'las series' no tienen relación alguna, no hay continuidad entre las historias, plotwhatplot
Aguafiestas
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—Hmpf… Craig, no creo que—
Gimoteó por lo bajo, siendo silenciado por la boca del otro. Sinceramente, esconderse por ahí para restregarse como adolescentes hormonales le parecía una idiotez, sin embargo, no parecía poder resistirse al azabache, incluso le sorprendía la cantidad de libido/estamina que solía poseer, era como si estuviera cachondo a todas horas.
—Craig… no… n-no es…correcto —volvió a quejarse cuando pudo entre besos, tratando de empujarle suavemente por los hombros, pero el contrario entrelazó sus manos deteniendo el forcejeo mientras besaba con suavidad su barbilla. Stanley pareció vibrar, moviendo entonces sus caderas para crear mayor fricción.
Indecoroso, absurdo, pero era adictivo. Dios, la manera en que el otro le sujetaba casi le hacía delirar y era obvio que una vez que comenzaban no podían parar hasta llegar al final. Pero ese día, sentía que se vendría en los pantalones desde que el otro le miró a lo lejos, sin siquiera acercarse.
Ugh. Tener cualquier tipo de actividad sexual con Craig era delicioso.
—Te has dejado llevar otras veces, ahora no debería ser diferente —dijo el otro, mordisqueando su cuello, su voz grave retumbando contra la garganta de Stanley. Él gimió, ganándose una sonrisa ladina por parte del Tucker.
Este era su propio juego, ambos, delirantes de deseo, encontrándose con la más mínima oportunidad para tocarse, y a pesar de todo, Stanley no tenía el menor remordimiento una vez terminaban. Las incontables ocasiones que se repetía esta situación eran la prueba de eso.
Presionó la zona inferior contra Craig, ganándose un gemido gutural y apretó los labios, debían pasar desapercibidos, pero era casi imposible. De alguna manera frotarse así, por sobre la ropa, daba una pizca de placer que solo los complementaba, pero Stanley no quería una mancha en sus pobres pantalones.
—Baja esto —murmuró, haciendo pequeños ademanes para que el otro le soltara y pudieran liberar sus erecciones. Craig solo le miró en silencio, una mueca apoderándose de su rostro, ah, estaba sonriendo. Frunció el entrecejo, bajando sus manos para acariciarse con ambas. Escuchó a Craig maldecir y fue suficiente para saber que estaba haciendo un buen trabajo.
Conforme sus manos se movían, sus caderas imitaban el tacto, frotándose más y más, hasta que Craig sujetó suavemente sus muslos, sosteniéndose en sus piernas abiertas para moverse con libertad, recargando la frente en su hombro, gimiendo contra su piel, por lo bajo. Justo así. Dijo este y los espasmos en las piernas de Stanley aumentaron, oh, estaba tan cerca de terminar. Movió rápidamente sus manos, la fricción necesaria y justa para que pudiese llegar al clímax tan necesario del cual se había privado en un tiempo. Evitó gemir, soltando un sonido ahogado mientras terminaba sobre sus manos, siendo seguido por el Tucker, sus maldiciones haciéndose más ásperas.
Tembló, retirando con suavidad las manos de su pene flácido, admirando en la tenue luz su trabajo terminado.
Craig le besó, apasionado, y se alejó para buscar algo con lo cual limpiarse.
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—¿Dónde te habías metido? —encontrarse con Kenneth después de salir de la habitación que claramente olía a sexo, suponía que era la forma más grande de desfachatez, sin embargo, arrepentido no estaba.
—Me sentí un poco mal repentinamente, lo siento.
—Oh, ¿quieres irte?
—No, no, me encuentro mejor —murmuró con una sonrisa y Kenneth rio por lo bajo, acercándose para besarle la comisura de los labios. Al separarse, cruzó miradas al otro lado de la habitación con el Tucker, quien le sonrió ligeramente, antes de lamerse los labios. Stanley pestañeó, fingiendo no notarle y se acercó más a Kenneth, abrazándole por la cintura mientras conversaba con el grupo de amigos.
Ugh, esos encuentros furtivos debían de terminar.
Pero no quería.
