Por sugerencia del psicólogo, tras la primera valoración, Fumiya fue llevado a terapias de grupo antes de considerarse apto para entrar a un ambiente tan estresante como una guardería, considerando que el poco trato que había tenido con otros niños no había sido agradable.
Además, el consumo demasiado temprano de somníferos le había causado movimientos muy lentos y una capacidad de razonar aletargada, sumado a las anfetaminas que le detonaban ataques de ansiedad, era necesario primero pasar el proceso de desintoxicación.
Luego viene la parte física, en las terapias de rehabilitación de las que Mori se está encargando, y en la suma de todos estos tratamientos, le da el tiempo justo a Chuuya para ocuparse del trabajo, asegurándose además de seguir al pie de la letra las recomendaciones de los especialistas.
El resultado comienza a ser visible tan sólo tres meses después, con un Fumiya que ya corre por la casa, que no teme pedir un helado e incluso ha comenzado a cantar junto a su padre cuando viajan en el auto.
Algo para alegrarse, no para adelantar la victoria todavía, lo sabe perfectamente, y aún así, Chuuya brilla de orgullo cuando ve a Fumiya ir superando cada pequeña adversidad, que día a día van sumando alegría a ese pequeño hogar.
— Mañana no tienes terapia, corazón, el psicólogo recomendó que descanses un poco antes de reanudar las sesiones.
Fumiya se queda lamiendo el helado, mirándolo y mirando después un pequeño parque cercano, donde, al ser todavía temprano, hay unas cuántas familias, los niños jugando.
— ¿Quieres ir a jugar?— le susurra, besando su mejilla, y ante la manera tímida en que se abraza a su cuello, piensa que se negará.
Contra todo pronóstico, mordiéndose los labios, asiente con la cabeza, y Chuuya sonríe, lleno de euforia, dejando al niño caminar, sujetando su mano con todo el orgullo del mundo.
— Me gusta cómo caminas, papá. Pareces un príncipe.
— Tú eres un príncipe, bebé. El príncipe de papá.
Ambos se ríen, y al llegar a la zona de juegos, Fumiya inhala hondamente, terminando su helado de un bocado y dejando su peluche a cuidado de Chuuya, que le besa la frente, recordando que tenga cuidado, que él estará justo ahí por si lo necesita.
El niño le sonríe, y con pasos tímidos se acerca a un par de niños que están jugando en la resbaladilla.
Ellos simplemente le sonríen y lo invitan a jugar con ellos, a lo que Fumiya acepta enseguida, las mejillas completamente brillantes por la alegría.
Chuuya lamentó que ya fuera demasiado tarde para inscribirlo al jardín de infantes, porque estaba seguro, ya estaba listo para integrarse.
Al menos tenía el alivio de poder llevarlo al trabajo.
Aunque no era la primera vez que lo llevaba, seguía siendo un espectáculo ver a uno de los ejecutivos más importantes y sanguinarios cargar un niño en brazos, riéndose de esa manera tan sincera mientras le acomodaba el cabello y le limpiaba el polvo de su ropa, que siempre está impecable.
Entran a la oficina y Chuuya se pone a atender los pendientes, mientras su hijo se dedica a jugar o dibujar, aunque justo ahora el adulto está demorando más de lo normal, y Fumiya tiene unas particulares ganas de hablar.
No es que Chuuya lo ignore, pero no le está brindando toda la atención que requiere, y eso lo está poniendo de mal humor.
Fumiya espera que el abuelo Mori esté menos ocupado, incluso que le pueda hacer el teatro de marionetas que tanto le gusta.
Mira fijamente a su papá, que tiene el ceño fruncido por la concentración, y después da un pasito a la puerta. Chuuya no se ha dado cuenta de nada, da otro paso y otro hasta que alcanza la salida, y con mucha cautela abre y cierra, caminando de puntillas hasta el corredor.
Y es aquí donde comienza el problema, porque Fumiya no recuerda cuál es la puerta correcta, y al verlas, todas lucen exactamente igual.
Sólo le queda elegir al azar, así que cierra los ojos, apuntando a cualquiera y al abrirlos, decide que esa es.
Está entreabierto, así que no llama, aunque al entrar, enseguida nota que no es la oficina del abuelo.
— ¿Mariposa?
La voz que lo detiene, le eriza cada vello en su cuerpo, y lo vuelve de hielo, adherido al suelo, incapaz ni siquiera de temblar.
— Qué raro, no recuerdo haber pedido una prostituta hoy. — el hombre detrás del escritorio murmura, mirando de punta a punta al niño—. Bueno, no es como que vaya a negarme.
Fumiya escucha el cierre bajando, y sus pupilas se dilatan en terror, sin ser capaz de nada más que abrazar a su oso y apretar los labios.
— Qué raro estás hoy, seguro tu madre otra vez te está dando porquerías. Como sea, no me pongas de mal humor y ven aquí de una vez.
El corazón le está explotando en el pecho y tiene tanto miedo que no sabe qué hacer.
Claro que lo sabe, si su madre nunca dejó de educarlo para eso.Es sólo que no quiere.
¿Cuándo ha importado lo que él quiere o lo que siente? Nunca importó cuánto sangrara, cuánto llorara, ellos nunca se detuvieron y nunca nadie lo consoló, ya debería haber aprendido…
— ¿¡Fumiya!?
La voz desesperada de Chuuya se escucha desde el pasillo, aunque no es suficiente para que el niño reaccione. Al pasar, nota la puerta entreabierta y distingue la sombra del niño, así que abre de par en par, dejando salir un suspiro de alivio, tomando al niño en brazos.
— Cariño, te he dicho que no te alejes sin avisarme.
Al besarle la frente, nota que el niño está estático, con una mirada de profundo terror que le hace mirar al hombre en el escritorio, subiéndose el cierre, poniéndose de pie para hacerle una reverencia.
— Chuuya-kun, lo siento, no sabía que usted había solicitado sus servicios, supongo que se confundió de oficina.
El pelirrojo se giró, mirando fijamente al hombre, que ahora le estaba dando una mirada bastante grotesca al niño.
— ¿Es la primera vez que lo contratas? Normalmente su madre no habla de Mariposa hasta que ya eres un cliente regular de ella, o uno de sus novios, aunque supongo que por ser alguien tan importante te lo ofreció primero. Te aseguro que no te va a decepcionar, es muy bueno, especialmente con…
— Fumiya, tápate los ojos.
Ordena, y cuando el niño obedece, Chuuya altera toda la gravedad en el cuerpo del hombre, hasta dejarlo pegado contra el suelo, los huesos y órganos tan torcidos que nadie creería que eso solía ser un ser humano.
Salen de la oficina, y Chuuya se asegura de cerrar muy bien, rezando porque nadie descubra el cadáver antes de que pueda hablar con Mori.
Ahora tiene algo más importante qué resolver, así que se apura a regresar con el niño a su oficina, sentándose en la silla con él, acariciando sus mejillas.
— Fumiya…¿Por qué no gritaste?
— No quería que me golpeara.
— ¿Crees que yo hubiera permitido que eso pasara? Cariño, te he dicho mil veces que no te alejes de mí, y que en caso de que eso ocurra, grites. Yo te voy a encontrar como sea, no voy a permitir que nada te ocurra.
— Ese hombre…
— Ya no te va a poder lastimar, bebé, te lo aseguro.
Fumiya arrugó la nariz, sintiendo que algo se rompía en su corazón, una marea que no podía contener.
Le echó los brazos al cuello, comenzando a llorar, a gritos, manchando la camisa de Chuuya, que sólo le besaba la frente, meciéndolo suavemente, reafirmando que él no iba a permitir que nada lo volviera a lastimar.
Y el niño llora y tiembla, porque, por primera vez, hay alguien ahí para calmar su llanto.
Mori escucha atentamente a Chuuya, dejando salir un suspiro resignado mientras le pide a Hirotsu que se encargue del problema, y el pelirrojo se queda con la vista en el suelo, sinceramente avergonzado por haberse dejado llevar de esa manera.
Siendo honestos, no había muchas otras maneras de reaccionar ante una situación así, y sólo ruega que Mori sea un poco comprensivo.
— Cuando me pediste ayuda para encontrar a la madre de Fumiya, no tuve ningún problema porque, a pesar de pertenecer a nuestros burdeles, realmente no es alguien que vaya a causar mucho revuelo si desaparece, aunque honestamente, pensé que habías considerado la opción de que, precisamente al pertenecer a nuestros burdeles, muchos de los atacantes de Fumiya pertenecen a nuestras filas.
— Lo siento, Jefe. No reflexioné al respecto.
— Desafortunadamente no puedo encubrirte de nuevo si asesinas a alguien de nosotros, Chuuya-kun. Se puede prestar a malas interpretaciones y lo que menos necesitamos ahora es un conflicto interno. Por otro lado, no puedo evitar ponerme en tus zapatos y comprendo tu postura, por eso necesito que me seas honesto ¿Planeas matar también a todos los hombres que abusaron de tu hijo, incluso si son de nuestra gente?
El sí que brotó de los labios del pelirrojo fue completamente honesto y firme, a pesar de estar mirando al suelo.
— Como dije, no te puedo encubrir ni facilitarte información. Aunque tampoco voy a delatarte si, por ejemplo, buscas ayuda externa. Fingiré sorpresa cuando encuentren los cuerpos, y no voy a mencionar nada que te pueda inculpar. Además me encargaré de cubrir cualquier gasto, es todo lo que puedo ofrecerte, cariño.
Chuuya levanta la cara, sonriendo sinceramente agradecido, y Mori le devuelve la sonrisa, cambiando el tema a una cuestión cualquiera del trabajo, mientras Fumiya continúa dormido en el sillón, con una pequeña sonrisa en los labios.
Hace casi tres años que no usa algo diferente a un traje para salir a la calle, y realmente se siente refrescante.
Le gusta mirarse en el espejo, modelar para sí mismo, y, al haber dejado a Fumiya encargado con Mori, se siente con la libertad de apreciarse a sí mismo en el espejo y armar una pequeña pasarela, decidiendo si le quedan mejor los pantalones rojos de cuero o los negros con cadenas. Se supone que debe ir de incógnito así que opta por el pantalón rojo que combina con un top negro y las plataformas negras que tanto le gustan, no tanto por los centímetros extras que le regalan, sino por la manera en que le levantan el trasero, que, verdades sean dichas, está lo suficiente firme por sí solo. Termina con una cazadora de cuero negro corta, optando por un sombrero más adornado y unos lentes de sol.
Quizá el maquillaje sea un exceso pero qué diablos, es su día de disfrazarse, así que elige un delineado luxo, un poco de sombra roja y un brillo labial del mismo tono.
Mirándose, realmente se pregunta cómo es que sigue soltero.
No tiene tiempo para distraerse en esas cosas, aunque de alguna manera le ayuda a relajarse y olvidar lo que está a punto de hacer.
Por mucho que intente mentalizarse que situaciones desesperadas necesitan medidas desesperadas, la realidad es que la sola idea le da ganas de vomitar.
Como sea, no se va a hacer más fácil si continúa retrasándolo, así que por fin reúne el valor para subirse a uno de los autos que utilizan para ir de encubierto, rogando que al menos la humillación valga la pena.
Oda se marchó con Kunikida a una misión, y al encontrarse libre de las únicas dos figuras que intentan imponer algo de disciplina en su persona, se ha dado la libertad de perder el tiempo primero molestando a Atsushi, y cuando el muchacho es llamado a una tarea, decide ir a coquetear con la mesera de la cafetería, aprovechando quizá para tomar algo.
Baja las escaleras silbando, y la sonrisa se le ensancha al ver a la mujer, como siempre sonriente y carismática, atendiendo una mesa un poco alejada, así que se desliza sobre la barra, sosteniendo su mejor sonrisa de jugador.
La puerta se abre, y al principio Osamu no le presta mucha atención a la persona que entra, algo que resulta francamente imposible ante la manera descarada en que se va meneando, con ese porte descarado que sinceramente lo deja sin palabras.
Trae la cara cubierta por un sombrero, honestamente ridículo, y unos lentes negros que no dejan ver nada más que sus labios, deliciosamente adornados con un brillo que los hace lucir más carnosos, y enseguida se le hace agua a la boca, bajando la mirada por su pecho que si bien es bastante plano, lo compensa completamente con unas piernas y un trasero que lo dejan con la mandíbula descolocada.
Mucho más cuando esa hermosura lo mira a través de sus lentes, y con una sonrisa cazadora se aproxima a él, tomándolo del brazo, llevándolo escaleras arribas.
— Dios, amo a las mujeres que toman la iniciativa. — jadea Osamu, sintiendo que la emoción de su corazón se le está bajando a la bragueta, y ante una risa descarada de su acompañante, no se contiene y le da una nalgada.
Da un respingo, aunque no se detiene hasta visualizar un cubículo de intendencia, arrastrando ahí a Osamu, que, aprovecha la oscuridad para intentar alcanzar sus labios, y Chuuya enseguida enciende la luz, quitándose los lentes y el sombrero.
— ¿¡Chuuya!?— todo el color se le va del rostro, y aunque el mencionado quiere reírse, la verdad es que está bastante ofendido—. Creo que voy a vomitar.
— El sentimiento es mutuo, imbécil. Agradece que no venga con ganas de matarte por haberme tocado el trasero.
— ¿Qué carajos haces aquí? Y vestido de esa manera.
— Me puedo vestir como se me dé la gana, eso no es problema tuyo. Y si he venido aquí, es porque cierta caballa no ha tenido ni la mínima amabilidad de responderme los mensajes en más de tres meses.
Osamu hace un gesto como si fuera a hacer una broma, cuando de pronto algo viene a su mente, y Chuuya se golpea la frente ante lo inaudito de su audacia.
— No debería sorprenderme que te hayas olvidado, eres esa clase de persona. Como sea, no vengo a perder el tiempo así que te hablaré claro. Necesito tu ayuda para investigar ciertas personas relacionadas con el pasado de mi bebé.
— ¿Tu bebé? Te estás tomando muy en serio esto.
— La paternidad no es un chiste, imbécil, aunque tu cerebro no te da para comprenderlo.
— Espera ¿Estás hablando en serio?
— Mori piensa que es mi hijo biológico y es así como lo presento. En cuanto su madre esté muerta, lo voy a adoptar legalmente. Para eso, primero necesito que me ayudes.
— ¿No tienes quién te haga el trabajo sucio en la Port Mafia?
— Deja de interrumpirme, carajo. Necesito que me digas todo lo que sepas sobre su madre, y que me des la lista de sus clientes. Incluso los que forman parte de nosotros.
— No recuerdo ni siquiera su nombre, lamento no poder serte de ayuda.
— Te voy a pagar por el trabajo. También, necesito que me averigues el contacto de un asesino a sueldo confiable.
Osamu por fin perdió el gesto burlón, dando paso a uno serio, mirando fijamente a Chuuya, que se cruzó de brazos, sosteniéndole la mirada.
Se pasó la mano por el mentón, pensativo.
— Si estoy interpretando correctamente las cosas, planeas matar a los clientes y a la madre de Fumiya, y no lo estás haciendo por ti mismo porque involucra a personas de la Port Mafia. Lo que no comprendo es por qué. Sería más fácil que te acostaras con alguna mujer y tuvieras tus propios hijos, ese mocoso como sea ya está muy dañado, sólo espera a que su madre regrese por él y no te metas en problemas.
— Ese mocoso es mi hijo, bastardo. Y si está tan dañado, fue por culpa de esas personas, así que no tiene nada de raro que quiera tomar venganza. Te vine a encargar el trabajo precisamente a ti para que no se sepa que tú eres el padre biológico, pero si no te sientes capacitado para esto, estoy seguro que Sakunosuke estará más que feliz de ayudarme.
El castaño pestañeó, sabiendo de antemano que Chuuya no es de los que bromean con esa clase de cosas.
Así como es la clase de personas que no podría abandonar a un niño que ha sido puesto a su cuidado, y en realidad la actitud paternal y segura de hacerse cargo de Fumiya no es algo que le haya sorprendido demasiado.
En el fondo sabe que lo mejor que pudo hacer fue ponerlo en sus manos.
— Bien. Tenemos un trato. Aunque, ya que trabajaré de incógnito, te advierto que te cobraré el doble.
Chuuya le da una sonrisa ladeada, acomodándose los lentes y el sombrero, saliendo del pequeño cubículo.
Y Dazai lo va a negar una y otra vez, que sus ojos se quedaron pegados más de lo necesario, sobre todo a la manera en que el pantalón se le pegaba al trasero.
