Bueno, aquí mi primer longfic (o fic en general, ya estando) dentro del potterverso. Para ser sincero, esta es la primera parte de siete y espero que lo disfruten tanto como yo al escribirlo (aunque fue un quebradero de cabeza, la verdad).

Como siempre, habrá algunos personajes que me he sacado de la manga y los conocedores del Wizarding World lo sabrán porque es bastante obvio.

Una de las advertencias acerca de la serie que se acerca, es que será un Scorpius M/James S. Potter, porque siempre me ha parecido una bomba y una pareja potencial. La serie será de cada año que Scorpius pase en Hogwarts, por lo que comenzando será apenas un niño y ejem...No puedo escribir sobre dos niños enamorados. No, para eso haré arreglos, amistades, sentimientos y demás para que su relación a futuro pueda funcionar para ustedes, para mí y para la historia en general.

Si bien el título de la historia habla de Scorpius (será prácticamente el protagonista de esta historia), no quiere decir que no se mencione en varios capítulos a una variedad de personajes, que serán igual de importantes para la trama.

La historia toma los eventos del libro 1 al 7 de Harry Potter, para algunas fechas y demás datos, pero ignora totalmente la cosa llamada Harry Potter y el Legado Maldito, que trata sobre sus hijos.

Conforme avance la serie se irán agregando personajes conocidos (o nuevos en dado caso de que se necesite), y procuraré que cada uno mantenga su esencia.

Ya para terminar, quisiera agradecerles a cada uno de los lectores que lleguen a mi historia y les pediría que no fueran tan duros en dado caso de que me comenten, ya que es algo que nunca había hecho. La historia no estará beteada, sólo tendrá mi propia versión, así que es probable de que haya errores ortográficos y de gramática, pero espero que sean mínimos.

También les digo que esta historia la estaré publicando en ao3, bajo el pseudónimo de SHyperion, por si gustan pasar a leer allá para más comodidad.

SH.


CAPÍTULO 1: EL NUEVO SLYTHERIN

— Es Albus Potter...

El murmullo generalizado que se escuchó en el Gran Comedor no fue sorpresa para Scorpius, que caminaba con los demás alumnos de nuevo ingreso por el pasillo central, entre las cuatro largas mesas de las casas de Hogwarts. Él sabía que un Potter estaría allí, junto con él, pero no pensaba el impacto y el chismorreo que un niño de once años podría causar.

Lo había visto en el expreso de Hogwarts. Era de su propia estatura, con el cabello negro azabache y los ojos tan verdes que Scorpius pensó que eran lentillas mágicas. El chico Potter iba acompañado por un séquito conformado por lo que Scorpius sabía, eran sus primos. Una niña con el cabello rojo apagado iba junto con él y también un muchacho un poco más alto que ambos primos, con el cabello castaño cobrizo y una sonrisa que parecía traer problemas en todos lados. Supuso que era el hermano mayor de Albus Potter: James Potter. Por lo que había leído alguna vez en el profeta, James iba un año por delante de ellos y se había granjeado el nombre de "El cazador más talentoso de los últimos diez años", refiriéndose al Quidditch, claro estaba.

El padre de Scorpius recibía puntualmente el boletín de El Profeta y cada semana, sin excepciones, algún miembro de la familia más famosa de magos del último siglo, los Potter, aparecía en él. Cuando eso pasaba, Scorpius veía como su padre se limitaba a leer las noticias con un gesto adusto y con la cara seria. Su abuelo Lucius Malfoy era harina de otro costal. No era que le llenara de malos pensamientos a Scorpius con las cosas que decía de los Potter o de los Weasley, pues su madre Astoria le había inculcado el no juzgar a una persona sin antes conocerla, pero su abuelo no se limitaba a leer el periódico como todos los demás. Soltaba comentarios como "ese Potter no terminó el colegio y se jacta de ser el jefe de Aurores" o "Scorpius tiene más talento que la tríada de los Potter y no se anda pavoneando por el Callejón Diagon". Cuando eso solía ocurrir su madre le decía que dieran un paseo por el jardín de la mansión o que leyeran en la cómoda biblioteca, que Scorpius amaba locamente.

Esa misma mañana, cuando estaban esperando el expreso de Howgarts en la estación de King´s Cross, su padre le había señalado a los Potter, a sus hijos y a los demás compañeros que iban con él a Howgarts en su tiempo de estudiante. Allí también vio a la bruja Hermione Granger, que según su padre era la jefa del Departamento de la Aplicación de la Ley Mágica; por ella los elfos eran tratados de mejor manera, aunque Scorpius nunca había sido malo con uno en su corta vida. Vio al menos a trece, si no es que más, cabezas Weasley, que habían ido a despedir a hijos, nietos y primos al andén 9 ¾. Lo único que su padre le había dicho a Scorpius fue:

— Recuerda quién eres.

Lo hacía. Cada día. Era un Malfoy, uno de los apellidos que más manchado estaba en la comunidad mágica y que Scorpius ansiaba cambiar algún día. No se avergonzaba de quien era, ni de quien había sido su padre en el pasado. Al único padre que Scorpius conocía era al que le había curado los raspones cuando se caía de su escoba de juguete o el que le había regalado su libro favorito; Una Historia de la Magia, de la famosa Bathilda Bagshot, primera edición.

Frente a él, el pequeño profesor Flitwick acomodó en un taburete un sombrero viejo y raído. De pronto los alumnos que los rodeaban prestaban atención especial al sombrero, que no hacía nada más que estar ahí frente a ellos, esperando el momento como él mismo.

Repentinamente el sombrero se puso a cantar y no bromeaba. Una raja horizontal le había salido de la nada y entonó una canción acerca de las cuatro casas. De la valentía de Gryffindor, de la astucia de Slytherin, de la inteligencia de Ravenclaw y de la bondad de Hufflepuff. Terminó su canto con unas palabras que alentaba a los alumnos para que aprovecharan sus amistades y su tiempo en el colegio.

— Cuando los llame por su nombre, pasarán al frente y les colocaré el Sombrero Seleccionador, que determinará con gran sabiduría a que casa de Hogwarts pertenecerán por los próximos años. — dijo el profesor Flitwick después de acallar los aplausos de los alumnos. Un estremecimiento recorrió a Scorpius que, aunque sabía a qué casa iría, los nervios hacían que las palmas de las manos le sudaran. — Graham, Malcolm.

Un niño de cabello crespo y castaño camino con la cabeza gacha. Scorpius vio cómo se sentaba con un ligero temblor de labios en el taburete. El subdirector le puso en la cabeza el sombrero, que le cubrió los ojos por completo y después de unos minutos que se le hicieron eternos a Scorpius, el sombrero gritó: "HUFFLEPUFF" y la mesa respectiva volvió a prorrumpir en aplausos para recibir a su nuevo alumno.

Pasó una niña con una coleta baja color negro llamada Hightower, Lisa que terminó en Ravenclaw y después de otros dos compañeros que fueron a Hufflepuff le tocó el turno a Scorpius. Cuando le llamaron por su nombre, detectó con nerviosismo que todos en el Gran Comedor se quedaban en total y absoluto silencio. Con pasos lentos se acercó al taburete, se sentó y sintió el peso del sombrero, que le pareció más grande de lo que aparentaba. En su cabeza escuchó, con sorpresa, la voz del viejo sombrero:

— Un Malfoy, sí, sí, he tenido a cientos bajo mi ala. Pero este... — con lo último, Scorpius sintió caer un peso en su estómago y la pregunta le relampagueó en la mente ¿Y si no era Slytherin?, pero otra voz le respondió —: lo eres y un Ravenclaw, y un Gryffindor y hasta un Hufflepuff. Hay tanto en tu espíritu y en tu mente que quisiera desvelar. Sí, veo grandes cualidades en ti: inteligencia, audacia y valentía. Darías todo por tu familia, por lo que veo y eso es más grande de lo que crees. Pero esta vez... ¡SLYTHERIN!

Vítores, aplausos y hasta silbidos de alegría se escucharon del lado derecho de Scorpius y éste, sin saber muy bien lo que hacía, se fue corriendo a la larga mesa de las serpientes, que le recibieron con palmaditas en la espalda y apretones de mano. Fue turno de otros dos alumnos, uno quedó en Gryffindor, la casa que más fama gozaba en estos tiempos y el otro a Ravenclaw. Loughty, Armand fue a Gryffindor. Pousset, Amelia, a Ravenclaw. Después el silencio volvió apoderarse de todo el lugar, hasta le pareció que los profesores prestaban más atención de la necesaria cuando Potter, Albus fue llamado a pasar ante todo el alumnado.

Albus caminó con la cabeza en alto y la vista puesta en la mesa de los profesores. Scorpius vio como el hombre gigante y barbudo que los había conducido por el lago negro en las barcas mágicas levantaba los gordos pulgares en dirección a Albus, que se sentó en el taburete. Como a todos, el sombrero seleccionador le cubrió los ojos, pero Scorpius pudo ver que el niño los cerraba. La decisión que debía de estar tomando el sombrero tardó más de lo normal, ¿estaría hablando con Albus en la mente, como lo hizo con él? Supo que era así cuando el niño movió los labios donde claramente pudo leer un rotundo "no", pero el sombrero lo ignoró, porque de todas formas gritó: ¡SLYTHERIN!

Silencio incómodo. Scorpius no sabía ni qué pensar, pero al parecer no era el único. ¿Un Potter en Slytherin? ¿Es que el sombrero no sabía a qué casa había mandado a un hijo de la leyenda Harry Potter, el niño que vivió dos veces? ¿Había perdido la chaveta, si es que la tenía? Albus esperó y esperó, y cuando los alumnos de Slytherin cayeron en cuenta de que tendrían a un Potter en su casa, se alzaron y gritaron como locos, pero no con insultos, sino con una felicidad que a Scorpius le sentó mal, pero que a los ojos de los demás era auténtica.

Recibieron a Albus con abrazos, saludos con la mano y hasta un alumno de sexto o séptimo le revolvió el liso cabello negro. Cuando llegó a su lado, ambos se miraron fijamente por unos cuantos segundos y después, sin saber que decir Scorpius lo felicitó. El chico se sentó a su lado, demasiado estupefacto para hacer otra cosa, aunque los mayores lo habían invitado a sentarse con ellos. Scorpius le miró de reojo, pero no vio temor en él, solo absoluta resignación.

Siguieron llamando a más alumnos, aunque Scorpius no sabía porque un Bones, Emil, había terminado en Gryffindor o porque una Abbot, Kathleen, fue a parar a Ravenclaw. Además de Albus y él, otros alumnos terminaron en Slytherin. Dos chicas, una que conocía por nombre: Goyle, Amanda y la segunda no recordaba el apellido, porque probablemente no era sangre pura, Smith, Melody. Fue llamada la prima de Albus, Weasley-Granger, Rose, que terminó con los demás en Gryffindor y después pasaron lo que Scorpius sabía, eran gemelos. Scamander Lorcan, que terminó en Ravenclaw y Scamander, Lissander que caminó hacia la mesa de Hufflepuff.

— Nunca había escuchado que hubiera tantos Hufflepuff — la voz a su lado lo interrumpió cuando Zabini, Harriet, fue seleccionada para Slytherin. Era Albus, que miraba entre aburrido y fastidiado la ceremonia de selección.

— Mi padre me dijo que era la casa más sincera y que nunca se metía en problemas. — Respondió Scorpius. Albus le echó una mirada con un extraño brillo en los ojos verde.

— Tu padre debe ser Draco Malfoy, ¿verdad? Una vez lo vi hablando con mi padre en el Atrio del Ministerio. Según papá no eran muy amigos en el colegio, aunque ahora se saludan como dos personas normales. — Scorpius rio. De verdad. Su padre le había comentado algo parecido, aunque con una versión un poco más suave, pues le contó que Harry y él apenas si hablaban, pues el gran Harry Potter siempre estaba rodeado de sus amigos Gryffindor, demasiado ocupado tratando de salvarse el pellejo de los castigos que el conserje le ponía.

— Sí, lo mismo tengo entendido. Aunque si te soy sincero, en Historia de Hogwarts Helga Hufflepuff siempre me pareció más una abuela que una gran hechicera, pero por algo fue fundadora del colegio, ¿a que sí?

Por raro que le pareciese a Scorpius, él y Albus tenían una que otra cosa en común. A ambos les gustaba leer libros, los dos jugaban pésimo al quidditch y tenían un elfo doméstico, aunque según Albus, Kreacher era ya muy anciano. ¿Sería acaso esta una forma del destino de decirles que, si sus padres habían sido poco amistosos el uno con el otro, ellos tenían que compensarlo de alguna manera? No le pareció extraño que Albus se sintiera un poco cohibido en cuanto a su numerosa familia, pues le dijo que todos eran talentosos en algo, inclusive sus hermanos. James el mayor, era un gran cazador en el equipo de Gryffindor de quidditch y su hermana menor, Lily Potter, parecía tener gran afinidad al cuidado de las criaturas mágicas que inclusive les había hecho una casa a los gnomos de jardín en la casa de los abuelos de Albus. Él le contó que era hijo único y que gran parte de su educación inicial se la había dado su madre y su abuela en la mansión Malfoy.

Sus abuelos lo querían mucho, hasta su abuelo Lucius, que gran parte del día se la pasaba criticando el cómo se llevaban las cosas en el mundo mágico. Su abuela era otra cosa, ella le enseñaba lenguas que hacía tiempo se habían dejado de hablar y también le contaba historias grandiosas de su familia cuando era soltera, los Black, que Scorpius tenía entendido se había perdido el apellido para siempre cuando su tío Sirius había fallecido en la Segunda Guerra Mágica, al mandato de lord Voldemort. En la mansión le gustaba hablar con los retratos de sus antepasados porque discutían un momento sí y otro no por quien había aportado más al apellido Malfoy.

Finalmente terminó la ceremonia y la directora Minerva McGonagall les brindó unas palabras de bienvenida. También les habló de los peligros que había en el bosque prohibido y después llegó la cena. Cientos de deliciosos platillos aparecieron de la nada ante ellos, sobre la mesa. Los platos eran de oro, así como los utensilios como los cuchillos, los tenedores y las cucharas. Scorpius y Albus se sirvieron patatas asadas y cubiertas con una miel amarga, bebieron el famoso zumo de calabaza que servía el colegio y mordieron unas cuantas piernas de codorniz en salsa picante. Tomaron helado de sabores exóticos y también unos frutos secos que bañaron de miel de abeja fresca. Entre bocado y bocado siguieron hablando de todo un poco.

Albus lamentaba que no podía traer su videojuego favorito al colegio por la cuestión de la magia en grandes concentraciones y había olvidado unos libros que llamaba "manga" en el escritorio de su dormitorio. Scorpius le dijo que su padre le había regalado Una Historia de la Magia de Bagshot y que se lo enseñaría en el dormitorio, pues tenía una cubierta preciosa y era primera edición. Mientras se terminaban el té que se sirvieron de una tetera que había cerca de unos alumnos mayores, la directora les dijo que era hora de ir a la cama y que los prefectos, así como los delegados los llevarían a los dormitorios.

Una chica de quinto, prefecta, les dijo que se llamaba Georgina. La siguieron, obedientes, a las mazmorras, donde se encontraba la sala común. Atravesaron las puertas de roble del Gran Comedor y después avanzaron por un complicado, o eso le pareció a Scorpius, camino de pasillos por el recibidor y bajaron por unas escaleras anchas. Su padre le había dicho poca cosa de la sala común de Slytherin, aunque le comentó que siempre estaba frío allí abajo, por lo que le recomendaba siempre llevar su capa negra. No hicieron cola para entrar, pero si se les mostró el lugar exacto de la entrada, que según entendió era al otro lado de una pared sin mucho signo de puerta. La contraseña era "Barón" y tras decirla, entraron a la sala.

Lo primero que pensó Scorpius era que el lugar debía de estar debajo del lago negro y así fue confirmado por un alumno de tercero, pecoso y con el cabello de un intenso color castaño.

— A veces vemos al calamar gigante pasar por aquí — les dijo a Albus y a él.

La sala era enorme y elegante. Los candiles eran de un hierro negro brillante, había tres por todo el lugar y estaban repletos de velas que desprendían colores verdes y azules por toda la sala. Mesas de estudio, sillones grandes de cuero negro de dragón precedían los dormitorios. El lugar se llenó de alumnos de todos los grados en pocos minutos y, mientras los prefectos dirigían a los alumnos de primero a sus dormitorios, los demás se sentaban con sus amigos para charlar de las vacaciones de verano y el largo periodo escolar que les esperaba.

— Los dormitorios de los chicos están a la derecha, por aquí — los dirigió Marcus Sloane, un prefecto de sexto que tenía el gesto de la cara como si hubiera comido limón ácido.

Albus entró primero y después lo siguieron los otros dos chicos que habían quedado en Slytherin, Callum Burke y por raro que le pareciera a Scorpius, Salazar Murton. Éste último no les dirigió la palabra ni a Albus ni a él, por otro lado, a Callum pareció gustarle el gato de Scorpius, Knight; muy traicionero le había ronroneado a Callum entre las piernas y ambos se echaron a reír.

Salazar se durmió pronto y cerró los cortinajes que rodeaban las camas individuales para no tener que verlos. Los otros tres jugaron una partida de gobstone explosivo y después se pusieron el pijama para dormir.

El último pensamiento de Scorpius antes de caer en la deliciosa inconsciencia del sueño fue que había hecho como mínimo a dos grandes amigos.


A la mañana siguiente, Callum, Albus y él bajaron a la sala común, donde se sentaron un rato en un rincón, pero cerca de la chimenea y hablaron de las clases que verían ese día. Scorpius repasó el talonario de anuncios, donde ya había un par de ellos anunciando venta de dulces de Honeydukes o libros usados de las materias de pociones y aritmancia de quinto grado. Albus le dijo que era hora de bajar a desayunar y así lo hicieron.

No vieron a Salazar hasta que Scorpius estaba terminando con una de sus tostadas y Albus masticaba tocineta dulce. Como lo suponía, el chico menudo no les dirigió la palabra ni tampoco se sentó cerca de ellos, si no hasta el otro extremo de la mesa, donde unos alumnos de cuarto le preguntaron que si le gustaba el pan de mantequilla derretida.

— Deberíamos decirle que se siente con nosotros, ¿no? — dijo Callum, mirando de soslayo a Salazar.

— Que le den, yo no le voy a rogar a nadie a que me hable, si no quiere hacerlo mejor para mí. — Scorpius estaba de acuerdo con Albus. Salazar no parecía del tipo de persona que fuera agradable, entonces ¿por qué tenían que hablarle? — Supongo que ha de tener esos prejuicios de los que mi padre me dijo que algunos Slytherin tenían. Ya saben, los que se creen mejores que uno porque son sangre pura.

— Salazar no es sangre pura, créeme, me sé el apellido de casi todas las ramas de la familia de sangre pura — dijo Scorpius, bebiendo de su copa con zumo de calabaza. Albus le miró extrañado, por lo que dijo —: Mi abuelo me regaló un libro titulado Genealogía de las grandes casas de sangre pura o algo así. Pensé que serían relatos interesantes, pero resultó que estaba lleno de datos de nacimiento y apellidos que se fueron extinguiendo por la parte masculina de la familia. Era aburrido, pero pude aprender algo nuevo y eso siempre es bueno, ¿a que sí?

Albus asintió sin muchos ánimos, pero Callum dijo que él conocía a pocos magos que siguieran conservando la sangre pura. Los Malfoy eran de los pocos apellidos que podían decir lo contrario.

Pasó el tiempo y ellos siguieron hablando de temas variados, como de la materia que más esperaban cursar.

— No estoy seguro, pero Vuelo suena genial. Mi padre fue guardián o casi lo fue, para Slytherin hace años. — Callum parecía realmente emocionado por el quidditch, el deporte más famoso en el mundo mágico.

— Siempre me ha llamado la atención Cuidado de criaturas mágicas, pero tengo entendido que la podremos llevar hasta tercero y aún faltan siglos para eso — dijo Albus y los ojos verdes esmeralda le brillaron cuando les dijo que quería cuidar dragones cuando fuera grande.

— Bueno para eso si faltan siglos — bromeó Scorpius y Albus soltó un resoplido —. Yo preferiría algo más tranquilo, como Historia de la Magia o Encantamientos, porque hay que leer un montón para aprender y yo he leído mucho la historia.

A su padre no le gustaba tanto que leyera acerca de la historia mágica, pues decía que hablaba de violencia en general y problemas que a él no tenían que angustiarlo a tan corta edad. Pero a él le gustaba, así que su padre le compró Historia de la Magia Moderna, que abarcaba hasta la Segunda Guerra Mágica. Después siguió leyendo y leyendo y cuando su padre vio como de verdad le gustaba la materia, le regaló Una Historia de la Magia, de Bathilda Bagshot.

— Mi tío Ron me ha dicho que Historia de la Magia en Hogwarts la da el profesor fantasma Binns y que es aburridísima — Scorpius se ofendió un poco, pero le aseguró que estaba ansioso por cursarla.

Terminaron finalmente de hartarse de tostadas con mermelada de zarzamora. Esperaron a que el profesor Slughorn, el jefe de su casa les diera el horario de clases.

— Y hablando de Historia... — dijo Albus poniendo los ojos en blanco.

Resultó que Historia de la Magia era la primera asignatura que verían ese día, dos horas para ser preciso y después tendrían que ir a Transformaciones y después de comida tenían dos horas de Pociones.

Los tres amigos se dirigieron apresuradamente al tercer piso, que era donde se encontraba el aula de la clase. En el camino algunos Slytherin mayores saludaron a Albus y le desearon un buen primer día de clases, mientras que los Gryffindor los miraron, sobre todo a él, con miradas que dejaban un gusto amargo en la boca. Albus le dijo que no les diera importancia y siguieron subiendo las escaleras, que se movían a donde les diera la gana. Gracias a Merlín no se toparon con Peeves, el poltergeist que unos alumnos de sexto les habían dicho. Scorpius tenía entendido que Peeves era un ser despreciable que se la pasaba causando alborotos en todas partes, pero que gran parte de sus objetivos eran los alumnos de los primeros grados.

Iban a dar vuelta en el siguiente pasillo para llegar a clases cuando se toparon con alguien a quien Scorpius no pensaba ver pronto. James Potter.

El hermano mayor de Albus parecía no haber dormido, pues unas marcas oscuras debajo de sus ojos lo demostraban. Estaba acompañado de un chico larguirucho de cabello rojizo. Otro primo de Albus, aunque desconocía su nombre. También a su lado había un chico que les doblaba a todos en anchura, con la cabeza casi rapada y unos ojos oscuros y que no auguraban nada bueno, pero, a diferencia de James y su primo, que llevaban el uniforme de Gryffindor, el otro chico llevaba el emblema de Ravenclaw en su túnica. Aunque no parecían que les fueran a gritar, Albus los detuvo y les dijo que los alcanzaría pronto. Scorpius y Callum se miraron entre sí, pero avanzaron de todas formas. Albus ya les contaría que le había dicho su hermano después de clase.

Historia de la Magia la compartirían con los Hufflepuff. Scorpius vio ya a sus compañeras y a Salazar haciendo cola para entrar, así como también a los alumnos de la casa del tejón. El gemelo, Lissander, le miró y le sonrió agradablemente, él le sonrió de vuelta. ¿Se conocían sus padres? Si era así, no tenía ni idea de quien era, pero el gesto lo agradeció para sí mismo y después entraron en fila.

El aula olía a pergamino viejo y descuidado y una fina capa de polvo flotaba por todo el lugar. Una ventana a su lado derecho dejaba que los rayos del sol se filtraran y dieran de lleno en una gran parte de los pupitres repartidos por el aula. Aunque Scorpius quería compartir pupitre con Albus, le parecía descortés rechazar a Callum, así que le hizo espacio a su lado y esperaron al profesor, pues éste no estaba presente. Justo cuando Albus entraba a la clase, el profesor Binns (claro que era un fantasma, por el amor a Merlín) atravesó la pared que había detrás de su escritorio. Se presentó ante la clase y sin siquiera molestarse en conocer sus nombres, abrió un libro que se veía más viejo que el profesor, se puso a leer de lleno acerca de los primeros días en que la magia se hacía presente en diferentes partes del mundo.

La emoción que Scorpius sentía antes se evaporó con la misma rapidez que una snitch en vuelo. El tío de Albus tenía razón. Historia de la Magia era aburrida desde la voz del profesor Binns y a Scorpius no le quedó más remedio que leer su propio libro de la asignaruta, resignado.


— Bueno, pudo ser peor, ¿no? Al menos Scorpius tomó apuntes.

Salieron del aula, la mayoría con una modorra general y caminaron con las mochilas al hombro a su siguiente asignatura, Transformaciones.

— No tomé apuntes Al, solo pretendía que lo hacía para matar el tiempo. La verdad es que la mitad de lo que dijo ya la sabía y la otra ni siquiera me tomé el tiempo para escucharla, la verdad. — Sus amigos rieron bajito, mientras caminaban a la siguiente aula. — Lo que de verdad importa aquí es lo que te haya dicho tu hermano. Suéltalo.

A Albus se le borró la sonrisa de golpe y Scorpius sintió que no le iba a gustar lo que su amigo dijera a continuación.

— Bueno...estaba enojado por la selección, claro está, pues según su casa esperaba tenerme entre ellos, así que me lo dijo. Y bueno... — rehuyó la mirada que Scorpius le lanzó —, también me dijo que me tomara en serio las amistades que formara y que precisamente no le agradaba la idea de que te haya hablado el primer día. O ningún otro.

Ahí estaba el problema de ser un Malfoy. Y peor, ser amigo de un Potter. Lo sabía desde el primer momento en que Albus había hablado con él, pero no le pareció tomarle demasiada importancia a eso de los apellidos y el hecho de que sus familias hubieran sido enemigas en el pasado.

— Le dije que se metiera en sus propios asuntos. No es quien para decirme con quien debo o no hablar. — Albus lo miraba ahora con una mirada retadora, esperando su respuesta, pero por alguna razón Scorpius sintió un alivio tremendo, pues no se le había pasado por la mente el perder la amistad de Albus por algo que hubiera dicho su tonto hermano mayor.

— Creo que serás un paria para él — bromeó, tratando de suavizar el momento. Albus sonrió y no le tomó tanta importancia.

Transformaciones se convirtió rápidamente en una materia que por lejos era fácil. La primera mitad del periodo vieron teoría de la transformación y Scorpius apenas logró entender algo. El profesor Wymatt era un mago calvo, pero con un porte que daba miedo. En los tiempos de su padre la impartía la directora actual del colegio y su padre le había dicho que era por lejos una de las materias más difícil de todas. Salieron de clases con algo nuevo, pero casi sin entenderlo y después fueron al Gran Comedor para la comida.

— Definitivamente reprobaré Transformaciones — dijo Callum, apesumbrado. Scorpius y Albus estuvieron de acuerdo con él.

Scorpius se sirvió ternera en salazón y ensalada de verduras. Albus comió costillas dulces con puré de papa y mantequilla y Callum les dio mordiscos a unos cuantos pedazos de pollo con la piel suave.

Finalmente llegó la hora de que fueran a Pociones. Tomaron sus cosas y se dirigieron allá. La asignatura la tomarían con los Gryffindor, por lo que Scorpius estaba un poco nervioso. En la cola frente a la puerta del aula Albus saludó a su prima, que le hizo un gesto de reconocimiento, pero de forma fría. La niña miró a Scorpius y éste percibió un desprecio en sus ojos castaños. Albus no dijo nada.

El aula, a comparación a la de Historia de la Magia, olía a algo que parecía azafrán, pero no estaba tan seguro. El profesor era el jefe de su casa. El profesor Slughorn le dijo a Albus, frente a toda la clase, que le saludara a su padre y a su tía Hermione. El chico enrojeció de vergüenza, pero asintió con la cabeza. El profesor era una persona agradable que se tomaba el tiempo para explicarles un poco del arte y la magia de hacer pociones. A Scorpius le cayó bien desde ese momento, aunque cuando se dirigía a los Slytherin lo hacía con tremendo cuidado, sobre todo con él, pero por lo demás era un profesor que Scorpius supo de inmediato que era bastante bueno en lo que hacía.

Comenzaron viendo un poco de teoría y les habló un poco de los diferentes tipos de caldero que utilizarían a lo largo de su educación mágica. Fue el primero que les mandó deberes para la siguiente clase que tuvieran con él. Un pergamino de cuarenta y cinco centímetros explicando los diferentes tipos de caldero y que poción podrían utilizar en cada uno de ellos. Los despidió con efusividad y los invitó a que pasaran a su oficina si necesitaban algún consejo extra o extracurricular acerca de otros asuntos.

Más tarde ese mismo día, después de tomar la cena, los tres chicos se sentaron en lo que se convertiría su lugar habitual cerca de la chimenea y hablaron de las clases, de los compañeros de las otras casas y en el caso de Callum la emoción que sentía por tener su primera clase de Vuelo el día siguiente.

Scorpius recordó que tenía que enviar una carta a casa, contándole acerca de su primer día en Hogwarts a sus padres y a sus abuelos, así que, antes de acostarse tomó tinta y una pluma de halcón de tinta interminable y se puso a escribir, a la luz de una vela cerca de su mesita de noche.

"Queridos papá y mamá y abuelos,

Hogwarts es más impresionante en persona que redactado en un libro. No puedo encontrar las palabras exactas para describirlo todo, desde el fantasma terrorífico de mi casa, Slytherin, hasta lo delicioso que es la comida aquí.

He hecho dos amigos desde la selección de las casas y ¿a qué no se imaginan a quién seleccionaron para Slytherin? ¡Albus Potter! ¿Lo pueden creer? Porque yo no. Pero ha resultado que es un chico sencillo y nada malicioso, al contrario que su hermano James, que le ha dicho que se fije bien en la elección de sus amistades. Tremendo cabeza hueca. Pero no se preocupen, yo no he dicho nada al respecto, no quisiera granjearme enemigos.

Las clases han sido grandiosas, aunque no fue el caso de mi favorita, Historia de la Magia, ¿cómo han podido soportar ustedes al profesor Binns? Yo aún no encuentro la manera, aunque no me daré por vencido. Transformaciones me ha costado bastante tomarle el hilo este primer día, pero Pociones ha sido agradable y me han encargado ya trabajo para la siguiente clase, por lo que les pediría de favor si podrían mandarme un libro que hay en la biblioteca de la Mansión titulado "Calderos a través de los siglos".

Los he echado mucho de menos. Knight extraña los jardines de la mansión, pero pronto daremos un paseo por los del colegio.

Los quiere, Scorpius".