Los personajes de Inuyasha pertenecen a la gran Rumiko, yo solo los tomó prestados para poder dar forma a la trama la cual si me pertenece. Todo sin lucro y solo con el afán de entretener.


Seguir o no seguir los consejos de su padre para conquistar a una chica, ese era el primer dilema. El segundo, la chica era la hija del rival de su padre. Lo que complicaba más su decisión. Ella era la primera chica de la cual se enamoraba, así que no tenía ni idea de cómo actuar. Por lo que se arriesgaría, a seguir los consejos de su padre, cruzando los dedos para que todo saliera bien.


CONSEJOS PATERNOS

Un grupo de cinco amigos, conformado por: Isao, Yamato, Kagerou, Komori y Sato, todos ellos de quinto grado, esperaban a que un sexto amigo se les uniera y a que la campana de la escuela sonase, anunciando así un nuevo inicio de clases.

Estaban sentados en unas gradas y aprovechaban para ver al grupo de chicas que practicaban su rutina de animación. Bromeaban sobre la última conquista fallida de Sato y charlaban de cuál chica les parecía más atractiva.

—Kagerou, ¿a ti cuál te gusta?— preguntó Isao al chico moreno, pelirrojo de ojos azules, que estaba sentado delante a él—. ¿De nuevo no dirás nada?— su amigo se había encogido de hombros.

—¿Por qué debo elegir alguna de ellas?

—Bien, bien, no está en ese grupo, ¿qué me dices de ellas?— le giró la cabeza en dirección a las chicas del club de voleibol.

—Azami está muy bien— sonrió pícaramente Yamato.

—Tú tienes novia— le recordó Kagerou.

—Todo bien mientras no le sea infiel.

—Tal vez es más del tipo dojikko, ¿Qué dices de Mikuru?

—Es linda, pero no me atrae.

—¿Qué opinas de Yukako? Es del tipo Genki— sugirió Komori.

—¡Ya sé!, eres del tipo loli.

—¿Por quién me tomas, Sato?— dijo ofendido.

—Komori, ponle el ejemplo, dile cuál te gusta— animó Isao.

—Sí me veo invitando Touru a salir.

—La de segundo año— Yamato le codeó con complicidad.

—¿Ves?, hasta el tranquilo de Komori tiene un tipo de chica, no creo que tú, que tienes esa vibra de…

—¿Zorro pícaro?— sugirió Sato.

—Más bien de lobo pícaro— corrigió—. A lo que iba es que no es posible que no tengas un prospecto de chica, te recuerdo que el 14 de

—Será que… ¿te van más los chicos?— Yamato lo observó de pies a cabeza.

—¿Qué carajos?, ¿cuándo di a entender eso?

—No te vamos a juzgar mal, no dejaremos de ser tus amigos y te apoyaríamos— afirmó Isao alzando el pulgar del dedo en señal de aprobación.

—Simplemente no me gusta ninguna de ellas.

—Entonces si te gusta alguien— Sato le sonrió maliciosamente.

—Dinos su nombre, nadie dirá nada— Isao hizo como si cerrara con un cierre su boca—. Seguro que es Kotomi del equipo de natación, el otro día te vi mirando la práctica.

Kagerou rodó los ojos con fastidio, era cierto que había estado ahí, pero no veía a las chicas que entrenaban, estaba viendo a la chica que animaba a su amiga a ir más rápido.

—Una Dandere, yo creo que si te va el tipo— comentó Yamato.

—¿De nuevo están de mirones?— el sexto miembro que faltaba había llegado.

—Taisho, hasta que llegas, ¿qué te entretuvo?— preguntó Isao.

—Mejor dicho, "quién". Nadeshiko de la clase 4C está tras él— informó Yamato.

—¿La chica Ojou-sama? Eres tan afortunado— Sato debía admitir que sentía algo se celos, ya quisiera él poder tener esa oportunidad.

—Acompañé a Moroha a su salón, para su proyecto de arte hizo un inugami con papel maché y no podía cargarlo sola.

—Ya déjala respirar, eres demasiado sobreprotector con ella— le acusó Isao.

—Así le espantas a sus posibles pretendientes— dijo Yamato—. Hubieras dejado que algún otro chico la ayudara, te apuesto que más de uno se ofrecía.

—Mi hermana aún es muy pequeña para eso.

—Tiene 14 años, el próximo año ya pasa a cuarto grado, seguro que se desarrolla tan bien como Yumeko y termina teniendo unas…— Sato apenas si llegó a hacer un gesto con sus manos a la altura del pecho, cuando fue levantado y puesto contra el piso por Tadashi.

—Terminas esa frase y te rompo la boca— sus ojos miel le vieron con furia, no iba a permitir que nadie le faltase el respeto a su hermanita.

—Tadashi, cálmate— Komori intervino, si los profesores los veían, estarían en problemas—. Sato solo bromea, ¿verdad?— el chico asintió asustado.

—Será mejor ir a clases— dijo Kagerou cuando la campana sonó.

—Con un hermano como tú, nadie se le va a acercar, nadie esta lo baste loco para quererte de cuñado— soltó Sato al sacudirse la ropa.

—No se vayan a saltar el entrenamiento— les advirtió Tadashi antes de irse a su salón.

. . .

Komori y Kagerou caminaban de regreso a sus respectivas casas luego del duro entrenamiento. Había mucha presión porque el año pasado quedaron en segundo lugar y este año, el entrenador quería un primer lugar que no lograban obtener desde hace 28 años.

—El entrenador debería relajarse y ya pensar en su retiro— se quejó Kagerou.

—Lo sé, pero quiere una última victoria antes de hacerlo, al menos no somos Tadashi.

—Es verdad, su papá fue capitán y consiguió el primer lugar nacional. Me extraña que no sea capitán.

—Es porque Mihashi aún no se gradúa, te aseguro que el próximo año ya lo será. Aún no puedo creer que el tío Inuyasha le diera tres primeros premios nacionales a la escuela en tres disciplinas. Yo apenas puedo con los deberes normales y el béisbol.

—Kendo y Karate, también ¿cierto?— recordaba haber visto los trofeos en la vitrina de la escuela, Komori asintió—. Con razón Tadashi y su hermana son también buenos en ello.

—Los genes de la tía Kagome ayudan, ella ganó en kyudo nacional y natación en regional. ¿Crees que el próximo año Moroha ingrese al club de natación?, he visto que ayuda al club.

—Podría ser.

—Pero Moroha práctica más en el dojo, así que en definitiva Moroha ingresará a Kyudo, además mi tío le acaba de regalar un arco nuevo.

—Le irá iban.

—¿A quién?

—A la hermana de Tadashi, de ella estás hablando— roló los ojos con fastidio.

—Por cierto— Komori sonrió traviesamente—. ¿Desde cuándo te gusta?

—¿Quién?

—Moroha— susurró, aunque no había nadie a su alrededor, solo quería darle más dramatismo—. No intentes negarlo— le advirtió—. Nos conocemos desde el jardín de niños, ni siquiera eres capaz de pronunciar su nombre y cada vez que lo digo, te pones extraño.

—¿Quién más sabe?— suspiró resignado.

—Creo que solo yo y es extraño porque me di cuenta con solo ver cómo se ilumina tu boba cara al escuchar su nombre, ¿por qué tanto misterio?

—¿En verdad lo preguntas?, ¿ya se te olvidó cómo reaccionó Tadashi en la mañana?

—Sato cruzó la línea, hasta a mí me molestó.

Kagerou lo meditó, Komori tenía un buen punto, sí Tadashi no hubiese estado y Sato hubiese dicho eso delante de él, no se hubiera controlado como su amigo, él si lo dejaba mínimo con la nariz rota.

—¿No salgas con que le tienes miedo? Es cierto que es el más alto y a pesar de su apariencia serena, es intimidante cuando se enoja, pero eres nuestro amigo.

—Y no quiero arruinar nuestra amistad.

—¿Qué harás?, ¿Seguirás ocultándolo por siempre?

—No lo sé.

—Pídele consejo a tu papá— sugirió.

—Sabes la rivalidad que tiene con el señor Taisho.

—No creo que te prohiba la relación a lo "Romeo y Julieta", a pesar de su rivalidad, son amigos.

—Estoy seguro de que no va a perder la oportunidad para molestar y lo arruinará.

—Te podría decir que le pidieras consejo a mi padre ya que es el mejor amigo de mi tío, pero según los relatos de mi madre, en esta época podrías terminar en la cárcel por acoso sexual.

—Lo pensaré.

—Yo te apoyo si decides ser el tipo que quiere un cuñado como Tadashi y un suegro como el tío Yasha— levantó los dos pulgares.


Kagerou seguía tumbado en su cama al medio día, no dejaba de pensar en la conversación que tuvo con sus amigos el día anterior, sobre todo en la que tuvo con Komori. No estaba seguro por cuánto tiempo más iba a poder ocultar sus sentimientos por Moroha, si escuchar sobre ella y pensar en ella le provocaban un hueco en el estómago, tenerla cerca hacía que su cerebro se desconectara. Ya Komori se había dado cuenta, ¿cuánto tiempo más pasaría para que alguien más lo notase?, ¿qué pensaría Moroha al saberlo?

—¿Qué te pasa?— preguntó Kouga al pasar por afuera del dormitorio de su hijo y verlo preocupado—. ¿Algo va mal en la escuela?

—No.

—Kagerou, puedes decírmelo— aseguró al sentarse en la cama.

—¿Prometes no exagerar y ser un papá normal?

—Soy normal.

—Papá— se sentó en la cama—. Promete que no le dirás a nadie.

—Bien, cuéntame.

—Es por una chica— confesó.

—¿Ya sales con alguien?— su hijo negó—. ¿Salías con alguien y terminaron?

—¡No!— se desesperó—. Esta chica me gusta y… no sé cómo acercarme a ella, no es como que no nos hablemos, nos conocemos de hace tiempo— prácticamente toda la vida—. Pero… quiero invitarla a salir.

—¿La conocemos?

—Sí— le tranquilizaba que su padre al parecer no había adivinado de quién hablaba—. ¿Cómo invitaste a salir a mamá?

—Bueno, en realidad…

—Ella te invitó a ti— dedujo.

—Tu madre es muy decidida y si quiere algo, va por ello. Pero antes de ella, salí con otras chicas.

—¿Qué hacías?— esperó la respuesta con curiosidad.

—Primero dime quién es.

—No, lo vas a arruinar.

—¿Y cómo haría eso?

—Porque no te aguantarás y se lo irás a contar a…— guardó silencio al comprender que habló de más.

—¿Es la hija de Inuyasha?, ¡Es ella!— se levantó sorprendido—. Ya quiero ver la cara de ese idiota cuando…

—¡Papá!, a esto me refería.

—Ok, no diré nada, ahora escúchame con atención— volvió a sentarse y vio con seriedad a su hijo.


Las escaleras del templo nunca le parecieron tan interminables como en ese momento, pero si quería tener un avance, debía terminar de subirlas y aprovechar que Moroha estaba sola en casa, sus padres aún no llegaban del trabajo y Komori se había llevado a Tadashi al centro a conseguir un nuevo videojuego.

Al llegar a la cima, sonrió al ver a Moroha en el patio, tenía sus audífonos y barría muy concentrada. Ya tenía una bolsa llena de hojas.

—¡Moroha!— alzó la voz para que le escuchase—. Hola— agitó la mano en señal de saludo cuando ella volteo, al verlo se quitó los audífonos y por un momento se quedó perdido en sus lindos ojos avellana—. ¿Qué haces?

—Barriendo— contestó con obviedad.

Elógiala.

—Lo haces muy bien.

—¿Barrer?, es fácil, Dashi no está— dijo al suponer que fue a buscar a Tadashi.

—En realidad no vengo a verlo a él, toma— le entregó un ramito de Sumire.

—Son para el altar— miró a la apagoda.

—No, para ti, las vi y pensé en ti— ya sentía que sus mejillas ardían.

Dale flores, sostenla de las manos, mírala a los ojos.

—Siempre estás muy alegre y eres sincera— el significado de esas flores describía a Moroha, la tomó de ambas manos y la vio directo a los ojos.

—Te sudan las manos— dijo luego de un momento de desconcierto y las apartó.

—No sé bien si yo soy tu tipo, pero ¿por qué no nos damos una oportunidad para averiguarlo?

—¿Tipo de qué?— estaba entretenida secando sus manos contra su suéter.

—Me pregunto si te gusta Star Wars, porque a mí me gusta star contigo.

—¿Y esa cuál es?, ¿es nueva?— no había escuchado de esa película, sonaba a una cosa cursi y melosa.

Invítala a salir solo ustedes dos.

—Me gustaría llevarte al cine, pero no permiten entrar con dulces.

—Obvio que no, aunque yo si he logrado meter papitas adobadas— dijo con orgullo—. Kagerou, ¿a qué viniste.

Dile que es bella.

—Es que eres tan bella que ya se me olvidó.

—¿Lo olvidaste?— le vio desconcertada—. ¡¿Te golpearon con la pelota la cabeza?!— vio hacia la casa, su mamá aún no llegaba y no tenía el número de la casa Okamiyama—. Le llamaré a Dashi— hizo el intento de sacar su celular del bolsillo.

—¡No!— la detuvo, sí su amigo se enteraba, adiós al plan.

Di un cumplido de lo que te gusta de ella, como su nariz.

—Me encantan tus ojos, me gustaría poder quedármelos— ¿si era así?, ¿o era poder verlos todos los días?

—¿Estas bien?— retrocedió un paso.

Has que note que tienen gustos afines.

—Ya sé que no soy Toumas Holopainen, pero también me gusta el rock y sé hacer un okonomiyaki buenísimo— sabia del gusto musical de ella y aquella era una de sus comidas favoritas.

—¿Y eso que tiene que ver?

Proponerle volver juntos a casa.

—¿Te importaría que te siga hasta tu casa?— volvió a sujetarle ambas manos—. Es que mi madre siempre me dice que...— cayó de rodillas al ser derribado al suelo por aquella pequeña jovencita, ¿Cómo pudo pasar?

—Cuando dejes de actuar extraño regresas— le dio un empujón con el pie por la espalda y fue directo a su casa. ¿Desde cuándo Kagerou era tan extraño?


Miroku dejó el plato con más carne para hamburguesa junto a la parrilla, tomó una cerveza de la hielera y se sentó en una de las sillas del jardín.

—Yo no debería estar haciéndoles las hamburguesas, Kouga fue quien invitó.

—Eres el mejor en la parrilla— elogió a su mejor amigo, quien en ese momento usaba un mandil negro—. Y es para disfrutar el partido.

—Ni siquiera me gusta el soccer, vine porque insististe en que no te dejase solo.

—Le voy al equipo contrario, cuatro contra uno, Kouga, Ginta, Hakaku y Bankotsu contra mí.

—¿Cuánto apostaste?

—Nada, solo nos reunimos para divertirnos.

—Supongo que vas a ganar— comentó Inuyasha al escuchar a Kouga enojarse de que alguien fallase un gol.

—Kouga, baja la voz— pidió Ginta que estaba en la sala con los demás—. Los vecinos van a escuchar y vendrá la policía— cuando Kouga comenzaba a pasarse de alcohol, solía alzar la voz.

—No estoy borracho.

—Come algo para que se te baje— sugirió Inuyasha al poner un plato de hamburguesas en la mesa de la sala.

—Yo sé algo que tú no— dijo Kouga con una risita.

—No me interesa— Inuyasha se propuso a volver a la parrilla.

—Kouga, come— pidió Miroku.

—¡Mi muchacho finalmente se está fijando en las chicas!— dijo con gran orgullo paterno.

—Felicidades— Bankotsu alzó su lata de cerveza en señal de brindis.

—Nunca creerán de quién se enamoró— todos se le quedaron viendo—. De tu hija— sonrió maliciosamente en dirección donde Miroku e Inuyasha estaban parados.

—¿Kin'u o Gyokuto?, ¡¿Amabas?!— a Miroku no le sorprendió eso, sus gemelas eran muy bonitas, lo que sí le sorprendió es que a Kagerou le gustasen mayores que él.

—¡No tuya, tarado!— hizo un gesto con la mano como si lo hiciera a un lado—. De la de él— señaló a Inuyasha.

—¿De mi Moroha?— dijo incrédulo Inuyasha.

—Es una rompecorazones como su mamá.

—No le hagas caso, está borracho— inmediatamente Miroku se interpuso en el camino de Inuyasha.

—Kouga, ya cálmate— pidió Ginta.

—Me vino a pedir consejos para conquistarla.

—¿Y se los diste?— preguntó indignado Inuyasha.

—Claro que sí, soy su papá.

—¡Moroha aún es una niña!— quería partirle la boca.

—Inuyasha, vámonos— Miroku empujó a su amigo hacia el jardín, pero le era difícil.

—Tú hija tiene suerte, Kagerou es un buen partido, igual a su papá.

—¡Kouga, no sigas hablando!— ahora fue el turno de Hakaku de intervenir—. Bankotsu, ayuda.

—Me estaba divirtiendo— dejó su cerveza en la mesa y fue a ayudar a Miroku.

—Más le vale a tu hijo mantenerse alejado de mi niña— exigió Inuyasha mientras Miroku y Bankotsu lo empujaban al patio.

—¡Inuyasha, basta!— Miroku sentía que volvía a la escuela media, cuando esos dos discutían por Kagome.

—Esto me trae recuerdos, ¿a ti no?— comentó Bankotsu.

—Ni me lo digas.

—¿Dónde está Kagerou?— Inuyasha era consciente que el muchacho no estaba en casa—. Debo volver al templo.

—Tranquilízate, está en el juego— dijo Bankotsu.

—¿Ustedes sabía algo?— Inuyasha vio con sospecha a sus amigos, ellos negaron.

—Creo que será mejor irnos, avísale a los demás— pidió Miroku a Bankotsu, adiós a su tarde de diversión.

. . .

Kagome estaba recostada en el sofá, disfrutaba de esa tranquila tarde, escuchando música y leyendo un libro, hasta que su esposo entró rápidamente a la casa.

—Volviste pronto.

—¿Y Moroha?

—Practicando atrás— poco después de mudarse al templo, Inuyasha construyó un pequeño dojo.

—¿Sola?

—Sí, Tadashi aún no vuelve del partido. ¿Qué ocurre?— se sentó en el sofá—. Inu, ven— acomodó un cojín en sus piernas.

Inuyasha suspiró y obedeció a Kagome, necesitaba calmarse, cosa que solo ella podría hacer, además, la debía poner al tanto. Tomó aire antes de comenzar a narrar lo que había pasado en casa de Kouga.

—¿Puedes creerlo?— seguía molesto, pero ya estaba calmado.

—No es un mal muchacho— dijo sin dejar de jugar con el cabello de Inuyasha.

—Kagome, Moroha aún es una niña, el año pasado apenas iba en la primaria.

—Fue hace dos años y medio.

—Y él es mucho mayor.

—Dos años— igual que ellos.

—Te juro que si se intenta propasar…

—No lo hará— le aseguró—. Inu, Kagerou es un chico respetuoso, lo conocemos desde pequeño, no olvides que no solo fue criado por Kouga, Ayame es su madre, ella jamás permitiría que le faltase el respeto a nadie, igual Kouga.

—Moroha sigue siendo tan pequeña.

—Está creciendo y es algo que debes aceptar.

—Es muy pronto— sentía que apenas fue ayer cuando la ayudaba a dar sus primeros pasos.

—Para un padre siempre será muy pronto, mi papá puede confirmártelo— se inclinó para besarlo, aunque era muy probable que su padre en este caso apoyase a Inuyasha, Moroha era su nieta consentida.

—No recuerdo que Miroku se pusiera así con las gemelas.

—Todos son diferentes, creo que en verdad deberías preguntarle a mi padre, él tampoco estaba feliz de que yo tuviese novio, pero aceptó que yo saliera contigo.

—Tenías casi 18.

—No importa la edad, una niña jamás deja de ser la pequeña de papá— sonrió al ver que finalmente le había hecho sonreír.

—¡Ya volviste!— la voz alegre de Moroha los interrumpió.

—¿Qué ocurre jellybean?— le llamó por aquel apodo que le puso desde antes de nacer, en la primera ecografía de Kagome embarazada de Moroha, él le vio forma de un dulce de frijol.

—Necesito ayuda para entrenar, pero si estas descansando con mamá…— no le gustaba interrumpirlos.

—Yo iba a tomar un baño, tu papá puede ayudarte.

—¿En verdad?

—Deja me cambio— dijo Inuyasha a su hija.

—Te espero en el dojo— salió corriendo de la casa.

—Disfruta estos momentos— Kagome le dio un último beso antes de levantarse con él del sofá.


El reloj marcaba casi las seis de la tarde, Inuyasha comenzaba a preocuparse, era martes y Moroha no tenía clases extras, ni entrenamiento, debió estar en casa hace dos horas. Tadashi era quien llegaría tarde por el entrenamiento. Vio a su esposa seguir cortando zanahorias.

—Tranquilo, seguramente esperó a su hermano— no sería la primera vez que lo hacía.

—Iré a buscarla.

—Inu— dejó de cortar—. Tadashi deberá llegar en diez minutos, si no llega con…

—¡Estamos en casa!— anunció Tadashi.

—Ya puedes estar tranquilo, prueba— le ofreció una croqueta de papa a su esposo.

—Las rellenaste— comentó al sentir el sabor del queso y tocino.

—¡Croquetas de papa!— gritó Moroha al ver la comida que hizo su madre.

—Las manos primero— le advirtió Kagome al ver que estaba por tomar una croqueta.

—Abre— Inuyasha le ofreció la mitad que le quedaba a su hija, quien se la comió de un bocado—. Esperaste a tu hermano, debiste avisar.

—Lo lamento, es que su entrenamiento se canceló y Kagerou nos invitó unos Taiyaki.

Inuyasha debió inhalar profundo para no volver a alterarse ante la idea de que el hijo que Kouga estuvo muy cerca de Moroha. Escuchó a su hijo saludar y mostrarle sus manos limpias a su madre antes de tomar una zanahoria.

—¿También fuiste?

—No papá, me quede esperando a unas cuadras de aquí hasta que Moroha volvió con Kagerou— bromeó—. Claro que fui.

—Papá, tengo que armar un puente con palitos de madera para puntos extras, ¿me ayudas?— sus ojos avellana veían fijamente los miel de su padre.

—Kagerou ya te dijo que te ayuda, su puente tuvo el tercer lugar— comentó Tadashi.

—El que hiciste con papá tuvo el primero.

—¿Entonces si hubiese obtenido el primero aceptas su ayuda?

—Claro que no, es más divertido con papá— cuando le ayudaba con algún proyecto de la escuela, siempre había pizza y helado.

—¿Cómo lo sabes?, no has trabajado con él.

—Tú solo quieres ser el único con un primer lugar— le acusó—. Papá, ¿me vas a ayudar?— con esa pregunta logró traer de vuelta a su padre, quien parecía se había quedado pensando en algo.

—Claro que si, jellybean— su niña sonrió.

—Quiero que soporte más peso que el de Dashi.

—Y así será, ahora váyanse a cambiar para comer— pidió Kagome.

. . .

Tadashi escuchaba música con los audífonos puestos mientras terminaba su tarea, pero logró ver de reojo que alguien entraba a su habitación, giró su silla y vio a su hermana recostada en su cama.

—¿Tan pronto?

—Nos quedamos sin palitos, no sobraron muchos de tu proyecto.

—Tienen hasta el próximo viernes para terminar— abrió un cajón de su escritorio—. Pumpkin, toma— le entregó unos Pocky sabor calabaza que solo salían en esa época del año.

—Gracias, por eso eres mi hermano mayor favorito.

—Soy el único que tienes.

—Kagerou estuvo aquí el miércoles— comentó al abrir la caja de Pocky.

—¿Qué quería?

—No lo sé, se comportaba extraño.

—¿Por qué dices eso?— su curiosidad aumentaba.

—Decía cosas raras, hasta olvidó por qué vino. ¿Se golpeó la cabeza en el entrenamiento?

—Cuéntamelo todo.

Tadashi luchaba por mantener una actitud serena, de no atacarse de la risa en todo el relato. Deseaba haber visto todo eso, grabar a Kagerou sufriendo y haciendo el ridículo. No creyó que su amigo se atreviese a hacer algo como eso.

Admitía que cuando descubrió que Kagerou estaba interesado en Moroha, se molestó y estuvo alerta ante cualquier jugada de él, pero nada pasó, Kagerou solo se limitaba a observarla de lejos y estaba atento a cada vez que era mencionada. Moroha llegó al momento de su ataque y no pudo aguantar más.

—No te rías, pudo estar sufriendo una conmoción y no lo ayudé— se sentía culpable.

—Él está bien, seguro fue por otra cosa. Dime algo— acercó más su silla a la cama—. ¿Aún no te gusta algún chico de la escuela?— Moroha hizo una cara de desagrado—. Te gustan esos integrantes de grupos de rock.

—Sí, son atractivos y los admiro, pero no en la manera que mis amigas lo hacen con los muchachos de la escuela. ¿Cómo les puede gustar intercambiar saliva y beber de la misma bebida?— sacó la lengua, de solo pensarlo le daba asco.

Pumpkin, cuando crezcas, voy a extrañar a esta niña.

—Ahora eres tú el que dice cosas raras. ¿El entrenador les da cosas ilegales?— preguntó con sospecha.

—¡Claro que no!— le levantó y se dejó caer de espaldas sobre su hermanita.

—¡Basta, me aplastas!— claro que no lo hacía en su totalidad, Tadashi no estaba dejando caer todo su peso.

—Tú eres la que invadió mi cama, yo solo me acosté en ella.

Dashi, pesas mucho— decía riendo—. Le gritaré a…

—¿Qué pasa?— se preocupó cuando las risas pararon.

—Extraño a Kiba— dijo al tomar la foto que su hermano tenía junto a su cama, estaban todos ellos con un perro grande café.

—Yo también— su mascota había fallecido hace cuatro años y desde entonces no habían tenido otro perro.

—Te irás a la universidad el próximo año y no tendré a quien molestar— dijo triste.

—Puede que vaya a una de la ciudad y siga viviendo aquí.

—¿Y si no?

—¿Quieres un perro?— su hermana asintió—. Pídeselo a papá.

—¿Crees que quiera?

—Nunca le negaría nada a su jellybean.

—¡Basta!— comenzó a reír de nuevo al recibir un ataque de cosquillas—. ¡Me voy a vengar!

—¿Todo bien?— preguntó Kagome, había abierto la puerta al escuchar el escándalo.

—Sí mamá— dijeron ambos hermanos, Tadashi volvió a su silla y Moroha se sentó en el colchón.

—¿Estaban peleando?— preguntó Inuyasha, él subió al escuchar ruido.

—No, pero… Moroha sugirió tener un perro.

—Un perro, hace mucho que no tienen mascota— meditó Kagome.

—Nos turnaremos para cuidarlo— aseguró Tadashi.

—Por favor— Moroha vio fijamente a su padre.

—Claro, pasado mañana que salen temprano los veo en el refugio de mascotas, pero ya dejen de hacer escándalo— le sonrió a Kagome y ambos se fueron a su habitación.

—Te lo dije, no se iba a negar. ¿Les has dicho que vino Kagerou?— Moroha negó y se volvió a acostar—. No lo hagas, ya te dije que no te debes preocupar.

—Está bien— murmuró, cerrando los ojos.

—¡Hey no te quedes dormida en mi cama!— muy tarde, iba a tener que ir por su padre para llevarla a su habitación.


Inuyasha veía por la ventana de la sala a Moroha, jugaba con aquel perro mestizo color gris, en cuanto su hija lo vio, lo quiso y el perro a ella. Estaba por volver a su trabajo en la laptop, cuando reconoció a Kagerou, acababa de subir todas las escaleras al templo y se acercaba nervioso a Moroha, la saludó y su hija le presentó a Akio.

Salió al notar que aquel muchacho estaba cada vez más cerca de su hija y no dejaba de tener una boba sonrisa.

—Kagerou, cinco pasos atrás— se interpuso entre su hija y el chico.

—Señor Taisho, buenas tardes— saludó nervioso.

—No creas que no sé qué pretendes— dijo entre dientes.

—Papá, ¿qué te pasa?— preguntó confundida, era la primera vez que lo veía actuar así—. Vino a dejar el molde que mamá le prestó a su mamá— le mostró la flanera.

—Le juro que es todo— pasó saliva inquieto, ahora entendía de dónde había sacado Tadashi su carácter.

—Más te vale sea eso y no una de las brillantes ideas de tu padre.

—Para nada— logró decir, llegando a casa le iba a reclamar a su progenitor—. Yo me voy— se giró apenado.

—¿Qué hizo?— Moroha veía fijamente a su papá.

—No me hagas caso— le acarició la cabeza—. Es por algo que dijo Kouga. ¿No ibas a ir con las gemelas al cine?

—Ya no— bajó la mirada y volvió a lanzar la pelota a Akio—. Iban a llevar a sus novios.

—¿Quieres ir por un mont-blanc?— ofreció para animarla.

—¡Sí!— saltó sobre la espalda de su padre.

—¿Pretendes te lleve cargando?

—Al menos al interior de la casa— estar así le traía buenos recuerdo de cuando era más pequeña y le hacía sentir nostalgia, un día, ya no podría hacerlo más—. Debemos dejar esto— le mostró el molde.

. . .

Kagome se acercó a Tadashi, lo veía muy entretenido observando por la ventana y comía una bolsa de papas, aquello le dio curiosidad, por lo que decidió acercarse a investigar.

—¿Qué miras?

—A papá poniéndose celoso— comió otra de sus papas—. Kagerou vino y papá vio que se acercó a Moroha, salió hecho rayo— explicó divertido.

—Tadashi, ¿desde cuándo lo sabes?

—Mamá, me ofendes, no soy despistado como papá o inocente como Moroha. Pero no se preocupen, no he dejado de cuidar a mi hermanita.

—Lo de la ayuda con el puente, querías provocar a tu padre.

—Un poco— admitió, de nada le servía mentir.

—Disfrutas verlo sufrir.

—Estás muy calmada— le vio con sospecha.

—Es porque Moroha sigue siendo inocente, aún es la niñita de papá, claro que en algún momento llegará un chico que le llame la atención, pero hasta ese momento, no me preocuparé— le robó una papa—. Creo que tengo suerte de tener dos hijos tranquilos.

—Yo no tengo tiempo para esas cosas, tal vez ya en la universidad.

—Ya no tortures demasiado a tu padre o en verdad terminará encerrando a Moroha de por vida— tomó otra papa.

—Mamá…

—Ya vienen— tomó una última papa y le guiñó un ojo a su hijo.

. . .

Kagerou estaba en la sala intentando elegir una película o serie para ver, nada llamaba su atención, no dejaba de pensar en sí el señor Taisho le dijo a su hijo sobre su interés por Moroha. No quería ir a la práctica de mañana, sí Tadashi ya sabía, en el mejor de los casos estaría a la defensiva, en el peor, le reclamaría en cuanto lo viera.

—¿Qué tal te fue? Ya no me contaste— Kouga se sentó junto a su hijo.

—Y tu prometiste no decirle a nadie, el señor Taisho ya lo sabe— le reprochó.

—Lo lamentó, me emborraché un poco y se me fue la lengua.

—Pudiste decirme, mamá me mandó al templo y ahí estaba.

—¿Te amenazo?— preguntó alarmado.

—No hizo falta, ya no importa, cuando tuve mi oportunidad me fue fatal.

—Cuéntame, ya te dije que lo siento— su hijo lo veía con malos ojos—. No creo que te fuese tan mal, seguro que exageras.

—Yo no pienso igual— comenzó a contar todo con lujo de detalles, incluida la parte que una jovencita pequeña, logró derribarlo—. ¿Cómo hizo eso?— su hijo medía 1.73 metros.

—Pues lo hizo, ¿Qué hice mal?

—Nada, no imaginé que se pareciera demasiado al padre— su hijo le vio con curiosidad—. Inuyasha ya estaba enamorado de Kagome y no lo sabía.

—¿Cómo es posible?

—No sabemos, todos lo sabíamos, menos él.

—Sí ella no está interesada por ahora, dale su espacio— dijo Ayame al llevarles unos nachos como botana—. No la agobies o se sentirá incomoda.

—Mamá, estabas escuchando, ¿desde cuándo?

—Desde el inicio, pero quería ver que tantas otras tonterías te seguía diciendo tu padre, debiste venir conmigo, los consejos de tu papá no son buenos, no le funcionaron con Kagome— se burló.

—¿Con la señora Taisho?— eso último no se lo esperaba.

—Pero me funcionaron con otras chicas.

—Lo que tú digas— Ayame le restó importancia.

—Por eso tú y el señor Taisho tienen rivalidad.

—Surgió por eso, pero luego apareció tu madre y todo cambió.

—Halaga lo que hace, hazle cumplidos lindos— sugirió Ayame.

—Ya lo hice y fue un desastre.

—Lo sé, pero ahora díselo cuando ella sea consciente de ello, por ejemplo, luego de ganar en kendo, sé que ha estado practicado duramente, incluso si no gana, halaga su esfuerzo.

—Sí es como Inuyasha, conquístala por el estómago— sugirió Kouga.

—Ya lo intenté, el día que se canceló el entrenamiento, le dije "Moroha, si tampoco tienes nada que hacer, vamos a comer Taiyaki" y le llamó a Tadashi, le dijo "Dashi, Kagerou nos invita unos Taiyaki". No entiendo cómo le di a entender que quería que su hermano también viniera— dijo exaltado y desesperado—. Sí Komori no se hubiese ido ya, seguro que también lo incluye.

—Es normal— habló con calma Ayame—. Komori, Tadashi y tú, siempre están juntos y era a ella a la que incluían, así que, llegó a esa conclusión. No hay camino corto en esto, en la escuela llévale una golosina que le guste, dale pequeños detalles. La paciencia recompensa, te lo digo por experiencia— le guiñó un ojo.

—Papá dijo que tú fuiste la que dio el primer paso.

—Sí, pero tardó en aceptar y debí ser firme.

—Le das como consejo que mantenga distancia y tú no lo hiciste.

—Todos son diferentes, tú eres un cabeza dura que no podías aceptar que yo te gustaba y seguías empeñado en tener a la chica que no podías.

—Mamá, te estás saliendo del tema— ver a sus padres discutir así le era incómodo.

—Lo siento, analiza bien lo que sientes, es la primera chica que te gusta y puede que solo sea pasajero.

—De acuerdo.

—Ahora, los dos vengan a comer.


El día estaba nublado, aun así, Kagerou salió al patio para despejarse y pensar con tranquilidad, su madre le recomendó analizar bien lo que sentía por Moroha, ya antes le habían atraído chicas del colegio, pero no le ponían en aquel estado, Moroha tenía la sonrisa más bonita, natural y sincera que jamás había visto, le encantaba esa cara seria y decidida que ponía cuando se preparaba para competir, cuando sus ojos se iluminaban al tener frente a ella su golosina o comida favorita. Cubrió su cara con un brazo, pensar en ella hacía que se sonrojase.

Kagerou, la voz de Tadashi hizo que se levantase sorprendido, su amigo vestía su uniforme de béisbol y cargaba su bate.

—¿Aún no te cambias?

—¿Hay entrenamiento?

—¡Claro que sí!, el partido para saber si calificamos a regionales es en una semana. No me digas que lo olvidaste— se cruzó de brazos.

—Me cambio rápido— se metió corriendo a su casa.

. . .

Kagerou seguía esperando algún comentario como, "papá me contó tus intenciones con mi hermanita, es mejor que no te atrevas a nada con ella", "se supone somos amigos, pero cruzaste la línea, no voy a dejar que te vuelvas a acercar a mi hermanita" o "Moroha me dijo que fuiste a la casa, ella no se dio cuenta pero yo sí, si vuelves a hacer algo así, date por muerto", tal vez eso último era ya exagerado, pero Tadashi seguía sin decirle algo sobre el tema, ¿esperaría a que bajase la guardia para hacerlo?. Al pasar por el parque, vio a algunas compañeras de clase de Moroha. Iban vestidas coquetamente y maquilladas, unos muchachos de la misma escuela se acercaron a ellas, iban a tener una cita en grupo.

—¿Qué miras?— preguntó Tadashi.

—Son las compañeras de clase de tu hermana.

—Lo son, ¿una de esas es quien te gusta?— sonrió con burla.

—¡No!, me llamó la atención que… ¿No invitan a tu hermana?

—No, mejor así, me alegra que Moroha siga siendo una niña, ¿te imaginas cuando le comiencen a gustar los muchachos? O peor aún, cuando algún chico lleno de testosterona y sus hormonas locas, comience a invitarla a salir, papá se volverá loco.

—En algún momento deberán dejarla tener citas, ¿No?

—Seguirá el camino puro y recto de una sacerdotisa, ¿por qué crees que ayuda mucho en el templo? Será su siguiente guardiana. Estoy bromeando— rió al ver la cara de espanto de Kagerou—. Solo hasta que sea mayor de edad y aun así, investigaré a todos esos tipos que la quieran corromper. Me sentiré tranquilo si mi hermanita termina con alguien como tú.

—¿Cómo yo?— preguntó sorprendió e intentó no sonreír por la felicidad que le provocaba aquella posibilidad.

—Sí, eres buen estudiante, no eres un delincuente juvenil, eres confiable, no eres un mujeriego como Sato y eres respetuoso. ¡Claro!, no digo que contigo, pero si eres un buen ejemplo— ya le había dado esperanza, era momento de bajarlo de su nube.

—Está vez les gané en llegar— dijo Komori, ya había llegado al punto donde sus caminos se cruzaban.

—Culpa de él, aún no estaba listo— explicó Tadashi.

—Oie— codeó a Kagerou para que se quedaran unos pasos detrás de Tadashi—. Como me dijiste que se parece a su padre— susurró—. Le pregunté a mamá cómo es que la tía Kagome conquistó a mi tío, luego hablamos y te doy los detalles.

—¿Por qué se quedan atrás?, llegaremos tarde— les regañó Tadashi.

Dashi.

Pumpkin, debes dejar de hacer eso— su hermanita acababa saltar a su espalda, tomándolo por sorpresa—. Ya no tienes diez años.

—Eres un muy mal hermano mayor, y si ya no tengo diez, no me vuelvas a llamar así— Tadashi roló los ojos.

—Tú ganas, ¿Qué haces aquí?, no irás al parque ¿cierto?

Tanto Tadashi como Kagerou temieron la respuesta, sí iba al parque con sus compañeras, eso significaba que se uniría a aquella cita grupal, por lo tanto, un chico la invitó a salir y ella había aceptado.

—No, acompañé a mamá, está allá— señaló la tienda de artículos de repostería, haciendo que los corazones de su hermano y su amigo volviesen a latir.

—Hola Moroha— saludó Komori para llamar su atención.

Mori, hace mucho no te veía.

—Lo haces a diario en la escuela.

—Me refiero a verte de cerca, ya casi no vas a casa.

—¿Qué te parece hacer una competencia de street fighter este sábado?, en mi casa— Kagerou más tarde le tendría que agradecer por buscarle otra oportunidad en territorio neutral.

—¡Genial!

—Vas a perder—murmuró Tadashi, su hermanita era muy competitiva.

—Kagerou también es bueno, tennos un poco de fe.

Dashi y yo contra ustedes dos.

—Hola muchachos— saludó Kagome al salir de la tienda—. Moroha, deja que se vayan a su entrenamiento.

—Sí mamá— bajó de la espalda de su hermano—. Entrenen duro, espero que esta vez si ganen— en el último partido quedaron en segundo lugar.

Los tres amigos continuaron su camino hasta que la voz de Moroha volvió a llamar su atención, haciendo que el pulso de uno de los tres se acelerara.

—¡Kagerou!, ¡Usa casco para que no actúes raro de nuevo!— dijo al señalar su cabeza, acto seguido, se giró y continuó caminando con su mamá.

—¿Qué fue eso?— preguntó Tadashi, fingiendo ignorancia.

—No lo sé— respondió nervioso el chico pelirrojo.

—Como sea, dense prisa— definitivamente era muy divertido ver a su amigo sufrir.

En ese momento, Kagerou lo decidió, no se iba a rendir, se iba a esforzar al máximo, en el próximo partido lograría hacer un home run, estaba seguro de que sí lo lograba, impresionaría a Moroha. Su alegría le había levantado el ánimo y el hecho que se preocupase por él, le había dado nuevas esperanzas.


FIN

11/08/2022

Aquí yo de nuevo, debía sacarme esta historia loca antes de continuar con algo más, la culpa la tuvieron dos imágenes que aparecieron de manera random en Reddit. Y del hecho de que también fue porque la secuela no mostró a un hijo de Kouga y Ayame, fuera de eso, ¡Olvidaron a Kouga y Ayame! Así que debí hacer algo yo para poder tener mi deseo no cumplido.

Gracias especiales a mi bestie Sheila por apoyarme en este proceso.

Nos seguiremos leyendo, quien sabe, puede que esto tengo segunda parte.


Kagerou- lobo de sombras.

Dojikko- tierna, despistada, torpe y cariñosa.

Genki- sumamente amorosa e hiperactiva.

Dandere- indiferente e inexpresiva, pero se vuelve cariñosa.

Ojou-sama- la niña rica y educada.

Sumire- es similar a un tintero y de color morada.

Taiyaki- pastelillo en forma de pez

Mont-blanc- postre en espiral, de merengue, castañas y crema batida.