Una pequeña advertencia antes de iniciar con el capítulo: Estoy trabajando tanto como puedo en continuar esta historia, pero la universidad y mis demás obligaciones me restan bastante tiempo, por lo cual probablemente los próximos capítulos tarden más en salir. Aún así, haré lo que pueda para concluir la primera parte de éste fic. Porque sí, va a tener una secuela.

Sin más, que comience el capítulo 3.


Una Canción de Fuego y Metal

Capítulo 3: Festival deportivo


Cuando se incorporó sobre el bulto retorcido y quebrado, tardó en procesar lo que acababa de pasar.

La ropa desgarrada, dejando ver el pecho aplastado y pocos trozos de costilla sobresaliendo entre la piel, algunos perforándola por centímetros. El brazo derecho estaba fuera de su lugar con una grotesca fractura. La sangre manchando toda la extensión del cuarto, desde el tanque de agua detrás de él hasta la radio donde se reproducía God Save the Queen, de los Sex Pistols.

Cristales, agua, sangre y pedazos de hueso regaban el suelo como grama en una llanura. Del cráneo apenas quedaba parte del maxilar inferior pegado al término del cuello, que se encontraba torcido en un ángulo imposible.

Miró sus manos, aunque no las reconoció como tales; garras afiladas como bisturíes y largas por veinte centímetros más que sus dedos lo solían ser eran el final de sus brazos, chorreando una dualidad de fluidos. Eran plateadas y más sólidas que cualquier otra cosa que hubiera tocado. Pasó las manos por su pecho y su cara con temor de cortarse, pero su piel emitió un sonido de raspado frío al hacer contacto consigo misma. Se sobresaltó y se tocó con más confianza. Su mente asoció que era como tocar una bala de atletismo, de las que su madre solía lanzar para entretenerlo. Una bala desdoblada, maximizada y cubriéndolo totalmente. Así era la sensación que le vino primero a la mente.

La puerta se abrió, reventando la cerradura y haciendo volar las astillas. Alguien le apuntó con una linterna y una mujer pegó un alarido.


—Eh, ¿oíste? —preguntó Kirishima.

—Lo siento, estaba distraído —replicó Haru.

—Decíamos que tratemos de llegar todos los de esta clase juntos a la próxima ronda. Tú sabes, hay que demostrar que podemos ayudarnos de la misma manera que lucharemos entre nosotros más adelante.

—No perdemos nada con intentarlo, supongo.

—Ni se te ocurra sacrificar tu lugar por ayudarnos, de todas maneras —le advirtió Iida—. Y eso va para todos. Si tienen la oportunidad, ayúdense, pero…

—Esto es un festival, y una competencia, ¿entiendes? —dijo Tokoyami—. Eventualmente la mayoría terminará eliminada. No tiene caso gastar energía en colaborar con nadie a menos que sea la consigna.

—Yo apoyo al cabeza de canario —dijo Bakugo.

Los estudiantes esperaron a que Midnight, con látigo en mano, diera la orden de empezar.

Ella alzó el látigo, inhaló y gritó:

—¡A correr!

Una avalancha humana se precipitó a superar las puertas.

Todoroki expulsó una ráfaga helada que lo congeló todo, incluyendo los pies de sus contrincantes.

—Qué contrariedad —dijo Ryu, sin mucho entusiasmo.

El chico se quitó las gafas y pasó a derretir con sus láseres los trozos de hielo que atrapaban a Haru, Momo, Tokoyami y Koda, que eran los que estaban más cerca. Mineta también lo estaba, pero Ryu pretendió que no era así.

—Gracias, hermano —agradeció Haru.

Ryu asintió y dirigió el tiro de sus ojos al frente, trazando un camino transitable entre la masa gélida, por el cual se lanzó primero que todos.

—¡Excelente maniobra! ¡Ryu Yaoyorozu ha dejado el camino libre después del ataque inicial de Todoroki! —relató Present Mic.

Bakugo perseguía a Todoroki, impulsándose con sus explosiones. Parecía estar volando como todo un superhéroe.

Haru vio que Momo, Aoyama y muchos estudiantes más estaban tomando la delantera así que se detuvo en seco y separó los pies a la altura de los hombros.

—¡¿Qué demonios haces?! —le gritó Jiro.

—Alcánzame luego.

Él le sonrió con picardía, se agachó en la posición adecuada de quien corre una maratón y, un segundo más tarde, salió eyectado de su lugar como una bala que sale disparada fuera del cañón de una nueve milímetros.

—¡Bakugo le pisa los talones a Todoroki! Y ahora Aoyama se acerca a… ¡¿Qué es esto?! ¡Nishimura ha avanzado doscientos metros en apenas tres segundos?!

"Se impulsó utilizando el titanio en sus piernas. Nada mal." Pensó Aizawa, aún vendado, al lado de Present Mic.

A miles de kilómetros, a través del televisor, Hana pegó un grito de asombro y orgullo que solo una madre podía emitir.

Tomó entre sus manos a la anciana gata que descansaba junto a ella en el sofá y la zarandeó en un frenesí de jovialidad. Cuando se detuvo, ella le dedicó un maullido bajo y grueso, pidiéndole por lo que más quisiera que la soltara.

Hana la dejó en su lugar y volvió a pegar su vista en la tele. El teléfono en su bolsillo sonó. Ella contestó casi por reflejo.

—¡ESE MUCHACHO ESTÁ DEMENTE! —se oyó del otro lado del altavoz.

—¡Lo veo, Roger! ¡Carajo, ese es mi hijo!

—Por el amor de Dios, se me van a caer las lágrimas.

El hombre se limpió la nariz.

Haru siguió su carrera con sus dos piernas transformadas en titanio. Cada paso que daba lo hacía avanzar diez metros, pero sabía que tenía que moderarse. Eventualmente volvió a la normalidad y continuó con sus piernas de carne y hueso.

A su lado pasó una sombra. Miró hacia arriba y una silueta alada le tapó la vista del sol.

—¡Aquí voy, queridos desconocidos! —gritó alegremente la chica de rubios cabellos cortados hasta el hombro.

Nombre: Kobeni Kuwata

Nacionalidad: Japonesa, proveniente de la prefectura de Nagasaki

Quirk: Ángel.

Posee alas idénticas a las que tradicionalmente se asocian a los seres angelicales, las cuales surgen de su espalda.

"Ya veo. Esa es una de las nuevas de las otras clases." Pensó Deku, sin bajar el ritmo.

Varios robots se interpusieron en el camino de los competidores. El joven Nishimura sonrió y metalizó ambos puños. Rugió antes de saltar y reventar las cabezas de dos de ellos sin gastarse en lo más mínimo.

Todoroki ya había congelado algunos de descomunal tamaño más adelante, los cuales acabaron cayendo y bloqueando el camino para algunos, aunque Bakugo, Sero, Aoyama y Kobeni pasaron sin problemas.

Ryu cortó a la mitad a un robot sin frenarse ni un momento, aunque podía sentir que el aliento comenzaba a faltarle.

—¡Siente el poder del sol! —exclamó una voz detrás suyo.

Otro robot cayó con el pecho devastado con un hueco que derritió metal y circuitos.

Ryu volteó y se encontró con un muchacho de su estatura, castaño, ojeroso y con mirada sombría.

Nombre: Yuri Borchev

Nacionalidad: Ruso, proveniente de la República de Tartaristán

Quirk: Heliófilo.

Es capaz de absorber la luz solar y almacenarla dentro de su cuerpo. Tiene utilidad tanto en combate como para sanarse a sí mismo, aunque este quirk no funciona de noche o en días nublados.

—Eso es nuevo —dijo Ryu.

Jiro clavó sus cables en un robot y acabó friéndole el interior con sus vibraciones.

Shoji se lanzó contra uno de los pocos que quedaba en ese tramo y con sus puños desnudos le rompió la cabeza.

—¡Bien, bien! ¡Parece que esos obstáculos no fueron nada para ustedes! —gritoneaba Present Mic—. ¡PERO QUÉ TAL SI SUBIMOS LA APUESTA!

Los estudiantes se vieron cara a cara con un precipicio salpicado de pilares de roca conectados por gruesos alambres.

—Maldita sea —maldijo Ryu.

—¿Ocurre algo? —preguntó Ojiro, que acababa de llegar a su lado, jadeante.

—No soy adepto a experimentar grandes alturas, ¿sabes?

—Ahora que lo dices… —los dos se asomaron a ver el borde—. No parece un paisaje muy bonito.

Haru llegó al lado de sus dos amigos y examinó el escenario.

—¿Quieren pasar esto rápido? —preguntó, con aires de confianza.

—¿Qué sugieres? -cuestionó Ojiro.

Haru tomó su forma de titanio completa y extendió sus brazos a cada lado.

—Agárrense fuerte, por lo que más quieran.

Jiro y Momo iban a la par. Llegaron al pie del acantilado solo para oír dos voces familiares gritar desesperadas.

—Esos son…

—No puedo creerlo —interrumpió Jiro.

Ojiro y Ryu se dejaron la garganta en lo que duró ese pequeño vuelo.

Haru se anticipó a su caída y se sacudió a sus amigos, lanzándolos al otro lado del barranco y asegurándoles la continuación en la carrera. Él lanzó un manotazo que le valió para aferrarse al borde. Ojiro y Ryu lo ayudaron a subir y Haru retiró su armadura de titanio.

—Te debemos una —le dijo Ojiro, feliz de la vida.

—Lo discutiremos una vez hayamos terminado esto —Haru le sonrió y continuó su marcha con ellos detrás.

Los estudiantes restantes continuaron hasta encontrarse con el último obstáculo: Un campo minado.

Ryu llegó a la par de Momo y Tsuyu y sonrió. Un pequeño brillo rojizo se dejó ver detrás de sus gafas. Ante sus ojos se reveló el camino a seguir, así que comenzó a trotar con prudencia.

—¡Oye! —le gritó Momo—. Eso es trampa.

—No, claro que no —se burló Ryu, sin mirar atrás.

Bakugo pasó volando por encima de todos, persiguiendo a Todoroki.

Deku los alcanzó con un salto de fe y con una plancha de metal en mano.

—¡No, claro que no! —pensó Haru.

Haru se impulsó una última vez y con toda la potencia que sus extremidades inferiores le permitían. Pasó como una saeta al ras del suelo, haciendo tropezar a varios estudiantes por los que pasó cerca. Ryu no dejó que esto lo distrajera. Iba a mitad de camino.

Deku cayó sobre los hombros de Bakugo y Todoroki y estampó la plancha contra el suelo. Se inclinó hacia adelante y empleó sus manos para recorrer el último tramo de la carrera.

Haru lo alcanzó. Ambos iban pegados y apenas faltaban veinte metros.

Haciendo un esfuerzo final, Haru metalizó su pierna derecha y, al dar un último paso, la usó de apoyo para saltar hacia el frente.

Rodó por el suelo y masticó tierra y trozos de hierba, embarrándose en polvo y algunas manchas verdosas.

—Amazing! —gritó Present Mic—. En un gran giro de trama, Haru Nishimura ha llegado… ¡PRI-PRI-PRIMERO!

El público estalló en júbilo, pero ni de lejos como lo hizo Hana, abrazando el televisor y llorando el nombre de su único hijo.

El muchacho se levantó con renovado fervor, gritó su victoria y lanzó un golpe al aire. Deku apenas podía entender lo que había ocurrido, pero sonrió. Sonrió por ver que alguien apenas llegado hacía pocas semanas se movía tan bien con su quirk.

Se levantó y le dio una palmada de felicitación. Haru no se quedó atrás y lo envolvió con un brazo, trayéndolo hacia sí, como un tío afable con su sobrino después de darle dinero para que gaste en golosinas.

El estadio en el que se encontraban era enorme, más que cualquiera del que tuvieran conocimiento.

—¡Excelente jugada! —dijo una voz fina y cálida.

—Tú eres Kobeni Kuwata, de la clase 1…

—¡C!

—C. Gracias por el cumplido —dijo Haru, sacudiéndose la tierra.

—Vaya que lo soy. Mi compañero y yo estábamos ansiosos por conocerlos a ustedes y al resto de tu clase.

—¿Compañero?

—¡Sí! Creo que se ha quedado un poco atrás.

Haru continuó conversando con ella hasta que vio que Shoji se acercaba.

—Maldita sea, y yo que pensaba que el titanio te haría más lento —rió el de los múltiples brazos.

—Es lo que muchos piensan. Supongo que eso me convierte en un pobre incomprendido.

Kobeni se giró y los ojos se le iluminaron.

—¡Aquí estás! —ella corrió hacia Yuri y le dio una fuerte palmada en la espalda.

—¡Oye! ¿Y a tí qué infiernos te pasa?

—¡Te ví luchar desde el cielo! Te veías tan genial —ella se abrazó a él, pero Yuri se sintió invadido.

—¿Se supone que esto debería ser normal? —preguntó Shoji, con una gota de sudor bajándole por la frente.

—No sé, pero parecen llevarse bien —dijo Haru, sonriendo con inocencia.

Ryu, Sero y Kirishima llegaron después, en ese orden.

—No es un resultado despreciable para ser nuestra primera carrera, ¿eh? —sonrió Kirishima.

—La mayoría se ha quedado en el precipicio y en el campo minado, así que solo quedamos los buenos —fanfarroneó Sero.

—¿Y esos dos quienes son? —preguntó Kirishima.

—Son los nuevos de la clase 1-C —respondió Shoji.

—Vaya, así que ellos tienen al angelito y el rayito de sol. Suena como una buena dupla —comentó Ryu.

—¡Oye, imbécil!

Los chicos voltearon y se encontraron con Jiro rodeada de llamas y con la cara torcida de rabia. Uno de sus cables se movió y se incrustó en la oreja de Haru.

Éste gritó de dolor y se tocó el oído.

—¡¿Y ahora qué hice?!

—¡Me dejaste sola ahí atrás y ni siquiera me ayudaste a cruzar el precipicio!

—Yo nunca accedí a ayudarte.

—A Ryu y Ojiro sí los llevaste.

—Si hubieras estado cerca te habría llevado sin problemas.

—¿Y no se te ocurrió esperarme?

—¿Y no se te ocurrió ser más rápida?

Con cada frase los rostros de ambos se acercaban más y más, y una línea eléctrica conectaba sus ojos.

—Apenas un mes aquí y parece que se conocieran desde el principio —comentó Sero, rascándose la mejilla con algo de pena.

El resto de competidores llegó al estadio.

Midnight los reunió y se preparó para anunciar la siguiente ronda.

—¡El próximo juego será…! —la ruleta comenzó a girar en la pantalla—. ¡Batalla de caballería!

Los estudiantes se rascaron la cabeza, sin comprender la mecánica del juego.

Midnight explicó que del menor al mayor puesto de la carrera, se le asignaría una correspondiente cantidad de puntos. El último lugar, número cuarenta y dos, valía apenas cinco puntos, mientras que el primer lugar, el que Haru se había esforzado tanto para ganar valía:

—¡Diez millones de puntos! —exclamó la profesora.

—¿Ah? —Haru tenía la piel pálida como la cal y los ojos en blanco.

De pronto sintió varias decenas de pares de ojos clavarse en su piel como si fueran agujas.

Ryu le puso la mano en el hombro y suspiró.

—Tenía la leve impresión de que ésto pasaría.

Jiro lo tomó con fuerza del cuello de la camisa y dijo:

—Esta vez tú y yo vamos juntos. Te guste o no —tenía una sonrisa terrorífica y los ojos chispeantes de anhelo.

"Las mujeres dan miedo." Pensó Shoji, viendo la escena.

—Ahora se puso pesadito el día… —Haru se desinfló como un globo y volvió a inflarse, con el rostro bañado en angustia.

—Kobeni, ¿quieres ser con nosotros? —preguntó un muchacho de cabello azulado y picudo.

—¡Claro, en un segundo voy! —dijo alegremente la rubia—. No es como si tuviera mucha opción, ¿saben? —les dijo a Haru y los demás—. Es como, una palabra y ¡puf! —ella rió con tono infantil—. Pero de todos modos ha sido muy lindo conocerlos. ¡Suerte!

—Supongo que yo igual voy —dijo Yuri, arrastrando un poco las palabras, como si tuviera fatiga.

—¿Qué les pasa a esos? —preguntó Jiro.

—No sé, pero no es buena idea tenerlos cerca en este momento —dijo Ryu.

—Sea como sea, sigue faltándonos alguien para estar completos —añadió Haru.

Los tres compañeros notaron que todos los demás ya se habían unido a algún grupo. Se miraron y encogieron los hombros, aceptando ser un equipo de tres.

Se repartieron las cintas con el puntaje.

—Ryu, tú tienes mejor ojo que nosotros dos, estás más capacitado para anticiparte a los ataques, vé arriba, nosotros te llevamos —dijo Jiro.

—Bien.

En el momento en el que Ryu se ató en la frente la cinta con el exuberante número, todas las miradas cayeron sobre el equipo de Haru, Ryu y Jiro.

—En sus marcas… —habló Midnight—. ¡Listos! ¡FUERA!

Suena Kill Switch, from Spartan Total Warrior OST

Los estudiantes comenzaron a correr en busca de aumentar su puntaje. Y, por aumentar su puntaje, entendían aplastar a Haru, Ryu y Jiro.

El equipo de Haru corrió cuanto pudo para evadirlos. Ryu escaneaba el lugar sin cesar y más de una vez disparó su láser contra algunos equipos, aunque con potencia moderada.

—No se dirijan hacia Shoji —advirtió—. Tsuyu y Mineta van en su espalda.

—Buena estrategia. Apenas vamos un minuto y ya se han apropiado de dos cintas —dijo Haru.

—¡Al frente! —gritó Ryu.

El equipo de Bakugo, Mina, Sero y Kirishima se les aproximaba sin intenciones de dejar ir los diez millones de puntos.

Sero lanzó cinta contra Ryu, pero Haru la bloqueó con su mano vuelta una hoja y la rebanó.

—¡Sigan, no paren! —arengó Bakugo, preparado para saltar sobre Ryu.

—Tenemos que continuar —dijo Jiro.

Comenzaron a correr para tratar de despistar a Bakugo y compañía.

Al poco tiempo se cruzaron con unos alumnos de la clase 1-B, con un muchacho rubio a la cabeza.

—Vamos por ese, se ve sencillo —sonrió Haru.

—Tenemos puntos de sobra, concentrémonos en mantener esta cinta —replicó Jiro.

—Haru tiene razón. Si llegasen a quitarnos ésta necesitaremos mantenernos en el juego de alguna manera. Vayamos por ella —dijo Ryu.

Los tres se dirigieron contra el equipo de la clase contraria.

—Defensa —ordenó el muchacho rubio.

Su compañero escupió una burbuja de, increíblemente, aire, que se solidificó y frenó el paso de Haru y compañía.

—¿Aire sólido? —cuestionó Jiro.

—Da igual si es aire o agua —Haru hizo añicos la defensa con un puñetazo de titanio—. ¡Ataquemos!

Ryu amagó a quitarle una cinta de las tres que tenía al rubio, pero éste lo esquivó, llegando a rozar su mano.

—Veamos qué tienes para ofrecer —dijo con malicia, antes de disparar un láser de sus ojos que le pasó a Haru a centímetros del rostro.

—¡Carajo! ¿Tienen el mismo quirk? —preguntó él.

—No. Pero me tocó. Parece que su quirk se basa en copiar las habilidades de los que toca.

-Así que es eso. Bien.

Haru adoptó su forma de titanio completa.

—Iré al frente —dijo, posicionándose de manera que Ryu y Jiro quedaran detrás suyo.

—¡Ese maldito tiene mi quirk! —gritó un alumno de la clase 1-B, con la piel plateada.

—¡No, tú tienes mi quirk! —le contestó Kirishima, furioso.

Haru se impulsó como había hecho durante la carrera y atravesó sin problema otra barrera de aire. El rubio le lanzó un láser, pero éste no melló en lo más mínimo su armadura. Haru tackleó a todos los enemigos juntos, derribándolos. Mientras caían Ryu atinó a quedarse con dos cintas, una de doscientos y otra de novecientos puntos.

—¡Eso es! —festejó Jiro.

El equipo conformado por Deku, Tokoyami, Uraraka y una miembro del equipo de apoyo, llamada Mei, iba a paso ligero, con Dark Shadow habiendo robado ya una cinta de quinientos puntos.

Todoroki, Momo, Iida y Denki fijaron su mira en ellos y arrancaron una nueva persecución.

—¡Jiro, parlantes! —gritó Ryu.

—¡Voy!

Los cables de la chica se conectaron en las fichas de sus tobillos. Había sido una gran idea solicitarlos como soporte para su quirk antes de presentarse al torneo.

De los altavoces salió un sonido tan saturado que estuvo a nada de explotar los tímpanos del equipo de Iida y dos más de la clase 1-B que estaban detrás.

—¡No paremos! —exclamó ella antes de redoblar la marcha.

Ryu vio que Bakugo se había hecho con varias cintas nuevas y volvía a pisarles los talones.

Giró el cuello hacia la derecha y vio al muchacho rubio que habían dejado atrás hace un rato quitarle su cinta al equipo de Sato, Koda y Toru.

—¡Oye, tú! —le gritó Ryu. El muchacho se volteó—. ¿Te crees muy valiente para hablar de él a sus espaldas?

El equipo de Bakugo paró en seco.

—¡Ryu, dime qué carajos dijo ese bastardo de mí! —exigió saber el del quirk explosivo.

—¡Algo sobre que en ésta clase tenemos talento para elegir representantes con cara de sociópatas! Deberías preguntárselo personalmente, ¿no crees?

—Kirishima —siseó el representante de la clase 1-A—. Antes de Deku y el pasmado de Haru, matemos a ese tipo —su expresión estaba desfigurada en un sentimiento de demencia absoluta.

—Gran jugada, hermano —felicitó Haru a su amigo.

—¡Hora de hacer un clásico taiyoken! —se oyó anunciar a la voz de Kobeni desde las alturas.

No tuvieron tiempo a entender ni reaccionar. Un haz de luz cegó a todos, sin excepciones.

—¡Waoooo! ¡El equipo de Hitoshi tiene un haz bajo la manga! —relató Present Mic.

—¿Podemos bajar ya? —pidió Yuri, abrazado a Kobeni, quien aleteaba sin parar. Estaba demasiado entretenida, como una niña admirando su nueva casa de muñecas.

—¡Jaja! "Taiyoken", ¿entiendes? ¿Te gusta Dragon Ball? ¿Eh? —preguntó insistentemente la chica.

—¡Eso es puta trampa! —gritó Jiro, restregándose los ojos.

Midnight dio un latigazo al aire.

—¡Yo declaro que no lo es!

—Carajo, la cinta. ¿Dónde mierda está la cinta? —se quejó Haru.

El chico abrió los ojos. Se le vino encima el rostro emocionado de Kobeni.

Ninguno llegó a actuar cuando era debido y terminaron perdiendo una cinta, la cual la angelical muchacha entregó al capitán de su equipo.

—Genial —dijo Shinso, el de pelo azul.

Revisó el valor de la cinta, llevándose una sorpresa moderada.

—Quinientos puntos. Está bien, eso nos deja en quinto lugar. Estamos cerca.

—Ups, creo que tuve un pequeño error de cálculo —se disculpó Kobeni, aterrizando y volviendo a sostener a Shinso, que hasta entonces había ido a espaldas de Ojiro y otro muchacho bajito y regordete.

Se pausa la música

—Hana, ¿lo estás viendo? ¿Lo ves? —se emocionó Roger, del otro lado del teléfono.

—¡Por Dios que sí! —la mujer tenía los ojos idos en llanto. Un llanto que jamás esperó estar padeciendo, pero era más liberador que nada.

Roger suspiró y dijo:

—De verdad tiene potencial. Con algo de tiempo acostumbrándose al ajetreo de la ciudad, será un héroe hecho y derecho.

—Así es. Es increíble. De verdad, parece ayer cuando nos mudamos aquí. Y ahora… míralo. Están esquivando a esos compañeros suyos como si fueran profesionales.

—Presta atención a sus gestos. Sus expresiones. La forma de comunicarse. Haru ha hecho buenos amigos en poco tiempo. La manera en la que esquivan a ese rubio con quirk de dinamita es muy hábil. Oh, espera… ahí va una cinta.

—¡No! —se desesperó Hana.

—Uff, descuida. Solo son doscientos puntos.

El grito frustrado de Bakugo se oyó a través del televisor.

—Gracias al cielo. Sabes, con un poco de suerte y si los tipos de traje miran para otro lado con sus antecedentes, Haru recibirá varias propuestas para participar en una agencia. Es tan parecido a mí cuando tenía su edad…

—Sí. Sobre eso, Hana…

—¿Qué ocurre?

—Tengo una pequeña propuesta.

Se reanuda la música

—¡Vamos, maldición, nos queda un minuto!

—¡Un minuto antes de que termine la batalla de caballería, y el equipo Yaoyorozu aún conserva los diez millones! ¡Todoroki va detrás con mil novecientos treinta y cinco, Midoriya tercero con mil, y Bakugo va cuarto con seiscientos veinticinco puntos! —vociferó Present Mic.

—Oh, tiene que ser un putísimo chiste —dijo Jiro al ver que los otros tres equipos finalistas, incluso el de Shoji y el del muchacho de acero de la clase 1-B los tenían acorralados.

—No hay dónde correr —rió Bakugo, haciendo chispear sus palmas mientras se acercaba con cuidado.

—Tiene razón —reconoció Haru—. Habrá que ir con todo.

—¿Qué sugieres? —preguntó Ryu.

Haru contestó tomando su forma de titanio. El corazón le iba a fondo. Cinco minutos máximo era lo que tenía calculado si esa velocidad se mantenía. Más que suficiente para asegurar la victoria.

—Suban —dijo—. A mi señal, láncenles lo que tengan.

—¡Eso es! —los alentó el capitán de la clase 1-B, usando las pocas fuerzas que le quedaban para cubrirse con su armadura.

—¡Aquí voy! —gritó Shoji, abriendo sus brazos y descubriendo a Tsuyu y Mineta, preparados para atacar..

Jiro y Ryu se subieron a hombros de Haru. Éste inhaló profundamente. Echó el pie izquierdo hacia atrás, listo para dar el último envión.

Cerró los ojos y agachó la cabeza.

El corazón taladrándole los oídos; los pulmones inflándose hasta su tope; la sangre yendo hacia sus mejillas como un caudal imparable.

Volvió en sí y se lanzó.

—¡Denki! —gritó Todoroki.

—¡Aquí van mis 1.3 millones de voltios! —exclamó el nombrado.

Momo ya había preparado las defensas a sus costados.

Dark Shadow se lanzó contra Haru.

Bakugo saltó amarrado a la cinta de Sero.

—¡Ahora! —rugió Haru.

El haz de estática se precipitó contra el trío.

Haru frenó en seco, sacó el pecho y lanzó hacia arriba con todas sus fuerzas a Ryu y Jiro.

—¡¿Qué mierda estás haciendo?! —le gritó su amigo.

—¡Haru, traidor malnacido, te voy a matar! —amenazó Jiro, aterrada por la altura.

Los dos se elevaron fácilmente veinte metros por encima del suelo.

—¡Impensable! —aulló Present Mic—. ¡Nishimura ha lanzado por los aires a sus compañeros de equipo!

Aizawa apretó los puños, tenso hasta la médula.

"¿Qué carajos haces?"

—¡Haru! —gritó Hana, más pegada al televisor que nunca.

La descarga eléctrica dio de lleno contra Haru. Un brillo antinatural y fugaz recorrió todo su cuerpo.

—PERFECTO —se fascinó de sí mismo. Quedaban diez segundos.

Entre el público, un hombre de gran figura observaba con desdén al muchacho. Ardía su cabello, su barba y parte de su ropa.

Pero más aún, ardía su pecho.

Haru dio un rápido paso al frente.

La situación en su clímax.

Saltó en el lugar y la luz se concentró en su puño derecho. Exhaló un alarido y, al caer, apuñaló el suelo de un golpe con toda la saña que pudo reunir.

El estadio y sus alrededores temblaron como si hubieran arrojado mil bombas, y las luces de todo el lugar parpadearon durante unos instantes.

Los equipos salieron disparados por doquier.

El contador por fin llegó a cero.

Haru saltó y atrapó con cada brazo a uno de sus compañeros. Cayó parado. Retiró su armadura y los dejó en tierra firme.

Se apaga la música

—¡HARU NISHIMURA ACABA DE ASEGURAR LA VICTORIA PARA SU EQUIPO! —aclamó Present Mic.

Los espectadores se dejaron llevar por la emoción y gritaron su nombre hasta quedar casi afónicos.

All Might miraba desde la distancia. No había presenciado en su vida un alumno capaz de desplegar tal fuerza bruta.

Energía y violencia en su estado más inalterado.

—¡Loco de mierda! —gritó Ryu—. ¡De verdad eres un loco sin maldito remedio!

Haru se encogió de hombros, sin borrar su sonrisa.

—Agradécele a mi enfermedad mental haber acabado primeros —dijo muy bromista, antes de zarandear por los hombros a su amigo.

Dos cables se ensartaron en cada oído de Haru. Éste sintió su cerebro medio derretirse.

—Te voy a freír todo lo que tienes en ese cráneo —gruñó Jiro, poseída por la rabia.

Pero en el fondo ni siquiera le alcanzaban las palabras para agradecerle ese sinsentido que había maquinado apenas en segundos. Un sinsentido con todas las letras, pero que los había colocado a los tres como los mejores de la ronda. Con todo lo que eso implicaba.

Deku se recuperó antes que todos y corrió hacia Haru.

—¡HAAARUUUU! —chilló, sacando una libreta y un lápiz—. ¡Enséñame por favor qué fue eso que hiciste!

—Bueno, yo…

—Mierda. Mierda. Mierda. Mierda —maldecía Bakugo, revolcado hasta el alma.

Kirishima y Sero se levantaron y vieron la escena.

Poco a poco los competidores recuperaban la noción de dónde estaban.

—Viejo, eso fue… —balbuceó Sero.

Kirishima dio algunos pasos hacia Haru. Se detuvo para limpiarse las lágrimas y continuó.

Llegó hasta él y le dio unos toques en el hombro. Éste se volteó.

—Carajo, ¿estás bien? ¿No lastimé demasiado a nadie? —preguntó Haru, prestando atención al pelirrojo y a los demás.

Nadie indicaba estar por encima de unos pocos moretones. Obviando las heridas al orgullo.

—Tú… eso que hiciste… ¡Fue tan varonil!

Kirishima lo miró con genuina admiración. En el fondo, Haru se arrepintió de su accionar, pues ahora tendría todas las razones para ser el centro de atención.

Aún así, apreció con todo su corazón el gesto de su compañero. Lo abrazó con terruño y le dio unas palmadas en la espalda como si lo viera después de un largo viaje.

—Tú, mi hermano, eres la persona más varonil que he conocido jamás —le dijo—. Sí que nos lo pusieron difícil hoy.

—Y ahora toca la parte pesada —dijo Deku, sonriendo con confianza.

Midnight hizo reunir a los cuatro equipos finalistas.

—Hmmm, parece que tenemos un pequeño inconveniente. El número de competidores restantes es impar. Permítanme un momento.

La mujer habló por comunicador con Present Mic, All Might y Cementoss.

—¿Deberíamos incluir a algún miembro de un equipo perdedor? —preguntó ella.

—Yo digo que YES! —dijo Present Mic.

—Ese Shinso del curso de estudio normal parece apto. Hay algo que me indica cierto potencial ahí —dijo Cementoss.

—¿El que tiene cara de sueño? —preguntó All Might.

—A mí me parece bien. Además, su quirk es muy interesante —dijo Present Mic.

—No le demos tantas vueltas, la gente está esperando que alumnos como Todoroki o Bakugo empiecen a repartir golpes —añadió Aizawa—. Métanlo a ese y ya, no creo que haga mucha diferencia.

Midnight volvió a su lugar.

—Para solventar este pequeño problema, hemos decidido añadir a un alumno al azar de los equipos que no integraron los últimos cuatro.

Ella fingió buscar entre la multitud por algunos segundos y señaló a Shinso.

—Usted, joven Hitoshi.

—Excelente —sonrió él.

—Muchachos —habló Ojiro, acercándose a sus compañeros de clase—. Necesito decirles algo.

Él, Deku, Haru, Ryu y Todoroki se reunieron.

—Si alguno de ustedes llega a ir contra él, hagan lo que hagan, no le dirijan la palabra —advirtió.

—¿De qué estás hablando? —cuestionó Deku.

—Yo… carajo, yo no recuerdo nada de la batalla de caballería. Es como si me hubiera acostado a dormir en cuanto lo ví y luego me despertara aquí.

—Así que a eso se refería Kobeni —dijo Haru.

—¿Qué cosa? —preguntó Ryu.

—"Una sola palabra y ¡puf!". Su quirk tiene que ver con el habla. Sea lo que sea, no nos convendría descubrirlo estando en la arena.

Midnight anunció la hora del almuerzo previo a la presentación de los combates y las actividades recreativas.

Haru, Ryu, Momo y Jiro iban subiendo las escaleras en dirección al comedor.

—¿Y Deku? —preguntó Momo.

—Creo que tenía un asunto pendiente con Todoroki —replicó Ryu.

—¿No se han puesto a pensar en cómo Todoroki…?

Las palabras de Momo fueron cortadas de raíz. El grupo sintió una sensación abrasadora que les dio de lleno. Como si hubieran metido la cabeza en un horno de barro.

El hombre que había estado observando la ronda anterior, rodeado de llamas, bajó en su dirección. Su rostro demostrando asco y odio, conjugados en una sola mueca.

Él cruzó la mirada con Haru y se detuvo al momento. Pareció sorprenderse de verlo, pero de la peor manera.

—Ah, eres tú —dijo, con voz de trueno—. Nishimura.

—Endeavor —Haru fingió emoción, ocultando una mezcla de desprecio y nervios.

—Veo que tu reputación te precede, en más de un aspecto. Aunque te imaginaba más alto.

Haru no tuvo manera de replicar. Sonrió de lado y asintió, pasándole por el costado al héroe. Jiro y los demás lo siguieron

—¿Ha venido tu madre contigo? —preguntó Endeavor.

—Vaya, no sabía que tenía cara de chuparme el dedo —bromeó Haru, con más ánimos de gastar al padre de Todoroki que de alivianar el ambiente.

—¿No ha venido contigo a Japón? Supongo que es clásico de ella.

Una pequeña alarma se disparó en la mente de Ryu. Haru comenzaba a levantar presión.

—¿Clásico? —sonrió incómodamente Haru.

Ya no le faltaban ganas de romperle la nariz de un rodillazo al grandullón.

Jiro y Momo miraron al héroe, que desafiaba con la mirada a su compañero. Ryu, por el contrario, estaba atento a la reacción de Haru.

—Ah, sí. Tú sabes, después de pasar cuatro años sin verla, se le habrá hecho costumbre dejarte solo.

Las venas de los brazos y la frente del chico se inflamaron y bombearon a toda máquina.

—Oh, señor Endeavor, me halaga al saber tanto sobre mí —rió dulcemente el muchacho—. Casi parece que me prestara más atención que a su familia.

Endeavor recibió de lleno el golpe. Su cabello y su bigote ardieron con más intensidad.

Ninguno de los dos, hombre y joven, rompió la tensión. No planeaban hacerlo.

—Escúchame bien, niño —la voz de Endeavor descendió una octava—. Ten cuidado con cómo te mueves por aquí. Estás en terreno peligroso, y deberías estar consciente de ello. Y mucho ojo con mi hijo. Él está por encima de ti, y varios peldaños, muchísimos. No trates de meterle ideas extrañas y dañinas en su cabeza, ¿entendido?

Haru se cruzó de brazos, agachó la cabeza y susurró una risa.

—Yo no planeo dañar a tu hijo —comenzó a tutearlo, redoblando la apuesta—. Yo sé de alguien que tiene talento para hacerlo, y está por aquí, más cerca de lo que crees.

Endeavor apretó la dentadura.

Su sangre bullendo en las venas más de lo que habitualmente lo hacía.

Se dio la vuelta y siguió su camino.

No volvió a hablar.

—Vámonos —dijo Haru. La voz le temblaba.

Era difícil leer si se debía al miedo, la ira o la impotencia.

Se adelantó hacia el comedor más rápido que los demás. Ryu y Momo fueron tras él.

Kyoka se quedó parada. Estaba tiritando como si una ventisca la acosara.

Jamás lo había percibido tan perturbado.

—Jovencita —volvió la voz de Endeavor, desde las escaleras.

Kyoka ahogó un grito y se volteó. El héroe estaba con los ojos clavados en ella.

—Te daré un consejo, y espero que se lo transmitas a tus compañeros: Ese chico es peligroso. No solo peligroso. Tiene las manos manchadas de sangre, su propia sangre. Si quieres estar a salvo, te alejarás de él tanto como puedas.

Y ahora, se había ido definitivamente.

La chica se apretó el pecho. Los pulmones le pesaban. Su respiración era frenética e irregular.

Corrió hacia el baño y se precipitó a abrir una canilla.

Su cabeza terminó empapada, pero la ayudó a calmarse.

—Maldito cínico —dijo jadeante—. Espera que le crea después de lo que sé.

Sintió las lágrimas asomarse por sus ojos, pero las resguardó.

—Esto de los héroes está comenzando a decepcionarme.

Concluyó el almuerzo, y llegó la hora de las actividades recreativas.

Haru estaba más tranquilo, pero seguía con cara bastante larga y con mucha rabia acumulada.

Él se sentó en las gradas junto a Ryu, Shoji, Ojiro y Tokoyami.

—¿Qué le dijiste a Deku? —preguntó Haru.

—Solo le advertí lo que ya les dije. Y estuvimos repasando posibles estrategias para vencer a Shinso sin hablarle —dijo Ojiro.

—¿Cuán difícil puede ser? —preguntó Ryu—. El tipo está bastante escuálido, y Deku tiene más masa muscular que tres Shinsos juntos. Si se calla la boca y le da un simple empujón tendrá la pelea ganada.

—Supongo que para él no es tan fácil —comentó Tokoyami—. Midoriya es un bocón como él solo. Y no cabe duda de que Shinso buscará la forma de que le hable.

—Oremos para que Deku pueda pasar de esto sin problemas —suspiró Haru.

El teléfono del chico vibró y éste respondió a la llamada.

—Hola, mamá —dijo, con los ánimos mínimamente repuestos.

—¡Mi niño! ¡Mi guerrero! ¡Mi héroe! —gritaba Hana, en un frenesí de orgullo maternal.

El chico sonrió.

—¿Me viste? ¿Qué tal estuve?

—¡Que si te ví! Roger y yo hemos estado pegados a la tele y siguiéndote mientras hablábamos por teléfono. De verdad has sido intrépido, hijo. Eso te llevará muy lejos, ya lo verás.

—Gracias, ma —rió algo avergonzado Haru—. ¿Qué tal está Roger? Olvidé llamarlo estos días por el entrenamiento.

—Uff, casi igual de intenso que yo —contestó Hana—. Nunca lo había oído llorar de esta manera.

Haru y Ryu compartieron una mirada. El de gafas le lanzó una sonrisa de felicitación.

—Cuéntame, hijo, ¿cómo te sientes?

—Estoy nervioso. Feliz, claro, pero nervioso.

—Oh, es natural. Yo estuve en tu lugar cuando era un año menor que tú, y salí en tercer lugar detrás de Endeavor y Aizawa, ¿puedes creerlo?

El nombre del padre de Todoroki arrojó un escalofrío por la columna de Haru. Se apretó el puente de la nariz y negó con la cabeza. Volvió a ensanchar los labios y fingió alegría.

—Para ser la Doncella Guerrera, suena que les pasaste el trapo a todos los que no llegaron al podio, ¿eh?

—Ya ves que esto viene de familia, Haru. ¿Quién te hacía reír arrojando balas de atletismo desde que tenías dos meses?

Madre e hijo compartieron una risa nostálgica. Jiro, Uraraka, Momo y Tsuyu tomaron asiento junto a los chicos.

—¿Quién está contigo, hijo?

—Ryu y algunos amigos más. Estamos esperando a que inicie la pelea.

—Aww, mándale un saludo a todos de mi parte, ¿ok?

—Lo haré, ma.

—Bueno, Haru, creo que ya te dejo en paz. Es que… ay…

Hana emitió un leve sonido de moqueo y luego un fuerte soplido contra un pañuelo.

—¿Vas a llorar?

—¡No, claro que no! —gritó la madre, avergonzada.

—Vas a llorar —afirmó Haru.

—¡Basta!

—Ya estás llorando, mamá.

—Ya, ya, ve con tus amigos. Dalo todo, Haru. Recuerda todo lo que te hemos enseñado. ¡Sin dudar, y sin miedo al dolor!

—Lo haré. Cuenta con ello.

—Y no se te ocurra decir que me harás sentir orgullosa. Nunca has necesitado hacer nada para que me sienta así.

Haru asintió con suficiencia. Su rostro ya no reflejaba más que paz.

—Te amo, mamá.

—Y yo a tí, Haru. Suerte, y fuerza.

La llamada terminó.

—Mi madre les manda un saludo —dijo Haru.

—Qué genial —sonrió Shoji.

—Nunca pensé que la mismísima Moira nos fuera a mandar un saludo —se ilusionó Uraraka.

Jiro se corrió de lugar unos dos asientos, quedando sentada detrás de Haru. Se inclinó hacia adelante y preguntó:

—¿Cómo estás?

Haru se giró. Ella se veía angustiada. El chico le dedicó una sonrisa.

—Todo está bien ahora, no pasa nada. Mira, ya entra Deku.

—¡Y ahora, comenzando con el torneo de este Festival Deportivo! —relató Present Mic—. De la clase 1-A, que ha estado moviéndose con mucha destreza hasta ahora: ¡Izuku Midoriya!

El peliverde entró en la arena. El público lo aclamó como a un afamado gladiador.

—¡Y de la clase 1-C, Shinso Hitoshi! Que, para ser sinceros, no ha destacado en nada.

Shinso y Deku compartieron miradas desafiantes. Ninguno amagó a romper el hielo.

Ryu se acomodó las gafas.

—Aquí vamos.