Yamaguchi, a pesar de lo que los demás podrían pensar, era una persona que se arrepentía de pocas elecciones tomadas en su vida, si bien falló muchas veces y tuvo que saborear la amarga derrota, la temida humillación y la tan familiar indiferencia a causa de muchas de sus decisiones, Yamaguchi no se arrepiente de la mayoría de ellas. Cada una de las decisiones que tomó y los resultados que estas trajeron lo ayudaron a mantener los pies en la tierra, a saber sus capacidades y limitaciones y a aceptar la clase de persona que era. No muchos pueden presumir de lo último, piensa Yamaguchi con una pizca de retorcido orgullo. Al contrario, casi todas las personas con las que se ha topado en su corta vida pecan del desconocimiento en torno a sus propios deseos, debilidades y fortalezas. Incluso Tsukki peca de ello.

Debe ser una de las pocas cosas en las que Yamaguchi puede vencer plenamente a Tsukishima.

Es por ello que cuando llega el momento y se le presenta la oportunidad Yamaguchi no titubea ni se recrimina a si mismo después de haber cometido tan horrible cosa.

¿Por qué lo haría?

Él es una mala persona.

Las personas malas suelen hacer cosas malas y por más que Yamaguchi se haya mantenido bajo control y haya podido disfrutar de una tranquila vida adolescente sin cometer actos que pudieran ser juzgados por otros, lo cierto es que sabía que tarde o temprano algo en él cedería a ello. Y así fue.

No se arrepiente de haber cedido. Sin embargo, el proceso, se arrepiente plenamente de las personas que se vieron involucradas en su caída.

Le habría gustado dejar a Tsukki fuera de todo esto. Que el sucio y asqueroso secreto de Yamaguchi jamás saliera a la luz y que, en caso de llegar a hacerlo, que jamás fuera con Tsukishima. Yamaguchi falló en eso.

También falló en no estar preparada para la reacción de Tsukki. Aunque muy seguramente, piensa con algo de resignación Yamaguchi, nada lo habría podido preparar para la ira fría y la enorme tristeza en el rostro de Tsukishima.

La expresión de horrible descubrimiento en los ojos dorados de Tsukki es en todo lo que puede pensar Yamaguchi desde que se escondió en el sótano de su casa.

Era mucho peor que la expresión que hizo cuando descubrió la mentira de Akiteru.

Ah, la ironía.

Yamaguchi siempre supo que era una mala persona pero nunca quiso que Tsukishima también lo supiera.

Desde que Yamaguchi puede recordar siempre ha estado buscando algo. No sabe si fueron los golpes que recibió desde temprana edad por sus compañeros de clases, quienes parecieron reconocer la debilidad de Yamaguchi incluso antes que él mismo pudiera siquiera ser consciente de ella, o la indiferencia de sus padres y la ausencia de ellos en las reuniones escolares, o la absoluta falta de talento que presentó en casi todas aquellas actividades que despertaban su interés. O quizás no se debió a nada de ello y Yamaguchi simplemente nació roto.

Yamaguchi siempre se ha inclinado más por la segunda opción.

Cuando conoció a Tsukishima ese "algo" que buscaba, esa necesidad de liberación, de huir, desapareció. Aunque solo temporalmente.

Estar con Tsukishima era como estar al lado de algo tan brillante y acogedor, como una fuerza de la naturaleza calma, que era imposible para Yamaguchi pensar en otra cosa que no fuera el simple deseo de permanecer al lado de Tsukki todo lo que pudiera y este permitiera.

Para sorpresa de Yamaguchi, Tsukki jamás lo alejo.

Claro, al momento de llegar a su casa esa sensación de vacío y necesidad de algo volvía pero Yamaguchi se consolaba sabiendo que vería a Tsukishima al día siguiente. Además, como niño que era en ese entonces, no poseía la capacidad para reconocer que era lo que sentía ni que hacer para deshacerse de tal sentimiento. El solo sabía que cuando veía a Tsukishima su corazón parecía sentirse más liviano.

Se sentía feliz.

Se sentía lleno.

Luego llego el voleibol y todo parecía ir cuesta arriba para Yamaguchi. Le encantaba jugar y estaba dispuesto a practicar mucho. Sus compañeros de equipo eran todas personas maravillosas y todos parecían quererlo. Incluso fue capaz de hacerle frente a Tsukki por su amor al vóley. En ese instante Yamaguchi se había sentido con tanta valentía.

Él había sido fuerte.

También iluso.

Fue iluso pensar que lograría estar en un nivel cercano al de sus compañeros, al de Tsukki, y que podría permanecer el mismo tiempo en la cancha que ellos. No fue así. Cuando estas rodeados de personas talentosas, de prodigios y genios, de seres que viven y dan vida a aquellos actos que solo pueden describirse como milagrosos, tarde o temprano solo queda darse cuenta de lo normal que eres. De lo ordinario que siempre serás. De lo gris que eres al lado de ellos. Y de que no perteneces al mismo lugar que ellos.

Yamaguchi se dio cuenta a los diecisiete cuando paso tanto tiempo en la banca mirando a sus compañeros de equipo jugar, que ya hasta al nuevo entrenador se había olvidado de su presencia ese día. Y eso era normal, pues Yamaguchi no era necesario para que Karasuno asegurará su puesto en los torneos ni para ganar los partidos que establecerían al equipo en tal puesto.

Si bien dolió al inicio, Yamaguchi hizo las paces con ello pronto. Además, podía seguir practicando y jugando en sus compañeros y, en muy raras ocasiones, hasta podía entrar en la cancha en los partidos oficiales. Estaba agradecido.

Aunque nunca pudiera ser parte del mundo de vóley en su totalidad, al menos aún tenía un pedacito que probar seguido. Puede que haya sido un pedacito muy pequeño y que no serviría para saciar a la mayoría pero para Yamaguchi representaba gran parte de su felicidad. Él podía conformase con tan pequeña y preciada parte.

Y se mantuvo a flote con ello. No era tonto, sabía que no era positivo que su estabilidad mental dependiera en tanta medida de un deporte pero creía que teniendo a Tsukki como la otra parte, cierto equilibrio se creaba. Y Tsukki jamás lo dejaría, ¡incluso se lo había dicho borracho!

"Yamaguchi, debemos ir a la misma universidad. Hay que…permanecer unidos."

Sinceramente, Yamaguchi reunió toda su fuerza de voluntad presente en aquel momento para no decirle a Tsukishima que, de todos modos, él ya había planeado ir a la misma universidad que Tsukishima.

El siempre seguiría a Tsukishima. Después de todo, Yamaguchi estaba enamorado. Llevaba muchos años así y, por lo mismo, había aprendido a controlar gran parte de sus reacciones en torno a su objeto de amor.

Eso es lo que uno hace cuando sabe que sus sentimientos jamás serán correspondidos. Y cuando el objeto de amor es Tsukishima Kei.

Curiosamente, Tsukki jamás demostró interés amoroso en alguien, tampoco sexual. Yamaguchi nunca oyó nada revelador en torno a gustos o preferencias de la boca de Tsukishima y siempre que trajo el tema a la mesa, buscando desesperadamente cualquier tipo de indicativo, Tsukki respondería lo mismo: "No me interesa".

Por un lado, Yamaguchi podría haberse deprimido por saber que Tsukishima jamás tendría un interés romántico por él, pero por otro, Yamaguchi sabía que esta posibilidad de por sí era muy baja. Tsukishima seguramente sería heterosexual si tuviera deseos y anhelos románticos, por lo que la situación siempre fue bastante positiva para él. Tsukishima no tuvo ningún noviazgo que hubiera podido romper a Yamaguchi, ni tampoco alguna clase de aventura con alguna desconocida que haría que Yamaguchi tuviera que disimular su tristeza. No, nada de eso. Tsukki era, de cierto modo, solo de Yamaguchi.

Y Yamaguchi era de Tsukishima.

Eso se mantuvo así hasta que meses después de la borrachera donde Tsukki le pidió ir juntos a la misma universidad, este apareciera con una linda y sonriente chica de un colegio vecino, a la que presento como su novia.

Sí, probablemente ese fue el punto donde Yamaguchi se comenzó a tambalear.

A mediados del último año de preparatoria, Tsukishima consiguió novia.

Era muy linda, del tipo de chica que genera instantánea simpatía. Era alta para el promedio de estatura de la mujer japonesa pero eso al lado de Tsukishima pasaba completamente desapercibido. También tenía una piel lisa, blanca y sin ninguna imperfección, su rostro no estaba manchado como el de Yamaguchi, su voz era suave pero rebozaba firmeza, no como la titubeante del pecoso, y poseía unos ojos brillantes y llamativos, con grandes pestañas que les rodeaban, todo lo contrario a los ojos castaños tan aburridos que Yamaguchi poseía.

Ella tenía una personalidad encantadora.

La odió al instante.

Odio la forma en la que se reía. Odio la seguridad con la que hablaba. Odio la simpatía que despertó tan fácilmente en sus compañeros de equipo. Odio el lunar que tenía debajo de su ojo derecho. Odio el labial rojo que usaba. Odio su resplandeciente cabello negro. Odio como se ponía de puntitas cuando le susurraba algo a Tsukishima. Odio como la mano de ella se veía tan pequeña al lado de la de su amigo. Odio su firmeza. Odio su seguridad. Odio su confianza. Odio como se esforzaba por conocer cada aspecto de la vida de Tsukishima.

Por sobretodas las cosas, odio lo mucho que ella intentó ser su amiga.

"¡Debes ser una persona asombrosa, Yamaguchi! ¡Tsukishima habla tanto de ti!" "Quiero intentar ser tu amiga".

Ilusa.

Fueron numerosos los intentos de ella por hablar con Yamaguchi, Yamaguchi siguió el acto que sabía los demás aprobarían pero nunca dejó que ella se acercara lo suficiente. Le hablo con la amabilidad esperada, bromeo con ella acerca de algunos hábitos de Tsukki (donde Yamaguchi se regodeó de saber que ella no se acercaba a conocer a Tsukki como él lo hacía) e incluso compartió algunos almuerzos con ella cuando Tsukki la traía (lo que sucedía pocas veces, gracias al cielo). Y cada vez que Yamaguchi la conocía más, más la odiaba.

Tsukishima no era cariñoso con ella, al menos no que Yamaguchi hubiera visto, ni tampoco pasaba mucho tiempo con esta. Pero Yamaguchi conocía muy bien a su amigo como para poder reconocer aquellos gestos de ternura y preocupación de Tsukki hacia su novia. Eran gestos mínimos para cualquier persona pero Yamaguchi sabía que para Tsukki requerían de esfuerzo y solo los haría por alguien que verdaderamente le importaba.

Seguramente ella también lo sabía.

Ella parecía saberlo todo menos los deseos de Yamaguchi.

Era prácticamente perfecta. Sus defectos eran tan mínimos y parecía acoplarse tan bien a la personalidad de Tsukishima.

Tan bien.

Demasiado bien.

Podrían perfectamente casarse en un futuro.

Yamaguchi quería gritar.

Pero no lo hizo. Mantuvo la compostura. Se comportó como un buen mejor amigo. No le dijo a ella que Tsukishima había sido su principal material masturbatorio desde los 14, que llevaba enamorado de su novio desde que tenía 13 ni todas las veces que había contado las pestañas de Tsukki cuando este se dormía en el autobús luego de un pesado partido.

No le dijo que estaba irremediablemente e incondicionalmente enamorado de Tsukishima.

Solo sonrió cuando ella le comentaba como Tsukishima había sido quien dio el primer paso para acercarse a ella.

Yamaguchi sentía que estaba cerca de caer de su cuerda imaginaria, pero como pudo se mantuvo aferrado a esta.

Probablemente se habría mantenido colgando de esa cuerda por un par de años más si no hubiera sido por la confesión de ella, semanas después, en el cumpleaños 18 de Tsukishima.

Era el cumpleaños de Tsukishima. Estaba todo el equipo y también había venido Akiteru. También habían venido los amigos de Tsukki de otros equipos.

Yamaguchi charló mayormente con Akiteru. El hermano mayor de Tsukishima siempre había sabido leerlo muy fácilmente por lo que a Yamaguchi no le sorprendió cuando este se acercó primero a él, reconociendo la incomodidad que traía y las ganas de no estar ahí.

Akiteru siempre fue muy amable con él. Yamaguchi recuerda con cariño aquellos momentos más simples de tiempos pasados cuando Akiteru les enseñó a él y Tsukishima como se debía jugar Vóley, mostró una paciencia y amabilidad a la que Yamaguchi no estaba acostumbrado. Fue tanta la confianza que Yamaguchi le confesó no mucho después que no le molestaban las caídas por jugar Vóley ni tampoco los moretones, que ya estaba acostumbrado a ellos por las bromas que solían hacerle sus compañeros, Akiteru se enojó mucho y hubiera ido a hablar con los padres de Yamaguchi si no hubiera sido porque Tsukishima lo tranquilizó diciéndole que esos niños ya no molestaban a Yamaguchi, omitiendo que fue gracias a él y su gran estatura que aquellos niños nunca volvieron a golpear a Yamaguchi.

Charló con Akiteru acerca de la universidad, de los ahorros que había conseguido con sus trabajos de medio tiempo en las vacaciones y de la dificultad de tener que adaptarse a vivir con personas desconocidas. Saber de las travesías de Akiteru y de que, dentro de todo, este se encontraba bien, alegró temporalmente a Yamaguchi. Quería mucho a Akiteru, este a pesar del alejamiento de Tsukishima en los primeros años de la secundaria siempre estuvo ahí para Yamaguchi.

Fue Akiteru quien lo aconsejó acerca de enfrentar a Tsukishima en torno al Vóley.

"Solo a ti te escucha, Yamaguchi. Eres el único que tiene una posibilidad de convencerlo". Cuando Yamaguchi intentó argumentarle que Tsukishima se enojaría con él y quizás eso podría distanciarlos Akiteru le dijo con una seguridad que Yamaguchi aún recuerda tan vivamente: "El jamás se enojaría contigo".

"Eres especial para él, Yamaguchi".

A veces desea poder decirle a Akiteru lo que le está pasando, anhela su compresión y el oído amigo que siempre ha sido. Además, Akiteru siempre ha sido muy bueno consolándolo.

Y quizás sea porque ha ingerido una buena cantidad de alcohol pero Yamaguchi piensa que si Tsukishima no hubiera sido lo que siempre ha sido, a Yamaguchi no le hubiera costado nada caer ante los encantos de Akiteru.

El amable Akiteru, el considero, comprensivo y paciente Akiteru. Fue con él, vergonzosamente se admite Yamaguchi, y con su sonrisa y músculos definidos, con quien vino la confirmación de que a Yamaguchi, tímido pero ante todo un curioso adolescente, jamás le gustarían las mujeres.

Pues, una cosa era estar enamorado de Tsukishima y otra era confirmar que se sentía atraídos hacia los hombres de forma general.

Otra cosa en la que Akiteru lo ayudó sin saberlo.

Quizás hubiera sido más fácil enamorarse de Akiteru. Pero Yamaguchi sabe que eso fue y era imposible teniendo a Tsukishima al lado.

Akiteru no se parecía nada a Tsukishima.

Lamentablemente y mientras Yamaguchi seguía en sus cavilaciones internas, a mitad de la fiesta, Akiteru tuvo que irse a ayudar a limpiar el desastre que estaban haciendo en la cocina los del Nekoma, por lo que Yamaguchi quedó solo.

Se dedicó a tomar más alcohol del que había tomado en conjunto en toda su vida en los siguientes 30 minutos.

Estaba teniendo el tiempo de su vida emborrachándose, viendo a Tsukki y su novia comer pastel y charlando calmadamente, con la excusa de que así era como se debía celebrar el cumpleaños de su mejor amigo. Tsukki intentó llamarlo en varias ocasiones y también lo pillo buscándolo varias veces con la mirada pero Yamaguchi inventó cada excusa posible para no acercarse a ellos (no podía, no podía, no podía), e incluso ocupo lugares estratégicos de la casa para no recibir la mirada taladrante de Tsukishima.

Al menos el rubio dejó de enviarle esas miradas cuando Akiteru se acercó a charlar con él. Yamaguchi nunca se lo había dicho directamente pero sabía que a Tsukki le gustaba que se llevara bien con su hermano, incluso cuando se alejó de Akiteru unos años porque no superaba que le hubiera mentido, Tsukishima jamás le recrimino a Yamaguchi que aún se acercará de veces en cuando a hablar o hacerle preguntas a Akiteru. Quizás Tsukki sabía el importante guía y consejero que fue Akiteru en muchas ocasiones para él.

Ahora que está solo y emborrachándose, Yamaguchi intenta mantenerse lejos de los ojos de Tsukishima.

Y mientras avanzaba la noche y todos se ponían más borrachos y cómodos, surgió la idea de un juego.

Juego de preguntas. Todos se acomodaron en un círculo amorfo alrededor de la mesa central del comedor de la casa de los Tsukishima.

Fueron preguntas estúpidas en su mayoría, mayormente sexuales o muy ridículas. Eso hasta que llegó el turno de Kuroo de preguntarle a Tsukki.

Ahora, en retrospectiva, Yamaguchi puede apreciar cómo esa pregunta jamás debió hacerse.

En definitiva, la respuesta a esa pregunta jodió la cabeza de Yamaguchi.

-Debo decir que jamás esperé que aparecieras aquí de la mano con una chica tan linda, Tsukki-Kuroo sonreía con sus colmillos felinos y sus ojos astutos por sobre la otra esquina de la mesa-. Siempre pensé lo contrario.

El ambiente, antes divertido y ligero, de repente pasó a sentirse pesado y expectante. Todos los presentes cesaron sus pequeñas conversaciones y miraron a Tsukishima.

Estúpidos, pensó Yamaguchi a mirarlos.

A Tsukki no le gustan los hombres.

Aun así, aprecia cómo Tsukishima se pone tenso bajo sus palabras sin sentido de Kuroo.

Eso confunde a Yamaguchi hasta que ve de nuevo la mirada y gesto tan seguro de Tsukishima. Tsukki, de un segundo a otro, exhala fortaleza, confianza y el tan cásico cinismo que lo caracteriza.

Yamaguchi lo ve tan fuerte, tan alto, tan genial incluso respondiendo a algo tan estúpido que se pregunta si algún momento existió siquiera la remota posibilidad de no caer perdidamente enamorado de Tsukishima.

-Ve al punto. Este es un juego de preguntas, Kuroo.

Kuroo solo sonríe más ante la cortante respuesta de Tsukishima. Parece ajeno a todo el ambiente de la fiesta, como si tuviera una agenda propia, una diversión ya planeada y calculada.

-¿No te gustaban los hombres?

Todo el mundo se queda en silencio. Intercalan miradas entre Kuroo y Tsukishima, asombrados.

Luego todos sueltan a reír. Tanaka es el primero, le sigue Nishinoya. Kageyama e Hinata se les unen.

-¡Tsukishima gay! ¡GAY!

-¡Eres un genio, Kuroo!

-¡¿Estás ciego?! ¡Su novia está ahí!

Todos ríen y celebran la pregunta de Kuroo, todos menos Tsukishima, su novia y el propio Kuroo. Yamaguchi tampoco se permite reír mientras mira el intercambio de mirada entre los tres.

Kuroo, de un momento a otro, parece totalmente serio. Mortalmente serio y por una milésima de segundo, Yamaguchi podría jurar que Kuroo busco su mirada. La mirada de Yamaguchi.

¿Qué mierda?

Finalmente, cuando las risas ya comienzan a bajar, Tsukishima responde, igual de serio que Kuroo pero manteniendo ese toque tan característico de burla en su tono.

No es posible…

-Lo hacen, pero eso no quita que también me gusten las mujeres.

No pude ser

A eso, su novia, muestra esa sonrisa que tanto ha aprendido a odiar Yamaguchi. Parece orgullosa de Tsukishima.

Tiene que ser una broma

Tienes que estar bromeando conmigo

Tiene que ser mentira

Yamaguchi alza la mirada y la enfoca en Tsukishima. Y él luce tan confiado y seguro de sí mismo como siempre.

Luce honesto.

Eso rompe a Yamaguchi.

Lo hace caer la cuerda.

El karasuno hace ruidos asombrados y Hinata comienza a soltar preguntas por doquier mientras que Kageyama mira sorprendido a Tsukishima. La mayoría celebra la respuesta de Tsukishima.

El piensa que no hay nada que celebrar. Yamaguchi siente que, al contrario, este es un pésimo descubrimiento para él.

Yamaguchi aprovecha el ruido de su equipo para escaparse silenciosamente al segundo piso de la casa de Tsukishima.

Podría ir a la pieza de Tsukishima pero hay algo, algo en su estómago, que le impide dirigirse hacia ella. En cambio, sus pies caminan de forma automática hacia la habitación de huéspedes que se encuentra al final del pasillo, aquella con la puerta blanca y el número tres. Queda al lado de la habitación de Akiteru y es amplia y tiene una gran cama, con un enorme espejo frente a ella, y un pequeño televisor en el mueble al lado de su única ventana, y Yamaguchi jamás la ha usado porque siempre utiliza la de Tsukki. Hasta tiene su propio futon en la pieza de su amigo.

Conoce tan bien la pieza de Tsukishima como la suya propia.

Entrar en la pieza de Tsukishima sería lo esperable para Yamaguchi.

Él no lo hace.

Yamaguchi entra en la habitación de huéspedes de los Tsukishima.

Apenas pone un pie en ella un aire frío le rodea. Está sumamente helada. No parece muy acogedora para un huésped.

Pero no le importa.

Nada le importa lo suficiente en ese momento, ni siquiera saber que Tsukishima debe estar buscándolo.

Yamaguchi se sienta en el suelo y apoya su espalda en la gran cama que se está pegada a la pared. No enciende la luz.

No quiere ver su reflejo llorando en el espejo. Ya se siente lo suficientemente patético.

Es tan patético.

A Tsukki le gustan los hombres. Le gustan los hombres. Hombres y Mujeres. Hombres. Hombres. Hombres. Hombres. Ella lo sabe. Kuroo lo sabía.

Él no lo sabía.

Le gustan los hombres.

Pero…jamás le gustó Yamaguchi

¿Por qué?

¿Por qué?

¿Por qué jamás es suficiente?

Yamaguchi siente que está dejando escapar sonidos vergonzosos mientras llora pero ya no puede contenerse. Ya no puedo fingir que todo está bien. No puede. Y es que está tan casado, es tan agotador tener que convivir con el hecho diario de que la persona que ama tiene una novia, y ella es tan linda y fuerte, y que Tsukki luzca tan cómodo con ella. Y luce como una excelente persona, como una prometedora esposa. Y Yamaguchi ha tenido que tragarse todo su amor, todos sus celos y su envidia. ¡Y lo hecho malditamente bien! ¡Porque eso era lo que se suponía que debía hacer! ¡Porque eso haría feliz a Tsukki!

¡Está tan cansado!

¡Ya no puede seguir fingiendo estar bien!

¡¿Cómo va a poder fingir que nada de esto le afecta cuando ahora sabe que Tsukishima es capaz de gustar también de hombres?! ¡¿Y aun así jamás se giró siquiera a considerar a Yamaguchi?! Yamaguchi no hubiera esperado ser la primera opción de Tsukishima en caso de saber que a este le gustaban los hombres, pero ¡esperaba al menos ser una opción!

Debo ser horrible. Debe ser porque soy feo, común y poco talentoso.

Debe ser porque no sirvo para el Vóley.

Debe ser porque vio cómo me golpeaban. Porque sabe que soy débil.

Debe ser porque tengo manchas en la cara.

Debe ser porque jamás seré lindo como ella.

Debe ser porque aún tartamudeo al hablar.

Debe ser porque no hay nada genial sobre mí.

Debe ser porque puede ver lo horrible persona que soy.

Porque soy un ser envidioso. Celoso. Cobarde.

Debe ser porque soy yo.

¿Por qué a Tsukki le interesaría alguien como yo?

Igualmente duele y debe doler tanto que Yamaguchi no se percata de la puerta de la habitación abriéndose.

-Tadashi

Yamaguchi no escucha la voz de Akiteru. Realmente no nota la presencia de este hasta que siente unos brazos envolviéndolo, no se espanta, ya los brazos de Akiteru y su forma de abrazar son conocidos para Yamaguchi de las tantas veces que lo consoló cuando Yamaguchi se caía practicando Vóley o se mostraba triste al ir a la casa de los Tsukishima y enterarse que Tsukki había ido a la ciudad de su abuela.

Akiteru siempre ha sido un consuelo bienvenido.

Y eso de algún modo hace que llore todavía más. Su nariz está roja, le duele la cabeza y sus ojos se sienten hinchados pero Yamaguchi no puede parar.

-Tadashi, ¿es por lo de Key?

Yamaguchi no entiende a que se podrá estar refiriendo Akiteru pero de igual modo asiente.

Akiteru le acaricia el cabello, pone una mano en la parte superior de su espalda y la mueve en suaves círculos.

Le susurra que todo estará mejor pronto, que las cosas malas pasaran, que está bien llorar. Las mismas cosas que le decía al Yamaguchi de 10 años.

Lo cierto es que Yamaguchi no era un llorón cuando niño pero cuando Akiteru se demostraba tan abierto al consolarlo, a envolverlo en sus brazos, algo que ni sus padres ni Tsukki hacían, Yamaguchi se sentía un poco incitado a derramar un par de lágrimas con tal de sentir esa tan extraña calidez.

Ahora no es así.

Yamaguchi está llorando tan sinceramente que incluso si quisiera parar no podría.

Los abrazos se siguen sintiendo raros, Yamaguchi sigue sin estar acostumbrado a este tipo de muestra de afecto. No tiene recuerdos de su padre abrazándolo y menos consolándolo, de su madre tampoco.

Yamaguchi es ajeno a este tipo de calidez. Pero eso no quita que se sienta tan bien.

Yamaguchi se siente, solo por unos breves segundos, a salvo.

Eso hasta que Akiteru suelta lo que sería la segunda gran bomba de ese fatídico día.

-Tadashi, ¿estás enamorado de Kei?

Y, ay, Yamaguchi no debió haber alzado su rostro ante esa pregunta. No debió haberse dejado llevar por la sorpresa de que alguien lo descubriera. Pero lo hizo.

Aunque no debiera sorprenderse, parecer ser que, como siempre, es un libro abierto para Akiteru.

Los ojos de Akiteru, dorados al igual que los de Tsukishima, parecen poder leer todos aquellos secretos sucios que Yamaguchi tanto ha luchado por ocultar. Al ver la lástima en esos ojos y la mueca triste de Akiteru al devolverle la mirada a Yamaguchi, este ya sabe que perdió.

No hace falta ni responderle a Akiteru.

-Tengo ganas de desaparecer por un tiempo, Aki.

Akiteru lo abraza con fuerza, a Yamaguchi le duele un poco pero no lo quita o se aleja del toque.

-Yamaguchi, lo siento tanto. Yo, yo pensé que, bueno, Kei, yo lo conozco…él-

Yamaguchi ve a Akiteru tartamudear y vuelve a confirmar que no se parece en nada a Tsukishima. Akiteru es suave, incluso en sus mentiras uno podía apreciar su suavidad, como cuando fingió ser parte del equipo oficial de karasuno para no decepcionar a su fan número uno (Tsukki jamás lo entendió de esa manera). No es tan alto como Tsukki, pasa por pocos centímetros a Tadashi, tiene una contextura robusta, Yamaguchi siente los músculos de sus brazos, también nota las diferentes facciones, la nariz recta y no respingada de Tsukishima, el bronceado tan diferente a la pálida piel de su amigo. La voz de Akiteru es firme y profunda, pero rebosa amabilidad y consuelo mientras divaga y le dice lindas palabras que Yamaguchi realmente no logra escuchar. La voz de Tsukishima también es profunda pero posee un tono burlesco.

Ah, sus ojos.

Las lágrimas comienzan a parar.

Los ojos son iguales.

Yamaguchi no piensa cuando se lanza a besar a Akiteru.

Akiteru se congela. No sigue el movimiento de la boca de Yamaguchi pero tampoco lo aparta.

Está totalmente inerte.

Yamaguchi no se detiene por la falta de respuesta de Akiteru. Comienza a levantar su polera.

-Espera, espera, espera. ¡Yamaguchi!

Los recuerdos de Akiteru a quien Yamaguchi conoce desde niño pasan rápidamente por su cabeza. Las risas, los consejos de lucha, las tardes de película entre los tres, los dulces y helados regalados, los abrazos. Nada de eso es suficiente para que pare.

Akiteru comienza a moverse, intenta a apartar a Yamaguchi aunque, nota este, no con la fuerza suficiente.

-¡Soy su hermano! ¡Piensa en Kei!-suelta en un tono tan desesperando, con esos ojos dorados totalmente llenos de susto-

Pero Yamaguchi no ha dejado de pensar en Tsukishima en ningún momento, ni siquiera ahora que besa el cuello de Akiteru y sube a su regazo. Akiteru inhala fuerte.

Todo en lo que puede pensar es en Tsukishima.

Dorados. Dorados. Ojos Dorados.

Los ojos de Kei.

-Yamaguchi, no quiero lastimarte.

Él sabe que Akiteru se refiere a que si no se quita él mismo, Akiteru tendrá que usar su propia fuerza para quitárselo de encima.

Una persona decente ya se hubiera disculpado.

Una persona racional ya habría aceptado el rechazo.

Una buena persona ya se habría quitado.

Pero Yamaguchi no es una buena persona.

-Tú fuiste mi primer beso.

Y eso es cierto.

Yamaguchi habla de aquella ocasión donde accidentalmente Akiteru le besó la boca cuando Yamaguchi tenía 13 y Akiteru 16. Nunca se lo contó a Tsukishima, fue demasiado vergonzoso y temía que causar más motivo de rencor de Tsukki hacia su hermano. Además fue un accidente, propiciado por la torpeza y curiosidad de Yamaguchi.

Recuerda que la boca de Akiteru era cálida, pero sus labios se sentían duros.

Ahora se sienten mejor.

Se siente como una escapatoria.

-Detente, Yamaguchi… ¡Fue un accidente! ¡Eras un niño!

Ve la sorpresa, la rabia, la confusión como remolinos en la faz de Akiteru.

Pero también ve un conflicto interno.

Ah, esto podrías servir.

Yamaguchi se da cuenta que el estado de Akiteru no será suficiente para detenerlo. Los recuerdos que comparte con el hermano de su mejor amigo no funcionan para hacerlo entrar en razón y el propio Akiteru, quien en palabras se resiste, está sonrojado y sus ojos, dorados y hermosos, se escapan a los labios de Yamaguchi.

Quizás sea el valor que le da el alcohol, porque Yamaguchi no se puede reconocer así mismo cuando habla.

-Pero ya no lo soy.

Akiteru deja de protestar y lo mira con total confusión pero hay algo más. Yamaguchi nunca ha sido mirado con deseo por nadie pero podría jurarse a sí mismo que es así como se debe sentir. Y por primera vez desde que comenzó a besar a Akiteru siente que este se tambalea con sus palabras y con su cuerpo. Los brazos de Akiteru pierden fuerza y el semblante tan determinado comienza a desaparecer de su rostro.

Está alcoholizado. No tanto como Yamaguchi, pero lo está.

Akiteru siempre ha sido débil ante el alcohol le decía Tsukishima cuando eran pequeños.

Dorados. Dorados. Dorados

Tsukishima, ya ambos adolescentes, también le confesaría en uno de sus momentos de quejas familiares que Akiteru también era débil antes los hombres.

-¿No quieres ser mi otra primera vez?

Akiteru aprieta sus puños en la polera de Yamaguchi.

Solo tienes que mirarme.

Yamaguchi quiere manos sobre su cuerpo. Alguien que lo desee. Alguien que lo mire. Quiere olvidarse. Quiero perderse. Quiere que lo toquen.

Y quiere esos ojos dorados.

Por último, Akiteru hace un gesto de dolor, cierra los ojos por unos segundos y deja escapar unos cuantos insultos que Yamaguchi no sabe si van dirigidos a él o hacia el propio Akiteru, antes de por fin devolverle el beso a Yamaguchi.

Lo besa con fuerza.

Y Yamaguchi quien ostentaba el control de la situación hace unos momentos pierde este totalmente cuando Akiteru mete su lengua en la boca de Yamaguchi.

Lo guía, como siempre suele hacer Akiteru.

La luz de la luna entra por la ventana.

Yamaguchi no reconoce el reflejo de ambos besándose en espejo.

No importa.

Nada importa.

Ni Tsukki, ni su novia, ni Kuroo, ni Karasuno, ni el Vóley.

Solo el ahora.

El ahora y las manos de Akiteru.

Los toques de Akiteru. El hambre en ellos.

Y sus Ojos Dorados.