Hola!

De nuevo por estos lugares con un OS corito pero bonito, tal vez quede feo pero es trabajo honesto JAJAJA.

Quise contribuir al tema de hoy: HOME DATE del segundo día de la #InukagFluffWeek. Espero les guste.

Las labores del día casi estaban completadas, el atardecer no tardaría en aparecer cualquier momento. Se limpió el sudor de la frente con la manga de su traje de sacerdotisa soltando un suspiro largo, significado del cansancio provocado por la labor que estaba terminando de atender en ese momento. Su cesta estaba completa y abarrotada de plantas de todo tipo que ya depuraría después al llegar a su hogar. Una sonrisa cálida nació en su rostro al recordar su "hogar", saber que faltaba ya muy poco para volver le producía una emoción indescriptible en todo su ser, no importaba que todos los días se repitiera la misma rutina, seguía sintiendo la misma emoción.

Conociendo perfectamente bien los tiempos, sabía que no faltaba mucho para que el amor de su vida llegara por ella para llevarla a su hogar. Se apuró a desatarse la coleta del pelo que se había hecho con un listón desde el medio día, aun queriendo que su esposo la encontrase linda cuando llegara. En alguna ocasión le había mencionado que le gustaba verla con su cabello suelto y desde aquella vez no paraba de cepillarlo y cuidárselo lo mas que pudiera con lo que tenia en sus manos en aquella época.

Sin siquiera tener que voltear, ella ya sabia que él había llegado. Sentía su aura, lo podía sentir en toda su piel y en su ser cada que se encontraba cerca.

-Kagome, ¿terminaste? - escuchó detrás de ella, aun sin voltear, su corazón se aceleró y su piel se erizó al escuchar su voz, le pasaba cada maldita vez que él aparecía y le hablaba después de un largo día de trabajo.

Ella volteó con ansias para por fin quedar frente a él y mirarlo, al fin poder mirar esos ojos dorados que tanto amaba y que tanto extrañaba en el día. - Si, vayamos a casa Inuyasha-

A pesar del tiempo juntos, nada había cambiado, seguía estando loca por él, loca por que llegará la tarde y él llegara por ella, subir a su espalda, disfrutar del viento durante el viaje hasta su hogar y que al llegar por fin pudieran estar a solas. Mientras cenaban, platicar de lo que habían hecho durante el tiempo en el que no habían estado juntos, ir al río a darse un baño o bien si querían tener mas intimidad, encender la olla que él le había traído con tanto esfuerzo con el fin de simular una bañera como la que ella tenía en su época y estar ahí abrazada de él hasta que sus dedos se arrugaran, después ir a la cama juntos y claro, hacer el amor por horas hasta que sus cuerpos ya no pudieran más. Si, Inuyasha la hacía tan feliz. Debía de admitir que cuando volvió por el pozo después de 3 años, tenia muchas dudas, nunca sobre haber regresado para estar con él, eso jamás, ella sabía que lo amaba profundamente y estaba segura de que él a ella también, lo que no sabia era como iba a avanzar su relación después de tanto tiempo. Esas dudas se disiparon inmediatamente pues Inuyasha no perdió ni un segundo en contarle sus intenciones de vivir con ella para siempre y formar un hogar juntos.

Aún recordaba la emoción y el llanto de felicidad cuando la llevó a una cabaña que estaba mas alejada de las demás y le confesó que era para ellos dos, él la había construido en su ausencia con la esperanza de volverse a ver algún día y vivir ahí. Por eso es que todos los días ansiaba con regresar a ese lugar por las tardes y estar sola con él. Inuyasha aterrizó en el piso después de haber saltado por los árboles con ella en su espalda, más no la dejó entrar a la cabaña como siempre en cuento llegaron.-

-¿Inuyasha? - susurró su nombre con duda al sentir las manos de él detenerla por los hombros antes de llegar a la puerta de la cabaña.-

-Espera, antes de entrar cierra los ojos.-

-¿Eh? - no podía estar mas confundida, Inuyasha estaba ahí enfrente de ella pidiéndole que cerrara los ojos, siendo sincera, lo primero que pensó fue que tal vez, en su ausencia, había hecho un desastre en la casa y no supo como arreglarlo- ¿por que? ¿Qué hiciste?

-Tonta, no hice nada malo, solo hazme caso ¿quieres? - el tono de voz de Inuyasha comenzaba a sonar impaciente, ella lo detectaba enseguida.

-Esta bien -cerró los ojos como lo indicó Inuyasha, pero sus ansias podían mas y trató de entre abrir uno de sus ojos para poder tener algo de visión, que claro, no pasó desapercibido por su esposo.

-Olvídalo, eres una tramposa, lo haré yo- Inuyasha se puso atrás de ella y enseguida le cubrió los ojos con sus manos con el debido cuidado de no lastimarla con sus garras. - Camina, yo te guío.- Kagome se dejo guiar prácticamente por el cuerpo de Inuyasha y sus manos, le producía mucha ansiedad no saber por donde caminaba ni tampoco saber con que se iba a encontrar entrando a su casa. Subió los tres escaloncitos que había y enseguida, por el aire cálido, supo que ya estaba dentro de la cabaña, aunque efectivamente, estaba más cálido que de costumbre y eso la extrañó más.

- Inuyasha ya déjame ver por favor - casi le suplicó.

- Listo, ya puedes ver, desesperada.-

Inuyasha le quitó las manos de sus ojos y Kagome no tardó ni un segundo en abrirlos para poder ver que era lo que con tanto misterio guardaba su esposo. Lo primero que vio fue muchísima luz y calor que provenían de muchas velas encendidas y acomodadas por todo el lugar, en las esquinas, sobre las pequeñas repisas que tenían en las paredes y a los costados del futón en el que dormían. El corazón de Kagome parecía que iba a parar en cualquier minuto por lo rápido que latía y claro, ya habían lágrimas rodando por sus mejillas producto de la calidez y felicidad que le producía lo lindo que estaba acomodado todo. Comenzó a caminar y en el centro de su hogar estaba acomodado un pequeño trozo de madera que hacía función de mesa y en el centro había unas flores recientemente cortadas, sus favoritas de hecho. El caldero con la comida estaba hirviendo y olía delicioso. No sabía que palabras utilizar para describirle sus sentimientos a él, estaba demasiado emocionada y conmovida.

- Inuyasha - pronunció su nombre con la voz entre cortada por el nudo en su garganta, lo volteo a ver, él estaba con los brazos cruzados, los ojos cerrados y un uniforme color rojo fuerte extendiéndose en sus mejillas. - Gracias Inuyasha . . . gracias- fue lo único que alcanzó a pronunciar antes de aventarse a su cuerpo y abrazarlo, él descruzó los brazos y la abrazo por la cintura- Te acordaste.

-Como se me iba a olvidar, hoy se cumple un año más de que regresaste- sus palabras fueron casi audibles, susurradas prácticamente producto del ansia y la pena que sentía en ese momento, no sabía si a Kagome le iba a gustar la sorpresa pero decidió intentarlo.

Entre tantas pláticas que habían tenido acerca de las raras costumbres de su época, se le había quedado guardado una en particular a la que ella llamaba "cita", en la que los novios o prometidos salían a divertirse y hacer algo que les gustara, en la mayoría de las veces realizaban una cena y pasaban el tiempo platicando. Kagome había dicho que lo hacían para celebrar algún aniversario o una fecha importante y vaya que ésta era una fecha importante. Contempló varios lugares en los cuales montar todo lo que tenia preparado pero analizó las posibilidades de que pudieran ser molestados por algún aldeano o bien, por la pareja de chismosos que tenían por amigos, así que decidió hacerla en su hogar, en donde estuvieran completamente a gusto y tuvieran la privacidad que tanto amaban tener cada noche y así decidió que seria una cita en casa.

Kagome lo vio directamente a los ojos con una sonrisa amplia, le acaricio el pelo cerca de una de sus orejas y con la otra mano lo tomo del cuello para acercarlo y darle un beso apasionado, de esos que a él lo hacían perder la razón, el sentido del tiempo y de toda cordura. Él le correspondió apasionadamente afianzando el agarre de su mano a su cintura y poniendo su otra mano en la cabeza de Kagome asegurándose de que no hubiera modo de que se separara y terminara ese delicioso beso que le estaba despertando cada particular de su ser.

- Si seguimos así, no vamos a llegar a la cena.- dijo él, aun con los labios pegados a los de su esposa.

-¿Cuando nos ha importado eso? -Kagome no tenía ninguna intención de parar las intenciones que tenía planeadas para ese momento, simplemente se quería dejar llevar por lo que estaba sintiendo y quería que Inuyasha la acompañara en ese viaje de pasión y placer que una vez que comenzaban, no podían parar.

Ella paso una de sus manos por el pecho de Inuyasha, abriendo lentamente su kosode hasta que por fin se encontró directamente con su pecho desnudo, él soltó un ligero gruñido que siempre se le escapaba apenas y sentía a Kagome en contacto directo con su piel. El cedió a sus deseos y se deshizo de su ropa para que ella explorase lo que quisiera, siempre dejando que hiciese lo que quisiera con él, estaba a sus pies. El beso fue interrumpido solo un momento por Inuyasha en el cuál no la dejaba de ver directamente a los ojos, nunca tenía suficiente de esa mirada tan hermosa que siempre estaba cargada de amor y bondad, pego su frente con la de ella y comenzó a acariciarle el rostro con los nudillos.

-Gracias por regresar conmigo.- pronunció con la voz ronca y temblorosa por el ansia que estaba sintiendo de seguirla besando hasta hacerla suya y estaba dispuesto a continuar con eso no sin antes dejarle muy en claro el agradecimiento que sentía por haber vuelto con él y querer vivir a su lado-

-Gracias por esperarme.-dijo suavemente mirando a Inuyasha a los ojos, débil a ese color dorado el cual siempre le quitaba la respiración, mas si lo tenia tan cerca como en ese momento.

Inuyasha reanudó el beso, esta vez dando rienda suelta por completo a la pasión y a las ganas que tenia por tomarla, era tanta la desesperación, el ansia por probar sus besos, su piel, besar cada centímetro de su cuerpo, hacerle sentir todo el amor y la devoción que sentía por ella. No tardaron mucho en deshacerse de todo lo que les estorbaba para acariciar el cuerpo del otro sin ninguna censura y de un momento a otro se encontraban sobre el futón, no se escuchaban mas que el ruido del fuego proveniente de las velas y de la fogata, el sonido de las cigarras y los gemidos de placer que emitían al entregarse completo.

Hicieron el amor toda la noche, solo descansando para cenar la deliciosa comida que había preparado la anciana Kaede, porque claro, sospechosamente estaba tan bien hecha que Inuyasha tuvo que admitir que la anciana le había tenido que ayudar con tal de no arruinar la perfecta cita en casa que Inuyasha había preparado para su esposa.

-¿Te gustó?- dijo Inuyasha rompiendo el silencio armonioso en el que llevaban desde hace ya varios minutos después de haberse entregado una vez mas el uno al otro.

-Creí que ya no tenías dudas de que sí- dijo Kagome con un poco de vergüenza, desviando la mirada hacia abajo con un ligero rubor en las mejillas.

- Me refiero a la cita- le dedicó una mirada cargada de complicidad junto con una sonrisa burlona mientras la abrazaba ya que ella estaba encima de su pecho.

-Oh . . . todo estuvo perfecto. Pensé que no prestabas atención cuando te hablaba de "las citas".-

-Siempre te presto tención, nunca lo dudes.-

- Bueno, me encantó todo, en especial la cena me gusto porque no la hiciste tú -le dijo a su esposo sarcásticamente queriéndolo hacer que se enojase.-

-Tonta, si nunca te lo hubiera confesado nunca te hubieras dado cuenta que no la había hecho yo.-le dijo con un tono falso de indignación.

-Es broma, aunque la hubieras hecho tú, me hubiera gustado, a mi me gusta todo lo que haces.-

-¿Todo? -Inuyasha llevó su mano a la cadera de Kagome, tomándose el tiempo de explorarla y con cada caricia acercándose mas a la parte baja de su vientre para comenzar a deslizarse hasta el lugar que hacia que ella se volviera loca.

- Todo -su voz se volvió un suspiro al sentir como la mano de Inuyasha se paseaba cerca del lugar que clamaba todo el tiempo por su atención, no importaba cuantas veces la acariciara de es forma, cada vez era mejor que la anterior, ella se quito de encima de el para recostarse en el futón y acomodarse mientras Inuyasha la seguía sin soltarla y sin dejar de acariciarla. Kagome abrió sus piernas para poder recibir de Inuyasha todo lo que él quisiese darle y hacerle. - Tengamos mas citas en casa, por favor. - dijo perdida en el placer al sentir la lengua de Inuyasha pasar por todos sus pliegues.

-Lo que me pidas.-

N.A.: Creo que estos dos no volverán a tener una cita a la intemperie jamás, jajaja se que quedó cortito pero bonito, solo quería contribuir al tema de este día.

Gracias por leer.

Andrea