Su Encanto
Kohaku todavía recordaba la primera vez que vio un invento científico moderno.
Estaba nadando tranquilamente por su río, cumpliendo sus deberes de guardiana, cuando vio un grupo de personas acercarse a las orillas.
Como había forasteros acompañando a la gente del pueblo, rápidamente convocó una neblina en todo el río para que no pudieran verla, observando con interés a esos hombres de fuera vestidos de forma extraña.
Ellos miraban al río y al bosque como un zorro miraría a un conejo acorralado. Kohaku se dio cuenta de inmediato que no querían nada bueno.
—Este sería un buen lugar para instalar la fábrica —comentó el forastero más alto, un hombre viejo y narizón con una mirada perversa—. Y está cerca del pueblo, los trabajadores no tendrían que caminar mucho.
—Apreciamos su oferta de querer generar trabajo en nuestro pueblo, pero le recalcamos que no lo necesitamos —dijo el mejor pescador del pueblo, que era un hombre ya anciano y muy sabio.
—Será mejor que no pierda su tiempo aquí, instale su fábrica en otro sitio —exigió la esposa con más dureza en su voz.
—No necesito pedirles permiso a ustedes. —El forastero rio con diversión—. En cuanto el gobernador me lo permita, empezaré mi fábrica, y si se niegan a trabajar, simplemente traeré a mis propios trabajadores, y demoleré todos estos árboles para hacer sus viviendas. —Su risa se volvió cruel y malvada.
Kohaku sintió la ira recorrerla, y sin pensarlo creo una cuchilla de hielo con el agua en sus manos.
Estuvo a punto de salir del agua y atacar, pero una voz la detuvo.
—Eso no pasara, Ibara. —Era Kokuyo, su padre, el jefe del pueblo—. El gobernador respeta este pueblo, ya lo he llamado y me aseguró que no te daría los permisos que quieres.
Todo el rostro de Ibara se contrajo con ira y de pronto sacó de su ropa un extraño aparato que Kohaku no reconoció del todo. Parecía una escopeta, pero… más pequeña. Sin embargo, por la reacción de su padre, se dio cuenta de que era tan mortal como el arma que estaba imaginando.
Y, como si esa arma rara no fuera suficiente, de pronto un auto increíblemente moderno se acercó al río, arrasando con todo el césped y algunos arbustos en su paso.
—Es suficiente, Ibara. —Un hombre con una cicatriz de X en su frente bajó de ese auto rarísimo—. Vámonos de aquí.
—Pero…
—El gobernador es amigo de Hizashi Kokuyo, no hay mucho que hacer. —Sonrió con calma—. Pero el gobernador no conservará su puesto para siempre… Ten paciencia. Y vámonos.
Ibara guardó su arma y siguió al otro hombre, retirándose con el resto de forasteros en ese vehículo tan extraño y moderno.
Una vez todos los forasteros se fueron, Kohaku deshizo la neblina del río y salió de las aguas, encontrándose con su padre y la pareja de ancianos.
—¿Quiénes eran esas personas? ¿Qué aparatos tan extraños poseían?
—Son hombres de la ciudad —le explicó su padre, con sudor frío todavía recorriendo su frente—. Quieren venir a destruir nuestro pueblo con sus fábricas modernas y sus cosas científicas, nunca te fíes de esas personas ni de su ciencia, Kohaku —advirtió su padre, tomando sus hombros—. Las grandes ciudades han abandonado su adoración a los dioses por culpa de la ciencia, son la razón por la cual los dioses nos ignoraran.
—Es cierto. —La pareja asintió—. Destruye todo a su paso, contamina el aire y el agua, es un veneno.
—No dejaré que dañen al río ni al bosque. —Apretó los puños—. Puedo detenerlos. Si vuelven, les cortaré la garganta. —Sacó su cuchilla de hielo.
—Debes proteger tu identidad, Kohaku —advirtió su padre—. Eres una ninfa tan poderosa como tu madre, pero si destruyen el río morirás con él, no puedes dejar que se conozca tu vínculo con el río, pero no debes preocuparte, protegeré este río hasta el día en que muera, así como protejo el lago donde mora tu hermana.
Kohaku no se quedó contenta esa vez. Quería hacer más preguntas sobre las grandes ciudades y sus objetos científicos, quería saber más de esa ciencia que les ganó que los dioses le dieran la espalda a la humanidad. Sonaba a que era algo horrible, y por lo tanto quería estar preparada.
Hoy, diez años después de ese primer encuentro con los forasteros y su ciencia, Kohaku volvió a encontrarse con un invento científico moderno.
Después de salvar una bella flor de marchitarse, sus ojos captaron a lo lejos algo descender desde el cielo a gran velocidad.
Viendo algo desconocido, alargado y blanco, su primer instinto fue pensar que se trataba de un ave gigante, y no dudó en alzar las manos para envolverlo en una burbuja de agua antes de que llegara a chocar contra el suelo.
Rompió la burbuja y se sorprendió al ver que esta "ave" era completamente metálica, su largo era tan grande como el de ella, pesaba bastante y tenía algo escrito.
—¿Senku 4? —leyó, confundida. ¿Eso qué significaba?
Se sentó sobre una roca y empezó a darle vueltas al gran objeto, curiosa. Parecía una especie de flecha con aleta de pescado al final. Al darle la vuelta, vio que tenía varios círculos de metal abajo. Qué raro.
—¡OOOOH! ¡SENKU! ¡Ya lo encontré! —Unos gritos salidos de la nada la hicieron brincar en su sitio—. ¡Tenías razón, el cohete cayó por aquí!
Volteó, viendo a un chico fornido corriendo en su dirección, con la vista fija en el objeto metálico (¿un cohete?) en sus manos.
—¡¿Está aquí?! —Una chica llegó corriendo detrás del chico fornido, sorprendiéndose al ver a Kohaku con el cohete en las manos.
Muy detrás de la chica, un chico flacucho de extraño cabello puntiagudo llegó jadeando, apenas y si pudiendo respirar de tanto correr.
Kohaku estaba tan sorprendida que ni siquiera le dio tiempo de lanzarse al río para ocultarse de esos forasteros. ¡¿Qué se supone que haría ahora?!
Por suerte su cabello debía estar ocultando sus orejas puntiagudas, pero igual los tres la miraron con extrañeza, aunque aparentemente por diferentes motivos…
—¡Wow! ¡Puede cargar el cohete muy fácilmente! —exclamó el chico fornido.
—¡Wow! ¡Qué bonito bikini! —chilló la chica, notando los enormes pétalos de flores que Kohaku usaba como sujetador y falda, adornados por algunas perlas y flores más pequeñas también.
—¿Cómo demonios el cohete está en una sola pieza? —preguntó el otro chico, completamente confundido—. El motor falló, debería haberse estrellado contra el suelo y hacerse pedazos. —Sacó una libreta y un bolígrafo y empezó a hacer anotaciones frenéticamente.
—¡No sé de qué habla Senku, pero gracias por encontrar el cohete! —El chico fornido corrió hasta ella—. ¡Me llamó Oki Taiju! ¿Cómo te llamas?
—Kohaku —contestó sin pensar, todavía aturdida por lo rápido que había pasado todo.
—¡Es un placer! ¡Soy Owaga Yuzuriha! ¿Vives por aquí, Kohaku-chan? —También se le acercó.
—Sí… —Vivía justo en el río—. Vivo en el p-pueblo. ¿Ustedes son de la ciudad?
—¡Sí, pero vinimos a lanzar un cohete al espacio! ¡Senku dijo que este lugar era el mejor!
—Toma el cohete, grandulón —pidió el otro chico, que debía ser Senku, a Taiju—. Tengo que examinarlo.
Kohaku no dijo nada y le dio el cohete a Taiju, para luego levantarse de la roca y mirar nerviosamente de un lado a otro, preguntándose qué debía hacer ahora. ¡Se suponía que no debía interactuar con forasteros, mucho menos de la ciudad! ¡Y mucho menos con sus cosas de ciencia extraña y blasfema!
—¿No tienes escuela hoy? —le preguntó Yuzuriha de pronto—. Nosotros tenemos un permiso por el club de ciencias. Tú debes tener nuestra edad, ¿no? Tenemos diecisiete.
—¿Eh? —Ladeó la cabeza, antes de recordar que se suponía que los adolescentes humanos tenían que ir a escuelas para educarse. Ahora bien, realmente tenía veintinueve años, pero las ninfas como ella casi no envejecían, así que debía verse de la edad de estos jóvenes humanos—. Oh, sí… E-en realidad tengo dieciocho. Ya me gradué y todo eso. —Rio con nerviosismo, agradeciendo el haber recordado que su padre le enseñó muchas cosas de humanos cuando era niña.
—No tiene sentido. —Las palabras del tal Senku la hicieron tensarse. ¡¿La descubrió?! Volteó hacia él, pero solo estaba mirando al cohete—. Está en perfectas condiciones, pareciera que no recibió impacto alguno. Lo único que tiene es la falla en los motores. ¿Cómo es esto posible? —Su cabeza prácticamente estaba echando humo de tanto pensar. Y luego miró a Kohaku—. ¿Dónde lo encontraste? ¿Viste a algo amortiguar la caída?
—Cayó aquí —dijo honestamente—. Yo lo atrapé. —No vio problema en admitir eso, pero el tal Senku sí, porque primero la miró como si hubiera dicho la tontería más grande del mundo, y luego empezó a reírse con burla y diversión tan evidente que la hizo sentirse ofendida—. ¡Es en serio!
—Sí, sí, lo que digas. —Negó con la cabeza, empezando a mirar alrededor de la zona—. Déjame decirte algo, leona mitómana, una velocidad de 60 metros por segundo es suficiente para penetrar un cráneo humano. Este cohete debía estar cayendo a más de 130 metros por segundo. Si hubieras intentado atraparlo, te habría matado al diez billones por ciento. Así que, ¿podrías decirme la verdad?
—¡Estoy diciendo la verdad! —Como Kohaku no entendió para nada lo que dijo ese humano arrogante, siguió defendiendo su postura—. ¡Ja, puedes hacer la prueba cuando quieras! ¡Vuelve a arrojar tu ave extraña y verás que volveré a atraparla! —aseguró, para luego fruncirle el ceño—. Y no soy una leona, insolente.
—Sí, sí, claro, veo que no nos ayudarás. —Él pareció perder todo el interés y comenzó a explorar la zona—. Vamos, grandulón, ayúdame a lo que sea que amortiguó la caída del cohete.
Después de dos horas buscando, Senku volvió a plantarse frente a Kohaku, luciendo un poco desesperado.
—Dime qué sucedió. ¿Quieres dinero? ¡Dame una semana y te conseguiré diez… cinco mil yenes! Solo dime la verdad, necesito los datos.
—Ya te lo dije. —Lo miró con aburrimiento—. Yo lo atrapé.
—Está bien, digamos que te creo. ¿Con qué lo atrapaste? Porque es imposible que lo atraparas con las manos, solo dime ¿qué usaste?
Fue ahí que Kohaku empezó a pensar que tal vez no fue muy buena idea admitir que ella había atrapado su extraño cohete.
—Eh… No puedo decirte.
—¡¿A qué te refieres con que no puedes decirme?!
—No puedo decirte y no lo haré. —Se cruzó de brazos y le dio la espalda—. Ahora váyanse, los forasteros no son bienvenidos en el pueblo ni en mi bosque.
Senku bufó, para luego llevarse un dedo a la barbilla, pensativo.
De pronto, sonrió de forma macabra y arrogante, mirándola con ojos astutos.
—Muy bien, aunque no me lo dirás… Dijiste que podías repetirlo si volvía a lanzar el cohete por aquí, ¿no es cierto?
—Sí… —Ladeó la cabeza, preguntándose qué estaba planeando ahora.
—De acuerdo, entonces dame una semana, reparare el motor y volveré a lanzarlo, entonces veremos si realmente decías la verdad o no.
—¡Ja, está bien! Participaré en tu juego extraño con ese pájaro metálico para que veas que no soy una mentirosa —accedió.
Bueno, si le había dicho algunas mentiras, pero solo porque eran necesarias para proteger su identidad.
Esa noche, se reunió con su padre y su hermana para cenar como hacían un par de veces a la semana, ya que ambas estaban muy ocupadas protegiendo el río y el lago como era su deber de ninfas. Su padre tenía mucho respeto por ambas y sus trabajos y nunca les exigía nada que no fuera el respetar las reglas que su madre les enseñó.
De esas reglas, las más importantes eran proteger sus ecosistemas con su vida, usar sus poderes solo de ser necesario, no alejarse de sus ecosistemas, y no revelarse ante los humanos.
—Hoy pareces muy nervioso, papá —comentó Ruri con preocupación luego de la cena, cuando cada una estaba a punto de irse.
—Son problemas del pueblo, ustedes no tienen que preocuparse por eso. —A pesar de sus palabras, siguió tenso, y ambas le insistieron para que hablara—. No pasa nada, es solo… El gobernador murió. —Tragó saliva y ellas jadearon—. Y últimamente he visto gente rondando por la zona… Hijas, las dos deben ser muy cuidadosas. No se acerquen a los forasteros y nunca dejen que las descubran. Ténganlo muy en cuenta, por favor.
Las dos asintieron, pero Kohaku esa noche se quedó preocupada y sintiéndose culpable por su acercamiento con esos tres forasteros.
Se suponía que en una semana volvería a encontrarse con ese tal Senku, para colmo… Bien, entonces se aseguraría de que ese fuera su último encuentro. Simplemente le probaría que no era una mentirosa y luego le prohibiría acercarse al pueblo y al río.
Sí, eso sería todo.
La semana pasó y finalmente vio al cohete descender de los cielos en su dirección.
Rio mientras lo encerraba en una burbuja de agua en pleno aire otra vez, para luego tomarlo en sus manos, ansiando ver la cara que pondría el humano insolente al llegar y ver que de nuevo tenía el cohete en sus manos.
—¿Mmm? ¿Qué es esto? —El cohete tenía algo extraño pegado, un pequeño aparato circular que no tenía ni idea de qué podría ser.
Encogió los hombros y apoyó el cohete en un árbol cercano, sentándose a la orilla del río y sumergiendo sus pies en el agua, esperando a que el humano Senku llegara.
Sin embargo… Senku no llegó.
Lo esperó todo el día, pero no apareció.
Involuntariamente, una parte de ella empezó a preocuparse. ¿Por qué no vino? ¿Le ocurrió algo?
Empezó a preguntarle a las aves y conejos por él, ya que como ninfa podía entender a los animales y hacerse entender para ellos. Ellos aseguraron no haberlo visto, pero las aves prometieron que preguntarían a las demás en los alrededores.
Al día siguiente, una golondrina se posó en su hombro y le dijo que el hombre que buscaba estaba cerca, en un monte, y que parecía estarla espiando con un espejo mágico que le mostraba todo lo que ella hacía en todo momento.
—¡¿Qué él QUÉ?!
Siguió a la golondrina hasta el monte, finalmente reencontrándose con Senku.
—Tienes que estar bromeando… De verdad entiendes al maldito pájaro. —Él estaba pálido, mirándola como si fuera un fantasma.
Y fue entonces que Kohaku se dio cuenta de las implicaciones que tenía el que este hombre pudiera espiarla. ¡Descubrió su secreto! ¡Sabía que era una ninfa!
Y, además, si la estuvo espiando todo el tiempo… ¡seguramente también la vio mientras se bañaba desnuda en su río!
—Humano… Debería sacarte los ojos por tu ofensa. —Sonrió, sintiendo la ira recorriéndola de los pies a la cabeza—. ¡Dame una sola razón para no matarte ahora mismo! —Usando el agua en el aire, creo una cuchilla de hielo en su mano.
Él pareció a punto de desmayarse, pero el instinto de supervivencia pudo más y le enseñó ese espejo extraño donde por alguna razón había imágenes de ella creando burbujas de agua y sanando animales, sus tareas diarias como ninfa.
—¡Si haces aunque sea un solo movimiento, pulsaré un botón y todo el internet se enterará de lo que eres! —exclamó, espantado, pero al ver su mueca de confusión bufó—. Si veo que haces siquiera el amago de embrujarme o lo que sea que hagas, voy a enviar estas imágenes a través de ondas de radio gracias a la ciencia y todo el mundo se enterará de tu secreto, toda la humanidad sabrá que existen seres como tú —explicó más calmado, pero todavía cauteloso y sudando frío.
Y ella sintió que estaba hablando muy en serio.
Mierda… Ya había roto la regla más importante de todas, y ahora no solo un forastero sabía de su identidad, sino que podría exponer el secreto a toda la humanidad.
Lo peor era que podría crear cuchillas a toda velocidad alrededor del humano y matarlo en el acto antes de que pudiera reaccionar, pero… no quería hacer eso.
Estaba perdida, estaba acorralada, estaba… obligada a hacer algo que realmente no quería hacer.
Se estremeció con disgusto, antes de soltar una gran cantidad de aire.
Parecía que no tenía más opción que usar su último recurso…
—Senku… —habló con voz melodiosa, mirándolo directo a los ojos.
Él, que había tenido los ojos llenos de pánico y confusión, de repente se estremeció, abriendo los ojos con sorpresa, clavando su mirada en ella.
—Senku… Suelta eso… por mí. —Caminó hacia él balanceando las caderas y pestañeando lentamente—. Suéltalo… ¿Lo harás? —Ahora su voz parecía una melodía hermosa y perfecta, y los ojos de Senku se nublaron, porque, después de todo, él era un simple humano—. Por favor, Senku…
Obedientemente, él dejó el aparato extraño en una mesita plegable, sin apartar la vista de ella en ningún momento.
Perfecto, estaba completamente rendido ante el encanto de una ninfa.
—Senku… —Se acercó más a él y envolvió los dedos alrededor de su barbilla—. Tienes que jurarme que nunca dirás nada de esto… ¿Me lo juras, Senku?
—Sí… —Estaba completamente idiotizado.
—¿Juras que jamás dirás mi secreto?
—Sí…
—¿Juras que jamás regresarás?
—Sí…
—Muy bien… —Se apartó de él y carraspeó, deshaciendo la magia del encanto de ninfa, a lo que él pestañeó, aturdido—. Ahora te irás y jamás volverás, y yo me quedaré con ese espejo extraño. —Señaló a su aparato.
—Es una Tablet. —Sacudió la cabeza, para luego sujetar su frente—. Espera… ¿Qué demonios me hiciste?
—¿De qué hablas? —Lo miró confundida.
—Tu voz… de pronto… fue como si me quitarás la capacidad de pensar. —Frotó sus sienes con fuerza.
—No es posible… ¡No deberías poder darte cuenta de que fuiste encantado!
¡¿Qué diablos estaba mal con este humano?! ¡Debería estar pensando que ahora la amaba con locura y por lo tanto sería leal a ella y a los juramentos que hizo!
—¡¿Me embrujaste?! —Él entró en pánico y tomó su Tablet de inmediato.
—Senku… —Volvió a usar la voz encantadora y él olvidó la Tablet por completo, volviendo a mirarla como cachorrito enfermo de amor.
Ja, qué extraño. ¿Solo surtía efecto mientras mantenía el encanto sobre él?
Muy confundida, usó su encanto para pedirle que la siguiera y él lo hizo felizmente.
Kohaku lo llevó hasta el lago de su hermana, que la miró boquiabierta al verla trayendo a un forastero.
Le explicó todo y Ruri de inmediato supo qué estaba pasando.
—Él debe ser un humano con una gran fuerza de voluntad y una gran inteligencia —supuso, pensativa—. Su cerebro no va a engañarse a sí mismo haciéndolo creer que te ama con locura y por lo tanto debe obedecerte. Kohaku, ahora él es muy peligroso, y ninguna ninfa podría ayudarnos a que sus juramentos valgan, porque no cae en el encanto como un humano normal.
—¿Pero entonces qué hago? ¡No quiero matarlo, Ruri-nee! —Lo miró con ojos suplicantes—. Nunca he… Yo nunca… No quiero matar. —Apretó los puños—. Es solo un niño humano.
—Pues… solo hay una forma. —Suspiró—. Debes mantenerlo encantado. Quita muy poca energía, de todos modos. —Miró a Senku, que ahora estaba tomado de la mano de Kohaku, mirándola fijamente, casi babeando.
—Pero no puedo mantenerlo encantado para siempre… ¿o sí?
—Podríamos pedirle ayuda a papá, pero… está muy estresado con el asunto del gobernador y los forasteros que merodean la zona.
—No, no quiero decírselo, se enfadaría. —Todavía se sentía culpable de romper la regla más importante—. Yo… Lo mantendré encantado por ahora, luego pensaremos en qué hacer.
—Bien, pero ten cuidado —le advirtió—. Un hombre encantado podría intentar hacerte algo…
—¡Ja! Es solo un débil humano, puedo manejarlo. —Encogió los hombros—. Nos vemos luego, ven a verme si se te ocurre algo.
Se llevó a Senku de regreso al río, maldiciendo a su cohete y a toda la humanidad en general.
—Esto fue hecho con ciencia, ¿verdad? —le preguntó una vez estuvieron frente a su cohete.
—Sí…
—¿Por eso pudiste espiarme? ¿Por la ciencia humana?
—Sí, use una cámara… —admitió, tomando su mano entre las suyas con delicadeza, como si fuera un tesoro precioso.
Kohaku se revolvió, incomoda, nada acostumbrada a interactuar con humanos, menos con un chico.
—Debí suponer que era esa ciencia blasfema de ustedes. Bien, siempre quise saber exactamente qué era. Humano, te ordenó que me digas todo lo que sabes sobre la ciencia.
Después de cinco horas de un parloteo inagotable por parte del humano científico, Kohaku le ordenó detenerse, desplomándose de lo mareada que estaba ante tanta información.
Incluso encantado, él se dio cuenta de que ella no sabía casi nada de la ciencia y la humanidad y le explicó muchas cosas en términos muy sencillos, preguntándole cada tanto sí entendía o no, pero aun así, incluso aunque la había hecho entender muchas cosas y la verdad era interesante, ¡seguía siendo demasiado! ¡¿Cómo era posible que algo de los débiles humanos fuera tan complicado?!
—¿Leona?
—No me llames así —exigió, todavía con la cara estampada en el césped.
—Está bien.
Ella suspiró, dándose la vuelta para mirar a las estrellas.
—Ese cohete que enviaste al cielo… ¿Acaso era para llegar a las estrellas? —preguntó de pronto, queriendo entender más de esa ciencia que él parecía amar tanto.
—Con la tecnología actual, no es posible alcanzar las estrellas, incluso querer alcanzar al sol ya sería difícil. —Rio entre dientes, recostándose a su lado y mirándola fijamente—. Pero incluso así, los humanos queremos acercarnos lo más posible a ellas. También yo, es por eso que sueño con ir al espacio, y quiero ir lo más pronto posible. Con la ciencia de mi lado, sé que lo lograré.
—Es un sueño hermoso. —Sonrió sinceramente, pensando que después de todo la ciencia no sonaba tan mala.
—Tú eres más hermosa, leona. —Kohaku se sonrojó profundamente.
Sabía que él estaba bajo los efectos de su encanto, pero incluso así podía hablar de forma tan lucida que a veces lo olvidaba.
—O-oye, espera un segundo. Te ordené que no me llamarás así.
—¿De verdad? Lo siento.
Ella lo miró con extrañeza. ¿Cómo era posible que pudiera desobedecerla?
—Bu-bueno, ya es tarde. Tengo una cabaña cerca de aquí, suelo dormir en el río, pero no creo que eso sea bueno para un humano. También te daré algo de comer. Sígueme.
Él la siguió obedientemente y el resto de la noche siguió hablándole de sus cosas científicas, hasta que llegó la hora de dormir y empezó a insistirle en compartir la cama porque quería abrazarla y estar cerca de ella. Por suerte, el efecto del encanto no parecía haberlo convertido en un hombre lujurioso, más bien parecía hambriento de afecto y con ganas de adorarla, y aceptó fácilmente su orden de irse a dormir en la otra cama de la única habitación de la cabaña.
La observó hasta quedarse dormido y Kohaku se odió porque una parte de ella estaba disfrutando de la atención del humano. Ugh, patético.
Tenía que pensar en un plan para deshacerse de él pronto.
Antes de llegar al punto en el que fuera ella la que no quisiera dejarlo ir…
Fin.
Holaaaaaa :D
Lamento si esto estuvo muy raro D:
El tema de hoy era un AU de mitologia y soy muy mala en estas cosas x'D
Ojala les haya gustado :'D
Espero estén disfrutando de esta Semanita SenHaku! *w* No olviden darle apoyo a los que participan y participar si tienen la oportunidad, pa' darle amor a la OTP :'3
Se les ama!~
Me despido!
CELESTE kaomy fueraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!
