Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada, Chimaki Kuori, Shiori Teshirogi y Toei Animation.
June caminaba nerviosa por toda su habitación. Ya había revisado todos sus insumos ocho veces, pero comenzaba a considerar que una novena ocasión no estaba nada mal. Tenía golosinas, comida chatarra, una colección completa de películas románticas que había conseguido de último momento, helado, y varias almohadas.
Nunca había tenido una amiga cercana, alguien que se acercara sólo por ella y no por quienes eran sus familiares o su valor monetario; nunca había participado en grandes fiestas con jóvenes de su edad, y en definitiva nunca tuvo una noche como la que planeaba tener. Después del evento escolar al que había ido sólo por andar en compañía de sus compañeros que por necesidad, June terminó sumando a su grupo particular de amigas a Saori, que aunque le parecía algo agresiva era bastante fácil de tratar, y Mii, amiga de Saori desde la niñez.
Ya habían pasado algunas semanas desde el evento, y ahora que la escuela al fin había llegado a su fin, el grupo había sugerido reunirse, tener una noche de chicas; la mayoría de las veces que se veían siempre terminaban envueltas con los demás, sus amigos, ahora querían algo diferente, lejos de las peleas masculinas y en ocasiones discusiones sin sentido.
Así habían llegado a ese momento.
June dejó de dar vueltas y salió de su habitación directo hacia las escaleras de emergencia, se le hacía demasiado pesado tener que esperar a que el elevador subiera a su piso y la llevara un piso abajo. Sin aliento por la carrera, llegó a una de las habitaciones menos glamorosas que la suya, pero también dedicadas para los hospedantes importantes y abrió la puerta con su llave especial, que había tomado directamente de la gerencia.
Al entrar a la habitación encontró a Asmita y Defteros sentados alrededor de una mesa, el mayor, como no podía ser de otra forma, dominaba la discusión.
—...después de veinte años, no puedo creer que siga creyéndote cuando dices que no haces trampa en serpientes y escaleras…
—Defteros, tú si puedes mirarme, dime, ¿parezco alguien que haría trampa?
—¡Eso fue lo mismo que le dijiste al gerente del MGM Grand de Las Vegas cuando te agarraron haciendo trampa!
—No estaba haciendo trampa, eso se comprobó después de una exhaustiva investigación, además, ¿cómo supones que haré trampa en esto? Es cuestión de tirar los dados y ver que sale, pura suerte…
June intervino justo antes de que los hombres continuaran con su discusión sin sentido. Pronto se sentó en la mesa con ellos y expuso lo que la tenía en ese estado: en su afán por alejarse de los chicos, ellas habían decidido pasar su tarde de chicas a una noche, una pijamada completa y larga, con ella como anfitriona debido a que Mii no podía hacer planes de un día para otro y Saori no quería que su abuelo desaprobara sus amistades. Lo que la joven rubia quería saber antes del gran momento era cómo ser una buena anfitriona, cómo eran las pijamadas, qué se debía y no debía hacer.
—Cuando iba a la universidad mis compañeros se reunían y bebían alcohol hasta perder la conciencia, a veces hasta consumían otro tipo… —Asmita se interrumpió cuando Defteros le dió un codazo, no era el momento ni la persona con la que debía rememorar su agitada época universitaria— Quiero decir, en realidad nunca participé en esas cosas, no es de mi agrado estar rodeado de mucha gente que no está en sus cinco sentidos.
—Pues mis reuniones nocturnas con mis amigos siempre incluyen tres cosas: un juego de cartas, un paquete de cigarrillos y…
Defteros detuvo su explicación cuando recibió una patada de Asmita, entendiendo rápidamente que tampoco era el momento para recordar sus noches de juegos y todas las veces que terminaron emborrachando a Albafica solo por molestar.
—¿Por qué no investigas en esas revistas para chicas qué es lo que hacen? —preguntó Asmita, recordando que en sus años mozos y universitarios muchas de sus compañeras más jóvenes leían esas publicaciones.
—¿Revistas? Esas cosas existieron hace como cien años.
Defteros había intentado no sentirse insultado con el comentario, pero no pudo evitar pensar que lo habían llamado viejo en más de un sentido, así que ofendido, le dijo a June algunas cosas que sabía que hacía su cuñada y amigas, cosas sanas, nada que fuera a lastimar a un grupo de adolescentes, y después la echó de la habitación, argumentando que le leería la versión corregida y aumentada de su artículo a Asmita.
Saori fue la encargada de recoger a las demás: Shunrei y Freya estaba juntas en la casa de la primera, Miho salió del orfanato después de escuchar la larga lista de cosas que no podía hacer de parte de Marín, recogió a Erii en una parada de autobús y a Mii directo de sus clases de piano.
Las adolescentes pasaron por un breve silencio algo tenso; Freya, Miho y Shunrei llevaban siendo amigas poco después de iniciar las clases, Erii apenas se había unido a ellas al comenzar a salir con Hyoga, y Saori y Mii eran los agregados de parte de June, ya que ambas eran millonarias. La heredera Kido podía decir que conocía a Miho de más tiempo, pero entre ambas siempre había existido una especie de rivalidad que las mantenía algo distantes, lo suficiente como para no iniciar una charla de inmediato.
Todas pudieron relajarse al llegar al imponente y lujoso Hotel Thorne, parte de una cadena de hoteles que sólo estaban presentes en algunos países, todos importantes según la visión familiar.
—A veces olvido que June es de dinero —le murmuró Miho a Freya cuando ingresaron al lugar. Siempre que tenían que reunirse para algún trabajo escolar lo hacían en el orfanato o en el hogar de alguna de ellas, nunca en el hotel de June.
—¡Esto será divertido! —expresó Erii, admirando la recepción del lugar— ¡Vamos chicas, no se queden atrás!
Erii era la más entusiasta con el tema. Claro, ella tenía sus propias amigas con las que se divertía a lo grande, pero también quería conocer a las amigas de su novio, quería ser parte de ese grupo de amigos que era protegido por Ikki y que el próximo ciclo escolar dominaría la escuela, si Hyoga se aplicaba.
El grupo se mantuvo expectante hasta que llegaron al piso más alto del hotel, dónde June personalmente las recibió y les dió un pequeño tour, Miho y Freya intentaron memorizar lo más que pudieran, ninguna creía que en un futuro lejano o cercano pudieran estar y dormir en un lugar tan exclusivo y lujoso.
—Estuve en tu sede de Tokio el año pasado, pero me gusta más esta habitación —Saori miró algunos de los adornos, muy apegados a la estética de la Grecia antigua—, ¿verdad, Mii?
—A mi me gusta más el hotel de París, tiene un estilo gótico muy elegante —señaló la rubia, recordando sus vacaciones tres años atrás con la familia de Edward y su hermana mayor.
—Sí, es muy elegante y todo, pero hay que concentrarnos en lo importante, chicas, esta es nuestra primera noche juntas, hay que divertirnos.
Tan pronto como Erii las mandó a cambiar para ponerse sus pijamas, a pesar de que apenas eran las seis de la tarde, todas buscaron un lugar privado para acomodarse. Miho no lo diría en voz alta, pero se sentía algo acomplejada, apostaba a que todas las demás tendrías buenas pijamas que combinaban y toda la cosas, ella en cambio usaba como ropa para dormir la ropa vieja de Marín, en parte porque le gustaba y en parte porque ese era un gasto innecesario para el orfanato, en especial en esos tiempos de crisis.
Y mientras Miho creía que todas se verían fabulosos, Mii, encerrada en el baño, aprovechó la privacidad del lugar para hacer una llamada rápida:
—¡Kraken! ¡Necesito apoyo! —gritó en un susurró cuando escuchó que el chico ya había atendido su llamado.
—Olvidaste decir cambio, cambio.
En su hogar, Isaac se reclinó contra la silla de su escritorio, la tarea de francés había sido tan sencilla de responder que el joven ya hasta estaba a punto de quedarse dormido.
—Estoy… Saori acordó con las demás chicas que haríamos una pijamada y no sé qué hacer ahora… cambio —explicó Mii, no pudiendo evitar rodar los ojos al tener que agregar el "cambio".
—Oh, cierto, Shunrei me dijo de eso, cambio.
Mii se miró en el espejo del baño, preguntándose si su pijama de satín no era demasiado o si las chicas no pensarían que ella era una presumida o algo por el estilo. No quería causar una mala impresión, ellas eran las primeras chicas que podría considerar como sus amigas, fuera de Saori.
—Delfin, estás exagerando, conozco a esas chicas, y la única que no te recomendaría para nada es Kido, aléjate de ella si puedes, no es nada buena, cambio.
Mii suspiró por lo bajo, no había imaginado que Isaac le cambiaría el sentido de la charla, pero no le sorprendía. Después de veinte minutos de charla conciliadora e intercambios de "cambio", la joven rubia salió del baño y se encontró con todas las adolescentes en la habitación principal, sentadas entre varias almohadas y discutiendo sobre la película que verían.
Algunas querían ver una comedia romántica, y otras habían encontrado la colección privada de películas de acción de June y abogaban por una buena película de violencia exagerada y coreografías bien hechas. Fuera de lo que Mii y Miho pensaron, todas tenían diferentes tipos de pijamas, y nadie se quejó de nada fuera del hecho de que Saori de inmediato había abarcado todas las palomitas.
La joven Kido estaba feliz de poder relajarse con un grupo de chicas, y disfrutar de su juventud. Tanto que después de las películas, una y una para no tener problemas, se concentró en la tranquila charla que comenzó mientras Freya se ocupaba del largo cabello de Shunrei.
—Es tan grueso y sano, te envidio tanto —decía la joven rubia al pasar sus dedos entre las hebras del cabello de la pelinegra, que había dejado que la despeinaran—.- El mío es delgado y algo rizado, luego no puedo peinar bien en las mañanas.
—¿Alguna de ustedes ha pensado en hacerse un cambio de estilo? —Erii miró a todas mientras comía algo del helado que había conseguido June— En el Lykeio no tenemos prohibido pintarnos o cortarnos el cabello, los chicos incluso lo tienen largo, ¿dónde ustedes van también pueden hacerlo? —le preguntó de inmediato a Mii y Saori.
—Creo que no —respondió Mii, mirando a Saori negar con la boca llena de palomitas—, ellos son muy estrictos en eso, hay un código de vestimenta y todo eso.
—Que aburrido —se quejó Miho.
—Estoy cien por ciento de acuerdo —contribuyó Saori—, deberíamos de poder vernos como queramos, somos libres, deberíamos poder elegir eso también, y lo que haremos con nuestra vida o con quien nos casaremos.
—¡Exacto! —vociferaron Freya y Erii.
—... y… y deberíamos sólo ser libres, este es un país con garantías individuales, no nos pueden obligar a casarnos con alguien que no queremos… o no vernos como quisieramos —terminó por explicar Saori, levantándose de inmediato de su lugar para mirar a June—. ¿Y saben qué? Creo que debería empezar a ser yo misma ahora, June, ¿tienes tijeras?
June miró indecisa a las demás, que se habían reunido frente a ella y Saori, todas con expresiones poco decididas a excepción de Erii, que mostraba una mueca de conformidad.
—¿Saori, estás segura de esto? —preguntó June, con sus tijeras en las manos.
—Claro que sí, en estas fechas hace mucho calor y siento que me estoy asando con mi cabello largo, así que, ¡córtalo hermana!
La joven puso las tijeras apenas un par de centímetros sobre las puntas del largo cabello de Saori, pero cuando la chica comenzó a negar y a pedir que cortara más, June sintió que estaba a punto de cometer un terrible crimen. El cabello bien cuidado era algo de familia, su padre, aún siendo mayor, tenía una larga, bien cuidada y envidiable cabellera platinada, Asmita era otro ejemplo, ni que decir de Shaka en sus mejores días; ella no podía cortar el cabello de Saori, menos cuando la joven le pidió que se detuviera cuando llegó a la mitad del cuello.
—Saori… ¿no crees que es demasiado corto? —preguntó Mii, ligeramente preocupada.
—Dicen que cuando una mujer se corta el cabello es símbolo de cambios en su vida, o que está dejando algo atrás —pensó en voz alta Shunrei, sin comprender del todo la relación entre ambas cosas—. ¿Vas a pintarte el cabello también?
—Es una interesante pregunta…
—June, estás temblando, te va a salir chueco el corte —observó Erii, cediendo su bote de helado a Freya y levantándose para acercarse a las jóvenes—. Deja lo hago yo.
—Oh… gracias a la reina.
Todas miraron en silencio y con completa atención en momento en el que Erii acomodó su instrumento, arma moral para June, y dió el primer tijerazo. El pelimorado mechón de largo cabello se deslizó rápidamente hasta el suelo, justo a un lado de la mano de Saori.
—¿Quieres continuar con esto? Todavía puedes arrepentirte y ocultar ese mechón corto con un peinado.
Saori se miró con el espejo de mano que le había dado June. No había mentido en sus afirmaciones, el calor esos días era sofocante, además de que quería probar algo nuevo, si no odiara tanto a Isaac, en lugar de cortarse el cabello se habría perforado las orejas… o tal vez haría ambas.
—Cortalo —le dijo a Erii, que asintió con una gran sonrisa—. ¿Alguien tiene experiencia perforando orejas?
Defeteros imaginó que su noche de viernes culminaría en la casa de su padre, con un buen juego de póker y las noticias más escandalosas de sus amigos, pero en lugar de eso estaba sentado en medio del Penthouse de June, rodeado de un montón de niñas que se hacían peinados, pintaban las uñas y querían tener lindos aretes en las orejas, todo eso mientras hablaban a la vez sobre cosas de niña que él no entendía. En la mente del hombre, todo lo que se repasaba como un disco rayado era a Asmita subiéndose a su lujoso auto para ir al juego, ignorando sus protestas sobre su cercano parentesco con June.
—¿Quieres que yo, exactamente yo, perfore las orejas de siete niñas inquietas? Podría hacerlo, y después podría llevarnos a casa de tu padre con el auto.
Defteros se habría sentido orgulloso de ese tono sarcástico que Asmita todavía no perfeccionaba, no como su hijo al menos, pero la leve molestia que sentía bullir en su interior no lo dejaba. Era su culpa, suponía, él había convertido a Asmita en ese sujeto convenenciero que hacía trampa en serpientes y escaleras, y se negaba a respaldarlo.
—Muy bien, niñas, ¿quién va a ser la primera?
Todas se mostraron nerviosas, pero Miho fue la primera que se armó de valor y levantó la mano. Entre más rápido iniciara más pronto terminaría. Después de la pelinegra, una a una se acercaron, Erii ya usaba un par de aretes en ambas orejas que tenía desde la niñez, pero consideró que uno más no se vería mal, e incluso Mii terminó uniéndose, creyendo que no tendría problemas con sus padres. Shunrei, por el contrario, tuvo sus dudas, no era fan de la joyería, pero al ver los aretes que June había mandado a traer no había podido evitar sentirse tentada a usar un bonito par con temática de dragón; hablar con Dohko fue complicado, pero pudo escuchar a Shion diciéndole al hombre que si ella no lo hacía en ese momento alguno de sus amigos, probablemente Écarlate, le pondría unos cinco en cada oreja.
—¿Por qué ninguna, a excepción de Erii, tiene agujeros para los aretes?
—Siempre me puso nerviosa hacer eso —argumentó Freya, intentando no tocar su adolorida oreja—, ¿y qué tal si se me infecta?
—Eso no pasará, soy un experto en esto, lo he estado haciendo desde que tenía quince, yo perforé como ganando a mis sobrinos, a los cuatro, y a algunos de sus amigos.
—Eso no incluye a mi sobrino, ¿o sí? —June alzó una ceja y se llevó las manos a la cintura, mirando de reojo a Defteros ya que ella era la última del turno.
—Siempre que se lo sugería él se cubría los oídos —Defteros sonrió al recordar al joven rubio mirarlo como si hubiera perdido la cabeza.
—Oye, June —Erii miró a la otra rubia, había escuchado muchas cosas sobre la joven, y estaba dispuesta a obtener sus respuestas esa noche—, ¿de qué sobrino estás hablando? ¿cuántos sobrinos tienes?
—Trece, y ya soy tía abuela —respondió ella con orgullo, no cualquiera de su edad podía decir eso, lo que la hacía sentir algo especial—. Aunque por ahora sólo tengo dos nietos.
—¡Trece! —gritó Mii—. ¡¿Pues cuántos hermanos tienes?!
—Ninguno, pero tengo seis medios hermanos… bueno, eran siete, pero uno falleció…
—¡Siete! —Erii miró a la joven sorprendida, Mii era la única que compartía su expresión, todas las demás se mantenían tranquilas, incluso Defteros en lo que se quitaba sus guantes quirúrgicos y fingía no escuchar con atención.
—Sí —June llevó sus manos a sus piernas y pensó en toda la información que era conocida gracias a la prensa británica—. Papá se ha casado en ocho ocasiones, contando la del año pasado, un hijo por cada matrimonio a excepción del primero dónde fueron dos y este último, soy la menor de todos; el mayor ronda los cincuenta, yo tengo quince, y de mis sobrinos… Shijima cumple veintiocho este año, aunque no es exactamente el primero, sí es el más importante, y mi última sobrina, Selene, tiene doce, mis nietos apenas tienen cinco y cuatro años.
Después del resumen familiar de June y de escuchar a Saori hablando sobre lo fresco que se sentía su cuello; las chicas iniciaron una casual guerra de almohadas que terminó cuando Defteros salió corriendo de la batalla campal, puesto que lo habían agarrado a él como objetivo después de llamar a un empleado para que se deshiciera de sus instrumentos. Posteriormente se enfocaron en su propia charla personal, todas hablando sobre sus temas de interés, compartiendo más frituras, y a veces soltando grandes y escandalosas carcajadas.
—... entonces el asesino se encargó de dejar en las paredes de la casa un tétrico mensaje escrito con la sangre de las víctimas, que decía: "nos veremos el próximo invierno"...
Freya y Mii se abrazaron, ambas intentando no despeinar su estilo rizado, asustadas por la narración de Miho durante la hora de historias de terror, al lado de ellas Shunrei y June, con extravagantes peinados gracias a lo largo que era su cabello, comían chocolate, asintiendo al considerar la historia buena, mientras que Erii, que usaba una corona, pensaba en una historia igual de aterradora que la de la pelinegra y Saori admitía que Miho era muy buena contando historias, tanto que había logrado causarle un leve escalofrío.
—Bueno… —Cuando fue el turno de Shunrei de revelar quién era el chico que le gustaba, un leve sonrojo invadió sus mejillas y no pudo evitar mirar a June de reojo— Él es un poco mayor.
—¿Qué tan mayor? —preguntaron de inmediato Freya y Saori.
—Como unos diez años…
—¡Shunrei! —Mii y June la miraron escandalizadas— ¿Lo conocemos?
—Es… el sobrino de uno de los amigos de Dohko, estuvo en el evento escolar, en gastronomía, se llama Shura.
June no había tardado ni un minuto en ilustrar a algunas de las que desconocían el tema al explicar que también era uno de los amigos de su sobrino, incluso pudo hacer un rápida indagatoria en sus redes sociales y encontrarlo con relativa facilidad.
—Freya, es tu turno, ¿hay algún chico que te guste? —preguntó poco después Shunrei, una vez que las chicas dejaron de decirle que al menos tenía buen gusto.
La joven abrazó una de las almohadas y se mantuvo en silencio, a pesar de que todas estaban expectantes a su respuesta, sólo Mii estaba a punto gritarle que ya respondiera, nerviosa por escuchar algo que podría no gustarle.
—¡Es otro de los amigos del sobrino de June! —dijo con una sonrisa— No es mi culpa que los amigos de su sobrino sean tan guapos, pero me gusta más Camus, sus frías expresiones me calientan más que el Sol de verano.
June y Shunrei se sintieron levemente avergonzadas ante la declaración, Erii sólo río estruendosamente, a punto de ser acompañada por Saori, quien se detuvo al recordar un pequeño detalle.
—¿Camus? ¿Cómo Camus Benoit? ¿Nuestro maestro de literatura?
—Sí —afirmó Freya, asintiendo—. Hyoga me contó que Isaac le había dicho que un día escuchó a Camus hablar con uno de sus compañeros de trabajo, y había dicho que todavía seguía buscando trabajar en otros Lykeios porque su paga no era muy buena… sería emocionante si termina trabajando en nuestro Lykeio…
—¿No te gusta un chico de nuestra edad? —preguntó Mii, sólo para rectificar.
—No… bueno, cuando era niña siempre creí que me casaría con Hagen.
Freya alzó los hombros y le preguntó a June por su chico especial. Después de eso, Mii se sintió tan optimista que se unió a Miho en el karaoke improvisado.
La noche avanzó rápido, para cuándo Erii se percató, Mii y Freya ya estaban dormidas, ambas abrazadas, Shunrei estaba enredada entre varias cobijas y Miho estaba dormitando en su saco para dormir, intentando poner atención a la charla entre Saori y June, , Saori no sabía que los aceites se extraían de pequeños frutos. Eran casi las dos de la mañana y el grupo se había movido de un lado al otro del lugar, divirtiéndose, era normal que esas chicas estuvieran cansadas, en especial al ser la primera vez que tenían una reunión de ese estilo, como expuso Miho, para el acuerdo de todas.
Erii creía que no había sido tan emocionante como con sus otras amigas, alguna vez una de ellas había contrabandeando una botella de cerveza para que todas pudieran probarla por primera vez, y en otra ocasión habían hablado ampliamente de todos chismes que conocían de la escuela; pero admitía que se había entretenido. Desde que el grupo de chicos del orfanato había llamado la atención de todo el Lykeio en los primeros días con una gran escena en el comedor, Erii había querido acercarse, en especial al ver al grupo de chicas cerca de ellos; parecían singulares, algo extravagantes y muy, muy ruidosos cuando todos compartían clases. Siempre había querido conocerlos a pesar de que sus amigas le advirtieron debido a lo problemáticos que eran; esa noche solo fue el inicio de lo que ella esperaba fuera algo bueno, una amistad duradera.
