Hola!

Primero que nada, gracias a las personas que se pasan a por mi historia, se los agradezco. Tengo capítulos adelantados, pero no sé cuántos vayan a ser (siéndoles sincero). La mayoría tendrán la misma cantidad de palabras, aunque algunos pueden ser un poquitín más largos. Quisiera actualizar todos de un golpe, pero después no quisiera verme tan apurado y darles menos calidad (aunque no tenga tanta XD).

Y pues nada, que disfruten el capítulo y no duden en dejarme en los comentarios qué les pareció.

Por cierto, nada de este mundo mágico me pertenece, sólo estoy disfrutando escribiendo y moldeándolo a mi gusto uwu


CAPÍTULO 2: EL PROFESOR LONGBOTTOM

El martes tuvieron Vuelo, la clase que Callum esperaba con ansias. La profesora Hotch tenía una mirada severa y desde un principio les dejó dicho que no aceptaba a los alumnos que rompían las reglas en el vuelo. Les enseñaron lo básico, desde sostener correctamente una escoba y alzar el vuelo. No llevaban teoría, porque era más fácil practicarlo que leerlo, así que el primer periodo de aquel día se la pasaron montados en sendas barredoras ya entradas en años. A Scorpius le pareció gracioso que Salazar fuera de los pocos alumnos que no habían logrado elevar su escoba más allá de unos centímetros del césped.

Después de la clase tenían dos periodos de Encantamientos.

— No era precisamente lo que esperaba, pero creo que ha sido mi clase favorita hasta ahora — les iba diciendo Callum a Albus ya Scorpius.

Este último había disfrutado la clase, pero ni de chiste se le antojaba tener una escoba para volar. Prefería los polvos flu para el traslado o algo que su padre llamaba aparición, que constaba en desaparecer de un lugar y aparecer en otro en cuestión de segundos. Claro que también sabía que no podría hacerlo hasta cumplir la mayoría de edad y haber obtenido su licencia de aparición emitida por el Departamento de Transporte Mágico.

Caminar de regreso al colegio por los jardines era algo que los chicos no habían probado aún y hacía un día tan delicioso que Scorpius quería quedarse ahí y tumbarse en cualquier rincón para ponerse a leer. Les expuso la idea a sus amigos que aceptaron sin vacilar.

— Podemos acercarnos al lago. Quiero ver si el calamar gigante sale a saludar — dijo Albus con emoción. Hasta el momento ninguno de los tres había tenido la suerte de ver al legendario calamar gigante, que se encontraba en el lago negro del colegio.

Cuando traspasaron las puertas de entrada, se toparon con un grupo de Gryffindors que se les quedaron mirando como si esperasen que de un momento a otro se esfumaran. Scorpius les lanzó una mirada desafiante, al igual que Albus, pero fue Callum el que reaccionó de mejor manera y arrastró a sus dos amigos al aula de Encantamientos.

El profesor Flitwick ya estaba en su sitio para recibirlos, encima de un taburete largo. Les dio la bienvenida al colegio y les habló acerca de la materia. Scorpius estaba ansioso por empezar, pues era la siguiente materia que esperaba que no lo fuera a decepcionar.

Para su alivio, Encantamientos le iba como anillo al dedo a Scorpius y, aunque a Callum el movimiento de la varita no le salía como debía ser, se esforzaba tanto que hasta la cara se le tiñó de un color rosado. Albus era otro caso. El pequeño profesor Flitwick le dio a Slytherin cinco puntos cuando éste respondió de manera satisfactoria durante la pregunta que le hizo a la clase acerca del encantamiento que verían esas semanas, el Wingardium leviosa, que servía para hacer levitar objetos y mantenerlos en el aire.

El profesor les dejó de tarea redactar en un pergamino los usos del encantamiento de levitación y buscar diez usos efectivos para poder emplearlo. Ya tenían dos trabajos pendientes, por lo que, después de la clase Albus sugirió que fueran a la biblioteca al atardecer cuando concluyeran las clases de ese día para hacer la tarea pendiente. Scorpius y Callum estuvieron de acuerdo con él.

Las últimas dos horas, después de comer, se dirigieron al invernadero número dos para la clase de Herbología. Scorpius no esperaba tanto de la materia, así que cuando entraron al lugar el olor a fertilizante le atacó las fosas nasales. Una mesa larga se encontraba en medio del invernadero, y diversas plantas que parecían inofensivas se veían a lo largo y lo ancho del lugar.

— Es mi padrino — les dijo Albus antes de entrar a la clase.

Si era padrino de Albus no podría ser tan malo, pero Scorpius se equivocaba.

Tomaron asiento justo en medio de la clase, de un lado estaban los de Slytherin y del otro estaban los Gryffindor, los cuales no dejaron de hablar hasta que el profesor entró en el invernadero. Llevaba una túnica sencilla manchada de abono y los guantes que le cubrían las manos le daba al profesor Longbottom un aire interesante.

— Buenos días chicos— saludó, y por alguna razón le echó una extraña mirada a Scorpius. — El día de hoy veremos algo de teoría y repasaremos un poco de las plantas que nos acompañarán durante este primer trimestre. — Hizo un movimiento con la varita y de la nada apareció unas túnicas parecidas a las que llevaba él —. Colóquense las túnicas para trabajar en el invernadero, impedirán que se ensucien el uniforme y les protegerán de cualquier ácido o sustancia que las plantas les puedan lanzar.

Los alumnos se las pusieron de inmediato. A continuación, el profesor tomó lista y cuando llegó al nombre de Scorpius le hizo un gesto un poco desagradable. Scorpius no sabía qué pensar, pues parecía que algo malo le había hecho al profesor, pero era imposible porque no lo había visto hasta el día de hoy.

El primer error lo cometió casi después de que Longbottom anotara sus nombres en la lista. Scorpius se acercó a Albus y, en voz baja le hizo saber lo que esperaba que estaba ocurriendo, pero antes de que Albus le contestara el profesor ya estaba detrás de ellos.

— ¿Hay algo que la clase deba saber, señor Scorpius? — preguntó con frialdad. Scorpius negó con la cabeza y sintió como las orejas se le ponían calientes. Al otro lado de la mesa, Rose Weasley le dijo algo a su amiga Celine y ambas soltaron una risita tonta. — Pues bien, no quiero que se hable en clase de otra cosa que no sea algo referente a la materia. Guarden sus varitas, no es necesario que las utilicemos aún.

Los dos períodos Scorpius se la pasó tomando apuntes y recibiendo miradas extrañas de Longbottom, que estaba al pendiente de cada movimiento que hacía. Se sintió incómodo toda la clase. Antes de que sonara la campana que anunciaba el fin de esta, Longbottom le dijo a Albus, en tono serio, que quería hablar con él en su oficina. Todos miraron a Albus, que era el centro de atención, pero este se limitó a asentir en respuesta.

Salieron del invernadero y Scorpius se quedó callado todo el camino a la biblioteca, no respondió ni cuando la señora Pince, la bibliotecaria, le preguntó por el libro que ocupaban. Albus respondió por él y después de eso tomó asiento cerca de uno de los grandes ventanales que había por la gran sala. Callum y Albus hablaron bajito acerca de la Herbología y estaban decidiendo si hacer los deberes de la materia en ese momento o si se tomaban un tiempo el día siguiente para hacerlos. Le preguntaron a Scorpius acerca de eso, pero sólo respondió con un gruñido en señal de que estaba de acuerdo con los dos.

¿Estaba enfadado o triste? Él esperaba que los profesores fueran neutrales con todos los alumnos, pero algo tenía el profesor Longbottom con él o al menos con algún miembro de su familia. ¿Su padre lo conocía? Scorpius no estaba seguro, pues no dio señales de que así fuera, pero era obvio que había algo de por medio entre su familia y Longbottom.

Fue el primero en terminar los deberes de Pociones, así que le echó una mano a Callum para que su trabajo estuviera bien hecho. Albus les avisó que los alcanzaría en el Gran Comedor, pues iría a la oficina de su padrino como él le había dicho que hiciera. Scorpius le dijo que le guardaría pudín y Albus sonrió.

La verdad era que Scorpius sabía lo que Longbottom le diría a Albus. Seguramente sería algo similar a lo que James Potter le había dicho, que se fijara en sus amistades, refiriéndose a él en específico y esta vez tuvo algo de duda. ¿Acaso el profesor y padrino de Albus tenía mayor influencia sobre éste, que a Albus no le quedaría más remedio que cortar su amistad con él? Ya lo averiguaría en la cena.

Aún quedaban unas cuantas horas antes de que el sol se oculte por lo que salió de la biblioteca para ir a dar un paseo por los jardines. Callum le dijo que lo alcanzaría fuera, ya que quería pedir dos libros en la biblioteca. Scorpius tomó sus cosas y salió de allí. Se dirigía por el pasillo para tomar el camino a la entrada principal, cuando algo hizo que se tropezara. Una Historia de la Magia de Bathilda Bagshot se le cayó de las manos al igual que la mochila. La varita, que la llevaba en una bolsa de la túnica negra se le escabulló y terminó en los pies de una figura más alta que él. Levantó la mirada y no se sorprendió al encontrar a James Potter, con una sonrisa torcida que no auguraba nada bueno. No iba solo, claro, pues estaba su primo y el otro chico robusto de Ravenclaw y, para sorpresa de Scorpius, Salazar se encontraba con ellos.

Intentó incorporarse, pero James le colocó uno de sus pies ligeramente encima de una de sus manos. Scorpius sintió miedo.

— Eh, no te he dicho que puedes levantarte ¿o sí? — lo mejor que pudo hacer Scorpius fue guardar silencio. Un mechón de cabello rubio platino se le pego en la frente, que de pronto tenía perlada de un sudor pegajoso. — No te haremos daño, bueno tal vez Víctor sí, pero no vale la pena. — Los otros tres rieron. — Sólo he venido a decirte que cualquier cosa que le pase a mi hermano, te pasará a ti, cara de rata. No quisiera enterarme que algo le ha hecho a Albus porque te las verás conmigo y créeme que no te convendrá

Scorpius quiso echarse a llorar ahí mismo, pero tragó saliva y dijo:

— Cuatro contra uno, que valiente. — No sabía de dónde le había salido el valor para decirlo, pero el daño ya estaba hecho. Sintió que una de las manos de James le tomaba de la barbilla con brusquedad, levantándole la cara para que le viera directo a los ojos.

— Escucha sucio mortifago, puede que Albus no vea lo que realmente eres, pero yo sí. Tu familia debió haberse llevado su merecido, pero gracias a mi padre no fue así. Tienes una deuda conmigo. No quería hacerlo de esta manera, pero ni siquiera tienes el mínimo respeto ante alguien que es mejor que tú. — Scorpius sintió algo parecido a la rabia crecer dentro de sí y quiso escupirle a la cara al idiota frente a él, pero en cambio…

— Nadie es mejor que nadie, ni si quiere tu padre que sólo se ha ganado el puesto en el que está por derrotar a un mago que ya estaba condenado.

James le dio una cachetada y Scorpius gritó por la sorpresa. ¿Es que no había nadie en el pasillo que le ayudara? La mejilla le escoció y las lágrimas se le acumularon en los ojos. James soltó una risa burlona.

— ¿Acaso no es patético llorando? — escuchó que les preguntaba a sus amigos. Volvió a ver a Scorpius. — Escúchame bien, asqueroso Malfoy, me has obligado a hacer algo que yo no quería. Agarren sus cosas, Scorpius Llorica Malfoy sabrá quién es James Potter.

Esta vez, Scorpius gritó por ayuda. James le cubrió la boca con la mano, pero Scorpius le tiró una mordida. Le hincó los dientes y James gritó. Después todo pasó en cámara lenta. Se tiró al suelo, donde estaba su varita y cuando la tomó un encantamiento le hizo salir volando por el pasillo y se golpeó contra la pared. La vista se le nubló del dolor, pero apuntó a los cuatro matones que estaban frente a él y gritó:

Moco murciélago — el hechizo rebotó, pero le dio al primo de James, al que le salieron unas alas verdes de las fosas nasales. Salazar corrió auxiliarlo, pero por lo que Scorpius vio no se sabía el contra maleficio.

Palalingua — un destello salió disparado de la varita de James y le dio a Scorpius en la cabeza. El impacto hizo que la cabeza le rebotara contra la pared y por un momento no vio nada. Cuando logró incorporarse, débil, intentó atacar de nuevo a los otros matones lanzándose encima de ellos.

Error. Víctor, el Ravenclaw grandote, le puso la zancadilla e hizo que se tropezara de nuevo. Scorpius sintió el golpe en la cara y después probó su propia sangre.

— Suficiente — el que había hablado era James. Se acercó a Scorpius, quién lo miró con rabia y dolor. Las lágrimas le escurrían lentamente por las mejillas. — Ni una palabra o será peor. — Y los cuatro corrieron, dejando a un lloroso Scorpius en medio del pasillo.


La noticia de que Scorpius Malfoy estaba en la enfermería se había extendido rápidamente por todo el colegio. Albus fue a verlo después de que la señora Pomfrey le sanara las heridas que le habían causado James y su pandilla. Mantuvo la sucia promesa de no decir nada, pues cuando el jefe de su casa y la directora McGonagall le habían preguntado qué había pasado, él se limitó a decir que no había alcanzado a ver quién le echó el maleficio que lo lanzó por los aires.

Albus estaba preocupado, pero por raro que fuera no sospechó de nadie, menos de su hermano, por lo que Scorpius le dijo que quería cenar y echarse a dormir. Su amigo lo miró, pues había sido muy directo con las palabras y se fue de la enfermería. Callum no lo visitó, probablemente porque Albus le había dicho que no quería visitas, así que no le quedó de otra que dormir de verdad.

Ya quería ver que le dirían a sus padres cuando la directora les mandara un búho con el mensaje de que habían atacado a su hijo pero que no sabían quién lo había hecho. Su padre querría sacarlo de inmediato y su abuelo buscaría venganza a como diera lugar. Era mejor calmarlos antes de que eso ocurriera. Le pidió pergamino y tinta a la sanadora y prosiguió a escribirles una misiva corta, explicando los hechos y repitiendo hasta el cansancio de que no volvería andar solo por los pasillos de la escuela.

La señora Pomfrey no dejó salir a Scorpius hasta el siguiente día, para que se le curaran las heridas por completo. En la sala fue recibido con gestos de preocupación, deseos de pronta recuperación (aunque él ya había sanado del todo) y también le ofrecieron protección en los pasillos, si es que alguno de los Slytherin andaba cerca. Buscó con la mirada al idiota de Salazar, pero no lo vio por ningún lado. Ese chico había sido testigo de lo que sucedió, así que Scorpius supuso que no se mostraría en público cerca de él, por si Scorpius decidía chivarse con algún prefecto o con los delegados.

No lo haría, ya vería la forma de vengarse de aquellos imbéciles.

En el dormitorio lo esperaba un Albus con la mirada llena de preocupación y angustia, y a Callum, que le preguntó sin rodeos quién lo había hecho. Se limitó a contarles que alguien lo había atacado por la espalda y que eso había sido todo, aunque si se ponía a pensar, ¿James y sus amigos habrían encontrado el contra hechizo para su maleficio? Esperaba que no, o al menos que alguien hubiera visto al primo de Albus con los mocos de fuera. Imaginarlo le provocando gracia, pero cuando Albus y Callum se miraron aprehensivos, Scorpius dedujo que ellos pensaban que se le había soltado un tornillo de la cabeza.

Les dijo que no se preocuparan por él, y juntos bajaron al Gran Comedor para tomar el desayuno. Cuando entraron, todos los ojos le taladraron la cara y apuró a sus amigos a que se sentaran en la mesa de Slytherin.

— Hay que ser idiota para chismorrear sobre algo así — dijo Albus, sirviéndose con bastante enojo unas gachas de avena en un plato hondo de oro. Parte de ellas le salpicaron la túnica a Callum, que se limpió con las mangas de su camisa.

— Encontraremos a los culpables, aunque espero que hayan sido de nuestro curso, porque no soy muy bueno en la Defensa de las Artes Oscuras. — Callum parecía realmente decidido a encontrar a James y su pandilla (aunque no sabía que ellos habían sido, claro está).

— Han sido unos cuantos hechizos Call, no me lanzaron una imperdonable o algo por el estilo — lo tranquilizó Scorpius, que conforme pasaba el tiempo, el encontronazo que había tenido con James se le iba aligerando de la mente.

Ese día tendrían dos periodos de Defensa Contra las Artes Oscuras, materia que Scorpius se tomaría muy en serio y después de la comida otras dos clases más, Transformaciones y al anochecer, Astronomía.

A punto de terminar sus huevos cocidos, una bandada de lechuzas entró con gran alboroto en el Gran Comedor. Eran al menos unas veinte y cada una revoloteó hasta su destinatario. Un majestuoso búho negro y azul se posó con elegancia frente a Scorpius, le tendió la carta y el envoltorio que llevaba. Scorpius leyó la carta de sus padres, que le recomendaban dar un paseo cerca del lago en la apuesta de sol. No le mencionaron a Albus en ningún momento, por lo que debería ser una buena señal, ¿verdad?

El paquete más grande tenía el libro que les había pedido para su trabajo de pociones y adicional, tenía golosinas deliciosas. Scorpius repartió entre los tres dulces: grajeas de todos los sabores, ranas de chocolate y varitas de regaliz, que le encantaban a Albus y comió con ganas.

Scorpius, que llevaba la corta carta que había escrito mientras estaba en la enfermería, se la ató a Patroclo, el búho de la familia y le dio unas cuantas migajas de tostada que éste aceptó con la cabeza bien erguida.

Los tres se dirigieron, junto con los demás alumnos de primero, al aula de Defensa Contra las Artes Oscuras, que se encontraba en el tercer piso.

Albus y Scorpius tomaron asiento juntos, como era ya costumbre y todos esperaron al profesor. Del techo del aula un esqueleto pequeño de dragón pendía sobre ellos y la tenue luz que proyectaban las velas en las esquinas le recordaron a Scorpius una cueva misteriosa, llena de secretos no revelados. El profesor Nikolái Ivanova era un hombre que a leguas imponía respeto. Llevaba una barba puntiaguda tan negra que probablemente se la retocara con la varita, y sus ojos, dos orbes negros los escrutaron a cada uno. Se detuvo un instante en Scorpius y éste sintió como si le atravesara con la mirada. Al hablar tenía el acento tan ruso marcado que apenas y logró entender una palabra, pero pronto le tomó el hilo de lo que decía. Ivanova no se anduvo con rodeos y les enseñó varios maleficios con su propia varita, entre ellos el Piernas de gelatina que usaban los alumnos para bromear entre sí.

Los puso en parejas a practicarlo y les pidió, al final de clase, que le llevaran treinta centímetros en pergamino acerca del maleficio y su contra maleficio, y los efectos secundarios que podrían causarle al mago afectado.

Al final de clase, Scorpius sintió las piernas tan temblorosas que se detuvieron a la mitad del pasillo para recuperarse del todo, y cuando así pasó, los tres amigos se echaron a reír.

Volvieron a la sala común, donde se pusieron a terminar los deberes de Pociones, que eran para el día siguiente mientras probaban diferentes grajeas. Scorpius las dejó de lado cuando le tocó vísceras de rata. Albus siguió comiendo hasta que le tocó una de alga marina con un sabor tan salado y amargo que fue a conseguir algo para tomar al Gran Comedor, donde se estaba sirviendo un pequeño postre y té, para los que se pasaran a estudiar allí.

Callum le dijo que iría a echarse una siesta antes de la última clase de ese día, por lo que Scorpius se quedó solo en la mesita habitual, cerca de la chimenea. Se le acercaron un par de alumnos de tercero para preguntarle como seguía el golpe en la cabeza. Él les respondió que ya no sentía nada, por lo que los chicos se fueron a jugar al ajedrez.

Terminó de relatar los diferentes calderos que había, sus usos y agregó un par de datos extras, como el caldero de queso, que fue inventado para ser la burla de todos y cuando menos lo esperó ya era hora de ir a Astronomía. Albus aún no volvía de donde quiera que se encontrara, por lo que Scorpius despertó a Callum, que murmuró en sueños algo parecido a "snitch de chocolate" y juntos subieron al recibidor del castillo para esperar a su amigo.

Lo esperaron, pero Scorpius miró en su reloj de pulsera que casi era media noche, por lo que decidieron subir ya a la Torre de Astronomía, que era las más alta de todo el castillo. El ascenso fue agotador y cuando los dos chicos llegaron ya se encontraban ahí todos los alumnos. La clase de Astronomía era la única que reunía a las cuatro casas de Hogwarts, pues la torre era tan amplia que cabían por lo menos cincuenta alumnos. Albus, sorprendentemente ya estaba ahí, charlando con Lissander Scamander, que le decía algo gracioso, pues su amigo reía casi a carcajada abierta. ¿Se conocían de antes? Parecía ser que si. Al verlos, Albus les hizo una seña para que se acercaran a ellos. Callum lo hizo con ganas, pero Scorpius se acercó de forma más reservada. Lissander era un Hufflepuff, pero eso no lo exentaba de ser grosero con él. Su gemelo Lorcan, se encontraba con sus compañeros de Ravenclaw y por cómo miraban el cielo, era probable de que estuviera hablando de los astros que verían esa noche.

Albus los presentó a Lissander, y cuando le dijo quién era él, el chico le escrutó con la mirada, pero no parecía querer decir algo malo, sin embargo, sorprendió a todos cuando le dijo:

— Mi madre me ha dicho que fuera tu amigo — tal comentario tomó tan desprevenido a Scorpius que se limitó a decir:

— Eh...gracias — Lissander asintió amablemente con un gesto de la cabeza.

La profesora Sinistra tenía una voz melodiosa y pronto los instó a que miraran el cielo estrellado de esa noche.

— La Astronomía es una rama muy difícil de la magia pues, aunque pareciera ser que siempre va al mismo ritmo, es tan voluble y cambiante que si Júpiter se encuentra alineado esta noche, el día de mañana podría desaparecer por completo. — Scorpius miró a través de la lentilla de su telescopio, pero lo único pudo ver fue la constelación de Orión, a lo lejos. — Nuestros ancestros eran expertos en el estudio de los astros, pero me temo mucho que con el tiempo eso ha cambiado. Hay razas, como los centauros, que podrían leer el cielo casi a la perfección e inclusive predecir el futuro al escrutar las estrellas con detenimiento. Eso y mucho más veremos a lo largo de su educación mágica.

Al poco tiempo a Scorpius le entró un sueño que él dedujo era por mirar tan fijamente el cielo estrellado. No era el único. Callum fingía ver por su telescopio, pero Scorpius vio como tenía los ojos casi cerrados. Albus parecía ser el único en seguirle el ritmo a la profesora Sinistra. Le hacía constantes preguntas que a la maestra parecieron tan interesantes que al final de la clase se habían ido sin trabajo y con diez puntos para su casa.

— Ha sido interesantísima, creo que al final he encontrado una materia preferida. — Dijo Albus cuando bajaban las escaleras de nuevo a la sala común.

— Pues lo único que yo he visto ha sido a una gran águila en el aire — Callum dijo y los tres rieron.

Ya en los dormitorios, se puso el pijama, fingieron que Salazar no se encontró en la habitación y charlaron por lo menos otros quince minutos antes de que Callum anunciara que se iba a la cama. Albus le siguió y se fue a su propia cama.

Scorpius se quedó un rato más despierto y cuando soñó, minutos después, vio un lago tan cristalino que podía ver las rocas debajo de él y a una mujer, en la otra orilla, que le sonreía de medio lado.

— Pronto. Nos veremos pronto, hijo de las estrellas.

Al siguiente día Scorpius no recordó nada del sueño, pero esa fue la primera noche que lo tuvo.