Índice de palabras japonesas
aa-si
arigatou-gracias
baka-estúpido
bokutou - espada de madera
che-palabra malsonante, similar a «mierda»
Chibi-pequeño, pequeña
daisuki - amar, gustar mucho una cosa.
demo-pero, sin embargo
deshi-alumno
genki-vigoroso, vivaz ,alegre
gomen/gomen ne - Lo siento
hai - si
honto ni - realmente, de verdad.
iie - no
kawaii - bonito, mono.
Kiriko - escrito con el Kanji «regocijarse» «beneficio» y «niño»
kitto - seguramente
kiwotsukete - ten cuidado
koishii - querida, amada
koneko - gatito
konnichiwa - buenos dias
maa, ii de gozaru - bueno, esta bien
maa, maa - similar a «ya, ya»
minna - todo el mundo
mou - exclamación de consternación o de ligero enfado
nani - qué
ne - pregunta retórica, ¿no es así?
ohayou - buenos días
oi - hey
(o)kaachan - mamá
(o)neechan - hermana mayor
onigiri - bolas de arroz
(o)niichan - hermano mayor
(o)touchan - papá
oyasumi ('yas'mi) - buenas noches
shishuu - bordado
sou da ne - es verdad, es correcto
tabi - calcetines con los dedos separados en dos.
tadaima - Estoy en casa
usagi - conejito.
wai - exclamación de alegría; hurra, yay, bien, etc.
yukata - Kimono de algodón ligero.
OoO
«Espero que no les importe» Dijo Kaoru. A Yahiko le parecía que había expresado en voz alta la misma preocupación un centenar de veces desde que habían dejado Tokio y de alguna manera había conseguido sonar más angustiada con cada repetición.
«Estoy seguro de que Misao-dono estar complacida» respondió Kenshin, tan paciente en aquel momento como la primera vez que ella había pronunciado la dichosa frase. Yahiko entrecerró los ojos.
«¡Kitto! ¡Kitto!" Repitió Kiriko, apretando los dedos de Kaoru para consolarla y haciendo reír a Yahiko. Kiriko giró la cabeza para mirarlo con atención, preguntándose que podía ser tan divertido, pero su oniichan simplemente sonrió.
Kaoru agarró con más fuerza la mano diminuta de Kiriko cuando a esta le fallaron sus piececitos.
«Ojos al frente, Kiriko-chan», la reprendió con suavidad, «no le hagas caso a Yahiko» La cabeza oscura se giró obedientemente para mirar por donde iba, en lugar de donde había estado. ¿Tienes muchas ganas de ver a Misao-oneechan?
«¡Hai! ¡Misao-neechan daisuki!"
Kaoru sonrió al oír la enérgica respuesta. Bajo la dirección de Aoshi, el Oniwabanshuu había regresado a Tokyo, dando pie a que la muchacha ninja les hubiera hecho varias visitas en el último par de años. La visita más reciente se había producido el invierno anterior y Misao había resultado ser mejor compañera de juegos que Kenshin.
Por supuesto, pensó Kaoru irónicamente, Misao-chan tiene una vena traviesa...¿Que niño no encontraría eso fascinante? Le había enseñado a Kiriko a robar dulces de la despensa, algo que todavía estaban intentando evitar, y la había convencido de deslizar bolas de nieve dentro de la camiseta de Yahiko en más de una ocasión. Y le había inculcado el gusto por salpicar en los charcos, añadió Kaoru, dando un amplio rodeo a uno especialmente grande que había en medio de la calle, tirando de la mano de Kiriko para prevenir cualquier accidente. Aunque Kenshin hacía el viaje a Kioto cada año, esta era la primera vez que la familia viajaba al completo desde el nacimiento de Kiriko . Los pies llenos de barro y las sandalias empapadas podían ser adorables cuando estaban en su casa de Tokio, pero no era la primera impresión que Kaoru tenía en mente para su hija.
Kiriko suspiro de un modo exagerado, mirando con pesar al charco antes de girar sus ojos violetas de manera suplicante hacia su padre y apretó el labio inferior para hacer un pequeño puchero. «Alrededor del charco, koneko» le indicó su padre. Suspirando de nuevo, apretó el labio un poco más.
Riéndose, Kenshin levantó los ojos para encontrar los de Kaoru. «Espero que Okina le haya hecho cosquillas sin parar a Misao al llegar a casa» le dijo ella con voz alegre aunque sus ojos guardaban un brillo vengativo.
«Maa, maa» Kenshin sacudió la cabeza, «Kiriko habría descubierto los charcos tarde o temprano».
«Quizá...¡pero Misao no necesitaba apresurar las cosas! Y tenemos la suerte de que lloviera anoche... ¡Alrededor del charco, Kiriko-chan! ¡Mou!»
«Es tan testaruda como tú, Kaoru», se burló Yahiko, agachándose para coger a la niña y subirla a sus hombros. «Agárrate fuerte, enana» le sugirió, dando un respingo cuando las manitas inmediatamente se agarraron a su pelo. «¡Oi» ¡Quiero llegar con algo de eso sobre mi cabeza!» Ella se echó a reír pero lo soltó, rodeando la parte de arriba de su cabeza con sus bracitos, teniendo cuidado de no taparle los ojos. «Buena chica». Dio un par de saltos arriba y abajo sobre sus talones, para hacer reir a Kirirko, antes de correr tras Kenshin y Kaoru.
El camino desde la estación transcurrió sin más incidentes, ahora que Kiriko estaba a una distancia segura de cualquier salpicadura. Kiriko parloteaba con Yahiko, golpeándole con suavidad con los talones en el pecho y él respondía con ganas, algunas veces diciendo la verdad y otras mintiendo descaradamente. Kaoru miró con preocupación a Kenshin. Los dos estaban en silencio ahora que Yahiko estaba distrayendo a Kiriko. Kyoto todavía guardaba tantos recuerdos dolorosos para él...
Kenshin sonrió reconfortándola cuando se dio cuenta de que ella le estaba mirando y su sonrisa se hizo más ancha cuando oyó la risa de Kiriko. Kyoto... El dolor había comenzado a disminuir con aquellas visitas anuales y se había diluido todavía más al estar rodeado por su familia. No había necesidad de que Kaoru se preocupase. Extendió la mano derecha para capturar su mano izquierda, entrelazando sus dedos entre los de ella. "Daijoubu de gozaru yo," murmuró solo para sus oídos. Ella asintió, apretando la mano de él con fuerza y soltándola únicamente cuando llegaron al Aoiya.
«¡Himura!» Gritó Misao, corriendo para saludarles al mismo tiempo que Yahiko dejaba a Kiriko en el suelo. «Me alegro de verte...¡y has traído a Kaoru y a Kiriko-chan también!
«¡Hey, chica comadreja!, ¿Qué pasa conmigo?
Rodeando a Kaoru con un cálido abrazo, Misaó le sacó la lengua a Yahiko. «No respondo a los que me llaman chica comadreja. Es señorita Misao para tí».
«Che...¿De verdad tienes veinte años? La provocó Yahiko, riendose con la mirada, «¡Actúas como si tuvieras doce!»
«¿Naaaaaniiii?» Al instante tenía las manos llenas de kunai, aunque en sus ojos había risa también. Un momento más tarde ambos se relajaron y se echaron a reír. El intercambio de insultos era su manera particular de saludarse.
«¡Misao-neechan! «¡Misao-neechan!» Kiriko levantó los brazos, saltando arriba y abajo llena de entusiasmo, mientras esperaba que la abrazase. Misao la levantó del suelo, haciéndola girar en círculos antes de abrazarla con fuerza.
«¡Konnichiwa, Kiriko-chan! Bienvenida al Aoiya»
Kiriko apretó su cara contra la de Misao, lanzando los brazos alrededor del cuello de su oneechan honoraria. «¿Estas surprendida de ver a Kiriko? ¿Ne? ¿Ne? ¿Estas surprendida Misao-neechan?»
Misao parpadeó, recordando que la pequeña podía ser más genki que ella.
«Si, Kiriko-chan, me ha sorprendido mucho. Tu otouchan suele venir solo.»
«¡Wai! «¡Wai! Los brazos de Kiriko se apretaron más contra el cuello de Misao, reconociendo la parte importante de la sorpresa, pero no las razones para ello. Las exclamaciones de la pequeña permitieron a los otros ignorar la pregunta en la observación de la chica ninja.
«¿A qué viene tanto alboroto aquí fuera?» Okina apareció en el umbral de la puerta y la cara se le ilumino de alegría cuando reconoció a Kenshin y Kaoru. «¡Bienvenidos! ¡Bienvenidos! Himura-kun, Kaoru-kun...¿Y quien es ella?» preguntó, inclinándose para contemplar la cara de Kiriko.
«Esta es Himura Kiriko, Jiiya» respondió Misao, haciendo botar a la niña en sus brazos y siendo recompensada por una risa alegre.
«¿Es que todo el mundo va a ignorarme?» Se quejo Yahiko en voz baja.
«Kiriko-chan, ¿eh?» Okina se mesó la barba pensativo. «Y Yahiko-kun también.
...¿Qué os trae a todos a Kyoto?
«Jiiya» comenzó a decir Misao, consternada al verle fingir ignorancia, cuando aquellas visitas eran tan importantes para Himura. Kaoru se apresuró a interrumpir, impidiendo que Misao y Okina se pusieran a discutir.
«Quería visitar a Misao y no nos fiabamos de dejar a Yahiko solo...»
«¡Oi!"
«...asi que aquí estamos». Kaoru sonrió, inclinándose ligeramente mientras terminaba de hablar. «Espero que no seamos una molestia...»
«¡Por supuesto que no!» Tanto Misao como Okina parecieron sentirse insultados por la idea. Acompañaron a sus huéspedes dentro, donde el resto del Oniwabanshuu de Kyoto esperaba para saludarlos.
«¿Cuánto tenéis pensado quedaros?» Preguntó Misao mientras Kuro se hacía cargo de sus pertenencias, «¿los dos o tres días de siempre?».
«Hai. No queremos quedarnos más tiempo del que somos bienvenidos, ¿ne?» Los ojos de Kaoru se encontraron con los de Misao, confirmando la sospecha de que el repentino deseo de visitarla era solo una excusa, y encontrando entendimiento en la mirada de la muchacha.
«Bueno, entonces no deberíamos perder ni un minuto» Declaró Misao. Frotó su nariz contra la de Kiriko y, levantando una ceja, preguntó: «¿Quién quiere cenar en el Shirobeko?»
«¡Shirobeko! ¡Shirobeko!» Cacareó Kiriko.
«Koneko, ni siquiera sabes lo que es el Shirobeko» rió Kenshin, extendiendo los brazos para cogerla de brazos de Misao.
«Mmm» asintió Kiriko, acurrucándose contra el hombro de su padre, «Demo, si a Misao-neechan le gusta, es bueno»
«Eso explica los kunai y su debilidad por Aoshi» dijo Yahiko riéndose mientras esquivaba el puño de Misao. «¿Estás perdiendo tu toque, chica comadreja?».
«¡Misao-neechan no es una comadreja!». Le riño Kiriko, «Las comadrejas son malas!». Hizo una mueca, sacudiendo la cabeza en dirección a Yahiko. «Malas, malas».
«Ahí lo tienes, ¿ves?» Se burló Misao mientras todo el mundo se reía. «Hasta un niño sabe que no soy una chica comadreja». ¡Arigatou, Kiriko-chan!"
«Hmmm . . .» decidido a no dejarse superar, Yahiko se giró también hacia la pequeña. "Ne, Kiriko-chan, si Misao no es una comadreja, ¿Qué es?" Los ojos le brillaron con una risa reprimida. Tenía una idea bastante clara de cuál iba a ser la respuesta.
No se vio decepcionado. «¡Mono!» Proclamó Kiriko, señalando la larga trenza de Misao, «Misao-neechan tiene cola, ¿ves?» ¿Ves?
«Mo...¿mono?» Misao se vio derrotada, mirando a su antigua aliada con asombro.
«¿Misao-neechan?» La voz de Kiriko sonaba preocupada. ¿No te gustan los monos? ¡Kiriko daisuki! ¡Honto ni! Y...y...» la pequeña carita se contrajo mientras pensaba, «y...y... Misao-neechan es cariñosa y kawaii como el mono que Kiriko vio en casa». Levantó la vista para mirar a su padre, «Ne, `touchan» ¿Ne?"
«¿Oro?" Kenshin parpadeó. No estaba del todo preparado para comparar a Misao con un mono.
"Gomen ne, Misao,» se disculpó Kaoru entre risas, «vio a un vendedor ambulante con un mono hace un par de semanas y todavía no ha parado de hablar de ello»
«¿Mono?» Repitió Misao y entonces se dio cuenta de la expresión esperanzada en la cara de Kiriko. «Bueno, un mono es mejor que una comadreja. Y si a Kiriko chan le gustan deben ser buenos, ¿no?» Sonrió utilizando la misma lógica que Kiriko.
«¡Hai!" La pequeña cabeza se sacudió arriba y abajo de manera entusiasta.
«Te pega, por la manera que tienes de saltar por ahí» afirmó Yahiko «y ella tiene razón...tu trenza parece una cola». Yahiko probó a tirarle del extremo de lal trenza. «¡Ow! ¡Kaoru!»
«Es suficiente» dijo ella, devolviéndole su bokutou. Yahiko le lanzó una mirada de enfado mientras volvía a colocar el arma sobre su espalda, pero no hizo más comentarios acerca de monos. «Ne, Misao, ¿Dónde está Aoshi-san?»
«Aquí» respondió una voz suave y Aoshi se apartó del muro y entró en la habitación. «He venido durante el bullicio» Aunque su cara era tan impávida como siempre, sus ojos vibraban con la risa mientras miraba a Misao.
« ¿Un mono, hmm? Yahiko tiene razón... eso explicaría algunas cosas.»
Misao enrojeció al oír el críptico comentario de su marido y rápidamente cambió de tema.
«¿No íbamos a ir al Shirobeko a cenar?»
OoO
Kenshin se despertó cuando la débil luz de la mañana comenzó a filtrarse entre las delgadas paredaes del Aoiya. No era una manera desagradable de despertarse y prefería visitarla por las mañanas; cuando el día era todavía fresco y joven, sin contaminación por palabras o actos. Se quedó tumbado un instante escuchando el tranquilo y ocasional aluvión de trinos de pájaros. Iba a ser un día hermoso.
Moviéndose con cuidado, retiró las sábanas y se sentó. Un suave tirón de su pelo impidió que se levantase. Alrededor de sus ojos se formaron arrugas de tierna alegría mientras se giraba hacia su mujer y su hija. Kiriko acurrucada a salvo en los brazos de Kaoru y ambas agarrando un generoso mechón de cabellos rojizos. De tal madre, tal hija. Cuando consiguió soltar los dedos de su cabello se levantó, arropándolas de nuevo antes de ponerse en movimiento para vestirse.
«Kiwotsukete.» La voz de Kaoru le obligó a detenerse mientras abría la puerta con sigilo. Se giró y la encontró mirándole con ojos soñolientos. No estaba realmente despierta pero tampoco completamente dormida.
«Aa» murmuró en respuesta, con sus labios curvándose en una ligera sonrisa, «Vuelve a dormirte». Las palabras apenas fueron necesarias. Sus ojos se cerraron de nuevo y su mejilla se apretó contra el suave pelo de Kiriko. Deslizando la puerta hasta cerrarla detrás de él, caminó casi silenciosamente pasillo abajo, esforzándose por no molestar a nadie mientras partía para hacer sus recados.
OoO
«Ohayou, minna!» La voz de Kiriko era animada y alegre mientras entraba dando saltitos en la habitación principal, seguida por su madre que caminaba a un ritmo más pausado.
«Ohayou, Kiriko-chan,» la saludo Okon, dándole unas palmaditas al cojín que había junto a ella mientras extendía la mano para coger un bol limpio de la pila que había en medio de la mesa, «¿Estás preparada para el desayuno?»
«Haaaaiii!» fue la respuesta inmediata y Kiriko se dejó caer en el cojín que le habían indicado con un enérgico golpe.
«Parece que no haya comido en días» murmuró Yahiko, sujetándose la cabeza y apoyándose contra la pared.
Kaoru enarcó una ceja mientras ocupaba su lugar junto a Kiriko. «Te dije que no bebieras tanto sake. Has empezado a parecerte a Sano más y más cada día que pasa». Kaoru asintió para agradecerle a Okon el desayuno. «Al principio solo eran el pelo y la actitud. Ahora has empezado a adquirir sus malos hábitos, también»
«¿Yahiko es el joven Sanosuke?» Rió Misao, al oír el último comentario de Kaoru mientras entraba en la habitación. «Lo último que necesitábamos: ¡Dos gallitos malhablados!»
«Cállate, chica-mono». La contestación amortiguada de Yahiko solo sirvió para aumentar la diversión de Misao.
«¡Con cuidado!» Le advirtió Kaoru a Kiriko, mientras esta intentaba reírse con la boca llena de arroz. Trae, deja que okaachan te ayude».
La pequeña asintió peleándose con los palillos y abrió obedientemente la boca cuando su madre le ofreció un bocado más pequeño que aquellos que se había servido a sí misma. «Ahora mastica», le dijo Kaoru, vigilándola para prevenir más contratiempos mientras dirigía sus siguiente palabras a Misao. «¿Estás ocupada esta mañana? Necesito hacer algunas compras y he pensado que te gustaría acompañarme.
«¿Comprar? ¿Para qué?
Los ojos de Kaoru centellearon mientras miraba a Yahiko, «Sake». El joven espadachín suspiró.
Misao puso cara de confusión. «¿Sake?» Demo, Kaoru-san, ¡Creía que no te gustaba! No bebiste nada anoche...» Misao fue bajando la voz cuando Kaoru sacudió la cabeza, riéndose mientras le daba a Kiriko otro bocado de arroz.
«No es para mí, Misao. Es para Hiko Seijuurou-san».
«Hiko-san? ¿El maestro de Himura?»
«Mmm. He pensado que deberíamos presentarle nuestros respetos mientras estamos aquí».
«¿Visitar?» Preguntó Kiriko, abriendo la boca para tomar otro pedazo, ¿Puede ir Kiriko también? Había esperanza en los ojos violetas.
«Hai. Tu puedes venir también, siempre que te portes bien».
"Demo, Kaoru, Himura nunca visita a Hiko-san . . . al menos," Misao frunció el ceño y sacudió la cabeza, «al menos no creo que lo haga.»
«Entonces va siendo hora». La voz de Kaoru era firme: Kenshin iba a visitar a Hiko tanto si le gustaba como si no.
OoO
Kenshin regreso al Aoiya después del mediodía, cuando la actividad se volvía callada y silenciosa y en el aire flotaba la pereza, mientras las tiendas y restaurantes esperaban a los clientes que llegarían con el atardecer. El establecimiento que los Oniwabanshuu administraban no era diferente de sus vecinos corrientes. Su gran sala común estaba vacía, con las mesas apiladas y limpias, preparada para los comensales nocturnos. El resto de las habitaciones estaban igualmente silenciosas y no había nadie que le diera la bienvenida cuando entró, pero pasillo abajo, de la espaciosa cocina del Aoiya llegaba el murmullo de voces.
«Tadaima, de gozaruuuuuorooo?»
La cocina era un desastre feliz. Kaoru y Misao se cernían llenas de ansiedad sobre un wok lleno de aceite mientras sus voces alternaban entre el alegre triunfo y la desesperación agonizante. Rodeadas de instrumentos culinarios y chismorreando como abuelas, Okon y Omasu estaban ocupadas cortando verduras en el único espacio relativamente libre. Kiriko estaba sentada sobre el mostrador, con los pies pataleando adelante y atrás mientras laboriosamente le daba forma al arroz para hacer onigiri bajo la vigilante mirada de... ¿Aoshi? Kenshin parpadeó, resistiendo la necesidad de frotarse los ojos para creérselo. Apoyado confortablemente junto a ella el Oniwabanshuu okashira parecía estar completamente a gusto, respondiendo al parloteo de la pequeña con una voz que era amable pero no condescendiente. Su uniforme, normalmente impecable, estaba lleno de polvo de harina de arroz sobre la espalda y los hombros, y el mismo polvo cubría cualquier también cualquier otra superficie cercana, sus cabezas, ropas, suelo y mostradores. Una pila de platos, que parecía contener cada recipiente y utensilio de cocina que el Oniwabanshuu poseía, esperaba en la fregadera. Nadie parecía preocupado por el desorden y su alegre despreocupación solo se sumaba a la sensación de confusión.
Se preguntó, aturdido, quien iba ser responsable de limpiarlo todo y se encontró sintiéndose culpable por esperar que no tuviese que ser él.
«¡Touchan! ¡Touchan!»
La efusiva bienvenida lo despertó de su estupor y llamó la atención sobre su regreso. Aclarándose la garganta, intentó saludar por segunda vez: «Tadaima de gozaru!» Entró cautelosamente en la habitación, temeroso de lo que pudiera haber escondido bajo la capa de harina, mientras preguntaba con voz perpleja: «¿Que está pasando aquí?
«¡Estamos haciendo la cena!» Kiriko exhibió un puñado de arroz para resaltar sus palabras.
«Aoshi-niichan y Kiriko están haciendo onigir, demo...» ella sacudió la cabeza con tristeza en dirección a Aoshi. «Aoshi-niichan no sabe cómo hacer usagi-onigiri, así que solo hacemos bolas normales. Misao-neechan está enseñando a 'kaachan como hacer temp'ra . . ." sus pequeñas cejas se juntaron
«Veduras y gambas cubiertos de masa de rebozar y fritas» Le dijo Kenshin mientras ella tomaba aire para preguntar, «Te gustará».
La oscura cabeza se movió arriba y abajo, satisfecha
«Cuando hayamos acabamos vamos a comer y entonces Yahiko-niichan y Okina-ojiisan van a limpiar la cocina y entonces "kaachan ha dicho que vas a ir a ver a tu shishuu y que Kiriko podrá ir también si es buena». Ella le sonrió mientras le entregaba a Aoshi el onigiri terminado. «¡Kiriko ha sido muy, muy buena hoy! Honto ni!»
Sin pensarlo Kenshin se acercó a cogerla cuando ella levantó los brazos, y sus ojos violetas se dilataron por la sorpresa cuando descifró el interminable río de palabras y lo convirtió en algo coherente. ¿Mi shishuu? Levantó una ceja inquisitivamente en dirección a Kaoru, cuando esta se unió a ellos. Varios mechones de pelo de Kaoru se habían escapado de su cinta de pelo, para colgar alrededor de su cara enrojecida por el calor. Tenía una mancha de rebocina de tempura sobre su mejilla y se había mordido los labios al concentrarse, hasta dejarlos amoratados y casi hinchados, como si la hubieran besado repetidamente. Parecía agobiada y a la vez adorable. Su mirada azul le prometió en silencio contarselo luego si no hacía preguntas acerca de la explicación de Kiriko en aquel momento, y Kenshin voluntariamente aceptó guardar sus preguntas hasta que ella no pareciese tan cansada. Después de todo, se imaginaba más o menos que, o más bien, quien, era si shishuu, y no tenía nada que ver con ningún bordado. «¿Tempura?» preguntó suavemente, extendiendo la mano para retirarle el pelo de la cara con dedos tiernos mientras un pulgar recorría la curva de su mejilla para quitar la rebocina seca.
Kaoru sacudió la cabeza despectivamente. «Misao ha intentado enseñarme, pero creo que es una causa perdida. No importa lo mucho que me esfuerce, siempre hago algo mal; o pongo demasiada harina o demasiado poca, el aceite está demasiado caliente o muy frio, lo cocino demasiado o lo saco demasiado pronto». Ella dejó de hablar, convirtiendo un resoplido en un suspiro y se giró para besar a Kiriko en la frente. «Espero que hayas heredado el talento de tu padre en la cocina, Kirkiko-chan. Si no, lo mejor que puedes hacer es esperar que un ruroni tierno, guapo y bueno en la cocina venga de visita.
«¡Rouni! ¡Rouni!» Dos pequeños bracitos se enroscaron alrededor del cuello de Kenshin, apretando cariñosamente, mientras Kiriko repetía la palabra, sin saber y sin importarle lo que significaba, disfrutando de su sonido.
«Misao se ha hecho cargo de la tempura» continuó Kaoru. La alegría de la pequeña había camuflado su fracaso. «Así que he pensado que quizá pueda ayudar con el onigiri y dejar que Aoshi-san vuelva con los informes en los que estaba trabajando».
«No eran tan importantes» protestó Aoshi suavemente, inclinándose hacia delante para hacerle cosquillas a Kiriko justo debajo de la oreja, haciéndola reír y acurrucarse más cerca de Kenshin, «Tu hija es mejor compañía». Hizo una ligera inclinación, y fue recompensado por otra risa jovial antes de alejarse para unirse a Misao en el trabajo. Entonces pasó la mano por encima del hombro de Misao y atrapó un trozo de patata dulce Con los ojos brillantes intentó hacerse con un segundo trozo, riéndose cuando ella le dio un cachete en las manos para que se apartase.
«Misao-dono es buena para él» observó Kenshin en voz muy baja. Kaoru asintió, centrando su atención en su hija que acababa de darle un suave tirón en la manga.
«'Kaachan ayuda Kiriko hacer onigiri?» Su carita brillaba con una ansiosa satisfacción.
"Mmm . . . bueno," Kaoru se lo pensó dos veces, «estorbo con buenas intenciones, de todas formas."
Le sonrió a Kenshin mientras recogía a Kiriko de sus brazos, pero a él no se le pasó por alto el ligero temblor en sus labios a pesar del esfuerzo que hacía por parecer feliz y entusiasta. Kenshin la contempló cuidadosamente mientras hablaba y jugaba con Kiriko y su bandeja de onigiri crecía de modo constante. Se preguntó por qué aquel tema era tan sensible para ella. Por alguna razón su fracaso en la cocina le estaba pesando más de lo normal...
Luego haría más preguntas, decidió.
La cena y sus preparativos fueron concluidos sin más incidentes, a pesar de que Yahiko y Okina se molestaron cuando se enteraron de que eran los responsables de limpiar la cocina.
«¡Si hubiera sabido que me libraría de esto haciendo onigiri, habría sido feliz jugando con el arroz!» Gruño Yahiko, mirando con tristeza el desorden.
«Bueno, pues ya lo sabes para la próxima, ¿ne?» Le dijo Misao con un poco de malicia, entregándole un trapo y un cubo de agua con jabón, « Creo que, quizá, deberías empezar por el suelo, mientras Jiiya se hace cargo de los platos. «¡Ja ne!» dijo, y deslizó la puerta hasta cerrarla ignorando sus protestas. Todavía se estaba riendo disimuladamente cuando se reunió con los otros en la sala común.
«¿Han puesto muchos inconvenientes?» Preguntó Kaoru, su tono de voz alegre, pero con un poso de humor vengativo. Kenshin se rió entre dientes en voz baja. Un punto para ella. Kaoru y Yahiko no parecían cansarse jamás de sus discusiones.
El tono de Misao era un eco del de su mujer. «Por supuesto...pero no he dejado que me convencieran» dijo guiñando un ojo. «Los dos están trabajando duro».
«No tienen más de lo que merecen» intervino Okon mientras Misao se sentaba entre Aoshi y Kaoru. «Okina no ha movido un dedo en toda la semana y Yahiko se lo ha ganado por todas sus bromas. ¿Ne?" Las mujeres en la habitación asintieron enérgicamente, mientras los hombres, sabiamente, permanecieron en silencio.
«Ne, Kaoru...» Preguntó Misao, mirando a Kirkiko con anhelo «¿puedo cogerla?»
Su cara estaba llena de una fascinación esperanzada; era el rostro de una mujer que comenzaba a anhelar, a querer un hijo propio. Junto a ella, los ojos de Aoshi centellearon de emoción: satisfacción, bienvenida, aprobación, y su boca se curvó en una sonrisa apenas visible.
Acurrucada en el regazo de su madre, con el vientre lleno y los párpados pesados, Kiriko se opuso. «¡No, no, no!» «Kiriko quiere estar con 'kaachan».
Kaoru sonrió con suavidad y, mientras se encontraba con la mirada sorprendida y ligeramente herida de Misao, Kaoru dijo con tono de disculpa: «Creo que es hora de que se vaya a la cama. Nunca es así, a menos que este cansada o asustada».
«Aa» asintió Kenshin mientras Kiriko se frotaba adormilada el único ojo visible. El otro estaba enterrado en el pecho de Kaoru. «Se está haciendo tarde, generalmente ya suele estar dormida a estas horas». Kenshin le ofreció una mano a Kaoru para ayudarla a ponerse en pie. ¿Quieres que la lleve yo?
«Iie, daijoubu. Di buenas noches a todo el mundo, Kiriko-chan» murmuró Kaoru con tono persuasivo.
"'Yas'mi," murmuró la pequeña, y la mano se deslizó hacia su boca para poder chuparse el pulgar. Su madre rió, cambiándola de posición para acunarla sobre el hombro mientras dejaban la habitación. Misao suspiró melancólicamente cuando se hubieron ido, mirando a su esposo de manera especulativa y forzando a Kenshin a toser para camuflar una carcajada.
Misao enrojeció. «Es tan dulce...cuando más tiempo paso con ella, más celosa estoy de ti y de Kaoru». Se acercó más a Aoshi, apoyando la cabeza en su hombro y envolviéndolo con sus brazos para apretarlo contra ella. «Quiero uno» murmuró, como un niño que desea un juguete que no sabe si podrá tener; medio petulante, medio suplicante. Aoshi se limitó a enarcar una ceja. El gesto resultó, de alguna manera, risueño e irónico, y Kenshin inclinó rápidamente la cabeza para esconder la amplia sonrisa que se había extendido por su cara. Excusándose una vez que consiguió recuperar el control de sus emociones, se puso de pie y siguió el mismo camino que su esposa y su hijo. Mientras la puerta se cerraba detrás de él, dejando a la pareja a solas (los otros Oniwabanshuu se habían retirado silenciosamente), creyó oír a Aoshi decir: «Solo tenías que preguntar, mi querida Misao» y tuvo que ahogar otro estallido de risa, sacudiendo la cabeza mientras subía las escaleras.
«¿Ya está dormida?»
Kaoru sonrió al oír en la pregunta un ligero tono de decepción. Sabía que no pasaría mucho tiempo antes de que viniese a comprobar como estaba su pequeña koneko-chan, arroparla y darle un beso de buenas noches. «Hai. Ha tenido un día atareado».
Kenshin se movió hasta quedar en pie detrás de ella mientras sus manos encontraban y masajeaban sus hombros.
«Me suena que sí; comprando, cocinando y haciendo planes...» Kaoru se había relajado gracias a sus caricias y él dudo un instante, no quería intranquilizarla, antes de preguntar: «¿Mi shishuu?»
Ella se echó a reír. «Supongo que a ella le suena muy parecido. Le he dicho que íbamos a ver a tu shishou mañana. La cara con la que si giró hacía él era seria y decidida. Obviamente esperaba que él se negase y estaba decidida a ganar la discusión que se avecinaba. «Creo que nosotros...que tú...deberías presentarle nuestros respetos mientras estamos aquí. Hiko Seijuurou-san ha sido algo más que tu maestro; fue como un padre o un pariente, y...y...» Quiero que vea que finalmente eres feliz... Creo que se alegrará por ti». Aunque se hiciese el duro por fuera, Hiko Seijuurou se preocupaba por su estudiante como lo hacía cualquier maestro - y más, habiendo criado a Kenshin desde una edad temprana. Se merecía la oportunidad de ver como su discípulo se había desarrollado.
«Muy bien».
Kaoru parpadeó cuando Kenshin calmadamente le dió la razón, interrumpiendo su tren de pensamiento y haciendo descarrilar sus intentos por expresar sus razones y argumentos de manera lógica. «¿Na . . . nani?» tartamudeó ella
Las esquinas de sus ojos se arrugaron con humor y su boca se curvó en una sonrisa tierna, mientras su vista se desviaba hacia su hija dormida. «Iré. Quiero hacerlo. Me dará la oportunidad de darle las gracias». Kenshin inclinó la cabeza ligeramente, con el pelo rojizo cayendo hacia delante y ocultando sus ojos. «Nunca lo he hecho, ni una sola vez en todas las veces que he venido aquí. Y aun así… Por una única cosa, por un única habilidad, si no por todo lo demás...»
Oh, Kenshin. Ella no necesitaba preguntar a qué se refería. Durante su embarazo él había expresado su disposición a ayudarla. La mano de ella se deslizo sobre la suya, dándole un apretón comprensivo. «¡Es un alivo!» Me temía que iba a tener que arrastrarte conmigo» bromeó ella, intentando disipar aquella repentina solemnidad.
"Iie." Él sacudió su enmarañada melena, dispuesto a dejarse persuadir, dispuesto a dar tanto como recibía. «Quiero ver qué pasa cuando le eches en cara la broma del obi».
Su rostro inocente no conseguía enmascarar al bromista que llevaba dentro.
Los ojos de Kaoru se abrieron por el asombro y luego se estrecharon evaluando la situación. Aquello era algo en lo que no había caído. "Sou da ne..."
Kenshin se echó a reír mientras ella apretaba los labios con aire pensativo. «Si alguien puede conseguir que se disculpe, koishii, estoy segura de que eres tú». Dijo depositando un beso en la boca, que ella, amablemente, aún sin darse cuenta, había levantado hacia él. «Recuerda llevarte tu bokutou».
«¡Kenshin!" Ella lo fulminó con la mirada por insinuar que obligaba a la gente a comportarse a golpes.
Él extendió sus manos intentando aplacarla. «Maa maa... Solo dijo que shishou es un poco más testarudo que la mayoría».
«Contigo como estudiante, eso no es ninguna sorpresa» Ella le sacó la lengua mientras él le frotaba tímidamente la parte de atrás de la cabeza y se vio forzado a admitir que era solo un poco menos cabezota que Hiko, y al menos tan cabezota como ella. Decidiendo no presionar el asunto de quien era más testarudo que quien, Kenshin volvió a masajearle los hombros a Kaoru, sintiendo como el cuerpo de ella relajaba y se iba adormeciendo bajo sus manos. Ella se hundió en el futon mientras sus cuidadosas atenciones se deslizaban espalda abajo, y estaba dormida antes de que a Kenshin se le ocurriese persuadirla para que se pusiese la ropa de cama.
"Maa, ii de gozaru," murmuró, quitándole con suavidad el lazo del pelo y aflojando su obi para que estuviera tan confortable como fuera posible. Kenshin cambió su ropa de calle por un yukata, se acurrucó junto a su mujer y su hija, y se quedó dormido sin darse cuenta de que había olvidado preguntarle a Kaoru que era lo que le había ocurrido en la cocina.
