Contenido: Oneshot, romance, angst, drama, futuro alternativo donde Baji sobrevive al Halloween sangriento. Spoilers del manga. Este fanfic pertenece a la mini serie dedicada al BajiFuyu week 2022.
Pareja: BajiFuyu (Baji Keisuke x Matsuno Chifuyu)
Disclaimer:
Hikari: Ya tocaba escribir algo un poco más serio, así que para dar inicio al cuarto día les dejo un escrito que comencé y terminé por completo en la oficina donde trabajo xD. Ni Tokyo Revengers ni sus personajes me pertenecen, todo es auditoría de Ken Wakui, por lo que este fanfic fue escrito únicamente por ocio y no tiene fines lucrativos. Notas al final.
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#BajiFuyuWeek2022, 4 – Rings / Wedding (Anillos / Boda)
Chifuyu trató que su voz no se rompiera luego de confesar aquello. Llevó a sus labios el vaso de licor, deseando esconder el dolor que habían dejado sus recientes palabras. A pesar de dirigir su vista hacia algún punto lejano, no pudo evitar percibir con la esquina de su ojo la expresión que su compañero puso después de aquello.
Primero el shock, luego el miedo y finalmente… la culpa.
No, no quería que aquel héroe llorón, quien se había sacrificado innumerables veces su propio futuro para salvar el de los demás, le mostrara aquella expresión.
-Baji-san está muerto.- repitió, queriendo ocultar su propio sufrimiento.
Las palabras sirvieron como un cuchillo que amenazaba con cortarles las cabezas apenas se atrevieran a pronunciar palabra alguna.
-Yo… yo… lo siento, tengo… yo tengo que…- Chifuyu no perdió el tiempo para poner su mano sobre la del otro, tratando de reconfortarlo.
-No fue tu culpa, Takemicchi.- logró hacer que su voz sonara segura.- No hay nada que tú hubieses podido hacer. No hay nada… que yo hubiera podido hacer para evitarlo.
Escondió sus ojos llenos de dolor detrás de su flequillo, no queriendo demostrar su vulnerabilidad a través de ellos. Sintió la propia mano de Takemichi temblar debajo de la suya.
Pero estaba seguro de sus propias palabras. No importa cuánto le dolieran, sabía que era cierto.
Takemicchi se había encargado de, una vez más, viajar en el tiempo, con un único y claro objetivo: Salvar a Baji Keisuke aquel 31 de octubre del 2005. Evitar bajo toda costa que él mismo se clavara aquella navaja en sus entrañas, que no fuese tampoco Kazutora quien lo matara y, por ende, que Mikey no lo descuartizara con sus propios puños.
Demasiados problemas con los cuales lidiar en tan solo el poco tiempo que duró la revuelta.
Pero no era imposible.
Y fue así como, tras pequeños empujes, nuevos planes, y el apoyo incondicional de su compañero y sus amigos… que la misión resultó exitosa al final del día.
A partir de aquella bifurcación de la historia, muchas cosas cambiaron los siguientes sucesos. Parecía que todo comenzaba a cambiar para mejor con la presencia de Baji junto a Mikey, éste tendría menos posibilidades de despertar aquellos a los que llamaba como "impulsos oscuros". Tal vez todo estaría solucionado, todo terminaría al fin con un hermoso final feliz para todos.
O eso es lo que se supone que ocurriría.
Ante la sorpresa de Chifuyu, y aún más del propio Takemichi, la disolución de la ToMan fue algo que no pudo evitarse. Las preguntas eran más que las respuestas, pero para Mikey era obvio que el mejor momento para desmontar la pandilla era cuando ésta al fin se había convertido en la más fuerte de todas.
Aunque fue triste, todos lo aceptaron con resignación.
Confundido, pero confiado en que aun con ello se podría lograr un nuevo final para todos, Takemicchi decidió marcharse al futuro luego de eso.
Sin percatarse que todo había quedado igual.
El destino era algo demasiado cruel y difícil para que la vida de unas cuantas personas fuese suficiente para cambiarlo.
-Baji-san, Emma, Izana… todos ellos se salvaron pero aun así, luego de que la ToMan se disolviera, Mikey continuó su propio camino, y nadie puedo hacer algo para detenerlo. - fue la manera en que Matsuno trataba de explicar los cambios que hubo a Takemicchi, justo después de que él regresara del pasado.
Ambos se encontraban sentados en una esquina de aquel solitario bar. Con una tenue balada de jazz de fondo y lejos de los murmureos de los demás comensales que parloteaban en las lejanas mesas.
-El único que trató de traerlo de vuelta… fue Baji-san.- su voz se quebró levemente al decir aquel apellido. Tuvo que tratar de deshacer el nudo de su garganta con un poco más del wiski que descansaba en su vaso de vidrio para continuar hablando.
Sin embargo, es como si el dolor se acentuara cada vez más cuando la imagen de aquella persona se posaba en su mente.
-Fue tras él y… perdimos contacto.- recordaba con claridad el momento en que el pelinegro le había pedido que no lo siguiera, en que le rogó que confiara en él para traer al ex comandante de vuelta a los buenos caminos.
Le pidió que esperara por él. Le prometió que regresaría.
Y le creyó.
Oh dios, como se arrepentía tanto de haberle creído. De haber confiado en sus palabras. De otra vez, ver cómo cargaba con todo el peso sobre sus propios hombros mientras le sonreía y le afirmaba que todo estaría bien.
Que estúpido. Que tonto. Que inmaduro.
-Ni siquiera sabemos cómo es que sucedió…- no se atrevía ni siquiera a encararlo directamente, quiso soltarse a llorar ahí mismo, pero tenía la importante misión de hacerle saber aquello a su confiable compañero.- Baji-san y Mikey-kun desaparecieron luego de la disolución, nadie supo más de ellos. Ni un mensaje… ni una llamada.
Takemichi era testigo de la manera en que la espalda de Chifuyu solo se encorvaba cada vez más, como si el chico solamente quisiera refugiarse sobre sí mismo, acariciando el borde del vaso de vidrio.
-Y hace un año… solo fue gracias a que Draken dio por casualidad con el artículo en internet, que nos enteramos que Baji-san…- no, no pudo repetir lo siguiente. En su mente, ese momento se repetía incansablemente, cómo vio en la pantalla una foto borrosa, adornando un encabezado en letras rojas que recitaban: "Encuentran cuerpo de un miembro de la organización criminal conocida como Bonten".
Y sí. Esa foto, ese perfil… aunque los pixeles de mala calidad impedían ver con claridad…
Chifuyu pudo reconocerlo. Todos supieron de inmediato la identidad de esa persona que yacía sin vida en un callejón oscuro.
El cuerpo de Baji Keisuke no volvería a levantarse.
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Dejó caer con pesadez su cuerpo sobre su futón apenas regresar a casa. Ni siquiera se molestó en encender las luces aun cuando apenas podían verse las cosas entre las penumbras de la noche. Las luces de los departamentos ajenos no eran suficientemente intensas para alumbrar, pero tampoco es que Chifuyu quisiera poder ver algo con claridad.
De hecho, en aquellos momentos ver era de las acciones que menos quería realizar.
De ser posible, quisiera cegarse ante la cruel realidad, ante el dolor que se sembraba en su pecho desde el día que decidió renombrar las doloras memorias del pasado. Fingía haberlas superado, le sonreía a la gente de su alrededor para convencerlas que ya se encontraba perfectamente bien...
A pesar de estar mintiendo.
Porque no. Jamás lograría estar bien en una vida donde Baji Keisuke no estuviese vivo.
Cubrió su rostro con ambas manos, dejando salir una especie de gruñido ahogado, queriendo sacar el extraño sentimiento que parecía querer asfixiarlo. Tratando de despejar su mente, nuevamente se incorporó en su lugar, utilizó el brillo de la pantalla de su propio teléfono como única linterna.
Vio con detenimiento sus pertenencias, las cuales no eran muchas en aquel estrecho y sencillo departamento.
Sus electrodomésticos eran lo que ocupaba mayor espacio, sus llaves, su billetera... y al final de lo que parecía un normal mueble de madera, descansaba una pequeña caja de metal, oxidada de algunas partes de su superficie, y de un color que recordaba ser plateado en el pasado, pero ahora era solamente un oscurecido gris.
Mordió con fuerza su labio inferior. Es más, percibió un tenue sabor a sangre cuando pasó su lengua por la reciente herida.
Con temblor en sus extremidades, Chifuyu gateó hasta la susodicha caja. Y cuando la puso sobre su regazo, repasó en su mente la simple pero tenebrosa idea de abrirla. Sin embargo, tragando fuertemente y dejándose llevar por un pequeño atisbo de valentía, finalmente retiró la tapa.
Si, estaba igual que como la había dejado hace ya varios días. Contenía un poco de tierra, unas revistas de aeronáutica y un pequeño modelo de un avión a escala. Y a su lado, un cofrecito de madera al que se le comenzaba a borrar los colores de la parte superior.
Por supuesto no debía de asombrarse ante esos detalles, de todas maneras esa caja se había mantenido bajo tierra por poco más de 12 años.
Luego de que Takemicchi regresara del pasado, todos se encargaron de ponerlo al día con las actualizaciones de sus propias vidas. Él mismo le contó que era dueño de una tienda de mascotas y Kazutora, el chico que había pasado una década en la correccional, era su empleado.
Y también… también se había encargado de dejarle claro a su mejor amigo que nada relacionado con el fallecimiento de Baji Keisuke había sido culpa suya.
Le tomó tiempo, pero logró convencerlo para que la idea de regresar el pasado y así tratar de remediarlo fuese completamente desechada.
Y para terminar de cerrar ese ciclo, todos decidieron conjuntamente en sacar la cápsula del tiempo que habían ocultado bajo tierra durante su época adolescente. El tiempo se encargó de oxidarla, pero era increíble que todo lo contenido ahí dentro permaneciera, hasta cierto punto, en perfectas condiciones.
Sintió la melancolía revolver sus entrañas cuando recordó sus brillantes sueños de ser piloto. Enternecido, todo aquello pasó a segundo plano cuando reconoció el cofre de madera que estaba a su lado. Todos guardaron silencio, recordando perfectamente a quien pertenecía dicho objeto.
-Baji también dejó algo aquí.- fue Mitsuya el que se atrevió a decir aquel nombre en voz alta. Chifuyu sentía nuevamente cómo sus pupilas se cristalizaban por las lágrimas que deseaban salir.- Creo que eres tú quien debería quedárselo, Chifuyu.
Todos asintieron en silencio, algunos de ellos hasta también dejaron salir alguna sonrisa sincera. La palmada de Takemicchi sobre su hombro fue lo que lo empujó a aceptar en silencio aquel ofrecimiento.
Pasaron los días y, aun con las buenas intenciones de sus amigos, para el joven aun resultaba como algo imposible el hecho de abrir dicho cofrecillo para cerciorarse de su contenido.
-Mierda… no puedo hacer esto…- a pesar de haber tomado el objeto entre sus manos, dejó caer su cabeza a un lado cuando no encontró el coraje para abrirlo.
Pero necesitaba saberlo. Pensaba que si no lo hacía jamás podría superar lo de Baji. Aunque… ¿realmente deseaba superarlo? ¿Y si después de ver lo que sea que estuviera dentro se arrepentía? ¿O si, por el contrario, encontraba la calma que decían necesitaba y terminaba olvidando al joven con el pasar de los años?
Ambas opciones sonaban tristes, dolorosas, solitarias…
En verdad, aquella era la noche que descubriría esa pequeña verdad.
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Chifuyu perdió la cuenta del número de latas vacías que comenzaron a amontonarse a su alrededor. Su vista comenzó a ser borrosa, y el estar aun con las luces apagadas no ayudó en lo más mínimo. Aun así, percibe que aun entre sus manos está la causante de sus miedos.
Desde que la tomó, se ha rehusado a soltar la cajita de madera.
Aunque al verla, el miedo vuelve a visitarlo y, casi de manera automática, lleva con violencia otra lata más a sus labios para darle un prolongado sorbo. La bebida fría se siente caliente cuando pasa por su garganta, y el alcohol no tarda en surtir sus efectos en él cuando siente cómo la lata resbala entre sus dedos hasta el suelo, afortunadamente ya estaba vacía.
-Solo debo abrirla, maldita sea…- murmuró para sí mismo. Sus palabras sonaron extrañas cuando apenas si logra entreabrir sus labios y mover su lengua, pero no podría importarle menos.
Su mano libre se posó sobre la parte superior, apretó un breve momento y…
Las fuerzas lo abandonaron.
No fue capaz de hacer algo tan simple como abrirlo.
Dejó caer su cabeza hacia el frente, sin importarle el leve dolor en el cuello que ese movimiento le causó. Trató de auto convencerse que se está ahogando en un vaso de agua, pero sus extremosidades se negaron insistentemente a aceptar esa clase de pensamientos.
Estuvo a punto de iniciar otro intento más en abrir la estúpida caja cuando, sin siquiera percatarse del momento en que se acercó lo suficiente, cierto felino de pelaje oscuros saltó hacia sus brazos, de tal manera que, debido a la impresión y al susto, terminó dejando caer el susodicho objeto en el suelo.
-Peke J, ahora no.- trató de regañar entre dientes mientras quería regresarlo al suelo, pero el pequeño animalito parecía renuente a soltarlo. La lucha no duró demasiado, tal vez las intenciones de Peke J no eran lo suficientes para molestar prolongadamente a su dueño así que, cansado, saltó por sí mismo hacia el suelo, tan descuidadamente que sus patitas terminaron por patear el cofre y abrirlo de un solo movimiento.
-¡Peke J!- nombró, presa del pánico. Al gatito no pareció importarle, y como si se tratara de algún triunfo, sin modestia se lamió una pata y se retiró con cierta elegancia, dejando aún más abatido al humano.
-No puedo creerlo.- suspiró, cerrando los ojos y sobándose la cabeza, que le comenzaba a retumbar fuertemente. No fue hasta que abrió los ojos y fijó, con dificultad, la vista, que se percató que la caja ya se encontraba abierta y olvidada sobre el suelo de madera.
Al notar ahora que estaba vacía, su vista recorrió el suelo de alrededor, sin saber qué buscaba exactamente. Aun así, un brillo inusual llamó su atención. Con el corazón palpitando fuertemente dentro de sí, tomó el pequeño artefacto entre sus dedos, sabiendo exactamente su identidad al tomarlo.
-Un anillo…- susurró al ver cómo aquel tenue brillo era producido por el pequeño reflejo de la luna y algunas otras pequeñas luces.- ¿Qué rayos significa esto, Baji-san?
Sintiendo como si poco a poco se sofocara, Chifuyu volvió a revisar el suelo y, afortunadamente, también encontró un pequeño trozo de papel cerca de donde había tomado el anterior objeto. Sin saber qué otra cosa hacer, la tomó entre ellos, y fueron las palabras escritas en ese papel lo que terminaron por destrozar algo en su interior.
"Al futuro yo, más te vale no ser tan estúpido como para haber dejado ir a Chifuyu. Han pasado muchos años así que, ¿no crees que ya es el momento de pedirle matrimonio?".
-B-Baji…san.- arrugó la hoja sin cuidado alguno, llevando su puño cerrado a su pecho. En su otra mano, el anillo también era apresado por la fuerza de sus dedos.
Las lágrimas salieron con gran fluidez de sus ojos. No podía detenerlas a pesar de quererlo. Su pecho dolió tan fuertemente que tuvo que curvear su espalda para tratar de contenerlo. Pero todo era inútil.
Comenzó a sollozar con fuerza, poco le importaba como podrían escucharse sus gritos y lamentos. Se dobló tanto que finalmente su frente chocó con el frío suelo, pero ni siquiera esa sensación gélida era suficiente para distraerlo de su pesar.
¿Por qué? ¿Por qué a pesar de haber podido cambiar el pasado, el presente era tan doloroso?
A pesar de haberle ganado al destino aquel 31 de octubre del 2005, éste le restregaba su poder ahora tantos años después, dejándolo solo, alejándolo de la persona que más amó y admiró en toda su vida. ¿Por qué la vida a veces resultaba ser tan cruel e injusta?
-Baji…san- un simple objeto que pudo haber significado la más grande de sus alegrías ahora era solo un pequeño recordatorio de la tormentosa realidad.
Decidió darse, por esa última noche, la libertad de fantasear con ese imaginario día.
Un cielo despejado, un día cálido bajo los rayos de sol, el ambiente olería a flores. El anillo adornando fuertemente su dedo anular izquierdo. Las hordas y gritos de emoción por parte de sus amigos y familiares. Y frente a él, la persona a quien siempre amó.
Hubiese pasado su mano sobre sus mejillas antes de verse por algunos segundos silenciosos. Finalmente juntarían sus labios en un pacto que pretendería ser eterno.
Solo por esta noche, se permitiría imaginar esa bonita ilusión antes de que, con el amanecer, tuviese que romperse otra vez ante la realidad.
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Hikari: Un poco más corto si lo comparo con los otros escritos (hasta ahora) pero fue porque sentía la mirada de todos en el trabajo a mis espaldas mientras lo escribía. La inspiración me ataca en los peores momentos xD. En fin, faltan pocos días y yo aún no termino de escribir, así que espero poder encontrarnos el día de mañana. ¡Bye bye-perowna!
