Después cuatro días y cinco noches encerrado en la vieja casa, decidió acercarse a la playa. Dios, había echado de menos la brisa del mar. Y lloró, mirando al mar lloró todo lo que había perdido desde hacía 5 años. Y cuando se quedó sin lágrimas decidió que un par de copas no le vendrían mal. Aunque la casa de sus abuelos estaba bastante cerca de la zona mágica del condado, Draco no quería arriesgarse a ser reconocido y decidió ir al bar muggle que había cerca de la playa. Después de la cuarta copa empezó a pensar que tenía alucinaciones. Había una muchacha que se parecía demasiado a Granger de espaldas en la barra, charlando animadamente con otra chica rubia que se reía con un gin tonic en la mano. Hacía mucho que Draco no pensaba en ella como la niña a la que había visto en la playa, aunque su recuerdo le hubiera perseguido durante los primeros años en Hogwarts. Ahora sólo podía verla como la amiga de Potter, como la hija de muggles a la que su tía había torturado en su casa y cuyos gritos trepaban por las paredes de su habitación hasta llegar a su cerebro cada noche.
Pero no podía ser ella, seguro estaba alucinando. Granger, al contrario que él, era famosa por algo bueno. Era el centro de atención de todo el mundo mágico británico, la niña bonita de todos. Además, después de graduarse en Hogwarts suponía que empezaría una carrera en el Ministerio, se casaría con Weasley y echaría al mundo un par de pelirrojos. De repente la chica se giró y Draco no sabía si de verdad había bebido demasiado o era Granger quien le miraba con asombro. De hecho, no estuvo completamente seguro de que su mente no le estaba jugando una mala pasada hasta que llegó a su altura a zancadas con cara entre enfado y curiosidad.
—Malfoy, ¿qué coño estás haciendo aquí?
Draco pensó que se le había comido la lengua el gato cuando abrió la boca para contestarle, pero ningún sonido consiguió escapar la barrera de sus dientes. Juró que pasaron horas y ella levantó la ceja con gesto interrogante hasta que, por fin, dijo:
— Bueno, podría preguntarte lo mismo y este es un país libre hasta donde yo llego y puedo hacer lo que quiera.
Si Granger iba a responderle nunca lo supo porque en ese momento la chica rubia que hasta hacía unos instantes compartía barra con Granger se acercó y colocando una mano en el antebrazo de Draco dijo que se llamaba Leanne y que estaba encantada de conocerlo. No era fea, pero Draco era de uno de esos caballeros que no las prefieren rubias y por mucho que ella se riera, jugara con un mechón de su pelo y le tocará el antebrazo como si le fuera la vida en ello, Draco supo que no estaba interesado.
Tuvieron que pasar 20 minutos de conversación insulsa en la que Draco descubrió que Leanne había sido una amiga de la infancia de Granger, que era muggle y que creía que ella había ido a un internado para genios hasta que Draco volvió a estar a solas con Granger.
— Así que colegio para genios?
— Bueno qué esperabas, ¿qué le dijera que era una bruja? ¿Has oído hablar del Estatuto del Secreto? Y hazme un favor, sé amable.
— Estoy siendo amable, Granger.
Ella puso los ojos en blanco antes de seguir hablando
— En serio, Malfoy, ¿qué haces en un bar muggle del sur de Francia?
Draco se planteó contestarle irónicamente de nuevo, pero optó por ser cordial.
—Mis abuelos tienen un chateau a unos cuantos km de aquí, cuando me dieron permiso para salir del país quería escapar y me vine. Solía veranear por aquí antes de empezar Hogwarts.
En ese momento Leanne regresó de la barra con una copa para cada uno: whiskey solo con hielo para él y gin tonics para ellas.
— ¿Así que solías veranear por aquí? Hermione y yo también, nos conocimos en el resort del otro lado de la playa y éramos las mejores amigas hasta que Hermione decidió cambiarme por sus amigos los genios del colegio.
La noche siguió sin sobresaltos, más allá de haberse encontrado con Granger. El trío estuvo charlando y los dos magos consiguieron salvar las preguntas de incómoda respuesta de Leanne bastante bien. Leanne debió captar que Draco no estaba interesado en ella porque sobre las 2 anunció que se iba a casa de un hombre que le doblaba la edad, le dio a Granger las llaves de su piso y le dijo que la vería a la mañana siguiente. Ambos ex compañeros del colegio decidieron dar por terminada la noche y Draco se ofreció a acompañarla al piso de Leanne a lo que Hermione no se negó. Para sorpresa de ambos, la conversación entre los dos era fluida aunque evitaban temas escabrosos. Draco le habló de sus abuelos y sus antepasados franceses y Hermione le contó cómo había hecho amistad con Leanne y cómo había conseguido conservarla. Antes de que se pudieran dar cuenta, llegaron al destino. Hermione abrió la puerta y Draco se desapareció a la casa de sus abuelos.
A la mañana siguiente Draco no podía creer en su suerte. Huyendo de ser reconocido en la zona mágica de la ciudad se había ido a topar con Granger y habían mantenido una conversación animada e incluso amistosa. Se preparó un desayuno y decidió ir a correr un rato por la playa para evitar pensar demasiado en Granger y en las dudas que rodeaban su presencia en ese bar. Sin embargo, la suerte seguía sin estar de su parte y cuando no llevaba ni cinco minutos corriendo vio a Granger leyendo en el centro de la playa, como tantos años antes. Pensó en seguir corriendo y hacer como si no la hubiera visto pero en ese momento Granger alzó la vista y le sonrió así que se acercó.
— Leanne todavía no ha vuelto y estoy algo preocupada, no podía seguir en la casa y leer en la playa siempre me ha relajado
— A mí me desestresa correr.
Ambos se quedaron callados e incómodos. Draco se moría por preguntarle qué hacía que no estaba con Weasley y Potter, pero no sabía cómo hacerlo sin sonar borde, era simple curiosidad. Fue ella la que rompió el silencio
— Oye, perdón si te resulté un poco borde ayer. Me quedé un poco rara al verte en un bar muggle.
Draco se rió y le dijo que tampoco había sido su intención encontrarla en el bar e iba a disculparse si la había hecho sentir incómoda cuando ella le interrumpió
—No me refería a que no deberías estar allí ni nada. Es...raro...solo es eso.
—Sí, un mortífago rodeado de muggles y sin lanzar avadas a diestro y siniestro siempre es extraño.
Draco pretendía bromear, pero ella claramente no lo entendió como tal y empezó a disculparse y a removerse incómoda en su sitio.
— Era una broma, Granger. Supongo que es muy pronto para bromear con eso.
Algo empezó a vibrar y emitir sonidos en el bolso de Hermione y sacó un aparato rectangular con botoncitos, se lo puso en la oreja y empezó a hablar sola. Draco no paró de mirarla con una ceja levantada y supuso que estaba hablando con Leanne porque estaba regañándola por no haber aparecido. De repente dijo su nombre, le miró, se levantó e hizo una señal para que la siguiera. Cuando guardo el cachivache en la bolsa, le explicó que Leanne estaba en casa del hombre con el que había dejado el bar la noche anterior y que iba a buscarla.
Si alguien les preguntara por qué no habían separado sus caminos ninguno de los dos podría haber contestado una respuesta digna. Cogieron un taxi hasta la dirección del hombre y una vez recogieron a Leanne se fueron a desayunar los tres juntos. Hablaron de esto y de aquello y compartieron risas y algunos momentos no muy inculpadores sobre el lugar donde Draco y Hermione habían estudiado. Draco se sorprendió al descubrir que Hermione creía que había sido un Casanova en el colegio, cosa que él negó categóricamente porque era mentira: solo había salido con Pansy y lo dejaron cuando él había empezado a preocuparse más por matar a Dumbledore que por estar con ella. Hermione no supo dónde meterse cuando Draco confesó que la pillo en una situación comprometida con Krum después del baile de Navidad y que le sorprendió que no hubiera ido con Potter o Weasley.
Leanne era una participante más bien pasiva en la conversación, los miraba como si viera un partido de tenis. Hermione siempre le había hablado de Harry y Ron y Ginny que eran los amigos que había hecho en el colegio. Sabía que a Hermione le había gustado su amigo Ron desde siempre pero nunca le contó que había estado con alguien más en el colegio. Tampoco le había hablado nunca de Draco, ni siquiera mal como sugirió el rubio en un momento de la conversación.
Draco se moría por preguntarle sobre su relación con Weasley y por qué no le había acompañado de vacaciones. Gracias a Merlín fue Leanne la que sacó el tema preguntándole a Granger que donde estaba su novio y cuando se lo iba a presentar. Ella respondió con evasivas, pero eso no frenó a su amiga que se dirigió a Draco y le dijo que si él le conocía y que cómo era. Draco intentó ser amable y dijo que nunca había tenido mucha relación con el pelirrojo pero que se le veía muy enamorado de Hermione y todo el colegio sabía que acabarían juntos, aunque él siempre había pensado que Hermione se merecía algo más que el pobretón.
Hermione se mordió la lengua para no remarcar que hasta hace no mucho no la consideraba más que un bicho al que había que aniquilar y en su lugar le lanzó una mirada reprobatoria y cambió de tema. A Draco esto le fastidió de sobremanera porque seguía sin saber por qué ella había ido sola de vacaciones.
Una vez pagaron cada cual se fue a su casa y aunque Leanne invitó a Draco a cenar en su casa, Draco declinó la oferta, bastante extraño estaba siendo todo como para encima pasar más tiempo con Granger. Hacía mucho que no pensaba tanto en ella de una forma agradable y se sorprendió queriendo pasar más tiempo con ella. Aunque desterró la posibilidad de ir a buscarla ya que suponía que ella no quería saber nada más de él y que bastante civilizados habían sido hasta ahora. Lo peor es que no le culpaba por ello.
Pasaron dos días hasta que se vieron de nuevo. Draco decidió ir al bar donde la había visto por primera vez e incluso logró convencerse de que no iba para verla, sino por tomar una copa. Pero cuando entró y no vio ni rastro de Hermione ni de su amiga se dio cuenta de que no le merecía la pena estar en el bar. Se tomó una copa y decidió marcharse. Empezó a andar y llegó al resort del pueblo y vio que había una fiesta de Karaoke. Leanne estaba en la puerta, fumando un cigarrillo y hablando con dos muchachos cuando vio a Draco, le saludó y le invito a unirse a la fiesta. Draco no pudo decir que no porque Leanne no se lo permitió. Cuando entró en el resort Hermione estaba apoyada en la barra, claramente borracha. Draco nunca la había visto así y tenía que reconocer que estaba muy graciosa trastabillándose en las palabras que decía. Cuando él también estaba bastante borracho se pusieron a bailar en la pista. Hermione le picaba diciendo que no sabía bailar música muggle a lo que Draco respondía que nunca le había hecho falta aprender y la invitó a enseñarle si tan bien se le daba a ella.
Si Hermione hubiera ido menos borracha habría rechazado la oferta. Si a Draco le hubieran dicho que ella la iba a aceptar habría salido corriendo. Pero ahí estaban, bailando. Hermione le agarraba de los brazos y le enseñaba unos pasos de baile que a ella tampoco se le daban muy bien. Los dos empezaron a reírse a carcajadas cuando Draco se chocó con una pareja de ancianos que bailaban agarrados detrás de ellos y la mujer les echó una mirada inculpadora. Eran pasadas las doce cuando decidieron ir a dar un paseo por la playa ya que el ambiente en el resort estaba muy cargado.
Hermione se quitó los zapatos para sentir la arena y empezó a andar medio bailando por la orilla. Él la observaba a lo lejos con las manos en los bolsillos y riéndose como si no hiciera menos de dos años hubieran estado luchando en bandos opuestos de una guerra que les había robado la juventud.
— ¿Sabes, Malfoy? -— dijo Hermione mientras dejaba los zapatos en la arena - llevo unos días pensando…
—Eso es nuevo — dijo él, levantando el lado derecho de su boca formando una mueca.
— ja, ja… muy gracioso. — Hermione se sentó en la arena, aunque más bien podría decirse que hizo una tregua con la gravedad y decidió dejarse caer antes de que ésta la tirará — No, en serio… cuando era pequeña, me acuerdo de un niño algo raro, que me dijo que yo era mágica… ¿eras tú verdad?
Draco se revolvió incómodo y de repente estaba muy interesado en las formas que sus pies hacían sobre la arena, no contestó, pero tampoco hizo falta porque la Hermione borracha parecía hablar incluso más que la Hermione sobria a pesar de que Draco creyera que aquello era imposible.
— Sí, estoy segura de que eras tú. Es curioso, pero hasta que no dijiste el otro día que veraneabas aquí ni siquiera me había vuelto a acordar de ese momento y mira que fue la primera vez que alguien me dijo que era mágica, ¿eso debería ser algo importante en la vida de una bruja nacida de muggles, no? Debería ser algo que tendría que recordar y sin embargo puf no me acordaba.
Draco se atrevió a levantar la mirada de sus pies. Ella le estaba mirando con los ojos muy abiertos y en la boca se le formaba la típica sonrisa que había visto dirigida miles de veces a San Potter o a la Comadreja. Pero nunca a él.
— ¿Sabes que me quedé sin vacaciones el resto del verano por tu culpa? — Hermione le miró indignada, abriendo mucho la boca y llevándose las manos al pecho — Sí, sí, no me mires así. Llegué empapado a casa de mis abuelos y me acuerdo de que mi abuela me castigó copiando un tomo de la biblioteca sobre por qué uno no debe hablar con muggles y otro sobre por qué se les debe obediencia a tus mayores.
— ¿Por eso me tenías tanta manía en Hogwarts? ¿Porque te habían castigado por mi culpa?
— Claro Granger no era porque fueras una insufrible sabelotodo y me superaras en todas las clases y fueras la mejor amiga del tío que me dejó en ridículo delante de mis amigos incluso antes de llegar al colegio.
— Harry no te dejó en ridículo, en ridículo te dejaste tú solito y… me habrías superado en alguna asignatura si te hubieras dignado a pasarte por la biblioteca alguna vez para estudiar y no solo para pasear un rato a Pansy y enrollaros en la sección de adivinación que nadie consulta nunca.
Draco no supo sí era el alcohol, el calor o que la luna llena le estaba afectando demasiado, pero percibía ¿celos? en el tono en el que Hermione habló de Pansy y eso le hizo sentir una oleada de calor en el pecho que no supo identificar.
— ¿Y tú cómo sabes en qué sección nos enrollábamos Pansy y yo sí nadie la consultaba?
Draco la miró alzando una ceja. Y aunque el lado racional de su cerebro le decía que el nerviosismo que se hacía notar en el rostro de la muchacha era producto del alcohol, otra parte de su mente (quizá la que estaba más embriagada) le señalaba que había algo más.
— Bueno — se recogió uno de los mechones detrás de la oreja y volvió a mirarle con esa expresión petulante que ponía en todas las clases cuando tenía muy clara la respuesta a la pregunta de un profesor — no erais los únicos que ibais allí, ¿sabes? Era el sitio en el que se enrollaba medio colegio, osea que no es que me fijara en donde ibais, sino que, bueno, todo el mundo iba allí y yo...
— ¿Tú también ibas allí, Granger?
Sabía que no eran amigos, que nunca lo habían sido y que con el historial que compartían lo más probable es que nunca lo fueran. También sabía que si no fuera borracho jamás le habría hecho una pregunta así de atrevida por si volvía a regalarle una hostia en la cara como aquella que todavía le dolía, pero las palabras salieron de su boca antes de que su parte racional pudiera frenarlas y, además, bajo la luz de la luna podía ver cómo las mejillas de Hermione se iban poniendo cada vez más rojas y era un fenómeno que le atraía profundamente.
Cuando Hermione levantó el brazo de la arena, Draco sabía que aquel puñetazo de tercer curso iba a repetirse y sin embargo la joven le sorprendió gratamente porque en vez de dirigir el puño a su cara lo dirigió a su brazo, haciendo que Draco se cayera totalmente sobre la arena. Se levantó lo más rápido que pudo y salió corriendo detrás de la chica que había aprovechado para levantarse y salir corriendo mientras se reía a carcajadas. Cuando Draco la alcanzó, la cogió por la cintura y la levantó del suelo e ignorando las súplicas que le hacía entre varias carcajadas llegó con ella hasta la orilla y la dejó caer sobre el agua.
Hermione salió a la superficie y seguía riéndose, aunque aquello no le hubiera hecho ni pizca de gracia hace dos años, ni dos meses y ni siquiera dos días y empapada salió corriendo tras Draco a cobrarse su revancha. Unas carreras por la arena después consiguieron que el joven mago acabara igual de mojado que ella. Algo que celebró bailando y cantando delante de él hasta que a los dos les dolió el estómago de tanto reír. Entonces, comenzó una absurda guerra de arena que acabó cuando, tras forcejear con un puñado de arena, Hermione cayó con la espalda en la tierra, arrastrando a Draco con ella.
Se hizo un silencio sepulcral, que hacía que las risas de antes resonaran en sus cerebros. Draco tensó la mandíbula al darse cuenta de la posición en la que habían terminado e intentó con todas su fuerzas no caer en la cuenta de que la joven estaba literalmente atrapada entre sus brazos. Hermione empezó a temblar casi imperceptiblemente. Pudo oír como tragaba saliva.
— Vaya, se ha levantado un poco de aire — Hermione intentó incorporarse y Draco se apartó de ella y se puso de pie. Sacudiéndose la arena que tenía por todo el cuerpo. — Será mejor que nos sequemos o cogeremos una pulmonía. ¿Tienes tu varita? No suelo llevar la mía cuando salgo con Leanne.
— No, — dijo mientras negaba al tiempo con su cabeza. — la casa de mis abuelos no queda muy lejos, si quieres estoy seguro de que podríamos aparecernos sin varita.
Hermione se abrazó mientras continuaba con un ligero tembleque hasta que al final asintió. Draco le pasó un brazo por la cintura que hizo que ella se estremeciera. Será el frío pensó, o que le da asco que le toque un ex mortífago. Draco intentó desterrar su diálogo interno y se concentró en visualizar el punto de aparición del camino que daba a casa de sus abuelos.
