Una Canción de Fuego y Metal

Capítulo 1: Dando en la nota


Haru ladeó una pequeña sonrisa.

Todos estaban considerablemente sorprendidos. Iida se levantó de su asiento y se colocó una mano en el corazón.

—Mi nombre es Iida Tenya, y como delegado de la Clase 1-A, les doy la bienvenida.

Los recién llegados sonrieron con modestia.

—Bien, pueden tomar asiento y dejar sus cosas ahí.

Los chicos obedecieron, aunque antes de que Ryu pudiera sentarse, Momo corrió a abrazarlo.

—¡Mírate! —dijo ella—. ¿Cómo no se te ocurrió avisarme que venías? Te hubiera preparado una habitación en casa con más tiempo.

—No te preocupes, todo está arreglado ya. Además, supuse que sería una linda sorpresa.

Haru sonrió al verlos tan felices de encontrarse después de sus años viviendo en países lejanos.

—Ahora que ya están aquí, podemos ir al campo de entrenamiento. Vayan a cambiarse —dijo Aizawa.

—¡Sí! ¡Entrenamiento! —exclamaron sus alumnos.

Mientras todos se dirigían hacia los vestuarios, todo el curso iba pegado a sus nuevos compañeros.

—Oigan, ¿cuáles son sus quirks? —preguntó un emocionado Midoriya.

—No arruines el elemento sorpresa —dijo Kirishima—. A eso vamos al campo de entrenamiento, jaja.

—Apuesto a que deben ser muy fuertes, lo presiento, sus caras lo dicen todo —dijo Iida.

—¿De dónde vienen? —habló Tokoyami, el joven con cabeza de pájaro.

—Ambos vivíamos en Finlandia. País aburrido si los hay. Él y yo éramos compañeros en la escuela —explicó Haru.

—Ya veo. Entonces iban al mismo instituto.

—Digamos que era una escuela secundaria normal. Aburrida, igual que todo allá. Es un país donde rara vez verías un crimen, aún con una tasa de población con quirks bastante promedio. Los institutos para superhéroes son pocos y muy costosos.

—Vaya… —dijo Uraraka.

—¿Es eso, o es que no aceptan asesinos allá?

Todas las miradas cayeron sobre Bakugo, el grosero muchacho rubio.

—Bakugo, ¿perdiste la cabeza? —le reprochó Iida—. ¿De qué estás hablando?

—Puede que ustedes no lean nada de nada, pero recuerdo bien lo que significa el apellido "Nishimura". Ese era el apellido que ostentaba Lord Ponto, el héroe con quirk acuático más sobresaliente del siglo. Ese que fue asesinado por… ¿Cómo era? Ah, sí, su propio hijo.

Un velo de tensión se cernió sobre todos. Nadie dio un solo paso, toda la Clase 1-A estaba parada en mitad del pasillo.

—¿Cómo dices que te llamas? —preguntó Haru, con un tono que se podía interpretar tan despreocupado como intimidante.

—¡Bakugo Katsuki! ¡Grábatelo a fuego en la…

—Dices que leíste lo que pasó. ¿Puedes recordar algún detalle especialmente escabroso?

Uraraka temió que la situación degenerara en una pelea, apenas recién llegados sus nuevos compañeros, pero también se sintió intrigada por la respuesta de Haru.

—Claro que sí. El diario decía que todo, desde las piernas hasta los dedos de las manos, incluyendo su cráneo, estaba roto, pulverizado. Una verdadera masacre propia de una bestia.

Haru se rascó la barbilla, como si intentara hacer memoria.

—Supongo que deberías buscar alguna forma de informarte que sea más fiable, amigo. Yo no fui a las piernas, y solo le rompí un brazo. En cuanto al cráneo, bueno, diría que fue el golpe de gracia. Los golpes, mejor dicho.

Midoriya tragó saliva. Iida apretó sus puños debido a la insoportable tensión.

—A esto me refiero cuando te digo que los periodistas son basura de la peor clase. Uno mata a un héroe profesional y no tienen ni la decencia de describir la escena del crimen de manera exacta —le dijo Haru a Ryu. Éste no medió palabra alguna.

—Se supone… ¿Que lo que dice Bakugo es verdad? —preguntó Momo.

—Sí, básicamente.

Iida carraspeó y dio un paso al frente.

—Podemos discutir de esto luego. Tenemos una clase que tomar.

La alegría de hacía menos de dos minutos estaba ya sepultada.

—Tengo un mal presentimiento —le susurró Mina Ashido a su compañera de cabello corto y cables en los lóbulos.

—Creo que esto es genial —replicó ella, fingiendo euforia—. Tenemos compañeros nuevos, y son unos auténticos dementes. ¿En qué estaba pensando el profesor Aizawa?

Una mano se posó con gentileza sobre su cabeza.

—Yo actúo, luego existo, mi querida alumna —susurró el profesor, salido de la nada, aterrando a todo su curso, que redobló la marcha.

El grupo de los hombres se encontraba cambiándose de ropa. Midoriya se colocó el conjunto de entrenamiento y miró al recién llegado.

—Te dije que esto iba a pasar —le dijo por lo bajo Haru a su compañero.

—Dos días más y todo irá como la seda —replicó Ryu—. Puedes explicarte durante el almuerzo.

Haru sintió un pequeño toque en el hombro.

—Eh, no le des importancia a Bakugo —dijo Shoji, el muchacho de los multi brazos—. He leído sobre ti. Conozco tus razones y creo que no eres un mal tipo.

Haru sonrió, con auténtica comodidad.

—Gracias, hermano. ¿Tu nombre?

—Shoji Mezo. Llámame Shoji. Él es Sato.

—Bienvenido —habló el muchacho de labios prominentes.

—Ese de allí es Koda. Es de pocas palabras —el alumno con cabeza de roca sonrió y agitó su mano—. Y este de aquí es Ojiro.

—Buenas —dijo amablemente un chico con lo que parecía ser una cola prensil.

Haru y Ryu les dieron un apretón de manos, y todos juntos fueron hacia el campo de entrenamiento.

—De acuerdo, mis pequeños saltamontes, es hora de que los nuevos alumnos introduzcan sus habilidades. ¿Quién irá primero?

—Con su permiso, profesor —habló Ryu.

—Adelante.

El muchacho dio algunos pasos al frente y se volteó para ver a sus compañeros.

—Mi quirk son los rayos oculares.

Rayos oculares: Pueden utilizarse para ver a través de las paredes como los rayos X, visión nocturna, visión infrarroja o intensificarse para pasar a ser poderosos láseres. Son necesarias algunas gotas de colirio luego de usarse de manera ofensiva.

—¿Podrías hacernos una demostración?

—Claro.

Ryu pasó la mirada por todos sus compañeros.

—Disculpa, la chica invisible. ¿Tu nombre?

—Oh, ¡soy Toru Hagakure!

—Toru. Veo que eres la única de nuestra clase con cabello celeste.

Desde el primero hasta el último de sus compañeros, exceptuando a Haru, se quedaron boquiabiertos.

—¡¿Cómo lo supiste?! —exclamó emocionada Toru.

Ryu se quitó las gafas y reveló sus ojos color almendra, aunque se podía apreciar una pequeña tonalidad rojiza en ellos.

—Mi visión especial me permite ver todo lo que esté camuflado, invisible o detrás de una pared.

—Oh…

—Además: Momo, ¿podrías venir un segundo?

—Claro —dijo la vicepresidenta.

—Necesito que crees una pelota. No muy grande, una de tenis si es posible.

—Bien.

—Oye, ¿seguro que no vas a matar a nadie? —preguntó Aizawa.

—Él sabe lo que hace —habló Haru.

—Como digas.

Momo sacó de la palma de su mano una pequeña pelota de tenis.

—¿Y ahora? —preguntó.

—Retrocede diez pasos, por favor —pidió su primo.

Ella obedeció.

—Colócate la pelota en la cabeza —Momo se sobresaltó.

—Ehm… ¿En la cabeza?

—Sí. Como si fuera una manzana.

—¡Rápido, apúrense! —gruñó Bakugo.

Momo hizo lo que le fue solicitado.

Ryu entrecerró los ojos y se fijó en la pelota. Un segundo después, ésta estaba reducida a cenizas. Momo se tocó la cabeza y miró a su primo.

—Fascinante —dijo Aizawa.

—Eso fue increíble —dijo Midoriya.

Haru pasó al frente después.

—Bien. Mi quirk es la Piel de Titanio.

Piel de Titanio: El usuario puede cubrir partes de su cuerpo con titanio, una armadura prácticamente indestructible e impenetrable. La coraza de titanio puede reflejar ataques y sirve tanto para atacar como para defenderse, pero no debe usarse por periodos largos de tiempo.

—¿Algo así como el endurecimiento de Kirishima? —preguntó Shoji.

—No estoy seguro. Lo mío se ve así.

Haru se arremangó el brazo derecho. Éste al poco tiempo se cubrió un color plateado brillante.

—Lindo, pero eso ya se ha…

Las palabras de Iida fueron cortadas de manera seca y literal.

Los dedos de Haru se fundieron y formaron una hoja recta y firme. El filo se extendió hasta su antebrazo. Se derramó la luz del sol sobre el metal, y éste centelleó como el más imponente de los aceros que cualquier alumno de la UA hubiera presenciado.

—Eso… —tartamudeó Iida.

—¡Ciertamente no es como mi endurecimiento! ¡Excelente! —gritó Kirishima.

—¿Puedes cubrir todo tu cuerpo de titanio? —preguntó Tsuyu, la alumna con mutación anfibia.

—De poder, puedo. Pero no es recomendable.

—¿Por qué?

—Verán, cubrir una parte del cuerpo de titanio no es igual a cubrir solo la piel. Todos los tejidos, desde el cabello, los músculos y las venas se vuelven de titanio. Eso implica que mi sistema circulatorio se enfría y comienza a trabajar de manera más lenta, por lo cual mi corazón podría, digamos, detenerse.

Sus compañeros lo miraron anonadados.

—Solo puedo usar la coraza de titanio en su máximo potencial cuando estoy en situaciones de máxima exigencia física, eso garantiza que mi corazón lata con más fuerza y retrasa el paro cardíaco. Si no, debe limitarse solo a extremidades, como brazos o piernas.

"Estos dos… tienen habilidades increíbles. Si hubieran estado con nosotros desde el inicio quizás All Might habría tenido más apoyo. Quizás… ahora estemos más seguros" Pensó Midoriya.

La clase de entrenamiento siguió su curso.

Llegó la hora del almuerzo y Haru, Ryu, Tokoyami, Shoji y Ojiro fueron juntos al vestuario y luego a la cafetería.

Haru estaba próximo en la fila y colocó su bandeja frente al mostrador.

—¡Paga derecho de piso, nuevito! —gritó Bakugo, mientras lo empujaba y colocaba su bandeja en su lugar.

—¡Bakugo! Estás siendo terriblemente grosero —gritó Jiro, dos puestos atrás en la fila.

—Sírvete —dijo Haru, sin darle mayor importancia—. Después de todo, los héroes necesitan comer para mantenerse fuertes, ¿cierto? —dijo mientras le colocaba la mano en el hombro al rubio.

Éste iba a sacudírselo de encima hasta que notó que el lugar donde la mano se posaba le comenzó a doler. Y cada vez la sensación fue en aumento. El apretón siguió durante cinco segundos.

—¡Oye! —Haru lo soltó y sonrió de lado, como si hubiera contado un simple chiste.

Bakugo lo insultó y luego de echarle una mirada fulminante, fue a sentarse junto a Kirishima.

—Entonces, ¿desde cuando se conocen tú y Ryu? —le preguntó Momo a Haru, en un intento de disipar el aura de tensión que se había generado.

—Unos seis años. No esperaba encontrar otro japonés en Finlandia, pero así fue. Y más aún, es tu primo. Su madre habla de ti bastante seguido.

—Vaya, a veces olvido que hacen ya siglos que no veo a la tía Anko.

—Es una buena mujer. Quizás muy sobreprotectora con Ryu, pero él no deja que le afecte.

Momo y Haru fueron a sentarse junto con el pequeño grupo que los recién llegados habían reunido.

—Este lugar es enorme —dijo Ryu—. Hace años que no pisaba un sitio tan plagado de gente.

—Ah, es verdad que ustedes vivían en un lugar muy tranquilo. ¿Cómo era? —preguntó Shoji.

—Es apenas un pueblo de cinco mil habitantes. Se llama Lauta. Verde, bastante verde. Algo fronterizo con Noruega, y sobre todo, muy aburrido —dijo Haru—. No volvería más que para vacacionar o visitar a mi madre.

—Y ¿cómo terminaron ustedes dos ahí? —curioseó Ojiro.

Momo tomó asiento junto a Shoji.

—Mi madre y yo nos mudamos ahí luego de que ella renunciara a su puesto como profesora en esta academia —contó Haru.

—Ahora que lo mencionas… ¿Tu madre era Moira? ¿La doncella guerrera? —preguntó Jiro.

—Exactamente. Ahora está retirada. Pero yo heredé su quirk.

—Genial —dijo ella—. ¿Y tú? —le preguntó a Ryu.

—Mi familia y yo vivimos ahí desde que nací. Solo viajábamos cada tanto para visitar a Momo y el resto de nuestros parientes aquí. Excepto por mi padre, que maneja una compañía de inmuebles y tiene que moverse de un país a otro con regularidad.

—Este tipo vivía en una mansión grande como un barrio entero. ¡Era casi como todo el pueblo, y todo de él! —rió Haru.

—Entonces diría que el lujo es cosa de familia —acotó Jiro, mirando a Momo. Ésta rió y se rascó la cabeza.

Uraraka y Deku se sentaron en la misma mesa, con las caras iluminadas por la curiosidad, haciendo de cuenta que la escena en el pasillo no había ocurrido.

—Cuéntenme, cuéntenme —aplaudió tiernamente Uraraka—, ¿quién sugirió que los trajeran aquí? ¿Acaso sus padres?

—Nah. Se supone que es una medida que han tomado los cabecillas de la academia para incrementar ligeramente el número de alumnos en este lugar. Según tengo entendido, hemos venido dos nuevos a cada curso —explicó Haru.

—¡Y que linda casualidad que los eligieran a ti y a Ryu, siendo tan unidos!

—Casi, pero no. La condición que puse para venir aquí fue que él me acompañara.

—Me pregunto quiénes habrán llegado a la clase 1-B —dijo Tokoyami.

Momo vio cómo Haru envolvía a su primo con un brazo y le daba algunas palmadas en la espalda. Éste le dio poca importancia y siguió comiendo.

Pero no había desdén en esa falta de reacción, pensó ella. Por el contrario, Ryu siempre había sido arisco con la mayoría de gente que no fuera de su familia. Para que permitiera eso, debía haber un vínculo con una raíz muy fuerte. Y eso la alegró.

Aizawa sintió una vibración en su bolsillo.

—Casi lo arrojo contra la ventana… de solo pensar que escucharía el tono de All Might otra vez. Creo que está comenzando a afectarme —dijo, con una gruesa gota de sudor bajándole por la nuca y líneas violáceas sobre su frente—. ¿Diga?

—Hola, Shota.

—Hana, ¿qué tal?

—Aquí, bebiendo un poco para… tú sabes, pasar la soledad.

—¿Cuántas botellas?

—La primera. De este día.

—¿Llevas así toda la semana?

—Ugh… solo los últimos cuatro días —replicó la mujer, fastidiada y avergonzada—. Lo extraño.

—Lo sé. Pero, si te hace sentir mejor, él y Ryu ya se han hecho de un grupete muy agradable.

—¿De verdad? —el humor de Hana pareció reavivarse—. Eso…

Aizawa oyó un bajo, casi imperceptible gemido salir del altavoz.

—Es maravilloso.

—Hana.

—Dime.

—Él va a estar bien, ¿lo sabes?

—No es típico de ti decir eso —bromeó la mujer, para luego sonarse la nariz.

—Da igual. El chico ha demostrado su potencial hoy. Incluso con un quirk tan exigente.

—Oh, sí. Yo misma lo he entrenado para que lo utilice con sabiduría y pueda resistir lo más posible. Su máximo por el momento son tres minutos, si el titanio cubre todo su cuerpo. Shota, por favor asegúrate de que siga puliendo su quirk.

—Despreocúpate.

—Gracias.

Hubo unos cinco segundos de silencio, en los que Hana emitió unos sonidos que Aizawa identificó como sorbos.

—Dijiste que lo has estado entrenando.

—Así es.

—¿Tuvo problemas para usar su quirk? ¿Luego de…?

El hombre perdió el hilo de lo que iba diciendo y exhaló, descontento por sus memorias.

—En todo caso, has logrado lo que Gendo intentó por la fuerza.

—¿Qué cosa?

—Sacar a relucir su poder de manera segura. Y más aún, lo hiciste como cualquier padre debe hacerlo.

—Ah… Shota…

El profesor vio que faltaba menos de un minuto para que sonara el timbre, según el reloj en la pared del aula.

—Perdóname, Hana.

—¿Cómo has dicho?

—No te cubrí como era debido cuando lo necesitaste. Dejé que te fueras de Japón con el niño sin siquiera…

—No eres su padre, no era tu responsabilidad cuidar de él.

—No. Pero sí eras mi amiga. Lo eres aún hoy. Quizás debería haber intervenido para que lo dejaran estudiar aquí desde el inicio.

—Toshinori no habría estado de acuerdo. Ni Snipe, ni Nezu, ni Mid…

El timbrazo devolvió a los hablantes a la realidad.

—Creo que debes volver al trabajo.

—No me digas cómo ser profesor.

—Claro que lo hago. Cuando eras mi suplente siempre tenía que preguntar a nuestros compañeros cuántos alumnos habías expulsado para poder actualizar las listas a tiempo.

—Supongo que cada uno tiene su estilo de enseñanza.

Ella rió, mientras que él apenas inmutó su expresión. No lo había hecho durante toda la charla.

—Cuídate, Shota. Y dile a Haru que no olvide llamarme cuando termine la escuela.

—Lo haré. Adiós, Hana. Disfruta el vino. Por la mañana desearás no haberlo hecho al descubrir tu alfombra toda echada a perder.

Se oyó un ligero resoplido, y luego Hana cortó la llamada. Aizawa, más que temer, se preguntó si la habría ofendido.

Y unas cuantas horas más tarde, acabó el primer día en la UA para Haru Nishimura y Ryu Yaoyorozu.

—Ryu, acompáñame a casa —dijo alegremente Momo—. Quiero que le des al resto de la familia la misma sorpresa que me diste hoy.

—Claro. Me vendrá bien ponerme al día con todos.

—¿Y ustedes dónde viven? —preguntó Deku.

—No demasiado lejos. Unas veinte cuadras sobre esta misma avenida —dijo Haru.

—¡Genial!

—Apuesto a que la escuela les ha pagado un auténtico palacio —comentó Ojiro.

—Es cómodo, y ciertamente es distinto a Lauta, pero yo no diría que es un palacio —añadió Ryu.

—Vaya que este ha sido un día pesado. El profesor Aizawa quería que de verdad expusieran sus quirks. ¿Saben? Si hubieran estado durante el ataque a la USJ de seguro que le habrían dado una paliza a todo ese ejército de villanos que nos atacó —dijo Uraraka.

—Excepto claro a ese bicho feo y todo musculoso —dijo Ojiro—. Sin ofender, creo que ninguno de nosotros estaba ni cerca de su nivel —el chico con cola se rascó la cabeza al recordar su experiencia allí.

—Nadie, salvo All Might —dijo Deku, con una pequeña sonrisa dibujada en el rostro.

El grupo llegó a las puertas de la academia y se dispuso a despedirse.

—Oye, tú.

Todos voltearon. Bakugo tenía una mueca de rabia desencajándole el rostro enrojecido.

—¡No me olvido de lo de hoy en la cafetería, bastardo! —levantó una de sus manos, sobre la cual chipearon unas pequeñas explosiones—. No te vas a librar de mí tan fácil.

Haru enarcó una ceja y se cruzó de brazos.

—¡¿No dirás nada?! ¡Adelante, habla!

—Kacchan, no es el momento de…

—¡Silencio, Deku, maldito nerd de mierda!

Haru suspiró. En un segundo todo su cuerpo, todo lo que estaba debajo del uniforme y lo que no, se cubrió de titanio. En su cabeza se formó un yelmo que ocultó su cabello y rostro, dejando ver apenas dos luces verdosas, sus ojos, visibles.

Ryu agachó la cabeza y negó. Momo se puso a su lado y preguntó:

—¿No deberíamos hacer algo?

—Nah, Haru es bastante temperamental, déjalo —dijo con un dejo de molestia, como un padre dejando que su hijo proceda con algo que le tenía prohibido debido a la perseverancia de éste.

—¿Y por qué querría pelear contigo? —cuestionó Haru, con la voz algo distorsionada.

—¡Porque si no lo haces, serás un cobarde, igual que el idiota pelos de alga que te acompaña!

Haru inspeccionó a Bakugo con la mirada. No detectó una sola pizca de indecisión o miedo. Asintió y su armadura de titanio desapareció.

—Olvidé mis audífonos en el aula. Vuelvo enseguida. Adelántense si quieren —dicho esto, comenzó a trotar hasta la academia.

—¡Oye, maldito, ven aquí! —Bakugo lo persiguió, pero Haru ya se había perdido detrás de las puertas.

—¿No deberíamos? ¿Estás seguro? —preguntó Uraraka.

—No es prudente hacerlo. Sigamos, él vendrá en unos cinco minutos —contestó Ryu.

Bakugo corrió por el pasillo con las manos extendidas.

—Corre, corre, pequeño gusano —dijo con sadismo.

—Piensa rápido.

Al doblar en una esquina, recibió un puñetado en la mejilla que lo empujó contra un casillero.

—¿En serio caíste con eso? —preguntó Haru, genuinamente entretenido y sorprendido—. Ni siquiera usé mi quirk.

—Eres… ¡Un bastardo de mierda! —Bakugo intentó arremeter, pero cuando quiso darse cuenta, tenía una punta afilada presionando contra su mejilla, y el antebrazo de Haru contra su cuello, empujándolo contra la puerta del casillero.

—Hazlo —lo incitó él—. Quiero verte intentarlo —Bakugo sintió que por primera vez en su vida que sus manos temblaban por los nervios—. Dame una razón para ser un asesino —la voz de Haru bajó varios tonos, quedando reducida a un susurro gutural—. ¿No es eso lo que dijiste?

Bakugo balbuceó palabras que se desintegraron a medio camino, hasta que una por fin tomó forma:

—¡MUERE!

Haru esquivó la explosión dirigida contra su rostro y dio un salto hacia atrás.

"Fue rápido. Si no lo hubiera deducido por su lenguaje facial, seguramente me habría dado." Pensó.

—¡Ahora vas a arrepentirte de todo esto, fenómeno!

Haru gruñó y volvió su mano a la normalidad.

Apretó los puños y los levantó frente a su rostro, mientras echaba su costado derecho hacia atrás.

"Esa guardia…" pensó Bakugo. Haru tenía el rostro ensombrecido y parecía masacrar con sus ojos al rubio.

—Eres bueno, lo admito —sonrió Bakugo—. Pero veamos si soportas una lucha de verdad.

Haru frunció aún más el ceño y no pronunció palabra alguna.

Bakugo cargó contra él y lanzó su brazo hacia adelante. Haru lo desvió con su mano derecha y atrapó la extremidad al tiempo que daba un corto salto y colocaba su pierna derecha detrás de Bakugo.

—¡¿Qué?! —éste intentó forcejear, pero la pierna izquierda del novato se cerró sobre su cuello.

Bakugo perdió estabilidad y ambos cayeron al piso. El rubio apretó la pantorrilla de Haru dispuesto a volársela, pero éste ejerció más tensión en su brazo cautivo.

—Te lo quiebro. Te juro por Dios que si no te calmas ahora mismo te lo parto al medio —amenazó Haru.

—¡Tienes dos segundos para soltarme antes de que te vuele junto con toda esta escuela!

—¡¿No me has oído, idiota?! ¡TE VOY A ARRANCAR EL PUTO BRAZO Y TE VOY A AZOTAR CON ÉL!

Bakugo gruñó y siguió forcejeando. Haru estuvo a punto de cumplir su amenaza, pero en el último instante el rubio sintió un alivio milagroso en su extremidad.

Haru se levantó del suelo y respiró profundo. Tenía el rostro calmo, pero atacado por cierto dejo de decepción. Éste le extendió la mano a Bakugo, pero él la golpeó y se levantó rápido.

Haru no le dio mayor importancia y se apretó las sienes.

—Lo siento. Pero, por favor, lárgate de mi vista.

—Óyeme bien, y más te vale que lo recuerdes —advirtió Bakugo, sudando profusamente—. Cuando me quite de en medio al idiota de Deku, te voy a aniquilar con todas las letras. Solo porque ahora estamos en la academia lo dejaremos aquí. ¿Queda claro?

Haru tenía los ojos llenos de angustia, como si hubiera roto una promesa a alguien que amaba.

Él simplemente asintió y enfiló en la dirección opuesta a la salida. Bakugo lanzó varios insultos al aire y se fue.

—Eh, Kacchan, ¿qué pas…?

—Si dices una palabra más, te mato —interrumpió el rubio a Midoriya, antes de continuar hacia su casa.

"Gran pelea, niño." Pensó Aizawa, ladeando una sonrisa entre perversa y jovial, apoyado contra la pared, en una esquina que ninguno de los dos jóvenes había tenido en cuenta.

Era el mismo tipo de sonrisa que había mostrado el primer día de entrenamiento con la clase 1-A, cuando Deku demostró su quirk.

"Hiciste bien, Hana. Ciertamente muy bien. Quizás no tenga que temer por pagar ningún plato roto después de todo."

Haru hundió su cabeza bajo el chorro de agua y la dejó ahí un largo rato.

Al estrujarse el cabello y abrir los ojos, se encontró con la figura de Ryu parada en el marco de la puerta.

—Parece que ganaste —dijo.

—Yo no quería esto, carajo —maldijo Haru, cerrando la canilla—. Apenas es el primer día.

—Ese tipo aprenderá que es mejor dejarte en paz. Deberías haberle dejado un ojo morado o algo.

—¿Para que pueda acusarme después?

—Él no es de ese tipo. Tiene cara de ser capaz de hacerse matar antes de recurrir a una autoridad académica para resolver un conflicto. Un recuerdo físico es la mejor manera de imponerte ante un sujeto así.

Haru miró a su amigo y negó con la cabeza.

—Estuve a punto de partir su brazo por la mitad.

—¿Y?

—Éste no es el momento ni el lugar. Amo pelear y lo sabes, pero… pero… mierda. Yo no quiero tener problemas con nuestros compañeros.

Ryu no dijo nada más. Ladeó su cabeza antes de lanzarle su mochila a Haru, y luego los dos salieron de la academia.

Al salir ambos, vieron que Ojiro, Shoji, Iida, Momo, Deku, Uraraka y Jiro seguían esperándolos.

—Oímos una explosión —dijo Shoji—. ¿Todo bien?

Haru sacó su liga del bolsillo y comenzó a atarse el cabello.

—Todo bien. Solo fue un pequeño intercambio de ideas entre compañeros de clase.

—Lamento que en su primer día ya haya conflictos. En nombre de toda la clase, les pido perdón —habló Iida.

—No hay nada que disculpar. Ustedes no son los padres de Bakugo para responsabilizarse por lo que haga —dijo Haru—. Pero da igual. Está anocheciendo.

—Es verdad. Sigamos —dijo Ojiro, intentando sonar animado.

Usualmente el grupo de Shoji, Tokoyami y Ojiro no acompañaba durante el camino a casa a Deku y compañía, pero habían pasado prácticamente todo el día juntos, y no había razón para cambiar eso abruptamente. Más aún, sentían la suficiente curiosidad como para quedarse cerca de los recién llegados hasta que fuera la hora de separarse.

—Entonces, ¿todos los días tienen a los mismos profesores? —preguntó Ryu—. A nosotros todavía no nos han entregado los horarios, a pesar de que ya llevamos casi una semana aquí.

—¿Una semana? —preguntó Shoji—. ¿Por qué no habían empezado antes?

—Acordamos con la UA que nos dejaran un tiempo para aclimatarnos a la ciudad. Ya saben, clima nuevo, calles nuevas, horarios nuevos —dijo Haru.

—Ya veo.

—Oye —dijo Jiro—. Tu camisa.

Haru agachó la mirada y vio que se le había saltado un botón, probablemente durante el forcejeo con Bakugo, y ahora se veía parte de la musculosa negra que llevaba debajo.

—Oh, carajo —se quejó él—. Tendré que coserle uno nuevo. Nada como las experiencias del primer día, ¿verdad?

Todos rieron, aunque Jiro detectó algo debajo de la ropa de Haru que disimuló con una fingida sonrisa: Una marca similar al patrón de un tatuaje tribal que surcaba su pecho y parecía surgir desde su abdomen.

El grupo siguió su camino. Primero se fueron Deku e Iida, luego Uraraka, después Ojiro, Shoji, y al final solo quedaron Momo, Jiro, Ryu y Haru.

—Tú puedes seguir —dijo el de gafas—. Pasaré a saludar a mi familia y luego voy para la casa.

—Ok. Suerte.

Haru y Ryu se dieron la mano y continuaron cada uno por su lado.

—Entonces, ¿queda muy lejos el lugar donde se están quedando? —preguntó Jiro.

—No demasiado. Deben ser unas tres cuadras más adelante.

—Yo vivo cinco, por la misma calle —sonrió ella.

—Genial. Hablando de otra cosa no relacionada, ¿cuántos instrumentos tocas? —Jiro acomodó sus ideas y respondió.

—Guitarra, batería, teclado y… ¿Cómo lo sabes?

—Supongo que es una obviedad que si alguien tiene un quirk relacionado con el sonido dedique una buena parte de su tiempo a la música.

—Es un buen análisis, supongo. ¿Qué hay de ti?

—Toco guitarra, violín y piano. Ryu toca el bajo, por si ibas a preguntar.

—¡Eso es bastante genial! Podríamos juntarnos a improvisar un día. O… bueno, quizás, no lo sé.

—Mmm, no es una mala idea, ¿por qué de pronto la cara de sufrida?

—Nada en realidad. Una tontería, jeje —rió ella, rascándose la mejilla, apenada.

Haru arqueó una ceja, pero no indagó más. Según una pequeña voz en su cabeza, era muy pronto y se conocían demasiado poco para que saber sobre las inseguridades de cada uno.

—Los fines de semana estamos libres. Si cambias de opinión, ya sabes —comentó él de manera alegre, mientras dirigía la vista a un manzano ubicado en una rotonda a veinte metros.

Había una pareja de pequeños pájaros sobre una rama, y a pesar de que estaban casi tapados por las hojas, se veía que estaban preparando un nido.

—En Finlandia no había de ese color —habló Haru, de la nada.

—¿Qué cosa?

—Zorzales. Había de ala roja, pero no negros.

—Oh, ya veo. ¿Te gustan las aves?

—Conozco un poco sobre ellas, pero no soy ornitólogo. Cuando tenía cinco años tuve una pequeña cotorra, supongo que desde ahí les tengo cierto aprecio.

—Eso es tierno. ¿Qué le pasó? —preguntó Jiro.

—Todo fue muy bien hasta que cumplí seis. Y luego tuve que mudarme con papá.

Haru suspiró al decir esa última frase, negando con la cabeza y frunciendo el ceño. Jiro lo miró con detenimiento y dijo:

—Eso que dijo Bakugo… ¿Es verdad?

—¿Qué cosa, en particular?

—Vamos, tú sabes. Lo de tu padre.

—Creo recordar que Momo me preguntó lo mismo, y creo recordar lo que le respondí —contestó Haru, sin sonar molesto ni incómodo.

—Sí, pero… ¿Por qué?

Haru soltó una leve risa.

—No voy a matarte, Jiro. No soy un psicótico. Además, yo no tuve la culpa, sino él.

—¿Por qué? —volvió a preguntar ella.

Ambos se detuvieron. Nadie más que ellos transitaba la zona.

Haru se abrió el uniforme y se levantó la musculosa. La impresión de Jiro había sido cierta: Las formas irregulares que había captado eran un tatuaje, un mar tempestuoso dibujado con una profesionalidad increíble, con detalles hasta en la última de las burbujas de espuma blanca que se mostraba en él, a pesar de estar bastante estirado, lo que le restaba mucho valor estético y era indicativo de la edad que tenía Haru cuando se lo hicieron. Abarcaba todo su pectoral derecho.

—Lindo, ¿no? —preguntó Haru.

—Es… lindo, sí.

—No, claro que no —el tono de Haru bajó una octava y él se acomodó la ropa—. ¿Cuánto crees que duele esto para un niño de siete años? ¿Qué crees que lo hace pensar? ¿Cómo se sentiría?

—Él… ¿Te hizo eso?

Haru no respondió.

—No tengo intención de defenderme ni mucho menos. Pero me pareces una persona inteligente, y creo que entiendes mis razones. Eso no fue lo único ni lo peor que me hizo. Por todo eso, volvería a destrozarlo, esta vez con más paciencia.

Jiro se sintió aturdida por la brusquedad de esas últimas palabras que iban cargadas de rabia, con una voz seca y áspera, como si él no se hubiera dado cuenta de lo que dijo y eso le hubiera salido de lo más profundo de su ser. Pero no pudo evitar empatizar con él después de unos instantes.

Ambos estuvieron callados unos diez segundos. Haru negó con la cabeza y se tapó la frente con la mano.

—Lo siento, creo que maté el ambiente.

—No, no es eso. Lamento que hayas pasado por eso, de verdad. Y… entiendo lo que dices. No estoy en posición de juzgarte, Haru. Viéndote de cerca, eres un tipo común y corriente. Después de lo de hoy pensaba que serías de esos que esconde cuerpos en el sótano. Pero me caes bien, Haru.

Él sonrió.

—Supongo que es hora de que te vayas. Aquí es donde vivo —Jiro vio el edificio a espaldas de Haru.

Estaba ligeramente por encima de lo modesto. Al parecer, habían hecho un buen arreglo con la UA.

—Bien, eso haré entonces —sonrió ella—. Y… gracias por, bueno, confiar en mí.

—La clase 1-A está llena de buenas personas. Tú entre ellas. Sé en quienes puedo confiar y en quienes no —Haru levantó su mano y se la ofreció a Jiro—. Ha sido un placer, Kyoka Jiro —bromeó, con elegancia fingida.

—Igualmente, Nishimura Haru.

Ella correspondió el saludo. Posteriormente él entró en su nuevo hogar, y ella siguió su camino.