"Kami, por favor, si haces que pare te juro que no volveré a beber nunca más. Entre semana", rezaba como un mantra mientras un lánguido brazo se estiraba buscando a ciegas la fuente insidiosa de su dolor.
- ¡¿Quién es, maldita sea?! -respondió finalmente al teléfono
-Vaya, Bulma, cuando pienso que no es posible sulfurarte más de lo que ya estás a diario, logras darle una vuelta al concepto y llevarlo a un nuevo nivel -le habló desde el otro lado de la línea su redactor jefe
- ¡Roshi! Son las… -miró su muñeca buscando el reloj, enfocando la vista con dificultad- ¡Ocho de la mañana! No entro a trabajar hasta las diez, ¿qué demonios puede ser tan importante como para que me llames a estas horas y me despiertes?
- El comisario Piccolo acaba de convocar una rueda de prensa urgente dentro de una hora -la voz del hombre se ensombreció entonces- Ha aparecido otro cadáver en el río; aún están tratando de identificarlo. Creo que este crimen puede estar relacionado con los últimos acaecidos en la ciudad. Ve a la rueda de prensa y averígualo
Y, diciendo esto, el anciano periodista colgó. Cincuenta y siete minutos exactamente después una muy malhumorada Bulma, café americano en mano y enormes gafas de sol en su rostro, hacía acto de presencia en la sala de prensa de la comisaría de Capital del Oeste. Piccolo, un hombre muy alto de aspecto serio y fuerte, comenzaba su discurso:
"Como ya saben, les hemos reunido aquí para informales de que nuestras fuerzas de lucha contra el crimen han encontrado esta madrugada el cadáver de un sujeto flotando junto a las dársenas del puerto industrial. Todavía es muy pronto para extraer suposiciones de ningún tipo, así que les aportaremos más datos a medida que estos vayan surgiendo. ¿Alguna pregunta?"
Bulma (ya fuera por tradición o a saber por qué) siempre, siempre era la primera periodista en tomar la palabra en las rondas de preguntas policiales. Así que esa mañana, cuando Piccolo pasó su sagrado turno a otro compañero, el trago de café que en ese momento la peliazul estaba tomando le salió disparado por la nariz.
- Comisario, para el Four Stars Today, ¿se tiene alguna idea de dónde pudo cometerse el asesinato? -se oyó unas filas más atrás
¡El Four Stars Today! ¿El comisario Piccolo la había saltado para darle la palabra a quien quiera que fuera que ahora ocupaba el puesto de Investigación (su antiguo redactor había renunciado hacía unas semanas, había oído) del periódico más sensacionalista de la ciudad y acérrimo rival del West City Tribune?
Entre el café, la indignación y la sorpresa, Bulma sufrió un ruidoso ataque de tos que opacó totalmente la respuesta de Piccolo. Cuando logró contenerlo, se dio cuenta de que el resto de periodistas la observaban con desaprobación. Y todo por el entrometido del Four Stars Today, que no contento con haberle arrebatado la primera pregunta, la había dejado en ridículo delante de los demás y… ¡se atrevía ahora a lanzar una segunda pregunta!
Se giró entonces sobre su silla, con la mirada de odio más intensa que pudo proyectar, buscando al dueño de esa profunda voz. Y allí estaba, dos filas más atrás, un hombre de piel aceituna, con un extraño cabello moreno en forma de llama y notable cuerpo musculado bajo su apretada camisa blanca de botones.
Cerraban el conjunto unos ojos oscuros, profusas cejas, nariz regia, pómulos masculinos y barbilla viril. Era detestablemente atractivo, ¡el muy bastardo! Y, para terminar de estropear las cosas, vestía gafas rectangulares finitas de esas sin montura. Y Bulma sabía perfectamente que no había nada más irresistible que un hombre con gafas.
Aún así, la peliazul no se dejó impresionar y siguió observándolo con inquina. Cuando el hombre acabó su pregunta, sabiéndose escrutado, devolvió a la joven una mirada llena de altivez y desprecio. ¡Maldito mono!
La rueda de prensa terminó al poco y Bulma estaba furiosa. No solo seguía teniendo una resaca del copón sino que, además, entre el cabreo por haber sido saltada y el impertinente del Four Stars Today, no había tomado unas buenas notas para la redacción de su noticia. Estupendo. Ahora le tocaría esperar a que todos se marcharan para preguntar en privado al comisario Piccolo.
De manera que así estaba, recogiendo sus cosas, cuando el usurpador de turnos le dijo agriamente al pasar por su lado:
- La próxima vez ven tosida de casa, no he podido casi escuchar la respuesta del comisario
- Pues la próxima vez recuerda -le contestó indignadísima con las manos en las caderas- que en las ruedas de prensa el West City Tribune es el primero siempre en hacer las preguntas, guapito de cara
El hombre, con un súbito rubor que Bulma no pudo más que tildar de adorable, murmuró por lo bajo algo sospechosamente parecido a "mujer vulgar", pero la joven decidió dejarlo pasar por esa vez; bastante tenía ya en su plato.
Una hora más tarde y dos ibuprofenos después, Bulma entraba por la puerta del periódico y Roshi la hacía pasar a su despacho:
- ¿Y bien? ¿Qué ha contado el viejo Piccolo?
- En realidad, parecen completamente perdidos con la investigación. De hecho, no ha sido hasta hace poco que han empezado a estudiar la posibilidad de que las últimas tres muertes violentas ocurridas estos meses en la ciudad puedan estar relacionadas entre sí -informó la joven- Aunque no logro ver qué puede unir esos asesinatos
- Veamos -repasó el maestro periodista- Diciembre del año pasado: Kiabe Hun (se cree, dado que su cabeza nunca apareció), director de subastas y coleccionista. Encontraron el cadáver en el vertedero. Su casa había sido asaltada pero se desconoce si sustrajeron algo. Avanzamos a febrero: Masu Zen, famoso joyero. Asesinado en su hogar con claras señales de tortura. Se robaron toda clase de alhajas, gemas y piedras preciosas, como era de esperar en el domicilio de un orfebre. Y ahora, junio. ¿Qué sabemos?
- Poca cosa, hombre blanco varón con signos de tortura. La cabeza fue destrozada con un objeto contundente. Cadáver localizado en las dársenas industriales. Ni idea de su identidad
- Consulta el listado de denuncias de personas desaparecidas en las últimas 48 horas -propuso Roshi-. Lograríamos una portada excelente si somos los primeros en descubrir y publicar su identidad
Bulma anotaba todo en su cuaderno sin levantar la vista del papel:
- Buena idea, jefe. ¿Algo más?
- En realidad, sí. No dejo de pensar en la muerte ocurrida en extrañas circunstancias en agosto del año pasado -dijo mesando pensativamente su barba
- ¿El de la modelo y chica playboy Maron? No entiendo la relación. Muerte por sobredosis de una potente mezcla de drogas -respondió la joven ahora sí alzando la vista de sus papeles
- Cierto, pero sus familiares juraron y perjuraron que ella jamás había probado droga alguna en su vida y su vivienda, al igual que en los casos anteriores, apareció completamente revuelta. ¿Quién desordena su casa para, a continuación, meterse un chute mortal?
- Visto así… Tiene sentido -reflexionó Bulma- Está bien, me entrevistaré con familia y amigos de estas tres víctimas a ver si podemos descubrir algo
- ¡Esa es mi chica! -Bulma lo miró con una ceja arqueada y cara de pocos amigos- ¿Mi compañera? -la ceja siguió en su sitio- ¿Mi redactora de Investigación? -la ceja empezó a bajar- En cualquier caso, a trabajar se ha dicho
