Contenido: Oneshot, romance, fluff, universo altenativo de piratas y sirenas. Este fanfic pertenece a la mini serie dedicada al BajiFuyu week 2022.
Pareja: BajiFuyu (Baji Keisuke x Matsuno Chifuyu)
Disclaimer:
Hikari: Jajaja no vuelvo a decir que se trata de un fic corto porque el próximo siempre puede salir aún más pequeño xD. Ya vamos en el quinto día y la semana está terminándose, espero que estén disfrutando las lecutras. Ni Tokyo Revengers ni sus personajes me pertenecen, todo es auditoría de Ken Wakui, por lo que este fanfic fue escrito únicamente por ocio y no tiene fines lucrativos. Notas al final.
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#BajiFuyuWeek2022, 5 – Pirates AU / Kisses (Piratas AU / Besos)
Takemicchi tragó con dificultad, sin atreverse a levantar la mirada y encarar a quien llevaba ya varios minutos caminando frente a él. Sus botas, negras y pesadas, que hacían sonar fuertemente la madera debajo de ellas, eran suficientes para provocarle terribles hormigueos en toda su espina dorsal.
Su mejilla aun palpitaba con fuerza, como algún tipo de amenaza de lo que se podría replicar en su otra mejilla (o en cualquier otro lado de su cuerpo) si se atrevía a encarar a su contrincante.
-¡Baji-san! ¡Ya fue suficiente! Takemicchi no quiso…- alcanzó a escuchar la voz de su mejor amigo a un lado, provocándole cierto confort a su asustado corazón.
Aunque dicha sensación no fue demasiado duradera.
El estruendo que hicieron ambas manos al chocar contra la mesa de madera, hizo que el pobre Takemichi solo se encogiera aún más en su propio lugar, mordiéndose la lengua para evitar gritar. Su tez palideció cuando el rostro de Baji, aquel del que estaba huyendo desde hace rato, se le acercó amenazadoramente frente a sus ojos.
-Una palabra de esto, Hanagaki Takemicchi, y lo único que podrás esperar será caminar en la plancha.- su voz sonó más gruesa de lo acostumbrado. El terror en los ojos oscuros del menor salió a flote cuando notó cómo la hoja afilada de la espada del capitán se acercaba peligrosamente a su cuello.
Tragó con dificultad, no queriéndose mover ni un solo centímetro para evitar ser degollado.
-¡Baji-san!- la mano de su compañero lo jaló desde el hombro, dándole un pequeño apoyo para que se despegara del peligroso filo.- ¡En verdad, no fue tan grave! ¡Takemicchi y yo solo tuvimos un accidente!- queriéndole agradecer de corazón, se atrevió a darle una mirada fortuita, era extraño ver que Chifuyu también podía parecer disgustado, especialmente hacia la persona que más admiraba en todo el barco, por no decir, en el mundo entero.- No es necesario amenazarlo de esa manera. Él sabrá guardar el secreto.- Le sonrió con confianza, aliviándolo. En cambio, Baji parecía más frustrado por aquellas palabras.
Desesperado, pasó su mano por su larga y oscura melena, como si quisiera contener sus impulsos para tratar de convencer a Chifuyu que confiar tan ciegamente en el tercero era mala idea. Sin embargo, el chico ayudó a su compañero a levantarse de la silla de madera en donde se encontraba, para llevárselo entre algunas disculpas, fuera de la habitación.
Todo sin volverle a dirigir alguna palabra más a su capitán.
-Mierda. Estúpido Hanagaki.
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Tranquilidad.
Era el adjetivo perfecto para describir aquella noche que se apreciaba desde la soledad de un único barco a mitad del océano. Las corrientes tranquilas apenas hacían ruido al chocar contra el barco que se mecía tan lentamente que el paisaje no parecía jamás cambiar.
El cielo, completamente oscuro, era decorado por lo que parecían ser cientos, no, miles de estrellas que se reflejaban completamente sobre el agua, dando la sensación de estar navegando sobre ellas mismas, abriéndose paso ante su armonioso camino.
Para Chifuyu, era increíble que un día tan agitado como el que había tenido, ahora culminaba con una hermosa y silenciosa noche.
Dejó escapar un sonoro suspiro mientras estiraba y desentumía su cuerpo. Se encontraba sobre cubierta, disfrutando la hermosa vista desde la punta de la proa. Dejó recargar sus brazos doblados sobre el barandal de madera, percibiendo tan solamente una pequeña brisa con sabor salada sobre su piel.
El sonido de unos pasos a sus espaldas fue el primer ruido que distrajo su adormecida mente.
-Sabía que estarías aquí.- saludó, a voz baja Keisuke, cuando se colocó a un lado del rubio, quien le sonrió cálidamente ante su inesperada aparición.- Hoy no es tu turno de guardia.
-No. Pero adoro las noches tan calmadas como éstas.- en cualquier otro momento del día, hubiese erguido completamente su espalda y saludado con una voz fuerte y clara, justo como todos los demás tripulantes de aquella navegación solían hacer cuando saludaban al capitán, sin embargo, hasta él mismo se dio el permiso de aligerar aquella conducta cuando se sabía en privacidad con el otro.- Baji-san, fuiste realmente duro con Takemicchi hoy por la tarde.
Baji frunció las cejas apenas recordó el tema. Dio espaldas al mar, dejando recargar su cuerpo sobre el barco pero manteniendo su vista a dirección contraria por donde veía Chifuyu.
-Él fue el culpable. Es un verdadero idiota.- fue su excusa, aunque Chifuyu parecía aun querer defender a su amigo.
-Fue un accidente, Baji-san. Él se encontraba limpiando la cubierta, como tú se lo ordenaste, cuando Peke J apareció de la nada. Se sorprendió así que, sin querer, hizo volar el balde de agua que tenía a su lado y terminé empapándome después de eso.- estiró las mangas de su propia gabardina, que solía traer remangada, para cubrir sus antebrazos, como si quisiera ocultar de manera extraña parte de su piel.- Nadie más me vio después de eso, es más, él fue quien me ayudó a ocultarme de todos.
Baji no supo qué contestar ante la misma historia que ya había escuchado esa misma tarde, aun así, su gesto demostró no estar completamente convencido de ella. Por supuesto, sabía perfectamente que Chifuyu no estaba mintiendo (no se atrevería), pero la molestia surgía dentro de su estómago al pensar en el descuido de Takemichi y en todos los problemas que pudo haber desenlazado por tan estúpido accidente.
De haber sido cualquier otra persona, la reprimenda se hubiese limitado a un par de gritos y regaños, pero no. Justo el balde había impactado con Chifuyu.
Matsuno Chifuyu. El vice capitán del barco que lideraba la primera división de la flota de piratas más grande conocida de ese lado del océano, la poderosa ToMan.
Si, Chifuyu, ese chico que parecía ser tan solo un joven normal y que se la pasaba repitiendo insaciablemente su nombre detrás suyo, como si fuese algún tipo de cachorrito en busca de atención. Un chico fuerte, valiente y que, ante los ojos de toda la tripulación, solo era un ser humano común y corriente.
Pero Baji sabía perfectamente que no era así.
De serlo, Chifuyu no tendría problemas cuando tocaba el agua. De ser un humano normal sus escamas y branquias no saldrían a la luz cuando una sola gota de agua impactaba su piel.
Chifuyu tenía la apariencia de un humano, cuando en realidad mantenía oculta, la mayor parte del tiempo, su verdadera naturaleza. Tenía que mantener bajo estricto silencio el hecho de ser, en realidad, parte del clan de las sirenas, si es que quería permanecer a su lado como si se tratara de un pirata más.
Él era el único que lo sabía. Recordaba con claridad el día en que, luego de un desafortunado naufragio, Baji terminó descubriendo el lugar donde aquellos seres extraños habitaban.
La mayoría de esos seres trataron de matarlo, asustados por la amenaza que significaba el que un humano los descubriera, pero Chifuyu había sido el único en tenderle una mano para ayudarlo. De no haber sido por él, seguramente habría terminado en el fondo del océano o siendo devorado por las sirenas. Pero no, ambos construyeron una balsa y lo encaminó a llegar al puerto humano más cercano.
Se conocieron. Se encontraron. Se enamoraron.
Y, fugándose lejos de los suyos, Chifuyu juró que dedicaría su vida entera a estar a su lado, aun si existía el peligro latente de ser descubierto por otros humanos. Baji, al principio renuente, trató de alejarlo, pero luego de suplicas y ruegos, terminó cayendo por su nuevo amor. Juró desde el fondo de su corazón que lo protegería a él y a su eterno secreto.
Era una historia que solo los involucraba a los dos. Un amorío que ni siquiera a sus mejores amigos, los capitanes de los demás barcos, conocían. Era especial, algo íntimo, algo privado.
O al menos eso era hasta que Hanagaki Takemichi interfirió en su rosa y cursi historia de amor.
Aun no terminaba de comprender las razones por las que Mikey, el supremo capitán y comandante de la ToMan, lo había dejado a su cuidado (a su parecer, la segunda división era una mejor opción para Takemichi), pero tuvo que aceptar a regañadientes luego de que, de manera casi automática, formara una tan buena relación de amistad con Chifuyu.
-Mierda. Esto no puede estar pasando…- a pesar de haber hablado más para sí mismo, el murmuro terminó siendo oído también por Chifuyu, quien incómodo, veía la manera en que Baji cubría su rostro con ambas manos y soltaba algo parecido a un gruñido lleno de frustración.
Más o menos comprendía las razones por las que Baji se encontraba tan enfadado.
-En realidad, creo que podría ser más culpa mía, en todo caso…- apenado, Chifuyu dirigía sus ojos claros hacia el mar que se encontraba enfrente.- Bajé demasiado la guardia. Por lo general, no hubiese permitido que mi piel pudiera mojarse a plena luz del día, pero…- se mordió con resignación su labio inferior, como si no pudiese encontrar las palabras indicadas para expresar su pesar.- Lamento mucho haber sido tan descuidado, Baji-san.- cerró los ojos con fuerza e inclinó su cabeza a modo de disculpa
-Mierda, si lo dices de esa manera, parezco yo también el culpable.- Chifuyu reincorporó su cuerpo para ver como Baji volteaba su cabeza para verlo directamente.- Fui yo el que te dejó subir a la tripulación, después de todo… Estarías infinitamente más seguro en el lago de las sirenas.
-¡Eso no es cierto, Baji-san!- levantó sus manos y dio un gran paso, acortando demasiado la distancia entre ambos.- ¡Fui yo el que te rogó para que me admitieras en la primera división!
El pelinegro sonrió con calma, logrando que el más bajo solo respondiera con un sonrojo sobre sus mejillas. Es más, tuvo la leve sensación de que hasta sus orejas se habían calentado brevemente al ver aquella expresión en el rostro del ajeno.
-Si seguimos así, jamás terminaremos. Supongo que será culpa de ambos entonces.- Chifuyu sonrió tímidamente ante aquellas palabras.- Aun así, creo que debimos haber hecho algo más respecto a Hanagaki. No me creo que pueda guardar el secreto tan fácilmente.
Chifuyu recordó con cierto arrepentimiento la sorpresa y al mismo tiempo, la angustia, que se plasmaron en el rostro de su compañero cuando fue testigo de cómo sus escamas se dejaban ver luego de haber sido empapado, pero también, la manera en cómo no perdió el tiempo para encubrirlo y acompañarlo a los camerinos, fingiendo que todo estaba bien, cuando los demás tripulantes se acercaron para verificar que todo estaba en orden.
Definitivamente, Takemicchi era un gran amigo y compañero.
-No dirá nada, Baji-san.- trataba de volver a convencerlo.- Puedes estar seguro de ello.
Baji lo miró estrictamente durante algunos segundos, como si estuviera buscando la fuente de aquella incondicional confianza, pero al no comprenderlo, solo terminó rindiéndose dando otro fuerte suspiro.
-Un pirata que aún se marea mientras estamos en mar abierto no es alguien que me infunda completa confianza.- se quejó Baji. Chifuyu solo soltó una risita al escuchar aquello que no podía refutar.- Pero supongo que confiaré en tu confianza hacia él. Así que por esta ocasión lo dejaré pasar.- hizo un gracioso puchero y desvió la mirada, tratando de no evidenciar su vergüenza que también comenzaba a colorear de un tenue rojo su rostro.
Ambos pasaron los siguientes minutos en silencio, y aunque no estaban intercambiando ningún tipo de conversación, ninguno pareció incomodo por ello, de hecho, ambos sonreían apacibles, posando sus miradas hacia el extenso y silencioso océano.
Sin embargo, el momento fue interrumpido cuando el curioso sonido de unas ágiles patitas se les acercó por detrás. Sabiendo de quien se trataba, ambos sonrieron cuando un pequeño felino de pelaje tan negro como esa misma noche, se restregaba con elegancia en una de las piernas de Chifuyu, en busca de algunas caricias.
-¿Qué haces despierto tan noche?- preguntó con dulzura mientras lo tomaba entre sus brazos, dejándolo a la altura de su cara. El gatito solo maulló, como si en verdad le estuviese respondiendo.- Gracias a estos paseos nocturnos es que tomas tantas siestas durante el día.- divertido, el rubio lo colocó entre sus brazos, pero nuevamente acercó su mejilla hacia el gatito cuando este parecía tan concentrado en querer lamerlo.
Keisuke casi suelta una risita también cuando Chifuyu carcajeaba ante la curiosa sensación de la lengua de Peke J sobre su piel, dejando a la vista algunas de sus escamas.
-¿Que te sucede? ¿Acaso tengo el mismo sabor que el pescado?- preguntó curioso, pegando su nariz también con la del gatito.
La escena duró bastante. Creyendo que tal vez ya habían pasado demasiado tiempo afuera, Baji pretendía ofrecer que los tres regresaran adentro. Abrió su boca pero de ella no salió ninguna palabra ni silaba ya que, sobre su propia nariz, una fría gotita había caído, interrumpiendo hasta el tren de sus pensamientos.
Una similar también cayó en la nuca de Chifuyu, haciéndolo levantar la vista hacia el cielo.
Hasta hace un par de momentos el cielo era un manto negro de estrellas, ¿en que momento es que aquella enorme nube grisácea los había cubierto por completo? Fue tan sorpresivo y silencioso que ni Baji ni Chifuyu parecieron haberse dado cuenta alguna.
-El clima es tan cambiante en mar abierto…- dijo ante la mirada llena de cuestionamientos del rubio. Las pequeñas gotas comenzaron a apilarse con fuerza y la llovizna no tardó en convertirse en un verdadero diluvio en cuestión de segundos.
-¡Ah, mierda!- expresó al notar cómo su piel comenzaba a cambiar, aun sobre sus ropas. Tomó con fuerza a Peke J entre sus brazos, tratando de protegerlo de la lluvia, pero por esa razón, era incapaz de cubrirse a sí mismo de terminar empapado.
-¡Baji-san!- gritó una tercera voz, sorprendiéndolos completamente. Un tripulante, les gritaba desde la escotilla más cercana.- ¡Es una tormenta repentina! ¡Permítanos encargarnos de esto, ustedes pueden ir bajo cubierta a refugiarse!- mientras hablaba, el joven salía a estribor y, detrás de él, parecían venir varios compañeros más.
No queriendo caer en pánico, Chifuyu trataba de ocultar su cuerpo detrás de la ancha espalda de Baji, pero sabía que, de acercárseles lo suficiente seguramente el resto de sus compañeros se percataría de la extrañeza de su piel.
-No es posible…- su voz comenzó a temblar, pero no por el frio del agua, sino por el terror que amenazaba por apoderarse de él.
Creyendo que los demás no tardarían en descubrirlo, su corazón dio un brinco cuando sintió una pesada y húmeda tela sobre su cabeza, cubriéndolo así a él y al felino que cargaba. Notó de inmediato que se trataba de la gabardina azul marino que solía vestir su capitán.
-Cúbrete bien y espérame adentro.- ordenó en voz baja pero clara, Baji, sin despegar su mirada de quienes se estaban acercando.- Ve por la escotilla cerca de la popa, seguro que habrá menos gente por ahí.- asintiendo tímidamente, Chifuyu no tardó en comenzar a caminar, sin embargo, detuvo su paso cuando sintió como Keisuke jalaba levemente de su propia gabardina. Creyendo que le daría otro tipo de advertencia, giró hacia atrás, no esperando lo que sucedería después.
Aunque no faltaban más que unos cuantos metros hasta que se vieran alcanzados por los demás tripulantes, Baji se atrevió a acercarse a Chifuyu, confiado en que la vista borrosa debido a la lluvia y la tenue neblina los encubrirían, juntó sus labios con los del rubio. Fue un beso corto y pequeño. Ni siquiera sus lenguas se encentraron en tan efímero encuentro.
Aun así, Chifuyu reconoció la sensación de los labios de Keisuke sobre los suyos. Eran un poco más gruesos y grandes, además de que desprendían un leve sabor a sal, tal vez gracias a la común brisa marina que siempre le pegaba en el rostro. A pesar de no sentirse satisfecho con tan corto contacto, no tuvo otra opción más que aceptar que aquello había sido solamente una breve despedida antes de darse nuevamente la vuelta y salir corriendo hacia su ruta de escape.
Ocultó su rostro debajo de la mojada prenda de vestir, sintiendo como su corazón latía con rapidez dentro de su pecho.
Peke J se removió entre sus brazos, pero aun así no se detuvo.
Chifuyu fantaseó un poco, imaginando en lo que podría ocurrir si Baji se pudiera desocupar poco antes del amanecer. Cuando la lluvia cesara y lo encontrara a él en la soledad de su propio camerino.
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Hikari: Es gracioso que este fanfic haya sido escrito después de un maratón de las primeras tres películas de los Piratas del caribe. En realidad no soy fan de esta clase de temáticas, pero quedé tan anclada que aproveché tener este tema para sacar mi inspiración repentina. Aun así, más que Piratas del caribe, siento que ha quedado como un relato feliz y romántico al estilo Peter pan o La sirenita. En fin, gracias por leer hasta aquí y espero que mañana nos volvamos a encontrar. ¡Bye bye-perowna!
