Aquí yacían, este era el final de una historia.

El cuento del rey dragón había terminado.

Los únicos testigos de su fallecimiento y agradecimiento fueron los siete Dragon Slayers elegidos para derrotarlo.

Un sentimiento de lastima fue compartido entre los siete, mientras miraban al último dragón oscuro en su final.

A pesar de la destrucción, a pesar de la muerte y su sed incansable de sangre, no pudieron evitar sentir dolor por aquel hombre que había hecho de todo para proteger a la humanidad en el antaño.

Nacido de un deseo humilde de proteger a los suyos, perdió su humanidad al convertirse en algo peor que un monstruo.

Y ahora, los remanentes de ese hombre, les agradeció de todo corazón por detener su dolor.

Ciertamente, tu eres el único digno de ser el rey.

Fueron sus últimas palabras, antes de desaparecer en esa tierra donde el tiempo y espacio carecían de significado.

Su última declaración dada a nadie mas que al hombre que le había derrotado.

- Idiota, no necesito ser ningún rey. - Le dijo en respuesta con una sonrisa cansina a su rival mas fuerte. - Ya tengo todo lo que necesito. -

Y con esas palabras, los siete hijos de los dragones abandonaron aquel reino del olvido para regresar a sus hogares.

Para vivir felices por siempre.

Ese había sido el final del cuento.

No, fue apenas el prologo de una nueva historia. Para varios eones después, en un lugar lejano, un tiempo efímero ...

Sus almas resuenan una vez más.

Era un cuento del destino mismo listo para ser contado y aclamado por bardos y ancianos, recordando con cariño el pasado, viviendo con fuerza el presente y caminando firmes hacia el futuro.

La historia se repite una vez más.

Un mal nace y un héroe toma sus armas para acabarlo.

Si, es este tipo de historia.

...

En la noche mas oscura, el mayor choque entre el bien y el mal se haya. En las antiguas tierras del Albion, una guerra civil se encontraba entre reyes para poder gobernar Gran Bretaña.

Ahí se encontraban los hijos del antiguo rey Constantino luchando entre sí para decidir el destino del gran pueblo.

Vortigern, el mayor, usurpador del trono y asesino de su padre.

Aurelianus Ambrosius y Uther Pendragon, sus hermanos menos, legítimos herederos del trono por su sabiduría y humanidad.

Junto a cada hermano, un ejercito iba de su lado, luchando una guerra sin cuartel, espadas chocando entre sí, armaduras rechinando, pasos apresurados y sobretodo sangre derramada en la tierra blanca.

Sin embargo, ningún hermano estaba dispuesto a retroceder en esta contienda hasta el final, ya sea en la victoria o derrota.

- ¡Emrys! ¡Acaba con esto! ¡Vas a caer al igual que nuestro padre! - Rugió Vortigern con júbilo, al ver la contienda. - ¡Así que hazte un favor, y muerte ante mi magnífico ejercito! -

A su lado, estaba la razón de su presunción, su guerrero mas fuerte, el Caballero Negro se alzaba imponente e imperturbable por el combate, esperando sediento su momento de actuar.

Aurelianus bajo la cabeza, pensativo. Vortigern y Uther le miraron fijamente, nunca podían discernir lo que el heredero del Rey Constantino pensaba en momentos como estos.

- Si ... Tienes un gran ejercito, hermano. Pero ... - Decía el príncipe heredero suavemente. - Yo poseo al Rojo. -

Antes de que alguien pudiera entender sus palabras, el ejército del rey usurpador Vortigern empezó a caer, como meras moscas cuando el ejército de Aurelianus le dio paso a un solo caballero.

Si es que pudiese ser llamado así.

No llevaba armadura, mas allá de unas botas y guantes de metal sucio de barro y sangre, un espadón agrietado en mano, siendo blandido con una sola mano a pesar de su tamaño y peso. Ropa común y una capa ocultaba su apariencia física mientras mataba más y más caballeros de Vortigern.

- ¡¿Como ... ?! - Vociferó el susodicho al ver como se cambiaban las tornas y rápidamente su ejército era despachado con facilidad.

- Es él. - Declaró el Caballero Negro al verlo, avanzando atrajo la atención de su señor. - ¡Es él! -

Ante su rugido bestial, el guerrero mas fuerte se lanzó al combate.

- N-No ... No puede ser verdad ... ¡La leyenda no puede cumplirse! - Exclamó el usurpador con pavor.

Sus miedos fueron ignorados, cuando el Caballero Negro de Vortigern se enfrentó al Caballero Sucio de Aurelianus.

Sus espadas, similares en tamaño chocaron, pero la espada rota del sucio caballero empezaba a romperse más y más con cada choque. A pesar de ello, estaban parejos hasta que ocurrió lo inevitable.

La espada del caballero de Aurelianus se rompió, dejando su guardia abierta para que el Caballero Negro pudiera asestar un golpe a la cabeza de su rival.

Cuando lo hizo, la capucha que ocultaba sus facciones se reveló mientras la sangre era sustraída por el acero.

Un extraño cabello rosado fuera de este mundo había sido revelado, ojos negros como la oscuridad del más allá vieron el mundo, un rostro impasible del cual escurría sangre miró al Caballero Negro.

En realidad, no era un hombre mucho mayor al joven príncipe Aurelianus.

El Caballero Negro resopló. - ¿Últimas palabras? -

El Caballero Sucio no le miró, su vista centrada en su espada rota.

- ¿Sabias que una espada es mas fuerte cuando se blande con ambas manos? - Le preguntó a su oponente.

- ¿Serás idiota? Hasta un escudero sabe eso ... - Decía el Caballero de Vortigern antes de percatarse de un detalle.

En ningún momento, el Caballero Sucio había usado ambas manos para utilizar su espada.

Hasta ahora.

Levantando los restos de su espada, el poder supremo fue liberado.

Un pilar de la luz mas pura y dorada fue liberado desde la hoja de su espada, pero el poder sin limites provenía del Caballero, cuyo cuerpo expulsaba como una catarata.

Y entonces, el Caballero Negro lo vio ...

A su otro yo.

Uno de los ojos del Caballero Sucio se volvió rojo, su pupila filosa como la una bestia perforó a su oponente. Entonces, la luz prístina fue acompañada de oscuridad y sangre.

- Cae. -

Y entonces, el poder supremo cubrió la tierra de Albion, cuando la legítima encarnación de su voluntad, lo ordenó.

...

Pero aún es muy pronto para llegar a esa parte de la historia.

Como dicen por ahí, es mejor comenzar con el comienzo.

Y al igual que un cuento de antaño, todo empezó con una tragedia, un mal que arrasa a los inocentes.

Dejando solo el dolor.

- Por favor ... ¡Por favor! ¡No mueras, hermano! - Suplicaba una voz afligida.

Le pertenecía a un joven apenas entrando a la adultez, de cabello y ojos a juego, por su ropa demostraba ser de la nobleza pero su elegante porte era manchado por la suciedad, sangre y las partes rotas de su ropajez.

En sus manos, sostenía a un niño no mayor de diez años, y por las características que compartía con el joven, hacía gala de su linaje compartido como hermanos.

Pero el mayor detalle era que yacía moribundo en sus brazos, sus ojos nublados y cristalinos miraban el mas allá, invitándolo al descanso eterno.

Su tez estaba pálida y fría al tacto, y ciertamente no había pulso que comprobar pero aún así el hermano mayor pedía a gritos que su hermanito viviera.

La causa de esta tragedia no era nada mas que las artimañas del Rey Vortigern y su Caballero Negro que habían invadido su reino Gwynedd, donde sus ancestros vivieron y cuidaron por generaciones desde las épocas celtas.

Pero ahora todo había acabado con un ataque y su patrón que resguardaban por siglos ha sido asesinado. Todo había terminado para el linaje Morfryn Draigdan, pero aún el príncipe Madog quería la supervivencia de su querido hermanito.

Estaba dispuesto a pagar cualquier cosa por ello.

- ¿Harías un pacto conmigo por su vida? -

Y alguien lo había escuchado.

...