N/T Nada me pertenece. Hoy os presento la traducción-adaptación de 'Made of Sterner Stuff', el quinto y último relato de la serie 'Spinner's End' de la maravillosa escritora en lengua inglesa Sheankelor. Si os animáis a leerla en su idioma original, encontraréis más de doscientos relatos suyos en FFN y AO3.

La serie consta de cinco relatos, los cuatro primeros ya publicados. Podéis encontrar el primero 'Reglas de la Mesa', el segundo 'Un Lugar', el tercero 'El Portador de Malas Noticias' y el cuarto 'Una Vez Director…' traducidos en mi página. Espero que los disfrutéis.

N/A Este relato abarca la Línea de la Historia del Universo Spinner's End.

. . . . . . . . .

Confiando en Piedras Arrojadas

Eric no sabía qué le sacó de su sueño. Todo lo que sabía era que tenía que llegar a la habitación de Gretchen y Marie. Normalmente cuando se sentía así una de sus hermanas estaba teniendo una pesadilla. Cogiendo su bata, se dirigió al otro lado del pasillo, colándose silenciosamente en la habitación de las niñas. No quería despertar a sus padres. Fue sólo porque estaba escuchando atentamente que oyó a alguien subiendo la escalera.

Deslizándose en silencio a través de la habitación, despertó a las niñas y les puso las batas y zapatillas. Acababa de abrir la ventana y estaba a punto de ayudarles a salir cuando se abrió la puerta. Girándose, encaró al hombre enmascarado, sus peores temores confirmados. Había oído a Mamá y Papá hablando de esos hombres malos, los Mortífagos. Se interpuso entre sus hermanas y el intruso de túnica oscura.

Severus cerró la puerta calladamente tras de sí. Sonrió burlón tras su máscara cuando se fijó en la escena ante él. El chico era listo, no había esperado a averiguar quién era. Simplemente estaba saliendo de allí. Severus deseaba que más niños comprendieran el peligro. Sacando velozmente dos guijarros, se los mostró al guardián de las niñas, antes de hablarle en un callado siseo. "Éstos las llevarán a salvo. Si me dejas dárselos, prometo que tus hermanas estarán muy lejos de los otros."

Ojos castaños se encontraron con negros mientras se estudiaban el uno al otro. Severus intentó mostrarle al niño que podía confiar en él, y asumió que lo logró ya que el muchacho se apartó a un lado.

Eric miró profundamente a los ojos negros, lo único que podía ver del hombre aparte de sus manos. Algo en ellos le dijo que el intruso estaba diciendo la verdad. Era la mejor oportunidad para sus hermanas. Sabía que tenía que haber otros Mortífagos fuera. Apartándose a un lado, observó atentamente, esperando ser capaz de decir si el hombre había mentido.

Las niñas miraron a su hermano antes de dejar acercarse a Severus. Moviéndose lo menos amenazadoramente posible, él metió un guijarro en las manitas confiadas y vocalizó por lo bajo la frase de activación. "Promesa."

Mientras se giraba para enviar al chico por su camino, oyó pasos bajando el pasillo. Su varita estuvo en su mano antes de que Avery atravesara la puerta. Severus miró al niño a los ojos, esperando que el muchacho comprendiera. Lanzando un maleficio de escozor al chico, miró hacia Avery. "Éste es mío. Id a ver si hay algún otro."

"Es el último. Diviértete." Avery se apoyó en la pared para mirar.

Eric hizo una mueca cuando el maleficio lo alcanzó, pero captó las palabras del otro intruso enmascarado. 'Mamá y Papá… se han ido.' Volvió a mirar al que había ayudado a sus hermanas. Sabía que con el otro observando no había esperanza para él. Reuniendo todo el coraje que pudo rastrear en su cuerpo de casi ocho años, decidió ayudar al hombre que estaba salvando a los que podía. Aceptaría su muerte como necesaria para dejar al hombre salvar a algún otro. Poniendo su cara más valerosa, resolvió morir bien.

Severus entrecerró los ojos mientras se fijaba en la postura del hombre mayor. Moviéndose sólo ligeramente de modo que Avery viera lo que Severus quería que viera, conjuró hacia un escritorio cercano. "Reducto." El escritorio se destrozó, los pedazos cayendo sobre el chico mientras rebotaban en un escudo que tenía alrededor de sí mismo. Avery también fue alcanzado por algunos. Mientras Avery estaba distraído bloqueando los escombros, Severus arrojó un guijarro al muchacho. Esperaba que lo cogiera.

Eric casi frunció el ceño cuando el hombre de ojos negros cambió de postura, y finalmente se deslizó en su rostro cuando el escritorio se convirtió en el objetivo del hechizo. Había estado seguro de que iba a alcanzarlo a él. Entonces notó el guijarro en medio de las astillas que

estaban volando hacia él. Moviéndose rápido lo agarró, esperando que le hiciera desaparecer como los otros habían hecho con sus hermanas. Apenas contuvo su decepción cuando sintió las astillas acuchillándole la cara y las manos. 'Por supuesto que no podía ser tan fácil.'

Los ojos negros se fijaron en los suyos una vez más, y en sus profundidades Eric vio la disculpa. Asintió sólo un poco, mostrando que la aceptaba. El hombre lo había intentado, pero el hechizo no funcionó.

Severus vio la resignación en la expresión del niño. "Diffindo." El hechizo rajó la capa superficial de piel del brazo del chico, lacerándola. Oyó a Avery metiendo a Nott en la habitación. Mientras la espalda del hombre estaba vuelta, Severus susurró la palabra de activación del traslador de seguridad hacia el muchacho, deseando que la comprendiera y la dijera.

Eric hizo una mueca cuando el hechizo rajó su bata y camisa de dormir, despellejándole el hombro. Parpadeando a través del dolor, se negó a gritar. El hombre no necesitaba oír eso. Aferró los ojos a los negros, esperando que comprendiera, que hiciera esto lo menos doloroso posible. Perdido en sus pensamientos casi pasó por alto la palabra susurrada. '¿Por qué dijo eso? ¿Qué significa?' Buscó los ojos del hombre, tratando de encontrar el significado. Todo lo que pudo ver fue frío enmascarando la demanda de comprensión.

Severus vio la confusión nublar los ojos castaños. Había esperado que este luchador comprendiera. No quería matarlo mientras los otros dos miraban.

Eric aferró el guijarro con fuerza mientras miraba por lo que pareció ser para siempre a esos ojos, antes de mover la mirada a los dedos manchados que estaban aferrando la varita. Cuando la varita se movió para comenzar el siguiente maleficio, decidió que el hombre no había dicho la palabra por capricho. No había razón para ello. Sosteniendo la mirada oscura, fría, del hombre, articuló la palabra que el hombre había dicho tan calladamente que los otros no fueran capaces de oírla. "Promesa." De repente sintió un tirón en el ombligo y su habitación se desvaneció. Lo último que vio fueron los ojos del hombre sonriendo por sólo un momento.

Lo siguiente que vio Eric fue una línea de arbustos que había en la linde del bosque. La mano de Gretchen lo alcanzó y lo atrajo hacia ellas. Marie se acurrucó junto a él. Agachando la cabeza junto a sus hermanas, combatió los pensamientos de sus padres. Podría pensar en ellos cuando estuvieran a salvo. Agarrando las manos de ambas, las llevó a través de los arbustos y adentrándose en el bosque. Tenía un escondite aquí y esperaba que les mantuviera lo suficientemente seguros.

Se acurrucó con las niñas cerca, el guijarro aferrado en la mano, mientras esperaba que las calaveras flotantes se desvanecieran. No pasó mucho tiempo antes de que la primera desapareciera. Tras deslizarse cautelosamente a través del bosque, hizo que Gretchen y Marie se ocultaran en los arbustos. Aferrando la pequeña piedra salió de la línea de árboles, los ojos lanzándose adelante y atrás buscando a los brujos que habían llegado.

Albus Dumbledore observó cómo un pequeño salió del bosque. Ya habían encontrado un grupo de niños que habían escapado a la masacre. Albus miró hacia el chico, fijándose en el brazo sangrando y los ojos cautos. Moviéndose despacio y hablando suavemente, intentó calmar los temores del niño. "Se han marchado, muchacho. Déjame ayudarte con tu hombro." Levantó la varita observando atentamente al niño. El chico no se inmutó cuando conjuró un hechizo sanador sobre él. "¿Hay algún otro que haya sobrevivido?"

Eric hizo un gesto hacia Gretchen y Marie, señalándoles que salieran.

Albus observó cómo dos pequeñas emergían del bosque. Quienquiera que estuviera sacando a los niños había salvado a siete esta vez. Tenía la sensación de quién era, pero los niños no podían describir a la persona. Era casi como si estuvieran forzándose a no recordar. 'Y con el trauma por el que han pasado, puedo creer eso.' Había escaneado sus pensamientos superficiales para ver si había una pista flotando en ellos. Pero ninguno tenía una imagen clara. Sólo la impresión de túnica oscura y una máscara blanca. Ése podría ser su salvador, o podría ser lo que temían.

Los aurores llevaron a los niños a la casa franca más cercana y comenzaron a interrogarles sobre lo que ocurrió.

Eric fijó los ojos en Gretchen y Marie. Susurrándoles al oído tan quedamente que nadie pudiera comprender, les pidió que no dijeran exactamente lo que sucedió. "No mencionéis al hombre. Si tenéis que decir algo, decid que alguien hizo que desaparecierais. No podemos delatarle. Si lo hacemos, podría no ser capaz de salvar a alguien más." Los ojos de sus hermanas se encontraron con los suyos con temor y comprensión brillando en ellos.

Eric observó cómo los otros niños hablaban con los aurores. Se dio cuenta por las caras de los aurores que no estaban obteniendo ninguna información útil. Tenían el aspecto de Mamá cuando él y Gretchen balbuceaban sin parar, pero no respondían su pregunta. 'Mamá…' Conteniendo un sollozo, aferró su piedra más fuerte. 'Después… lloraré después, cuando Gretchen y Marie no puedan verme.'

Cuando fue el turno de Gretchen, pudo verla tejiendo un cuento, salando la confusión en los ya confusos recuentos. Marie hizo un trabajo igual de bueno.

Cuando fue su turno, Eric hizo rodar el guijarro entre sus dedos.

El auror lo clavó con una mirada exasperada. "¿Cómo fuiste herido, muchacho?"

Eric se encogió de hombros.

"¿Cómo saliste de la casa?"

Volvió a encogerse de hombros.

El auror gruñó antes de fulminar con la mirada al mago de cabello blanco. "Saben menos que los otros. Esto es inútil."

Cuando Albus desplazó su atención al último niño, notó que estaba aferrando un guijarro en la mano. "¿Para qué es la piedra, querido muchacho?"

Eric se encogió de hombros de nuevo y se metió el guijarro en el bolsillo.

Albus suspiró ligeramente. No iban a sacar nada del chico. "Vayamos a acomodaros a ti y a tus hermanas para el día."

Los hombros de Eric se desplomaron de alivio. Las preguntas habían terminado. Ahora podría llorar.

セブルススネイプ

Severus se sentó a la mesa de cabecera. Después de tres años de docencia, debería parecerle normal sentarse frente a un colegio lleno de niños, pero el banquete de apertura siempre era un poco desconcertante. Observó cómo Minerva salía por la puerta para recibir al nuevo grupo de estudiantes de primer año. Recostándose en su asiento, observó cómo Filius tranquilizaba calladamente al más reciente maestro de Defensa. 'Crees que se cansaría de hacer eso cada año, pero Sprout me asegura que no lo hace. Dice que ha estado haciéndolo desde que yo era estudiante aquí.' Moviendo los ojos de vuelta a la puerta, esperó a ver quién la atravesaría. Necesitaba prestar mucha atención a aquéllos seleccionados en Slytherin ya que acababa de ser nombrado Jefe de Casa.

Eric Grayland miraba con atención a través del cielo nocturno intentando ver tanto del castillo como pudiera. No podía creer haber llegado a Hogwarts. No es que fuera sorprendente que lo hiciera. Era sólo que parecía un sueño hecho realidad. Siguió a Hagrid dentro de la sala donde los dejó con la Subdirectora. Sus ojos se fijaban en todo lo que podía ver. Éste era el lugar donde iba a aprender a usar su varita y cómo elaborar pociones.

Levantando la mano, comenzó a hacer girar el pequeño guijarro que estaba colgando de su collar. Su tutor no comprendía por qué quiso un collar hecho con esa piedra. Se parecía a cualquier otro guijarro del suelo, pero Eric estaba seguro de poder distinguirlo de un puñado de piedras similares. Soltando su collar, siguió a la Profesora McGonagall al Gran Comedor.

Atravesando la puerta, sus ojos fueron arrastrados hacia arriba. Había oído y leído sobre el techo. No decepcionaba. Mientras sus ojos distinguían las diferentes constelaciones en el cielo nocturno, la sensación de que algo maravilloso estaba a punto de suceder lo atravesó. Era el mismo tipo de sensación que había aprendido a no ignorar nunca. 'Quizá debería coger Adivinación. Me pregunto qué va a suceder. Maravilloso es una idea tan vaga.'

Dejó sus ojos derivar desde el techo y se posaron sobre la mesa de cabecera. Rozando los rostros desconocidos, sus ojos se detuvieron de golpe cuando se encontraron con un par de ojos negros. Conocía esos ojos. La imagen de madera volando, hechizos, y ojos negros llenó su mente. 'Es él. Está aquí. Enseña aquí.' Aferrando su piedra más convulsamente, apenas oyó a la Profesora McGonagall llamando nombres.

Severus observó a los de primer año seguir a Minerva dentro del salón. Los fulminó ligeramente con la mirada ya que la mitad de ellos estaban mirando fijamente al techo en lugar de prestar atención a por dónde estaban caminando. La mirada se desvaneció, el salón se desvaneció, en el momento que un par de ojos castaños se encontraron con los suyos. Conocía esos ojos, ese rostro. Sí, el rostro había madurado algo, los ojos se habían oscurecido sólo un poquito, pero conocía a ese chico. 'Debería haber esperado verle aquí en algún momento. Al menos él no sabe…' El final de ese pensamiento voló por los aires cuando vio el reconocimiento en los ojos que estaban clavándose en los suyos. Ni siquiera se molestó en preguntarse cómo sabía el chico que era él. Lo más probable es que aquel momento estuviera grabado en la mente del muchacho. Lo estaba en la suya.

Captó el movimiento de aleteo de una pequeña mano mientras se levantaba hacia algo ensartado en un collar. 'Ése es el guijarro traslador de seguridad. Todavía tiene el guijarro.' Intentó arrancar los ojos, pero no pudo. Este muchacho había dejado una impresión en él en aquel pequeño dormitorio hace todos esos años, y parte de él tenía que saber si el chico tenía miedo. Mirando tan profundamente como podía a esos ojos castaños sin penetrar la mente del chico, vio felicidad y alivio, no temor. Una calidez inesperada se enroscó en su corazón. Este chaval, a quien había atacado, había herido, se alegraba de verle. Sostuvo los ojos del chico mientras Minerva comenzaba a llamar nombres. Finalmente rompiendo el contacto, echó un vistazo alrededor para ver si alguien notaba la conexión entre ellos. Nadie parecía hacerlo. Incluso Dumbledore estaba absorto en la selección. 'Minerva ya está en las Ces.' Sus ojos derivaron de regreso hacia el muchacho, notando que estaba nervioso ahora. 'Por fin voy a conocer su nombre. Y él conocerá el mío.'

"Grayland, Eric."

Eric se sobresaltó un poco cuando oyó llamar su nombre. Sabía qué hacer ya que había observado a los otros ir a sentarse bajo el sombrero. Se había sorprendido cuando el sombrero había comenzado a hablar, gritando los nombres de las casas. Se preguntó si podría decir algo más. Subiendo al taburete, una vez más se encontró con los ojos negros. Quería entrar en una casa que hiciera que ese hombre se enorgulleciera de él. Rompió el contacto visual mientras se sentaba en el taburete y el sombrero fue dejado caer sobre su cabeza.

"Ah, ¿en qué casa te pongo?"

Dio un bote por la voz en su cabeza. 'Supongo que puedes hacer más que gritar los nombres de las casas.'

"Canté una canción al comienzo, pero me doy cuenta de que estabas un poco distraído con el Profesor Snape."

'¿El Profesor Snape? ¿Ése es su nombre? ¿Puedo entrar en su casa?'

"¿Slytherin? No, no tienes las cualidades para encajar allí. No, sólo hay una casa en la que puedas encajar para hacer lo que desees. Los demás no respetan esta casa tanto como deberían. ¿Te importa ir a una casa donde se meterán contigo sólo porque estés en ella?"

'¿Es mi única oportunidad de ganarme su respeto?'

"Lo es. Y encajarás bien allí."

'Entonces lo aceptaré. Puedo manejar que se metan conmigo.'

Severus observó cómo el sombrero fue puesto sobre la cabeza de Grayland. 'Su nombre es Eric Grayland. No hay duda de adónde va. Es un Gryffindor si alguna vez he visto uno. ¿Quién más salta entre un Mortífago y su presa? O es lo suficientemente impetuoso para coger una piedra que le lanzan y decir la palabra que el mismo Mortífago le dice que pronuncie. Es una lástima que vaya a ir a una casa que todavía tengo que ridiculizar.' Observó cómo deliberaba el sombrero, pensando que estaba llevándole mucho más tiempo del necesario. Recostándose en su asiento, observó cómo la grieta en el sombrero por fin se abría para dar su anuncio.

"¡Hufflepuff!"

Severus luchó por mantener un rostro impasible. No había visto venir eso. Minerva le quitó el sombrero al chico de cabello castaño. Los ojos castaños se encontraron con los suyos de nuevo, buscando aprobación. Manteniendo el contacto visual, dio el más breve asentimiento. Sabía que Grayland lo vería y dudaba que alguien más lo hiciera.

Eric oyó llamar el nombre, y sintió el sombrero retirado. Reuniendo su coraje, volvió los ojos para encontrarse con los negros una vez más. Los buscó por el más breve momento, esperando no ver desprecio escrito en su interior. En cambio vio la aprobación que quería y captó el más leve asentimiento del Profesor Snape. Dejando sus ojos deslizarse sobre el resto de los profesores, sonrió antes de dirigirse hacia su mesa.

Fue sólo cuando el Director se levantó para hablar que reconoció a Albus Dumbledore de aquella mañana.