- ¡Maldito hijo de la gran…! ¡Dime que el texto se ha guardado, dime que el texto se ha guardado! -blasfemaba furibundo el anciano periodista
- Vamos, Roshi, ¿de nuevo estabas escribiendo sin copia de seguridad? -preguntó desde su sitio el redactor de Deportes con su característico tono alegre
- Escucha, Son, sabes eres como un hijo para mí, pero si vuelves a darme la murga con lo de la copia de seguridad te juro que voy a suspenderte de sueldo durante tres meses hasta qu…
- ¡¿Es que no puede una trabajar tranquila ni una condenada tarde!? -intervino encolerizada la peliazul responsable del área de Investigación- ¿Así cómo me voy a concentrar lo suficiente para ganar el premio Pulitzer, demonios!
Desde el otro lado de la oficina, el redactor de Tribunales la llamó:
- Oye, Bulma ¿estás con la noticia del juicio del caso Tawn?
- Sí, Krillin, ¿por qué preguntas? -le contestó sin levantar la vista de la pantalla, ya se iba acercando la hora del cierre y esa noche quería acabar pronto- ¿Tienes alguna información interesante al respecto?
- Quizá. Una de mis fuentes me ha comentado algo y he pensado que tal vez podríamos compartir impresiones mañana en el "Senzu"
Que al lado de la redacción, puerta con puerta, se encontrase el bar de copas más auténtico de toda la ciudad era la prueba irrefutable para Bulma de que Kami existía.
- Ya, ya… Tú lo que quieres es buscar una excusa para cruzarte con la fiscal "Ojitos claros"
El pequeño hombre dio un respingo en su asiento y un intenso rubor comenzó a subirle por la cara.
- ¿Qu… qué? Nn… no, hehe, para nada. Es puro interés periodístico, prometido
- Está bien, mañana hablamos -respondió la joven levantándose de su sitio mientras crujía y estiraba las articulaciones de cuello y dedos- Yo ya he acabado, panda de pringados, me largo de aquí
- ¡Bulma, recuerda que Chi-Chi no llegará al "Senzu" hasta las ocho! -le vociferó Son justo cuando la mujer abría la puerta
- Descuida, Goku, nunca olvido una noche de chicas. Dale un beso al pequeño Gohan de mi parte cuando llegues a casa
Y, guiñándole un ojo a su amigo de toda la vida, abandonó el templo de la información que era el periódico en el que trabajaba.
Ni un minuto después, Bulma pedía un Manhattan mientras se deslizaba sobre un taburete en la barra del local, rebosante de vida con la flora y fauna de la parroquia diaria.
- Vaya, nena, estás estupenda. Cualquiera diría que acabas de pasar diez horas escribiendo en ese antro plagado de papel viejo lleno de polvo
- Lárgate, Yamcha -le dijo bebiendo de su cóctel sin molestarse en mirar a la cara al hombre que se sentaba junto a ella sin haber sido invitado- No tengo nada que hablar contigo. Y por enésima vez, deja de llamarme "nena"
- ¡Oh, vamos! No me digas que sigues enfadada por aquellas fotos. ¡Te he dicho mil veces que esa mujer enganchada a mí era una seguidora del equipo! ¿Qué más quieres que haga?
- Quiero que me dejes en paz
- ¡Pero, nena, yo…!
- El artículo 178 del Código Penal establece que cualquier atentado contra la libertad sexual de otra persona será castigado con pena de prisión de uno a cuatro años -intervino enfundada en un carísimo traje hecho a medida una rubia con ojos de un azul helador tomando asiento al otro lado de Bulma- Y ella ya ha dejado claro que no quiere saber nada de ti
El hombre lanzó los brazos al aire en un gesto de rendición y con tono irónico añadió:
- Está bien, está bien, señora fiscal número 18 del distrito. No sabía que mantener una conversación con una ex-novia podía ser considerado un delito. De todas formas, ya me marchaba. Que paséis una velada deliciosa
Y, levantándose, se alejó en dirección a una mesa situada al fondo del local, donde le esperaban sus compañeros del equipo local de béisbol.
- No sé cómo pudiste salir con él durante un año entero, de verdad -bufó la rubia lanzando una mirada gélida a la espalda del hombre
- Al principio no era tan malo, lo juro -respondió Bulma, acabándose la bebida con un último trago y haciendo una señal al camarero para que trajera dos más de lo mismo- Pero luego se volvió un cretino; inofensivo, pero cretino al fin y al cabo. Es igual, no quiero hablar de él esta noche -y, girándose en su asiento para mirar de frente a su amiga, añadió con una sonrisa de lado a lado y un tono juguetón- Esta noche quiero hablar de la cita que tuviste con el redactor de Tribunales
- ¡Ugh! -la joven fiscal puso los ojos en blanco mientras hacía su mejor trabajo por mantener la archifamosa cara estoica que tantas victorias le había dado en la Corte- Cómo no, todos los periodistas sois unos cotillas empedernidos. Y por última vez, no era una cita, sino una reunión de trabajo para informar sobre los cambios de la Fiscalía en materia criminal
- ¿Quién ha tenido una cita? ¿Lázuli? Eso sí que es una noticia -se introdujo divertida en la conversación una joven morena recién llegada, sentándose en el espacio junto a Bulma que había quedado libre después de irse el deportista
- Hola a ti también, Chi-Chi. Y de nuevo: No. Era. Una. Cita
- Claaaaro, claro… Por eso os fuisteis luego al restaurante más elegante de la city -añadió la peliazul
- ¿Pero tú cómo demonios te has enterado de eso? -contestó la fiscal sin poder ya controlar la sorpresa en su voz
- Un periodista nunca revela sus fuentes -terminó Bulma sorbiendo sonoramente de su pajita con una pícara sonrisa
En ese mismo momento en el otro extremo de Capital del Oeste, en una zona sórdida y oscura alejada de todo bullicio, un hombre terriblemente golpeado se revolvía en una silla intentando, en vano, desatarse.
- No te lo repetiré más veces: cuenta todo lo que sepas. Ya hemos sido lo suficientemente benevolentes contigo
La voz procedía de alguien oculto en las sombras y, cuando el dueño de la misma emergió de entre las tinieblas para situarse debajo de la única farola del destartalado callejón, la tenue luz tiñó con un tono verdoso antinatural las extrañamente hermosas facciones de su rostro.
- ¿Qué? ¿Te sigues negando? Está bien, no se dirá que no lo intentamos por las buenas. ¡Dodoria!
El susodicho, una temible mole humana de carne con una sonrisa sádica en la cara, dio un paso al frente hasta colocarse junto a su compinche mientras blandía amenazante entre sus manos un bate de metal. El hombre en la silla comenzó un sollozo silencioso.
- ¡Oh! ¿Te preocupa aquí mi colaborador? -prosiguió el sujeto bajo la farola- Tranquilo, no hay motivo. En realidad, el juguete de Dodoria no es para ti. Creo recordar que tienes un hijo, ¿verdad? Me pregunto si le gusta el béisbol
- ¡Por favor! ¡Por favor! Hablaré, lo contaré todo pero por favor no le hagáis daño a mi familia -suplicó el hombre
- Así me gusta, veo que empezamos a entendernos -una sonrisa que no subió a sus ojos pintó su bella faz-. Y ahora, dime, ¿dónde está la mitad del pergamino extraviado?
- Está en la biblioteca central escondido. El archivero real lo conserva oculto en una caja fuerte
- Buen chico, ¿ves? No costaba tanto ser amable. Dodoria, encárgate de nuestro amigo
Un grito desgarrador rompió el silencio del lugar mientras el bate se abría paso entre huesos y carne.
