Disclaimer: Ésta historia no pertenece ni pretende pertenecer al canon del manga o el anime de Boku no Hero Academia. Todos los personajes, excepto los que explícitamente sean creación del autor de la historia, le pertenecen a Kōhei Horikoshi.
No hay fines de lucro tras la concepción de esta historia, si no de entretenimiento.
Advertencia: La trama contiene lenguaje soez, violencia física gráficamente descrita, situaciones subidas de tono y ocasiones en las que se toca el tema del maltrato, por lo cual se recomienda la discreción del lector.
Una Canción de Fuego y Metal
Prólogo: Llega la caballería
El asalto a la U.S.J dejó una marca de paranoia en los dirigentes de la UA que sería imposible de borrar. A pesar de los esfuerzos de All Might para rechazar el ataque, sus colegas temen que él no sea suficiente si los nuevos enemigos deciden redoblar la apuesta.
¿Qué hacer, entonces? La respuesta pareció bastante simple, luego de un intenso debate.
—Reforzar nuestras filas es la mejor opción —expuso Aizawa, a través de todos los vendajes y yesos que lo cubrían.
—¿Con qué? ¿Más profesores? ¿Más conserjes? —cuestionó Midnight, entre la incredulidad y el sarcasmo.
—No. Me refiero a traer alumnos nuevos e incorporarlos al curso de los héroes. Tenemos contactos con otros institutos alrededor del mundo, algunos con pupilos que serían adiciones excelentes, en términos incluso mediáticos, ¿o me equivoco?
—Ciertamente no, mi amigo —dijo All Might—. Aunque es poco ortodoxo añadir alumnos una vez empezado el ciclo lectivo.
—Bueno, considerando que ahora tenemos supersoldados a las órdenes de un sociópata, tipos capaces de desintegrar todo lo que tocan y ejércitos de villanos tocando a nuestras puertas, creo que la ortodoxia no suma ni resta absolutamente nada. Es eso, o seguir matándote de a poco cada vez que venga uno de estos loquitos. Entonces, ¿qué opiniones hay?
Present Mic se rascó la cabeza y suspiró.
—Estoy de acuerdo —reconoció—, pero si tú estás tan convencido, ¿a quién tienes en mente para traer?
—Quiero escuchar primero las sugerencias de ustedes, mis estimados colegas —respondió Aizawa, arrastrando la lengua y modulando muy poco—. Ahora, díganme, ¿qué tal?
Nadie habló por el momento. Aizawa exhaló y se levantó de su silla.
—A menos, claro…
All Might lo miró con intriga. Midnight frunció el ceño.
—¿Qué estás tramando? —inquirió ella.
—¿Están dispuestos a traer al hijo pródigo?
—No comprendo.
—All Might, tú sabes a quien me refiero —el nombrado no respondió, pero lo miró pidiendo un mayor desarrollo—. Temí sugerirlo porque, bueno, entendería que les pareciera una demencia total lo que he pensado…
—Ay, Dios santo, corta con tanta palabrería —se quejó Midnight—. Dinos quién es ese niño tan especial.
Aizawa ladeó una sonrisa detrás de sus vendas.
Se oyó un pequeño alboroto proveniente de la sala de profesores.
—No está a discusión —dijo Snipe, ladeando su cabeza—. La situación es crítica, pero esto es una locura.
—¿Debo recordarte por qué decidimos no aceptarlo aquí en primer lugar? —dijo All Might.
—Claro que no, porque yo accedí a eso desde el principio. Pero conozco a su madre desde hace años, desde antes del incidente, y sé que ella será considerada. En cuanto al muchacho, bueno, que yo sepa no está metido en ningún instituto, así que podremos ahorrarnos unos cuantos billetes que usualmente pagaríamos por el intercambio a otra escuela.
—¿Y que hay de nuestra imagen? —preguntó el director Nezu, que hasta el momento no había intercedido en la conversación—. ¿Qué dirán los medios cuando la UA acepte a alguien con esos antecedentes?
—Tenemos la sonrisa de All Might para eso. Ya saben: rueda de prensa, dos o tres preguntas, "todo está bien porque yo estoy aquí", pim, pum, pam. Todos contentos, y el nuevo niño directo al aula. ¿Qué tan problemático puede ser? ¿Han visto a ese mocoso Bakugo? Me preocupa más que un día él se exhalte más de la cuenta y desintegre al chico Midoriya.
—¡Es verdad! —exclamó All Might—. ¡Nada como una rueda de prensa que lo solucione todo!
—Sigo sin estar segura —dijo Midnight.
—Ni yo —la apoyó Snipe.
—Si te entusiasma tanto, por mí está bien -sonrió Present Mic.
Hubo un breve intervalo de silencio y miradas dubitativas, hasta que el director Nezu rompió la quietud con una leve sonrisa y las manos cruzadas sobre su escritorio.
—Bien, Aizawa. Haz las llamadas que tengas que hacer. Te confiamos esto a ti. Así como te haremos responsable si todo llega a salir mal.
Esa misma tarde, en el pueblo de Lauta, Finlandia.
Habían pasado ya de las seis de la tarde cuando el teléfono sonó, opacando el silbido agonizante de la tetera sobre el fuego. Afuera llovía levemente, pero el atardecer manchaba las montañas en la lejanía. Una típica lluvia soleada de primavera.
—¿Aló? —contestó la mujer.
—Puedo oír la tetera desde aquí. Cielos, apágala antes de que explote.
—Dios nos libre, mira quién decide llamarme después de, ¿cuánto? ¿Un año?
—Diez meses, para ser precisos. Puedes concederme el hecho de llevar la cuenta —la mujer rió un poco, apagó el fuego y se sentó en un banco revestido de cuero de cabra—. ¿Cómo has estado, Hana?
—Algo atareada, tratando de mantener la casa en orden. ¿Y tú, Shota?
—Aquí, vivo y coleando.
—¿Qué tal la escuela? ¿Cómo llevas el nuevo curso? Ví en las noticias lo de la USJ, pero pensé que estarías demasiado ocupado para eso. ¿Estás bien? ¿No te hicieron mucho daño?
—Solo un par de yesos y vendajes. Nada que tú y yo no hayamos padecido en nuestra juventud.
—Ja, ja… es bueno oír eso.
—Sí. Oye, ¿qué cuenta el muchacho?
—Haru, Shota, su nombre es Haru —replicó Hana, con tono calmo pero demandante.
—Haru, cierto. Ese nombre es muy suyo. Me recuerda a su… tú.
La mujer carraspeó para evadir el tema.
—Entonces, ¿puedo ayudarte en algo?
—Iré directo al punto, Hana: Quiero que tu hijo venga a estudiar a la UA, a mi clase. Lo necesitamos.
Se hizo el silencio durante unos segundos.
—¿Y por qué exactamente a Haru? Digo, supongo que deben tener estudiantes de sobra allí.
—Los directivos hemos decidido que es una buena adición para próximas contingencias. Si me permites la expresión, su quirk es lo convierte en el arma perfecta para…
—No, no te lo permito. No es un arma. Es un chico, mi chico, el único que tengo, ¿entiendes eso?
—Sí. Discúlpame.
Hana se apretó el puente de la nariz y luego hizo un nudo en su largo cabello azabache con su dedo índice.
—Hace años rechazaron mi solicitud de reservarle una vacante para que pudiera estudiar, olvidar todo lo que ocurrió y darle un buen uso a su quirk. Ustedes lo rechazaron, y yo comprendí. Ahora que llevamos una vida relativamente calma, ¿quieren que lo deje tomarse un avión solo hasta Japón para que estudie contigo y se enfrente a quién sabe qué villano? ¿Cómo esperan que me lo tome?
—Comprendo lo que dices.
—No eres padre, Shota. Dudo que lo hagas de verdad. No estoy enfadada, pero ciertamente es muy repentino. Tengo que charlarlo con él.
—No esperaba menos. Pero, por favor, inténtalo lo más que puedas.
—Sé que es muy importante lo que tú y tus alumnos hacen. Pero… no quiero desprenderme de él tan bruscamente. ¿Lo entiendes?
—Totalmente.
Hana suspiró y tamborileó sus dedos sobre la mesa.
—Te llamaré mañana apenas lo haya discutido con Haru. En todo caso, te aconsejo que empieces a buscar un plan B.
—No te estoy obligando a nada. Si te hablo a ti es porque sé que tu hijo es la persona indicada para venir aquí.
—Supongo que eso es positivo, sobre todo si los demás así lo creen.
Ninguno de los dos habló por un par de segundos.
—Hablamos mañana.
—Bien. Hasta pronto, Hana.
—Adiós, Shota. Cuídate.
—Tú igual. Oh, y…
Para cuando intentó añadir esa última frase, la llamada ya había finalizado.
—Carajo, cómo duele —se quejó Aizawa, dejando el teléfono sobre la mesa de noche.
All Might oyó todo detrás de la puerta de la habitación del hospital.
—Hana… —dijo para sus adentros—. Contamos contigo.
Aizawa esperó durante todo el mediodía y parte de la tarde, postrado en su camilla, con el teléfono en una mano y el control remoto en la otra. En la televisión se mostraba una entrevista increíblemente morbosa a Mt. Lady, la novata heroína que había debutado un año antes.
"Se ve como el tipo de programa que miraría un niñato sobrehormonizado. No entiendo qué hace gente de más de veinte años produciendo esto." Pensó.
Se dedicó a hacer zapping durante unos minutos. Apenas se molestó en leer el número de los canales o el nombre de los programas.
La bendita vibración lo sacó de su trance apático. Levantó la pequeña pantalla y deslizó el dedo.
—¿Hooola? —dijo, arrastrando la lengua como si sufriera una resaca terrible.
—Shota.
—Hana, cuánto tiempo.
—Ja, ja, chiste-chiste, mi amigo.
—Parece que estamos de buen humor hoy. ¿Buenas noticias?
—Sí y no. He hablado con Haru y… digamos que lo entusiasma mucho la idea de ir a combatir allá.
—¿Sólo combatir?
—¿A qué te refieres?
—¿Tiene… afición por la lucha?
—Oh, sí, le fascina todo lo que tenga que ver con el combate. El mes pasado terminó su primer año en muay thai. Recibió su mongkol y su prapajeat negro. ¿Apoco no es genial con tan solo dieciséis años?
—Lindo, muy lindo.
Detrás de su voz indiferente, la imagen de un mocoso apenas entrado en la adolescencia recibiéndose de maestro de una de las artes marciales más letales del mundo le provocó un escalofrío en la punta de sus dedos.
—Volviendo al tema, ¿está dentro?
—Como te dije, está de acuerdo con ir y luchar por ustedes en Japón. Pero ha puesto unas cuantas condiciones. Y no, yo no le he pedido que haga tal cosa. Pero considero que son exigencias sensatas.
Aizawa se rascó la barbilla y suspiró.
—Escucho.
Una nueva semana comenzó en la prestigiosa academia UA.
Dos amigos se abrieron paso entre la pequeña multitud que se interponía entre ellos y su curso.
—Vamos, hombre, deberías haberte visto la cara cuando te dio ese calambre ayer. Fue como ¡WERGH! —dijo el de pelo alborotado y verduzco, haciendo una mueca.
—Agh, te juro que si alguien llegó a grabarme, o fotografiarme, me aislaré del mundo por un mes entero —replicó avergonzado el muchacho de lentes.
—Apuesto a que tendríamos a Kaminari y Kirishima desternillándose de risa por todo lo que sobra del año escolar.
—Dios no te oiga.
Los dos entraron en el aula.
—Eh, chicos —los saludó sonriente su compañera de mejillas rosadas y cabello en forma de casco.
—Uraraka, buen día —dijo el peliverde.
—Igualmente —dijo el de anteojos mientras ambos tomaban asiento.
—¿Qué les pasó hoy? Por lo menos tú siempre sueles llegar temprano, Iida, croc —dijo su otra compañera de ojos saltones y labios irregulares.
—Hubo un choque de autos cerca de la estación, así que nos quedamos unos momentos a verificar que todo estuviera en orden —respondió el nombrado.
—Nunca perdiendo la oportunidad de lucirse, eh, delegado —bromeó un muchacho de cabello rojo carmesí.
—A ver, nerds de mierda —intervino un joven rubio y con cara de pocos (poquísimos, nulos) amigos—, si nadie salió herido, ¿por qué tanto alboroto?
—Ya, Bakugo —se quejó otro estudiante con cabeza de pájaro—. Es demasiado temprano para que empieces a gritonear, ¿no te parece?
—¡¿Y a ti quién te ha hablado, bicho feo?!
—Hablando del rey de Roma —dijo Iida—, ¿no se supone que el profesor debería estar aquí ya?
—¿Me llamaban? —toda la clase se quedó helada al ver a Aizawa parado detrás de su escritorio.
—Ah… profe… ¿Cuándo llegó? —preguntó Uraraka.
—Justo ahora. Mientras nadie miraba. Por debajo de la mesa —contestó perezosamente Aizawa.
—Qué bueno que esté de vuelta... a pesar de los vendajes, claro —dijo Iida.
Desde el primer al último alumno, todos se quedaron firmes en sus asientos.
—Bueno, creo que, considerando todo lo que ha pasado últimamente, tengo que compensarlos a ustedes, queridísimos alumnos, de alguna manera —habló el profesor.
—¡Sí! Adiós tarea por una semana.
—De eso nada, Sero. Y todavía me debes ese informe de la semana pasada —una gruesa gota de sudor bajó por la frente del alumno—. Lo que he preparado para ustedes hoy es aún mejor. Ahora, necesito que Shoji y Kirishima se muevan a la derecha, junto con sus pupitres.
Ellos obedecieron sin cuestionar.
Aizawa salió del aula y entró con dos pupitres, con los cuales rellenó los espacios vacíos.
—De acuerdo. ¿Listos?
—Sí, señor —dijo el curso.
—Adelante.
Por la puerta cruzaron dos rostros nunca antes vistos por casi ninguno de ellos. Casi, porque la joven Momo Yaoyorozu sintió que el pecho se acercaba al borde de la explosión.
—Preséntense, muchachos.
Un chico de cabello castaño cortado en estilo militar carraspeó. Vestía el uniforme escolar y unas gafas similares a las que usan los carpinteros para protejer sus ojos del aserrín. Era de altura moderada, no más del metro setenta y cuatro.
—Buenos días. Soy Ryu Yaoyorozu, es un placer conocerlos.
—¡Ryu! —exclamó Momo, desbordante de alegría.
El nombrado arqueó una ceja, ahogó un pequeño gemido de sorpresa, y luego sonrió.
—Prima querida. Ha pasado bastante desde la última vez que nos vimos —dijo él.
—¡¿Prima?! —se sorprendió el resto del curso.
—Silencio —exigió Aizawa.
Todas las miradas cayeron sobre el otro recién llegado: Alto, de un metro ochenta y cinco, cabello atado en una pequeña cola de caballo, negro como el carbón y ojos color esmeralda.
—Me llamo Haru. Haru Nishimura. Mucho gusto, compañeros.
