonrió genuinamente. — Y después del problema del que todos saben, temas delicados sobre mi ex compañera de elenco, me sentía con la necesidad de alejarme un poco de los escenarios como expiación a esas actitudes. Me siento más segura, una mejor persona, y una mejor madre para Ever Leo. Así que venos aquí. Gracias por acompañarme, pero tengo que retirarme.
Educadamente, y sin dejar de sonreír, se dirigió hacia su camerino dejando de lado contestar todos los ataques y no caer en los mismos errores. Respondió simple y conciso, como se lo pidieron los altos mandos.
Ya se encontraba agotada, pues ya había pasado demasiado tiempo en que no llevaba una rutina tan ocupada y cansada a la que estaba siendo sometida los últimos meses. Entre la pequeña gira que estaba haciendo con sus conciertos, los ensayos, las entrevistas previas, las redes sociales felicitándola, y otra gran parte odiándola, su último mes había sido tan difícil. Poco o nada había podido estar con su hijo, pero entendía que así era la vida de una estrella y eso seguiría siendo lo que le hacía sentir más viva que nunca, subirse a un escenario.
Abrió la puerta, y gran parte de sus compañeros que estaban esperándola, le aplaudieron y tiraron porras dirigidas hacía ella.
—Haz estado genial, estrella—JGroff también estaba allí, y lo único que a la pequeña se le ocurrió para soltar los nervios que la aquejaban, fue salir corriendo hasta él, abrazándolo y recibiendo el tan ansiado beso en la frente que siempre tenía dispuesto para ella. — Dejaste maravillado a todos. El crítico del New York Times estaba extasiado, dijo: "No hay otra persona que pudiera ser la nueva Fanny Brice". Te lo dije, tú perteneces a Broadway— él sonrió mientras Lea dirigía su vista al piso mordiéndose el labio— ¿Cómo te sientes? ¿Lista para ganar un Tony?
—Eres un bobo, sabes perfectamente que aún no soy candidata a eso—le dio un pequeño golpe en su brazo— Aunque sin duda, es el primer paso para también tener uno, como tú, no demerites que eres toda una estrella de la ciudad de los sueños—le recordó dirigiendo su vista a todos lados— ¿Dónde está Leo?
—No te preocupes pequeña, está con Zandy. Leo empezó a preguntar por su peluche preferido, y no hubo otra más que ir al coche por él.
—Puff, supongo que tanta gente no le hizo bien y es hora de comer… necesita comer, ya pasaron siente horas con veinticinco minutos— empezó a soltar su verborrea como ya era costumbre de su parte—. Además, es muy pequeño aún, seguramente me extraña— la preocupación de madre de los últimos meses se hacía presente, después de lo que había pasado con Ever Leo por su difícil nacimiento, le costaba un mundo dejarlo solo. Necesitaba tenerlo allí con ella.
—No te preocupes Lee, él es fuerte.
—De acuerdo, pero si…—respondió no muy convencida.
—Basta, además, mira, todos te han tratado de mandar un poco de amor. Todo eso es tuyo. Sigues siendo muy popular entre los fans, siguen creyendo en ti, que es lo más importante. Disfrútalo.
Lea giró a su alrededor descubriendo una decena de arreglos florares; unos tantos de sus seguidores, y otros más, de sus más allegados y seres queridos, sin embargo, fue uno, ese uno que más le llamó más la atención. El ramo enorme que tenía por lo menos 50 Gardenias que sobresalía de entre los demás. Lentamente, y sintiendo como su corazón latía a mil por hora, se acercó a él. Tenía un presentimiento, o mejor dicho, sabía quién era la única persona que podía haberle hecho llegar eso. Ni siquiera Zandy sabía que amaba con locura esa pequeña flor blanca con olor tan exquisito, solo una persona de la que no había tenido contacto por cinco largos años. Tiempo atrás, lo había estado esperando con ahínco, pero al pasar los años, simplemente fue perdiendo la fe. Y hoy después de bastantes años, estaba allí. Buscó la dedicatoria, pero había un simple: "Fuiste, eres y serás siempre la estrella más reluciente de toda la Galaxia. Felicidades Lea Michele, estás de vuelta en tu ciudad y con tu gente. Sigue siendo tan impresionante verte arriba de un escenario". Soltó la nota sobre la mesa, y dejó salir un sonoro suspiro.
—¿Es de quien creo que es? —Jonathan le preguntó desde las espaldas observando como Lea aprisionaba su pecho con ambas manos por la impotencia que empezaba a atacarla— Hace años que no…
—… No tenemos contacto alguno—giró sintiendo los nervios a flor de piel. Había olvidado lo que se sentían esos nervios. Ni siquiera arriba del escenario los había sentido, o cuando se casó con Zandy. — En realidad no sé si es de… ella. No dice como tal su nombre. Y es imposible que ella lo haya hecho, pues vamos, ella ya no… no quería saber más de mí, ni yo de ella.
—Vamos Lea, ella es la única que sabe de esto, de tu gusto por esas flores. No hay más quién pueda ser. Sólo ella y yo.
—Lo sé— sonrió desganada.
—Bueno, parece que todavía tiene ese poder sobre de ti.
—Por supuesto que no, yo ya…
—Sí claro, por eso tu cara es un poema. Si te vieras ahora mismo en un espejo, no te creerías ni a ti misma. No eres tan buena actriz si se trata de ella.
—… Señorita Michele— una chica del staff llamó la atención de ambos interrumpiendo la conversación. — Disculpe que te moleste, pero afuera hay una chica demasiado insistente que quiere verte. Le dije que estabas cansada, pero insiste, dice que no se irá hasta verse—Lea y Jonathan se miraron fijamente a los ojos. No necesitaron decirse nada, sabían perfectamente quién era la persona "insistente". Y lo había hecho antes, durante su estadía en "Spring Awakening".
—Lea, si quieres no es necesario que salgas, yo la atiendo. Le diré que estás ocupada o qué sé yo.
—No John, yo lo hago…—susurró nerviosa.
—Lea…
—Lo tengo que hacer, sabes lo intensa que suele ser y no se irá hasta que nos veamos. Lo sé yo, lo sabes tú. Y entre más rápido la heche de aquí, me será mejor. Tarde o temprano tenía que pasar esto.
—¿Segura que puedes manejarlo?
—Segura ¿Qué puede ser lo peor?
—No quiero recoger los pedazos de tu corazón, no como la última vez…—dijo realmente preocupado. Él sabía lo difícil que le había sido a la morena dejarla ir.
—Si viene Zandy dile que los productores me hablaron de último minuto, inventale lo que sea…—le suplicó. El tema de la rubia se había convertido en un tema tan tabú que jamás se volvió a hablar de ella, nunca se lo contó al padre de su hijo. No era necesario. — Vamos Marie, llévame con ella— la chica asintió y la morena la siguió tirando pequeños suspiros hasta la puerta de entrada al escenario. El largo camino que tuvo que recorrer en otras ocasiones, se estaba volviendo mucho más rápido. Su corazón latía tan rápido que sentía que se le saldría por el pecho— Marie, estoy loca o hace mucho calor aquí— comenzó a sentir un calor tan asfixiante que la obligó a limpiar una gota de sudor de su frente.
—Eso es imposible, aún sigue el aire acondicionado, por lo menos estamos a 18 grados centígrados. ¿Te sientes bien?
—Podríamos decir que… sí, o qué sé yo. Bah, a lo mejor comenzaré con un resfriado, han sido muchas emociones estos días—sabía perfectamente la verdadera razón de su inquietud, pero se negaba a reconocerlo— ¿Ya no hay nadie en el escenario?
—Todos se han ido señorita Michele, solo se encuentra esa chica. Esperó tranquilamente hasta que el último de los presentes se fuera. Lleva allí más de 30 minutos. No se ha movido ni un solo minuto. Me parece familiar de algún lado, pero no sé. De todas maneras, si necesita al de seguridad solo necesita con gritar y él aparecerá.
—No te preocupes Marie, si es quién creo que es, no necesitaré nada de ello. Puedes irte, estaré bien—la interrumpió. Quería terminar por todas con la incertidumbre de saber si la que se encontraba del otro lado era la misma chica que había terminado de romperle el corazón en el Met Gala.
Caminó lentamente, e hizo a un lado la gran cortina que separaba la instancia con el escenario. Cerró los ojos, y lanzó uno de los tantos suspiros que iban a terminar de aparecer durante toda la conversación.
—Hola Lea Michele… tanto tiempo sin vernos— y tal como lo presagió, no era otra más que ella, su inconfundible voz sensual con un leve acento inglés, diferente al que le recordaba, la hizo de nuevo abrir los ojos. Estaba sentada en las butacas de en medio, mientras la luz de la lámpara la señalaba y hacía más brillante su cabello dorado. Seguía viéndose con esa misma gracia y aire de elegancia que siempre la había acompañado, seguía siendo un imán difícil de no admirar. Como todas las personas que vivían en Soho. —Sin duda, eres una estrella, y perteneces aquí. Me encantó…
—¿Qué haces aquí Dianna? —la interrumpió. La conocía, conocía sus métodos innatos de seducción. Antes sin duda hubiese caído tan fácil en ellos, pero esta vez no se lo permitiría. Tenía que hacer que se fuera lo más rápido posible. No quería tener que explicarle a Zandy quién era ella.
—… No podía perderme de esto, tenía que verte, soy tu gran fan… — se mantuvo sentada, lanzándole su mejor mirada penetrante y seductora, esa mirada que podría atravesarte con solo verte unos segundos. También, estaba acompañándola de esa gran sonrisa deslumbrante y gentil.
— No te creo nada… ¿No se supone que no querías verme más? Me lo dejaste bastante claro, te lo recuerdo—soltó herida.
—Vamos Lea, de eso ya pasaron muchísimos años, pensé que lo habías dejado ir—se puso de pie cambiando su semblante, a uno más serio. Y Le aló sabía, por como había levantado su ceja izquierda.
—¿Quién te crees que eres para pararte aquí después de esos "muchísimos años"? —la señaló molesta. Llevaba tiempo sobrellevando la situación, ya la había sacado por fin de su corazón, pero allí estaba de nuevo, cuando menos lo esperaba y cuando menos lo quería.
—Sé que estás a la defensiva por todo lo que ha sucedido, por eso es que dejé que pasara más tiempo y pudieses tranquilizarte. Sé que la última vez que nos vimos fui horrible contigo, pero…
—Pero ¿qué Dianna? No hay justificación para la actitud que tomaste ese día. Solo me acerqué a ti para dialogar.
— Y lo sé, sé que fui muy injusta y borde contigo, pero lo necesitaba. No te voy a mentir, me sentía muy incómoda.
— Yo solo trataba de arreglar las cosas. Y no iba a hacer ningún drama en público.
— También lo sé, además, si no mal recuerdo, no había nada que arreglar. Tú tomaste tu decisión, y ahora querías que yo hiciera como que no pasó nada, y eso era imposible —respondió de manera categórica.
—No tomé ninguna decisión, simplemente no supiste comprenderme en esa situación. Jamás supiste comprenderme en realidad—dijo decepcionada.
—¿Comprender qué? ¡Que tenía que ver a mi novia de la mano de alguien más! — soltó igualmente herida. Dianna siempre había sido una persona tranquila y relajada, sin embargo, Lea era la única que podía sacarla de sus cabales. La única que podía cambiar su estado de ánimo tan rápido en un abrir y cerrar de ojos. Hacerla explotar en solo segundos, y eso no había cambiado a pesar de los años y la madurez que había adquirido.
—Sabes perfectamente por qué pasó eso—la señaló— Tú y solo tú conocías la razón.
—Claro que lo sé, porque amas más la fama y el reconocimiento. Y bueno, al parecer lo has conseguido. Estás aquí siendo Fanny Brice—se rio de forma sarcástica.
—No sabes nada Dianna, y no tienes el derecho a venir hasta aquí a decirme todo esto. No sabes cómo ha sido mi vida.
—Ni tú la mía Lea… no sabes nada—susurró entristecida.
—Claro que lo sé. No vivo debajo de una piedra, por lo menos, a mí sí me importabas. El príncipe de Inglaterra no te merecía, es lo único que puedo decir…—tan solo decir el nombre de Winston Marshall le revolvía el estómago. Por supuesto que supo de la vida de Dianna, muy difícil no saberlo cuando seguía esperando su regreso. Tal desilusión fue verla de la mano con él en Italia, que decidió simplemente alejarse de todo lo que le recordase. Claro que vio miles de fotografías de ellos dos, y era el mismo sentimiento de decepción y dolor que seguía sintiendo ahora que estaba plantada enfrente de ella.
—Y Zandy ¿Sí te merece? —contradijo mientras Lea levantaba su dedo índice indicándole que no se atreviera a continuar— Basta, no vengo con intenciones de pelear—respiró profundamente para tratar de calmarse y no seguir con la discusión que no las llevaría a un buen puerto. Y lo sabía, sabía que sí la seguía atacando, no escucharía más de lo que realmente quería decirle.
—No, claramente solo vienes con ganas de arruinar uno de los mejores momentos de mi vida, de los pocos que he tenido últimamente. Realmente no sé qué haces aquí, de verdad. Te ocultaste mucho tiempo de mí.
—Solo quería verte de nuevo arriba de un escenario, eso es todo. Sabes que siempre he sido tu fan a pesar de lo demás. Desde el primer día en que te vi...
—Basta Dianna, no trates de...
—No estoy tratando de hacer nada, Lea. Estoy diciendo la verdad, simplemente no quería quedarme con las ganas de verte triunfar y llegaras a lo más alto. Tú más que nadie lo mereces y quería ser parte de ello, el que cumplieras tu sueño. Te lo prometí, te prometí que estaría el día que fueras la estrella de un musical en Broadway.
—Pues los demás de nuestros compañeros no lo ven así. Ellos me odian.
—Pues que se vayan a diablo, para mí eres la más talentosa de entre todos nosotros. Estás aquí y es lo que realmente importa. Ellos pueden hacer misa, pero para todo el mundo eres Lea Michele, la más grande estrella que logrará estar al nivel de Barbra. No había más nadie que pudiera ponerse en sus zapatos—Lea bajó la mirada sonrojada. La odiaba, odiaba a Dianna Agron. Siempre lograba adularla y hacerla sentir especial con una sola palabra.
—¿Por qué hoy Dianna? ¿Por qué después de tantos años estás aquí?
—No lo sé, solo sé que tenía que estar aquí, así que compré un boleto desde México cuando me enteré de que tenías el papel, y ya está, no iba a irme sin verte. Aceleré mis grabaciones y tomé el primer avión—sonrió— Por eso te esperé, y si no te veía hoy, mañana haría exactamente lo mismo. En algún momento, tendrías que querer verme. Así que tuviese que esperar cada uno de los días que durase la obra. Aquí estaría.
—Las flores no eran necesarias... —susurró abrumada cambiando de tema, sin siquiera poderle dirigir la mirada. Sus ojos siempre habían sido su perdición y no estaba diapuesta a caer.
—Por supuesto que sí, a las estrellas se les dan por agradecimiento de hacernos pasar un grandioso momento. Y sé que las amas.
—Fuiste muy obvia, sabes. Nadie más conoce el cuánto amo las Gardenias. Inmediatamente supe que eras tú.
—Lo sé, era algo solo tuyo y mío—se acercó un poco más con la intención llegar a la morena.
—Y de Jonathan, él también intuía que eras tú.
—¿Por qué lo sabe él?
—Porque él estuvo allí cuando no estabas tú. Él tuvo que soportar todas las noches el verme llorar... por ti. Porque simplemente no pudiste entenderlo. Te amé, de verdad lo hice. Te he amado como a nadie nunca más, y eso no es una mentira.
—¿Entender qué? ¿El tener que ver al amor de mi vida con alguien más aparentando que se aman? No Lea, no podía con eso. Tenía que alejarme. Era por mi bien. A mí no se me permitió dejar que todo el mundo supiera que te amaba. Fueron muy injustos conmigo… Con nosotras—susurró entristecida.
—¿Por eso tenías que irte con Taylor?
—Lo de Taylor no tenía que ver contigo, ese asunto es mío. Tú no sabes por lo que pasé. Por las noches que no pude dormir pensando en el sí hubiera. Por mandar al diablo el programa, y decir la verdad, pero sería arruinar lo que tanto habías conseguido y jamás me lo perdonarías. Eso me dolería más. Sin embargo, aquí estamos, con esta batalla que llevamos peleando mucho tiempo.
—Pues entonces no me conoces lo suficiente. Me lastimaste más cuando te necesité y me dejaste sola con esto. Preferiste el camino fácil e irte con ella. Taylor jamás te amaría como yo.
—Taylor estuvo allí cuando la necesité, tú no.
—¿Y por eso querías casarte con ella?
— ¿Cómo sabes eso? —preguntó curiosa, solo Taylor y ella sabían de ese delicado tema.
—Ella me lo echó en cara. Me mandó una tarjeta dejándome en claro que el álbum "Red" era explícito hecho para ti. ¿Quién se creía para hacer eso? Era suficiente con saber que estabas con ella.
—Cuando supe que hizo eso, todo se terminó. No podía estar con alguien que no confiara en mí, cuando no hice más que hacer las cosas bien.
—Pues parece que no fue así. Porque siempre supo que era yo, y nadie más que yo—dijo con orgullo y altanería, sintiéndose superior.
—Sigues siendo tan arrogante Lea Michele—respondió con molestia.
—Niégalo Dianna, niega que ella jamás fue yo. Que ella jamás llenó el gran espacio que yo dejé—se señaló a ella misma con orgullo.
—Como Cory jamás pudo hacerlo—contratacó de la misma manera.
—No, no te equivoques, él sí supo estar allí. De él sí podía fiarme.
—¿Qué querías? Que estuviese a tu disposición a pesar de todo. Como era tu costumbre nos querías a todos girando a tu alrededor. Querías las atenciones de ambos.
—No, solo quería la tuya. Sin embargo, él supo ganarse mi cariño.
—¿De verdad le amaste? —preguntó fastidiada— ¿O fuiste la perfecta actriz que fuiste conmigo? Porque nadie te cree que se amaran, y lo sabes. Ni tú te crees eso.
—Lo llegué a querer y apreciar. Convivir con él 24/7 hizo lo resto. Al final, fuimos él y yo. Tú te fuiste. Él sí supo estar cuanto pudo, me sentí especial cada día que estaba con él. Incluso supo ser buen amigo, jamás se quejó de mis lloriqueos por ti.
—Tenía que, tenía que cumplir con su contrato. Así como dices que yo no te entendí, tú tampoco a mí. Mientras yo te esperaba en casa, tú estabas fotografiándote en el set de grabación, abrazándolo como si no fuese una completa mentira. ¿O no es lo que decía tu canción? ¿Por qué al igual que Taylor me hiciste una no? ¿O estoy equivocada?
—¿La escuchaste?
—Por supuesto que sí, ya te dije, soy una más de tus fans.
—Pues no solo eso decía, también quería que no te fueras, que no corrieras. Que me esperaras, algún día íbamos a ser felices.
—¿Algún día? ¿Cuándo Lea? Cuando nos hubiéramos destruido más. ¿Cuándo te odiara y no quisiera verte nunca más?
—El día sería en la Met Gala, fui con todas las intenciones de hacer esto una realidad. No había más con quien escondernos. Éramos tú y yo, nadie más. Todo se había acabado. Era yo ante ti, queriendo solucionar todo. Intentando hacer de nuestra vida el hogar que no te había podido dar.
—Muy tarde Lea Michele, muy tarde. Yo estaba ya muy herida. Había dejado de sentir todo lo que sentía por ti. El tocarte, el abrazarte, el mirarte lo sentí como si fuésemos una grandísima mentira. El calor ya no era lo mismo, ni siquiera la atracción era la misma. Te odié, te odiaba demasiado, solo sentía rencor por ti.
—¿Por eso me quitaste con asco cuando intenté besarte?
—El menor de los problemas era el asco que pude sentir, era que una completa desconocida me estaba diciendo que me amaba viéndome a los ojos, cuando me demostró todo lo contario cuantas veces pudo. No te creí esta vez.
—Era yo, era la misma Lea que te amaba… —aprisionó su pecho con ambas manos mientras corría por su mejilla la primera de las lágrimas que iba a soltar.
—Dejaste de ser mi Lea desde hace mucho tiempo atrás—por primera vez desvió su mirada, no podía verla así. No podía verla llorar, porque eso siempre la destruía. Ser quien fuera la razón de hacerla sentir mal.
—Podíamos solucionarlo, yo sabía que sí, si me lo hubiese permitido, hoy nuestra historia hubiese sido distinta— se acercó a las escaleras, mientras Dianna hacía exactamente lo mismo.
—"No puedes cambiar el pasado, pero puedes dejarlo ir y comenzar tu futuro" —recitó lo que en realidad pensaba ese día de grabación. Se lo dijo directamente a los ojos. No era Quinn Fabray quien lo había dicho, sino ella misma. Al igual que lo dijo cuando Quinn y Rachel grababan en los baños y tuvo que decirle que no la iba a esperar, "para cuando cayera la nieve en New Haven no sabría porque, por qué la iba a seguir amando", que en todo caso era en París. No la iba a esperar, cuando su personaje terminara las grabaciones, ella saldría corriendo de allí. No podía con el simple hecho de verla con todos los arrumacos que había entre ella y Cory. No quería seguir con el ancla deteniendo su futuro. Si querían ser felices, tendrían que despedirse. No lo odiaba a él, él era solo una pieza del ajedrez de Ryan Murphy y su desesperación porque su serie subiera en audiencia. Y las destruyó en el camino.
Lea pudo haberse negado, pero no lo hizo, no quería afectar a todos sus compañeros, esos mismos que años después dijeron despreciarla. Ellas dos habían sido las culpables de ello, que las separaran, cuando no midieron las consecuencias de demostrarse su amor en el escenario durante toda la gira del Tour Glee. Ryan les advirtió de todas las maneras posibles que no siguieran con ello, que nos las llevaría a ningún lado y destruirían sus oportunidades en Hollywood, pero ellas se negaron, principalmente Dianna, la fama para ella no era tan importante como su amor por Lea; no así por parte de la morena, tanto le había costado llegar a fama que no la dejaría ir tan fácil. Sabía lo que era luchar desde abajo sin ningún tipo de privilegio físico, si la buscarían no era por bonita, sino por talentosa, además, no tenía el aspecto de chica hermosa, como sí lo cumplía Dianna. Así que Ryan, sacó a Dianna con el pretexto de estar enferma para calmar a los fans. No era Dianna y Lea de lo que quería que hablaran, él quería a Cory y Lea, eso era lo que la mayor parte de fans anhelaban. Y la gota que colmó el vaso, fue la desatinada salida de Dianna del closet, mostrándose con esa playera de "Likes Girls". Ryan la obligó a sacar un comunicado negando todo, él era dueño de su imagen, tenía un contrato firmado.
Entonces, ambas no pudieron con tanto, y así empezó el desgaste de su relación. Obligando a Lea firmar ese contrato donde permitía que su imagen pública se manejara a su antojo. Ryan estaba obsesionado con llevar de la ficción a la realidad a sus personajes principales.
—Nos destruyeron Lea, nos destruyeron y ahora estamos aquí, estancadas como dos almas gemelas desconocidas—a estas alturas estaban frente a frente, encarándose.
—Lo que pudo ser y no fue… ¡Estúpidas malcriadas! — susurró Lea. A diferencia de la última vez que la había visto tan cercana y real, ahora había pequeñas arrugas en su frente, sin duda la madurez en vez de hacerla verle peor le hacía ver más hermosa que antes. La atracción era la misma. Para ella por lo menos, seguía siendo su Dianna. Su hermosa Lady Di.
—Lo siento Lea, supongo es muy tarde ya, nuestras vidas están hechas, y se fueron por diferentes caminos… Tú vas a triunfar, yo lo sé… Siempre he sigo fiel de eso, siempre te he creído eso—por primera, vez se vieron directamente a los ojos, y fue inevitable para ambas no permitir que lágrimas corrieran por sus mejillas, y dejaran caer la gran carga de las separaba desde hace mucho tiempo atrás — Prometo que, en otra vida, lo primero que haré, será buscarte. En esa vida quizás podamos ser, y no estaré dispuesta a soltarte, lucharé por ambas. No correré asustada. Pero en está no, en esta no voy a destruir tu felicidad una vez más.
—Y yo te prometo que en esa, te atesoraré como lo más valioso en mi vida, y si me dejas amarte, te cuidaré y estarás a salvo conmigo. Esta vez lo estarás… —se atrevió a abrazarla y Dianna a recibirla. Lo necesitaban, necesitaban por última vez sentirse entre sus brazos. Y a pesar de todo lo ocurrido, para ambas seguían sintiendo la misma magia que habían sentido antes. Sus brazos seguían siendo igual de cálidos y cariñosos, que no hizo más que quisiesen pasar más tiempo así. Estaban siendo dos almas gemelas que se estaban reencontrando de nuevo, sin embargo, Dianna no dudó en dejarle un delicado beso en la frente y soltarla, tenía que soltarla. Ya no era suya. Tenía una vida hecha lejos de ella.
—Siempre te amé, y nunca dejaré de hacerlo, tenlo por seguro… Adiós, amor mío—le limpió algunas de las lágrimas que seguían corriendo, y después le dio la espalda para salir rápido de allí, porque sabía que sí se quedaba, no sería capaz de dejarla ir con nadie que no fuese ella.
—Jamás dejaré de amarte yo tampoco, amor mío— susurró para ella misma con todo el dolor de su corazón.
