Disclaimer: One Piece no me pertenece es obra del mangaka Eiichiro Oda.

Tener a Luffy casi durante cinco minutos, sin que hubiese comida en su boca podía ser considerado todo un milagro, o incluso dos, si a eso se le sumaba el hecho de estar mirando fijamente a alguien, todo un récord para alguien como a él. Al principio Zoro creyó que su capitán acabaría por aburrirse, pero no fue así, es más, fue él quien acabó perdiendo la paciencia y dando por finalizado el ejercicio para sostener su mirada e intentar averiguar qué sucedía.

- Oye Zoro, ¿te gustan los chicos? - El espadachín se sorprendió ante la sobriedad con la que realizó la pregunta.

- Nuestros nakamas me caen bien, la mayor parte del tiempo. - Contestó tanteando el terreno y la sonrisa de medio lado de Luffy le hizo saber que no era eso lo que en realidad quería saber.

- No, no me refería a eso. Quiero decir que si te gustan los hombres, de manera sexual. - El segundo de abordo se tomó un momento para pensar. La pregunta le había tomado completamente desprevenido, pocas veces había visto a Luffy interesado en algo que no fuesen comida o peleas.

- Hombres y mujeres, he mentido relaciones con los dos sexos, no hay tantas diferencias. - Sentenció al final cruzándose de brazos, pero el otro no pareció quedar satisfecho.

- Zoro, ¿has tenido relaciones con alguno de nuestros nakamas? - El hombre se atusó su cabello verde y se acercó hasta donde estaba sentado su amigo, dejándose caer a su lado perezosamente contra la pared.

- Estás preguntas… no son propias de ti. - Le miró por el rabillo del ojo y vio como el otro se sonrojaba. - Puedo hablarte de mis experiencias, si lo que tienes es curiosidad. ¿O es que estás interesado en alguien en concreto?

- Puede, no lo sé … - Abrazándose las rodillas escondió su rostro contra ellas. - Es complicado hablar de esto.

- Ya. - Asintió el otro. - A mí tampoco se me da muy bien hablar sobre sentimientos. Siempre fui mejor ignnorándolos. - De dejó caer sobre el hombro de Luffy y apoyo parte de su peso en él. - Pero no siempre es posible, a veces, es necesario enfrentarlos, como te pasa ahora.

- Zoro, ¿cómo sabes que te gusta alguien? - Bufó molesto que una pregunta tan complicada y dirigiendo una mirada al cielo pensando en una respuesta apropiada.

- No lo sé. Kuina hablaba de mariposas en el estómago, una mujer que conocí decía que sentías nervios y te rías sin saber porque cuando estabas con la persona que te gustaba. Un chico me habló de sentir las piernas como si fueran de gelatina. Pero nunca he sentido nada así. Por lo general, en mi caso, se me ha puesto dura al cruzarme con alguien y he acabado teniendo relaciones rápidas.

- Una vez bese a Shanks en los labios. - La confesión del más joven le hizo voltear el rostro de golpe. - El siempre me trataba bien, pero lo hacía como si fuese un niño. Se que a veces soy un poco lento entendiendo las cosas, pero su condescendencia me enfermaba. Así que me aproveché de que tenía la guardia baja para hacer que mis piernas se alargasen y le robe un beso. - Río nervioso.

- Vaya.

- Él no dijo nada, solo sonrió, me abrazó y luego lloró. Ace se enfadó muchísimo conmigo por hacer algo así y me prohibió volver a repetirlo. - La sonrisa de Luffy se ensanchó al mirarle. - Pero volví a hacerlo cada vez que pude. - Se puso de pie de un salto y se enfocó en la profundidad del mar. - Voy a ser el rey de los piratas. Lo encontraré y lo derrotaré. Y después volveré a besarle. - Zoro sonrió con una media sonrisa. - Le enseñaré lo mucho que he crecido.

- Creo que sabes perfectamente lo que se siente al estar enamorado. - Sonrió y se levantó sin ganas, dándose la vuelta dispuesto a marcharse.

- No es fácil. A veces me duele aquí dentro. - Se agarró el pecho con tristeza. - Y sé que es posible que mis sentimientos no sean correspondidos, pero no me quedaré con la duda Zoro. Si hay una oportunidad de tener todo lo que quiero la tomaré.

- Bien por ti. - Con un suspiro se alejó hacia la cocina escuchando como su capitán tarareaba "El sake de Binks". Llevó la mano al picaporte de la puerta de la cocina y se paró un momento para tomar aire. - Buena charla capitán. - Entró sin girarse sabiendo que la sonrisa de Luffy se habría ensanchado mientras fingía concentrarse en la marea.

Sanji miró por encima de su hombro y sacudió la cabeza a modo de saludo mientras acababa de ordenar el lugar.

- ¿Creía que hoy le tocaba la vigilancia a Luffy? - Dudó mientras echaba una ojeada a las raciones que había preparado para evitar que el hombre de goma saquease la despensa y que permanecían sobre la mesa, aún calientes.

- Si, ya está en cubierta. - Se acercó a la nevera y tomó una botella de sake, bien fría.

- Mañana subiré más de la bodega. - Le prometió encendiendo un cigarrillo, pero el otro estaba abstraído en sus pensamientos. - Marimo. - Le llamó preocupado. - ¿Va todo bien?

- ¿Eh? Si, es solo que hemos tenido una charla extraña. De hecho, ha sido más profunda de lo esperado.

- ¿Profunda? ¿Con Luffy? - Señaló con su pulgar a su espalda mientras ponía cara de incredulidad. - Despertaré a los otros para decirles que Mr.2 está en el barco.

- No te burles por favor. - Pidió con una sonrisa. - La verdad es que me ha dado mucho en que pensar.

- Vaya, ha sido uno de esos días. - Sacudió la cabeza tratando de evitar demasiado imaginar lo que fuese que hubiese pasado entre esos dos y bostezó. - Me voy a la cama, estoy roto. Si quieres algo de comer, hay unos aperitivos fríos en el refrigerador. - Con cansancio arrastró sus pies hacía la salida, pero la mano de Zoro aferrada a su muñeca le frenó en seco.

- Te quiero. - Las palabras salieron de los labios del espadachín casi como una maldición y Sanji abrió los ojos sorprendido antes de ahogar una risa y dejarle un suave beso sobre los labios.

- Y yo a ti. - Dejó que su cuerpo se acercara al ajeno y lo abrazó por la cintura. - Anda, vamos a la cama.

El cocinero no necesito mirarle para saber que estaría completamente sonrojado. A veces, aquel muchacho era más lento que el propio capitán. Habían pasado ya varios meses desde que la satisfacción física había derivado en algo complejo cargado de sentimientos no pronunciados. Y al parecer uno de los implicados era el único que hasta ese día no se había percatado de que lo que empezó siendo un desahogo rápido se hacía convertido en el inicio de una historia de amor.