Ramadán
(Dorothy haseki sultan I)
Desde el punto de vista de Dorothy, la vista era absolutamente privilegiada.
Aquel sitio de la colonia, era una zona protegida de urbanización, así que al asomarse por la ventana sólo se veía una gran pradera cubierta de enormes cedros de Salomón. Aún más lejos, las casas y los edificios apenas estaban apareciendo entre la niebla del crepúsculo, delineando sus eclécticas figuras. En el centro urbano, lo único que de verdad competía en la línea del horizonte era la cruz de la catedral dedicada a Nuestra Señora de las Colonias.
Soñolienta, Dorothy se levantó apenas cubierta por un largo y descubierto camisón de seda. Con pereza, abrió el cortinado para descubrir el enorme ventanal que hacía de pared en su habitación. Las últimas estrellas estaban por marcharse del manto celeste, otorgándole al cielo un tinte lavanda.
Estaba a punto de amanecer, y por supuesto el cuerpo le pedía agua. Había creído —caprichosamente, lo reconocía— que si realizaba el suhur (1) antes de dormir era más o menos lo mismo. Luego se levantaría al alba como siempre, y sencillamente no comería. Pero el cuerpo le mostró lo que su, normalmente perspicaz, inteligencia no pudo. Dorothy no estaba acostumbrada a la sed, mucho menos una persona como ella que prestaba tanta atención a su piel y que tenía el hábito de hidratarse constantemente.
Agua… ese bien que los colonos reverenciaban, y que los terrícolas usaban y abusaban sin medir las consecuencias.
"En verdad, no sólo los musulmanes deberían hacer ayuno", reflexionó Dorothy, pensando en sus coplanetarios. "Así aprenderían a valorar más lo que tienen".
Miró la jarra al lado de su cama. Estaba vacía. No era para menos, con la comida de la noche había ingerido varias cosas saladas, que probablemente no debió haber comido tampoco. Sin duda había subestimado las palabras de Rashid, quien le había recomendado pacientemente que respetase los horarios, y ahora estaba pagando las consecuencias. Dorothy aceptó su error: después de todo era una persona nacida y criada en un ambiente donde la sumisión a la tradición significaba lo alto que se estaba en la escala social. Sin embargo, su carácter siempre la impulsaba a forzar los límites, a ver si estos o ella se quebraban primero.
El problema con la tradición en las colonias —no sólo con Ramadán, sino con muchas otras— es que se hacía complejo, y hasta inviable cumplirlas. En este caso, era la cercanía de las colonias de L4 al sol el gran obstáculo a salvar. A diferencia de la Tierra, el mes más sagrado del Islam caía entre el verano y el otoño; por lo cual el calor de la colonia, normalmente insoportable de día, podía persistir durante la noche.
La mujer abrió la ventana, pero desde fuera ya aparecía un tufo que no dejaba respirar correctamente. Entonces la cerró, tratando que el aire fresco no mutase del todo.
Las cortinas se movieron nuevamente, pero no por acción de un viento que no existía. Era por causa de ese hombre, quien se había tomado la costumbre de aparecer a esa hora y sin previo anuncio.
Dorothy giró sobre sus talones, fastidiada con el intruso. Realmente Winner podía ser muy irritante y era claro a quién lo sacaba.
A su propio padre.
—Estos cedros se plantaron apenas se desarrolló el centro de la ciudad —la voz grave de Sayeed Winner sonaba aún más profunda en la espaciosa habitación. —Muchos cuestionaron el plantar árboles de un crecimiento tan lento. Pero la familia Winner estaba convencida de que a la larga se convertirían en el pulmón de la colonia. Los tres grados de temperatura ambiente que disminuye su presencia, le dieron la razón a mis antepasados.
—¿No sabe que aunque no precise las puertas, se pide permiso para entrar a la recámara de una mujer? —contestó Dorothy, de comprensible mal genio. ¿Qué pasaría si Winner entraba cuando ella estaba desnuda o incluso cuando...? A Quatre podía tolerarle el que entrase sin llamar, después de todo era su casa y ella era su esposa —aunque desde su punto de vista ese no era un buen motivo para violar su privacidad— pero eso no se extendía al resto de sus familiares. Vivos o fallecidos.
—Esperé a que se levantase…
—¿Y con eso qué? ¡Además no puede entrar de ese modo! —exclamó, genuinamente alterada—. Este es mi cuarto… ¡Oh demonios, no necesito decirle por qué está mal!
—No blasfeme. Estamos en Ramadán (2).
—A´fawn (3).
—Es muy temprano, Dorothy khatum (3), para ponerse ansiosa. Con eso sólo va a conseguir tener sed más rápido.
Dorothy no respondió, y directamente fue hacia el maquillador a comenzar a peinarse. Era claro que a su suegro le importaba en realidad un bledo lo que ella pensara o no. ¿Pero por qué la tenía de punto? Claro, seguramente si se presentaba ante Quatre no le haría caso tampoco… ¿pero que no tenía otras veintitantas hijas mujeres que seguramente aprovecharán mejor su presencia?
—¿Qué busca aquí?
—¿Qué busca usted, Dorothy khatum? Mejor dicho, ¿qué es lo que espera? ¿Hace cuanto que se casó con mi hijo? Tenía la impresión que una mujer como usted tuviera sus… recursos. Ese anillo que lleva en la mano no pesa simplemente por los quilates de su piedra.
Dorothy volteó a ver al hombre, después de ponerse crema sobre las manos, cuidando que su anillo de casamiento no se resbalara en el proceso. Se trataba de una enorme esmeralda engarzada en oro y diamantes. No era una alianza común y corriente: no estaba dedicada a ella ni tenía inscripciones, pues no se había hecho para ella. Era una joya familiar, que el primero de los Winner le había entregado a su esposa cuando emigraron al espacio. De aquel entonces pasó mucho tiempo antes de que estuviese en manos de otra mujer de la familia.
Hasta ahora.
—¿De verdad cree que no lo sé? ¿Qué más puedo hacer yo? —Dorothy hizo silencio, buscando paz dentro suyo para no contestar automáticamente de modo agresivo—. Mire, entiendo que no debo ser la esposa que usted deseaba para su heredero. Pero aunque no lo parezca, estoy poniendo lo mejor de mi parte para hacer que funcione. Convengamos que su hijo no ha sido el hombre más colaborativo todo este tiempo…
Sayeed no respondió. Bien sabía lo obstinado que podía ser su retoño cuando se lo proponía. Después de casi dos años de aquel matrimonio podía empezar a hablarse de una relación de pareja en el sentido del ¿amor romántico? . En otro momento, el amor hubiese sido un detalle. Pero Quatre se aferraba a su romanticismo. Sayeed no podía contradecirlo: él había hecho lo mismo con su esposa. Sólo que la difunta Quatrina no vivió lo suficiente para disfrutar de su posición al frente de la casa Winner.
—Aquel que conoce realmente el carácter de mi hijo sabe que los problemas no lo buscan, él los busca a ellos —respondió el fantasma, quien a pesar de serlo aún mantenía una pose de autoridad—. No me malinterprete, Dorothy khatum. No tengo nada contra usted. Casarse es la primera cosa que mi hijo hizo propia de un jefe de la familia Winner. Claro que lo podría haber hecho…
—...con otra mujer…
—...de un modo más sencillo y orgánico. No necesitaba involucrar la paz de la Tierra y el Espacio en el camino, pero… podría ser peor.
Dorothy suspiró profundamente. Era claro que el fallecido prefería que Quatre tuviese una esposa un tanto… particular, que ninguna. Después de todo, Sayeed Winner era un patriarca islámico, así que la vida monástica no era algo que aprobase. Además se sabía de sobra que las mujeres terrestres tenían muchas más probabilidades de engendrar hijos saludables. Si bien los problemas reproductivos de los habitantes de la colonia se habían solucionado ya hacía bastante tiempo, la familia Winner corría muchos riesgos debido a las reiteradas manipulaciones genéticas y clonaciones. Analizando todas esas variables, la elección de Dorothy no era tan insensata después de todo. Era una mujer de distinto origen étnico y sin vínculos familiares en el espacio.
Por otro lado, el casamiento de Quatre y Dorothy, al igual que el anuncio de Relena de su compromiso con un colono, tuvo un efecto social inesperado. La tasa de matrimonios entre personas de la Esfera Terrestre y el espacio aumentó en el último tiempo, y se duplicó en Langlade 4. Una costumbre que antaño había sido frecuente entre la clase trabajadora, dadas las grandes oleadas colonizadoras, pero rechazado por las familias aristocráticas terrestres, que veían a sus contrapartes coloniales como unos nuevos ricos advenedizos. Lo que antes se veía deshonroso, ahora era algo deseado por los antiguos nobles venidos a menos, que desean casar a sus hijas con hombres adinerados del espacio. Dorothy y Relena les habían dado la excusa perfecta para eso.
Claro ese no era el caso de Dorothy: a pesar de que los Catalonia eran una familia muy influyente dada su posición en Romefeller, ante la muerte de Dermail y posterior caída del orden aristocrático en el nuevo escenario político, su título de duquesa se había reducido a prácticamente un adorno. Por otro lado, su fortuna personal era imposible de equiparar con la de Quatre. Pero, su talento para las relaciones públicas sí era un don del que podía presumir por ella misma. Sus dotes de espía también. Eran su pequeña dote.
También estaba su amor, pero eso a nadie le interesaba.
Dorothy se mordió los labios, tratando de humedecerlos ante el avance de la sed. Nunca se imaginó que el ayuno podía ser tan duro. No era una persona apegada a las liturgias, a excepción de su niñez.
Recordaba las cansinas misas donde los miembros de la Fundación iban de modo infaltable cada domingo. Un desfile de la peor hipocresía, que encajaba en aquel vulgar dicho popular de "comen santos y cagan diablos". Eso sin mencionar todos los episodios que le resultaban enormemente confusos y contradictorios en la Biblia. Por ejemplo: en una parte del Evangelio según Mateo dice: "es más probable que pase un camello por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos". Cuando una Dorothy de seis años escuchó esto, miró a los hombres a su alrededor y se preguntó; ¿Cómo esperaba alguno de ellos llegar hasta allí? ¿Nunca se habían puesto a pensar en eso? ¿O sería que en realidad nunca se habían puesto a reflexionar acerca de lo que las escrituras decían? Decidida a averiguar la respuesta, se lo planteó a su profesor de catequesis. No sólo no le respondió, sino que la envió castigada a recitar el rosario diez veces. Completo. Desde entonces no volvió a preguntar nada más.
Sin embargo, el general Catalonia sí era un hombre de fe. Nadie podía decir que no fuese un hombre que no se preocupara por la salud de su alma. Su hija recordaba muchas veces haberlo descubierto meditando en soledad, o leyendo algún salmo. Era también un hombre extraño, de una espiritualidad que trascendía el mero dogma, sino que se interroga por los misterios de la creación divina y la vida humana. Una vez la había llevado a ver a un hombre que servía el té a la forma japonesa. No se acordaba mucho de lo que había visto, pero sí recordaba que el general le había dicho algo así como que era la forma en que ese pueblo se conectaba con la paz en su espíritu. También lo recordaba muchas veces meditando o leyendo algún libro en silencio, o simplemente orando en la capilla de Lago Victoria.
Y como su padre tenía fe, ella también la tenía. Más bien supo tenerla.
Tenía fe en que Dios protegería a su padre, que lo traería a casa después de cada batalla. Que el mal nunca podría alcanzarlo. ¿Cómo podía pasarle algo malo a alguien tan bueno como él? No. No importaba el peligro, Dios podría más que cualquier enfrentamiento humano y lo traería de nuevo a su lado.
Pero un día no volvió. Entonces su fé se desmoronó, pero intentó seguir el ejemplo de su padre y seguir creyendo, más allá de la adversidad. Estaba enormemente furiosa con Dios, pero aún así no renegaba de su existencia. La aceptaba, a pesar de que ya no le significase mucho en su vida.
Sí conservaba la fé en algunas personas. En Treize, en Milliardo, pero ellos también perecieron al final. Entonces, la fé la volcó sólo en sí misma. De allí en más no volvería a creer en nadie más. Después de todo, ella debía ser su propia familia, su propia casa y su propio pueblo, así que sería su propio credo.
Más adelante, Quatre Raberba Winner reapareció en su vida. Y todo lo que ya creía resuelto dentro de sí misma cambió de nuevo. No era un casamiento basado en el amor, sino en el deber con sus patrias, con la paz entre ellas. Pero a Quatre no le preocupó esto: claramente era capaz de disociar ambas cosas, y así pensó que podrían mantenerse las cosas.
Y desde hacía más de un año, se había convertido en su esposa. Pero, ¿qué significaba ser la esposa del hombre más poderoso del punto Lagrange 4? En las colonias no había monarquías, pero no por eso era una sociedad horizontal. La esposa de Auda se lo explicó en cierta ocasión:
"Usted es más que la esposa de un hombre rico, usted es una haseki (5). La legítima esposa de un sultán, un sultán del espacio. Es parte de su maktub (6)"
Makbut. La providencia. Una idea difícil de aceptar para alguien que sólo confiaba en sí misma. Y sin embargo, era la mejor explicación para todo lo que sucedió después.
A partir de ese momento, todo se volvió claro ante sus ojos. Como mujer de un hombre tan importante, Dorothy creyó conveniente comenzar a conocer mejor aquellas costumbres. Fue un proceso gradual: le insistió tanto a Rashid, que este tuvo que empezar a enseñarle el árabe de las colonias, mucho más complicado y viciado de préstamos idiomáticos de otras lenguas que su versión terrestre. Fue duro al principio, pero el esfuerzo dio resultado: comenzó a comprender mejor las conversaciones de la gente, las de las empresas Winner, las del escaso personal doméstico de la casa.
Y por supuesto, comenzó a entenderle mejor a él. Su relación, antes tensa y mediada muchas veces por la violencia, comenzó a mejorar día tras día. Y lo que era una expresión de disgusto en su rostro de su esposo, se volvió serena y sonriente cuando ella aparecía ante él.
Finalmente, muchas de esas cosa que en un primer momento eran ajenas a su vida, se convirtieron en parte de lo cotidiano: las delicias turcas acompañadas por un café recién molido, el aroma a sándalo y udh (7) mezclado con jazmines y rosas, aquellas paredes adornadas con mosaicos que se escondían entre los grandes edificios modernos a base de hierro y vidrio. El sonido del derbake (8) acompañado por una guitarra en manos de un trovador callejero… un instrumento que también le traía memorias de su padre en la primera infancia, y que ella tenía enterrado en lo profundo de la memoria.
Era difícil de creer, incluso irrisorio, que con el correr del tiempo se sintiera más involucrada con las tradiciones de la colonia que las de la vieja Europa. A pesar de que todos los gobiernos coloniales proclamaban en sus constituciones no solamente la libertad de culto sino la separación entre las instituciones religiosas y el estado, la fe era parte de las vidas de los colonos de L4 de un modo que los terrestres posiblemente jamás alcanzaría a vivir. Seguramente, al general Catalonia le hubiese gustado visitar aquel lugar, a aquella gente.
Pero no era él quien se encontraba ante ella, sino su suegro; un hombre del que apenas sabía lo justo y necesario. Un hombre que no sólo era un misterio para ella, sino para su propio hijo.
El alba comenzó a colarse por el enorme ventanal. El espectro estaba a punto de marcharse.
—¡Espere! —ella lo detuvo—. ¿Puedo preguntarle algo?
Sayeed miró a la mujer, sin abandonar su gesto serio.
—Mi padre… ¿Por qué no viene él a verme? —su voz sonó más apagada de lo hubiera querido—. He estado pensando en porqué lo veo a usted y no él… y la única explicación que encuentro posible es que está enojado conmigo...
—Dorothy khatun…
—...sé que es muy probable que no apruebe mis decisiones de vida, y que lo haya defraudado. Pero si de casualidad se lo encuentra en el cielo, o donde sea que esté usted, dígale que yo lo sigo queriendo…
El fantasma se sintió inútil con su presencia. No era capaz de consolar a nadie en estado.
—Mejor dígaselo usted. Rece para que pueda escucharla. Allah escucha a los creyentes.
La luz del sol invadió por completo la enorme habitación. Ya no había rastro del fantasma, ni de la sed.
La mañana pasó con prisa en el edificio de la Winner Corp. A pesar de las festividades, la actividad siempre estaba a la órden del día. Como cada mediodía, Quatre pasó a buscar a Dorothy por su oficina, a pesar de que no iban a almorzar.
Desde la terraza comedor del edificio, se podía ver el movimiento de la ciudad. El calor no estaba siendo nada benigno, pero la refrigeración del salón amainaba el impacto, razón por la cual estaba casi tan llena como siempre.
—Dorothy, no tienes que hacer esto si no lo deseas. Ya bastante que lo tenga que pasar uno —dijo Quatre, probando una vez más que no era precisamente el ejemplo de hombre devoto. Y a pesar de todo…
—No me molesta. Además, he tenido dietas peores.
Quatre sonrió: no podía imaginarse a Dorothy necesitando hacer dieta. Tenía una figura verdaderamente envidiable. Y la primera juventud le había sentado más que bien, igual que el sol de la colonia.
—Cuando terminen las celebraciones de Ramadán, el Diván va a retomar las sesiones. El primer tema de la agenda serán los espejos de agua…
—Entonces, debemos empezar a preparar tu discurso de apertura del año legislativo.
Quatre respiró hondo. Luego, expresó sus dudas:
—Si no logro convencer a los senadores que no voten la privatización del agua, yo…
—Lo harás. Nadie querría tener a la familia Winner en su contra. Más si tenemos en cuenta lo mal que se portaron luego de la caída de la Alianza —se reclinó en su asiento—. No al menos si quieren seguir viviendo de sus cómodos cargos. No vale la pena tu desvelo.
—¿De verdad lo crees?
—Claro que sí —sonrió enigmática—. Tengo fe.
A lo lejos, las campanas de Nuestra Señora de las Colonias anunciaban la misa del mediodía. Su sonido se mezcló con el llamado al salat (9).
1) Comida antes del ayuno.
2) Uno de los meses del calendario islámico. Es un mes sagrado, donde se realiza el ayuno al que también se lo llama ramadán.
3) Perdón, en árabe.
4) Khatum es un título turco o pre-turco /mongol que se utilizaba para llamar a la esposa del Khan (lider de una tribu). De allí viene la palabra hatum en turco (que se escuchaba en el Sultán) y que significaba "mujer, dama". Si bien en Gundam Wing a Quatre le dicen "Quatre-sama", y por ende a Dorothy le corresponde un tratamiento similar, lo cierto que es un término japonés sólo permisible porque la serie es japonesa. Decidí reemplazarlo por algo más cercano al espíritu islámico. También del mismo término deriva la palabra kadin, que también fue una forma de llamar a la esposa del sultán en algún momento de la historia.
5) Haseki sultan fue el título creado por Suleimán el magnífico para su esposa Hürrem, siendo la primera mujer en ostentar ese título. Fue un cambio en la dinastía, porque reconoció a una mujer como su esposa legal con todo lo que ello implicaba, lo que la puso por encima de todas las mujeres del harem. Muchas veces mientras veía la novela El sultán, me imaginaba a Dorothy teniendo actitudes parecidas a Hürrem.
6) Como se explica, la providencia. No es equivalente a decir que es el destino, porque no es una cuestión fatalista que entra en conflicto con el libre albedrío.
7) Una especie de aceite que usan las novias y las mujeres árabes en general.
8) Instrumento similar a un tambor.
9) Llamado para la oración musulmana
Agosto de 2022
Buenos días a todos, para aquellos que no me conocen, mi nombre es Vicky Yun Kamiya.
Este es el primer fic de Gundam Wing que publico después de casi diez años. En cierta forma es como una remake de ideas sueltas que quedaron de "Guerras perdidas" (mi long fic que se fue a la morada del hiatus eterno) con mi propia visión (seguramente imperfecta) del mundo árabe o el Medioriente en general (sabiendo lo incorrecta es que esta homogeneización a nivel cultural, pero que aquí me permito ya que es no se trata del territorio real sino del producto de la ficción) y el Islam. El hecho de que la historia se sitúe en un país ficticio en un tiempo futuro me ayuda a plasmar mi visión de un lugar profundamente marcado por el sincretismo cultural y religioso, y una sociedad que se debate entre la modernidad y la tradición.
Ahora les traigo la historia de la historia.
Mi mamá amaba las novelas turcas históricas, Ertugrul era sin duda su favorita. Se sentía muy atraída por la forma de ver la vida de sus personajes. Yo no compartía demasiado ese interés, pero habíamos visto parte de El Sultán (Muhteşem Yüzyıl o Magnificent century) y "Seyit ve Shura" juntas. Mi mamá soñaba con visitar Estambul, yo le dije que tendría que ir sola porque era muy caro. También escuchábamos un compilado de música árabe que se llamaba "Arabic Spanish Music", y tenía un tema del que me enamoré llamadoFleuve (del grupo Constanople) y que poníamos mientras hacíamos las cosas de la casa. Había empezado a investigar más sobre las culturas árabe y turca y durante la pandemia había vuelto mi inspiración para escribir sobre Gundam. Empecé un proyecto nuevo, que tenía pendiente hace años e incluso retomé la idea de este relato que están viendo ahora. Todo iba bien, parecía…
Mi mamá murió en marzo del año pasado, después de una operación por la que se esperó demasiado, en el lunes de Semana Santa. Es el día que le lavan los pies a Jesús, después de que revive a Lázaro. Ya se está gestando su traición y entrega a los sacerdotes. Muchas veces esa fecha coincide con el mes de Ramadán. Para la tradición islámica, es un mes sagrado. En ese mes no se puede ir al infierno, sólo se puede ir al cielo.
Mi mamá sufrió un verdadero calvario. Asistí impotente a todos los esfuerzos puestos para salvar su vida. Yo por lo menos los hice, no sé si todos estuvieron a la altura. Pero nada alcanzó.
Nunca voy a entender porque Dios, o Allah no salvó a mi mamá a pesar de que se lo pedí con tanta fe.
La alegría de vivir se fue con ella, porque era alegría pura. No. Se fue lo que le daba sentido a la vida.
Durante los primeros meses de este triste e infinito duelo, perdí el deseo de hacer prácticamente cualquier cosa. No podía ver siquiera la televisión. Lo único que me llamaba la atención eran los videos en YT de la sultana Kösem. Admiraba su fuerza para mantenerse en pie, después de haberlo perdido todo cuando su amor la dejó viuda y con ocho hijos a sus veintisiete años. Después de eso, gobernó el imperio Otomano por muchos años como la única soberana legítima con ese título.
Y en una de esas ocasiones, vi una filmación del Ramadán en la Meca. A pesar de mi mala relación con Dios, por así decirlo, me pareció algo conmovedor lo que cantaban aquellas personas. Realmente sentí que estaba por fuera del mundo con su canto. Y de algún modo me consoló, brevemente.
El tema de Dios y la fe ha aparecido en varias ocasiones en mi vida. Me cuesta mucho creer, y al mismo tiempo muchas cosas no se pueden atribuir sino a un espíritu superior. Muchas veces pensé y deseé morir, y nunca lo logré. Un amigo me ha dicho que a Dios no se le puede comprender. Otros dicen que la hora de mi madre estaba escrita, yo me niego a aceptar eso.
No sé ni porque estoy contando esto. Les pido disculpas si he ofendido o lastimado a alguien con mi relato, creo que esta vez lo hice más para mí que para otros. Lo siento, no ha sido mi intención.
Si todo sale bien, estrenaré el fic que estaba escribiendo en diciembre de este año. Será una historia en pocos capítulos acerca de los padres de Dorothy. De seguro tendrá una segunda parte, que transcurrá en L4 y donde veremos nuevamente los espejos de agua, y la iglesia de Nuestra Señora de las Colonias. Como dije, todo es producto de mi imaginación y de ese documental que vi en aquel verano.
Gracias por todo.
Vicky Yun Kamiya
