Contenido: Oneshot, drama, angst, romance, futuro alternativo de Baji siendo un vampiro y Chifuyu un príncipe. Este fanfic pertenece a la mini serie dedicada al BajiFuyu week 2022.
Pareja: BajiFuyu (Baji Keisuke x Matsuno Chifuyu)
Disclaimer:
Hikari: Séptimo día y siento que mi cerebro ha quedado seco, pero no me despido sin dejar mi último aporte para esta week. En fin, no hace falta decir que ni Tokyo Revengers ni sus personajes me pertenecen, todo es auditoría de Ken Wakui, por lo que este fanfic fue escrito únicamente por ocio y no tiene fines lucrativos.
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#BajiFuyuWeek2022, 7 – Vampire & Prince AU / Bites (Vampiro y Príncipe AU / Mordidas)
Sonrió de medio lado cuando un pequeño invitado se paró a su lado. Pasando su mano por el extenso y suave pelaje del animalito, uno de sus colmillos se alcanzó a divisar producto de su enternecimiento al notar cómo el felino solo alzaba aún más su cabeza en señal de que continuara con las caricias.
No fueron muchos segundos los que pasaron hasta que el pequeño comenzara a ronronear, completamente a gusto de los mimos que el otro le estaba regalando.
-¡BAJI-SAAAN!- sin embargo, el silencio no duró por mucho más. Soltando un suspiro cansado, no tuvo ni siquiera que voltear su cuerpo para reconocer a quien subía con rapidez las interminables escaleras de piedra hasta su habitación- ¡Peke J! ¡Te fuiste sin mí, eso fue hacer trampa!- recriminó, una vez que pudo llegar al lugar, señalando con su dedo índice al animalito quien, galante, solo maulló como si en verdad se estuviese burlando del joven.
-Chifuyu, te he dicho mil veces que no vengas por las noches. Si te sigues escapando de madrugada, los idiotas de tus sirvientes no tardarán en descubrir que te cuelas hasta acá, y será un dolor en el culo soportarlos.- dijo a modo de saludo, mientras despeinaba su larga melena. Aun sabiendo que sería imposible convencer al más chico, no pudo evitar sentir un atisbo de molestia al notar que la sonrisa en el otro no reflejaba ni una pizca de arrepentimiento.
-No se darán cuenta. Llevo meses viniendo y ninguno se ha percatado que salgo por la ventana. Creo realmente que tenemos un problema con la seguridad del castillo si es tan fácil evadir a los guardias.- poniendo un gesto serio en su rostro, posó su mano debajo de la muñeca. Baji, suspirando nuevamente, no encontró las fuerzas para iniciar la misma discusión de siempre, así que solamente descargó su malestar dándole un pequeño golpe con uno de sus dedos en la frente del rubio, que por cierto, no parecía esperarlo y terminó dando un gritito de dolor.
-Menudo príncipe tiene este reino. ¿Qué harás cuando seas rey? ¿Seguirás escapándote a hurtadillas como un ladronzuelo?
-Si es para encontrarte, lo haré cuando sea, Baji-san.- se sobaba la zona aun adolorida, y aun cuando tenía un par de lagrimitas en las orillas de sus ojos, le sonrió tímidamente al más alto, mientras que sus mejillas adquirían un suave rubor carmín.
Sin saber qué más contestar ante tal honesta afirmación, Baji soltó un bufido antes de regresar su atención a Peke J, quien no había parado de verlos en silencio.
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Sabiendo que el sol se encontraba en lo más alto, con los sonidos de los pájaros, insectos y otros animalitos a las afueras de su impenetrable guarida, Baji se encontraba recostado dentro de lo que parecía ser un ataúd muy antiguo de madera, con unas cortinas gruesas y oscuras en su única ventana, impidiendo que cualquier rayo llegara al interior. Aburrido y un tanto somnoliento, su mente lo distraía con los recuerdos de hace algunos años, especialmente aquella noche en que había conocido al, en ese entonces, pequeño e infantil Chifuyu.
Era una noche cualquiera. Sola y aburrida, donde las estrellas eran las únicas que podrían hacerle compañía. Pensando en que tal vez debería solo entrar en otro ciclo de hibernación para pasar el rato, Baji irguió su espalda cuando escuchó algunos suaves ruidos al borde de la escalera. Sonrió de lado, sabiendo inmediatamente quien sería el culpable de aquellos curiosos sonidos.
Desde hace algunas semanas un pequeño felino, al que había nombrado Peke J, se encargaba de visitarlo algunas noches (y un par de veces más por los días) en busca de algunas caricias. No le molestaba en lo absoluto, era el único contacto que tenía con algún ser vivo, y al no tratarse de un molesto ser humano, le agradaba aún más.
No tenía ni siquiera el impulso de levantarse e ir por él, sabía que tarde o temprano el pequeño llegaría hasta su regazo, así que solamente se limitó a cerrar sus ojos y esperarlo en silencio. Sin embargo, notó que algo diferente en aquella ocasión. Un par de pasos, más pesados que las del cuadrúpedo, también se dejaron escuchar en el eco del vacío lugar, poco antes de que al fin llegaran hasta el último peldaño. Extrañado, decidió no moverse del lugar, prestando mayor atención al ruido de su alrededor.
-Excalibur, creo que hemos entrado a un lugar en el que no deberíamos estar.- una aguda voz se hizo paso en aquel silencio. A pesar de querer sonar valiente, las palabras sonaron bajitas y con cierto temblor.- Mamá me ha dicho que no debería entrar a esta torre…
Alcanzó a escuchar el maullido de su amigo antes de que éste ingresara de un solo brinco hacia el interior de su ataúd.
-¡Exca…!- sorprendido, Baji había abierto ambos ojos, reincorporándose y al fin, descubriendo la identidad de su nuevo y pequeño invitado.
"¿Un niño?".
De cabello rubio y ojos claros, el niño vestía lo que parecía un lujoso abrigo de seda color marfil. Las manchas de barro impregnadas en su rostro y en algunos lados de su ropa le hacían creer que tal vez había pasado demasiado tiempo en el bosque y en los jardines de afuera, no demasiado preocupado de arruinar su apariencia. Su rostro palidecía con cada segundo transcurrido, y Baji alzó una ceja, confundido, al notar que hasta su rostro parecía adoptar tonos azules, aunque era difícil de describir ante la oscuridad nocturna que los envolvía.
-¡E-E-E-EXCALIBUR!- con un rostro empapado de terror, el niño no tardó en tomar al gatito que estaba descansando en su pecho antes de correr con rapidez hacia la salida. Un estruendo sonó cuando iba cerca de la mitad del recorrido descendente (probablemente había tropezado y caído) pero ni siquiera eso lo detuvo de seguir con su estrepitosa huida.
Curioso, hizo a un lado la cortina y desde la ventana observó cómo el pequeño niño salía hacia los arbustos, sin tener el valor de mirar hacia atrás.
-¿Y quién mierdas era ese niño?- se preguntó a sí mismo, hasta que ya no pudo vislumbrarlo, perdiéndolo entre la maleza.
Esa fue la primera vez en que el pelinegro había conocido al príncipe Chifuyu, aunque para ese entonces, desconocía su nombre y estatus. Intrigado, las noches en que Peke J (el que había sido llamado erróneamente Excalibur aquella noche) se colaba hasta su alcoba, se preparaba mentalmente en caso de que el niño también lo estuviera acompañando, sin embargo, él siempre llegaba solo.
Durante los días no podía asomarse por la ventana, pero mantenía al pendiente su gran sentido del oído en caso de escuchar alguna voz chillante. Sin embargo, nunca logró reconocerla. Siempre eran los mismos sonidos. Algunos animalitos cercanos, insectos y otros ruidos de la naturaleza. Llegaba a escuchar pisadas y palabras roncas, pero sabía perfectamente que esas voces adultas no eran iguales a los gritos del niño de la otra vez.
Incómodo por no poder ver saciada su curiosidad, Baji tuvo que limitarse a esperar en su refugio. Una enorme torre hecha de piedras que funcionaba como su impenetrable hogar. No porque fuese un rincón protegido de guardias o similar, sino porque sabía perfectamente que todo aquel que supiera sobre ese lugar era siempre previamente advertido de la supuesta peligrosidad que aguardaba dentro.
¿Cuántos años llevaba ahí dentro? Varias décadas y hasta siglos. Muchos de ellos pasaron como un parpadeo gracias a que su naturaleza le permitía sumergirse en un sueño imperturbable durante varios años, pero cuando estaba despierto, cuando su sistema le exigía alimento y líquidos, no tenía otra manera de matar el tiempo que solamente contando los tabiques de piedra que conformaban su hogar.
¿Dejar la torre? Podría hacerlo, pero si se atrevía muy seguramente terminaría muerto apenas el sol tocara los poros de su piel. No sabía que tan lejos podría llegar en una sola noche, y tampoco es como si pudiera asegurar encontrar otro refugio antes del amanecer.
Además, la orden de no separarse de la torre era algo que guardaba demasiado recelosamente en su interior. Aun si esa indicación había sido dada por alguien que ya llevaba muerto muchos años.
-La vida de un vampiro puede ser bastante aburrida, ¿sabes?- le dijo al pequeño Peke J que se acomodaba en su regazo antes de tomar una breve siesta.
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Pasaron los años, no supo exactamente cuántos, pero fueron varios desde la noche en que vio por primera vez a aquel rubio. Baji había dejado de lado su curiosidad y solamente recordar el suceso como una extraña anécdota que no le podía compartir a nadie más. Tal vez solo se había tratado de algún niño perdido, o el hijo de una sirvienta que no se pudo haber escapado aquella vez en una traviesa jugarreta.
Ya ni siquiera le importaba, probablemente nunca lo volvería a volver a ver, de todas maneras.
O al menos así pensaba hasta que cierta noche de luna llena, alcanzó a percibir una voz desde el pie de la torre. Disgustado, creyendo que se trataba solamente de algún adulto, Baji se asomó por la ventana, reconociendo perfectamente la identidad de quien parecía estarse ánimos a sí mismo, sin saber que era observado.
Cabello rubio, ojos claros, vestimenta lujosa. Llevaba atada a su cintura una espalda y una pequeña corona en su cabeza. Se daba algunas palmadas en ambas mejillas mientras daba gritos, como si se estuviera preparando para algo.
A pesar de saber que se trataba de la misma persona por la que estuvo esperando tanto, hubo algo que era muy diferente a la última vez.
Creció. Bastantes centímetros, de hecho. Algunos rasgos infantiles se mantenían en su rostro pero era claro que ese joven era ahora más un adolescente.
-Bien, Excalibur. ¡Hoy será la noche para enfrentar mi trauma de la niñez!- se dirigió al felino que conocía bien el pelinegro y no parecía ni siquiera estarle prestando atención al humano.- Han pasado diez años y todos me regañan cuando les cuento lo que sucedió esa noche. Mi madre intensificó la seguridad de mi alcoba desde ese día y me prohibió los paseos nocturnos, pero no hoy. ¡Hoy es el día en que al fin descubra que fue lo que vi en aquella ocasión!- infló su pecho con una gran bocanada de aire y, galante y fornido, decido entrar a paso firme hacia la torre.
Alzando la ceja derecha, no demasiado entusiasmado de recibir visitas inesperadas, Baji se mantuvo en silencio cerca del marco de la puerta, justo donde terminaban los escalones. Aburrido por el lento ascenso, soltó un bostezo no pudiendo reconocer todas las palabras que murmuraba el joven mientras más se acercaba.
Se sentó en el borde de su ataúd y recargó su rostro sobre su mano, que a su vez se recargaba sobre su rodilla, esperando pacientemente al humano. Cundo al fin el joven alcanzó la cima, vio cuadro a cuadro cómo su cuerpo se paralizaba, llevando lentamente sus manos a su cintura, listo para desenvainar la espada, mientras tragaba fuertemente y comenzaba a ver un par de gotitas de sudor bajar por su frente.
-Eres malditamente lento. Casi caigo dormido mientras esperaba.- tembló cuando le habló. Movía sus labios de manera graciosa pero no podía formar ninguna palabra coherente. Es como si su habla se hubiese quedado atorada al borde de su garganta.- Es de mala educación entrar a la casa de alguien sin ser invitado.- se levantó de su lugar y el otro dio un pasito hacia atrás, casi sintiendo que su cuerpo se tambaleaba por estar al límite de los escalones.
-¿Q-Q-Quien eres? ¿Que eres?- finalmente, sacó la espada, apuntando con la punta hacia el extraño ser, quien solo soltó una pequeña risa sarcástica.
-Antes de preguntar sobre mí, deberías presentarte primero, ¿no crees?- Baji alzó su rostro y abrió la boca, mostrando amenazadoramente sus colmillos.
"No ataques a ningún humano". Las antiguas palabras resonaron dentro de su cabeza, como una especie de restricción. Frunció el ceño, convenciéndose que únicamente mostraba sus armas como estrategia de defensa. No tenía la más mínima intención de atacar a alguien por el que estuvo pensando tanto tiempo.
"Solo quiero saber quién es y que se largue de una puta vez."
-Matsuno Chifuyu, príncipe y caballero de este reino.- mordió ligeramente su labio inferior, no queriendo comenzar a tartamudear.- hace diez años vine a este lugar mientras seguía a mi mascota, y te encontré a ti aquí solo. Cuando se lo mencioné a mi madre me prohibió regresar hasta que cumpliera los 20 años, bajo la estúpida excusa de que lo entendería cuando fuese mayor. Pero no puedo esperar tanto, así que vine a descubrirlo por mi propia cuenta.- irguió aún más su espalda, queriendo verse confiado.- Ahora contesta mi pregunta. ¿Quién eres y por qué estás en este lugar?
-¿Acaso no te enseñaron a respetar a tus mayores?- preguntó, evadiendo los cuestionamientos. "Así que… ¿es el príncipe? Menudo lío que se armará si descubren que estuvo aquí."- Ni siquiera eres un adulto ahora, ¿no deberías estar ya dormido con tus juguetes de felpa?
-¡Contesta mi pregunta!- alzó más la espada, como advertencia y signo de su poca paciencia. Aunque el filo de ésta parecía tambalear un poco debido al nerviosismo de sus extremidades.
-¿Acaso la reina, bueno en este caso tu madre, no te contó acerca de la maldición que ha asechado a tu familia por generaciones y que tanto insisten en encerrar en esta torre?- sin mostrar temor alguno, Baji dio un par de pasos, acercando su propio cuello al filo de la espada.- ¿No te dijo que no debías lidiar con el espantoso vampiro que tienen como rehén dentro de la torre de piedra?- ladeó su cabeza, como si con aquello lo estuviese invitando a volarle la cabeza. La espada, que cada vez parecía más tambaleante no se acercó.
Sonriendo con audacia, notó como las iris del otro temblaban, no queriendo expresar su miedo pero delatando aun así su sorpresa, su duda, sus temores.
Queriendo zanjar el tema, Baji tomó el arma, apretándola duramente contra su palma y causando sangrado. Chifuyu reprimió un grito sin ser capaz de decir nada a cambio.
-¿Vam…piro?- susurró, viendo como el más alto comenzaba a lamer su propia sangre. Sus ojos que a la oscuridad se veían negros, comenzaron a revelar un antinatural brillo color rojo. El líquido caía manchando sus labios y, a su paso como si fuese un pequeño riachuelo, pintó parte de su piel hasta su propia manzana de adán.
-No has cambiado en lo más mínimo, se nota que eres el mismo chico que grito como niñita hace diez años.- burlonamente, bajó la espada con fuerza. El chico, renuente a soltarla, se vio forzado a dar un par de pasos, acortando la distancia. Queriendo verse más intimidante, Baji lo tomó del cuello, empujándolo hasta que su espalda chocó fuertemente con la pared más cercana.
El rubio sacó el aire retenido por el impacto, es más, tuvo que pararse de puntitas para evitar la sensación de asfixia. La tenebrosa criatura le sonrió victorioso, mostrando cínicamente los colmillos afilados que ahora parecían, a ojos del propio príncipe, más peligrosas que cualquier espada.
Con su mano libre, no tardó en desabotonar las prendas del humano, dejando descubierto parte de su hombro y clavícula. El chico trataba de deshacerse del agarre, pero la diferencia entre fuerzas y alturas hacían imposible su objetivo de huir. Su piel se erizó cuando sintió el aliento del otro chocar contra su piel. Cerró los ojos con fuerza, esperando cualquier tipo de ataque.
"Me morderá…".
La lengua del vampiro se encargó de humedecer la zona antes que los labios ajenos chocaran con su piel.
Sin embargo, esos afilados dientes jamás hicieron contacto con él.
Sintió un extraño mareo cuando se percató de la succión inesperada que sintió desde los labios. Húmeda y solo un poco dolorosa. No abrieron su piel ni tampoco hubo pérdida de sangre. Aun así se sintió extrañamente avergonzado cuando la extraña sensación se acentuó con la punta de la lengua de Baji volviendo a tocar su cuello.
"¿Pero qué…?".
-Más te vale largarte, a menos que quieras morir, joven príncipe.- Lo soltó con fuerza. El chico, que aún no recuperaba la fuerza en sus piernas, terminó sentado sobre el suelo. Llevó su mano hasta su cuello y la miró luego con detenimiento, cerciorándose que el otro no lo había mordido.
-Un chupetón no es lo mismo que una mordida, ¿sabes?- sonrió con gracia. La mirada azulada de Matsuno pasó de pánico a sorpresa, para finalmente abrir ambos parpados, avergonzado con un intenso rojizo en todo su rostro, hasta sus pequeñas orejas parecieron también calentarse.
-¡T-TÚ…!- miró hacia arriba solo para sentir aun mayor pena cuando Baji pasó su lengua sobre sus labios, como si estuviese saboreando el reciente encuentro.
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¿Quién hubiese pensado que después de tremendo susto de esa noche, con la revelación de su verdadera naturaleza y con un acto de acoso sexual, el regreso de ese ingenuo príncipe se presentaría solo 12 horas después?
Decir que Baji Keisuke estaba sorprendido era poco, realmente creyó que el chico era muy inocente, muy estúpido, o ambas cosas.
Según el propio chico luego de salir de la torre esa madrugada, le exigió (¿o rogó? Quien sabe) explicaciones a su madre y a los demás sirvientes que le servían dentro del palacio. Por supuesto, no es de sorprenderse la manera en que ellos le contaron la historia al joven.
Dicha versión contaba cómo, hace centenares de años, varias familias poderosas se encontraban unidas bajo la alianza ToMan, entre ellas la familia Sano y Baji, solo eran dos de las seis principales que administraban dicha alianza. La relación entre ambas familias era buena, al haber convivido desde tiempos ancestrales mantenían una buena amistad. Sin embargo, no se saben bien las razones, la familia Baji fue maldecida, junto con otra de las principales, los Hanemiya.
Algunos mencionan que fue por traicionar a la alianza, al estar en contra del liderazgo que se le había dado a los Sano, aunque nadie lo sabe con certeza. Pero ambas familiares perdieron a sus herederos de un día para otro. Los perdieron sin la necesidad de que ellos murieran, al contrario, se les otorgó la vida eterna.
Les arrebataron la humanidad.
Las órdenes de los Sano fueron claras, lograr que dichos herederos regresaran a ser como eran antes. A pesar de haberlos maldecido él mismo, encomendó esa misión y así buscar la manera de regresarles la humanidad a sus cuerpos. Por ello, los Matsuno, una familia de mucho menor poder que estaba bajo los dominios de los Baji, fueron los encargados de hacerlo. Así les tomara generaciones completas, tenían que liberarlos de aquella enfermedad que fue llamada "vampirismo".
No. No fue un honor encargarse de ello. Aquella tarea maldijo a los Matsuno, quienes reinaban un pequeño pueblillo sin pena ni gloria. En caso de querer olvidarse de esa misión, de huir de sus responsabilidades, el heredero maldito se encargaría de aniquilar a todos los que llevaran aquel apellido. ¿La prueba? Una vez intentaron dejar a su suerte a los Hanemiya y, en venganza, se provocó una horrible matanza.
De no haber sido por la intervención de los Sano, nadie hubiese sobrevivido.
Esa pesada carga sobre sus hombros los traía condenados desde hace años. Cada rey que ascendía al trono dedicaba su vida entera en tratar de aliviar al vampiro, que fue orillado a vivir en una aislada torre de piedra, esperando a que los humanos encontraran una solución.
-¿Que sucedió realmente con Hanemiya Kazutora, Baji-san?- fue una de las tantas preguntas que le hizo el chico al día siguiente. Esta vez con el sol en lo alto del cielo azul y con las cortinas oscuras impidiendo su ingreso a dicha torre. El moreno solo rodó los ojos, claramente indispuesto a querer contestar tantos cuestionamientos.
-Oh, ¿alguien estuvo leyendo libros de historia durante la madrugada, eh?- preguntó sarcástico, solo recibiendo una mirada seria por parte del príncipe.
Cansado, soltó un bufido y desvió la mirada hacia el lado contrario.
Aquella plática y preguntas… no tenían sentido alguno. Nadie, en tantos años de vida, se había dignado a escucharlo realmente, ¿por qué ahora sería diferente con aquel mocoso?
¿Qué le diría? ¿Que la disputa contra los Sano fue meramente un error de chiquillos? No quería contarle la manera en que la muerte del hermano mayor de su amigo de la infancia, Sano Manjiro, había sido realmente una horrible conclusión después de varias desafortunadas consecuencias. No quería decirle que la razón por la que estaba maldito con aquella enfermedad era porque dicho mejor amigo, perdido en la locura ver inerte a su hermano, los había maldecido con las artes oscuras que ocultaban dentro de su clan.
Ni siquiera quería recordar para él mismo el momento en que, cegado por su sed de venganza, Kazutora trató de quitarse la vida junto con la de Manjiro, cansado y arrepentido de todos sus errores de su pasado, pero lo único que había logrado es que toda su familia cayera con él, perdiendo así para siempre dicho apellido.
Y así, sumido en el arrepentimiento y la desgracia, Keisuke finalmente se vio obligado a aceptar su destino.
Finalmente, no le declararía que de hecho, no esperaba que los Matsuno lograran llegar a la respuesta de aquello. No mantenía ni siquiera la creencia que ellos aun mantuvieran su interés por curarlo, solamente lo mantenían cerca y con vida ante el miedo de la historia distorsionada que había pasado a través de las generaciones.
Era curioso, que aun con el tiempo transcurrido, la única esperanza que aun guardaba dentro de su corazón, era la que un joven, que apareció repentinamente en aquella época, le había sembrado dentro de él. Un chico de apellido Hanagaki (una familia sin renombre ni estatus) que le confesó tener artilugios mágicos de poderes aún más abismales que los de los Sano…y mucho más peligrosos y desconocidos.
"Espérame, Baji-kun. Sé que puedo lograrlo. Sé que puedo cambiar el pasado y tu propio futuro, solo debes darme la oportunidad de perfeccionarlo. No ataques a ningún humano y tampoco bebas su sangre. Sobrevive y yo me encargaré del resto".
Ah, a veces se sentía tan estúpido por aun mantener vivas las promesas del pasado.
Que fácil sería solamente salir en ese mismo momento para que el sol se encargara de apagar su inmortalidad. Que sencillo sería solamente dar el último paso para deshacerse de aquella maldición.
Pero, ¿y si Hanagaki aun lo estaba intentando? En algún lugar, en algún tiempo… ¿y si está a punto de poder salvarlo a él, a Kazutora y a Manjiro mismo?
-No es necesario que me lo cuentes todo.- a pesar de estar sorprendido de lo firmes que sonaron aquellas palabras, Keisuke no quiso dejar que el otro lo notara.- Mi madre me lo contó todo, y como dices, también estuve investigando toda la noche.
-Si es así, entonces deberías comprenderlo. La razón por la que deberías repudiar mi existencia, y la carga que estoy obligando a llevar a tu familia y descendientes.- indiferente, Baji estiró sus brazos, haciendo crujir su espalda, como si aquella conversación solo fluyera en círculos y no pudiese importarle menos.
-Lo sé, pero…- sin saber encontrar las palabras exactas, Chifuyu guardó silencio algunos segundos, un tanto intimidado por la severa mirada del vampiro.- Estuve leyendo, y no encontré ningún registro sobre que Hanemiya Kazutora haya atacado a algún humano. Todos los escritos están incompletos o solo cuentan a medias toda la historia. De hecho… de ser cierto todo lo que me dijo mi madre, tampoco tendría mucho sentido algo…
-¿Qué cosa?- preguntó curioso, levantando el mentón.
-¿Por qué no me mordiste anoche?- su voz salió a un volumen mucho menor del que hubiese querido.
Baji no supo contestar aquello. No sin tener que dar más explicaciones innecesarias.
-Entré a tu territorio sin permiso, y tampoco me comporté debidamente. A nadie se le hubiera hecho raro que me hubieses matado aquí mismo luego de mi actitud.
-De hacerlo, los Matsuno se hubiesen quedado sin heredero y necesito a tus descendientes para buscar mi cura, ¿lo olvidas? Quieras o no, tu vida es importante para preservar el linaje.- contestó sin miramiento alguno.
-Pero tú no puedes asegurar que sea hijo único. Podría tener hermanos que se encarguen de la descendencia. O bien mi madre podría tener más hijos.- un pequeño tic atacó el ojo izquierdo de Baji, sorprendido por tan brillante deducción.- Nunca has salido de aquí, así que tampoco sabes sobre el resto de la familia Matsuno.
-Cree lo que quieras. Ya te di mi respuesta.
A partir de aquel día, la rutina de Baji no hizo más que cambiar.
Estaba literalmente pasando de una vida silenciosa y solitaria a una llena de barbullo y parloteo insaciable por parte del príncipe. Cada día, sin falta, era el propio Chifuyu quien le llevaba pequeños jarrones llenos de sangre hasta la entrada de su alcoba.
Por lo general, eran los sirvientes anónimos quienes solían llevarla, luego de sacrificar alguna vaca u otro animal del ganado, sin embargo, luego de descubrir dicha tarea, el príncipe se ofreció a hacerla, a pesar de la gran negativa de su madre.
-¿No se supone que no deberías estar aquí?- es como regularmente saludaba Baji, cuando lo descubría subiendo los escalones de piedra.- Le vas a causar un paro cardiaco a la reina.
-Lo sé, pero hasta donde ella sabe, luego de dejarlos a los pies de la torre, en realidad me voy a pasear por ahí con Peke J.- sonrió mientras dejaba pasar al minino, quien venía caminando detrás de él.
-¿Y dónde quedó ese patético nombre que le habías puesto?- sonrió burlón, al escuchar por esos labios el nombre que él mismo le había otorgado al gatito. Chifuyu solamente se limitó a hacer un gracioso puchero con sus mejillas, provocándole una risa.
A pesar de estar completamente en contra de tener compañía, Baji tuvo que aceptar que acostumbrarse a tener de invitado a Chifuyu aligeraba enormemente su aburrimiento por las tardes (y varias noches, por cierto).
Las conversaciones solían fluir con tal facilidad que hasta el propio Keisuke comenzaba a participar en ellas. A veces, pasaban horas con Chifuyu atrapado en un eterno monólogo, pero en otras ocasiones, de manera casi inconsciente, Keisuke también comenzó a aportar datos sobre sí mismo y, sin darse cuenta, Chifuyu comenzaba a convertirse en un pequeño confidente.
Hace centenares de años que no sentía algo similar.
Chifuyu era el ser humano más extraño que había visto en mucho tiempo. Si bien, el vampiro le confesó en algún momento que cuando fue humano le gustaban los animales y también la sopa de fideos, Matsuno después de aquel primer día, nunca volvió a intentar sacarle información de su pasado de manera sospechosa. No volvió a preguntar sobre Kazutora ni tampoco sobre Manjiro, sobre su maldición o sobre sus pecados.
Chifuyu le creía tan ciegamente que a veces le asustaba el hecho de defraudarlo.
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-¿Que sucede? Estás inusualmente callado el día de hoy.- no queriendo parecer preocupado, Baji fingió mantener su completa atención sobre el pequeño Peke J que se dejaba acariciar mientras descansaba sobre sus piernas. Chifuyu sonrió débilmente aunque después de eso soltó un lánguido suspiro.
-Mañana tendremos un banquete en el palacio.- dijo de manera desganada, dejando caer su cuerpo sobre el frio suelo.- Ya le dije a mi madre que no quiero ir, pero ella sigue insistiendo que, como futuro rey, debo al menos saludar a los invitados.
-No le veo lo malo. ¿Acaso no tienes amigos en la realeza?- preguntó, en cierta parte asombrado que un chico tan extrovertido como Chifuyu no estuviera siempre rodeado de gente y amistades.
-Realmente no. Mi mejor amigo se mudó cuando éramos niños, y el resto solo me habla por mi estatus. Así que suelo golpear a todo aquel que llegue a molestarme solo para buscar beneficios propios.- alzó el puño victorioso, aunque Baji solo negó con la cabeza.- Además, ahora estoy con Baji-san, así que realmente no necesito más amigos.
-Que desafortunado tu caso el que tu único amigo sea un vampiro.- trató de bromear, aunque el semblante de Chifuyu le indicó que no le pareció demasiado graciosa su línea.
-No digas eso, Baji-san. Además, tampoco me importan lo que digan los demás.- ocultó ambos ojos debajo de la parte interna de su brazo, ocultando su rostro.- Es en estas situaciones que realmente odio ser un príncipe.
-Y si no fueras un príncipe, ¿qué te gustaría ser?- inmediatamente después de decirlo, Baji se mordió la lengua, reprimiéndose a sí mismo al darse cuenta que sus preguntas eran cada vez más personales. Aun así, Chifuyu soltó un ademán con su garganta, indicando que realmente estaba pensando con seriedad su respuesta.
-Supongo que si pudiese convertirme en un ave y volar sería definitivamente mi primera opción.- Chifuyu sonrió divertido mientras volvía a incorporarse y quedarse sentado mientras cruzaba su piernas.- Pero tomando un sueño un poco más realista… definitivamente me gustaría ser caballero.
-¿Caballero?- preguntó con ironía.- Es prácticamente lo mismo que ser príncipe. A ti también te han enseñado a usar la espada. Aunque debo decir que mi primera impresión de tus habilidades de esgrima no son las mejores.- aprovechó para remembrar el primer encuentro de ambos, Chifuyu se limitó tímidamente a solo sonrojarse.
-¡No es lo mismo, Baji-san!- con su grito, logró que el pequeño Peke J despertara de su siesta.- ¡Los caballeros son mucho más geniales! Llevan armaduras, salen a pelear, rescatan princesas y protegen reinos. Como príncipe siempre debo quedarme dentro del palacio y eso es bastante aburrido.
-Realmente sigues siendo un niño si piensas de esa manera.- sonrió con diversión, pasándole la mano sobre su melena y disfrutando despeinarlo. Chifuyu ni siquiera hizo el intento de detener la caricia.- ¿Y qué? ¿Acaso esta gigantesca torre te hizo recordar algún cuento de princesas? Solo faltaría un jodido dragón en la entrada.
Creyendo que recibiría otro grito de reclamación de respuesta, Keisuke comenzó a reír luego de lo dicho, aunque sus risas no duraron mucho tiempo, ya que Chifuyu se quedó únicamente callado, con su vista pegada al suelo y su cabello cubriendo ambos ojos, impidiéndole a Baji poder adivinar su expresión.
-Lo siento, debo irme.- sin siquiera tomar a Peke J o algún otro gesto de despedida, Chifuyu se levantó de su sitio y rápidamente comenzó a descender las enormes escaleras. El gatito, al percatarse que su dueño se estaba marchando, movió ambas orejas antes de seguirlo.
De haber sido posible, Baji hubiese querido asomarse por la ventana para verlo partir, sin embargo, el ocaso aún seguía vigente, por lo que aun con el cielo entremezclado de naranjas, morados y azules, no pudo si quiera mover la cortina.
Para cuando el sol se había ocultado por completo, ya no vio rastro alguno del príncipe humano.
-¿Que le sucede?
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Baji comenzaba a olvidar cuando fue la última vez que se la había pasado tan tremendamente aburrido. Desde que el entrometido de Chifuyu comenzó a participar en su vida, eran muy extraños y raros los días que el joven no iba a visitarlo, por lo que éste era el primero en que Baji se sentía como un ser más que deseaba solamente que el día se acabara rápido para no morir así de aburrimiento.
¿Cómo es que había logrado sobrevivir tantas décadas sin intercambiar palabra alguna con otro ser viviente? Comenzaba a dudar de su propia memoria llegados a este punto.
Pero sabía perfectamente que sería un caso perdido esperar a Chifuyu aquella tarde, y eso que ni siquiera era todavía medio día. Si agudizaba su oído podría alcanzar a percibir el murmullo de varias voces lejanas, por supuesto, supuso que serían parte de la reunión que le comentó Chifuyu tan solo el día anterior. Seguramente el joven príncipe también estaría parloteando por ahí con otras personas.
No iría a visitarlo. No tenía la obligación de hacerlo, además, Baji siempre dejaba en claro su contraria de tenerlo ahí encerrado todo el tiempo.
Y aunque lo sabía, los segundos en soledad le parecían eternos.
-Ni siquiera ha venido Peke J el día de hoy…- se quejó, soltando un gruñido mientras lanzaba otra pequeña piedra hacia el inicio de la escalera, escuchando con horrible concentración la cantidad de saltos que daba ésta hasta detenerse.- La inmortalidad definitivamente está sobrevalorada…
Queriendo que el tiempo pasara más rápidamente, Baji se tumbó dentro de su ataúd, tratando de buscar un poco de somnolencia para así dormir, sin embargo, por mucho silencio y oscuridad que lo envolvía, realmente no tenía ni siquiera una pizca de sueño.
Enfadado consigo mismo, rodó algunas veces hasta bufar mientras perdía su vista en el alto techo de su alcoba. Comenzó a contar las grietas y manchas que prácticamente ya conocía de memoria. Sin embargo, su mente divagó hasta llegar a sus recientes recuerdos de los últimos meses, semanas y días. En la curiosa platica que tuvo ayer con el príncipe y su extraña actitud antes de marcharse.
¿Acaso dijo algo que lo hiciera molestar? Ya antes Chifuyu le había confesado (muy orgulloso de sí mismo) ser fan de los cuentos e historias de fantasía, y no parecía importarle que sus conocidos y familiares pensaran que era un absurdo e infantil pasatiempo, él seguía disfrutando de soñar con encontrar tesoros en una isla desierta y salvar princesas de tenebrosas brujas. Es por ello que su ultimo comentario no debería de haberle hecho sentir incomodo…
¿O es que haría sido por otra cosa?
-Maldita sea… los humanos son realmente complicados.- se murmuró, recordando las mil facetas por las que ya vio pasar a Chifuyu en tan poco tiempo que lo conocía.
Ni siquiera podía aun explicar la razón por la que estaba tan apegado a él, para empezar.
¿Por qué no lo repudiaba como el resto de los humanos, lo odiaba o lo maldecía?
¿Por qué Chifuyu era tan diferente al resto?
Resultaba a veces sorprendente la manera en que una telaraña de pensamientos puede ayudarte a pasar el rato, aun siendo un vampiro centenario que a veces parecía ya no tener más temas en los que pensar durante la soledad. Sin embargo, cuando la tenue luz naranja se colaba en un pequeño pedazo de piso de piedra, Baji supuso que el sol no tardaría demasiado en ocultarse nuevamente.
¿Realmente ese día no vería a Chifuyu?
¿Y si… se atreviera a salir de la torre para visitarlo cerca del palacio? Siempre y cuando fuese de noche y ninguno de los otros los observaran, no daría haber problema algo, ¿no es así? Debería ser sencillo ocultarse entre la oscuridad de esos torpes humanos.
Siempre y cuando pudiese volver a verlo. Hablar aunque fuesen solo 5 minutos antes de regresar a su eterno encierro…
…esperen.
¿Acababa de fantasear con salir de un lugar del que nunca ha salido desde hace varios siglos?
Asustado por sus propios pensamientos, Baji se incorporó rápidamente, es más, hasta sintió algo parecido a un mareo por el rápido movimiento. De haber tenido un corazón palpitante dentro de su pecho, tal vez podría reconocer un rápido ritmo cardiaco.
Lastimosamente, Baji no pudo continuar con su extraña euforia (combinada con terror), ya que ciertos ruidos extraños distrajeron su atención. Aquellos eran… si, voces de humanos sin duda alguna. Pero parecían estar peligrosamente más cercanas comparadas a las que estuvo escuchando todo el día. Se acercó a la cortina solo para maldecir entre dientes al percatarse que el sol aún se encontraba iluminando el cielo.
-¡Oh vaya, su real majestad!- gritó al que imaginó como chico adolescente, por aquel tono faltante de dureza y bañado en cierto sarcasmo.- No me lo esperaba encontrar aquí.
-¿Que mierdas hacen aquí?- el siguiente en hablar era definitivamente Chifuyu, sin una pizca de cordialidad.- Esa área está fuera de la zona de la fiesta. No pueden estar aquí.
-Solo queríamos expresar nuestro más profundo agradecimiento por el trato que le diste a mi hermano el otro día.- Baji percibió un par de risitas, probablemente varios chicos más, detrás de lo que en su opinión, ya era una irritable voz.- Me comentó que lo venciste en esgrima con trampas.
-Yo no hice trampa. Tu hermano es demasiado débil.- contestó tajante, los gruñidos mal disimulados indicaban que dicha respuesta no les había hecho ninguna gracia.
-Si eso es cierto, no te molestará que nos batamos en un duelo, ¿no es así?- el filo de la cuchilla saliendo provocó que Baji forzara su quijada, tensándose por el rumbo que estaba llevando aquella conversación.
-¿Osas levantar una espada contra el príncipe, el cual por cierto, está completamente desarmado?- preguntó con ironía.
Baji tuvo el impulso de tratar asomar su rostro por la ventana, sin embargo, la tenue calidez proveniente de los rayos sobre la tela fue suficiente para que desechara la idea. Aun así, no retiró su mano de ahí, como si se tratase de una fina capa que pudiese apartar en cualquier momento.
La pelea comenzó sin siquiera darle tiempo a Keisuke de mentalizarse. Los gritos y golpes no se hicieron esperar, por lo que tuvo que cerrar sus ojos y concentrarse por completo en el estruendo; las imágenes mentales eran recreadas por él a partir de únicamente los sonidos. Recordando perfectamente la voz de Chifuyu, soltaba a veces algunos monosílabos de emoción cuando escuchaba cómo algunos contrincantes caían luego de ser derrotados.
Todo parecía ir bien. Regañándose mentalmente por haberse sentido un poco preocupado por el joven príncipe (cosa que por cierto, jamás confesaría en voz alta), su voz volvió a atorarse en su garganta cuando percibió un sonido mudo, y segundos después un quejido por parte de Matsuno.
Aun así, lo más alarmante vino después. Un tenue olor que hizo que sus músculos se tensaran al punto del dolor. Tuvo el reflejo de tratar de tapar su nariz para evitar olerlo, pero ya era demasiado tarde.
-Atacar por la espalda es de cobardes.- mencionó, con una voz rasposa.
-¿A estas alturas crees que realmente nos podría importar menos?- el joven que estaba parado a su espaldas, blandeó con gracia el arma que llevaba cargando, haciendo que la sangre que se había quedado impregnada se estampara directamente en el suelo.- Todos sabemos que los Matsuno no son más que una vieja familia maldecida. No habría de sorprenderse que alguien con mucho mayor prestigio pudiera robarles la corona. La alianza de la ToMan no necesita a gente como tú y tu mediocre familia.
Chifuyu se levantó lentamente del lugar donde había quedado acuclillado después de recibir dicho ataque. Llevó su mano derecha a su hombro contrario, tratando de pensar en algo diferente al dolor luego de ser acuchillado a lo largo de la espalda. El sudor frio que recorría por su frente y su evidente mareo solo eran signos que tendría que terminar rápido aquella riña si no quería que la situación empeorara en su contra.
Con dificultad, Chifuyu tomó entre algunos tropiezos, a vistas burlonas de quienes aún se mantenían en pie, una espada olvidada por alguno de sus agresores, cargándola en una posición que pretendía verse ofensiva. Frunció aún más su ceño al notarlas sonrisas sarcásticas de los demás.
Por otro lado, Baji Keisuke no estaba seguro en qué momento es que su cuerpo dirigió a la parte inferior de la torre sin su propia voluntad; cuándo fue que la loca idea de bajar aquellos peldaños parecía lo suficientemente buena para haberla ejecutado. Es así como se mantenía pegado a una de las paredes de aquella imperturbable torre, viéndose incapaz de bajar los últimos cinco escalones que aún eran iluminados de colores naranjas.
Queriendo mantener su presencia oculta, se mantuvo completamente recto, solo ladeando su cabeza levemente para poder localizar el lugar donde se estaba llevando a cabo la pelea. Cubriendo su nariz aun persistentemente, sintió un verdadero repudio cuando notó la manera en que esos idiotas seguían atacando en grupo a un ya debilitado Chifuyu, quien apenas parecía poder mantenerse de pie.
Su cabello sedoso estaba completamente alborotado y sucio, junto con su ropa que siempre estaba pulcra y blanca, ahora llena de tierra y polvo, sin mencionar que su gabardina estaba manchada de rojo de extremo a extremo.
Baji volvió a sentir un horrible torbellino de malestar en su estómago, cuando otro chico clavó una pequeña daga en la pierna de Chifuyu, la cual había mantenido oculta entre sus ropas, arrebatándole un grito de genuino dolor.
Es como si el mundo hubiese dado un giro de 180° grados. Como si el sonido se esfumara por completo y su vista se volviera completamente blanca.
Chifuyu no fue capaz de hacer que su cuerpo se moviera, ni siquiera una mínima reacción, antes de observar cómo una sombra negra se acercaba a una velocidad increíble y arremetía contra uno de los agresores, que más bien ahora era un victimario por la manera en que su cuerpo voló hasta que su espalda chocó fuertemente contra el tronco de un árbol.
El silencio sepulcral que se formó fue interrumpido varios segundos después por un grito de miedo puro, de otro chico que aún se mantenía de pie a unos metros. De haber sabido que con aquel ruido iba a llamar la atención del vampiro, tal vez hubiese preferido quedarse en silencio, ya que eso fue suficiente para la criatura saltara hacia él y con las afiladas uñas (que habían crecido apresuradamente, viéndose ahora como garras) se encargara de también de lanzarlo varios metros.
Los pocos chicos restantes aprovecharon la distracción para salir corriendo lejos, olvidándose por completo del príncipe, el cual, estaba aún tendido sobre el suelo.
-¿Baji… san?- sintiendo su voz temblar, Chifuyu dio un saltito en su lugar al notar lo irreconocible que se encontraba el rostro de Keisuke en aquellos momentos. Era como si los músculos de su rostro, y de todo su cuerpo en general, se hubiesen hecho más protuberantes, los amenazadores colmillos, que aunque siempre estaban a la vista, sobresalían de manera peligrosa de su boca, haciéndolo comparable a cualquier bestia salvaje.
Sus ojos rojos tenían la apariencia de querer salir de sus cuencas, con un brillo sobrenatural y lleno de voracidad. Jadeando fuertemente, parecía ni siquiera poder enfocar como era debido.
El príncipe se encontraba pensando en cómo es que podría hacer recobrar la cordura, sin embargo todo plan quedó limitado a solo una ilusión cuando se percató de otra característica en el vampiro, esta vez, siendo todavía más alarmante, y haciéndole olvidar cualquier otro tipo de miedo o temor que pudiese estar creciendo en su interior.
Su piel comenzaba a enrojecerse. Pero no como un simple rubor, era realmente como si estuviese siendo asada sobre una plancha de metal. Sus mejillas y sus manos eran zonas de donde comenzaba hasta parecer ebullir la propia piel, abriéndose de manera dolorosa y comenzando a sangrar. Presa del pánico, miro hacia el horizonte, donde aún quedaba más de la mitad del astro asomándose sobre las montañas.
-El sol… ¡Baji-san no puede estar bajo el sol…!- murmuró para sí mismo, antes de que Keisuke soltara un grito (parecido más a un gemido), tomando su cabeza con ambas manos mientras caía de rodillas.
Sin saber de donde logró sacar fuerzas, el príncipe pudo ponerse de pie, sacando de un solo movimiento el cuchillo de su pierna, sin importarle el rio de sangre que brotó con fuerza por la fuerza implementada. Corrió entre tropezones hacia él solo para poner su maltrecha gabardina sobre la cabeza del pelinegro, en un intento de, al menos, cubrirlo un poco de los rayos ultravioleta. Sin embargo, la reacción del otro fue tratar de quitársela, especialmente luego de que el olor a sangre que seguía impregnado en la tela taladrara en sus fosas nasales.
-¡BAJI-SAN! CALMATE, BAJI-SAN! ¡Tengo que llevarte dentro!- trataba de pasar el brazo del vampiro sobre sus hombros para ayudarlo a levantarse, pero los empujones hacían imposible tan simple hazaña.- ¡Baji-san! ¡Tenemos que regresar!
Moviéndose como un bestia, Baji era incapaz de querer recibir ayuda, encajó sus uñas sobre la suave piel de Chifuyu y, como una acción en cadena, solo parecía perder cada vez más el control, llevando el cuerpo del rubio debajo del propio, provocándole un grito de dolor cuando su espalda impactó, y sin poder moverse de las garras del otro.
Todo le duele. Todo es confuso. ¿Cuándo fue la última vez que había estado tanto tiempo debajo del sol? Ah, sí, la vez en que sano Manjiro ejecutó a su amigo Kazutora, él mismo salió en un intento de rescate, aun si eso conllevaba el horrible dolor de ser casi cercenado por los abrazadores rayos. Pero ni siquiera esa noble acción logró hacer que Kazutora pudiese salvarse.
¿Por qué, entonces? ¿Por qué había repetido tal ridícula acción si sabía que no daría resultados? ¿Por qué sintió tal reflejo de querer proteger a ese débil y fastidioso humano? ¿Por qué sintió tanta impotencia y furia al verlo ser derrotado por esa bola de estúpidos de la realeza?
¿Por qué perdió tan rápido el control cuando el olor de su sangre había llegado a su nariz? Lo hizo sentir mareado, hambriento, deseoso… la sed por sangre nunca fue un problema, pero cuando olió la de Chifuyu, la deseó como nunca antes había deseado un trago.
Necesitaba probarla. La necesitaba, Ahora mismo. Ahora mismo. Tan solo un trago.
Una pequeña probada…
-Baji-san… está bien, todo estará bien… tu jamás me traicionarías, ¿no es así?- los ojos azules cristalinos lo hicieron dudar un breve momento, aquellos que brillaban tan intensamente le quisieron dar un pequeña probada de racionalidad mientras se perdía ante el instinto. Sin embargo, el deseo parecía querer carcomerlo por dentro, rendido ante sus propios impulsos, abrió su boca mientras se acercaba hacia el cuello de aquel humano.
Chifuyu cerró con fuerza ambos ojos y contuvo la respiración, incapaz de poder si quiera tratar de defenderse.
Lo siguiente de lo que fue consiente fue que el cuerpo de Baji Keisuke caía inconsciente sobre el suyo, mientras las voces de los sirvientes gritaban a lo lejos.
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Le dolía. Todo centímetro y poro de su piel fue dolorosamente lastimado por algo tan trivial como lo era la luz del sol. De ser posible, desearía morir ahí mismo en lugar de sentir tal sufrimiento. Pero hubo algo peor que el dolor físico que abrazaba todo su cuerpo. La culpa, la tristeza, la carga de sus pecados, esa era la mayor de sus motivaciones para querer volver a salir a plena luz del día con tal de terminar con su patética vida inmortal.
Pero no sería tan fácil. No cuando sano Manjiro, el comandante supremo de la alianza conocida como ToMan, le había dedicado esa mirada tan fría y amenazadora.
Luego de que dejara que su mejor amigo Kazutora muriese lentamente y en agonía frente a sus ojos, Baji trató seguir por el mismo camino, pero el humano le cortó el paso para impedírselo.
-No morirás, Baji. No puedes quitarme otra cosa. No lo permitiré.- sus ojos profundos no se parecían en nada a los que veía a diario en el niño junto al que creció. Es como si todo rastro de amabilidad y esperanza se hubiesen escapado luego de la muerte de su hermano.
Muerte de la que Baji aún se sentía culpable.
Con fuerza y sin poder oponerse, el más bajo encajó su propio brazo en la boca del vampiro, obligándolo así a que hundiera sus filosos colmillos en su suave piel. Keisuke tuvo el reflejo de querer separarse, pero la fuerza implementada por la mano contraria de Manjiro lo obligaba a seguir unidos. No tardó mucho antes de que la sangre resbalara hacia su lengua y, finalmente, por su garganta.
Era la primera vez. Antes de todo eso, Baji jamás había probado la sangre humana.
Y, contrario a lo que creía, no fue ni de cerca, un sabor que le gustaría repetir.
-Necesitas sangre humana si quieres curarte más rápido de esas heridas.- el tono cariñoso de su voz no encajaba para nada con su expresión fría. Baji alzó la vista, tratando de retarlo, de hacerle entender que eso no es lo que él deseaba, que por favor se detuviera.
Manjiro no pareció ni siquiera afectado por ese ruego silencioso.
Keisuke jadeó con fuerza cuando sus párpados volvieron a abrirse, desorientado, trató de levantarse del incómodo lugar donde hasta ahora estuvo recostado, pero el horrible ardor de todo su cuerpo lo paralizó apenas quiso moverse.
¿Acababa de despertar de una pesadilla o es que apenas estaba entrando a una?
Con el miedo y la confusión impregnados en sus pupilas rojizas, miró con cuidado ambas manos. La piel parecía haber sido arrancada a tirones, y los músculos desgarrados y bullidos desde el interior. Por supuesto, no pasó por desapercibido el par de cadenas que rodeaban sus muñecas y que le impedían moverse con libertad, aunque estaban de mas ya que ni siquiera sentía la fuerza necesaria para poder sentarse.
Su mirada pasó por el extraño lugar. Esa definitivamente no era la torre en la que estuvo encerrado por más de un siglo. Las barras de metal del frente le daban a entender que probablemente se encontraba en algún tipo de calabozo, donde ni siquiera había una sola ventana hacia el exterior. El silencio únicamente era interrumpido por el eco de una continua gotita de agua cayendo sobre un charco a la lejanía.
¿Qué es lo que había ocurrido? Baji trató de hacer trabajar su memoria, pero en su mente todo se reducía a meros fragmentos dispersos.
-Chifuyu… él estaba en peligro…- murmuró cansado, sintiéndose demasiado exhausto como para mantenerse despierto. "¿Será que mi cuerpo está tratando de dormir para recuperar fuerzas, en lugar de tomar sangre humana?" pensó. Ni siquiera pudo tratar de pensar en alguna otra razón antes de ser vencido nuevamente por las tinieblas de la inconciencia
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Con el paso de los días y con las siestas de Baji siendo cada vez más cortas, poco a poco Keisuke se fue percatando de su irreparable posición. Lo primero en recordar fue que, efectivamente, había perdido el control luego de ver la pelea de Chifuyu, exponiéndose a sí mismo al sol e hiriendo a varias personas en el acto.
Probablemente los sirvientes lo detuvieron con algún tranquilizante o somnífero justo antes de poder hacer algo de lo que se arrepentiría toda su vida, así que de algún modo, se sentía en deuda con ellos. Aun así, la culpa no lo dejaba completamente solo, especialmente cuando su mente le hacia la mala jugada de recordar, cuadro por cuadro, la manera en que estuvo a punto de atacar al príncipe que se supone estaba salvando.
Sintiéndose aun un poco letárgico, logró hacer que al fin su cuerpo se pudiese sentar, quejándose un poco cuando recargó su espalda sobre las piedras humedad y frías de aquel solitario lugar. Las cadenas resonaron con fuerza ante sus movimientos, ya que sus muñecas no eran las únicas apresadas por aquellos grilletes, sino también sus propios tobillos.
Resignado, decidía pasar el tiempo viendo cómo su piel prefería caerse a pedazos de sus propias extremidades antes de terminar de sanar, tal vez en un extraño proceso parecido al de algunos reptiles para cambiar de piel. Aunque debía admitir que era tortuosamente doloroso, ya que muchas veces aun sangraban sus heridas y abrían las ya cicatrizadas ante el más leve movimiento.
Algo que tampoco le ayudaba a sentirse mejor, era la insaciable sed que molestaba su garganta. El pequeño vaso que algunos sirvientes le dejaban cada dos o tres días no era suficiente para mantenerlo cuerdo, así que, sin sentirse mínimamente orgulloso, había tenido que aceptar que en algunas ocasiones volvía a caer nuevamente ante esa locura instintiva que le empujaba a comportarse como una bestia ante tal escasez de sangre.
Pero todo mejoraría, ¿no es verdad? Aunque en realidad poco le importaba, bien podría quedarse sin piel para siempre, podría aprender a vivir con ese ardor y ese dolor en sus músculos, podría tratar de controlar sus instintos.
Lo único que realmente le inquietaba en esos preciosos momentos es que, en la semana que ha estado viviendo en aquel lugar, no ha visto ni por un solo momento a su majestad el príncipe.
No sabe cómo están sus heridas, o si esos rufianes han regresado en busca de algún tipo de venganza. No importa cuántas veces le pregunte a los sirvientes, nadie le dirige ni siquiera una sola palabra, ni un gesto, ni una señal por mínima que sea.
¿Acaso le había sucedido algo al rubio? Trata de intentar que su imaginación no comience a crear los peores escenarios, de otra manera tal vez saltaría hacia los barrotes con tal de salir de ahí en su búsqueda, golpeando a todo aquel que se atreviese a cruzarse en su camino.
"No ataques a los humanos". Lo había logrado, por más de 100 años mantuvo aquella absurda promesa… la cual se había roto de un modo tan sencillo que quería burlarse de sí mismo en su propia cara. No podía negar el hecho de sentirse también preocupado por los dos chicos que atacó ese día. No porque realmente fueran de su interés, pero el pensamiento de haber podido terminar con una vida humana… maldita sea, ¿podría vivir con un nuevo pecado a estas alturas de la vida?
-Ni siquiera han dejado que Peke J venga a verme…- suspiró, tratando de no caer ante su propio pesimismo.
Tal vez así era lo mejor. ¿No se había quejado innumerables veces de la presencia de Chifuyu? Logró que ese niño idiota al fin se alejara de él, tal vez era la mejor situación posible. Ya no lo volvería a ver, pero al menos de esa forma, el príncipe podría vivir una vida relativamente normal.
Porque él también le tendría miedo, lo odiaría, lo maldeciría cada minuto del resto de su vida por haber tratado de morderle.
El brillo de sus ojos es el último recuerdo que Baji tiene de Chifuyu. Tal vez pueda sobrepasar todo aquello con ese pequeño recuerdo. Solo eso le sería suficiente para continuar con la tortura de la inmortalidad.
Enterarse que él está vivo y bien, en alguna parte de aquel extravagante palacio era su único deseo.
"Por favor, solo debes estar bien…", ocultó su rostro en sus brazos cruzados, juntando sus piernas a su pecho y apoyando su rostro sobre sus rodillas. Tuvo dolor pero al menos en esa posición sentía que podría refugiarse del mundo entero.
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¿Cuantos días han pasado? Perdió por completo la cuenta. Ni siquiera sabe si realmente estuvo en lo correcto desde un principio, ya que la falta de visibilidad al exterior le ha perturbó su sentido de cuando es de día y cuando es de noche. Bien podría haber pasado un mes inconsciente y nadie habérselo dicho.
Pero aun así sabe que ha sido bastante.
Su condición no parece haber mejorado demasiado. El dolor en sus brazos y piernas seguía latente. Y sus labios comienzan a partirse por la falta de líquidos. Tal vez realmente es el fin, la familia Matsuno se ha rendido y está tratando de averiguar cuál es su límite antes de dejarlo morir en ese rincón olvidado.
No tiene rencores. Se lo merece, él debió de haber muerto hace mucho, de todas maneras.
Sin distinguir si realmente solo tiene sueño o quiere desmayarse, unos rápidos pasos hacen eco en todo el lugar, pero eso no es suficiente para llamar por completo su atención para salir de aquel curioso limbo. La oscuridad quiere apoderarse de él, hasta que nota, con su borrosa mirada, un par de botas blancas pararse frente a él, del otro lado de los barrotes de metal.
"¿Alguien ha venido?".
-¡Baji-san! ¡Baji-san!- la aguda voz logra despejar inmediatamente. Sorprendido, toma asiento sobre el suelo, aunque suelta un gruñido de dolor al hacerlo. Levanta la vista y un nudo en su garganta le impide formular cualquier tipo de palabra.- ¡Baji-san!
¿Estaba soñando otra vez? Las pesadillas no lo han dejado descansar todo este tiempo, ¿así que al fin podría tener la fortuna de haber encontrado un buen sueño?
-¡Lo siento, lo siento tanto…!- la voz del rubio se quiebra antes de poder algo más, deslizando sus manos sobre los barrotes y dejando caer su cuerpo hasta quedar a la misma altura de Baji. Es tan solo un metro la distancia que los separaba.- Todo esto fue mi culpa. No debí de haber ido aquel día, si tan solo hubiese podido derrotar a esos idiotas…
La manera en que las lágrimas comenzaron a deslizarse por sus mejillas y los gimoteos entre llantos le hicieron creer a Keisuke que realmente estaba viendo al príncipe, y que no se trata de ningún sueño o alucinación.
Prestó atención al chico, quien lleva su abrigo puesto, sin embargo, como no está vistiendo una pulcra camisa, pudo ver los vendajes que rodean su pecho, probablemente a causa de la herida de su espalda. En una de sus mejillas también lleva un parche, y aun localiza algunos hematomas y costras en diferentes puntos de su piel.
Chifuyu levantó la vista y pareciera querer continuar seguir hablando.
-Largo…- la fría orden detuvo por completo al humano.- No quiero tener que volver a verte otra vez. Largo de aquí.
El silencio que se formó se sentía pesado y gélido. Muy diferente a las tardes llenas de risas y calidez que solían pasar cuando estaban en lo alto de la torre de piedra.
-Lo sé. Todo esto es mi culpa.- la voz desanimada del rubio no hizo sentir mejor a Baji, quien pretendía mantener su mirada en algún rincón para evitar ver el húmedo rostro del humano.- Es obvio que estés enfadado. Pero necesito sacarte de aquí. Baji-san, bebe mi sangre y escapa lo más lejos posible.- sus ojos se abrieron aún más con la última oración.
Keisuke volteó al fin a verlo cuando el chico comenzó a remangar su abrigo, dejando a la vista la piel a partir de su codo. Con algunos gestos exhaustos, Chifuyu se pegó lo más posible a los barrotes, pasando su brazo entre los espacios libres, ofreciéndole su piel expuesta al vampiro.
Hizo su cuerpo hacia atrás, aun cuando su espalda ya no podía retroceder más, no quería vislumbrar esa pálida piel. Tentadora, deseosa, que le abría el apetito de manera repugnante mientras le provocaba dolor en la quijada por intentar evitar que sus colmillos sobresalieran de su boca.
-¿Que mierdas estás haciendo?- su voz sonó más grave de lo usual, apretando fuertemente las cadenas entre sus dedos como distracción para no tentarse ante el ofrecimiento.
-Lo siento… después de lo que sucedió el otro día… yo investigué un poco. Mamá me contó de nuevo la historia que todos conocen, sobre lo de odiarte y que has traído la desdicha a los Matsuno.- Chifuyu bajó la mirada, como si el simple hecho de recitar aquello le causara vergüenza propia.- En la biblioteca, los libros que encontré decían lo mismo… excepto uno. Uno escrito por la familia Sano. No entendí muchas cosas de las que había ahí escritas pero… relataba un poco lo que sucedió y que Sano Manjiro fue el primer humano al que mordiste, Baji-san
"Cállate. Cállate. Cállate." murmuraba para sus adentros, queriendo cubrir ambos oídos para dejar de escuchar tan absurda explicación. No quería, de entre tantas personas, que fuese el propio rubio quien se enterara de su pasado, de sus pecados, de sus historias.
Oh, vaya contrariedad. Cómo quería ser odiado por el príncipe por la típica historia. Pero temía por sobremanera ser rechazado luego que él se enterara de los verdaderos hechos.
¿Lo juzgaría? Seguramente.
- Largo.- repitió, queriendo desaparecer de ahí mismo. Hundiéndose en esa esquina, encogiendo su propio cuerpo, como signo de protección.
-Necesitas sangre humana para sanar, ¿no es así?- preguntó, ignorando por completo la orden.- Yo… creí que buscando un poco, podría dar con la investigación de los Matsuno para curar tu vampirismo pero, en realidad eso no fue…
-¡LARGO!- gritó, desde su propia coraza.- ¿Crees que no lo sé? ¿¡Crees que no suponía que tu estúpida familia ha olvidado por completo la supuesta búsqueda de mi cura?! ¡No hay que ser muy listo para saberlo, Chifuyu! Han pasado siglos desde que estoy así, ¡he pasado solo todo este tiempo! ¿¡Que idiotas seguirían buscando la respuesta a algo incurable, después de todo?!
Chifuyu se paralizó ante aquella afirmación. De sus ojos sintió nuevamente como las lágrimas luchaban por brotar, sin embargo, en un no muy disimulado gesto, limpió ambos parpados antes de tomar aire para continuar.
-¡Por eso, Baji-san…! ¡Por eso… tienes que salir de aquí! ¿¡Qué sentido tiene quedarte si solo estas esperando tu muerte?! ¿Por qué no elegiste huir hace tiempo?- jadeante, los ojos azules se abrieron de par en par, como si pudiese obligar a Baji a darle las respuestas que buscaba, aunque el vampiro solo respondió mordiendo fuertemente su labio inferior.- Si no te vas ahora, será el fin, tus heridas solo van a empeorar y tú…
-¿Y qué ganaré viviendo más?- al fin, Baji volvió a alzar la mirada, pero lo que vio Chifuyu en aquellas orbes no era furia, no era enojo… sino confusión, resignación y temor.- ¡Sal de mi vista! ¡Eres un maldito dolor de trasero! ¡No quiero volver a verte! ¿¡Tú qué sabes de mí?!
-¡No sé nada!- contestó automáticamente, levantando la voz.- ¡Y a pesar de no saberlo, yo aún confío en ti! ¡Y creo que tú aun confías en los humanos…!
-¿Que estúpida creencia es esa?- sonrió con sarcasmo.- Traté de matarte el otro día, ¿recuerdas?
-No era tu intención. Además, nunca serías capaz.- Baji estaba a punto de contradecirlo, pero el joven continuó hablando.- Pudiste haberme mordido desde el día en que nos conocimos, la noche en que nos reencontramos, tuviste mil oportunidades de descargar tu ira contra mí y mi familia. Pero jamás lo hiciste.
Para cuando volvió a ver su rostro, se encontraba sonriéndole, con dos pequeñas y silenciosas cascadas de lágrimas recorriendo sus mejillas, acompañadas de un leve rubor.
¿Qué más podría decirle? Ese idiota no sabía lo que le estaba diciendo, ¡no lo comprendería nunca! Y a pesar de todo, dios, a pesar de todo, quería darle la razón.
No es que no perdiera la fe jamás en la humanidad. Es que su encuentro con Chifuyu hizo que pudiese confiar en un humano otra vez. Un ingenuo, torpe, pero cálido humano que le sonreía a diario, sin recibir nada a cambio.
-Necesito que sigas viviendo, Baji-san.- de su bolsillo interno, Chifuyu sacó un pequeño cuchillo de plata, con el que pasó su filo sobre su propia piel, a la altura de la muñeca. Hizo un gesto de dolor pero no tardó la sangre en brotar de la reciente herida. Baji sintió su cuerpo estremecer apenas mirar el líquido rojo. Su garganta ardía con vaivén indicándole que se acercara, que tomara un pequeño sorbo.
Pero no quería. ¿Y si perdía de nuevo el control? ¿Y si terminaba por caer en la locura otra vez?
-Baji-san.- volvió a extender su brazo. Las gotas carmesí continuaban fluyendo, terminando su recorrido en el suelo.- Por favor, Baji-san. Es lo único que puedo hacer por ti.
"Puedes sonreírme. Puedes hablar conmigo. Puedes estar a mi lado. Esto no es lo único que pudieras hacer por mí".
Su cuerpo se movió en contra de su voluntad.
Las cadenas resonaron con ímpetu, pero afortunadamente no eran tan cortas para evitarle llegar hasta su objetivo. Sin miramientos, tomó del brazo y encajó dolorosamente sus colmillos. La sangre caliente recorrió su boca, traspasó su garganta, y calentaba su pecho y estómago. Inhaló fuerte antes de otro sorbo. Y uno más.
La mano temblaba debajo de sus labios con pequeños espasmos pero nunca hizo ademán para tratar de alejarse.
-Más…- de aquel lugar, la sangre no salía con la suficiente presión para llenarlo. Necesitaba más. Solo un poco más.
Pasó el medio metro que faltaba para llegar a los barrotes, tomando de las ropas del débil cuerpo del chico. A pesar de ser mucho más complicado de lo que creía en un inicio, logró colocar el hombro, y parte del cuello, de Chifuyu entre dos barrotes, pudiendo hacer que parte de su rostro traspasara y al fin lograr anclarle nuevamente los colmillos.
Escuchó un gemido, esta vez trató de distanciarse, pero con su agarre se lo impidió. No era una cómoda posición, pero al menos la sangre salía con mayor facilidad hasta sus labios.
-B-Baji-san…- suspiró Chifuyu, poniendo su mano sobre el pecho del vampiro, sintiéndose cada vez más mareado por sensaciones que había desconocido hasta el momento. Era como si lo estuvieran drenando, como si por cada trago, la fuerza de su cuerpo también se esfumara de su cuerpo.
Y aun así… todo se sentía tan bien.
El adormecimiento lo mantuvo inmóvil, pronto probablemente podría caer inconsciente, aun así, cada que Baji volvía a hundir sus colmillos en su piel resurgía dentro de él una clase de extraño deseo, para dejarse comer por aquella criatura. Soltó un jadeo cuando percibió la lengua sobre su clavícula, queriendo no desperdiciar ni siquiera una sola gota.
-Eres un imbécil…- murmuró tan bajito, que apenas había logrado escucharlo. Su aliento pegó de lleno contra su rostro antes de que una vez más, fuese víctima de aquellos labios. Mas esta vez no fue una mordida, sino que terminaron impactándose contra los suyos en un desprevenido beso.
Percibió el sabor metálico de su propia sangre en su lengua y eso lo hizo sentir aún más mareado. De no ser porque los brazos de Baji lo sostenían, podría haber caído ya ante la gravedad.
-Lo siento… otra vez me equivoqué.- se sentía tan somnoliento que era incapaz de poder responder aquello. Sus labios lastimosamente fueron abandonados por los ajenos y, lentamente, su cabeza sintió el frio suelo. Entre una mirada borrosa, alcanzó a ver como las manos de Baji logran hacer ceder los duros barrotes con solo fuerza bruta. Un par de golpes sordos son suficientes para deshacer los grilletes.
Su piel, que hasta hace unos momentos estaba descuartizada, poco a poco está cicatrizando.
-¿Que se supone que yo…?- mueve con dulzura uno de sus mechones para despejar su vista. Chifuyu sonríe a medio lado y utiliza toda su fuerza para comenzar a pronunciar pequeñas palabras.
-Huye, Baji-san…- ya no está ni siquiera seguro de si la hemorragia se ha detenido, pero sin importarle aquello, levanta su mano, tratando de alcanzar el rostro del pelinegro.- Sé que no atacarás humanos. Yo pronto te alcanzaré y podrás beber de mi otra vez…- la respiración comienza a entrecortársele. Ve como adopta una expresión afligida mientras niega con su cabeza
-Más te vale venir a buscarme, mocoso idiota.- Baji besa su mano antes de correr por el pasillo hacia la salida.
No puede moverse. No puede ni siquiera gritar por ayuda.
"Basta con que me tome una siesta para sentirme mejor…", piensa, al notar que sus parpados inevitablemente comienzan a cerrarse.
Chifuyu sabía la clase de hombre que era Baji Keisuke. A pesar de no haberlo conocido cuando era humano, bastaron esos pequeños meses para saber que era la persona más confiable y honorable que había conocido en toda su vida. No era la clase de persona que rompería tan fácilmente las promesas.
Cuando lo conoció, y luego de pasar innumerables tardes con su compañía, se hizo de la pequeña fantasía con la que siempre soñó. Sería su caballero, y en algún futuro no muy lejano, podría sacar a la princesa cautiva de aquella torre. Y vivirían felices para siempre.
Sonaba como une excelente final de cuento de hadas.
Sin embargo, en ese preciso instante, Chifuyu comenzó a creer que él no lograría convertirse en ningún caballero. Llegó a la cima de la torre, pero quizás ya era demasiado tarde, ya que en ese lugar la princesa ya no se encontraba cautiva. El dragón que la mantenía encerrada se la llevó lejos antes de siquiera tratar de salvarla.
Nunca tuvo la posibilidad para hacer algo por ella.
Así que el patético príncipe decidió que, aunque fuese lejos de él, la princesa estaría mejor libre, en lugar de estar sola en una mazmorra de rocas. A pesar de haber soñado noches enteras con ella, un futuro donde estuvieran juntos… un final de ensueño, sería prácticamente imposible.
Porque él solo era un príncipe. Porque Baji-san era una criatura inmortal que no conoce la muerte, pero si el sufrimiento.
Y porque el dragón conocido como vampirismo era, en realidad, una enfermedad incurable.
O al menos así lo confesaba el fallecido Sano Manjiro, el final del único libro que había dejado en la biblioteca. Un libro que en realidad era solamente un diario.
Cerró los ojos, reproduciendo nuevamente en su mente, la sensación de los labios de Keisuke sobre los suyos.
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Hikari: Que no se note que ya al final no sabía cómo concluir esta historia, y terminé dándole una cutre conclusión a modo de final abierto(?). La semana termina con el fanfic más complicado que pude idearme, no porque la idea sea la más original del mundo, es una temática que ya tenía tiempo en mi mente y deseaba escribirle algún fic, pero ya he perdido la cuenta de las veces que borré y reescribí esta historia. Los demás fics fueron cortos y relativamente fáciles, pero por razones desconocidas, he tenido realmente problemas de inspiración y redacción con este. ¡Tardé toda una semana! Sentía que se me acababa el tiempo, así que espero que no haya quedado tan desastroso al final.
Muchas gracias por acompañarme esta semana, realmente me he divertido mucho escribiendo para mi hermosa OTP. ¡Espero que podamos vover a leernos en un futuro no muy lejano! ¡Bye bye-perowna!
