Será una niña

Kohaku despertó con una sonrisa, sentándose en la cama y estirando los brazos, sintiéndose muy relajada después de la excelente noche que pasó.

Volteó a ver a Senku, que seguía desmayado en la cama, totalmente desfallecido y probablemente incapaz de despertarse sino hasta dentro de una o dos horas más.

Se levantó a darse una darse una ducha, sorprendiéndose cuando, a mitad de su baño, Senku se apareció de la nada a unírsele, arrancándole una risa incrédula antes de ponerse a desperdiciar agua juntos.

Desde que se comprometieron, habían estado un poco… desesperados el uno por el otro, más porque habían pasado un largo tiempo separados por el trabajo de Senku en el extranjero, pero finalmente estaba de regreso y planeaba dedicarle mucho tiempo a ella y solo a ella.

Las siguientes dos semanas estuvieron la mayor parte de los días casi sin salir de la cama, o del piso, o de la mesa, o de la pared, en fin, estuvieron muy indispuestos a soltarse, hasta que un día…

—¿Qué haces? —Kohaku abrió los ojos con pesadez, mirando con cansancio a su prometido besándole el cuello insistentemente.

—Te devuelvo el favor, ayer tú me despertaste así. —Rio contra su oído con esa voz ronca que normalmente hacía que sus piernas empezaran a temblar, pero ahora…

—Tengo sueño, déjame. —Lo apartó "con suavidad", lanzándolo patas arriba fuera de la cama y cubriéndose con las sábanas hasta la cabeza.

—¡¿Qué demonios, leona?! —Se arrastró a la cama con confusión—. ¿Desde cuándo el sueño es un impedimento? Tú eres la que no me deja dormir desde que regresé. —Le quitó las sábanas para mirarla con reproche, solo para congelarse cuando ella lo miró con rabia asesina, los ojos inyectados de sangre y la mandíbula tan tensa que era hasta palpable lo mucho que se estaba conteniendo de asesinarlo.

Lentamente, bajó las sábanas y la arropó con mucha cautela, antes de salir de la cama, del cuarto y también de la casa, dedicándose a regar las macetas en el jardín en lo que intentaba recuperarse del shock de haber estado al borde de la muerte.

Después de regar las plantas, se decidió a preparar el desayuno favorito de su prometida, quizás eso ayudará a evitar que muriera antes de los treinta.

Se sorprendió cuando Kohaku tardó otras dos horas en despertar. Menos mal que ese día era domingo y no tenían que ir a trabajar.

Bajó con gesto malhumorado, viéndose muy cansada a pesar de que durmió de más.

Su gesto se suavizó al ver que colocó frente a ella una bandeja con pastelillos con crema, pero entonces su cara se llenó de repulsión y se alejó unos buenos dos metros de la mesa, cubriéndose la nariz.

—¡¿Qué demonios les pusiste?!

—Nada, lo de siempre. —La miró extrañado.

—¡No es lo de siempre, huelen horrible!

Senku frunció el ceño, mordiendo un pastelillo. La crema estaba deliciosa y el pastelillo sabía bastante bien, ni siquiera se le habían quemado esta vez, ¡e incluso quemados a ella le encantaban!

—No parece tener nada raro. Debe ser otra cosa. —Comenzó a revisar sus víveres.

—Senku…

—¿Qué? —preguntó distraídamente, revisando la heladera.

—Tengo hambre.

Él volteó a verla con sequedad.

—¿Y no quieres los pastelillos? Tardé más de una hora cocinando esas cosas.

Ella negó con la cabeza, arrugando la nariz de forma bastante adorable.

—Quiero pizza.

—¿Pizza? ¿Para desayunar?

—Con aceitunas…

—Ok…

—Y arroz.

—¿Qué? —Su ceja se alzó.

—Si no la preparas tú la prepararé yo. —Alzó la barbilla altaneramente, comenzando a sacar harina y levadura.

Senku suspiró, quitándole los ingredientes de la mano y ofreciéndose a cocinar él. Se comió los pastelillos mientras Kohaku esperaba impacientemente, y, apenas le puso arroz a la pizza, se la devoró casi de inmediato, porción tras porción casi sin respirar.

Él ya conocía su gran apetito, pero esto era ridículo.

Ese domingo no habían planeado salir ni nada, de hecho, Senku había esperado que siguieran en su racha de no salir de la cama, pero ella, inmediatamente después de desayunar, volvió a subir a la habitación, se recostó y se durmió. Y claro que él no volvería a arriesgar el pellejo intentando impedirle dormir a esa leona malhumorada.

Alzó los hombros y se dedicó a continuar con sus experimentos caseros, trabajando en la sala ya que por una vez no estaba manejando ningún material tóxico y además quería ver si ella se despertaría de mejor humor en algún momento.

Se despertó a la media hora, solo para ir al baño y luego volver a dormir. Luego se despertó una hora después, para volver ir al baño y tomar unos bocadillos del refrigerador, y luego de otra hora volvió a despertarse para ir al baño y además pedirle que hiciera el almuerzo. Luego se despertó a las dos horas para volver a ir al baño y luego comer.

Estuvo más o menos así el resto de la tarde, y en la noche estuvo muy molesta, practicando sus ejercicios de kendo en medio de interrupciones para orinar, todo mientras ignoraba por completo a Senku sentado en su rincón, batiendo con fastidio sus mezclas y posteriormente cocinando pasta con atún, por alguna extraña razón ella quería comer eso, y él quería seguir vivo, así que no la cuestionó.

Creyó que tal vez tendría más suerte en la noche, pero ella se durmió en el momento en el que su rostro tocó la almohada, y él no quiso arriesgar su suerte y se durmió abrazado a su cintura, con rostro miserable, que empeoró todavía más cuando ella lo arrojó de la cama de una patada.

Al día siguiente, tuvo que despertarla para ir a trabajar y solo se salvó de que lo asesinará por recordarle que ella nunca llegaba tarde ni faltaba sin justificación, solo así la hizo levantarse de la cama y prepararse para el día.

Él también fue a trabajar y, cuando volvió a la tarde, la encontró dormida en su pórtico, con su chaqueta del trabajo como almohada, con una nota en la mano:

"Kohaku, te dormiste otra vez a la hora de salida y no hubo forma de despertarte, así que te traje a casa y te dejé aquí, esperó despiertes pronto, aunque creo que tu prometido no tarda en llegar. -Kirisame".

Frunció el ceño, mirando con confusión a su futura esposa.

¿Qué le pasaba? Esto ya era exagerado, jamás la había visto así.

¿Estaría enferma? No, ella nunca se enfermaba, era la persona más sana que conocía…

Otra opción era que…

Abrió mucho los ojos, palideciendo.

¡¿Tenía coronavirus?!

Aún no se deshacían del todo de la pandemia, a pesar de que pasaron varios años, no era tan descabellado, y la nueva cepa era bastante agresiva, aunque había muy pocos casos en Tokio y en Japón en general. ¿Acaso ni su fuerte leona pudo contra el condenado virus?

La cargó en brazos, con mucha dificultad, y la metió en la casa.

Ella se despertó para orinar al poco tiempo y él le comentó su preocupación, haciéndola jadear ruidosamente.

—¿Tal vez yo te contagié? Viajé por muchos lugares —murmuró, pensativo—. Aunque es extraño que me dé a mí y no a ti.

—¿Crees que eso me pasa? ¿Por eso tanto dormir e ir a orinar? —Lo miró temerosa.

—Sé que puede provocar cansancio y mal funcionamiento renal, pero aún no se ha estudiado del todo lo dañino que puede llegar a ser. Mañana iremos a ver a mi médica de mayor confianza.

Ambos se tomaron el día y fueron al consultorio de la colega de Senku, la Dra. Mironi, que aparte de ser médica se dedicaba a otras ramas de la ciencia.

—¿Sospechas que puede tener la nueva cepa? —preguntó la doctora luego de que le dijera porqué acudió a ella—. Es definitivamente peligroso, es la más agresiva de todas, algunos países de América y Europa están volviendo a cuarentena como en el 2020, pero la vacuna que nuestros esfuerzos desarrollaron lo erradica casi por completo, solo falta aprobarla. —Agitó su corto cabello color jade—. Le haré las pruebas necesarias a tu esposa, pero primero platíquenme sus síntomas. —Ajustó sus lentes de sol sobre el puente de su nariz.

—De hecho, aún no nos casamos… —murmuró Kohaku.

—Tiene fatiga excesiva, no es nada normal en ella —dijo Senku rápidamente—. Además, está irritable, y parece tener mal funcionamiento renal. Ella nunca se ha enfermado, es la única explicación que encuentro.

La doctora se quitó los lentes lentamente, mirándolo con sus ojos grises tan claros que casi parecían celestes llenos de incredulidad, antes de mirar a Kohaku, para luego volver a ponerse sus lentes de sol.

—Querida, lo que tu esposo quiere decir es que sientes la constante necesidad de orinar más de lo normal, ¿o me equivocó?

—No, doctora, tiene razón, y es muy molesto, pe-pero él aún no es mi esposo…

—¿Cómo te has sentido últimamente? ¿Tienes más apetito?

—Bueno, sí… pero es raro, Senku me preparó mi desayuno favorito y no quise ni tocarlo.

—Por alguna razón pediste pizza con arroz. —Hurgó en su oído con fastidio—. Sueles comer porquerías, pero eso y la pasta con atún si me tomó por sorpresa.

La doctora se llevó una mano a la frente.

—Senku, amor mío, me tientas a retirar la nominación al Nobel que te conseguí. —Negó con la cabeza—. Fatiga, ganas de orinar con más frecuencia, olfato agudizado, antojos. —Volvió a bajar sus lentes, para mirarlos como si fueran dos niños, más por sus rostros de que no la estaban entendiendo—. ¿Cuánto es diez menos uno, primor? —le preguntó a Kohaku.

—Nueve… —contestó ella, insegura, mirando de reojo a Senku.

—Nueve son los meses en los que tendrás a tu bichito molestándote con esos síntomas, y créeme que no es el COVID. —Le guiñó un ojo, para luego colocarse sus lentes, y la pareja finalmente entendió.

—O sea… —Kohaku enrojeció de golpe—. Que estoy…

—¡¿EMBARAZADA?! —Por supuesto, Senku cayó como peso muerto en el suelo, totalmente desmayado.

.

—¿Ese es mi bebé? —preguntó Kohaku con los ojos muy abiertos, señalando un punto en la pantalla.

Estando con siete semanas de embarazo, Senku y Kohaku volvieron a ir con la Dra. Mironi, ya que ella pareció más emocionada que ellos cuando les dio la noticia e insistió en hacerse cargo de monitorear el crecimiento de su embarazo.

—Así es, Kohaku-chan. —La doctora movió un aparato raro sobre su vientre—. Esa es su cabecita.

—Creo que veo su manito… —murmuró ella, sonriendo con dulzura, con sus ojos brillantes—. ¿También puedes verlo, Senku?

—Todo lo que veo es un frijol deforme —masculló él, con ojos entrecerrados, intentando ver mejor.

—No le digas así. —Lo miró mal—. Dra. Mironi, ¿cuándo podremos saber si es niño o niña? —preguntó emocionada.

—Oh, aún faltan unos meses para poder distinguirlo a través de ultrasonido. ¡Pero puedes probar mi método experimental para saberlo inmediatamente! —Sacó una aguja gigante y extremadamente delgada—. ¡Solo será un ligero e inofensivo piquete para ti y el bebé!

—Eh, ¡no gracias! —Senku se colocó rápidamente delante de Kohaku—. Podemos esperar.

—Ow, es por estas cosas que la ciencia no avanza. —Agitó su cabello despreocupadamente.

—Puedes probar tu método con alguien que no sea mi prometida y mi mocoso. —La miró con fastidio.

—Muy bien, lo haré, ¿quieres los resultados en cuánto lo haga? Podemos hacer otra investigación en conjunto.

—Mmm… Muy bien. —Ciencia era ciencia.

Volvieron a casa y Senku de inmediato empezó a preparar los ingredientes para la cena, mirando con ojo crítico la carne que Kohaku había comprado en la mañana.

—¿Qué haces? —le preguntó incrédula al verlo tomar un pedazo de carne con pinzas y colocarlo bajo uno de sus microscopios.

—Compruebo la calidad, no puedo dejar que comas cualquier cosa. —Observó cuidadosamente la textura y composición del trocito de carne.

—¿No crees que exageras? Lo compré donde siempre.

—Ok, es aceptable, los microbios que contiene se irán cuando lo cocine. —Volvió a la cocina mientras ella rodaba los ojos.

—Bueno, iré a trabajar, te veo a las nueve. —Se colgó su bolso al hombro y le dio un rápido beso.

Como últimamente tenía más sueño de día que de noche, cambió su turno de la mañana a la tarde a de la tarde a la noche, y claro que también fue retirada de trabajar en las calles como policía y se resignó a trabajar como oficinista, ayudando a su equipo a resolver los casos sin ponerse en riesgo. No estaba muy feliz con eso, pero claro que prefería no arriesgarse.

Estaba un poco nerviosa por ser madre, sobre todo porque no se lo esperaba para nada, pero la verdad le gustaba la idea, más ahora que Senku no tenía que viajar tanto.

Sus familias también estaban felices por la noticia, y ya habían adelantado la fecha de la boda, se casarían el próximo mes.

Apenas llegó al trabajo, corrió al baño para orinar, haciendo a sus compañeros suspirar con sonrisas resignadas.

—Nuestra Kohaku-chan embarazada, quién lo diría de su novio flacucho, y yo que creí que terminarían este año —Yo-kun rio maliciosamente, ganándose un zape de parte de Nikki.

—No seas irrespetuoso, la última vez que te escuchó decir algo así lloró durante una hora.

—¡Pero después me dio una paliza, y tú también!

—Te lo merecías.

—Tranquilícense, ahí viene. —Kirisame les hizo una seña de silencio.

Apenas Kohaku se sentó en el escritorio junto a Kirisame, apoyó los codos en la mesa, apoyó el rostro en sus manos y se durmió.

Todos suspiraron resignados.

Estos serían unos largos cuatro meses hasta que aceptará tomar su licencia de maternidad.

Varias horas antes de que Kohaku terminara su turno, Senku fue visitado por su padre y Lillian.

—¡Es el segundo mes, ya es hora de empezar a preparar todo para la llegada de mi nieto o nieta! —Ambos alzaron un montón de bolsas coloridas.

—No van a llenar mi casa de basura otra vez. —Los miró con fastidio.

—¡No es basura, todo niño necesita estar feliz con muchos peluches y juguetes!

—Apenas tiene dos meses de embarazo, el mocoso no podrá jugar con esas cosas hasta que tenga más de un año. —Frotó sus sienes con frustración—. Y no voy a acumular toda esa basura que les quedó de sus propios mocosos en mi casa.

—Oh, vamos, Senku. —Lillian frotó sus hombros cariñosamente—. Algunas cosas son nuevas. ¡Traje varios regalos de Francia e Italia! ¿Dónde será el cuarto del bebé?

—Aún no hemos elegido —contestó de mala gana—. Solo tiene siete semanas de gestación, no hay porque apresurarse.

—¡Pero deben elegir lo antes posible! —le gritaron casi en la cara.

—¡Debemos empezar con las decoraciones!

—¡Y su cuna!

—¡Y un enorme armario para su ropita!

—¡Y un gran cofre y estantes para sus juguetes!

Senku frotó su oído con fastidio.

No se había esperado ser padre tan pronto, pero la noticia no le disgustó y decidió tragarse sus nervios y hacer todo para cuidar de Kohaku y su mocoso, y la verdad es que por el momento lo estaban llevando bastante bien. Incluso aunque hace semanas no lo dejaba tocarla y cuando lo dejaba se dormía a los dos minutos. Aparte de eso, la verdad estaba lidiando bien con esto. Sí, pero lo más molesto era lidiar con su familia y amigos más emocionados que ellos.

Ryusui les regaló otra casa apenas se enteró. ¡Otra casa! Apenas se distrajera, Senku la vendería y usaría el dinero para sus proyectos científicos.

Gen les hizo una mención en su show de televisión, por lo que hasta sus compañeros de la primaria los llamaron para felicitarlos.

Yuzuriha ya estaba hablando de sacar una línea de ropa para bebés y ni que se diga de Taiju, lo gritó por todo Tokio.

Muchos de sus amigos cercanos no podían creerlo y los que ya eran padres empezaron con todo tipo de consejos, y también a intentar darles "regalos", o sea, cosas que ellos ya no utilizaban.

Y ni qué decir de sus familias, ellos fueron los que más enloquecieron, sobre todo la familia de Senku, ya que la verdad es que hasta antes de que empezara a salir con Kohaku siempre pensaron que iba a morirse solo y virgen.

Ya era difícil lidiar con Kohaku embarazada, la abstinencia y los nervios, pero además le era increíblemente molesto que sus amigos y familias estuvieran tan pesados. Kohaku apreciaba sus atenciones, pero a él ya estaban comenzando a fastidiarlo.

Se quedó pensando en eso, con rostro malhumorado, mientras sus padres acomodaban todos sus regalos en una habitación vacía al azar, hasta que ellos notaron su expresión y Lillian se preocupó.

—¿Crees que algo le pasé? ¿Estará muy nervioso? —escuchó a Lillian preguntarle a su esposo.

—Sí, está bien, no te preocupes. —Byakuya palmeó el hombro—. Reconozco ese rostro de frustración, lo que le sucede es que Kohaku-chan lo debe tener en abstinencia. Ya sabes, no tiene su dulce favorito.

Senku sintió su paciencia quebrarse.

—¡Cállate, viejo!

Se fueron luego de una hora más de molestarlo y como otra hora después Kohaku llegó, justo cuando Senku ya tenía servida la cena.

Como siempre, comió a dos manos y luego se fue directo a la ducha y luego directo a la cama a dormir.

Él suspiró profundamente, acostándose a su lado y mirando atentamente su figura bajo las sábanas.

Mierda… aunque detestaba admitirlo, el viejo tenía razón, le habían quitado su dulce favorito.

Se recostó más cerca de ella y llevó una mano a su vientre, palpando con suavidad el casi imperceptible bulto por encima de su camisa de dormir.

—Mocoso travieso… ya estás comenzando a molestar a papá, ¿eh? —Rio suavemente, hasta que sintió la mano de Kohaku posarse repentinamente sobre la suya.

Palideció al verla voltear hacia él con una sonrisa burlona.

—Aw, papá es tan dulce. —Pellizcó su mejilla con burla y voz soñolienta.

Él bufó, sintiendo un leve aumento de temperatura en el rostro.

—No digas esas tonterías ilógicas, leona. Es solo que hay diez billones por ciento de posibilidades de que tu cachorro sea tan problemático e irracional como tú.

Ella le dio un suave codazo que de todos modos le quitó todo el aliento, antes de voltear y abrazarse a su cuello, pasando una pierna por encima de su cintura, haciéndolo tensarse.

—Tu respiración está muy agitada, no me dejas dormir en paz. —Enterró el rostro en su pecho, frunciendo el ceño al sentir su corazón totalmente desbocado en su pecho, y abriendo mucho los ojos cuando sintió una presión en su muslo—. Oh, así que eso te pasa. —Sonrió divertida, pero aun soñolienta.

—¿No tienes ganas, o sí? —preguntó, sintiéndose miserable por tenerla abrazada a él, tan cerca, pero tan lejos (la abstinencia ya lo estaba volviendo dramático).

—Bueno… tal vez uno rápido. —Apenas acabó de hablar, Senku la volteó para dejarla boca arriba, le abrió las piernas y se le tiró encima, quitándole todo el sueño de golpe.

Muy bien, quizás sí podría sobrevivir a este embarazo, después de todo. Tenía siete meses para encontrar más formas de persuadirla.

.

El día de la boda vino y se fue, sus familias y amigos hicieron una gran celebración y una recepción asquerosamente escandalosa, pero gracias a que Kohaku estaba embarazada pudieron usar la excusa de que estaba cansada y se fueron temprano. Por desgracia, la excusa se volvió realidad y la noche de bodas se la pasaron ella durmiendo y Senku frustrado al verla desmayada en la cama con lencería absurdamente sensual y ni un milímetro de ganas de dejarlo tocarla.

No hubo luna de miel, simplemente se tomaron el fin de semana para pasar tiempo juntos, y por fortuna si llegaron a darle uso a la lencería que Kohaku compró.

Ya tenía tres meses de embarazo, pero el vientre no le notaba casi nada en los días posteriores a la boda, fue semanas después que empezó a notarse más, y Kohaku ya estaba muy emocionada queriendo preparar todo para el bebé, quizás por la influencia de sus suegros.

Lo peor vino cuando lograron convencerla que necesitarían una casa más grande para criar a su bebé.

—¡Ja, tu padre tiene un buen punto en esto! Quisiera tener un gran jardín para correr con nuestro bebé cuando crezca más.

—Pues compraremos una casa con jardín cuando crezca más. —No estaba ni un poco interesado en mudarse. Ni siquiera levantó la vista de la mezcla explosiva que estaba preparando.

—Quiero comprarla ahora.

—No.

—¡¿Por qué no?!

—No es el momento.

—Pero yo quiero…

—No.

Kohaku lo miró enfadada, antes de que sus ojos se aguaran de pronto y empezara a llorar a gritos, haciéndolo estremecerse y derramar de más, estallando su escritorio, la pared, llenando la casa de humo y dejándola con un aroma espantoso que hizo a Kohaku correr afuera para vomitar y que no se quitaría en semanas.

Bien… ahora era el momento perfecto para conseguirse una nueva casa.

Vendieron la casa que les regaló Ryusui y compraron una más a su gusto, un poco alejada de la ciudad y con un gran jardín trasero y un considerable jardín delantero, cosa que fue lo que más le gusto a Kohaku.

Sin embargo, luego de cumplido ese capricho, su esposa le salió con un nuevo capricho.

—¡Quiero preparar el cuarto del bebé ahora!

—Ni siquiera sabemos si será niño o niña.

—Será niña, pero igual quiero que tenga una temática más científica, así que da igual. ¡Oh, deberíamos poner estrellas en el techo! ¡Tu padre dijo que tú tenías algo así de pequeño!

—¿Cómo puedes estar tan segura de que será niña?... —preguntó, incrédulo—. Como sea, no deberías escuchar a ese viejo, tenemos cinco meses más para preparar la habitación, no hay porqué apresurarse.

—¡Pero quiero hacerlo ahora!

Como la última vez que ella dijo algo similar estallaron la casa, Senku decidió ceder antes de que algo peor sucediera.

Y, sorprendentemente, decorar el cuarto fue bastante divertido. Kohaku pintó el techo del color de la noche y Senku marcó las constelaciones con pintura mayormente blanca, pero añadiendo pequeños toques de color para las estrellas más brillantes. Dibujó el cielo nocturno con la mayor precisión posible, asegurándose de marcar la constelación de leo y otras cercanas, ignorando las quejas de su mujer.

Para las paredes eligieron patrones más simples, pintaron todo de magenta y como decoración dibujaron los planetas del sistema solar en línea en el centro de la pared, y repitieron el proceso para las cuatro.

Para la puerta, Senku dibujó un león con moño, cosa que fue inmediatamente borrada por Kohaku. Al final decidieron que la dejarían vacía por el momento y luego la decorarían con el nombre elegido para su hijo o hija.

Les tomó varios días, pero ambos acabaron muy satisfechos con el resultado.

—Este mocoso…

—Te digo que será niña.

—Este mocoso o mocosa —se corrigió, sin tomar muy en serio la predicción de su esposa— será muy mimado como sigamos así, y con el viejo como abuelo será peor. Empezaré a leer libros sobre paternidad, debo estar preparado para cuando nazca… ¿Te unirás a mí?

—¡Ja, leer no es lo mío! Además, ya hago suficiente trabajo cargando a nuestra hija. —Acarició su vientre—. Te lo encargaré a ti, Senku, confió en tu juicio para enseñarme lo más importante a medida que pase el tiempo.

—Y yo confiaré en tu instinto de leona y dejaré de quejarme de que estés tan segura de que será una niña. —Rio entre dientes.

—¡Que no me digas así!

—De todos modos, me gusta la idea. —Sonrió, rascando su oído—. Tener dos leonas por aquí será diez billones por ciento emocionante, nadie irrumpirá en esta casa, eso seguro.

—¡Tampoco le digas leona a mi bebé, escoria!

Senku rio, caminando hacia ella para besarla con fuerza, sin poder resistir el impulso al ver su rostro rojo por la ira.

Nunca lo admitiría, pero su leona a veces podía ser ridículamente encantadora, por no decir adorable.

El beso casi escala a algo más, pero Senku tuvo que apartarse al recordar que tenía un importante compromiso con la Dra. Mironi, ya que una vez más estaban trabajando en conjunto, esta vez con un proyecto importante que revolucionaría a la humanidad.

—¿Debes irte ahora? —Kohaku se vio tan decepcionada que él rio divertido, volviendo a besarla brevemente en los labios.

—Volveré para la cena, y si no… te llamaré.

Kohaku asintió, tan comprensiva como siempre lo fue, y simplemente decidió ir a prepararse algo de comer. Tenía hambre.

Espero a Senku con la cena servida, pero… no llegó.

No la llamó y no atendió cuando ella intentó llamarlo, el muy infeliz.

Enfadada, comió sola y dejó su plato bajo en el refrigerador, para luego irse a la cama todavía maldiciendo a su marido desconsiderado.

No esperaba despertar a la mañana siguiente y no verlo allí junto a ella.

Su corazón se aceleró con miedo y de inmediato empezó a buscarlo por toda la casa, marcando a su celular con insistencia.

¿Dónde estaba? ¿Acaso le pasó algo?

No lo pensó dos veces y tomó su auto, conduciendo hasta su laboratorio.

Cuando llegó, le dijeron que él jamás se apareció por allí, y tampoco la Dra. Mironi, que tampoco contestaba a su celular.

Llamó a sus familiares y amigos, preguntándoles si lo habían visto o sabían algo. Nada.

Empezaron a ayudarla a buscar, pero nadie sabía absolutamente nada. Y parecía que la doctora estaba desaparecida también.

Kohaku temió lo peor. Algo definitivamente les había pasado.

La presión en su pecho fue tal que no lo aguantó, y cayó desmayada en casa de los padres de Senku.

Cuando despertó, era su padre el que estaba a su lado, con Byakuya y Lillian detrás de él.

—¿Senku? —Sus ojos se aguaron, y los mayores se miraron con tristeza entre sí.

Su padre la abrazó, con tanta ternura impropia de él que solo logró asustarla más.

—Lo encontramos —confesó Byakuya, pero no se veía feliz—. Resulta que mi amigo el Dr. Xeno también había desaparecido. Senku y la Dra. Mironi se reunieron con él y… bueno, ellos… ahora son… estatuas.

—¿Eh? —De todas las cosas que podría haber dicho, nunca imaginó algo así, hasta las lágrimas se le secaron del shock.

—Parece ser una nueva tecnología que el Dr. Xeno encontró. —Byakuya frotó su nuca con confusión—. Y parece que ellos… están… ¿bien? ¿Vivos? S-son como estatuas normales de piedra, pero les hicieron investigaciones y parecen tener actividad cerebral.

—Lo importante es que está vivo —exclamó Lillian, queriendo mejorar los ánimos—. No te preocupes, Chrome y Suika ya están trabajando en salvarlos. Estoy segura de que lo lograrán.

Kohaku no entendió nada sino hasta que la llevaron a ver las estatuas, y su corazón se agrietó un poco al ver a Senku con una expresión de horror, transformado en un mero trozo de roca.

—En parte estoy ofendido de que no me llamaran también —dijo Chrome con una risa nerviosa—, pero lo agradezco, porque no serviría de nada como estatua.

—Kohaku, te prometo que lo regresaremos a la normalidad. —Suika la abrazó, con lágrimas en los ojos—. Encontraremos la forma… y espero que sea antes de que tu bebé nazca…

Kohaku se mantuvo mirando a la estatua de su marido, posando una mano en su vientre.

—Él está consciente —murmuró Byakuya con firmeza—. Y estoy seguro de que está pensando en lo mucho que quiere volver contigo… antes de que su pequeño hijo nazca…

—Será una niña… —corrigió, sonriendo con suavidad, antes de bajar la mirada, sin borrar la sonrisa—. No te preocupes, Byakuya-san, confió en Chrome y en Suika, también en usted… y sobre todo en Senku. Sé que podrá volver.

Así como él confiaba en ella para cuidar a su bebé durante su ausencia, ella confiaría en él.

Regresaría, y juntos escribirían el nombre de su hija en la puerta de su habitación, un nombre que elegirían juntos.

No tenía ninguna duda.

Estaba segura. Diez billones por ciento segura.

Fin.

Holaaaaaaaaa :D

No pregunten qué es esto, ni yo misma lo sé XD

Pero eso sí, es otro aporte para esta maravillosa Semana SenHaku!

Tema: vida domestica!

Ojala q les haya gustado :3

Me despido!

CELESTE kaomy fueraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!