Era otra mañana como cualquier otra, Temari se levantó sola, aunque en las últimas semanas, meses y años... No era novedad alguna.
Preparó el desayuno para ella y su hijo, observaba a Shikadai hacer unos preparativos para una misión y caminar de lado a lado guardando varias cosas en su mochila.
—¿Crees que papá venga pronto? — Preguntó Shikadai mientras se sentaba a desayunar
Temari suspiró haciéndose la misma pregunta, no era que Shikamaru fuera un padre ausente, al menos no era como Sasuke, ambos intentaron excusarse pensando en ello estando sentados frente a frente en la mesa.
—¿Llevarás algo extra? — Preguntó Temari intentando aligerar el ambiente
—Sí, hay una persona que gusta mucho de tu comida, espero que no te moleste que le invite— Comentó sonriente
—Para nada— Aseguró halagada
Tras terminar de comer ambos se despidieron en la puerta, Temari sonrió internamente, al menos tener a Shikadai con ella era una manera de pretender que el distanciamiento entre ella y Shikamaru no era evidente, después de todo, al ser padre e hijo, eran parecidos en muchos aspectos.
Cocinó el almuerzo de Shikamaru y algo para ella cuando volviera, la música en la radio sonaba mientras ella la tarareaba, intentando aparentar que su casa era cálida cuando realmente se sentía fría, sobre todo vacía, porque solo era ella.
Sentía la espalda fría, aún recordaba como hace unos años, Shikamaru acariciaba su espalda con suavidad y cariño todas las mañanas, actualmente no recordaba la última vez en que su tacto fuera así, incluso había días en los que no cruzaban palabras, ya que al dejar el almuerzo solo le asentía con la cabeza.
Llegada la hora salió de la casa con la comida puesta en un túper, envuelta en una bolsa de tela con el símbolo del clan Nara, mientras avanzaba por la calle no pudo evitar escuchar al resto de mujeres pertenecientes al clan murmurar cosas que pretendió no escuchar, fingió que no le importaba y siguió su camino con la cabeza en alto.
"¿Realmente puede ser una buena esposa si no logra que su esposo no pase más de un día en la casa?", "Cuando un hombre no vuelve significa que consiguió algo o a alguien mejor, si tú entiendes a lo que me refiero", "Me huele a divorcio, ninguno de los dos luce feliz", "Siento pena por el niño, merece una familia mejor"
Temari respiraba hondo, haciendo todo lo posible por eliminar ese nudo en su garganta y picor en los ojos, cuando era una niña, solía escuchar cosas parecidas en Sunagakure, se suponía que no tenía que importarle, es más, no debería, pero todos esos comentarios caían como golpes en su cara, se sentía molesta, frustrada y tenía ganas de mandar todo a la mismísima mierda.
—¡Temari! — Ino se acercó a saludarla alegre tomándola del brazo
Cuando la vio se sintió asqueada, no de Ino, ella era una gran mujer, una buena amiga y excelente ninja, el asco fue hacia ella misma cuando sintió una gran envidia al ver a Sai caminando junto a ella, era un sentimiento insano que la hizo avergonzarse.
—¿Le vas a llevar el almuerzo a Shikamaru? — Preguntó separándose de Temari
Respiró retomando la compostura y sonrió como si nada pasase en su cabeza, como si no hubiera un lío en su interior, fingiendo total calma cuando solo quería explotar.
—Ya sabes cómo es ese hombre, tal vez se pondría a llorar si no le llevo su almuerzo y no puedo dejar que el segundo al mando de esta aldea se muera de hambre— Comentó Temari divertida
—Ay, Temari— Carcajeó Ino —¿Qué sería de los Nara sin ti?
La Nara se despidió de los Yamanaka y continuó con su paso por la aldea, hasta llegar a la torre, subió al piso de arriba, saludando a varios ninjas y personal administrativo que salían de la susodicha para tomar su almuerzo en algún restaurante o se iban con sus familias.
¿Es tan complicado para Shikamaru?
Tocó la puerta de su oficina, espero un minuto y no recibió respuesta, ya era una costumbre en todo caso, por lo que entró encontrando al Nara metido entre varias pilas de papeles.
—Te traje tu almuerzo— Anunció de forma amable a la espera de una respuesta
Él no dijo nada, solo asintió con la cabeza, había perdido la cuenta de cuantas veces había hecho eso.
—Los precios en el mercado andan subiendo últimamente, fue todo un dolor de cabeza comprar la semana pasada, me pasee un rato por el mercado a ver si encontraba algo más barato, debiste ver a Shikadai, estaba molesto porque lo obligué a venir conmigo— Trató de iniciar un tema de conversación de forma amena
Sin embargo, el azabache seguía en silencio, Temari se frustró al ver que incluso había fastidio en su rostro, literalmente no cruzaron una palabra hace días y él planeaba seguir con eso por lo visto.
—Shikadai está creciendo demasiado rápido, se parece demasiado a ti, aunque, creo que te extraña, hoy me preguntó cuando volverías a casa— Comentó intentando crear otro tema de conversación
—Lo que digas— Respondió concentrado en su papel
Temari sentía como su estómago se revolvía, estaba molesta, no era superficial o juvenil, realmente a parte del enojo, sentía una gran angustia y tristeza.
Durante varios años siempre apoyó a Shikamaru, eso es lo que hacen las parejas y sabía que era un buen hombre, que se preocupaba por su aldea y se sobre exigía en ello, eso no estaba mal, no para nada, pero...
¿Y su familia?
—Podrías responderme al menos con algo más que eso— Alegó la rubia intentando calmarse
—Temari, hay cosas más importantes que...
El azabache no pudo terminar de hablar, se puso de pie sorprendido cuando Temari dio un golpe fuerte a la mesa quitándole la concentración en sus papeles y de paso haciéndolos volar.
—¿¡Estás loca, mujer!? ¿¡Qué está mal contigo!? — Gritó el Nara sumamente momento
—¿¡Qué algo está mal conmigo!? ¡Tú estás mal! ¿¡Qué demonios te pasa a ti!? — Respondió Temari del mismo modo
—¡Estoy trabajando y te pones a molestar, luego tiras mis papeles y comienzas a gritarme!
—¿Molestarte? — Preguntó Temari apretando sus dientes
—Podemos hablar en la casa, aquí no tienes que venir a interrumpir
—¿Casa? — Volvió a preguntar Temari conteniendo la rabia —¿Al menos te acuerdas dónde queda? ¡No hemos cruzado ni una sola palabra decente hace días! ¡No vienes a la casa! ¡No preguntas por tu hijo! ¡No te tomas la molestia de saludar a tu esposa!
Los reclamos de Temari salieron de forma tosca, solo trataba de demostrar su ira, no iba a llorar, no le daría ese gusto de ver lo que sentía como solo un capricho de una mujer que supuestamente debía acostumbrarse al abandono constante de su marido.
—Estás exagerando— Le dijo Shikamaru de forma seca
A pesar de no haber llorado al parecer seguía siendo una exagerada, tal vez ella podía estar mal, intentó plantearse eso al inicio también, pero no, no cedería a esa idea.
—Bien, pues la exagerada de tu mujer se va
La rubia se fue de la habitación tirando la puerta detrás suyo, casi rompiéndola, sin embargo, no se fue de la torre del Hokage, se quedó unos minutos al otro lado de la puerta con la esperanza de que Shikamaru viniera tras suyo.
No obstante, no sucedió, pero aún así, jamás se mostraría derrotada, gracias a Dios que era hora del almuerzo, por lo que no iba a encontrarse con muchas personas, respiró hondo y avanzó fingiendo fortaleza, de forma estridente y segura como de costumbre.
Llegó a las tierras del clan y avanzó de la forma más rápido que pudo, con la esperanza de llegar lo antes posible a su casa, a su gélido hogar.
—¿Temari-San? — Reconoció esas voces de la mañana
Intentó evitar a las otras mujeres del clan, pero al final una se le puso en frente impidiendo su avance.
—Pareciera que hasta nos estaba evitando— Dijo una primera mujer
—¿Ah sí? ¡Perdón! Es que creo que aún tengo mis costumbres ninja de caminar rápido en todo momento— Respondió Temari
—¿Vino de dejarle el almuerzo a su esposo? — Preguntó una segunda mujer
—Sí, un hombre a disposición del Hokage debe estar bien alimentado— Alegó la Nara
—Debe ser difícil casi no ver a tu esposo en el día— Continuó la charla la tercera y última mujer
—A veces, pero lo prefiero, no saben lo coqueto y picarón que puede ser en la casa, no se concentra en su empleo y eso está mal y cuando voy a dejarle su almuerzo no para de corretearme— Mintió de forma divertida
—Disculpe, Temari-San— La volvieron a llamar
—¡Qué tarde que es! ¡Mi almuerzo! — Fingió sorpresa la mujer de ojos turquesa —Con esta gastritis no es bueno que no coma a mis horas, un gusto hablar con ustedes
Tras despedirse avanzó aún más rápido para evitar encontrarse con alguien más y afortunadamente pudo llegar a su casa, con una cara desolada e inexpresiva que se mantuvo mientras servía su almuerzo y hacía el intento por comer.
Mezcló su almuerzo con la cuchara sin hambre durante un buen rato donde la comida se enfrió, finalmente cuando se dio cuenta, amargas lagrimas empezaron a salir de sus ojos, bajando de una en una sin poder detenerlas por más que intentó.
Tapó su rostro con las palmas y empezó a sollozar en agonía, completamente desconsolada, harta de absolutamente todo. Sus ojos se enrojecieron como su cara y su cuerpo empezó a temblar.
Estaba sufriendo, tanto que le dolía, ya no a un punto solo sentimental, su cuerpo quemaba, su corazón punzaba horriblemente, su espalda le pesaba y sus pulmones no recibían el aire de forma adecuada gracias a sus hiperventilaciones.
Se preguntó qué cosas hizo mal mientras sus gritos ahogados llenaban el comedor, al mismo tiempo, sus manos se ocuparon de alcanzar papel higiénico e intentar limpiar su rostro, pero no podía, si secaba sus lágrimas pronto saldrían otras.
Las horas pasaron y se hizo de noche, la comida fue dejada en la basura y Temari no comió, se encerró en su cuarto toda la tarde, envuelta en sus frazadas con la vista perdida.
—¿Mamá? — Escuchó la voz de su hijo en la puerta
Se quedó callada con la esperanza que se fuera, pero el menor de la familia Nara entró al cuarto, al parecer eran muy noche, probablemente le hubiera llamado la atención si no estuviera hecha pedazos de forma interna.
Shikadai se acercó a su madre completamente preocupado, al llegar de su misión el también esperaba un regaño por aparecerse tan tarde, pero no había nadie en la sala por lo que subió al cuarto y finalmente encontró a su madre.
—¿Qué pasó? — Cuestionó con angustia
—Ay, hijo. Creo que me resfrié, desde la mañana tenía malestar, pero en la tarde ya se agravó —Volvió a mentir
—Ya veo...
—No te preocupes, mañana estaré bien, ya lo verás —Alentó sentándose en la cama
Shikadai tomó la mano de su madre y miró su rostro, sus ojos estaban hinchados, la cara completamente enrojecida y su cabello rubio muy despeinado. Realmente quería preguntarle que era lo que había pasado, pero lo más probable es que le respondería con otra mentira o se sentiría peor, no quería eso para ella, porque si la veía llorar, lo más probable es que él terminaría haciendo algo parecido.
Temari soltó su mano del agarre de su hijo y la utilizó para acariciar su rostro con amor, uno puro y sincero, haciéndola capaz de mentir sobre cómo se sentía.
—Mi precioso hijo— Le dijo en tono suave y le regaló una sonrisa —¿Sabes cuánto te amo?
Shikadai suspiró recargándose en la mano de su madre, completamente tibia y suave a pesar de todo, porque él la sentía así, a pesar de las pequeñas cicatrices o callos por empuñar armas, para Shikadai era suave y un gran consuelo.
Él también le regalo una sonrisa, muy a pesar del amor de madre e hijo que se tenían, donde se suponía que no debían existir las mentiras, por el bienestar del otro no tuvieron problema en regalarse entre sí un par de sonrisas falsas.
