Capitulo II: Amargos Recuerdos
Matt había pensado que lo mínimo que podía hacer era invitar a cenar a Mimi en su primera noche en la ciudad. Sobre todo, porque su madre había llamado para asegurarse de que llegase bien. Haría todo lo que estuviese en sus manos por Satoe y su tío Hank.
Él sabía que, desde la separación de sus padres, Mimi se había comportado muy distante y empezaba a meterse en diversos problemas. Aunque realmente él no era nadie para juzgarla, pues prácticamente él y su hermano sabían perfectamente lo mucho que puede afectar la separación de los padres. Le hubiera gustado convivir aún más con Mimi y tratar de ayudarla en todo lo que pudiera, pero al final fue ella quien decidió irse con su padre a estados unidos mientras estudiaba la Universidad. Por aquel entonces la situación entre Mimi y su madre no era favorable y no aceptada a Hank como una nueva figura paterna.
Además, después de lo sucedido aquel día las cosas era un poco incomodas entre ellos dos. La verdad es que jamás se imaginó que ocho años más tarde, él y Mimi iban a vivir en la misma ciudad. Se pregunto si aquello podría ser un problema, pero decidió que sus vidas no tenían por qué cruzarse más que en el pasado.
Finalmente llamó a la puerta de la habitación y ella contesto inmediatamente. Como era habitual, su sorprendente belleza lo había dejado sin habla momentáneamente. Era un poco más baja que él, delgada, con el pelo color castaño claro largo y unos ojos que combinaban con el color de su pelo. Le había ocurrido lo mismo la primera vez que la había visto en aquella cafetería en compañía de Tai y Sora.
Antes de terminar el instituto recordaba como ella era el centro de atención de muchos de los chicos de su clase. Aun recordaba como varios casi se caían de sus asientos al verla entrar a clase en compañía de Sora, riendo y charlando. Sin darse cuenta del efecto que causaba.
Debía de admitir, que, aunque la mayoría de las mujeres podía utilizar esa belleza como ventaja. Mimi nunca lo había hecho.
— Hola—lo saludó ella al abrir la puerta.
Matt sintió que su aroma lo invadía mientras le devolvía el saludo. Aunque su perfume olía algunas veces a flores, como el día de la boda, y otras a especias, siempre tenía un toque de frescor como si fuera la personificación de la primavera.
— Tenías razón acerca de que necesitaba comida — admitió la castaña sonriendo —- No he comido nada en todo el día. Solo unas galletas que picoteo en el coche que rente. Estoy muerta de hambre.
El asintió con la cabeza y esperó a que Mimi recogiese el bolso y su abrigo. Luego la escoltó hasta su todoterreno, vehículo necesario para poder transitar entre el espeso valle que había alrededor de la ciudad.
— Ya verás, jamás has comido en una parrillada como esta.
— Me sorprende que sepas mucho de parrilladas, tomando en cuenta que tú y Tai solo se la pasaban consumiendo Ramen en el instituto — Comento en broma.
Matt sonrió ante el comentario de la castaña y se relajó. Mimi parecía estar de mejor humor que cuando había llegado. Siempre le había dado la sensación de que lo evitaba.
Se le encogió el estómago por un segundo al recordarla en la boda de sus amigos, vestida de azul, como un ángel, delante de la novia. No había podido despegar la mirada de ella en toda la noche. Pero aun así aquel día le había dado la sensación de que Mimi había estado ausente, como si su espíritu la hubiese abandonado y sólo hubiera quedado su increíble cuerpo para cumplir sus obligaciones.
Cuando había bailado con ella, Mimi había mirado por encima del hombro, como perdida. A él le había sorprendido su actitud pues de niños ella siempre había sido muy despreocupada y alegre.
No obstante, antes de que Tai y Sora se fueran de luna de miel, la había oído susurrar.
«Se feliz Sora. Encuentra todos los días un motivo por el que Tai y tu sean felices.»
La expresión de sus ojos en aquellos momentos le había parecido de... ¿soledad?, ¿dolor? Luego se había dirigido a la salida, como si no pudiese esperar más para salir de ahí.
Contuvo un suspiro y sintió que le dolía el corazón al recordar que había habido una vez en la que se había preocupado realmente por la adorable mujer que estaba sentada a su lado, que solía sonreír siempre y no le molestaba expresar sus sentimientos. Matt ignoró la parte más blanda de sí mismo, que todavía sentía lástima por ella de cierto modo, aparco el coche y dio la vuelta para ayudarla a bajar.
— Que bonito — comento Mimi.
Ambos observaron la puesta de sol, que iluminaba el cielo de oro y magenta.
— En verdad lo es — Dijo Matt mirándola a ella.
Murmuró una maldición por sentir aquella atracción que no podía negar. De acuerdo, Mimi era toda una belleza, pero lo que contaba era el interior.
Después del divorcio de sus padres se había convertido en una chica testaruda, alocada y egocéntrica. Nada parecido a la Mimi que el recordaba de niños. Pero de eso ya había pasado ya mucho tiempo. En realidad, tenía que admitir que no la conocía ahora como adulta.
La tomo del brazo para entrar al local y la llevó hasta una mesa al lado de la ventana.
— Una buena panorámica — comento ella en tono aprobatorio —. Me encantan los colores de las puestas de sol en la playa ¿a ti no?
El asintió con un gruñido y tomó la carta que tenían sobre la mesa.
Observo a Mimi por encima de la carta. Realmente había algo diferente en ella, es lo que pensaba mientras volvía a sentir aquel dolor en el corazón. Parecía triste o tal vez, sólo se sintiera nostálgica. Quizás ella también estuviera recordando el pasado.
— Te recomiendo las costillas — dijo Matt, haciéndolos volver a la realidad.
Los dos la pidieron y Matt pidió un poco de Zake para acompañar.
— La boda fue preciosa ¿verdad? — afirmó ella cuando les trajeron el sake.
— Conociendo a esos dos seguramente ahora están discutiendo por cualquier tontería — bromeó él.
Mimi río, algo que él no había esperado, fue como un regalo que le atravesó el pecho.
— La verdad es que me sorprendió que se marcharan todo un mes de luna de miel. Pero me alegro por ellos.
— Qué más da. Se lo merecen, la verdad es que era más que obvio que ese par terminarían juntos algún día. Aunque para serte sincero aun no me acostumbro a ver a Sora como la Señora Yagami.
Los dos rieron y Matt se relajó, la cena iba a transcurrir bien. Después de aquella noche, él estaría ocupado en su nuevo trabajo y ella enfrascada en el suyo.
Por un instante, se preguntó si el destino le estaría jugando una mala pasada, al ponerlos en la misma ciudad a través de sus trabajos. Pero Satoe parecía encantada de que él estuviera ahí por cualquier cosa que llegara a suceder. Después de todo Mimi era una mujer demasiado hermosa y podría atraer a distintos patanes.
Quizás esa era la razón por la cual su madre se preocupaba por ella. En la boda de Tai y Sora había oído a Satoe susurrándole a su tío que esperaba que si hija encontrara a alguien pronto.
— ¿no eres demasiado joven para ser jefe de distrito? — pregunto Mimi, sacándolo de sus pensamientos.
Ciertamente aquel comentario lo irritó, pero sonrió perezosamente al tiempo que le servía un poco más de sake.
— Tu eres un año menor que yo, y eres la coordinadora de los planes de estudio de toda la zona.
— Pero no es un puesto tan importante como el tuyo. Tienes mucha responsabilidad… pero nunca te has asustado en asumir responsabilidades ¿verdad?
Lo miro a aquellos ojos avellana y Matt supo que ambos estaban recordando otro lugar y otra noche que en esos momentos parecía más una pesadilla que una realidad. Él se esforzó para volver a enterrar aquellos recuerdos.
— Tenias solo diecisiete años cunado escapaste de casa con tu novio, viviste sola durante todo un año. Aun no entiendo como no te moriste de hambre.
— Ryo trabajaba en las construcciones y de alguna forma se las arreglaba para conseguir comida para ambos.
— Luego regresaste al instituto y recuperaste ese año perdido en tiempo récord y lograste graduarte al mismo tiempo que nosotros. Luego de eso te marchaste con tu padre a Estados Unidos para estudiar la universidad.
— Mi papá me ofreció estar con él mientras terminaba mi carrera. Y la verdad después de lo ocurrido con Ryo necesitaba alejarme un tiempo de todo.
Matt volvió a sentir dolor en el corazón, pero intentó deshacerse de él. La vida de Mimi era problema de ella, no suyo. El ya tenia suficiente con las presiones de su nuevo trabajo.
Después de la cena, él pidió un café y a ella un té con leche y azúcar. Matt podía recordar perfectamente que Mimi prefería el té al café y por supuesto que lo debía acompañar con algún postre. Le encantaban los bronies con nueces y los bollos de la cafetería de Yoshie donde su mamá trabajaba de medio tiempo.
Se pregunto por qué recordaba aquellas cosas, cuando había otras mucho más importantes en las que concentrarse. Y aun se preguntaba por qué solo ella le había llamado a él aquella noche donde pedía
