"No iba, y no podía permitir que todo aquello se desmoronara a causa de una simple campesina y un príncipe testarudo.
Los gritos resonaban con fuerzas a través de la puerta cerrada. La voz furiosa de Aegon Targaryen se levantaba por encima de aquella de su hijo mayor, y algunos en el consejo se preguntaban si verdaderamente era el mismo Aegon que ellos conocían el que estaba ahí.
—Ah, era de esperarse —suspiró con desencanto el consejero de edictos, Ser Anders Yronwood—, el Príncipe era demasiado perfecto para ser cierto. Al final los Targaryen son imposibles de controlar.
Kevan lo miró de refilón. Aquellas palabras ya habían sido susurradas en la corte desde el momento en que el Rey había empujado a que sus hijos se mezclaran con el pueblo llano. Era difícil de determinar quién era culpable, pero hasta el mismo Kevan, abierto como era a la forma de pensar de su Señor, debía admitir que semejante libertad había creado una confusión sobre los derechos y obligaciones de gente de su estrato social.
—¿Deberíamos comenzar a prepara los cuervos para informar a los Altos Señores que sus hijos no tocarán a los Dragones? —sugirió de forma socarrona el consejero de rumores, Ser Willam Royce.
—Silencio —Kevan alzó la mano en su dirección. Yronwood y Royce guardaron silencio, intercambiando miradas que continuaban en su humor negativo hacia la situación generalizada.
La verdad fuese dicha, el Príncipe había anunciado a su retorno de la Tierra de los Ríos que había conocido a una hermosa dama, habitante de las Ruinas de Piedras Viejas y que la había desposado frente a un Árbol Corazón y que pretendía anular su compromiso con la Dama Baratheon, alegando que estaba en su derecho de casarse por amor, como lo había hecho anteriormente su padre. Poco después, el Rey invitó a los tres señores presentes de su consejo y al maestre a esperar fuera, mientras el Rey hablaba en privado con su heredero.
De aquello, una buena hora y media había ya transcurrido y el resto del consejo se había presentado preguntándose exactamente los detalles del escandalo y de qué forma hacer entrar en razón al testarudo príncipe.
El silencio se había hecho del otro lado de la puerta. Los pasos del Lord Comandante se hicieron audibles antes de que la puerta se abriera una vez más.
Kevan pudo vislumbrar al Rey, con sus manos entrelazadas sobre su mentón, cubriendo su boca, inclinado sobre la mesa con una expresión derrotada. El Príncipe seguía de pie, sus hombros alzándose y bajando con el ritmo de su respiración.
—Su Majestad —el Maestre rompió el silencio, pasando a Duncan y detrás de él el resto del Consejo reunido se instaló una vez más en la cámara—. ¿Habéis tomado una decisión?
Aunque sus manos cubrían su boca, era fácil distinguir cómo las mandíbulas de Aegon se cerraban con fuerza suficiente para reventar sus dientes. Kevan carraspeó.
—Si me permite Su Majestad, podemos continuar esto más…
—Ni una palabra saldrá de esta sala -habló el Rey, levantándose y mirando con fiereza a su hijo—. El Príncipe de Rocadragón desea exponer sus ideas y sus intenciones frente al Consejo del Rey, y el Rey solicita toda su atención ante esta situación.
Hubo un instante de duda por parte de los presentes. Ser Anders Yronwood expuso el caso como de una ley sagrada siendo rota. Hizo hincapié en la importancia de respetar el matrimonio como una institución en sí misma dentro del Reino y citando ciertos ejemplos sobre los riesgos de no tener una línea directa clara y bien definida.
—Mi padre se casó por amor, con una mujer de su elección —refutó el príncipe.
—Su Alteza, creo que ignora deliberadamente las leyes del Reino —Ser Anders estaba rojo de cólera, intentando mantenerse dentro de los límites de la cortesía y la severidad de sus palabras—, vuestro padre se casó con una mujer de su misma condición social y estando considerablemente lejos en la línea de sucesión.
Duncan tenía la mirada fija en el suelo, pero sus pasos rápidos se hicieron resonar en la sala.
—No es importante —murmuró Duncan, y con mayor fuerza en su voz declaró—: Jenny y yo nos hemos casado frente a un Árbol Corazón. Hagan lo que hagan, es mi esposa frente a los Dioses Antiguos.
Kevan comprendió la complejidad de este asunto. Las voces alzadas de los consejeros rellenaron el salón como un nido de avispas.
—Si me permite, Su Alteza, este matrimonio secreto carece de las normas mínimas para ser reconocido formalmente por la corona.
Sólo él y el maestre guardaban silencio. Duncan se negaba a escuchar ningún argumento y finalmente, en su cólera, anuncio que renunciaba a sus derechos por el Trono de Hierro.
Finalmente, Kevan rompió el silencio.
—Su Majestad, usted no quiere decirle que no a su hijo —Aegon alzó una ceja. Duncan sólo le dirigió una mirada furibunda—, su amor incondicional es perfectamente aceptable, sin embargo, pienso que debemos forzar la mano. El Príncipe Duncan olvida su posición actual, y rechazar este acuerdo que lleva al menos 4 años de existencia, pone su posición en duda y se presta a rebeliones. Como Mano del Rey rechazo categóricamente su renuncia al Trono, pero le sugiero un plan.
—¿Qué propones, Kevan? —tanteó el Rey, de repente dudoso. La Mano del Rey se levantó con cuidado y miró al Consejo. Duncan pareció dudar por un instante.
—Salvar este Reino.
Los miembros del Consejo abandonaron su Torre pocas horas después, tras haber acordado en aceptar la venida de la Dama Jenny de Piedras Viejas a Desembarco del Rey, de ver si su matrimonio podría ser aceptado por el Septón Supremo, pero, a cambio, para asegurar que ninguna rebelión se pusiera en marcha, su hermana Rhaelle debía contraer matrimonio con el heredero Baratheon y la Dama Baratheon debía venir al Castillo y Duncan no podía romper su compromiso hasta que Kevan lo viese posible o necesario. Un intercambio de rehenes, por así decirlo.
Pero Kevan tenía otra idea en mente que debía ser trabajada antes de la siguiente luna y de designar este plan frente a los diferentes Señores, puesto que, aunque sus palabras eran dramáticas en tono, no se alejaban de la situación precaria del Reino. No iba, y no podía permitir que todo aquello se desmoronara a causa de una simple campesina y un príncipe testarudo.
Mientras el día moría, Kevan Yarwyck comenzó a escribir tres pergaminos: uno a su esposa, uno a Lord Baratheon y uno con dirección de Braavos.
¡Hola! Si estás leyendo esto es porque decidiste darle una oportunidad a una mujer que no ha escrito un verdadero fanfic en más de 10 años. Esta pequeña historia ha ido creciendo en mi cabeza desde que empecé a leer los libros de Canción de Hielo y Fuego (por ahí del 2014) y lentamente ha ido evolucionado hasta el fatídico día en el que la inspiración me tocó y me lancé a escribir de forma estructurada esta historia.
¿Es que es una historia finalizada? No, sé hasta dónde debe llegar pero no el camino que debe seguir. En sí esta historia esta pensada en finalizar en 20 o 25 capítulos, y quizás, si estoy bien inspirada o hay un buen feedback, la historia continuará hasta su inevitable final (la muerte de Duncan).
Hasta aquí llegan los capítulos formalmente escritos y editados a mi gusto. Planeo subir un capítulo cada Domingo o Lunes, dependiendo de mi tiempo libre y el avance de cada uno.
La construcción de algunas frases es rara porque paso la mayor parte de mi tiempo a escribir o en francés o en inglés (de manera profesional, más que nada), además de que tengo la costumbre de escribir historias en inglés principalmente y no en español, voilà.
Otra cosa, hace años que no escribo en mi lengua natal, así es que si alguien quiere hacer de beta antes de que yo publique, por favor contacteme via MP y con gusto podemos discutir sobre esta historia y mi español decadente.
En fin, espero que hayan disfrutado este primer capítulo y nos vemos en las siguientes partes.
