Capítulo 2: Una fiesta para recordar

Llegó el otro momento más esperado después de la graduación propiamente tal: la fiesta de graduación. Desde luego, Eddie no tenía intenciones de perdérsela, en parte, para compartir con sus amigos, y en parte, para incomodar a ese amplio porcentaje de compañeros que él sabía que no lo querían, especialmente ese imbécil de Jason Carver, que actuaba como si fuera el dueño de la escuela, y al que varios seguían como ovejas de rebaño.

Al llegar a la escuela, Steve, Robin y Nancy ya estaban en la entrada, esperándolo y, desde luego, vestidos para la ocasión. Por su parte, Eddie se vistió con pantalón y chaqueta de cuero, camisa blanca sin corbata y con el primer ojal abierto, y sus habituales zapatillas blancas.

— ¿En serio, Munson? — preguntó Steve — Solo te faltó usar tu camiseta habitual de ese club de fenómenos en el que estás.

— La envidia te corroe, Harrington. — respondió Eddie sonriendo.

Los cuatro ingresaron a la cancha y de inmediato hablaron de un sinfín de cosas, como siempre, pero cuando llegaron al tema universidad, la atención de Eddie se dispersó hacia los rincones de la cancha y de los múltiples personajes que parecían disfrazados. De algún modo, él mismo se sentía un poco disfrazado, pese a no llevar corbata ni corbatín, pero si asistió, fue para estar con sus amigos, no para querer impresionar a los demás.

Steve Harrington, Nancy Wheeler y Robin Buckley. Si a principios del año escolar le hubiesen dicho que ellos tres serían tan importantes en su vida, se hubiera burlado, pero ahí estaba, pasando un nuevo momento increíble con ellos, siempre entre risas y alguna que otra burla hacia Steve. Burla cariñosa, como él mismo decía.

Luego, sus ojos se centraron en la llegada de Chrissy Cunningham, quien lucía un vestido rosado, largo, sin mangas y con tiritas finas que estaba ceñido a su cuerpo delgado. Además, su cabello rubio estaba recogido en un peinado bien elaborado que él no sabía cómo definir, pero que es muy propio de las fiestas, y en su pecho lucía un colgante de corazón. Intentó reprimir su tristeza incipiente, algo que consiguió más rápido de lo esperado gracias a la persona que menos esperaba ver en ese sitio: Laura Cunningham, quien se paró detrás de Chrissy para llevársela a un rincón con cara de estar a punto de reprenderla, desapareciendo de su vista por unos instantes. A pesar de que no la veía muy seguido, a Eddie le desagradaba esa mujer, no solo por su habitual cara de pocos amigos y su actitud arrogante, sino porque no soportaba la forma déspota en que trataba a su hija: estaba seguro de que incluso un preso recibía mejor trato que Chrissy, que, sin importar lo que hiciera, o lo que no hiciera, nunca parecía satisfacer las exigencias ridículamente altas de esa mujer.

Chrissy volvió dando pasos a tropezones, de tal modo que a Eddie le dio la impresión de que la señora Cunningham la empujó, y ese solo pensamiento oprimía su corazón, puesto que sabía que Chrissy era incapaz de establecer límites con su dominante madre, y a él le daban ganas de defenderla de aquella mujer tan horrible. No pudo seguir con sus pensamientos porque Chrissy fue hacia donde estaba Jason Carver, quien la besó con vehemencia y luego se la llevó del brazo, llamando la atención de todos como si fueran estrellas de cine.

— Eddie, ¿estás bien? — irrumpió la voz de Robin entre sus pensamientos, algo que él agradeció en su fuero interno.

— Sí, estoy bien, Buckley. — respondió Eddie esbozando una sonrisa. — ¿Vamos?

Eddie entró a la cancha sin saber que Steve, Robin y Nancy se miraron de manera significativa.


La fiesta se desarrolló sin sobresaltos, con música pop que Eddie consideraba aburridísima. En el transcurso de la misma, hubo un detalle que no pasó por alto: él y sus amigos eran los únicos que no tenían pareja. Era algo curioso y sin intención, pero una parte de él creía que aquello era genial. Era mejor estar en compañía de amigos sinceros que de una pareja con quien la relación podría terminar perfectamente al día siguiente de la fiesta.

Luego, uno de los tantos profesores insípidos de la secundaria irrumpió en el escenario para anunciar los nombres de los reyes de la secundaria Hawkins. Para sorpresa de nadie, los elegidos fueron Chrissy Cunningham y Jason Carver, quienes subieron al escenario para ser coronados. Eddie se volteó a verla justo cuando se posó al centro del escenario; la iluminación la hizo parecer un hada, una figura etérea y frágil ante la que no se sentía digno. Y su sonrisa, rayos, su sonrisa, era la más hermosa que Eddie había visto en su vida, y aunque nunca se lo había dicho a nadie, sentía que la sola sonrisa de Chrissy era suficiente para desarmarlo.

Se vio en la obligación de volver a la realidad cuando ella y Jason fueron al centro de la cancha para inaugurar la ronda de bailes. La canción elegida fue I want to know what love is, de Foreigner. El ver a Chrissy bailar con Jason, sumado a la letra de la canción, impactó a Eddie de tal modo, que se fue al rincón donde servían los ponches, dándole la espalda a la glamorosa y popular pareja.

In my life, there's been heartache and pain

I don't know if I can face it again

Can't stop now, I've traveled so far

To change this lonely life

I wanna know what love is

I want you to show me

I wanna feel what love is

I know you can show me (hey)


— ¿Todo bien, Eddie? — quiso saber Steve varios minutos después, cuando la balada inaugural dio paso a las canciones más movidas.

— Sí, pero sería mejor si esto fuera más fuerte. — respondió Eddie con voz triste y la mirada perdida.

— ¿Seguro? — preguntó Steve.

Eddie asintió débilmente con la cabeza. Tras un breve momento de silencio, Robin le dijo:

— Eres un pésimo mentiroso, ¿lo sabías?

Eddie se sobresaltó y se percató de que ambos lo miraban fijo y no tenían intenciones de dejarlo pasar.

— Sabemos que estás así por Chrissy. — comentó Robin.

— ¿Qué? — preguntó Eddie.

— No la superas, ¿verdad? — preguntó Steve.

— Sabes que puedes confiar en nosotros. — dijo Robin.

— Lo sé, Buckley. Gracias. — respondió Eddie sonriendo. — A todo esto, ¿dónde está Wheeler?

— Se fue a bailar con Jonathan. Ni siquiera lo vi llegar. — respondió Steve con tono resignado, señalando a un sector de la pista de baile en donde Nancy bailaba animadamente con Jonathan.

— ¿Y? ¿Nos contarás qué es lo que te pasa con Chrissy? — indagó Robin.

Eddie bebió un sorbo de su ponche y respondió:

— Por dónde empiezo… desde el receso escolar, ella y yo comenzamos a acercarnos. Sin querer, nos encontrábamos en distintas partes, y poco a poco, descubrimos que, a pesar de todo, no somos tan distintos como parecemos, tenemos cosas en común, y así como me animé a contarle parte de la historia de mi vida, ella me contaba parte de la suya. Sin importar si hablábamos un par de minutos, o una tarde completa, el tiempo se detenía y yo me sentía… ¿cómo decirlo? Era como si todo el mundo a mi alrededor desapareciera y sólo fuéramos ella y yo. Con ella sentía que podía mostrarle aquellas partes de mí que no le muestro a nadie más sin temor a que me juzgara, con ella sentía que podía ser yo mismo… cada encuentro me hacía feliz, y les prometo que incluso llegué al punto de pensar que tenía una nueva motivación para levantarme cada día.

— La motivación de verla. — dijo Robin empática.

Eddie asintió, y tras beber otro sorbo de ponche, prosiguió:

— Yo no tenía la intención de involucrarme sentimentalmente con nadie, pero supongo que hay veces en que las cosas simplemente suceden… y para cuando me di cuenta, me había enamorado de una chica dulce y de corazón noble, lo que no hubiera sido gran cosa si no fuera porque está de novia con el cretino más grande de toda la escuela… y aun cuando esa tarde en el lago me confesó que sentía cosas por mí, no se animó a estar conmigo… me dijo que no podía hacerle eso a Carver, y que tenía que llevar a cabo los planes que su madre tiene trazados para ella. Escuchar eso me destrozó, y bueno… le hice saber lo herido que me dejó. Tuvimos una pelea, y desde ese entonces que no hemos hablado, aunque en mi defensa, nunca le pedí que engañara al idiota ese, no, ella no es así.

El silencio se hizo presente en el trio por unos instantes. Robin apoyó una de sus manos en el hombre de Eddie, gesto que él agradeció con una sonrisa melancólica. Minutos después, Steve dijo:

— Si te hace sentir mejor, no eres el único fracasado en el amor. Si no me crees, míranos: a mí me ha ido mal con cada chica a la que he invitado a salir, y a Robin con Vi…

— ¡Steve! — lo interrumpió Robin.

— ¡Pero si es verdad! — se defendió Steve.

— Nancy te dejó la vara muy alta. — dijo Robin.

Tras otro breve instante de silencio, Steve dijo:

— Deberíamos formar un grupo: Los fracasados del amor.

— De todas las malas ideas que se te pudieron ocurrir, esta es la peor. — dijo Robin.

— Al menos soy creativo con los nombres de grupos. — respondió Steve.

Los tres se miraron los unos a los otros y se rieron a carcajadas. En el caso de Eddie, fue un alivio para ese dolor que llevaba en el pecho, y que pudo sacar gracias a esa conversación. Los tres se sirvieron un vaso de ponche, y Eddie levantó el suyo.

— Por los Fracasados del amor. — dijo Eddie a modo de brindis.

— ¡Salud! — respondieron Steve y Robin al unísono antes de beber.


Bien avanzada la noche, el trio siguió conversando sobre cualquier otro tema lejos de los problemas sentimentales, y les fue bastante bien, ya que llegaron al punto de hablar de todo y de nada y de sentirse bien cada uno consigo mismo en el proceso. Eddie estaba pensando en proponer la idea de marcharse a un bar para continuar con la celebración, pero ni siquiera alcanzó a hacer el ademán de hablar porque un grito procedente de la pista de baile distrajo la atención de los tres:

— ¡Córrete, imbécil!

El que gritó fue un Jason Carver en evidente estado de ebriedad, empujando a Jonathan Byers, que respondió con un empujón que casi hizo que Jason perdiera el equilibrio. Cuando ya era evidente que la respuesta se iba a materializar en puñetazos, tanto una sorprendida Nancy como una avergonzada Chrissy se interpusieron para calmar la situación. Cabe mencionar que a Nancy le fue mejor, puesto que logró llevarse casi de inmediato a Jonathan hacia el sitio en donde estaba el trío.

— ¿Qué demonios pasó? — preguntó Steve.

— No sé. Nancy y yo estábamos bailando cuando ese idiota me empujó de la nada y ni siquiera se disculpó. — respondió Jonathan.

Nadie escuchó el resoplido de Eddie.

— Jason se ha bebido todo el alcohol que ha podido. — afirmó Nancy.

— Pero ¿no se supone que no hay alcohol en esta fiesta? — quiso saber Robin.

— Seguramente él y sus amigos metieron algo más fuerte a escondidas. — supuso Eddie.

Los demás afirmaron en silencio. De pronto, Robin se dio vuelta y luego le dijo a Eddie:

— Yo que tú, iría a ver a Chrissy ahora mismo.

Robin no esperó una respuesta de Eddie y señaló una de las salidas de la cancha, desde donde se podía ver cómo Jason salía llevándose a Chrissy apretándola del brazo al tiempo que le gritaba, mientras a ella se la veía al borde de las lágrimas, todo esto a vista y paciencia de los otros estudiantes que no hicieron nada por defenderla. Ver eso fue demasiado para Eddie, quien se puso de pie sintiendo un vigor renovado.

— Si hay algo que no soporto, es ver a un hombre maltratando a una mujer, y menos aún si esa mujer es Chrissy. Ese imbécil me las pagará. — dijo Eddie para sí, saliendo al encuentro de los reyes de la secundaria.


— Jason, ¿qué crees que haces? — preguntó Chrissy intentando zafarse del agarre de Jason. — ¡Me estás lastimando!

Jason la soltó dándole un leve empujón en la entrada, sitio en el que, extrañamente, solo estaban ellos dos. Chrissy notó su brazo rojo en donde su novio la había agarrado.

— ¡Por si no lo sabías, puedo hacer lo que quiero! — respondió Jason exaltado, y ebrio.

— ¿Y eso incluye empujar a la gente?

— ¡Ese perdedor se cruzó en mi camino!

— ¡No es cierto!

— ¿Qué es esto? — preguntó Jason en tono amenazante — ¿Lo estás defendiendo?

— ¿Qué…? — preguntó Chrissy perpleja. — No… solo estoy diciendo que… que tú lo empujaste… pero no fue a propósito, no te diste cuenta porque…

— ¡Lo sabía! ¡Lo estás defendiendo! — gritó Jason, infundiendo miedo en Chrissy.

— ¡No! — Chrissy sentía que estaba a punto de llorar.

— Si es así ahora, no quiero imaginar con cuántos más me engañarás en la universidad. — dijo Jason caminando hacia Chrissy, a quien estaba arrinconando hacia la pared.

— Jason, no… — imploró Chrissy.

— No creas que esto se quedará así. Apenas salgamos de aquí, le diré a tu madre que su hija es una zorra que defiende a extraños en vez de a su novio.

Jason hizo el ademán de empuñar su mano y subirla hacia el rostro de una asustada Chrissy, pero no alcanzó a hacer nada porque alguien lo retuvo desde atrás y le dijo:

— Te crees muy valiente amenazando a mujeres, ¿verdad?

— Eddie. — dijo Chrissy en un susurro.

— ¡Esto no es asunto tuyo, rarito! — dijo Jason.

— Claro que lo es, sobre todo cuando se trata del bienestar de Chrissy. — dijo Eddie, quien dio un puñetazo directo al ojo izquierdo de Jason, que perdió el equilibrio y cayó al suelo, causando el alarido de Chrissy.

A Jason le costó ponerse de pie, pero cuando lo logró, empujó a Eddie hacia la otra pared con la intención de golpearlo, sin resultado porque Eddie le respondió con otro empujón, y luego con otro puñetazo. Jason respondió con otro puñetazo que, esta vez, sí dio directo en el rostro de Eddie y, de ese modo, ambos cayeron al suelo, formando una especie de bola en la que se golpeaban y se insultaban mutuamente.

— ¡Chrissy es mi novia, y le digo lo que se me dé la gana! — gritó Jason en medio de la trifulca.

— ¡Si tanto te importara, deberías tratarla bien todos los días! — respondió Eddie.

— ¡Eddie, Jason, basta! — gritó Chrissy varias veces, en vano.

La pelea iba pareja, con Jason y Eddie igualmente lastimados, y en el momento en el que Jason estuvo arriba, dispuesto a darle otro puñetazo a Eddie, recibió un sillazo que lo dejó fuera de combate.

— Harrington. — dijo Eddie.

— ¿Estás bien, Munson? — preguntó Steve sosteniendo una silla.

— Sí. — respondió Eddie poniéndose de pie.

— Ve con Chrissy. — lo aconsejó Robin apuntando hacia la salida.

Notando que Chrissy no estaba, Eddie fijó la vista hacia la salida, y luego se volvió hacia sus amigos.


Eddie vio a Chrissy caminando en línea recta y de brazos cruzados, y como afortunadamente no había caminado tanto, corrió para alcanzarla en cuestión de segundos.

— Chrissy, ¿estás bien? — le preguntó Eddie apenas llegó hacia ella. — ¿Te lastimó?

Eddie la miró con ternura, y en su pregunta se percibía una preocupación genuina por su bienestar, por lo que Chrissy no pudo evitar llorar y abrazar a Eddie, que le hizo cariño en su espalda. Permanecieron así por unos instantes en los que él sintió ganas de no soltarla y de cuidarla de todo, y hubiera seguido así de no ser por una desagradable irrupción:

— ¡Suelta a mi novia ahora mismo!

El que gritó no era otro que Jason Carver, que caminó hacia ellos con gran dificultad. Eddie se posicionó de inmediato delante de Chrissy.

— ¿Qué vas a hacer? ¿Golpearme a mí primero para seguir con ella después, Carver? — desafió Eddie.

— ¡No te metas! — respondió Jason enojado. — ¡Es mi novia!

Al decir Jason la frase "es mi novia", Chrissy notó que en sus ojos había algo más que solo la ira de un borracho; había desprecio y también posesión, lo que no le sorprendió, ya que aquella no era la primera vez que lo veía en ese estado, y aunque hasta ese momento él nunca la había golpeado, la manera en que la sacó de la pista de baile le hizo entender que tan horrenda situación podía producirse en cualquier momento… a menos que ella hiciera algo al respecto.

Por otra parte, estaba Eddie Munson, de pie delante de ella, defendiéndola… Eddie Munson, el rarito de la escuela que durante años había tenido fama de aterrador y al que personas como Jason detestaban solo por no ser parte del grupo de los "populares", el chico con quien se había encontrado una tarde en el bosque y que la escuchó desahogarse de sus problemas sin burlarse ni juzgarla, el chico con quien se encontraría varias veces más en el transcurso del año y con el que sentía que podía hablar de todo sin que importara nada ni nadie más, el chico con quien sentía que el tiempo se detenía cada vez que estaban juntos, el chico que, como nadie, la veía más allá de la etiqueta de "chica popular" o de "reina de la secundaria", el chico que la hacía sentirse protegida cuando la abrazaba… el chico por quien, sin querer, desarrolló algo más que solo un cariño fraternal, y al que rechazó porque no podía traicionar a quien había sido su novio durante los últimos años.

Ver a Jason en tal estado de ofuscación hizo que Chrissy se diera cuenta de la realidad tal cual era y, sin saber cómo, tuvo la determinación de posicionarse al lado de Eddie para decir con firmeza:

— ¡Éramos novios!

Tanto Eddie como Jason la miraron impresionados.

— ¿Qué dijiste? — preguntó Jason molesto.

— Me escuchaste, Jason… Éramos novios. — respondió Chrissy intentando esconder sus nervios.

Jason se rio de manera burlesca.

— No sabes lo que dices. ¡Ven conmigo ahora!

— ¡NO, JASON! ¡No iré contigo a ninguna parte!

Jason hizo el ademán de acercarse a ella con brusquedad, a lo que Eddie reaccionó interponiéndose entre ambos. Chrissy nuevamente se puso al lado de Eddie y le dijo a Jason:

— No puedo seguir al lado de una persona que menosprecia a los que no son como él, y que piensa que con violencia puede resolverlo todo. Además, no tenemos nada en común, no nos gustan las mismas cosas y cada vez que te muestro algo que me interesa y me apasiona, pones reparo a todo, y cuando he tenido problemas, nunca te has puesto en mi lugar, me respondes como si yo tuviera la culpa de todo, y eso cansa, Jason. Te tuve paciencia e hice de todo para que la relación continuara, pero ya me cansé, y ya no puedo más. Terminamos.

Si Jason ya estaba sorprendido, Eddie lo estaba aún más. Si bien es cierto él realmente quería que Chrissy terminara con Jason, una cosa era imaginarlo, y otra muy distinta era escucharla a ella poner punto final a la cuestión.

Jason la miró fijo en silencio y con soberbia, tal vez pensando que, de esa manera, ella cambiaría de opinión. Conforme pasaban los minutos y el ambiente se volvía más tenso, él entendió que ella había hablado en serio, por lo que no le quedó más opción que irse, no sin antes decirle a Chrissy con todo el despecho que encontró:

— Nunca encontrarás a alguien como yo, Chrissy.

— Eso espero, Jason. — respondió Chrissy tajante.

Una vez que Jason desapareció de sus vistas, Eddie se posicionó delante de ella y le preguntó:

— ¿Estás bien?

Chrissy asintió, y luego dijo:

— ¿Tú estás bien?

— Siempre estoy bien, no te preocupes. — respondió Eddie sonriendo cansado.

Ambos se miraron en silencio por unos instantes; mientras Eddie veía a una jovencita frágil que no había recibido el amor que merecía, ella veía a un chico que, más allá de su escudo endurecido, era alguien bueno, dispuesto a todo por defenderla.

— Gracias por ayudarme, Eddie. — dijo Chrissy sincera.

— No agradezcas, sabes que siempre estaré. — respondió Eddie.

Se miraron a los ojos y, una vez más, cada uno sintió que el mundo se detenía; en el caso concreto de Chrissy, toda molestia y toda tristeza que pudiera haber sentido desaparecieron en los ojos y en la sonrisa suave de Eddie, que la abrazó por la cintura. Él sentía ganas de besarla, pero no estaba seguro de que fuera una buena idea debido al calor de los hechos recientes, por lo que se resistió, aunque tenía la sensación de que a ella le pasaba lo mismo.

Sea como sea, toda calma que pudieran sentir se esfumó a partir del momento en que la áspera voz de Laura Cunningham irrumpió de la nada para gritar:

— ¿Qué crees que haces, Chrissy Cunningham?