Miró por cuarta vez el reloj, sabiendo que no por ello iba a hacer que avanzara más rápido, murmurando que era un tonto por haber llegado con tanto tiempo de anticipación.

En su defensa, no planeó tardar tan poco con la negociación previa a la que asistió, ya que en las ocasiones anteriores se habían mostrado bastante reacios a cooperar.

Quizá simplemente estaba ansioso.

Es visible en el brillo lunar en sus ojos, más cercano a la amenaza de una marea desbocada, a una catástrofe, a pesar de lo hermoso que lucía su rostro bajo el filtro de la rabia.

Llamó la atención de la mesera, decidiendo que al menos podía aprovechar para comer mientras espera, intentando relajarse un poco.

El olor del café le reanima un poco, mientras que el sabor dulce de la tarta de naranja con chocolate amargo que ha pedido le devuelve un poco de buen humor, decidiendo que el fin de semana volverá con Fumiya, porque seguramente va a amar el pastel de algodón de azúcar que ofrecen en el menú.

— Pareces de buen humor, chibi.

La sorpresa al escuchar la voz de Osamu casi le hace atragantarse con la tarta, ganándose una carcajada de parte del hombre, que sin ninguna clase de pudor, toma una rodaja de naranja caramelizada para darle una prueba, a pesar de la mirada ofendida del pelirrojo.

— Llegas diez minutos tarde.

— Más bien tú llegaste muy temprano. — dice con voz cantarina mientras toma el menú, hojeando rápidamente. — Un martini, por favor.

— Seco. Ginebra, no vodka.— Chuuya completa la orden, y Osamu no puede evitar la sorpresa—. Me obligabas a prepararte esa estúpida bebida todos los días, por supuesto que lo recuerdo.

Osamu deja salir una risita nostálgica, tomando otra rodaja de naranja, y esta vez Chuuya ni siquiera protestó, por el contrario, le cedió el tenedor.

En el pasado, siempre fue así. Chuuya pedía cualquier cosa de comer y las porciones resultaban demasiado grandes para su metabolismo, por lo que Osamu terminaba su comida, invariablemente.

A veces es reconfortante que algunas cosas no cambien.

— ¿Tienes algo interesante para mí, caballa?

— ¿No puedes esperar a que termine mi trago?

— Mi hijo sale de la guardería en una hora, no tengo mucho tiempo.

— De verdad estoy confundido, chibi. Sé que fui yo mismo quien te pidió el favor de cuidar del renacuajo hasta que su madre volviera, pero de eso a que lo llames hijo e incluso hayas contratado a un detective para investigar su pasado y estar haciendo planes de adoptarlo hay un mar de diferencia.

— Fumiya es un ángel, Dazai. Es tan dulce que no puedo imaginar a alguien que no se derrita de ternura con él, es lógico que me haya robado el corazón. Él necesitaba un padre, para mi buena suerte, y es el papel que estoy interpretando en su vida, lleno de orgullo. Pensé que te había dejado muy en claro que estoy siendo completamente serio al respecto. Fumiya es mi hijo, y no voy a renunciar a eso bajo ninguna circunstancia.

— Sinceramente no lo entiendo, aunque no me estás pagando para entender tus motivos, y mientras no me involucre a mí, honestamente no me interesa.

— Me dijiste que tú eres el padre biológico ¿No deberías estar un poco más interesado? ¿No te da curiosidad ni siquiera conocerlo un poco?

Osamu se encogió de hombros, con un gesto totalmente desinteresado, ordenando otro martini, y Chuuya suspiró, resignado, pidiendo otro café, mirando atentamente el fólder que su acompañante deslizó sobre la mesa.

El nombre de su madre es Kawakami Hiromi.

Tiene veintiún años, se unió por voluntad propia al burdel de Osaka a los catorce, cuando el anterior Jefe de la Port Mafia aceptaba menores de edad, un año después fue removida al burdel de Yokohama, al igual que muchas otras, se omitió su edad en los reportes.

Poco después, fue solicitada una baja temporal por maternidad, el nombre del padre no fue registrado.

Debido a los problemas de adicción a diversas drogas de la madre, el bebé nació con muy bajo peso y otros síntomas no especificados en el reporte médico.

Su domicilio coincide con el del burdel, y según ciertos testimonios, es ahí donde vivía junto al bebé, a quien solía poner bajo el cuidado de sus compañeras cuando atendía clientes, o a veces abandonaba en el baño cuando convulsionaba, probablemente debido a lo previamente relatado.

Comenzó a suministrarle pastillas para dormir cerca del primer año de vida, para lograr que se durmiera.

Los testimonios relatan que golpeaba constantemente al bebé, no lo alimentaba durante periodos largos de tiempo y fue expuesto a situaciones sexuales desde una edad muy temprana. Se sospecha que la primera agresión sexual que sufrió, fue alrededor de los tres años, ya que un testimonio asegura haber sido quien atendió sus heridas, e increpó a la madre al respecto, a lo cual ella sólo respondió que el niño "necesitaba ganarse la comida".

Se documenta que las parejas sentimentales de la madre, con quienes acostumbraba abandonarlo por semanas o meses, no sólo abusaban sexualmente del menor, sino también lo violentaban de manera física, golpeándolo incluso con objetos, quemándolo con cigarros o exponiéndolo al frío al obligarlo a dormir bajo la regadera cuando no podía controlar sus enuresis y encopresis, suministrando también drogas que no han sido especificadas.

Cerca del cumpleaños número cinco del infante, la madre se vio involucrada en el robo de información confidencial de la Port Mafia para venderla a organizaciones enemigas, por lo cual emprendió la huida, dejando al infante bajo el cuidado del supuesto padre.

No se ha encontrado el paradero de Kawakami Hiromi.

Las manos de Chuuya estaban apretando con tal fuerza el papel, que por un momento pensó que iba a romperlo, la mandíbula apretada, las lágrimas luchando por no caer de sus ojos. Temblando con tanta rabia que no podía ni respirar.

— Encontrar a los hombres, cómplices si quieres llamarlos así, es un poco más difícil, ya que los testigos que contactamos no los conocen, debido a la confidencialidad de los servicios sexuales. Pudimos obtener unos cuantos retratos hablados, aunque tomará tiempo identificarlos y no te puedo asegurar que sean todos los involucrados. Mi sugerencia es que obtengas la información directamente de la madre, ella debe tener una lista de los nombres, como pudiste ver es bastante visionaria y sabe usar la información.

— Esa maldita perra.— murmuró con voz rota, secándose discretamente un par de lágrimas—. Si la tengo enfrente le voy a arrancar el corazón con mis propios dientes.

— Por eso es que necesitas ayuda de un profesional. En el reverso del reporte anoté un par de números de asesinos a sueldo, aunque sólo son eso, no se especializan en tortura, que es algo que vas a necesitar si quieres obtener respuestas.

— Mori puede encargarse de eso. Si ha robado información, no será visto como una afrenta personal, así que no hay problema.

— Con eso concluye mi primera tarea. Me has dado un adelanto, pero voy a necesitar un poco más de dinero si quieres que…

Con manos todavía temblorosas, Chuuya sacó su celular, abriendo la banca digital, donde ya tenía registrada la cuenta bancaria de Osamu, por los constantes préstamos que solía pedirle.

— ¿Te parece bien esta cantidad?— cuestiona mientras le muestra la pantalla, y los ojos caoba brillan con avaricia.

— Son demasiados ceros, chibi, puedes quitarle dos.

— No lo haré. Esa información es así de valiosa para mí.

— Tú sabrás. Aunque, debo recalcar. Estás invirtiendo demasiado dinero y esfuerzo en un niño que ya está roto, nada te garantiza que en el futuro no se vaya a volver un desquiciado malagradecido y te arrepientas de todo lo que le diste. Si tienes tanto interés en los hijos, no necesitas mucho para embarazar a alguien, seguro tienes a muchas mujeres alrededor.

— No te estoy pagando para que me des opiniones, bastardo. Menos tú, que lo único que hiciste cuando supiste que tenías un hijo fue drogarlo e irlo a abandonar con un mafioso, con el cual hace más de tres años que no tienes contacto y no sabes qué clase de persona soy ahora.

— Resultó bien para él ¿no es cierto?— respondió con una risita, a pesar que en el fondo, muy en el fondo, sintió un pinchazo de culpa ante las palabras del pelirrojo.

— No has cambiado nada.— resopló, apurando la bebida de un trago, dejando un par de billetes sobre la mesa.

Antes de que se pudiera levantar, Osamu sujetó su brazo, mirándolo con una expresión que Chuuya nunca había visto antes, muy parecida a la timidez.

— Todavía falta media hora para que el renacuajo salga, y yo no tengo nada qué hacer por el resto de la noche ¿Por qué no me hablas un poco de él?

Chuuya sonrió, comprensivo.

Fumiya es así de mágico, capaz de cautivar incluso a los corazones más amargos como el de Dazai.

Sabe que es importante enseñarle a dormir solo, brindarle su privacidad y todas esas cosas, porque ha leído todos los libros de paternidad responsable que ha encontrado, porque ha preguntado a Ougai, porque ha visto miles y miles de videos al respecto.

Pero, Chuuya sigue siendo humano, y la avalancha de información que recibió en la tarde le ha roto por dentro, necesitando desesperadamente sentir cerca a Fumiya, envolverlo en sus brazos para transmitirle en su abrazo que de verdad, por todos los dioses, jamás va a permitir que nada ni nadie lo vuelva a lastimar, y es por ello que esta noche lo arropa en su propia cama, saltando de gusto porque el niño se entusiasma, asegurando que adora dormir con su papá.

— Papá hace que la noche se sienta como un algodón de azúcar.— Le dice, besando su frente mientras lo abraza—. Papá es mi lugar favorito en todo el mundo.

Chuuya lo abraza contra su pecho, riendo, aunque la emoción hace que sus ojos se sientan húmedos, porque es imposible poner en palabras lo mucho que adora a ese niño. Lo agradecido que está de poder tenerlo ahí, riéndose entre sus brazos, pidiendo que le lea un cuento en específico, y él por supuesto no se opone, sintiéndose el ser humano más privilegiado del mundo cuando Fumiya se acomoda contra su pecho, el pulgar en la boca y su dedito en uno de sus rizos.

A mitad del cuento, Fumiya se ha quedado dormido, y Chuuya deja el libro en la mesa, acariciando las mejillas de su tesoro, sonriendo mientras besa su frente.

Preguntando sinceramente, cómo es que Dazai pudo haber rechazado ese milagro.