Perpetua Media Luna
Kohaku no era cualquier mujer. No, de hecho… ya no era una mujer en lo absoluto.
Ahora era un estúpido gato.
Y lo peor era que no tenía idea de porqué.
No recordaba nada de su vida, ¡nada!
O bueno, nada excepto una sola persona y un solo nombre: Ishigami Senku.
Un día se despertó en una caja de cartón sin saber nada más que el que ella no era realmente un gato. Luego recordó su nombre: Kohaku. O al menos creía que ese era su nombre, se sentía bien tener uno.
Sabía que en realidad era una persona, a pesar de no tener recuerdos de su vida como una. Además, no sabía nada de ser un gato, al principio casi no podía siquiera caminar, fue difícil hasta salir de la caja, y estuvo caminando por un callejón un tiempo hasta que unos niños pasaron cerca y casi la pisan, entonces todo su pelaje se erizó y decidió volver a la caja.
Se quedó horas intentando recordar quién era, sin éxito, luego se durmió y despertó al día siguiente, muerta de hambre.
¿Tendría que comer ratas? Con el hambre que tenía, la idea no le molestó tanto.
Practicó un poco eso de caminar en cuatro patas, sintiendo muy extraño tener una cola tan felpuda y las orejas sobre su cabeza, además de que podía meter y sacar sus garras a voluntad. Hmm, había muchas cosas que no sabía de los gatos.
También ella creyó que los gatos veían en blanco y negro o algo así, pero podía ver tan bien como cuando era humana. Aparentemente no era un gato muy normal.
Bueno, claro que no era normal, ¡era una mujer humana!
Luego de aprender a caminar mejor, salió a las calles y empezó a buscar una fuente de alimento, atrayendo miradas de varias personas.
Se paró frente a una pareja sentada en una banca comiendo hamburguesas, con los ojos muy abiertos y la boca hecha agua.
Ellos la miraron con curiosidad.
—Pero qué lindo gato —murmuró el hombre.
—Creo que es gata —dijo la mujer—, pero sí es lindísima. Su pelaje más que naranja parece algo amarillo… ¡y tiene ojos azules! ¡Qué preciosa! —Sacó su celular y le tomó una foto.
Kohaku miró insistentemente a las hamburguesas y quiso hablar, pero solo le salió un maullido extraño.
—Ow, creo que tiene hambre. —El hombre dio un último mordisco a su hamburguesa y luego la dejó en el sueño—. Ten, pequeña. Come.
Kohaku se lanzó de inmediato a comer, sin importarle que estuviera lleno de tierra. ¡Por fin comida!
—Tiene mucha hambre. Le dejaré la mía también. —La amable mujer dejó la mitad de su hamburguesa cerca de ella y luego le dio unas palmadas en la cabeza que ni notó por estarse atragantando.
Luego de eso se fueron, pero Kohaku no estaba satisfecha. Necesitaba más comida.
Comenzó a vagar por las calles, buscando a gente que estuviera comiendo algo y maullando, esperando que se conmovieran con su lindura y le dieran algo de comer.
Al ver su reflejo en el escaparate de una tienda, vio que era una gata con pelaje anaranjado, casi amarillo, con una pequeña melena y los ojos azules. Y sí era bastante adorable, a su parecer.
Luego de horas y horas trabajando en conseguir comida, se sintió soñolienta y empezó a buscar su caja. No la encontró, pero encontró un sofá medio destruido y abandonado junto a un contenedor de basura en un callejón.
Dentro había ratas, pero salieron corriendo cuando se acercó.
No lo dudó y se subió encima, acomodándose para dormir. Primero intentó dormir panza arriba, pero era incómodo, así que se curvó en una bolita y se durmió así.
Los siguientes días su rutina fue prácticamente la misma. Vagar por las calles para pedir comida a la gente y dormir en el sofá abandonado, y todo fue bien por un par de semanas… incluso se acostumbró más a ser un gato y empezó a hacer grandes saltos, a estar más atenta a los sonidos y a usar sus garras, pero un día la suerte se le acabó.
Empezó una gran tormenta, con fuerte viento y lluvia torrencial y helada. Y la tormenta no paró en dos días enteros.
No pudo dormir en el sofá de siempre, pero se resguardo bajo el techo de una tienda. Lo malo era que al día siguiente se moría de hambre y la tormenta no paraba ni disminuía ni un poquito.
Empezó a caminar por las calles de todos modos, aguantando la lluvia y el frío, pero no había nadie a quien pedirle comida, solo se cruzó con un humano corriendo que ni la vio.
¿Qué se suponía que debía hacer ahora? ¡No sabía cazar como un gato! Y tampoco veía muchos animalitos por ahí que pudiera cazar, no con esta lluvia.
Aparentemente los humanos eran los únicos idiotas que salían cuando llovía, ella incluida.
Hablando de idiotas… vio a un estúpido hombre en medio de la calle, caminando muy lentamente, con los hombros hundidos y paso aletargado.
Pensó que quizás si la veía empapada se apiadaría de ella y le compraría comida, así que se adelantó para correr delante de él y frotar su cuerpecito felino contra su pierna, haciéndolo detener su andar.
Volteó hacia arriba para mirarlo y casi se le para el corazón.
Era él. Ishigami Senku. La única persona que recordaba.
Tenía el cabello caído y los ojos escarlata carentes de emociones, pero era él, y ella de inmediato empezó a maullar con desesperación, parándose en dos patas y aferrándose a su pantalón con sus garras.
Él pareció fastidiado al principio, pero entonces se fijó en sus ojos azules y algo en él pareció cambiar. Fue como si se iluminara de repente.
Ella siguió con los maullidos, que en realidad eran preguntas desesperadas de porqué era un gato, quién era él y qué era para ella. Era una lástima que no pudiera entenderla.
Luego de mirarla un largo rato, Senku empezó a mirar a los lados y luego suspiró y se inclinó para tomarla en sus brazos.
Abrió su bata de laboratorio y su camisa y la colocó dentro de su ropa, cosa que no sirvió de mucho porque estaba totalmente empapado, pero era muy cálido igualmente.
Senku empezó a caminar más rápido entonces, abrazándola contra su pecho. Si no fuera un gato, quizás se hubiera sonrojado. Luego de unos minutos, llegaron a lo que parecía ser su casa.
Entraron y la dejó en el suelo cuidadosamente, para luego quitarse toda la ropa excepto los calzoncillos. En momentos como ese, agradecía ser un gato o de lo contrario parecería más bien un tomate.
Él tomó una toalla y se secó rápidamente el cuerpo antes de demorarse el doble de tiempo en secar su cabello, luego tomó otra toalla y empezó a secarla a ella.
—Muy bien, este es el trato —dijo de pronto, haciéndola mirarlo con atención—. Te quedarás aquí hasta que pase la tormenta, luego te largas. ¿Entendido? —Ella maulló descontenta—. Bien, me alegra que estés de acuerdo.
"¡Que no lo estoy!"
Por supuesto que, por más que maullara, no la entendió.
Una vez secos, él fue a buscarse algo de ropa y ella empezó a mirar alrededor, preguntándose si algo podría ayudarla a recordar. Por desgracia, no vio nada interesante. Era una casa normal, pequeña y moderna, limpia, excepto por una marca sospechosa de madera quemada en el piso.
Una vez estuvo vestido, Senku fue al refrigerador y sacó un pedazo de carne cruda.
—No tengo comida para gatos, así que tendrás que conformarte con esto. —Le arrojó un pedazo al suelo y ella no tuvo ningún problema en correr a devorárselo—. Wow… Sí que tenías hambre, ¿eh?
Le dio otro trozo de carne y luego empezó a cocinarse la cena, puesto que ya se estaba haciendo de noche.
Ella se subió a la encimera y empezó a observar todo lo que él hacía, sobretodo queriendo observarlo a él.
¿Por qué solo podía recordarlo a él y a nadie más? ¿Qué era de ella?
Cuando se sentó a comer, siguió observándolo, y él alzó una ceja.
—¿Tanta hambre tienes? —Le dio un trozo del bistec ahora cocinado y ella lo comió gustosa, a pesar de que no había estado mirándolo por eso. Sabía tan delicioso que maulló de alegría y frotó la cabeza en su pierna como forma de decirle gracias—. Ya comiste, largo. —La empujó con el pie y ella le siseó, indignada por su rechazo. ¡Si era un gato adorable, maldito ingrato!
Luego de eso, él se fue a dormir y ella se acurrucó en su sillón, sintiéndose feliz de dormir bajo techo y en un ambiente tan cálido.
Al día siguiente, ya no llovía con tanta fuerza, pero seguía lloviendo.
Senku le dejó comida y se fue a trabajar, dejándole la ventana abierta.
—Si tengo algo de suerte, que no tengo, te irás para cuando regrese. De todos modos, si veo que haces un desastre te irás al diez billones por ciento así esté cayendo granizo afuera —amenazó.
Por la tarde, la lluvia paró y el cielo empezó a despejarse, pero no del todo.
Cuando cayó la noche, Senku regresó y Kohaku abandonó su tarea de mirar la medialuna y las estrellas para acercarse a él, que se sentó en su sofá y encendió la televisión.
Puso el noticiero justo cuando estaba la predicción del clima, que advirtió que por la madrugada la tormenta volvería con toda su fuerza y seguiría así otro par de días.
Senku suspiró con cansancio al escuchar eso.
—Bueno, parece que tendrás que quedarte un poco más —dijo él luego de apagar la televisión, acercándose a su ventana y sentándose en el marco—. Quizás deba ponerte nombre ya que estarás más tiempo aquí… O simplemente te llamaré gato muerto de hambre. —Rio para sí mismo y ella le siseó otra vez—. De acuerdo, de acuerdo, te pondré un nombre. Por cierto, ¿eres macho o hembra? —De pronto la tomó en brazos y quiso separarle las piernas, a lo que ella sintió que podría desmayarse y sin pensarlo sacó sus garras, arañándole toda la cara—. ¡AGH!
La tiró al suelo y ella volvió a gruñirle.
Luego de que Senku se pusiera una bandita en la mejilla, empezó a buscar algo en su celular.
—Bien, aparentemente se pueden reconocer a simple vista —masculló rencorosamente, mirándola mal—. Las gatas hembras suelen tener rasgos más delicados que los machos, aunque no es tan preciso, pero asumiré que eres gata. —Bufó—. Muy bien, eres agresiva, comes demasiado y me recuerdas a… alguien. —Apartó la mirada—. Te llamaras Leona, ¿alguna queja?
¡Pero que nombre tan horrible!
Le siseó de inmediato y él rio, pareciendo encantado.
—¡Perfecto! Leona será. —De pronto metió la mano en su bolsillo y sacó una liga algo extraña, que parecía estar hecha de cuerda antigua—. Esto le pertenecía a… alguien importante para mí. —Curiosa, Kohaku saltó a su lado en el marco de la ventana y Senku le sonrió, con ojos suaves—. Ella ya no está aquí, y esto no me sirve para nada. —Lo estiró un poco y lo acercó a ella, que se quedó quieta y aceptó que le pusiera la liga como un collar en el cuello—. Je, te queda bien. ¡Y parece que ya se te pasó lo agresiva! ¡Tienes diez billones de puntos por cooperación! —La tomó en brazos y la acercó a su rostro, y Kohaku no supo porque sintió ganas de inclinar la cabeza y rozar su nariz con la suya. Él la miró con diversión, antes de reír, con los ojos cerrados, sin apartarse de su contacto—. Debo admitir… que tienes unos ojos bastante fascinantes. Pero sigues siendo una muerta de hambre. —La bajó y la dejó sentarse en su regazo, volviendo a mirar por la ventana, hacia la medialuna en el cielo.
Kohaku miró al cielo también, notando con preocupación que las nubes estaban volviendo a cubrir más y más de las estrellas otra vez. Parecía que sí seguiría lloviendo mucho, lo cual era una lástima, porque amaba observar la luna y las estrellas.
—Veo que el cielo también te llama la atención —murmuró él, con una sonrisa relajada—. Yo fui astronauta hace poco, estuve en la luna, junto a unos amigos… Bueno, no fue hace tan poco, fue antes de que la luna se destruyera hace dos años, de hecho.
¡¿Qué la luna QUÉ?!
—Soy el primero en votar a favor del progreso científico, pero eso fue un asunto bastante polémico… La tecnología alienígena que obtuvimos por el contacto con esa civilización de vida mecánica humanoide fue abrumadora, y cayó en algunas manos equivocadas. —Posó su mano distraídamente en la cabecita de una muy shockeada Kohaku—. Logramos crear ese reemplazo barato para simular una perpetua media luna, ya que fue lo mejor que pudimos hacer con los materiales que teníamos a mano… Está más cerca, porque no es ni un cuarto de grande de lo que fue la verdadera. En vez de pasar esos dos años aprendiendo cómo usar las nuevas tecnologías para mejorar el progreso humano, los perdimos en crear un reemplazo para el satélite que perdimos por irresponsables. Aunque a un gato estas tonterías no le importan. —Se rio de sí mismo—. Al menos las estrellas siguen siendo las mismas…
Kohaku miró fijamente al cielo nocturno, sin lograr ver ninguna diferencia entre la luna de ahora y la que creía haber visto toda su vida.
No, de hecho, si veía algo… se veían estrellas y la negrura de la noche en donde antes debería haber estado la parte oscurecida de la luna entera. Oh, claro…
Qué locura, parecía que el mundo de verdad había cambiado mucho en los últimos años, y ella sin poder recordar nada…
Pero, si el mundo había cambiado tanto, entonces de seguro lo que le pasó fue por esas nuevas tecnologías, y quizás esas tecnologías podrían ayudarla a volver a la normalidad también.
Maulló desesperadamente a Senku, a pesar de que no podía entenderla, intentando de alguna forma pedirle ayuda.
—¿Ya tienes hambre? Debería preparar la cena. —La dejó en el piso y se marchó, sin notar su mirada de fastidio absoluto, visible incluso aunque era un gato.
Estúpido humano.
Más tarde esa noche, logró escabullirse a la habitación de Senku antes de que pudiera cerrarle la puerta, y él no pareció molesto.
Se acostó en su cama y ella le saltó encima, justo en su estómago.
La miró con disgusto, pero lo ignoró y directamente empezó a dormir, muy cómoda.
Lo último que escuchó de él fue un sonoro suspiro.
Cuando despertó, se dio cuenta de que algo cambió.
Todavía sentía la calidez de Senku, pero al abrir los ojos lo vio directo a la cara, y cuando él se despertó…
—¡¿KOHAKU?!
La miró horrorizado, pálido, como si viera un fantasma.
Ella ladeó la cabeza.
—¿Qué te pasa? —preguntó.
Cuando él la miró con todavía más horror, de pronto ella se dio cuenta de que lo que dijo no fue ningún maullido, de verdad habló.
Jadeo y se miró a sí misma, se tocó a sí misma y se abrazó a sí misma. ¡Era humana! ¡Y estaba desnuda! ¡Pero era humana!
No contuvo su alegría y se lanzó a abrazar a Senku.
—¡Senku! ¡Por fin, por fin volví a la normalidad! ¡No sé qué hiciste, pero gracias! ¡Estuve queriendo hablarte todo el tiempo! ¡Tengo mucho que decirte! ¡Ah, sí! ¡Y no soy una leona! —le reclamó, apartándose de él, solo alcanzando a ver sus ojos muy abiertos… antes de que se desmayara—. Oh… Ups…
Estaba empezando a sospechar… que él no tenía ni idea de lo que acababa de pasar.
Aparentemente este misterio no estaba ni cerca de ser resuelto.
Fin.
Ok, sé que esto está rarisimo xD Más porq el tema de la semana SenHaku es luna y estrellas, pero es q lo hice basado en un lindisimo fanart de mi querida Multiply, ojala puedan verlo, lo subiré en facebook :3
Y bueno, ojala q a pesar de lo raro el fic les haya gustado :'D
Ya se nos está acabando la semanita TwT
Espero la hayan disfrutado y sigan disfrutando estos días restantes :'3
Me despido!
CELESTE kaomy fueraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!
