Amor eterno

Prologo

Diez años… Habían pasado ya diez años desde la última vez que vi a Anya… Damian Desmond no era solo el más popular y rey en su escuela, era el hermano del actual primer ministro. Siendo apenas un adolescente, el joven Desmond llevaba una vida de altacuna y éxito. Pero sentía que le faltaba algo… alguien…

Capítulo 1

Era Mayo del año 20xx, la preparatoria estaba en todo su apogeo, los cerezos en flor eran hermosos y como siempre, una fila de linda señoritas aguardaban una limusina en particular. Damian Desmond miraba por la ventana como siempre, desde que se había emancipado de nuevo a su casa y dejado los cuartos de los compañero, hacia el exterior. Suspiraba de aburrimiento como era habitual. Vestía el uniforme escolar con elegancia, con su capa de alumno Imperial. Cerró los ojos al ver que las chicas afuera no pasaban de piropearlo.

"¡Damian-sama!" Gritaban coléricas algunas, "¿Comamos juntos?" Gritaban otras y muy pocas de ella le decían "Hola" mientras gritaban extasiadas. Él no era un niño, lo sabía, en los últimos meses, su cuerpo había experimentado un gran estiramiento y ahora se veía más varonil. Su padre, fallecido en extrañas circunstancias hace muchos años, no podía ver en quien se había convertido. Al menos… Tenía a su madre y su hermano, se decía. Pero no era lo mismo. Una punzada de dolor surgió en su pecho al recordar aquel evento escolar, donde la escuela se había incendiado y su padre había acabado dentro junto otros cadáveres sin identificar.

Deteniéndose el auto en la entrada, alejó esos pensamientos y cogió su maletín. Esperó a que las puertas se abrieran y los guardaespaldas lo protegían de su "grupo de fans". No le incomodaba realmente, él era perfecto por lo que encontraba razonable los viroteos. Solo un año más… e iría a la universidad para estudiar política, como su hermano había hecho, como su padre habría querido…

-¡Hola Damian-sama!-Dijo Emilie, uno de sus seguidores desde que entró en la escuela. Junto a él. Damián asintió con la cabeza y buscó al otro seguidor-¿Dónde está Ewen?

Dando a entender que no lo sabía, Emilie negó con la cabeza. Damián había notado que Ewen últimamente no venía a recibirle y tampoco le importaba demasiado. Solo muy poco.

Caminó a su sala de clase colocándose los tapones para oídos que llevaba en su bolsillo. Anuló el coro de voces de las mujeres a su alrededor y se sentó en su mesa. Emilie se sentó, miró por el salón y saludó hacia la puerta. Damián se digno a mirar a la saludada.

-¡Hola Becky!-Dijo ilusionado Emilie.

Becky Blackbell era una estudiante dotada, cercana a él cuando eran niños, hasta que… Decidió no pensar más. Se fijó que le había crecido el cabello y usaba un labial con tonos adecuados a sus ojos. Becky se veía algo ruborizada y saludó con la cabeza antes de ir a su asiento detrás de ellos.

El profesor entró y la clase comenzó. Damián no se atrevía a mirar por la ventana… No podía, un árbol de cerezos rosados se encontraba totalmente florecido y en cierta manera lo hacía entristecer enormemente.

Dejando de lado ese sentimiento, Damián terminó sus primeras clases con excelentes opiniones de sus profesores y ya era la hora del almuerzo. Caminó a la cafetería donde le esperaba un lugar privilegiado para los imperiales. Eran 9 en total: Emilie, Rose, Tobias, Edmond, Arinesio, Polia, Cabeth, Annet y Damian.

Tristemente Ewen no se había convertido en un imperial, se despidió de ellos y se junto con un grupo de estudiantes comunes. Damián tenía las manos en sus bolsillos, esa costumbre no la había olvidado desde pequeño, le hacía sentirse seguro y superior. Subió los escalones que separaban el lugar, la mesa redonda tenía 10 asientos, uno aun quedaba disponible para el próximo entrar. Dejó que los sirvientes le dejarán la comida en la mesa como los demás miembros.

Como era costumbre, los mejores debates surgían durante su tiempo del almuerzo. Economía, finanzas, el sector de la construcción… Eran temas interesantes que merecía la pena intervenir.

-Si la población obrera no se quejará tanto de las subvenciones a las empresas de alta categoría, sin duda, la recesión habría terminado hace meses- Comentó Polía, una joven de cabellos dorados y ojos azules. Estos eran fríos y calculadores.

-No lo creo Polía, la gestión de esas subvenciones debería haberse realizado a inversiones con más futuro- Comentó Emilie tomando su tenedor dispuesto a costar un tomare cherry por la mitad.

-Interesante, no crees Damian- Comentó Rose, quien se encontraba sentada justo enfrente de él. Una joven de cabellos oscuros como los de Damian y ojos rojos. Él cerró los ojos, restándole importancia al comentario de Rose.

Ella se sintió decepcionada, intentaba hablar con él de diversas formas. Ella era una atleta memorable, había conseguido sus estrellas al ser la campeona y capitana del equipo de atletismo femenino. Miró el asiento vacio al lado de Damian, como desearía sentarse ahí, pero él se había negado a que se sentará alguien ahí y a su otro lado siempre estaba Emilie Elman.

La conversación evolucionó un gran rato hasta que la campana daba entender que se había acabado la hora del almuerzo. Emilie y Damián se dirigieron al pasillo, encontrando a Ewen. Caminando hacia el aula, una ventana estaba abierta y justo cuando Damián pasaba, un pétalo de flor de cerezo apareció. Su reflejo, tras entrecerrar los ojos, fue atraparlo delante de sus ojos. Y el mundo paró o por lo menos para él. Otra vez, volvía a sentirse triste, dolorido.

Ewen fue el primero en percatarse, como si no fuera la primera vez, cogió el pétalo y lo lanzó fuera de la ventana y la cerró.

-¿Damián-sama se encuentra bien?- Preguntó Emilie intentando que él reaccionara como si fuera una costumbre.

-Rayos, tenemos que soportar ese árbol de cerezos, ¡Ojala pudiera quitarlo de en medio y…!

No se atrevió a hablar más, Damian lo fulminaba con la mirada, con odio y deseo de matar. Ewen se congeló en el sitió y rectificó-Mil perdones, Damian-sama, no quería ofender…

Damian no quiso escuchar más se dirigió a la clase aun en su pesar con el corazón frio. Las clases extraescolares (karate, idiomas y natación) avanzaron en la tarde junto a la reunión de los imperiales donde debían decidir sobre el festival de verano antes de las vacaciones.

Ewen ni siquiera se despidió de Emilie y Damían; salió de clase como si fuera un fantasma. No se atrevía a hacer enfurecer a Damián ante el altercado de antes. Becky no les hacía ni caso como siempre y tampoco hablaba con nadie. Realmente no le interesaba contactar con esas personas y tenía una buena razón…

Atardecía cuando Damián montó en su limusina negra y se dirigía a casa. Empezaba a dolerle la cabeza durante el trayecto. Al parecer, una serie de obras de alcantarillado había provocado un atasco grande. Su chofer, ante la mirada de Damián se atrevió a coger una serie de atajos. Pero al final, acabó más lejos de su casa y en atasco peor.

-Dichosos coches, avancen- Decía su chofer mientras sus guardias miraban alrededor ante cualquier señal de peligro. Damian miraba a la gente común y corriente a su alrededor.

"Basura" Pensaba, había muchas parejas jóvenes y no tan jóvenes. Muy en su interior sentía celos. Había varios pitidos a su alrededor.

-Maldito atasco- Dijo mirando como avanzaba muy poco su vehículo, miró la hora de su reloj de alta gama, eran casi las 20h, estaba rabiando de molestía- Maldi…- De repente, todo paró de nuevo. Los ojos de Damian se agrandaron y empezó a temblar. Antes de poder maldecir de nuevo, él había visto a una joven caminar por la acera, con un uniforme de color azul y blanco. Lo que más detallo era su cabello rosado, ondulado. No había podido verle la cara y con solo eso el corazón de Damian ya se había parado. Él no quitó la vista de la joven que caminaba con su maletín con las manos delante y lentamente se giraba a un semáforo más adelante y de repente Damián Desmond dejó de respirar. Sin lugar a dudas, delante de sus ojos, se encontraba Anya Forger…

Y una pregunta se formuló en la mente de Damían

¿Estás viva?