Una Canción de Fuego y Metal

Capítulo 2: Consejos


—De acuerdo, mis pequeños saltamontes, preparen sus trajes y vayan para el campo de entrenamiento, los espera All Might, que estará a cargo de ustedes hoy —dijo Aizawa mientras sacaba de adentro de su campera un saco para dormir amarillo.

—Ahora que lo pienso, no hemos visto los trajes de Ryu y Haru —dijo Denki Kaminari.

—Se iba haciendo larga la semanita sin el entrenamiento de héroe —se emocionó Kirishima—. Aunque, por otro lado… ¿Qué tan preparados están ellos para este tipo de pruebas?

—Según Haru, ninguno había ido a un instituto de héroes. Pero por lo que me dijo Shoji, parece que Haru y Bakugo tuvieron un enfrentamiento a la salida, el día que ellos llegaron —susurró Denki.

—Hmmm, supongo que habrá recibido adiestramiento en otro lado. ¿Estás seguro de que es verdad?

—Completamente. Además, según dicen Bakugo estuvo a punto de…

—A ver, maricones de segunda, ¿qué es tan interesante? —gritoneó el rubio, dándose cuenta de su pequeña conversación.

—Nada, nada —sonrió Kirishima.

La clase 1-A se dirigió hacia los vestidores.

Haru y Ryu aparecieron frente a sus compañeros ya ataviados con sus trajes de héroe:

Haru llevaba una coraza de acero que le cubría el frente del cuerpo, cestus tachonados de metal en las manos y botas negras de cuero, y arriba de todo, un casco de hierro que cubría todo menos su rostro. Por lo demás, sus brazos y piernas estaban técnicamente desprotegidos, llevando un pantalón deportivo y una musculosa negra y botas militares negras. Ryu, por su parte, llevaba unas gafas algo diferentes a las que solía llevar, estas siendo de color amarillo y azul y con un grosor mayor a los costados, junto con una camisa deportiva roja, un chaleco militar camuflado y un pantalón del mismo color.

—Vaya, muchachos —habló Shoji—, se ven increíbles.

—Esa cosa se ve pesada —apuntó Mineta, el alumno más bajo del curso.

—Algo, pero es necesario. Son apenas tres kilos, una aleación de acero ligera y resistente, aunque no tanto como el titanio. Solo cubro la cabeza, el abdomen y los pectorales ya que necesito movilidad en el combate cuerpo a cuerpo y para la defensa —explicó Haru, tronándose los dedos de las manos.

—¡Genial! ¿Acaso tiene que ver con tu experiencia con el muay thai? —preguntó Ojiro, emocionado.

—Exacto. La base de mi estilo de pelea es simple: Si encuentras algún punto álgido en la defensa del enemigo, ahí es donde vas a golpear. Puede ser con la cabeza, los puños, los codos o con los dientes. Luego le puedes preguntar a tu oponente si le dolió. Pero para eso necesitas saber moverse, y poder hacerlo.

—Tuviste un buen sensei, ¿a que sí?

—El mejor de todo ese aburrido país. En su tiempo fue un héroe profesional. Urban Steel era su apodo.

Deku se acercó de chicotazo con los ojos centelleantes de infantil pasión.

—¿Tu maestro de muay thai fue el legendario Urban Steel?

—El mismo. Pero él prefería que lo llamara Kru.

—Uy, mira cómo se marcan esos pectorales en la armadura —le susurró Mina a Toru, mientras los muchachos seguían conversando, esperando a que el profesor apareciera.

—Vaya, vaya —rió coquetamente la muchacha invisible—. ¿Y ya has visto a Todoroki?

—¡Oigan! —gritó Jiro, molesta por esa actitud—. No dejen que la degeneración de Mineta se les contagie, ¿quieren?

—Ryu, ¿por qué el cambio de gafas? ¿No sería mejor no usarlas? —habló Sato.

—Necesito estas, son parte del traje.

—Se ven diferentes a las otras.

—Tienen estos compartimentos a los costados junto con un pequeño botón de cada lado. Cuando lo presiono libera un pequeño chorro de gotas para los ojos. Son necesarias si uso los láseres por mucho tiempo. Además, el cristal está hecho para proyectar los láseres y no opaca las visiones infrarroja, nocturna ni rayos X, así que no tengo necesidad de quitármelas.

—Eso suena de pelos, pero tengo una duda —dijo Deku.

—¿De qué se trata?

—¿Por qué usas las gafas fuera del entrenamiento? ¿Acaso te causa incomodidad la luz?

Ryu no respondió por unos instantes, después carraspeó y dijo:

—Nada en especial. Sólo creo que se me ven bien.

En eso, un temblor sacudió el suelo.

—Pero… ¿Qué? —gritó Bakugo.

—Yo estoy… ¡CAYENDO DEL CIELO COMO UNA PERSONA TOTALMENTE NORMAL! —anunció una voz masculina y que todos reconocieron al instante.

—¡All Might! —exclamaron todos.

El hombre aterrizó e hizo una pose heroica, con una sonrisa que le surcaba el rostro de oreja a oreja.

—Bienvenidos una vez más a nuestra clase de entrenamiento de combate, futuros héroes —comenzó All Might—. Y esta vez con dos nuevos amigos, por lo que veo. Espero que se sientan bienvenidos.

Los dos muchachos asintieron con una sonrisa emocionada.

—Ahora, vamos a lo importante: ¡Hoy toca entrenamiento por equipos!

Los alumnos festejaron.

—La dinámica será simple: Se dividirán dos equipos por sorteo, uno rojo y otro azul. Durante el lapso de una hora, los dos equipos tendrán que capturar la bandera del contrario y llevarla a su base para anotar un punto. El equipo que tenga más capturas al final de la hora, será el ganador.

—Igual que Team Fortress —dijo Haru. Él y Ryu chocaron los cinco.

Bakugo sonrió y se frotó las manos con malicia.

—Amo esto, de verdad lo amo —dijo—. Y con algo de suerte… —dijo mirando a Haru.

—Eh —dijo Shoji—. Creo que Bakugo quiere vengarse por lo del otro día.

Deku miró al rubio, el cual se acercó a Haru. El peliverde sintió que se le helaba la sangre.

—Éste tipo de entrenamiento les servirá para aclimatarse a situaciones en las que tengan que enfrentarse a grandes grupos de enemigos, ya que son una clase muy numerosa. Y como son veintidós alumnos, irán once a cada equipo…

—Por tu bien —habló Bakugo—, espero que te hayas preparado para recibir la paliza de tu vida…

—... porque como bien lo dijo Benjamín Franklin… —All Might continuó su discurso.

—Puede que me hayas puesto contra las cuerdas el lunes, pero eso fue solo un golpe de suerte y el hecho de que estábamos en la academia…

—... ¡Y no hay nada más hermoso que luchar junto a los que uno considera iguales!...

—Así que esta vez me voy a encargar de aplastarte como la maldita cucaracha que eres. Después de todo, sigo siendo el número uno.

—Oh… ah, perdón, ¿dijiste algo? —Haru mostró una sonrisa tonta mientras se rascaba la cabeza.

Shoji, Ryu, Deku y Ojiro contuvieron una carcajada mientras la mandíbula de Bakugo se desplomaba y las venas de la frente le palpitaban con un ritmo vertiginoso.

—¡AAAAAAH! ¡¿ACASO ERES ESTÚPIDO?! ¡¿NO OYES CUANDO LA GENTE TE HABLA, GRANDÍSIMO IDIOTA?!

—Lo siento, es que el discurso de All Might es embriagante.

Haru señaló al profesor, que concluyó su disertación y se limpió una lágrima.

—Y por eso… los héroes tenemos un lugar tan valioso en la sociedad. ¡Ahora, vamos con el sorteo!

El hombre sacó una pequeña caja y empezó a llamar a los alumnos en orden alfabético.

—Bueno, eso fue un discursito bastante… tonto —dijo Jiro.

—Yo creo que tenía pasión, me cae bien —replicó Haru.

Ella lo puso una cara de vergüenza ajena y agachó la cabeza.

—Hombres.

Los equipos quedaron arreglados de la siguiente manera:

Equipo rojo: Momo Yaoyorozu, Kyoka Jiro, Denki Kaminari, Haru Nishimura, Ochaco Uraraka, Sero Hanta, Shoji Mezo, Mineta Minoru, Tsuyu Asui, Yuga Aoyama y Tenya Iida.

Equipo azul: Izuku Midoriya, Katsuki Bakugo, Mina Ashido, Ryu Yaoyorozu, Rikido Sato, Mashirao Ojiro, Eijiro Kirishima, Fumikage Tokoyami, Shoto Todoroki, Koji Koda y Toru Hagakure.

—Parece que ahora nos toca jugar enfrentados, primo —dijo Momo, con aire competitivo.

Ryu se cruzó de brazos y sonrió.

—Cuídate la espalda. Durante estos años he aprendido una o dos cosas que quizás no sepas.

—Ohh, yo sí le cuidaré la espalda —dijo lascivamente Mineta.

El cuello de Ryu pegó una vuelta de ciento ochenta grados y lo miró con los ojos ardiendo en llamas.

—¿Dijiste algo?

—¡No, nada!

El alumno pequeño se escondió detrás de Denki, quien recibió otra mirada asesina. Ryu volvió a la normalidad y le dijo a su prima:

—Exactamente ¿cuánto tiempo llevas soportando eso?

—Desde que empezó la cursada —respondió Momo, fastidiada.

Ryu frunció el ceño. Momo, por su parte, sonrió al ver esto.

—No has cambiado nada en estos siete años que no nos hemos visto.

—¿En qué sentido?

—En todos. Creo que es una buena señal. Sigues siendo igual de comedido con todos. En especial con Haru.

Ambos miraron al pelilargo, que parecía discutir la manera en la que el equipo se organizaría con Iida.

—Ciertamente es más fuerte que yo. Pero hay ocasiones en las que no mide sus impulsos.

—¿Te sientes inferior a él? —cuestionó Momo, con algo de preocupación.

—Para nada. Haru simplemente es superior en lo físico. Yo no he tomado clases de artes marciales ni nada por el estilo. Pero he entrenado mi quirk día y noche desde que tengo uso de razón, y tú lo sabes.

—Así es. Pero… si llegas a sentirte, tú sabes, mal… podemos hablarlo.

Ryu sintió un leve apretón en el pecho por la preocupación de su prima.

—Cuenta con ello. Tú también puedes hablarme de lo que necesites.

Los dos se sonrieron.

—Te veo en el campo —y dicho esto, Ryu se reunió con sus compañeros.

Los equipos se agruparon en sus respectivas bases. Cada edificio tenía cinco pisos, y si no fuera por los carteles indicando el equipo al que pertenecían, habrían pasado por un edificio de oficinas bastante pequeño. El campo entre medio era una ciudad ruinosa, ideal para que los alumnos se destrozaran mutuamente.

—¿Han llegado a un acuerdo los cerebritos? —habló Jiro.

—Tenemos la estrategia lista —respondió Iida—. Es evidente que al tener a Toru en su equipo, la enviarán a ella a capturar la bandera, aunque esto sigue siendo una especulación.

—Ryu está con ellos, y él sabe que eso sería predecible. Tenemos que estar atentos a cualquier táctica que se le ocurra. Por lo tanto, creemos que lo mejor sería que Jiro y Shoji permanecieran en la base patrullando cada pasillo.

—Entendido —dijeron los dos defensores.

—Sero y Tsuyu son los más ágiles de este equipo, así que es menester que se escondan cerca de la entrada para poder darle caza a cualquiera que logre despistar a Jiro y Shoji —dijo Iida.

—Creo recordar que All Might mencionó algo sobre una entrada por las alcantarillas. Puedo moverme mejor en ese ambiente, croc —acotó Tsuyu.

—Bien, vé entonces. Sero seguirá custodiando la entrada.

—¡A la orden! —exclamó el muchacho de la cinta.

—Momo, saca cinco walkie talkies y dales dos a Jiro y Shoji, otro a Iida, uno a Tsuyu y otro a Sero —dijo Haru.

—Bien.

—El resto irá conmigo y atraeremos su atención con un ataque directo. Iida es el más rápido de nosotros, así que si mantenemos ocupados a los rápidos y fuertes del equipo azul, capturar la bandera será una tontería.

—Nada mal, me gusta —dijo Uraraka.

Mientras tanto, el equipo azul se organizaba también.

—¡Yo puedo ir a buscar la bandera! No sabrán qué los golpeó —dijo Toru.

—Por el contrario —dijo Ryu—, eso es lo que esperan de nosotros. Tenemos que pensar con cuidado.

—A ver, manga de maricones, dejen que el número uno les salve el culo a todos ustedes, como es debido —fanfarroneó Bakugo.

—Calla cinco segundos —habló Todoroki—. Ryu tiene razón. Además, ellos tienen integrantes con quirks ideales para el espionaje y la detección.

—Quizás, pero… —Ryu se tocó la barbilla y miró a sus compañeros uno por uno—. Lo tengo. Ésto es lo que haremos…

—¿Listos? —preguntó Haru.

—¡Listos! —exclamaron todos.

—¡Vamos!

El equipo rojo inició el ataque con sus miembros especializados en la lucha directa. Sero esperó escondido en una habitación cerca de la entrada.

Todos los miembros del equipo azul corrieron fuera de la base. Todos, incluidos Toru, quien en principio era su carta más fuerte.

—Una carga frontal. Planean ganarnos por fuerza bruta —analizó Haru—. Raro de ti, Ryu.

—Vengan aquí —ladró Bakugo, haciendo hervir las chispas en sus palmas.

"Hmmm… veo que el equipo rojo tiene menos miembros." Pensaba All Might. "Salta a la vista que tienen una estrategia preparada. Confían tanto en la defensa como su ataque. Por otro lado… los azules se han lanzado a la carga todos juntos, sin importar en qué se especialicen.

—¡Ahora! —gritó Ryu.

Todoroki levantó su zurda y una pared gélida se interpuso entre el equipo azul y el rojo. Los azules se pusieron en guardia justo antes de que Haru derribara el muro de hielo con un tacle. Su costado estaba cubierto de titanio, pero pronto volvió a la normalidad.

Haru y Bakugo comenzaron a combatir. Las explosiones y los golpes iban y venían, dando en el blanco y errando cada tanto.

Denki y Todoroki comenzaron a intentar dispararle con éxito al otro. Uno a base de descargas voltaicas, el otro con ráfagas de hielo.

Ryu disparó su láser contra Iida, quien lo eludía con eficiencia.

Uraraka se aproximó a Deku y trató de ponerle las manos encima, pero él la esquivaba y se ponía a salvo tratando de no contraatacar.

Sato y Tokoyami eludieron el combate y siguieron hasta la base roja. Momo se interpuso en su camino empuñando un bastón de metal.

—Oh… ¿Y ahora qué hacemos? Yo no puedo golpear a una chica —habló Sato.

Tokoyami suspiró y gritó:

—¡Dark Shadow!

De su pecho emergió una sombra palpitante que tomó la forma de un ave. Ésta y Momo comenzaron un enfrentamiento.

—¡Sigue! —exclamó Tokoyami.

Sato obedeció.

—¡Ja! Eso ha sido fácil. Si puedo eludir a los que estén adentro, será pan com…

Apenas cruzó el marco de la puerta, Sato sintió como si hubiera pisado una clásica trampa de Hollywood, de esas que dejan a uno de cabeza.

—Ups —se burló Sero, mientras Sato colgaba de una viga totalmente envuelto en cinta.

"Nada mal, muchachos. Aunque…" All Might se preocupó de la saña con la que Bakugo arremetía contra Haru.

Ryu y Kirishima intentaban atrapar a Tenya, pero ni la puntería ni la fuerza bastaban para despistarlo. El de gafas gruñó y presionó los costados de sus gafas.

—Esto no va a funcionar —dijo—. ¡Todoroki, te cambio!

El muchacho con heterocromía lo miró, lanzó una última ráfaga de hielo contra Denki y corrió junto a Ryu.

—Apunta a los gemelos —susurró, antes de encarar a su compañero de clase eléctrico.

Todoroki lo meditó un segundo. Concluyó que era un plan excelente, que bien podría habérsele ocurrido a él mismo.

Alzó su mano izquierda y dejó salir un gran disparo helado, que tomó desprevenido a Iida y le dio en su gemelo derecho.

—¡No! Maldita sea… —el delegado se echó al piso y golpeó el hielo en un intento de liberar sus motores.

—¡Toma esto, infeliz! —Bakugo lanzó una andanada de explosiones contra Haru, que las eludió.

"Intenta inhabilitar mi titanio por desgaste. Ya llevamos cinco minutos en combate, y tiene bien sabido que mi quirk a máxima capacidad apenas supera la mitad de eso… nada mal."

Bakugo atacó nuevamente. Haru no reaccionó a tiempo y recibió una explosión en el pecho que lo hizo volar y chocar contra una pared derruída, pero en unos segundos se incorporó. Tenía la coraza de acero llena de manchas oscuras y estaba algo abollada. No le dio mucha atención y se alejó, se puso en guardia y volvió a cargar.

—Puede que no te cubras todo de titanio, tonto, pero de poco te serviría si así lo hicieras —sonrió Bakugo.

Haru estiró su brazo para dar un puñetazo directo en la cara del rubio, el cual lo bloqueó con sus guantes granada y se dispuso a contraatacar con una última explosión. Pero en el último momento Haru echó el cuerpo hacia adelante y flexionó su brazo, estampando su codo de lleno en la nariz de Bakugo. Éste ahogó un gruñido de dolor y se tambaleó. Haru no se detuvo y colocó su mano detrás de la cabeza del rubio y enterró su rodilla en la boca del estómago de su rival.

Deku detuvo su forcejeo con Uraraka y ambos vieron atónitos la primera vez en la vida que Bakugo era puesto fuera de combate.

—Kacchan… —balbuceó Deku.

"Impresionante." Pensó All Might. "El hijo de Hana está al mismo nivel que los mejores de ésta clase. Y para darle de esa manera a Katsuki siendo su primer entrenamiento grupal, y preparar en conjunto una estrategia defensiva medianamente compleja, no está nada mal."

—¡No te olvides de mí! —exclamó Ojiro, quien lanzó un golpe de cola contra Haru, el cual llegó a bloquearlo pero salió arrastrado unos pasos hacia atrás.

El chico con cola se tronó el cuello y sonrió, antes de que ambos se trabaran en un duelo marcial.

Shoji escaneó hasta donde pudo con sus múltiples extremidades.

—¿Algo? —preguntó Jiro, acercándose mientras clavaba cada tanto sus cables en la pared.

—La lucha arrecia. Pero Sato está neutralizado en la entrada, y Sero trata de mantener a raya a Toru y Mina.

—¿Crees que necesite ayuda?

—Puede ser. Si Mina logra liberar a Sato serán tres contra uno, y uno de esos tres que lo supera ampliamente en físico.

Shoji sacó su walkie talkie y lo acercó a una de sus bocas.

—Iida, ¿me copias? ¿Iida?

—¿Qué pasa?

—No contesta. Maldita sea, tengo que ir a ver. Te encargo la band… Jiro.

—¿Sí?

—¿Y la bandera?

Los dos compañeros notaron con horror que su insignia ya no estaba en su lugar, en el centro de la oficina principal.

—¡¿Cómo es posible?! —gritó Jiro.

Ambos se acercaron a examinar el lugar y vieron que las cuerdas que sostenían la bandera en el mástil cortadas.

—¿No dijiste que Toru estaba en el frente? —se enfureció Jiro.

—¡Lo está! La oigo perfectamente. Espera.

Shoji se agachó y notó unas marcas irregulares en el piso. Eran huellas. Pequeñas, lodosas y frescas.

—Ratas —dijo.

—¿Dices que una rata nos robó la bandera?

—Koda está con ellos, no lo olvides. Así que ese era su plan, carajo.

Shoji volvió a hablar por el walkie talkie.

—Tsuyu, ¿me copias?

—Fuerte y claro, croc.

—Tienen nuestra bandera, y son ratas.

—No creo que sea para tanto como para insultarlos así, Shoji.

—Agh, no. Literalmente son ratas, Koda las envió mientras estábamos distraídos conteniendo a los chicos que luchan en el frente. Búscalas, pues es evidente que entraron por las alcantarillas.

—¡Entendido!

—Si no está aquí la bandera, podemos ir a ayudar —dijo Jiro.

—¡Movámonos!

En el frente, Aoyama trataba de mantener en su lugar a Kirishima a base de láseres estomacales, pero al poco tiempo su táctica empezó a jugarle en contra.

Kirishima apenas tenía un brazo algo agrietado cuando Aoyama cayó rendido al suelo.

—¡Vamos, amigo! ¡Ésto no es nada varonil! —se frustró el pelirrojo.

—Ow… —gimió el rubio.

Momo intentaba contener a Dark Shadow, con bastante éxito, pues el día era soleado y no había fuentes de sombra cercanas. Asestó un golpe con el bastón en la cabeza de la sombra y ésta soltó una lágrima al tiempo que se tocaba la zona afectada.

—¡Au! Mi cabeza… sabes que no me gusta la violencia.

—¿Qué pasa? —se mofó Momo—. ¿Nos hace mal un poquito de sol?

Tokoyami apretó los dientes y miró a su alrededor: Haru y Ojiro seguían intentando superar al otro, pero estaban bastante igualados. El primero estaba bañado en hollín y tierra de la cantidad de explosiones y revolcadas que había recibido mientras se enfrentaba a Bakugo, el cual seguía en el suelo con los ojos en blanco.

Uraraka ayudó a liberar a Iida con la ayuda de una piedra que quebró el hielo que atrapaba sus motores.

—¡Vé! —exclamó ella—. Te cubro la espalda.

Iida asintió y el fuego salió escupido de sus gemelos mientras se internaba en el edificio a toda velocidad.

Tokoyami notó esto y abandonó el combate para correr a enfrentar a Uraraka. Momo amagó a perseguirlo pero Mina se le paró en el camino.

—Lo siento, pero esa bandera no se va a mover de su lugar —dijo el de cabeza de ave.

—¡Liberar!

—¿Qué cosa?

Tokoyami miró hacia arriba y vio cómo una lluvia de escombros se le venía encima. Dark Shadow apartó los que pudo mientras su controlador se escondía junto con él. Los escombros acabaron por tapar buena parte del camino hacia la base azul.

—Eso bastará… —dijo Uraraka.

En eso, un temblor se sacudió bajo sus pies y la improvisada pared de escombros estalló.

—¡El poder de la virilidad! —rugió Kirishima, recién salido de abajo del montón de ruinas.

Shoji se enfrentaba a Sato, que se había liberado, mientras que Jiro lanzaba un ataque sónico que resquebrajaba el hielo con el que Todoroki intentaba cubrirse.

"Esta generación es bastante prometedora. A pesar de luchar con todo, fuera del combate son compañeros muy unidos. Veo a varios de ellos tratarse con respeto y camaradería todo el tiempo. Creo que eso tiene mucho valor." Reflexionó All Might, mientras tomaba un micrófono.

—¡Atención, héroes! —exclamó—. ¡El equipo azul acaba de completar una captura!

—¡Sí! —festejó Ryu.

Tsuyu prendió su walkie talkie.

—Lo siento, chicos —se oyó a través del aparato de Shoji.

—No pasa nada, Tsuyu. Vuelve a tu puesto y mantén los ojos abiertos por más animales como esos —respondió el de los multibrazos, deteniendo la lucha con Sato un momento.

Momo dejó caer su mandíbula. Y corrió a ver a Jiro.

—¡¿Qué hacen fuera de sus puestos?!

—Las ratas del drenaje nos robaron la bandera —respondió Jiro.

Momo sonrió con incredulidad y enarcó una ceja.

—En serio eso es algo que no esperaba oír.

A pesar de las heridas, los insultos y las adversidades, cuarenta minutos después, los estudiantes de la clase 1-A se sentían como si hubieran pasado por el entrenamiento más exhaustivo y satisfactorio de sus vidas, que concluyó con un aplastante tres a uno en favor del equipo azul.

—¡Vengan aquí! —Ojiro abrazó a Ryu, Koda y Todoroki—. Ustedes dos son unos genios en toda regla, muchachos.

—¡¿Cómo te quedó el ojo, imbécil?! ¡JAJAJAJAJA! —rió maniáticamente Bakugo, para luego agarrarse el estómago, que aún le dolía.

—Sí, lo admito, eres el rey de todo lo que quieras —dijo Haru, alzando las manos como si lo hubieran descubierto.

Momo estaba cabizbaja y agotada.

—En serio quería esa victoria —se quejó.

—Aquí está el premio consuelo: Tengo hambre, y mucho. Y es hora del almuerzo —dijo Jiro.

—Podría comerme un caballo ahora mismo —dijo Deku, para el horror de Koda.

—Creo que hice levitar demasiados escombros… —dijo con pesar Uraraka, antes de voltearse y regurgitar un torrente brillante y colorido.

—¿Eso es…? —preguntó Kirishima.

—Arcoíris —completó Haru, entretenido y sorprendido.

—Qué ternura —comentó Jiro, de manera genuina.

Los alumnos de la clase 1-A se cambiaron y se dirigieron al comedor.

—Haru —el nombrado volteó—. ¿Puedes hablar conmigo un segundo? —pidió Todoroki.

—Claro. ¿Se te ofrece algo?

—A solas.

Haru y Todoroki fueron a un pasillo en total tranquilidad. El primero se apoyó contra un casillero y se cruzó de brazos.

—Bien, aquí estamos. Dime, ¿qué necesitas? Si es por lo de hoy, yo no sabía que ese pedazo de escombro tenía una barra de hierro.

—Eso no importa, era solo un entrenamiento grupal —ambos trabaron miradas durante unos segundos—. Tú…

—Maté a mi viejo. Sí, sí, lo hice. Me encantaría que me hicieran preguntas sobre cualquier otro asunto. ¿Solo era eso? —dijo Haru, agotado del tema.

—Sí y no. Quería saber si tú…

—Si yo… —Haru gesticuló con la mano para que Todoroki completara la frase.

—¿Podrías enseñarme a cómo hacerlo?

Haru asintió, se llevó la mano a la barbilla y dijo:

—¿Disculpa?

—Solo es eso.

—¿Sólo es eso? No entiendo la pregunta.

—Quiero que me digas cómo lo hiciste. Qué necesito yo para hacerlo.

Haru levantó una ceja y puso una mueca de desconcierto total.

—Muy bien, muy linda broma, ¿podemos pasar a lo que de verdad quieres saber? ¿O puedo ir a comer ya?

—Creo que no entiendes mi punto: Quiero matar a mi desgraciado padre. ¿Me dirás cómo, o no? —Todoroki no dejó nada a la interpretación, ni con sus palabras ni el tono de su voz.

—Conozco esa cara, amigo —respondió Haru—. Ese gesto que haces se parece mucho a los que yo suelo hacer a veces cuando se me viene a la mente la cara de ese miserable pedazo de mierda. Pero, ¿sabes qué? No puedo hacer semejante estupidez como indicarte cómo matar a tu viejo.

Todoroki frunció el ceño.

—¿Crees de verdad que hay un procedimiento a seguir para hacerlo? Hombre, deja un poco las películas de suspenso, por favor. Por empezar, ni tú y yo uniendo fuerzas tenemos una mínima oportunidad contra el Número Dos del mundo. En todo caso, ¿por qué querrías matarlo?

—Tú sabes bien por qué —Haru se encogió de hombros.

—De saber, no, no lo sé. Pero ahora me has dado un pequeño indicio. ¿Él te hizo eso que tienes en la cara?

—No. Pero… sí fue su culpa.

—Ahhh, ahí está —Haru se acomodó en su apoyo contra el casillero y alzó un poco el cuello, mostrando interés.

—Él creyó que podía convertirme en un arma a su imagen y semejanza —dijo el de ojos dispares—. Pero en lugar de eso solo me hizo pasar un completo calvario día tras día. Y yo… yo…

—Jamás te preguntaron qué era lo que querías.

Todoroki se sobresaltó. Haru suspiró, se abrió la camisa y levantó la musculosa como había hecho para Jiro al comienzo de la semana.

—Creo que tú y yo nos entendemos bien —Haru señaló su abdomen y su pectoral izquierdo, mostrando el tatuaje y algunas marcas de cicatrices de considerable grosor.

El pelinegro se volteó y levantó su cola de caballo, revelando otra marca que le cruzaba la nuca de manera diagonal.

—Quizás demasiado bien —añadió Haru—. No voy a pedirte detalles de nada por lo que hayas pasado, pero sí te diré esto: Mi padre estaba obsesionado con que desarrollara su quirk antes que el de mi madre. Por eso me sometió a toda esa mierda. Quería que yo tuviera branquias en lugar de puto titanio, pero heme aquí.

—Tu madre… ¿Ella te protegió?

—Estaban divorciados para entonces. Y ella perdió el juicio de la tenencia así que la veía muy de vez en cuando. Las leyes japonesas en verdad son una mierda, ¿no es así?

Haru se enderezó y le dio la espalda a Todoroki. Dio unos cuantos pasos antes de detenerse y decir:

—Te diré una sola cosa, y luego dejaremos de tocar el tema: No hagas ninguna estupidez que podría perjudicar a tu familia y a los que quieres más que a ti mismo. ¿Él se merece lo que tú deseas? Ciertamente. Pero, ¿qué consecuencias te traerá si lograras hacerlo, por algún tipo de milagro?

Esa duda quedó en el aire para Todoroki, pues Haru siguió su senda hacia la cafetería. El de pelo bicolor miró al piso con cierta decepción. No era lo que esperaba, pero tenía mucho más en que pensar de lo que tenía antes.

—¿Cómo crees que reaccione Aizawa cuando te vea agujereando las paredes? —preguntó Haru, deteniéndose en seco.

Jiro salió de una esquina con su expresión inundada de angustia.

—¿Es cierto lo que dijiste? ¿Y Todoroki…? Él…

—Lo mejor sería que hiciéramos de cuenta que esto nunca pasó. Sí, eso fue cierto, hasta la última palabra. Pero si queremos evitar meterlo en problemas a él o a nosotros, no hablaremos de esto más que entre tú y yo.

—¡Endeavor es el segundo héroe más fuerte después de All Might! ¿Tienes una mínima idea de lo que puede pasarle si llega a hacer una tontería?

—¿Y a nosotros qué? Por mí que reviente el segundón de Endeavor. Es un bastardo, y lo de Todoroki está totalmente justificado. Si quiere dedicarse a entrenar hasta el punto del desmayo para poder rostizarlo y hacerse un caldo con él, no podría hacer más que felicitarlo.

—Esto no es un puto juego, ¿entiendes? —le replicó la chica—. Estamos hablando de matar a un héroe profesional. Él será fuerte y todo lo que quieras, pero esto es demasiado.

—¿Con quién crees que estás hablando? —Jiro se vio acorralada.

—No sé que responderte, pero sí se que esto es peligroso. Y aterrador como pocas cosas.

Los dos compañeros se miraron a los ojos. Haru asintió.

—Nunca dije que no lo fuera. Lo es, aunque no es asunto nuestro. Yo no voy a tomar parte en nada.

—¿Crees que Todoroki sea capaz de intentarlo?

—Es capaz, pero no lo hará.

—Quiero creerte. Pero todo esto suena muy pesado para mí.

—¿Sabes que puede solucionarlo? Comida. Porque estoy a punto de morir de inanición —la voz de Haru pareció recuperar el entusiasmo.

Jiro acusó el golpe, pues él quería dejar el tema ya enterrado, pero se sintió reconfortada por su actitud y dijo:

—Vamos. Ryu nos hizo esperar hasta que volvieras, es mejor apresurarse.

La próxima clase fue Arte Moderno.

—Bien, chicos, espero que hayan traído lo que Midnight les pidió para hoy. Y por su bien, comiencen a entrenar como nunca para el Festival Deportivo. Espero que todos ustedes superen mínimo la primera ronda —dijo Aizawa, dispuesto a retirarse.

—¿Había tarea de Arte Moderno? —preguntó Denki.

—Tonto, ese día faltaste y olvidaste pedir la tarea —le reprochó Jiro.

—Supongo que nosotros estamos iguales —dijo Haru.

—No es para tanto —los tranquilizó Kirishima—. Solo era investigar en nuestras casas, encontrar una obra de arte que nos gustara y explicar aquí por qué la elegimos.

—No está mal. En Lauta tuvimos clases de historia del arte —dijo Ryu.

—Me pregunto qué pintura se vería bien recreando la profesora Midnight —comentó Mineta—. Quizás la Venus de…

—Vé al médico —espetó Ryu.

Inmediatamente después la puerta se abrió de par en par. Una mujer alta, esbelta y con un atuendo sugerente como nada que los chicos hubieran visto entró en el aula.

—¡Buenos días, niños! —no quedó alumno, hombre o mujer, sin despedir un chorro de sangre por la nariz.

—Éste es mi botón de salida. Hasta mañana, muchachos —Aizawa salió del aula, cerrando la puerta tras de sí.

—Por…

—Dios…

—Santo… —dijeron Deku, Denki y Haru, respectivamente.

—¡¿Cómo nos encontramos hoy?! —exclamó Midnight.

Los alumnos respondieron positivamente. La mujer sacó de su bolso su carpeta y su cartuchera, los cuales colocó sobre la mesa. Comenzó a pasar asistencia hasta que tocó el turno de Haru.

—¿Haru Nishimura?

—Presente —dijo el joven, más repuesto que antes.

—Miren nada más. El profesor Aizawa me habló de tí.

Midnight se levantó de su asiento y caminó hacia él, balanceando sus caderas exagerada y provocativamente. Haru sintió otro disparo sanguíneo asomarse por sus fosas nasales.

La mujer acercó su rostro al de él y lo examinó de pies a cabeza.

—Maravilloso espécimen —dijo ella—. Un digno sucesor de Moira. Chicas, vayan reservando vacantes aquí.

—¡¿Ah?!

Haru se tensó horriblemente y sus ojos quedaron en blanco.

"Eso no se hace. Maldita sea, qué vergüenza." Se lamentó.

—La profesora tiene un humor muy extraño, croc —dijo Tsuyu.

Midnight siguió pasando lista hasta que llegó a Ryu.

—¡Ryu Yaoyorozu! ¡Tenemos parientes en el aula, bellezas!

El nombrado sintió que el corazón se le desbocaba y pasaba a chocar contra sus costillas como en cierto capítulo de Los Simpson. Aún así, hizo un esfuerzo descomunal para mantener su semblante calmado.

—Presente, profesora.

Ella repitió el mismo proceso que con Haru y le pegó una ojeada con detenimiento.

—Con permiso —la profesora retiró suavemente las gafas del rostro de Ryu y se quitó las suyas.

El pelicorto sintió que las manos le temblaban y empezaban a sudar.

—¿Sabes? A veces me gusta ver las cosas del mismo modo que mis alumnos —dijo Midnight mientras se ponía las gafas de Ryu—. Ohhh… exótico, una tonalidad oscura, casi como la de un vidrio polarizado. ¿Algún motivo en particular por el que las uses?

—Ninguno, profesora.

—Ésto —exclamó ella, con jovialidad—. Ésto es lo que busco en un alumno. Total independencia sobre su aspecto. ¿No es eso de lo que discutíamos la clase pasada? ¿Qué hizo grandes a los artistas que hoy estudiamos? ¡El desligarse de las normas pre-establecidas sobre los cánones estéticos, claro está!

"Solo son gafas. Literalmente gafas." Pensó Ryu.

Midnight le devolvió las gafas a Ryu y le guiñó un ojo con mirada juguetona.

El chico esperó a que la profesora se diera la vuelta y tomó a Haru por el cuello de la camisa.

—Recuérdame no lavar jamás estas cosas en lo que me reste de vida —dijo en un susurro agitado.

—Las gafas no se lavan —respondió Haru, con los ojos fijos en Midnight.

La mujer terminó de pasar lista, se paró en frente del pizarrón y habló:

—Ahora que estamos todos, podemos iniciar con la clase. Díganme, ¿quién eligió una obra de arte que le llamara la atención? Ya sé, ustedes dos, los nuevos polluelos.

Haru y Ryu tragaron saliva. Shoji y Ojiro los miraron casi sintiendo pena por ellos.

—Quiero creer que sus compañeros les pasaron la tarea de la semana pasada —dijo Midnight, cruzándose de brazos y sacando el pecho, haciendo notar más de lo necesario su exhuberante busto.

—Sí, profesora. Yo elegí la serie de La Vida del Imperio de Thomas Cole —expuso Haru, tomando iniciativa.

Midnight se mordió el labio.

"De tal palo, tal astilla, Hana." Pensó. "No has echado a perder un solo día desde que lo recuperaste."

—Interesante. Explícanos por qué.

—Bien —Haru se puso de pie—. La serie de pinturas retrata el nacimiento, el ascenso y la caída de una civilización. Se divide en cinco pinturas: El Inicio, el Período Arcádico, el Cúlmen, la Destrucción y la Desolación. Considero que tiene un gran valor artístico y es una manera sublime de representar las fases por las que ha pasado cada civilización a lo largo de la historia, desde los romanos y los mongoles hasta los sumerios.

Midnight gimió de placer y se agarró la cabeza.

—¡Cuánta elocuencia! ¡Cuánto criterio artístico! —dijo extasiada.

"¿Es esta clase en verdad necesaria?" Se cuestionó Shoji.

"¡SEXOOOOO!" Era lo único que podía pensar Denki.

—Ahora, tú —Midnight recuperó la compostura y señaló a Ryu—. ¿Qué nos has traído?

—Yo elegí el óleo del Valle de Lackawanna de George Inness. No es nada especial, pero capta a la perfección la atmósfera cálida de un paisaje rural, es simple y aún así tiene mucho cuidado en los detalles y transmite un sentimiento único.

—¡Sentimiento! ¡Esa es la palabra que buscaba! El arte tiene que generar sentimientos. Impulsarlos, transmitirlos, crearlos desde cero si es necesario. Bien. Ufff… Abran sus libros en la página veinte.

Otro día de exitoso estudio en la Academia UA.

Shoji se abanicó con sus cuatro brazos mientras caminaba Ojiro, Tokoyami, Ryu y Haru hacia la salida.

—En serio, ésto a veces llega a ser demasiado —dijo, agradecido de haberse librado de Midnight.

—¿En serio antes tenía un traje más revelador? —preguntó Ojiro.

—Cuenta la leyenda que no vestía nada de la cintura para abajo, ni para arriba —comentó Tokoyami.

—En este país no conocen a Dios —respondió Ryu.

—No sé ustedes, pero yo planeo entrenarme a fondo para el festival —dijo Ojiro.

—No dudes que nosotros igual —respondió Shoji—. Además, será una gran oportunidad de lucirnos como clase frente a los demás cursos.

—Hablando del tema, ¿alguien sabe cuáles son los nuevos alumnos de la clase 1-B? —preguntó Haru.

—Es raro que ustedes no lo sepan si vinieron por la misma razón que ellos —respondió Tokoyami.

—No tuvimos la suficiente curiosidad. Creo que habría sido una buena idea preguntar para tener al menos una idea de lo que nos iremos a enfrentar en el festival —dijo Ryu.

Los demás estuvieron de acuerdo.

Jiro acompañó a Haru y Ryu aquella tarde, y los dos amigos se dedicaron a entrenar apenas merendaron algo.

Haru hacía flexiones en la sala de estar mientras Ryu levantaba unas mancuernas.

El apartamento era lo suficientemente espacioso para que los dos pudieran ejercitarse cómodamente sin comprometer nada de su alrededor.

La puerta de entrada daba directo a la sala de estar que tenía un sofá-cama frente a un televisor JVC de mediana calidad y un alfombrado de lana con grabados centroamericanos, aunque claramente era de segunda. Por la derecha se iba al comedor, que constaba de una mesa rectangular de abedul con un mantel anaranjado y un florero vacío, pues los muchachos no eran muy atentos con el tema de las plantas. En la misma dirección se encontraba la puerta de la cocina, tras la cual se encontraba el lugar donde Haru solía experimentar con una nueva receta cada cierto tiempo, como lo hacía en la cocina de su madre en Finlandia. En la otra dirección, a la izquierda de la sala de estar, se extendía una galería. A cada costado estaba la entrada a las habitaciones de Ryu y Haru, y al final del pasillo se ubicaba el baño.

Haru estaba muy concentrado en llegar a las doscientas flexiones con cada brazo, tanto que no notó que Ryu le ponía muchísima atención a lo que hacía. El de gafas, por su lado, llevaba cien repeticiones con ambas mancuernas y sentía ya los músculos entumecidos. Dejó las mancuernas en el suelo y se apretó el tríceps derecho.

"Aún no es suficiente." Se dijo a sí mismo. "Cien más serán."

Y siguió intentándolo.