A promise for (another) life
En un viejo cementerio, en medio de una antigua ciudad en ruinas, la oscuridad fue interrumpida por una chispa. Una luz azul tan pequeña que, en la absoluta oscuridad que la rodeaba, bien podría pasar desapercibida. La luz temblaba suavemente mientras su tamaño pasaba de ser de apenas un par de centímetros, a medir lo mismo que la palma de la mano de un hombre adulto.
Aquella luz, que para entonces parecía una pequeña esfera de energía, pronto pareció arder en llamas, ardiendo hasta convertirse en un fuego espiritual. Era el alma de alguna de las muchas personas que descansaban en el olvidado cementerio y que aún no lograba encontrar la paz. Cuando su conciencia despertó, miró a su alrededor como si no pudiera reconocer el lugar en donde estaba.
Las ruinas de lo que alguna vez fueran grandes muros de piedra descansaban en un silencio asfixiante, como si hubieran gritado con todas sus fuerzas, esperando por toda la eternidad a que alguien apareciera para escuchar sus lamentos tan solo para morir en la aplastante soledad. El fuego se desplazó un poco, flotando lentamente sobre lápidas sin nombre y flores marchitas.
Aunque no tenía un cuerpo físico, podía sentir como si el viento helado de la noche le golpeara las mejillas, haciéndolas arder. Era una noche oscura y fría. De algún modo, tenía la sensación de que no era la primera vez que experimentaba una situación similar. Aunque no tenía recuerdos de cuando estaba con vida, sí podía recordar las sensaciones. El viento golpeando su rostro con fuerza, el aroma de los árboles, el sol calentando su cuerpo luego de una larga noche en vela, la cálida compañía en una noche fría de invierno, el familiar aroma de un perfume…
¿Cuánto tiempo había pasado desde su muerte? En su opinión, se sentía como toda una eternidad y, sin embargo, era como si no hubiera pasado el tiempo en absoluto. Aquellas sensaciones que podía recordar, se sentían tan reconfortantes como la primera vez que las experimentó.
El lugar no era muy grande. Pese a que avanzaba con calma, había recorrido ya el sitio en su totalidad. En esa rápida observación, se percató de un hecho que era casi gracioso. No era que las tumbas no tuvieran nombre, sino que estaban tan descuidadas, que era imposible leer las inscripciones para saber a quién pertenecían. Los muertos que descansaban allí habían tenido nombre alguna vez, pero ya no quedaba nadie que pudiera recordarlos. Habían sido olvidados.
Justo como él se había olvidado de sí mismo.
Luego de ese pequeño viaje, regresó a la que, sentía, era su propia tumba. Antes, cuando había despertado, notó que no había un nombre en la lápida y, dado que no podía recordar su propio nombre, se sintió un poco decepcionado. En realidad, si había ido a recorrer el resto del cementerio fue solo porque tenía la esperanza de que, entre tantos nombres, alguno resultara conocido y le ayudara a recordar.
Por supuesto, no había servido de nada. Pero ahora, habiendo visto el estado en que se encontraban las otras lápidas, sintió que debía haber pasado por alto el nombre escrito en la suya. Posiblemente, también había casi desaparecido por el deterioro.
Regresó al lugar donde había recuperado la consciencia por primera vez. Con calma, se acercó a la fría losa de piedra y se dedicó a inspeccionar cada centímetro, buscando cualquier indicio de lo que alguna vez fuera una palabra. Incluso si era solo un nombre, sin apellido o epitafio, estaría bien. Tan solo quería saber…
—No te esfuerces, no hay nada allí —sonó la voz de un hombre detrás de él.
El pequeño fuego se detuvo, confundido. Acababa de escuchar a alguien hablarle pero, ¿cómo podría escuchar una voz en un lugar así? Girando sin prisas, se encontró con que, cerca de donde estaba, había otro fuego espiritual. El otro fuego espiritual era de color amarillo y, como si ese brillante color no fuera lo suficientemente molesto, era también más grande que él.
Una verdadera molestia.
—No recuerdo haber pedido tu opinión —respondió, tomándose un momento para saborear el sonido de su propia voz. Aunque no recordaba cuándo había sido la última vez que se escuchó a sí mismo hablar, tenía la impresión de que sonaba exhausto.
—Solo estaba ahorrándote el esfuerzo innecesario, después de todo, no vas a encontrar lo que estás buscando. Esta tumba no tiene nombre —respondió el fuego amarillo restándole importancia.
—Oh, ¿y cómo sabes que estoy buscando algo?
—Simple, te vi vagar por todo el cementerio revisando los nombres en las tumbas, es obvio que estabas buscando a alguien. Como, deduzco, no pudiste encontrar a esa persona, llegaste a la conclusión de que debería ser esta vieja tumba sin nombre. Bueno, déjame decirte que estás de suerte, yo soy la persona que estabas buscando.
—¿Qué?
Si hubiera tenido aún un cuerpo físico, el pequeño fuego azul hubiera mostrado una expresión bastante tonta. No podía entender cómo funcionaba el cerebro de ese tipo, pero se sentía asombrado por la estúpida conclusión a la que había llegado. Sólo había ido a dar una vuelta, leyendo los nombres al azar, absolutamente no estaba buscando a nadie y, por supuesto, no podría estar buscando a un sujeto tan molesto. Además, la forma en que había dicho aquello, tan seguro de sus palabras, lo hacía todavía más irritante.
Pero el espíritu más grande no pareció notar su irritación y respondió con un tono de voz lleno de deleite. —Lo que oíste. Sé que debe ser difícil de creer, pero no gano nada con mentirte. Esta tumba es mía, así que, me encontraste.
El fuego azul se quedó sin palabras. No solo era estúpido, también era un jodido egocéntrico. Aunque había pasado demasiado tiempo en silencio, y echaba de menos conversar con otras personas, no estaba tan desesperado como para aferrarse a una compañía tan molesta. Sin embargo, había algo que necesitaba dejar en claro y era que ese sujeto estaba equivocado.
—Por supuesto que no —dijo, con mal disimulada irritación—. Esta tumba es mía. Y no estaba buscando a nadie, tan solo salí a dar una vuelta.
El fuego amarillo se acercó a prisa, como si esperara que, al verlo de cerca, descubriera que era él quien estaba en lo correcto. El otro fuego espiritual se hizo a un lado, pero no se alejó. Así, un par de almas, una azul y otra amarilla, se posaron sobre una misma tumba en medio de la oscuridad.
—Debes estar confundido —dijo el fuego amarillo con certeza—, estoy seguro de que esta es mi tumba. Cuando recobré la consciencia hace un momento estaba justo arriba de ella. Justo en este lugar.
Mientras hablaba, se había movido hasta posarse al centro de la losa. El otro fuego se mantuvo en silencio. Recordaba a la perfección haber estado en ese mismo lugar cuando despertó.
—Sí, bueno, supongamos que tienes razón —dijo, sin querer dar más explicaciones—. Entonces, ¿cómo es que yo también desperté en esta misma tumba?
El fuego amarillo se quedó en silencio, como si estuviera pensando en alguna explicación razonable para lo que estaba sucediendo. Por un instante, el fuego azul pensó que esta persona tendría la respuesta o, por lo menos, una explicación para toda esa extraña situación. Por desgracia, cuando volvió a hablar, quedó claro que había puesto su confianza en la persona equivocada.
—Tal vez nos enterraron juntos —dijo el fuego amarillo luego de aquel largo instante de contemplación, con un tono de voz que lo hacía sonar como si fuera la conclusión más lógica.
—Por supuesto. —Rodó los ojos en su mente. Por primera vez desde que había recobrado la consciencia, de verdad deseó tener un cuerpo físico para poder golpear a ese hombre tan irritante.
El otro hombre notó de inmediato su fastidio, pero había algo que le impedía sentirse incómodo al respecto y, más bien, tenía la necesidad de seguir molestándolo. Aunque había pasado mucho tiempo lejos de todo y de todos, de repente sintió como si se conocieran de toda la vida. Así que, quizás, era porque habían sido enterrados juntos. Si sus cuerpos habían estado cerca por tanto tiempo, era natural que sintiera una absoluta comodidad al hablar con esta persona. No lo había dicho con la intención de molestarlo, pero el resultado no había sido malo en absoluto. En todo caso, podría tratarse de una fosa común, pero eso era algo que no estaba dispuesto a pensar siquiera, mucho menos a compartirlo con ese otro hombre.
—Así que —habló de nuevo con seriedad, antes de que ese espíritu azul se molestara de verdad y se fuera—, ya que no sabemos de cuál de los dos es esta tumba, sería bueno si pudiéramos buscar en el resto del lugar. Si alguno de los dos puede hallar su tumba, significa que estaba equivocado acerca de esta.
El fuego azul meditó sus opciones por un momento; luego, pensando que entre más pronto encontraran la tumba de ese tipo, más pronto se iría y más pronto volvería la calma, respondió: —Muy bien, ¿cómo te llamas? La buscaré por tí.
El fuego amarillo no estaba contento con esa respuesta. ¿Cómo podría decirle su nombre si ni siquiera podía recordarlo? Pero, si dijera eso, sería como dispararse en el pie. Si no sabía cuál era su nombre, cualquiera de las otras tumbas podría ser la suya; sería lo mismo que admitir la derrota. Necesitaba revertir la situación a su favor y, por fortuna, siempre había sido muy hábil con las palabras.
—¿Por qué no buscamos primero la tuya? Seguro la pasaste por alto antes cuando estabas buscando a alguien más.
Un incómodo silencio que era casi tangible se instaló entre los dos. Si ninguno estaba dispuesto a revelar su nombre al otro, era imposible que llegaran a una respuesta. Habían vuelto justo a donde comenzaron.
Por supuesto, el fuego azul no creía que las cosas fueran tan simples. Si ese tipo quisiera engañarlo, no hubiera sugerido que buscaran sus nombres en el resto de las lápidas. La respuesta casi le hizo reír.
—Tú tampoco lo recuerdas, ¿no es cierto? —Aunque era una pregunta, estaba seguro de que ya conocía la respuesta.
Frente a él, el fuego amarillo en realidad estaba sorprendido. Había sido descubierto tan rápido que ni siquiera había podido reaccionar a tiempo para inventar una excusa. Extrañamente, tampoco se sentía incómodo por haber sido enfrentado con tal pregunta. Frente a él, era como si no tuviera que fingir que lo sabía todo; podía admitir su ignorancia con la confianza de que no sería juzgado por él.
—No, no lo recuerdo —admitió el fuego amarillo con una suave risa.
El fuego azul se quedó sin palabras por un momento. El sonido de su risa, sentía que lo había escuchado incontables veces en el pasado, como un recuerdo que era imposible de borrar. En aquella solitaria noche, el silencio que se extendió sobre ellos de pronto no se sentía incómodo como antes y era, en cambio, agradable.
—Así que tú también despertaste hoy —dijo el espíritu amarillo—. ¿No te parece una extraña coincidencia?
—No realmente. En realidad, estoy aquí para cumplir una promesa.
—Oh…
En realidad, cuando su conciencia despertó, el espíritu azul tuvo la sensación de que sus recuerdos estaban ocultos entre una espesa niebla. Mientras más intentaba acceder a ellos, más difícil era recuperarlos. Sin embargo, ahora que había dejado de prestar atención por toda esa conversación, finalmente era consciente de algunas cosas que poco a poco se habían aclarado. Aromas, sensaciones, emociones… poco a poco se iban despejando hasta que casi fue capaz de revivir todos esos recuerdos. Fue una sensación reconfortante, como recordar su hogar estando lejos. Poco a poco recuperando lo que alguna vez había sido, volviendo a sentirse "completo".
Y, entre todas las cosas que estaban regresando, hubo una que llamó su atención de una forma casi violenta. Una promesa que hacía vibrar cada rincón de lo que quedaba de su alma. Palabras susurradas con ternura que cobraban fuerza desde lo más profundo de su ser.
El otro fuego no era ajeno a esa emoción. Aunque había pensado que era una curiosa casualidad que se encontraran en ese lugar, comenzaba a creer que las cosas no eran tan simples.
—Creo —dijo el espíritu azul, sacándolo de sus pensamientos—, que el momento de cumplir esa promesa al fin ha llegado.
Había algo en sus palabras, una emoción desbordada, que hacía que el fuego amarillo se sintiera como si, fuera cual fuera la promesa que había hecho, definitivamente podría cumplirla. No importaba si, para entonces, ambos no eran más que el resto de un alma que se había resistido a dispersarse, él cumpliría con esa promesa a como diera lugar.
Por un momento, incluso se sintió celoso. Si alguien lo tuviera en su corazón de esa forma, al grado de dedicar hasta el último fragmento de su espíritu a esperarlo, cuán feliz se sentiría…
Si alguien lo amara de esa forma, y él lo amara de vuelta, ¿no sería maravilloso?
Dentro de su mente, un fragmento de una vieja conversación se reprodujo tan claro como si hubiera vuelto a vivir ese momento.
—Tal vez, si caminamos juntos hacia la muerte, podríamos estar juntos en otra vida.
—Tienes que estar bromeando.
—Lo digo en serio, Levi. Si muero primero, esperaré por ti. Si tu mueres primero… espérame.
—¿Es una promesa?
—Es una promesa.
—Bien, Erwin. El tiempo que haga falta, esperaré por ti.
—La verdad es —dijo el espíritu amarillo, un tanto aturdido por el viejo recuerdo que se había lanzado a su mente—, que yo también estoy esperando a alguien.
—¿Quién te dijo que yo estaba esperando a… —antes de que pudiera completar su pregunta, se percató de que ese parecía ser el caso. De verdad estaba esperando a alguien. En cuanto a lo que le había prometido, al parecer no sería necesario explicarle. Aquello, como todo, ya debería saberlo; ese hombre siempre parecía estar un paso adelante de él.
La niebla se había levantado. Los recuerdos, los sentimientos y las promesas, todos se habían aclarado.
—De verdad viniste, Levi… —susurró el fuego amarillo entre el deleite y la incredulidad.
¿Cuánto tiempo había estado esperando? ¿Cuántas noches había permanecido en silencio, esperando sin saberlo a alguien que quizás también lo había olvidado? Aunque el resto del mundo parecía haberse olvidado de ellos, se tenían el uno al otro para recordarse.
—Por supuesto, yo siempre cumplo mis promesas, Erwin —respondió el fuego azul con deleite, saboreando ese nombre que no había pronunciado en lo que parecía ser una eternidad.
En la oscura noche, en un frío cementerio abandonado, un par de fuegos espirituales se unieron para arder impetuosos. En ese pequeño mundo que era solo de los dos, la soledad y el silencio dejaron de existir. El amor que habían sentido era algo que ni la muerte ni el olvido habían logrado arrebatarles.
—Así que, ¿ahora sí crees que nos enterraron juntos? —preguntó Erwin usando ese tono que siempre utilizaba cuando quería burlarse de él. Levi, una vez más, deseó tener un cuerpo físico para poder rodar los ojos. Sin embargo, lejos de sentirse molesto, estaba encantado al descubrir que seguía siendo el mismo de siempre. El mismo Erwin que por tantos años había echado de menos.
—No puedo creerlo… yo realmente… volví… —respondió, sin comprender cómo era posible que sus restos ahora descansaran junto a los de Erwin siendo que él mismo había muerto bastante lejos.
En todos esos años que vivió fuera de la isla, siempre pensó que nunca regresaría. Los lugares donde habían estado juntos, el lugar en el que había depositado sus restos, nunca volvería a verlos. De aquel hombre al que había amado más que a nada, solo le quedaban sus recuerdos y el anhelo de encontrarse con él cuando muriera. Ser enterrados juntos era un lujo con el que ni siquiera se permitía fantasear porque, aunque quisiera, volver por su cuenta era imposible para él.
—Bienvenido a casa —susurró Erwin con ternura, sabiendo lo que pasaba por su mente sin necesidad de que se lo dijera. Si la espera había sido larga para él, cuya consciencia había estado suspendida desde que murió hasta esa noche en que volvieron a reunirse, no podía imaginar lo difícil que había sido para Levi pasar los años posteriores a su muerte solo, lejos de todo lo que conocía y aferrándose a la promesa de volver a encontrarse.
El cómo sus restos habían regresado, o quién se había encargado de reunirlos en aquel cementerio, junto a aquellos amigos que habían perdido a lo largo de sus vidas, era algo que probablemente nunca sabrían.
En ese momento, en medio de la euforia de estar juntos de nuevo, una luz brilló tan intensa delante de ellos, que la noche se convirtió en día y el lúgubre ambiente se tornó jubiloso. Al fin podrían continuar con su camino, regresar juntos al ciclo de la reencarnación. Encontrarse de nuevo en una vida donde pudieran vivir todo lo que antes les había sido negado.
—¿Estás listo, Levi? —preguntó Erwin mientras sentía como cada rincón de su alma vibraba con emoción.
—Vamos —respondió Levi simplemente, aunque lejos de comenzar a avanzar, se tomó su tiempo para envolver la presencia de Erwin con la suya, disfrutando de la sensación como si aún tuvieran sus cuerpos físicos y estuvieran tomados de las manos. La calidez de sus almas entrelazadas se extendió por cada rincón a medida que los dos comenzaban a avanzar hasta que se encontraron a un paso de la luz.
Mientras la luz esperaba por ellos, Levi se detuvo por un segundo para mirar a Erwin.
—Te veré del otro lado —dijo, con la certeza de que esta despedida no sería tan larga como la última vez.
—Levi…
—¿Sí?
Antes de que pudiera entrar en la luz, Erwin lo detuvo, robando un poco más de tiempo para estar juntos.
—Te encontraré —aseguró Erwin con total confianza en sí mismo—. Así que, en tu próxima vida, no te enamores de nadie más antes de que lo haga.
Una suave risa resonó en su alma, llenándolo de deleite. Levi solo reía así cuando estaban a solas, totalmente relajados y lejos de cualquier tipo de pretensión.
—Es una promesa, Erwin.
Con una sonrisa que resonaba en sincronía entre ambos espíritus y la sensación de estar unidos con firmeza, Levi fue el primero en entrar en la luz.
Aunque el pequeño espíritu azul ya no era visible a su alrededor, Erwin aún podía sentir su presencia dentro de su propio ser, de una forma mucho más intensa que nunca. Esta vez, sin importar el tiempo que tuvieran que esperar, estaba seguro de que estarían juntos de nuevo. Esta vez podrían ser felices, los cielos se los debían.
Erwin suspiró, pero ya no quedaba nadie que pudiera escucharlo. El momento que tanto había estado esperando había llegado por fin. No quería hacer esperar a Levi ni un segundo más, así que, a prisa, fue hacia la luz.
En la oscuridad, el fuego espiritual de Erwin también se extinguió.
Cuando volvamos a encontrarnos, el amor que he guardado para ti, te lo entregaré todo.
Luego de mucho tiempo, al fin pude volver a escribir un EruRi, y lo disfruté mucho más de lo que esperaba. Pensaba publicar esta historia por el cumpleaños de Erwin el año pasado, pero no pude terminarla y luego la dejé abandonada por mucho tiempo hasta ahora. Hace mucho que no escribía nada de ellos pero siguen siendo mi OTP ❤
Ojalá les haya gustado, espero estar más activa desde ahora.
